

De El Icono, esplendor de lo sagrado, R.P. A. Saenz SJ, Ed.Gladius, 2004.
Virgen de la Ternura por Elena Storni.



s fácil ver cómo la película francesa recientemente estrenada titulada "De Dioses y Hombres", ganó el mayor premio en el prestigioso Festival de Cine de Cannes en Francia el año pasado. Esta recrea eventos reales de 1996, los últimos meses en la vida de un monasterio Cistercense en
Tal vez lo más notable de todo es el verdadero sentido de religión de la película, dado que se representa la religión Conciliar. Doctrinalmente, existen por ejemplo momentos ecuménicos de excesivo respeto hacia el Corán. Litúrgicamente las palabras y la música entonadas en la sencilla pero noble iglesia del monasterio, compuestas por el hombre moderno, son subjetivas y sentimentales. Sin embargo las escenas que continuamente muestran a los monjes en oración son tan genuinamente religiosas que verdaderamente asombran en nuestra era secularizada. Es cuando uno dice, ¡he aquí la esencia de un monasterio!
¿Qué puede decir uno? En lo que respecta a la dirección y actuación de la película, así como los Británicos modernos pueden representar más convincentemente la era Victoriana por el simple hecho de que el Imperio Británico está suficientemente cerca en su historia para aún correr por sus venas, así los actores Franceses de esta película deben representar maravillosamente a los monjes porque el monacato Católico es una parte extremadamente importante de su herencia. Pero sobre todo, como Nuestro Señor dice (Mateo XV, 18,19), es lo que está en el corazón del hombre lo que importa. Mucho mejor que todo es el Tradicionalismo de corazón, pero esta película nos recuerda a los Tradicionalistas que el Conciliarismo de corazón puede todavía agradar a Dios mejor que


erduran los trabajos de la devoción. Hoy como ayer, la divina congruencia de dorados y azules del Angélico detiene el tiempo en el tiempo para que el paseante del Prado pueda entrever el cielo como por una celosía. La Anunciación del Beato Angélico aún muestra que la aprehensión de la belleza no es materia arcana ni limitada a espíritus selectos: antes al contrario, en los aspectos de las cosas creadas brilla el signo del Creador y por eso cualquier intelecto claro será capaz de la experiencia de belleza, de ser –como el monje que se quiso llamar Juan- ‘testigo de la luz’. Si la luz divina llena los ámbitos, el color no será la apariencia huidiza de las cosas sino que será uno con la luz, sustancia del espacio.
En la Anunciación, el atenimiento a lo visible del Angélico recrea el diálogo entre la Virgen y el Arcángel como una coreografía de silencios significativos: en la loggia, la Virgen se inclina reverente ante el ángel genuflexo, en correspondencia gestual de expresión compleja –sorpresa, aceptación, humildad, acatamiento- tras la embajada angélica. María, según la tradición, rezaba con un libro de oraciones sobre el manto inconsútil, de color azul purísima. Estaba escrito: el sí es totalmente inmediato a la sorpresa. “He aquí la sierva del Señor”. El “hágase” de la Virgen, la aceptación de ojos pudorosamente inclinados, será una ostensión de la interioridad que subraya la distancia de hondura de la representación de la Virgen a la representación de una Venus susceptible de encarnar, quizá, el amor erótico, pero ni una vislumbre de su interioridad de afectos. 



uando en mis manos, Rey eterno, os miro
y la cándida víctima levanto,
de mi atrevida indignidad me espanto
y la piedad de vuestro pecho admiro.
Tal vez el alma con temor retiro,
tal vez la doy al amoroso llanto,
que arrepentido de ofenderos tanto
con ansias temo y con dolor suspiro.
Volved los ojos a mirarme humanos,
que por las sendas de mi error siniestras
me despeñaron pensamientos vanos;
no sean tantas las miserias nuestras
que a quien os tuvo en sus indignas manos
Vos le dejéis de las divinas vuestras.

o sabe qué es amor quien no te ama,Tu boca como lirio que derrama
licor al alba; de marfil tu cuello;
tu mano el torno y en su palma el sello
que el alma por disfraz jacintos llama.
¡Ay, Dios!, ¿en qué pensé cuando, dejando
tanta belleza y las mortales viendo,
perdí lo que pudiera estar gozando?
Mas si del tiempo que perdí me ofendo,
tal prisa me daré, que una hora amando
venza los años que pasé fingiendo.
ANDREA DEL CASTAGNO
Crucifixion and Saints
1440-41
Fresco
Ospedale Santa Maria Nuova, Florence
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1. La fachada principal
Descripción histórico-artística: La fachada la comenzó el arquitecto Eufrasio López en 1667. Al morir en 1684, la continuó su discípulo Blas Delgado, que la terminó en 1688. La fachada mide 33 metros de anchura por 32 de altura, sin incluir los arranques de las torres que la enmarcan y le confieren un aspecto italianizante.
Descripción religiosa: Es un gran retablo en piedra con las características del estilo barroco: multitud de imágenes (15) y decorados pétreos; monumentalidad; y efecto teatral como intento de acercar la liturgia al pueblo.
1. La Puerta del Perdón (central) se abre sólo en las solemnidades y jubileos. En el dintel aparece la Asunción de María, titular de la Catedral, devoción del rey santo a la que consagraba todas las catedrales. En el balcón central, el Santo Rostro nos recuerda la reliquia especial que custodia este templo. Desde ese balcón se bendecía a los fieles con el Santo Rostro el Viernes Santo y el día de la Asunción de María. Arriba del todo: San Fernando, el rey santo que conquistó Jaén y parte de Andalucía al poder musulmán. Además de conquistador fue auspiciador de esta Catedral al poner la sede episcopal y la capital en Jaén, en 1249.
2. La Puerta de los fieles (izquierda) está protegida por San Miguel Arcángel, jefe de los ejércitos celestiales, considerado desde antiguo el guardián por excelencia de la puerta de los santuarios, encargado de impedir la entrada al demonio. En el barroco, además, San Miguel simboliza el triunfo de la Iglesia Católica sobre sus enemigos.
3. La Puerta del Clero (derecha) que conduce a la sacristía está dedicada a Santa Catalina, patrona de la ciudad antes del descenso de la Virgen de la Capilla en 1430. Al parecer, en el tercer cerco que Fernando III realizó a la ciudad de Jaén, tomada por los árabes, cuando estaba a punto de retirarse, Santa Catalina se le apareció y lo animó a no retirarse, mostrando en prenda las llaves de la ciudad. Al día siguiente el rey Alahamar entregó la ciudad. En agradecimiento, Fernando III la nombró patrona. Según algunos investigadores, hay indicios de una devoción a esta Santa en época previa a la reconquista de la ciudad. Sta. Catalina, no obstante, es venerada por su sabiduría, su elocuencia, su fortaleza y su purísima castidad, por lo que no es difícil entender que en la edad media se la invocara como patrona del clero.
A los lados de la puerta central, entre las columnas, se encuentran las columnas de la fe, los apóstoles San Pedro y San Pablo. A los lados de San Fernando están los cuatro evangelistas, Mateo (con el ángel), Juan (con el águila), Lucas (con el toro) y Marcos (con el león). Más allá aún, se encuentra los cuatro grandes Padres de la Iglesia Occidental: San Ambrosio (con la iglesia en la mano), San Gregorio Magno (con la tiara papal), San Agustín obispo (con el libro de teología) y san Jerónimo, sacerdote, que tradujo la Vulgata por encargo del Papa.
En resumen, el monumental retablo barroco de la fachada, esculpido en piedra, nos presenta de manera sencilla los tres fundamentos de la fe y de la Iglesia: la Sagrada Escritura (Evangelistas), la Sagrada Tradición (Santos Padres) y el Magisterio (San Pedro y San Pablo); todo ello unido a las raíces locales de la Catedral: el rey San Fernando conquistó la ciudad de Jaén con la ayuda de Santa Catalina en 1246, fundó la Catedral en 1249 y la dedicó a la Asunción de María.