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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

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30 de enero de 2011

La Ciencia contra la Fe


Una vez más se reproduce este artículo, pues vale la pena releerlo y tenerlo a mano.

por el Dr. Raúl Leguizamón

Tomado de Asociación Cultural Monfort



Introducción

Los dogmas de fe son muy difíciles -si no imposibles- de refutar con argumentos científicos. La historia de la humanidad lo atestigua sobradamente.

Nuestro tiempo no escapa, por cierto, a esta regla, ya que en la actualidad, como en to­das las épocas, una buena cantidad de personas sigue obstinadamente creyendo cosas, no sólo desprovistas de todo fundamento científico, sino que, además, están en franca con­tradicción con el conocimiento científico que hoy poseemos.

Para dar un ejemplo, entre cientos, de lo expresado, me referiré a la insólita creencia actual de mucha gente -curiosamente, muchos de ellos científicos- de que el hombre desciende del mono.

Porque ha de saberse que el tan mentado y manoseado "antecesor común" del hombre y del mono, de quien hablan muchos científicos y divulgadores, no es ni puede ser otra cosa que un mono. El supuesto "antecesor común” sería llamado ciertamente mono por cualquiera que lo viese, afirmaba el ilustre paleontólogo de la Universidad de Harvard, George G. Simpson. Es pusilánime si no deshonesto, decir otra cosa, agregaba Simpson. Es deshonesto, agrego yo.

De manera que todos los esfuerzos de los antropólogos e investigadores en este tema, no se dirigen, en absoluto, a dilucidar, objetivamente y sin prejuicios, de qué modo se originó el hombre, sino de qué mono lo hizo.

En otras palabras: el postulado de nuestro origen simiesco es una convicción de la que se parte, y no una conclusión a la que se arriba.
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Para leer el artículo completo haga click sobre este enlace.

14 de octubre de 2009

La Ciencia contra la Fe


por el Dr. Raúl Leguizamón

Tomado de Monfort Associação Cultural




Introducción

Los dogmas de fe son muy difíciles -si no imposibles- de refutar con argumentos científicos. La historia de la humanidad lo atestigua sobradamente.
Nuestro tiempo no escapa, por cierto, a esta regla, ya que en la actualidad, como en to­das las épocas, una buena cantidad de personas sigue obstinadamente creyendo cosas, no sólo desprovistas de todo fundamento científico, sino que, además, están en franca con­tradicción con el conocimiento científico que hoy poseemos.
Para dar un ejemplo, entre cientos, de lo expresado, me referiré a la insólita creencia actual de mucha gente -curiosamente, muchos de ellos científicos- de que el hombre desciende del mono.
Porque ha de saberse que el tan mentado y manoseado "antecesor común" del hombre y del mono, de quien hablan muchos científicos y divulgadores, no es ni puede ser otra cosa que un mono. El supuesto "antecesor común” sería llamado ciertamente mono por cualquiera que lo viese, afirmaba el ilustre paleontólogo de la Universidad de Harvard, George G. Simpson. Es pusilánime si no deshonesto, decir otra cosa, agregaba Simpson. Es deshonesto, agrego yo.
De manera que todos los esfuerzos de los antropólogos e investigadores en este tema, no se dirigen, en absoluto, a dilucidar, objetivamente y sin prejuicios, de qué modo se originó el hombre, sino de qué mono lo hizo.
En otras palabras: el postulado de nuestro origen simiesco es una convicción de la que se parte, y no una conclusión a la que se arriba.
Ahora bien, esta convicción, que muchos científicos y divulgadores sostienen encarni­zadamente (¡hasta el punto de mostrarla al público como un hecho científico y demostrado!), es -por definición- algo que está fue­ra del campo de la ciencia experimental, que se basa, precisamente, en la observación y reproducción experimental del fenómeno bajo estudio. Cosas evidentemente imposi­bles en este caso.
De manera que, y a poco de respetar el significado de las palabras, esta creencia en el origen del hombre a partir del mono, es sólo una hipótesis de trabajo, una suposición, una conjetura, más o menos razonable, más o menos coherente, más o menos disparata­da, pero siempre de carácter hipotético. No sólo no demostrada, sino, aún más -por definición-, indemostrable. Y la ciencia es de­mostración.
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Para leer (o releer, pues fue publicado hace más de un año) el artículo completo, haga click sobre este enlace.

10 de febrero de 2009

La cosmovisión de los evolucionistas


por el Prof. Dr. Raúl Leguizamón


Tomado del Blog de Cabildo



unca como en nuestra época se vio una devaluación tan atroz de la vida humana, una brutalización tan acusada de la sociedad, una regresión tan vertiginosa a la barbarie. Las consecuencias están a la vista, no sólo las delictivas (robos, secuestros, asesinatos, salvajismo social sin precedentes), sino también las más o menos toleradas y aceptadas socialmente: control de la natalidad, eutanasia, castración química o quirúrgica, manipulación genética, fertilización “in vitro”, experimentación con embriones humanos, clonación “terapéutica” y otras lindezas por el estilo.

El fenómeno causal es ciertamente complejo y susceptible de ser analizado desde varias perspectivas, pero parece evidente que uno de los factores capitales fue la paulatina pérdida del sentido de lo sacro en general, y de lo humano en particular. De allí se sigue la pérdida del sentido del pecado, obviamente inconcebible en un mundo desacralizado.

De los diversos aspectos del problema hay que subrayar la conexión causal que interviene en este proceso, referida al papel que el evolucionismo o darwinismo jugó en la conformación de la mentalidad moderna, algo que de teoría científica sólo tiene el nombre, porque se trata en realidad de una vasta cosmovisión inmanentista, naturalista y materialista, elaborada para negar la creación.

Es innecesario insistir en la naturaleza esencialmente filosófica o cosmovisional del evolucionismo. Sólo traeré a colación palabras del famoso genetista Theodosius Dobzhansky, quien decía: “La evolución comprende todos los estadios del desarrollo del universo: cósmico, biológico, humano y cultural. Los intentos de restringir el concepto de la evolución a la biología son injustificados. La vida es un producto de la evolución de la naturaleza inorgánica, y el hombre un producto de la evolución de la vida”.(1)

Una supuesta teoría que pretende explicar nada menos que el origen del hombre, la vida y el cosmos, es obviamente una cosmo-visión y no una teoría científica. El problema es que esa cosmovisión se ha enseñado y se continúa enseñando e inculcando masivamente, no sólo como una teoría científica —lo cual es una impostura— sino también como un hecho científico demostrado.

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20 de diciembre de 2008

La desmaterialización de la materia.


por el Dr.Raúl Leguizamón

Tomado del Blog de Cabildo




odo marchaba fantástico hasta la segunda mitad del siglo XIX. Era la época oro del materialismo clásico. Con su reduccionismo a ultranza, sus certezas absolutas, su determinismo inexorable, su infantil ingenuidad. Era, aparentemente, el triunfo de Laplace, de La Mettrie, de D'Holbach, de Karl Vogt, de Ludwig Büchner, de Darwin… Una época en la que se creía que los átomos eran pequeñísimos corpúsculos materiales sin misterios; las células, “bolsitas” de proteínas, y el pensamiento una “secreción” de las neuronas. La Edad de Oro del racionalismo del siglo XVIII. Pero la realidad es “reaccionaria”, como decía Lenín.

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, los campos de fuerzas electromagnéticas de Maxwell, presentaron una realidad empírica que escapaba por completo a las interacciones materiales entre partículas. Lo cual representaba un cuestionamiento fundamental a la Física del siglo XIX, que pretendía explicar toda la realidad sobre la base de las propiedades extensivas de la materia, pero, debido a los prejuicios filosóficos materialistas dominantes, esto se consideró sólo como una pequeña fisura en el sólido edificio de la ciencia moderna. Nadie podía prever el cataclismo que se avecinaba.

El 14 de diciembre del año 1900, Max Planck, Profesor de Física de la Universidad de Berlín, dejaba caer la bomba. Después de muchas vacilaciones, debidas a su formulación en la Física clásica, este autor demostraba la discontinuidad de la emisión y la absorción de la energía, iniciando, de esta manera, lo que se ha dado en llamar “la revolución cuántica” de la Física, que obligó a repensar toda la Física a nivel atómico. Y la catástrofe continuó.

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7 de septiembre de 2008

La Ciencia contra la Fe



por el Dr. Raúl Leguizamón

Tomado de Monfort Associação Cultural


Introducción

Los dogmas de fe son muy difíciles -si no imposibles- de refutar con argumentos científicos. La historia de la humanidad lo atestigua sobradamente.
Nuestro tiempo no escapa, por cierto, a esta regla, ya que en la actualidad, como en to­das las épocas, una buena cantidad de personas sigue obstinadamente creyendo cosas, no sólo desprovistas de todo fundamento científico, sino que, además, están en franca con­tradicción con el conocimiento científico que hoy poseemos.
Para dar un ejemplo, entre cientos, de lo expresado, me referiré a la insólita creencia actual de mucha gente -curiosamente, muchos de ellos científicos- de que el hombre desciende del mono.
Porque ha de saberse que el tan mentado y manoseado "antecesor común" del hombre y del mono, de quien hablan muchos científicos y divulgadores, no es ni puede ser otra cosa que un mono. El supuesto "antecesor común” sería llamado ciertamente mono por cualquiera que lo viese, afirmaba el ilustre paleontólogo de la Universidad de Harvard, George G. Simpson. Es pusilánime si no deshonesto, decir otra cosa, agregaba Simpson. Es deshonesto, agrego yo.
De manera que todos los esfuerzos de los antropólogos e investigadores en este tema, no se dirigen, en absoluto, a dilucidar, objetivamente y sin prejuicios, de qué modo se originó el hombre, sino de qué mono lo hizo.
En otras palabras: el postulado de nuestro origen simiesco es una convicción de la que se parte, y no una conclusión a la que se arriba.
Ahora bien, esta convicción, que muchos científicos y divulgadores sostienen encarni­zadamente (¡hasta el punto de mostrarla al público como un hecho científico y demostrado!), es -por definición- algo que está fue­ra del campo de la ciencia experimental, que se basa, precisamente, en la observación y reproducción experimental del fenómeno bajo estudio. Cosas evidentemente imposi­bles en este caso.
De manera que, y a poco de respetar el significado de las palabras, esta creencia en el origen del hombre a partir del mono, es sólo una hipótesis de trabajo, una suposición, una conjetura, más o menos razonable, más o menos coherente, más o menos disparata­da, pero siempre de carácter hipotético. No sólo no demostrada, sino, aún más -por definición-, indemostrable. Y la ciencia es de­mostración.
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29 de julio de 2008

El humanismo yankee


por el Dr. Raúl Leguizamón


Tomado de Cabildo

Nuestra época tiene el inédito privilegio de ser no sólo la más cruel e impiadosa de la historia, sino también la más hipócrita. Hace un tiempo fuimos varios los que nos sentimos conmovidos con una noticia escalofriante. En Irlanda del Norte, y durante más de medio siglo (!) los órganos de 361 niños fallecidos, fueron extraídos, sin consentimiento de sus padres, para efectuar una serie de investigaciones científicas. Un año antes, similares escándalos se habían registrado en hospitales de Liverpool y Bristol.(1) Unos días después, las noticias fueron aún más explícitas, y así nos enteramos de que en la década del '90, un hospital británico traspasaba a un laboratorio farmacéutico, a cambio de donaciones económicas, glándulas de niños vivos (!!) sin que lo supiesen los padres. Esto ocurrió entre 1991 y 1993, aseveró un portavoz del hospital involucrado (Alder Hey, de la ciudad de Liverpool).(2) La misma fuente admitió que, a principios de esa década, el hospital entregó a una firma farmacéutica, “desechos quirúrgicos”, tales como tejidos del timo, un órgano linfoide cercano al corazón y de gran importancia para la regulación del sistema inmunológico. Los laboratorios Aventis Pasteur, partícipes del plan de erradicación global de la Polio, de la Organización Mundial de la Salud, admitieron que en el período mencionado, donaron dinero al hospital a cambio de tejidos humanos. Pero la cosa no termina ahí.

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10 de junio de 2008

Evolución (11)

¿CONVERGENCIA DE MÉTODOS O COSMOVISIÓN?

(por el Dr. Raúl Leguizamón)

Toda ciencia es cosmología, decía Popper, en el sentido de que no hay ciencia sin cosmovisión.

La ciencia (experimental) se basa ciertamente en la observación. Pero la observación - al ser una selección - siempre está determinada por una hipótesis previa. Y ésta, a su vez, por una visión general de la realidad.

La cosmovisión evolucionista ha influenciado - hasta el punto de condicionar y determinar los hallazgos - todas las ramas de la ciencia moderna. Tanto más, cuanto menos rigurosos son sus métodos.

Desde las así llamadas "ciencias duras", como la física y la química, en donde la influencia es mínima o inexistente (en sí misma; aunque se las puede manipular, como se hace, en beneficio de la evolución), hasta disciplinas por demás "blandas" como la antropología, en donde la cosmovisión evolucionista ha constituido el fundamento mismo de toda su elaboración.

No es posible separar la hipótesis evolucionista de la paleontología, de la antropología, de la geología, de la arqueología, de los métodos de datación, de la edad de la tierra (y del universo), etc.

Todo esto es un "paquete" más cerrado que los de Cavallo.

Por ejemplo: la única razón verdaderamente válida para aceptar las famosas "edades geológicas", es la creencia previa en la evolución. No hay nada en el tipo de roca (caliza, arenisca, granito, etc.) o en su contenido (metales, petróleo, carbón, etc.) que pueda determinar su edad. Por la sencilla razón de que es posible encontrar rocas de todo tipo y contenido en cualquier "edad geológica". La edad de un determinado estrato se basa en los fósiles que contiene.

¿Pero acaso los métodos radiométricos no proporcionan un instrumento "independiente" para medir la edad de los estratos?

En absoluto no.

Además de que la columna geológica (la supuesta superposición de capas) ya estaba elaborada 100 años antes de que se inventaran los métodos radiométricos, los resultados de dichos métodos son ajustados y corregidos de acuerdo a la edad de los fósiles (que es una suposición basada en la hipótesis evolucionista).

Un ejemplo entre cientos: cuando se hizo la datación de la ceniza volcánica de Koobi Fore (Lago Turkana, Kenia), las tres muestras dieron un promedio de 220 millones de años. Pero de acuerdo a los fósiles encontrados en la ceniza (es decir, de acuerdo a la interpretación evolucionista de los fósiles), la edad debía ser entre 2 y 3 millones de años. Obviamente había un error. ¿En la interpretación de los fósiles? ¡Imposible! ¡Sabemos que la evolución es un hecho! Luego, el error debía estar en el método radiométrico (en este caso, Potasio-Argón). Se tomaron nuevas muestras hasta que finalmente se obtuvo la cifra de 2,6 millones de años. Que se considera la cifra oficial. Luego, en base a esta "concordancia" se van calibrando y ajustando los otros métodos (paleomagnetismo, fisión de Uranio, etc.).

Tampoco podemos separar el evolucionismo de las "edades culturales". Todo esto es el resultado de la proyección, sobre los artefactos culturales, del mito liberal del progreso indefinido. Si el artefacto es más primitivo, luego es más antiguo. Y esto es así porque "sabemos" que primero fue el salvajismo, luego la edad de piedra, luego la del bronce... y así sucesivamente, hasta culminar en la edad de la Coca-Cola.

También es una ilusión todo este asunto de un supuesto período nómade (de cazadores) seguido por un período sedentario (de agricultores); lo mismo vale para la supuesta secuencia: animismo, totemismo, politeísmo, monoteísmo, o la otra de matriarcado y patriarcado, etc.

No existen datos propiamente científicos que avalen estas suposiciones.

Todo es producto, una vez más, de ver la realidad a través de las anteojeras del evolucionismo.

6 de mayo de 2008

Evolucionismo (2) y (3)

Vaya aquí una segunda entrega de éste tópico . Son dos libros del Dr. Raúl Leguizamón.
No son largos y están escritos para ser entendidos.
Altamente recomendada su lectura.
Si alguien quiere tomar contacto con el autor, ya que él invita expresamente al diálogo sobre este tema, deje un comentario y el editor de este blog lo contactará.



En torno al origen de la vida

por el Dr. Raúl Leguizamón

Numerosos científicos de las distintas áreas del conocimiento - al igual que la gran mayoría de los divulgadores sobre el tema - son prácticamente unánimes en sostener que la vida se habría originado a partir de la materia inanimada, por la sola acción de las leyes naturales y al margen de cualquier factor extramaterial.
Frecuentemente - sobre todo en las obras de divulgación, libros de texto y programas televisivos - el tema es tratado en forma tal, que el lector no especializado sólo puede concluir que el origen de la vida a partir de la materia inanimada constituye no ya una teoría científica, sino un hecho demostrado, con pruebas abrumadoramente concluyentes a su favor.
Salvo pequeñas dudas referidas a detalles de orden circunstancial, todo parece estar satisfactoriamente explicado: los átomos se unen espontáneamente para formar moléculas simples, que luego - en el seno del mar primitivo - forman moléculas más complejas, las cuales finalmente se unen entre sí, dando origen a la vida.
Así de simple, así de claro, así de contundente.
Aun cuando a nivel de las publicaciones especializadas hay científicos que expresan dudas y reservas sobre el tema, estas opiniones no llegan prácticamente nunca al lector corriente, el cual es ilustrado, con singular insistencia - en el esquema arriba descripto.
Con raras excepciones éste es, sin duda, el consenso de opiniones del "establishment" científico y la actitud prudentes es, también sin duda, aceptar lo que los expertos dicen.
Esta es la actitud prudente.
Pero la actitud científica es justamente no aceptar lo que los científicos dicen. No, al menos, sin previo análisis crítico, puesto que la ciencia no debe basarse en la autoridad de nadie -¡ni siquiera en la de los científicos!- sino en el análisis racional de la evidencia...

Acceso al libro



Fósiles polémicos

por el Dr. Raúl Leguizamón

El tema del origen del hombre, por la complejidad de los problemas que plantea requiere para su adecuado tratamiento el concurso de numerosas disciplinas: antropología física y cultural, arqueología, geología, biología, lingüística, filosofía, teología, etc.
El enfoque de esta obrita está referido casi exclusivamente al campo de la Antropología Física o Paleoantropología, o sea la ciencia que tiene por objeto el estudios del hombre, a través de sus restos fósiles.
Y en este terreno sólo pretendo plantear el problema a la vez que realizar un sucinto análisis crítico de los principales hallazgos fósiles, que sirva como una introducción al tema para el hombre de la calle y merced a las referencias bibliográficas, para que el lector interesado en profundizar estas cuestiones puede hacerlo en obras mejores y más completas.
Las citas bibliográficas de las publicaciones en inglés, las he traducido por mi cuenta - diccionario mediante - y aunque sin duda dejarán bastantes que desear en cuanto a la elegancia de construcción y armonía de sintaxis, tenga la seguridad el lector que reflejan fielmente el sentido del texto original.
De todas maneras, al final del trabajo he detallado todas las referencias utilizadas para que el lector interesado controle personalmente estas citas y corrija los errores - nunca sustanciales estoy seguro - que involuntariamente se hubieran podido deslizar.
En los temas particularmente polémicos he tratado de hacer abundantes citas de las mejores autoridades en la materia para suplir, con el prestigio del autor citado, una autoridad que naturalmente no poseo...

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