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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

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24 de febrero de 2011

La construcción del Paraíso: Las Reducciones del Paraguay




Por José Luis Orella


El descubrimiento de América produjo la oportunidad de construir una sociedad más acorde con los designios cristianos. El traslado de las libertades municipales hispanas al mundo americano, donde su inmensidad les dará una particularidad propia. Además Utopia de Tomás Moro, influirá en Vasco de Quiroga, quien fue el primero que inauguró las primeras comunidades de indios, pero abrió la experiencia a la construcción del Paraíso guaraní que rigió la Compañía de Jesús hasta su eliminación por el borbón Carlos III.


a llegada de los españoles al continente nuevo supuso uno de los grandes hechos de la historia universal, y el gran acontecimiento de la historia de España. Las nuevas tierras descubiertas no fueron tratadas como colonias de explotación, como sería el caso posterior de ingleses y holandeses, sino que serían consideradas como una prolongación de la corona de Castilla. La Monarquía Hispánica, que se había formado por el matrimonio de los Reyes Católicos, había unido dos reinos muy distintos. La Confederación Aragonesa que orientaba sus aspiraciones a mantener el control del Mediterráneo, pero que había entrado en decadencia; y la Corona Castellana, que finalizaba con juvenil vigor, la labor de la Reconquista. Castilla se había conformado como una potencia política y militar, que se orientaba al Atlántico, con una fuerte rivalidad con el hermano reino de Portugal.


En aquella Castilla que vislumbra uno de los mayores hechos de la historia, la sociedad era eminentemente agraria, con un carácter disperso, efecto del carácter repoblador que durante siglos había ido extendiendo las fronteras cristinas hacia el sur. La carencia de un fuerte poder real y la necesidad de asentar población en las zonas limítrofes con los reinos musulmanes, fomentaron la concesión de fueros con un alto grado de autonomía política, judicial y económica [1] . Estos fueros eran las normas estatutarias que reconocían, en muchos casos, las tradiciones consuetudinarias de las comunidades de vecinos, establecidas de manera previa a los municipios. Durante los siglos XII y XIII, los reyes castellanos otorgaron numerosos fueros a nuevas villas, como nuevos focos de desarrollo comercial, dentro de los territorios con intereses agrarios. En las provincias vascas, entonces señoríos, se iniciará una fuerte polaridad entre las dinámicas villas de protección real, y los pueblos de tierra llana. A partir de 1480, los municipios castellanos tendrán que afrontar la tendencia unitaria de la Monarquía, mediante la presencia del corregidor, figura que encabezará al municipio como agente real. Sin embargo, las estrictas normas que ataban el comportamiento del corregidor ayudaban a perpetuar la libertad municipal, y ha consolidar el poder adquirido por los regidores. Estos, vinculados a familias poderosas del comercio, solían convertir en hereditario los cargos. En el XVI, eran 18 las ciudades castellanas las que tenían derecho a sentar representantes en las Cortes. En estas urbes del centro de la meseta surgirá un amplio sector de comerciantes, artesanos enriquecidos y caballeros propietarios que conformarán la oligarquía local dominante. Un elemento social en ascenso, que solía ser bien apreciado por los monarcas, para equilibrar el poder de una decadente nobleza, hambrienta de recuperar su antiguo poder, a costa del señorío real.
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20 de septiembre de 2009

El Cardenal Alojzije Stepinac, puntal de la Iglesia Católica de Croacia


por José Luis Orella


Tomado de Arbil



lojzije Stepinac nació el 8 de julio de 1898 en Krasic, cerca de Zagreb. Era el quinto de nueve hijos, del segundo matrimonio de un acomodado viticultor, Josip Stepinac con Bárbara Penic, después del fallecimiento de la primera esposa, con la cual había tenido los tres primeros.

El joven Alojzije estudió en la escuela primaria de Krasic, y la secundaria en Zagreb, desde el año 1909 hasta el 1915. El sexto año se trasladó al liceo del Arzobispado donde esperaba ingresar en el seminario para ordenarse sacerdote.

Pero la Primera Guerra Mundial había estallado en 1914 y fue llamado a filas por el ejército Austro-Húngaro. Su primer destino fue Rijeka (Fiume), a la Escuela para Oficiales de Reserva, donde recibió durante seis meses su instrucción de oficial. Al finalizar el curso, fue enviado como teniente al frente italiano en 1917, en los Alpes, donde estuvo al mando de una unidad compuesta de soldados bosnios, que tienen muy buena fama de ser buenos guerreros. Sin embargo, su captura por los italianos tuvo la desafortuna de informar a su familia sobre su fallecimiento en combate. El cautiverio italiano duró poco, hasta el 6 de diciembre 1918, pasando por los campos de prisioneros de Mestre, en Venecia, Ferrara y Nocere-Umbre.

En aquel tiempo que coincidió la disolución del Imperio Austrohúngaro y la creación del primer estado yugoeslavo del "Reino de serbios, croatas y eslovenos", aunque bajo el control de los serbios, se presentó voluntario para la legión yugoeslava, unidad formada por los aliados con prisioneros eslavos. El nuevo recluta Stepinac fue enviado al frente de Tesalónica, en Grecia, para luchar con los búlgaros, que eran aliados de los imperios centrales.

En 1919 fue dado de baja, regresó a su casa y se inscribió en la Facultad de Agronomía de Zagreb. Sin embargo, regresó a su pueblo, donde trabajó en los viñedos de su padre. Tuvo novia, con la cual estuvo a punto de casarse, pero ella rompió la relación. En 1924, con 26 años, Stepinac volvió a sentir firmemente la vocación sacerdotal que tuvo que abandonar cuando fue llamado a filas en 1915. El joven croata ingreso en el colegio Germanicum de Roma. Estuvo siete años en la Universidad Pontificia Gregoriana, donde gracias a una beca americana, terminó sus estudios de filosofía y teología con dos doctorados. Para entonces hablaba el serbocroata, el italiano, el francés, el alemán y el latín. En 1930, con 32 años, era ordenado sacerdote en Roma, aquello colmaba la máxima ilusión de su madre, quien había ayunado dos días a la semana durante su vida para pedir que le llegase la vocación a su hijo.
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4 de septiembre de 2009

Uganda, la nación que venció al SIDA




por José Luis Orella




Tomado de Arbil




El Sida tiene solución cuando se evita el ideologismo del Nuevo Orden Mundial




ganda es un país de más de treinta millones de personas donde el SIDA provocó una pandemia que alcanzó en 1991 a un 21% de la población.


El desarrollo de la enfermedad es una de las causas principales de la desestructuración de la fuerte institución familiar africana. La desaparición de los adultos jóvenes ha dejado desamparados a centenares de miles de huérfanos, que abandonados vagan por las calles en busca de un modo de vivir.

La necesidad de mano de obra provoca cambios migratorios y la imposibilidad de favorecer un contexto favorable para el desarrollo.

Uganda era uno de esos países infestado de SIDA, cuando los soldados tanzanos y ugandeses de Yoveri Museveni liberaron al país de la cruel dictadura de Idi Amín. Aquellos soldados contrajeron la enfermedad y la desarrollaron por el país.

La promiscuidad juvenil por la confianza en los avances de la medicina fomentó el crecimiento de las relaciones sexuales, y por tanto el contagio del SIDA.

Como en otros países, la industria del latex, uno de los grandes grupos de presión en la ONU, inundó el país de condones para parar la transmisión del SIDA, pero el crecimiento siguió de forma acelerada, como es un ejemplo Sudáfrica, país que pierde 300.000 habitantes anuales.

Sin embargo, Uganda es el país de San Carlos Luanda, el mayordomo real que fue sacrificado junto a otros 26 jóvenes ugandeses por no ceder a la concupiscencia de su malvado monarca. Actualmente, Uganda es un país que reúne más de un 80% de población cristiana, la mitad protestante y la otra católica.

El gobierno Museveni decidió tomar parte activa en la eliminación del SIDA, desde las escuelas y las iglesias, la formación de las mujeres como punto clave de las familias, y la educación en los valores de abstinencia y la fidelidad, las nuevas generaciones de ugandeses fueron cambiando los hábitos sociales que se habían enraizado bajo el dominio de Idi Amín y la guerra.

Después de tres décadas de educación y formación en valores, la sociedad ugandesa disfruta en la actualidad de un 5,4% de infectados, habiendo reducido en tres cuartas partes el número de enfermos.

El éxito de la medida era claramente conocido por el Papa Benedicto XVI, Uganda es un país que debe su evangelización y desarrollo a los padres blancos, ahora conocidos como padres de África.

Resulta curioso que la persona que goza de primera mano de información sobre lo sucedido en Uganda, se vea atacado por personas que nunca han estado en África y cuyos intereses económicos dependen de las grandes empresas productoras de condones.

23 de julio de 2009

La construcción del laicismo en la Francia de la Revolución


por José Luis Orella Martínez




Tomado de Altar Mayor
REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 97 – Enero de 2005 (Extraordinario)











a Iglesia Católica en Francia ha sido una de las primogénitas desde que en el año 496 el rey de los francos, Clodoveo se convirtió al catolicismo mientras que el resto de los pueblos germanos se mantuvieron pertinaces en las herejías arrianas. Francia desde entonces guardó una intensa fidelidad al catolicismo y los caballeros franceses fueron los que aniquilaron a los herejes cátaros del mediodía francés y junto a San Luis participaron en la Cruzada contra los musulmanes en Oriente Próximo. Los reinos francos del levante palestino fueron defendidos por la llegada continua de caballeros del país galo.

Sin embargo, desde el siglo XVIII, Francia que rivaliza con España el lugar de primera potencia mundial, evoluciona a posiciones que ven en la Iglesia Católica un lastre del avance tecnológico del país. Los pensadores ilustrados defienden tesis racionalistas y empiezan atacando los fundamentos dogmáticos de la Iglesia Católica.

  • El análisis de la religión cristiana, de Dumarsais.
  • El hombre máquina, de La Mettrie.
  • El espíritu, de Helvetius.
  • La carta sobre los ciegos, de Diderot.
  • El Belisario, de Marmontel.
  • El sistema de la naturaleza, de D´Holbach.

Las obras de ilustrados como Voltaire, Rousseau o Diderot difunden una imagen negativa de la Iglesia en círculos minoritarios, pero influyentes por su posición social e intelectual, especialmente en los centros urbanos. El catolicismo es algo propio de las clases populares y atrasadas. El siglo de las luces, no deja de ser la época de lucha contra el liderazgo cultural llevado por la Iglesia, desde que los bárbaros irrumpieron en el imperio romano occidental.

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30 de junio de 2009

La identidad cristiana de la cultura europea






por José Luis Orella



Tomado de El Brocal
REVISTA DE ESTUDIOS Y DE DOCUMENTACIÓN
Nº 89 – 19 de junio de 2009








a renovatio imperii producida con la consagración por el Papa León III de Carlomagno como emperador en el 800, es el inicio de Europa, como Cristiandad o Romanidad, la convergencia del mundo romano y germánico, bajo el crisol nutriente del cristianismo. Bajo el nuevo molde carolingio, se experimentará el renacer cultural, que había estado recogido y guardado por la Iglesia. La necesidad de alimentar la administración del nuevo imperio con personas de un alto nivel cultural, llevó al emperador a apoyar la labor del monje anglosajón, Alcuino, quien se dedicó a fundar escuelas palatinas en los monasterios dedicadas al canto, la aritmética y la gramática. Estas escuelas monásticas se adaptaron al trivium (gramática, retórica y dialéctica) y al quadrivium (aritmética, geometría, música y astronomía). El alumno estudiaba en latín, aprendía a recitar y las necesarias técnicas de debatir, ya que desde el siglo IV, habían aparecido herejías que hacían cada vez más necesaria una alta preparación de los eclesiásticos. Durante el siglo XII renació el interés por la teología por la aparición de herejías, como las de los valdenses y dualistas, surgidas por la necesaria reforma de la Iglesia. Aparte, de las escuelas monásticas existentes, surgen en este período con fuerza, las escuelas episcopales y las urbanas, donde aparecerá el goliardo (alumno errante) que elegía a su maestro según gusto.
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15 de mayo de 2009

Victor Pradera, un católico en la vida pública de principios de siglo.



por José Ignazio Etxaniz .

Tomado de Revista Arbil (Nº 42)

Ficha: José Luis Orella Martínez: VICTOR PRADERA, UN CATÓLICO EN LA VIDA PÚBLICA DE PRINCIPIOS DE SIGLO. BAC, MADRID, 2000


Nuevo libro que nos muestra la biografía y las ideas que impulsaron a una personalidad que supo comprometerese en la vida pública hasta llegar al sacrificio personal por la defensa de los valores que mantenía, y que podría ser ejemplo de coherencia para los políticos actuales




a presente obra recupera la vida y el pensamiento de una persona que ha quedado olvidada y que por esta razón resulta inédita en la actual historiografía española. El libro de José Luis Orella, profesor de Historia de la Universidad San Pablo-CEU, nos recupera a uno de los pioneros del catolicismo social en España. A través de los hechos de la vida de Víctor Pradera el lector entra en la vertebración de un catolicismo activo en los más diversos campos de la sociedad.

Nacido en Pamplona en 1872 y recriado en San Sebastián, la juventud de Víctor Pradera nos lleva a las aulas recién estrenadas de la Universidad de Deusto, institución dirigida por los jesuitas con la misión de formar una élite católica. Víctor Pradera pertenecerá a su segunda promoción y será compañero de José María Urquijo, fundador del periódico La Gaceta del Norte; y el P. Angel Ayala, fundador de la ACN de P (Propagandistas). El sello recibido en Deusto le servirá para ser un católico vinculado a la vida pública española de principios de siglo XX.

En sus primeros capítulos vemos transcurrir a un Víctor Pradera comprometido con el carlismo y que va forjando su personalidad intelectual en un catolicismo vertebrado en el tomismo nacido en la escuela de Malinas de manos del cardenal Mercier, y en una visión descentralizada de España, por su mentor ideológico Juan Vázquez de Mella. Su actividad como joven diputado por Tolosa se verá marcada por la defensa de las peculiaridades regionales de España dentro de un concepto uninacional y de la salvaguardia de los derechos de la Iglesia en el estado liberal.

Sin embargo, la primera guerra mundial producirá profundos cambios en el mundo y en las personas. El despertar de las nacionalidades y la instauración del comunismo en Rusia marcarán una época que devolverá a Víctor Pradera a una vida pública, abandonada a favor de sus actividades profesionales de ingeniero y abogado. Como nos relata su autor, Pradera se verá convertido en el paladín de la unidad nacional española en el País Vasco y Navarra, pero desde una visión descentralizada y en defensa de sus peculiaridades forales, frente a las pretensiones nacionalistas de crear un estado independiente y racialmente vasco.

Al mismo tiempo el miedo al socialismo revolucionario le empujará a huir de las capillas políticas y a fomentar la unión de las fuerzas políticas de la derecha bajo un programa común y a favorecer un extenso desarrollo del catolicismo social como única vía de formación integral de la persona. En este camino, el libro nos muestra su participación en la formación del Partido Social Popular y la posterior colaboración desde una posición crítica con el régimen del general Miguel Primo de Rivera. Resulta interesante señalar la labor que el autor realiza por describir el origen del catolicismo social en Europa, después en España y evidentemente que concepción tenía de ello el propio biografiado.

No obstante, una de las partes más atractivas del libro resulta la dedicada a la II República donde Víctor Pradera se convierte en el principal ideólogo de los carlistas, pero con una gran influencia en el resto de las formaciones de derechas. Su participación en la revista Acción Española y especialmente la fama que alcanzó su libro El Estado Nuevo, en el que sistematizo el corporativismo como una alternativa política viable en España, y le convirtió en una celebridad nacional. El autor realiza una buena labor explicando y diferenciando las características de la derecha accidentalista de José María Gil Robles, la encabezada por José Calvo Sotelo y Manuel Fal Conde, y finalmente el nacionalsindicalismo liderado por José Antonio Primo de Rivera.

Otra de las notas a destacar del libro es la diferenciación cuidada del corporativismo derivado del catolicismo social, del defendido por el fascismo y las divergencias entre extremas derechas y movimientos fascistas. En la actualidad que es fácil la equivocación, el autor presta un sumo cuidado en diferenciar las diferentes opciones políticas. De este modo, la principal y más famosa obra de Pradera, El Estado Nuevo, tiene un capítulo dedicado integro a la concepción organicista del ingeniero navarro. En la parte final es clarificador e interesante en los momentos actuales dedicar un capítulo diferencias y semejanzas entre fascismo y movimientos tradicionalistas, y otro a los movimientos afines al corporativismo católico que surgieron fuera de España. El integrar al catolicismo organicista español con el resto del mundo ayuda a centrar mejor el tema del libro.

Se agradece también al autor que en la fase de inicio de la guerra civil nos detalle lo más posible los últimos días de Víctor Pradera, probando con apoyo documental la implicación del consejero nacionalista de orden público en su asesinato y el de sus compañeros. En definitiva es un libro breve, pero denso en información y que viene a rellenar un espacio vacío de nuestra historia contemporánea de principios de siglo XX, a través de la vida de uno de nuestros principales intelectuales católicos, que resulta todavía un gran desconocido para el lector de la calle. La apuesta de la BAC, como de su autor de recuperar el papel ejercido por Víctor Pradera en la historia de nuestro país es una labor importante en la recuperación de las raíces históricas de nuestra patria.

18 de abril de 2009

El Barón Rojo, el Caballero del Aire



por José Luis Orella



Tomado de Arbil


La caballerosidad dentro del horror de la guerra.

n los inicios de la aviación, el Barón Rojo se convirtió durante la primera guerra mundial en el piloto más famoso de la contienda y en el modelo de hombre que atrajo a muchos jóvenes a una pasión que siempre ha tenido el hombre desde el vuelo de Icaro, el volar y contemplar la Creación desde el cielo.
El barón Manfred von Richthofen, nacido el 2 de mayo de 1892 en Breslau, capital de Silesia, actualmente en Polonia, era el mayor de tres hermanos, cuyo origen venía desde que la baronía les fue concedida por Federico el Grande. Como joven aristócrata prusiano se educo para la carrera militar ejercitándose en multitud de deportes como la caza, la equitación y la natación. Ingresó en caballería donde llegó a ser teniente de lanceros. Su temeridad le hizo caer por poco prisionero de los rusos y cuando fue destinado al frente occidental le ocurrió lo mismo con los franceses, pero la caballería no tenía sitio en las trincheras y se ocupó de problemas de intendencia. Su espíritu rebelde se negó a seguir en un puesto burocrático y solicitó el traslado a un arma en período de formación como era el servicio del aire en mayo de 1915.
Manfred se convirtió en un gran observador del frente desde su avión, pero un encuentro con el as Oswald Boelcke, le decidió a pasar a ser piloto de caza. El capitán Boelcke fue el encargado de reorganizar un arma maltrecha, en un momento en que los alemanes habían perdido su iniciativa en el aire. Hasta entonces los aviones volaban solos y no había un mando único. Desde entonces, la aviación tuvo su jefe en el general Ernst von Hoeppner y los aviadores fueron agrupados en escuadrones o Jagdstaffeln de catorce aviones. Boelcke fue el jefe del nº 2 y forjó a sus hombre en el espíritu de equipo, no quería individualidades, la victoria del equipo era lo importante, no quien derribase al enemigo. von Richthofen fue su alumno predilecto, aunque no el mejor, al principio el examen de piloto lo aprobó a la tercera y no estaba considerado como uno de los mejores.
La enseñanza de su capitán le fue perfeccionando el estilo, Boelcke escribió unas normas de vuelo basadas en su experiencia, pero en octubre de 1916, con cuarenta victorias, el as murió en un accidente por colisión con otro avión. Richthofen tenía ocho derribos, pero entonces consiguió derribar en un duelo espectacular al comandante Lanoe Hawker, uno de los británicos más prestigiosos, condecorado con la Cruz Victoria. En enero de 1917, Manfred consiguió por su 16 victoria la deseada Pour le Merite más conocida como el Max azul. Este reconocimiento al as vivo con más victorias que les quedaba a los alemanes, le fue reconocido con el mando de su propia escuadrilla, la nº 11. Manfred aplicó a su hombres las enseñanzas en equipo de su profesor Boelcke y su escuadrilla fue la más famosa, aparte, Manfred mandó pintar su avión de un rojo que se veía a gran distancia, siendo desde entonces conocido, como el Barón rojo. Entre sus alumnos más aventajados resultaron Kurt Wolff y Karl Allmenröder, quienes consiguieron 33 y 30 victorias y la consabida Max azul.
1917 fue un año de combates intensos, el Barón rojo se convirtió en el as por antonomasia de los hombres del káiser y su derribo sería premiado por lo británicos con 5000 libras. Entretanto, Lothar von Richthofen, hermano menor del barón se integró en la escuadrilla, demostró también cualidades como su hermano, llegando a derribar 40 aviones al final de la guerra. En primavera, el Barón rojo tenía 45 victorias y la entrada en la guerra de Estados Unidos ocasionó una llegada masiva de aviadores norteamericanos. Además, su alto nivel había rebasado a todos los pilotos de la gran guerra y sus pilotos para guardarlo de las balas enemigas pintaron sus aviones de color rojo, aunque su hermano Lothar lo hizo de amarillo. Al Barón rojo le fue asignado una unidad mayor que controlaba 50 aviones, como ejemplo de sus hombres, el resto de las escuadrillas pintaron sus aparatos de los colores más llamativos siendo llamada la unidad el Circo volante. Sin embargo, el fin de los ases se aproximaba, el máximo héroe francés y aliado, Georges Guynemeyer fue abatido con 54 victorias, poco después lo era el alemán Werner Voss con 48, un excéntrico piloto que le gustaba ir bien vestido por si le capturaban, para poder gustar a las chicas de París. En la última ofensiva alemana, el Barón rojo consiguió su victoria 80, era el más calificado piloto de la guerra, pero en un combate, un piloto canadiense, en un acto fortuito consiguió matarlo, cayendo el alemán muerto en poder de la infantería australiana.
El Barón rojo fue enterrado con todos los honores al enemigo caído. A sus 26 años, este noble prusiano había firmado una de las páginas más brillantes del comienzo de la aviación.

28 de febrero de 2009

La construcción del Paraíso: Las Reducciones del Paraguay


Por José Luis Orella


El descubrimiento de América produjo la oportunidad de construir una sociedad más acorde con los designios cristianos. El traslado de las libertades municipales hispanas al mundo americano, donde su inmensidad les dará una particularidad propia. Además Utopia de Tomás Moro, influirá en Vasco de Quiroga, quien fue el primero que inauguró las primeras comunidades de indios, pero abrió la experiencia a la construcción del Paraíso guaraní que rigió la Compañía de Jesús hasta su eliminación por el borbón Carlos III.


a llegada de los españoles al continente nuevo supuso uno de los grandes hechos de la historia universal, y el gran acontecimiento de la historia de España. Las nuevas tierras descubiertas no fueron tratadas como colonias de explotación, como sería el caso posterior de ingleses y holandeses, sino que serían consideradas como una prolongación de la corona de Castilla. La Monarquía Hispánica, que se había formado por el matrimonio de los Reyes Católicos, había unido dos reinos muy distintos. La Confederación Aragonesa que orientaba sus aspiraciones a mantener el control del Mediterráneo, pero que había entrado en decadencia; y la Corona Castellana, que finalizaba con juvenil vigor, la labor de la Reconquista. Castilla se había conformado como una potencia política y militar, que se orientaba al Atlántico, con una fuerte rivalidad con el hermano reino de Portugal.

En aquella Castilla que vislumbra uno de los mayores hechos de la historia, la sociedad era eminentemente agraria, con un carácter disperso, efecto del carácter repoblador que durante siglos había ido extendiendo las fronteras cristinas hacia el sur. La carencia de un fuerte poder real y la necesidad de asentar población en las zonas limítrofes con los reinos musulmanes, fomentaron la concesión de fueros con un alto grado de autonomía política, judicial y económica [1] . Estos fueros eran las normas estatutarias que reconocían, en muchos casos, las tradiciones consuetudinarias de las comunidades de vecinos, establecidas de manera previa a los municipios. Durante los siglos XII y XIII, los reyes castellanos otorgaron numerosos fueros a nuevas villas, como nuevos focos de desarrollo comercial, dentro de los territorios con intereses agrarios. En las provincias vascas, entonces señoríos, se iniciará una fuerte polaridad entre las dinámicas villas de protección real, y los pueblos de tierra llana. A partir de 1480, los municipios castellanos tendrán que afrontar la tendencia unitaria de la Monarquía, mediante la presencia del corregidor, figura que encabezará al municipio como agente real. Sin embargo, las estrictas normas que ataban el comportamiento del corregidor ayudaban a perpetuar la libertad municipal, y ha consolidar el poder adquirido por los regidores. Estos, vinculados a familias poderosas del comercio, solían convertir en hereditario los cargos. En el XVI, eran 18 las ciudades castellanas las que tenían derecho a sentar representantes en las Cortes. En estas urbes del centro de la meseta surgirá un amplio sector de comerciantes, artesanos enriquecidos y caballeros propietarios que conformarán la oligarquía local dominante. Un elemento social en ascenso, que solía ser bien apreciado por los monarcas, para equilibrar el poder de una decadente nobleza, hambrienta de recuperar su antiguo poder, a costa del señorío real.
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Para leer el artículo completo haga click sobre la imagen de las ruinas de San Ignacio.

8 de febrero de 2009

Víctor Pradera; un intelectual entre los ismos de una época




por José Luis Orella


Tomado de Arbil



radera fue uno de sus últimos eslabones de la ideología carlista. El navarro heredó el bagaje autóctono de diferentes autores, orgullosos de su idiosincracia nacional. Esta herencia, junto a las enseñanzas católicas de la justicia social y complementándola con las ideas de autores extranjeros, le ayudó a perfilar una visión del mundo más acorde con la realidad. Pradera aunó la herencia política tradicionalista con la moderna del corporativismo, pero desde una visión propia patriótica. Su mayor logro fue la sistematización en un sistema político de un indefinido abanico de ideas. Pradera las dio forma y concretó en una forma de Estado que, a la vez de moderno, estaba acorde con la personalidad histórica de la nación y respondía a las necesidades de su sociedad.El Estado Nuevo desarrollado por Pradera, como hijo directo del carlismo, fue asumido como modelo por otros movimientos políticos. Su semejanza y diferenciación con ellos fue defendida como una necesidad para la salvaguarda de su identidad, en un periodo de propagación de ideas políticas que invitaba a la confusión. La comparación con el fascismo exigía una aclaración. Además el corporativismo católico abría al tradicionalismo español a una gran variedad de movimientos afines europeos. La internacionalización de los fenómenos políticos fomentó salidas similares a problemas que escapaban de los confines nacionales. Las ideas de Pradera se asemejaron a las de algunos prestigiosos intelectuales europeos y se enriquecieron con algunas de sus experiencias, pero Pradera salvó la originalidad de su pensamiento de caer en el mimetismo de la estela de otros movimientos más famosos.

El Estado Nuevo

Su última obra "El Estado Nuevo" fue su libro cumbre, donde Pradera volcó todo su saber ideológico expresado en artículos y mítines. Este libro constituyó la concreción más exacta del pensamiento político tradicionalista. Pradera empezó a escribir "El Estado Nuevo" en las páginas de "Acción Española", como respuesta complementaria a sus primeras contribuciones a la revolución. En los primeros artículos Pradera trató de desmontar racionalmente los pilares en que se sustentaba la doctrina rousseauniana. Tras rebatir la teoría enemiga, el navarro planteó la antítesis que serviría de alternativa salvadora al sistema liberal. Pradera se dedicó a partir del nº 47 de Acción Española a dar su visión del modelo ideal de Estado Nuevo que solucionaría los problemas de España. El nuevo Estado no le cabían dudas a Pradera, sería la panacea de las calamidades, por estar basado en un régimen inspirado en la tradicional historia española y, por tanto, acorde al espíritu autóctono.La importancia de la obra fue de tal calibre, que Pradera tuvo que reunir los artículos en un libro que editó a finales de 1935. "El Estado Nuevo" se convirtió en la obra más famosa e importante de Pradera, que materializó y sintetizó la propuesta política del Bloque Nacional de Calvo Sotelo. La importancia de este libro vino por ser Pradera quien sistematizó en una realidad unas ideas voceadas por tradicionalistas y neotradicionalistas alfonsinos, que hasta entonces en nada específico se había concretado.
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