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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

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3 de septiembre de 2009

Murió el Sr. Coronel Mohamed Alí Seineldín. R.I.P.



El 02/09/09 murió el Sr. Coronel M. A. Seineldín.

Quienes tuvimos el honor de conocerlo lo recordaremos como a un ejemplo de hombre probo y un arquetipo de guerrero cristiano. De él puede decirse, como del Cid: ¡Dios, que buen vasallo si tuviese buen Señor!.

El Cruzamante pide a sus lectores una piadosa oración en su memoria.


A continuación reproducimos parte del alegato final que rindió el coronel Mohamed Alí Seineldín ante la Cámara Federal de Apelaciones de la Capital Federal de la Argentina, el 7 de agosto de 1991.

Hoy me presento ante esta Excelentísima Cámara para exponer sobre los hechos del 3 de diciembre [de 1990] de los cuales soy el comandante y el único responsable. Esta exposición ante vosotros abarcará cuatro puntos: primero, una introducción; segundo, los antecedentes políticos que motivaran el pronunciamiento del 3 de diciembre; tercero, los antecedentes militares de los cuatro pronunciamientos; y quinto, consideraciones generales. Como introducción le expreso a la Honorable Cámara que voy a hacer algunas aclaraciones para evitar equívocos y malas interpretaciones. Mi designación es de Coronel de la Nación, es decir, que aparte de las facultades que me impone el Ejército, la nación, a través del Congreso, me impone facultades correspondientes a la misma, me obliga a conocer toda la problemática nacional, toda la política nacional. Por supuesto que esta política se refiere a la política mayor, a la establecida en la Constitución, la ley y sus principios, y no a la política partidista, de la cual jamás he participado y jamás he votado en mi vida; por una simple razón, de que yo le debo obediencia y subordinación a los valores permanentes de la Nación, que es la nación argentina, la Constitución y sus leyes, y no a los partidos, que los respeto pero no pertenecen al orden permanente. Mi grado también, Su Señoría, me impone hablar con claridad, y dada la responsabilidad que se ha tratado en esta Cámara, que es la indefensión y la corrupción que existe en la nación argentina, me obliga a utilizarlo para hablar con claridad ante vosotros.
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16 de marzo de 2009

In Memoriam, 15 de Marzo de 1981, fallece el Padre Castellani



Tomado del Blog de Cabildo


“Bienaventurados seréis cuando los hombres por mi causa os maldijeren, y os persiguieren y, mintiendo, dijeren toda suerte de mal contra vosotros. Alegraos entonces y saltad de gozo, porque es grande vuestra recompensa en los cielos” (San Mateo, cap. V)


Fue mi maestro y era mi amigo. Las puertas del cielo se abrieron ya para él; y en la tierra nosotros, los sobrevivientes que tanto lo quisimos (y a quien tanto le debemos) rogamos ahora a Dios Nuestro Señor por su noble alma.

Personalidad originalísima, sin lugar a dudas, la de nuestro máximo pensador católico argentino, el Padre Castellani. Compleja, polifacética personalidad intelectual y de las letras; restauradora en este siglo XX ateo y negador que vivimos; personalidad impar bajo cualquier aspecto que se la considere (incluso a juicio de sus adversarios ideológicos o detractores religiosos).

Hasta el último día se mantuvo sereno el excepcional Maestro de tres generaciones nuestras; lúcido, firme en las convicciones, ortodoxo y cordial con la Cruz de sus males a cuestas; luchando quijotescamente contra las modernas herejías en la descristianizada y “democrática” Argentina liberal contemporánea —siempre “desfaciendo entuertos”— no obstante la notoria salud declinante que desde tiempo atrás lo aquejaba. Su fina espiritualidad —pese a su vejez— no lo abandonó nunca. No decayó jamás su fe comprometida con el mensaje evangélico de Jesucristo: “Hijo de Dios Padre y Segunda Persona de la Santísima Trinidad” —mal que les pese a no pocos de nuestros “hermanos separados” (sic)— que volverá al fin de los tiempos, cumpliéndose, así, en plenitud, la Promesa parusíaca en cuya realización próxima el genial santafesino ex-jesuita creyó firmemente siempre.

Temperalmente hablando, Castellani era un hiperemotivo típico, de reacciones francas, apasionadas y directas; un hombre total, auténtico hasta en su original atuendo: con sotana, boina vasca y cinturón militar. Audaz en ocasiones y tímido en otras; caballeresco por dentro y por fuera, pero, a la vez muy afectivo, sensible de alma en extremo. ¡Amigo leal y entrañable!

Desde el punto de vista intelectual, Castellani fue —por su talento— un extraordinario prodigio desde muy joven y su genio brilló no sólo en la Argentina, sirviendo incondicionalmente a la Iglesia tradicional en medio de la crisis que hoy la sacude. Abarcó todos los secretos del saber divino y humano, sobresaliendo como teólogo de rara penetración dogmática en Europa; como metafísico insigne y como profesor de filosofía (en Buenos Aires y en Salta). Ensayista, psicólogo, crítico literario, periodista inimitable… autor hasta de novelas y cuentos con mensaje religioso, etc. Y escribió, además, proféticas poesías autobiográficas desgarradoras, dignas de una antología que sus discípulos de ayer le debemos agradecer y aplaudir.

La salvación del país en bancarrota fue un constante “leit-motiv” obsesivo para él: amó a Dulcinea —o sea, a la Patria terrenal idealizada— católicamente, hasta su muerte. Egregio caudillo de bravos legionarios “cristóbales”, los diagnósticos que escribió en vida sobre las causas de la actual postración argentina son notables (sensacionales y acaso escandalosos para no pocos dirigentes políticos ingenuos o inadvertidos que aún lo combaten). Su profunda caridad como la de San Pablo (Saulo de Tarso), le hizo acuñar —sin romanticismo alguno— esta certera definición evangélica del patriotismo: “Si los sujetos que viven en un mismo campo geográfico se odian cordialmente unos a otros, no se puede decir que allí exista patria; porque «si no amas a tu prójimo, al cual ves, ¿cómo amarás a la patria a la cual no ves?». En amor al prójimo se resuelve prácticamente el amor a la patria; y si no es amor al prójimo, nada es”.

En otro orden de ideas, para nuestra madura generación de abuelos que peinan canas y para el país joven de ahora —el de nuestros hijos y nietos—: ¿qué significado tendrá, me pregunto yo, el alto magisterio cultural y religioso asumido en vida —sin beneficio de inventario y en grado heroico de virtudes— por el Padre Leonardo Castellani? Bien. Al caer enfermo (hace casi un lustro) y después de sufrir una dolorosa operación quirúrgica, lo visité una tarde en su departamento de la calle Caseros. Lo encontré pálido, enjuto, envejecido, rezando en la oscuridad. Ante una optimista pregunta mía con respecto a sus trabajos en general, me contestó palpando las negras cuentas de un rosario que apretaba entre sus descarnados dedos: “Lo único que en adelante me interesa, Peco, es prepararme a bien morir; en cuanto a mi obra escrita: ¡bah! Antes tendrá que padecer la suerte natural de las semillas: pudrirse bajo la tierra para que, Dios mediante, aparezcan —si llueve— los verdes brotes de la planta. Estamos todos sometidos, Peco, a esa inexorable ley biológica que es al mismo tiempo sobrenatural: morir para resucitar. Y también, por supuesto, deben cumplir dicha ley nuestras obras humanas”.

Tal la visión prospectiva que, sobre sí mismo, nos dejó el grande hombre a quien hoy lloramos con hondo pesar.

El Padre Castellani, por voluntad inapelable del Altísimo, ha finalizado santamente, sufridamente, su periplo en este “valle de lágrimas” que para él fuera nuestra patria. Es cierto. Pero como en la épica leyenda del Cid Campeador ganará todavía —aunque en espíritu e inteligencia— muchas batallas después de muerto en la larga guerra por la Reconquista de la Argentina, de cuya ardua empresa Castellani fue, enhorabuena, su principal y quizá más tesonero Adelantado bajo el conocido seudónimo de “Militis Militorum”. “Dios juega con trampa —sentenciaba desde San Juan en el año 1962—; tiene en la manga el As de Espada, la carta de la Resurrección. Cuando esté más oscuro, sabed que por allí amanece”. Máxima ésta de prosapia claramente lugoniana, según se ve.

Y bien: las puertas del cielo se abrieron ya para nuestro grande amigo, a los 81 años de edad. Y en la tierra, a quienes somos sus sobrevivientes discípulos y admiradores que tanto lo quisimos, nos toca rezar con fervor a la Santísima Virgen María por su bienaventuranza eterna… hasta la Resurrección de la Carne.

Federico Ibarguren


Nota: Estas líneas fueron publicadas en el nº 42, del año V de la segunda época de “Cabildo”, aparecido el 15 de mayo de 1981, tres meses después del fallecimiento del Profeta de la Argentina.

In Memoriam. 14 de Marzo de 1877, fallece Don Juan Manuel de Rosas


¡Viva el Ilustre Restaurador!


30/03/1793 - 14/03/1877




“Frente a los imperialismos que nos amenazan, de signo liberal-laicista-capitalista-individualista, que es totalitarismo materialista y ateo; o de signo marxista-comunista-socialista, que es también ateo y materialista; sea en lo político o en lo económico, en lo cultural, social o religioso, el nombre de ROSAS debe unir a los argentinos”.
ANIBAL ROTTJER, sacerdote e historiador.


“En estos momentos de groseros imperialismos en que las naciones rapaces nos codician, si no políticamente, por lo menos económicamente, el nombre de ROSAS – esa poderosa figura de estilo prusiano, según la exacta apreciación de OSWALD SPENGLER – es el único que puede mantenernos unidos a todos los argentinos. Estudiemos su obra, juzgándola sin prejuicios y amémosla y que el nombre de GRAN AMERICANO, como se le llamó otrora, sea nuestra BANDERA y nuestro LEMA.
MANUEL GÁLVEZ.

“Que goce usted de salud completa y que al terminar su vida pública sea colmado del justo reconocimiento de todo argentino, son los votos que hace y que hará siempre a favor de Vd. este su apasionado amigo y compatriota”.
José de San Martín
(San Martín a Rosas, 7ª carta 6.5.1850)

1 de diciembre de 2008

Alberto Constantino José Falcionelli


In memoriam
27/05/1910 - 01/12/1995


MEMORIA DE LOS MAESTROS

A fines de 1995 moría, en Buenos Aires, Alberto Falcionelli; después de una vida consagrada al estudio, al buen combate contra el marxismo y el liberalismo, al testimonio lúcido de la Realeza Social de Jesucristo. Vayan estas líneas suyas como sencillo recuerdo y homenaje.
No olvidaremos su personalidad paternal y rica en sabiduría. No olvidaremos su ejemplo.




Alberto Falcionelli en su 80º cumpleaños

a democracia no salva a la democracia. La destruye ayudándola a eliminarse a sí misma a través de sus mutaciones excesivas, hasta su conclusión en el punto final totalitario. No existe nada peor que el comunismo, salvo la condena eterna, y el método mejor para combatir esta peste, bestial, es el anticomunismo, aprehendido, no sólo como medio de defensa, sino sobre todo, de ofensiva y de restauración.
No el Estado Nación sino la Patria-Nación es el único camino para que alcancemos la concordia, la verdadera concordia que, desde adentro, irradia hacia afuera. Dios fue Quien la creó, a nosotros nos toca honrarla, como reza el Cuarto Mandamiento, como honramos a nuestro padre y a nuestra madre.
El amor al pasado no es un recurso nostálgico ni una forma de escapismo. Es fermento activo de supervivencia y conservación de lo permanente a través de lo contingente. En toda organización que quiera restaurar a lo hondo la comunidad nacional, la presencia de la oposición es indispensable, pero su fin es concurrir por sus medios a la consecución de la concordia, fuente necesaria del Bien Común. Ello obliga a la mayoría a escuchar la voz de la minoría y a recibirla con respeto. Dejémonos, pues, de hablar tanto de democracia, factor de desunión nacional y universal.
Hablemos de sociedad libre y edifiquémosla, cueste lo que cueste. A través de la legalidad reencontrada, vayamos hacia la legitimidad. La desigualdad no es un mal. Bien entendida, es un dato creado y, por consiguiente, un medio indispensable para el bien social y el bien individual. Es vertical, es decir, factor de variedad en la unión. La igualdad es una endogamia sin otra salida fuera de la esterilidad. Es horizontal, o sea, factor de desmembramiento al tiempo que de masificación.
El mundo en que vivimos no es un mundo "neo-pagano": los paganos tienen dioses, por falsos que sean, nuestro mundo, que se limita a adorar al dinero, no es ni pagano ni neo-pagano. Es ateo. Razón por la cual el rostro de tantos de nuestros contemporáneos que han hecho su religión de la materia, exuda envidia, odio y temor. Los fuertes batallones se han pasado al servicio de la Revolución, es decir, del partido del Anticristo. Mucha angustia sí para el que cree, pero fe absoluta en la victoria de Dios Todopoderoso.
Nosotros, los ancianos, hemos hecho lo nuestro, mal por lo visto. Pese a todo, algo hemos salvado. Que los jóvenes de buena voluntad lo recojan y hagan lo suyo, si tienen sangre y alma para ello. Y, siempre, repetiremos con nuestra vieja liturgia las palabras de la eterna esperanza:

Fitque sanguis Christi merum
Et si sensus déficit
Ad firmandum cor sincerum
Sola fides sufficit...


"Hablando de democracia"
Buenos Aires
Moenia, 1983

Publicado por Memoria. Año III, Nº 14