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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

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16 de mayo de 2009

Raíces filosóficas del Enciclopedismo (2)









por Isabel Pincemin





Tomado de La Enciclopedia y el Enciclopedismo
Ediciones OIKOS, Buenos Aires, 1983




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Ciencia y vulgarización


n uno de los artículos de la Enciclopedia, Diderot informa al lector que esta obra se debe a una sociedad de sabios que por amistad y por humanidad quieren ilustrar a su siglo. Este siglo filosófico vencerá la esterilidad cultural que causa con frecuencia el aislamiento de los creadores. La Enciclopedia, por lo tanto, quiere ser a la vez ciencia y vulgarización. ¿Es esto posible?
La cuestión del siglo es la de las relaciones entre naturaleza y cultura. A veces la cultura es celebrada como lo que contribuye de manera suprema a la planificación del hombre; otras es considerada como construcción artificial, corruptora de la sinceridad y de la bondad naturales. La cultura será entendida en el primer caso como presencia inteligente y dominadora del hombre en un mundo que la ciencia ha vuelto transparente y manipulable. Las verdaderas humanidades serán por lo tanto científicas; las humanidades literarias no serán consideradas más que como un vano ejercicio de retórica, arbitrario y subjetivo.
La Europa que se nos muestra en el Discurso es una Europa lenta en la aceptación de los progresos científicos, en especial de la física newtoniana. Un país es la excepción, Inglaterra, "nación menos injusta que las otras", que respeta a sus sabios aun cuando sus investigaciones no son apoyadas por el Estado. Los filósofos ingleses son reconocidos por la nación en vida. De Inglaterra llegan a Europa continental los primeros destellos de esa luz filosófica que se extenderá muy pronto.
Un país que le va en zaga, aunque con algunas reservas, es Holanda, "país enteramente libre". Allí es acogido Descartes, al que no se aprecia en Francia, pero su tranquilidad no dura mucho tiempo. Es recibido en Suecia en espera del reconocimiento de sus investigaciones filosóficas.
¿Qué sucede en Francia? Cuando en Inglaterra ya han sido aceptados los incuestionables progresos de Newton, Francia discute todavía la física cartesiana. Pero, poco a poco, la abandona. A la antigua física escolástica, nadie se atreve a nombrarla ya. Gracias a la influencia de Maupertuis la filosofía toma forma newtoniana.
Se expande la lengua francesa por toda Europa, remplazando la universalidad del latín. Cuando termina el siglo XVIII el filósofo tendrá la dificultad de tener que aprender una gran cantidad de idiomas. Pero es imposible volver atrás porque cada filósofo quiere ser admirado en su propia nación. La defensa de lo nacional es denominada "prejuicio", y frente a todo lo que signifique defensa de lo regional las luces pierden su habitual tolerancia. El universalismo se impondrá cuesta lo que cueste. La difusión de la lengua francesa será el vehículo de la extensión de las luces. Este siglo, que, en opinión de D'Alembert, eliminará toda barbarie, tiene como una de sus características fundamentales una fuerte inclinación por los libros de ciencia, tanto como los siglos anteriores la tenían por las letras. Siglo dado al análisis, en ocasiones ignorante y vanidoso, siglo "que quiere verlo todo y no suponer nada".
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14 de mayo de 2009

Raíces filosóficas del Enciclopedismo (1)







por Isabel Pincemin





Tomado de La Enciclopedia y el Enciclopedismo
Ediciones OIKOS, Buenos Aires, 1983









n esta pieza introductoria se define el doble propósito de L'Encyclopédie ou Dictionaire raisonné des Sciences, des Arts et des Metiers como la exposición "del orden y la concatenación de las partes del conocimiento humano", así como el "diccionario analítico... para cada ciencia, arte y oficio". Basándose en el árbol de los conocimientos de Francis Bacon, D'Alembert pretende fundar nada menos que un "orden" epistemológico que lejos de concretarse sólo consiste en una acumulación de conocimientos más o menos inconexos.


Si se concibe el proyecto enciclopédico como Naigeon, discípulo de Diderot, es decir, como "el más grande y hermoso monumento que ningún siglo haya elevado jamás para gloria e instrucción del género humano", se hace patente que la Enciclopedia se concibe a sí misma como una inmensa empresa educativa.
¿En qué consiste esta empresa? ¿En quiénes se inspira? D'Alembert intenta darnos una respuesta en el Discurso preliminar de la Enciclopedia, cuyos primeros diez tomos aparecen en 1751. El Discurso preliminar es un texto breve que tiene como objetivos primeros exponer, por una parte, las razones por las cuales se elige una determinada clasificación de las ciencias como fundamento de la Enciclopedia y, por otra, rendir homenaje a los sabios que inspiraron esta monumental obra. Tiene el mérito de expresar sintéticamente lo que llamamos el "espíritu enciclopédico" y de remontarnos a lo que D'Alembert cree que son las raíces de su doctrina filosófica, doctrina que expresa en gran parte las convicciones o intuiciones de su propia generación.
Señala D'Alembert algunos de sus antecedentes filosóficos. Iremos indicando otros que subyacen en su exposición.
La determinación de la genealogía filosófica del Enciclopedismo nos lleva enseguida, aunque sea brevemente, a precisar el papel que en él juega la historia y luego a señalar algunos rasgos de la historiografía iluminista.
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