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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

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8 de agosto de 2009

Buena noticia



Enviada por Margarita (fiel lectora del blog, según ella misma)



ro vidas inutilizan "teléfono de la muerte" en Argentina

BUENOS AIRES, 05 Ago. 09 (ACI).- La línea telefónica para explicar cómo realizar abortos ilegales puesta en operación por la organización abortista radical "Women on Waves", fue puesta fuera de servicio gracias a la campaña de miles de defensores de la vida que saturaron tanto la línea como la casilla de voz de la organización.

El número 15 6664 7070, conocido también como el "teléfono de la muerte" da acceso únicamente a una grabación que dice: "Te comunicaste con la línea 'Aborto más información, menos riesgo'. Nuestro horario de atención es de lunes a jueves de 9 a 15 y de viernes a domingo de 18 a 24. Si querés dejar un mensaje podés hacerlo después de escuchar la señal indicando nombre, número de teléfono y momento en que te podemos devolver la llamada. Aborto, tu decisión".

Sin embargo, apenas suena la señal, una voz indica: "Disculpa, esta casilla está llena en este momento".

Las organizaciones pro vida, que han generado centenares de llamadas para expresar su repudio al "teléfono de la muerte", han solicitado a los pro vida que continúen llamando al número para expresar respetuosamente su rechazo a este servicio que viola las leyes argentinas.



2 de julio de 2009

Entrevista sobre el Dr. Jèrôme Lejeune




Por Mons. Michel Schooyans


Mons. Michel Schooyans es catedrático emérito de Filosofía política y de ideologías contemporáneas de la Universidad Católica de Lovaina. Es miembro de la Academia Pontificia para la Vida, de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales y de la Academia Mejicana de Bioética. Es consultor del Consejo Pontificio para la Familia.



¿Quién era para usted Jérôme Lejeune?

Era ante todo una referencia científica y moral indiscutible. Jérôme Lejeune era un gran señor del espíritu y del corazón. En un mundo en que impera un lenguaje lleno de trampas, su libertad de pensamiento impresionaba. La pasión por la verdad a buscar y a comunicar era su razón de vivir. Sus adversarios y enemigos debían de envidiarle esta soberana libertad que una cierta disciplina del arcano les prohibía. No obstante, a medida que se progresaba en el conocimiento de Jérôme, se descubría en él un poeta, capaz de maravillarse y de hacer compartir su admiración. En su caso, en un sentido, el poeta precedía al sabio. Era un enamorado de la vida, que tan bien sirvió y celebró.

¿Cómo fue que ustedes se encontraron?

A partir de los años 70, las discusiones sobre el aborto y su legalización se intensificaron. En este contexto, los defensores de la vida, aunque poco numerosos y disponiendo de pocos medios, comenzaron a conocerse mejor y a trabajar juntos. Había intercambio de artículos y, sobre todo, congresos internacionales muy animados. Hubo, por ejemplo, dos grandes congresos, uno a Ostende, el otro en Dublín; también otro muy importante a Paris, en el cual Jérôme estuvo, como siempre, brillante. Otras reuniones hubo en diversos países y en Roma. En estos encuentros participaban especialistas en diversas disciplinas; y constituyeron rápidamente una red mundial por la Vida. Es en este contexto muy estimulante que tuve el privilegio de encontrar al Profesor Lejeune. Con el correr del tiempo, nos volvimos a ver con frecuencia y sabíamos poder contar el uno con el otro en todo momento.
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Para leer el artículo completo haga click sobre la imagen del entrevistado Monseñor.


28 de junio de 2009

Un mensaje que está en la vida y es la vida



por el Dr. Jèrôme Lejeune





Tomado de Clara Lèjêune: Dr. Lèjêune. El amor a la vida, Ed. Palabra, Madrid 1999, pp. 47-50







Este texto fue escrito por Jérôme Lejeune en 1973. Resume toda la fuerza de certeza científica de uno de los padres de la genética moderna, gran médico y gran científico, descubridor de numerosas enfermedades de origen genético, de las que la trisomía es la mas conocida.



a genética moderna se resume en un credo elemental que es éste: en el principio hay un mensaje, este mensaje está en la vida y este mensaje es la vida". Este credo, verdadera paráfrasis del inicio de un viejo libro que todos ustedes conocen bien, es también el credo del médico genetista más materialista que pueda existir. ¿Por qué? Porque sabemos con certeza que toda la información que definirá a un individuo, que le dictará no sólo su desarrollo, sino también su conducta ulterior, sabemos que todas esas características están escritas en la primera célula. Y lo sabemos con una certeza que va más allá de toda duda razonable, porque si esta información no estuviera ya completa desde el principio, no podría tener lugar; porque ningún tipo de información entra en un huevo después de su fecundación. (...).

Pero habrá quien diga que, al principio del todo, dos o tres días después de la fecundación, sólo hay un pequeño amasijo de células. ¡Qué digo! Al principio se trata de una sola célula, la que proviene de la unión del óvulo y del espermatozoide. Ciertamente, las células se multiplican activamente, pero esa pequeña mora que anida en la pared del útero ¿es ya diferente de la de su madre? Claro que sí, ya tiene su propia individualidad y, lo que es a duras penas creíble, ya es capaz de dar órdenes al organismo de su madre.
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Para leer el artículo completo haga click sobre la imagen del gran genetista y defensor de la Vida humana, cuya causa de beatificación se inició en 2007.

18 de mayo de 2009

¿Dónde comienza la vida humana?







por Juan Manuel de Prada


Tomado de ABC



A Alberto Ruiz-Gallardón que me solicita argumentos científicos.







adie discutirá que el cigoto -célula germinal originada por la fecundación- es un ser vivo. En los seres inanimados, el criterio de identidad se cifra en la permanencia de las partes que lo forman; un ser vivo, por el contrario, se caracteriza precisamente porque su entidad material cambia, por su constante interacción con el medio externo; a esto se le llama metabolismo. Los seres inanimados son estables, son siempre lo mismo. Por el contrario, un ser vivo no es siempre lo mismo, su identidad no es estática, sino dinámica; y ese dinamismo -desarrollo metabólico- es lo que lo distingue precisamente de los seres inanimados. Resulta evidente que un embrión es, desde el momento de la fecundación, un ser vivo. Ahora bien, ¿podemos afirman que se trata de vida humana? He aquí la gran pregunta.

La pertenencia a una especie determinada se establecía en otras épocas a través de semejanzas anatómicas y funcionales; y, conforme a este criterio elemental, se concluye que un cigoto no se parece a un hombre. Pero los avances de la biología nos permiten afirmar que la pertenencia a una especie determinada se establece mediante el estudio genético. Todos los individuos de una misma especie tienen una misma configuración genética (aunque la combinación cromosómica sea distinta en cada uno de ellos), nos dice la moderna biología. A la luz de sus descubrimientos, puede sostenerse que la vida humana tiene su origen en el cigoto, pues en él ya se halla toda la información genética que, de no mediar interferencias en el proceso, conducirá a la formación de un individuo humano único, distinto a cualquier otro que antes haya existido o vaya a existir. Esto es lo que diferencia al cigoto de cualquier otra célula perteneciente a nuestro cuerpo que, al igual que el cigoto, posea un genotipo humano. ¿Hemos de considerar, por ejemplo, que una célula tomada de cualquiera de nuestros órganos es vida humana? Evidentemente no. Lo que hace del cigoto vida humana es que no forma parte de un organismo humano adulto. Cualquier célula humana, excepto el cigoto, es parte de un organismo humano; incluso una célula aislada, tomada de un cultivo de laboratorio, nos desvelará a través de su información genética su procedencia. Sin embargo, el cigoto no es parte de ningún organismo adulto; ni siquiera del cuerpo materno, ya que su genotipo es distinto del que poseen las células del cuerpo de su madre. Ese cigoto es el inicio de un proceso vital que desemboca en un individuo nuevo de la especie humana.

Sobre el desarrollo embrionario de ese cigoto intervendrán posteriormente hormonas maternas; pero estas necesarias aportaciones que favorecen el desarrollo del cigoto activan o inhiben la información genética, en ningún caso la dirigen. Los genes del cigoto reconocen tales aportaciones hormonales, que desencadenan la realización de un programa genético preexistente. Hay quienes afirman que sólo puede hablarse de vida humana desde que se produce la anidación del cigoto en el útero, puesto que hasta entonces no hay «individualización», como demuestra la posibilidad de gemelos monocigóticos. Pero la existencia de gemelos monocigóticos, fruto de una división del cigoto tras la anidación, no demuestra que el cigoto no sea vida humana; demostraría, en todo caso, que el cigoto puede ser origen de varios procesos vitales. El cigoto posee una esencia constitutiva y singular, aunque su singularidad pueda dar lugar a varios procesos vitales; y esa esencia constitutiva y singular -esto es, un código genético propio, distinto al de sus progenitores- es lo que nos permite reconocerlo, haciendo uso de la racionalidad ética, como miembro de la familia humana.


16 de diciembre de 2008

La Iglesia desaprueba la “adopción prenatal”



Tomado de Forum Libertas

a Congregación para la Doctrina de la Fe publica la Instrucción Dignitas personae con orientaciones sobre la clonación, la terapia génica, la fecundación artificial


La idea de la “adopción prenatal” con la que algunas personas tratan de dar una oportunidad de nacer a tantos embriones congelados es “una propuesta basada en la loable intención de respetar y defender la vida humana que, sin embargo, presenta problemas éticos”, los mismos que hacen ilícita la procreación artificial “como toda forma de maternidad subrogada”, por ejemplo el problema de separar la procreación del contexto íntegramente personal del acto conyugal.

Así lo señala la nueva Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Dignitas personae sobre algunas cuestiones de bioética, presentada este viernes 12 de diciembre, que afronta nuevos problemas relativos a la procreación, examina algunas propuestas terapéuticas y recuerda los aspectos antropológicos, teológicos y éticos en los que la Iglesia basa su defensa de la vida humana.

El documento alerta de la “situación de injusticia de hecho irreparable” que supone la existencia de “millares de embriones que se encuentran en estado de abandono”, pero afirma que “no se vislumbra una salida moralmente lícita para el destino humano de los miles y miles de embriones ‘congelados’, que son y siguen siendo siempre titulares de los derechos esenciales y que, por tanto, hay que tutelar jurídicamente como personas humanas”.

La fecundación artificial es ilícita

Respecto a los tratamientos de infertilidad, el documento recuerda que la fecundación artificial es ilícita porque sustituye el acto conyugal, el único digno de una procreación responsable. Sobre las técnicas de ayuda a la fertilidad, la Iglesia recuerda que tienen que respetar el derecho a la vida y a la integridad física de cada ser humano (también el embrión), la unidad del matrimonio que pasa por el derecho de los cónyuges a procrear sólo el uno a través del otro, y los valores específicamente humanos de la sexualidad que exigen que la procreación sea fruto del acto conyugal específico del amor entre los esposos.

En este sentido, valora como “auténticas terapias” las intervenciones que buscan remover los obstáculos que impiden la fertilidad natural, como el tratamiento hormonal de origen gonádico, el tratamiento quirúrgico de una endometriosis limitada, la desobstrucción de las trompas o la restauración microquirúrgica de su permeabilidad.

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Para leer el artículo completo haga click sobre la imagen del embrión.

31 de octubre de 2008

Aborto, la ciencia y la conciencia


Tomado de ForumLibertas


El pasado 13 de agosto, el diario argentino La Nación publicaba un artículo de opinión firmado por Daniel Díez, director de Comunicación Institucional de la Universidad Austral, con el título Aborto, la ciencia y la conciencia.

En ese artículo, Díez hacía una ‘radiografía’ del proceso de cambio experimentado con el paso del tiempo por Bernard Nathanson, el llamado padre del aborto en Estados Unidos.


Nathanson pasó de dirigir la mayor clínica abortista estadounidense y de supervisar y practicar miles de abortos a convertirse a finales de los años setenta en un firme defensor de la vida humana y afirmar con rotundidad la siguiente frase. “No tengo remilgos en emplear esta palabra: el aborto es un crimen”.


Por su interés, reproducimos íntegramente a continuación el artículo de Daniel Díez.


Aborto, la ciencia y la conciencia


“Conozco lo referente al aborto como quizá ningún otro. Conozco cada faceta del aborto. Fui uno de los que lo hizo nacer. Ayudé a que creciera la criatura en su infancia alimentándola de grandes dosis de sangre y dinero… El aborto se ha convertido en un monstruo, un gargantúa tan inimaginable que sólo pensar en volver a encerrarlo en su jaula –después de haber engordado con los cuerpos de treinta millones de seres humanos- supera toda expectativa razonable. Y sin embargo ésa es nuestra misión: una tarea hercúlea”.


Estas palabras, contenidas en su autobiografía, pertenecen al doctor Bernard Nathanson, el llamado padre del aborto en Estados Unidos. Y tiene sobrados méritos para tal calificativo. Él mismo lo cuenta: “Dirigí la mayor clínica abortista de los Estados Unidos, y como director supervisé decenas de miles de abortos. Yo mismo he practicado miles de ellos”.


Con crudeza reconoce: “He dirigido personalmente 75.000 abortos. He realizado el aborto de mi propio hijo. He abortado los hijos no nacidos de amigos, colegas, conocidos e incluso profesores. Y nunca hubo ni una brizna de duda, ni la más mínima vacilación de la convicción suprema de que estaba haciendo un servicio de primer orden a quien me lo solicitaba”.


Si algo queda claro en Nathanson es que tiene autoridad para hablar y resulta una fuente inevitable a consultar por los legisladores, tanto diputados como senadores, que actualmente tratan en diferentes comisiones numerosos proyectos relativos al aborto (este año ingresaron siete proyectos en diputados y uno en senadores).

Nathanson es un referente ineludible en el tema: por ejemplo, para contar cuáles eran las estrategias de las cuales se sirvieron para introducir el aborto en Estados Unidos: “Nuestra línea de conducta favorita era achacar a la Iglesia cada muerte producida por abortos caseros. Se daban cada año unas trescientas muertes por abortos delictivos en los años sesenta en Estados Unidos, pero NARAL (asociación pro aborto) y sus notas de prensa afirmaban tener datos que apoyaban la cifra de cinco mil”.


El paso del tiempo y los avances científicos modificaron la postura del doctor Nathanson: comenzó a advertir que lo que él “operaba” no era un conjunto de células cualquiera, sino un verdadero ser humano.


En 1974 declaró: “Ya no quedan dudas en mi cabeza de que la vida humana existe en el vientre desde el comienzo mismo del embarazo, a pesar del hecho de que la naturaleza de la vida intrauterina haya sido objeto de considerable discusión en el pasado. Esta es una declaración que ahora, veinte años después, debe ser corregida por la nueva información de que disponemos sobre la genética y la reproducción asistida. Si lo escribiera hoy, tendría que afirmar que la vida humana comienza antes incluso, con el complejo proceso de la fecundación, un milagro de la química, física y biología molecular que tiene lugar en la trompa de Falopio. Cuando el óvulo fecundado, que ya se ha dividido y ha empezado a organizarse, llega al útero, la vida está presente por lo menos desde hace tres días”.

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22 de octubre de 2008

La compasión evangélica frente a la eugenesia democrática



por Tugdual Derville (delegado general de la Asociación por los Derechos de la Vida)

Tomado del Blog de Cabildo



Para cada vez más médicos, el nacimiento de un hijo minusválido es mirado como un error médico. Para muchos padres, la espera de un hijo sin discapacidades se ha transformado en una exigencia.Entonces, el encuentro entre estos médicos y estos padres induce a una sobrepuja en favor del examen médico preventivo y de la supresión de los fetos que vienen con anomalías. Esta sobrepuja no solamente es un riesgo para el futuro, sino que conduce bien, gracias a los progresos científicos, a la eliminación precoz y legal de cada vez más numerosas vidas humanas: es la eugenesia democrática.

En Francia, por ejemplo, la ley de 1975 autoriza el aborto hasta las vísperas del nacimiento, con la aquiescencia de dos médicos, si “existe una fuerte probabilidad de que el niño por nacer esté afectado por una enfermedad de particular gravedad considerada como incurable en el momento del diagnóstico”.

Este aborto sin límite de tiempo se intitula “Interrupción Terapéutica de Embarazo” (ITE). Los equipos médicos hablan de una ITE, de manera que algunos pueden olvidarse de que se trata en realidad de un aborto. Por supuesto, hay que refutar el empleo de la palabra “Terapéutica”, pues es un acto que aniquila tanto al paciente como a su enfermedad.
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14 de julio de 2008

Genes y vida Humana



por el Prof. Dr. Jerome Lejeune

París (Francia), 15 Mar. 07 (AICA) El arzobispo de París, monseñor André Vingt-Trois, previa confirmación de la Santa Sede, nombró al Padre Jean Charles Naud, prior de la Abadía de St. Wandrille, postulador de la causa de beatificación de Jérôme Lejeune. De este modo comenzó el tan esperado proceso a nivel diocesano. El anuncio fue hecho en la XIII Asamblea General de la Pontificia Academia para la Vida, el 25 de febrero pasado.

El Dr. Jérôme Lejeune a los 33 años, en 1959, publicó su descubrimiento sobre la causa del síndrome de Down, la trisomía 21, esto lo convirtió en uno de los padres de la genética moderna, candidato numero uno al Premio Nobel, aplaudido y halagado por los "grandes del mundo", deja de serlo cuando en 1970 se opone tenazmente al proyecto de ley de aborto eugenésico en Francia.

El Dr. Jérome LeJeune falleció el 3 de abril de 1994. El Dr. LeJeune, de París, Francia, era doctor en medicina, doctor en ciencias, y fue profesor de Genética Fundamental durante 20 años. Descubrió la causa genética del Síndrome de Down y por ello recibió los premios Kennedy Prize y Memorial Allen Award Medal, que son las más altas distinciones mundiales que se otorgan en el campo de la genética. Él practico su profesión en el Hospital de Niños Enfermos de París (Hospital des Enfants Malades).

El Dr. LeJeune era miembro de las siguientes instituciones: American Academy of Arts and Science; The Royal Society of Medicine (en Londres); la Real Sociedad de Ciencias (en Estocolmo); las Academias de Ciencias de Italia y de Argentina; la Pontificia Academia de Ciencias (El Vaticano); y la Academia de Medicina de Francia.

Este artículo es el testimonio que dio el Profesor Jerome Lejeune ante la Asamblea Legislativa del Estado de Louisiana (USA) el 7 de junio de 1990. El testimonio fue publicado en la revista All About Issues, Vol. No. 5, otoño de 1991, pp. 17-20. Traducido por el Dr. Armando Cifuentes Ramírez, Cali, Colombia.

Señor Presidente:

Es interesante constatar que las ciencias naturales y las ciencias jurídicas hablan, básicamente, el mismo lenguaje. Antes de que se pueda proclamar una Constitución se tiene que definir cuidadosamente cada una de sus condiciones. Y luego se tiene que votar para promulgarla. La Constitución natural del ser humano también tiene que ser definida cuidadosamente en todas sus características. A estas características las llamamos GENES que son transportados por los cromosomas. También hay un proceso de votación que es la fecundación. Solamente uno entre aproximadamente mil millones de espermatozoides será el escogido para producir el nuevo conjunto de información. Una vez que la cabeza del espermatozoide ha traspasado la zona pelúcida, (una especie de bolsa plástica que protege la vida del nuevo ser), llega el momento en que su Constitución humana es puesta a votación y promulgada.

El fallo del Tribunal Supremo "Roe V. Wade"* afirmó que, puesto que desconocíamos el momento en que empieza la vida humana, somos libres para decidir tal o cual cosa. Desde entonces han transcurrido diez y siete años y la ciencia ha hecho un progreso vertiginoso. Quiero decirle cuánto mucho más conocemos hoy sobre el comienzo de la persona humana, de lo que sabíamos hace 17 años.
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