Este blog está optimizado para una resolución de pantalla de 1152 x 864 px.

Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

Mostrando entradas con la etiqueta H. Belloc. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta H. Belloc. Mostrar todas las entradas

26 de enero de 2011

Hilaire Belloc: Defensor de la Fe









por Frederick D. Wilhelmsen.



Tomado de Devoción Católica







i durante los últimos cincuenta años hubiésemos contado con diez Hilaire Bellocs en el mundo católico de habla inglesa podríamos haber convertido a hijos y entenados y evitado el gran lío en que nos encontramos hoy en día. Hilaire Belloc siempre asociado en nuestra memoria a su gran amigo G. K. Chesterton quiso que la defensa de la Fe fuera su principal misión en esta vida. Y empuñó una espada poderosa.



Habiendo arrancado con semejante declaración, a lo mejor haría bien en comenzar con una de las historias que se cuentan de él era un hombre alrededor del cual se tejían innumerables leyendas y no tengo cómo saber si ésta es verdadera. Parece ser que cuando, ya bastante anciano, se lo honró con una condecoración papal, Belloc se negó a suministrar el dinero necesario para adquirir la medalla refunfuñando: “¿Qué dirían en el Vaticano si cambiara de parecer?”.

Hilaire Belloc no había sido hecho para caber en hechura de hombre. Si bien frecuentemente carraspeaba contra su edad, no me refiero a sus años (¡de eso se quejaba siempre!) sino a la época que le tocó vivir, habría que decir que en cualquier otro tiempo Belloc habría sido un personaje imposible. Criándose como lo fue durante el crepúsculo del reinado de la Reina Victoria, parpadeando brillantemente en versos absurdos y políticas radicales en tiempos de Eduardo VII, era un niño prodigio que su tía daba en llamar “Viejo Trueno”. Hilaire Belloc descansaba sobre una amplia franja de la sociedad más acomodada de la sociedad inglesa que lo leía, primero con adoración, más adelante soportándolo buenamente y finalmente reduciéndolo a un completo aislamiento. “Hubo un tiempo en que resultaba bienvenido allí”, comentó con nostalgia cuando el automóvil que lo conducía pasó por delante de una mansión de un hombre extremadamente rico. Al principio su intransigente defensa de todo lo católico divirtió a los cultivados y básicamente escépticos caballeros de la mejor sociedad, siempre a la caza de novelerías; mas luego se ofendieron y finalmente decidieron que era intolerable.
......................................................................

Para leer el artículo completo haga click sobre este enlace.

27 de junio de 2009

La Edad Media




por H. Belloc



Tomado de Romanticismo y Tradición

.....




e dicho en el capítulo anterior que la Edad Oscura puede compararse a un largo sueño de Europa; un letargo que se inicia en la fatiga de la vieja sociedad, en el siglo V, y que termina en la primavera y surgimiento de los siglos XI y XII. La metáfora, por supuesto, es muy simple, porque ese sueño fué un sueño de guerra, y durante esos siglos, Europa se encontraba manteniendo desesperadamente sus posiciones contra el ataque de todas aquellas fuerzas que deseaban destruirlas: el Islam, ardiente y refinado, por el Sud; los bárbaros paganos analfabetos, por el Este y por el Norte. De todos modos, Europa fué relevada o despertada de su sueño.

He dicho que tres grandes fuerzas, humanamente hablando, operaron el milagro: la personalidad de San Gregorio VII, la breve aparición -debida a un feliz accidente- del Estado normando, y finalmente, las Cruzadas.

Los normandos de la Historia, los verdaderos normandos franceses que conocemos, se agitan en el panorama histórico una generación después del año 1000. San Gregorio fué de esa misma generación. Cuando se inició el esfuerzo normando, era un joven; murió, después de realizar una gran obra, en 1085. Y en la medida en que puede hacerlo un hombre solo, él, el heredero de Cluny, rehizo a Europa. Inmediatamente después de su muerte se oyó hablar de las Cruzadas. De estos tres hechos procede el vigor de una Europa joven, fresca y renovada.

Mucho más pudiera añadirse. Esa época fué iluminada y clarificada por la constante carga caballeresca contra el musulmán. El Asia fué rechazada de los Pirineos, y a través de los pasos de los Pirineos cabalgaron siempre los grandes aventureros cristianos. Los vascos -un pueblo pequeño y extraño- fueron el corazón de la reconquista, pero el valle del torrente de Aragón fué su canal. La vida de San Gregorio es contemporánea de la vida del Cid Campeador. Y en el mismo año de la muerte de San Gregorio, Toledo, el sagrado centro de España, fue arrancada de manos de los mahometanos y de sus aliados los judíos, y conservada firmemente. Todo el sud de Europa vivió espada en mano.
****************************************

Para leer el capítulo completo haga click sobre la imagen.

31 de diciembre de 2008

Las grandes Herejías (7 y último)





por Hillaire Belloc



Capítulo 7




La fase Moderna





os acercamos al mayor momento de todos.

La Fe no está ahora en la presencia de una herejía particular – como lo estuvo en el pasado ante la herejía arriana, la maniquea, la albigense o la mahometana – ni tampoco está en presencia de una especie de herejía generalizada como lo estuvo cuando tuvo que enfrentar a la revolución protestante hace trescientos o cuatrocientos años atrás. El enemigo al cual la Fe tiene que enfrentar ahora, y que podría ser llamado “El Ataque Moderno”, constituye un asalto integral a lo fundamental de la Fe – a la existencia misma de la Fe. Y el enemigo que ahora avanza sobre nosotros está cada vez más consciente de que no existe la posibilidad de ser neutrales. Las fuerzas que ahora se oponen a la Fe están diseñadas para destruir. De aquí en más la batalla se librará sobre una bien definida línea divisoria y lo que está en juego es la supervivencia o la destrucción de la Iglesia Católica. Y toda su filosofía; no una parte de ella.

Sabemos, por supuesto, que la Iglesia Católica no puede ser destruida. Pero lo que no sabemos es la medida del área en la cual habrá de sobrevivir. No conocemos su poder para revivir ni el poder del enemigo para empujarla más y más hacia atrás hasta sus últimas defensas, hasta que parezca que el Anticristo ha llegado y estemos a punto de decidir la cuestión final. De tal envergadura es la lucha ante la cual se halla el mundo.

A muchos que no sienten simpatía por el catolicismo, a quienes heredaron la antigua animosidad protestante contra la Iglesia (aún cuando el protestantismo doctrinario ya está muerto), y a quienes piensan que cualquier ataque contra la Iglesia tiene que ser de alguna manera una buena cosa, a todos ellos la lucha ya les parece como un ataque, actual o inminente, contra lo que ellos llaman el “cristianismo”.

Por todas partes es posible hallar personas diciendo que el movimiento bolchevique (por ejemplo) es “decididamente anticristiano” – “opuesto a toda forma de cristianismo” – y debe ser “resistido por todos los cristianos, sin importar la iglesia particular a la que cada uno pueda pertenecer”, y así sucesivamente.

El discurso y los escritos de esta clase son insubstanciales porque no significan nada definido. No existe una religión que se llame “religión cristiana”. Nunca existió una religión así.

Existe y siempre existió la Iglesia y varias herejías procedentes del rechazo de algunas de las doctrinas de la Iglesia por parte de personas que seguían queriendo retener el resto de sus enseñanzas y de su moral. Pero nunca hubo, nunca podrá haber y nunca habrá una religión cristiana general, profesada por todas las personas dispuestas a aceptar algunas importantes doctrinas centrales y poniéndose de acuerdo en disentir respecto de otras. Desde el principio siempre estuvo, y siempre estará, la Iglesia por un lado y, del otro, una variedad de herejías condenadas ya sea a decaer, o bien, como el mahometanismo, a crecer y convertirse en una religión aparte. Nunca hubo y nunca podrá haber una definición de una religión cristiana común porque algo así no existió jamás.

No hay una doctrina esencial de una característica tal que, habiéndonos puesto de acuerdo sobre ella, podamos diferir en cuanto al resto. Por ejemplo, no es posible aceptar la inmortalidad pero negar a la Trinidad. Una persona podría autodenominarse cristiana aún negando la unidad de la Iglesia Cristiana; podría autodenominarse cristiana aún negando la presencia de Jesucristo en el Sagrado Sacramento; podría autodenominarse alegremente cristiana aún negando la Encarnación.

No; la lucha es entre la Iglesia y la anti-Iglesia; entre la Iglesia de Dios y el anti-dios; entre la Iglesia de Cristo y el Anticristo.
*****
Para leer el artículo completo haga click sobre la imagen del lúcido autor católico.

24 de diciembre de 2008

Las grandes herejías (6)


por Hillaire Belloc




Capítulo 6





¿Qué fue la Reforma?






l movimiento generalmente llamado “La Reforma” merece un lugar aparte en la Historia de las grandes herejías, y esto por las siguientes razones:
1. No fue un movimiento en particular sino uno general, esto es: no produjo una herejía particular que habría podido ser debatida, analizada y condenada por la autoridad de la Iglesia como hasta ahora fue el caso de toda otra herejía o movimiento hereje. Después de que las distintas proposiciones herejes fueran condenadas, tampoco estableció (como lo hizo al mahometanismo o el movimiento albigense) una religión separada por encima y en contra de la antigua ortodoxia. Más bien creó una cierta atmósfera moral, separada, que aún seguimos llamando “protestantismo”. De hecho, produjo toda una cosecha de herejías, pero no una herejía, y su característica fue que todas sus herejías adquirieron y prolongaron un estilo común: ése que llamamos “protestante” hasta el día de hoy.
2. Si bien los frutos inmediatos de la Reforma decayeron, del mismo modo en que lo hicieron muchas otras herejías del pasado, la disrupción que produjo permaneció y el móvil principal – la reacción contra una autoridad espiritual unida – continuó tan en vigor que rompió a la civilización europea de Occidente, impulsó al final una duda general y se expandió más y más ampliamente.
Ninguna de las herejías más antiguas había hecho eso ya que cada una de ellas fue específica. Cada una de ellas se había propuesto suplantar o rivalizar con la Iglesia Católica existente. Por el contrario, el movimiento de la Reforma propuso más bien disolver a la Iglesia Católica – ¡y sabemos hasta qué medida el esfuerzo ha tenido éxito!
Lo más importante de la Reforma es entenderla. No sólo seguir su Historia etapa por etapa – un procedimiento siempre necesario para entender cualquier cuestión histórica – sino aprehender su naturaleza esencial.
En esto último, a las personas modernas les resulta muy fácil equivocarse; especialmente a las personas del mundo angloparlante. Las naciones que conocemos quienes hablamos en inglés son, con la excepción de Irlanda, predominantemente protestantes; y aún así albergan (con la excepción de Gran Bretaña y África del Sur) grandes minorías católicas.
En ese mundo angloparlante (al cual está dirigido este escrito) existe una conciencia plena de lo que fue el espíritu protestante y de lo que ha llegado a ser en sus modificaciones actuales. Todo católico que vive en ese mundo angloparlante conoce lo que significa el temperamento protestante del mismo modo en que conoce el sabor de algún alimento habitual, o de una bebida, o el aspecto de alguna vegetación familiar. En menor grado las grandes mayorías protestantes – en Gran Bretaña esa mayoría es abrumadora – tienen alguna idea de qué es la Iglesia Católica. Saben mucho menos de nosotros de lo que nosotros sabemos de ellos. Eso es natural, ya que nosotros procedemos de orígenes más antiguos, porque somos universales mientras ellos son regionales y porque nosotros sostenemos una filosofía intelectual definida mientras ellos poseen un espíritu más bien emocional e indefinido, aunque característico.
Aún así, a pesar de que saben menos de nosotros de lo que nosotros sabemos de ellos, son conscientes de una diferencia y sienten que hay una aguda división entre ellos y nosotros.
*****
Para leer el artículo completo haga click sobre la imagen del autor.

20 de diciembre de 2008

Las grandes Herejías (5)


por Hillaire Belloc


Capítulo 5

El ataque albigense

n el corazón de la Edad Media, justo cuando estaba llegando a su fase más espléndida, en el gran Siglo XIII, surgió un singular y poderoso ataque a la Iglesia Católica y a toda la cultura que la misma defendía que fue completamente rechazado.

Fue un ataque, no sólo a la religión que hizo nuestra civilización, sino a la civilización misma, y su nombre genérico en la Historia es “La Herejía Albigense”.

En el caso de este gran conflicto debemos proceder, al igual que en el de todos nuestros otros ejemplos, examinando primero la naturaleza de la doctrina que se estableció en contra del cuerpo de verdades enseñado por la Iglesia Católica.

La falsa doctrina, de la cual la versión de los albigenses constituyó un ejemplo principal, ha estado siempre latente entre los hombres bajo variadas formas, no sólo en la civilización del cristianismo sino en todos aquellos lugares y en todos los momentos en que las personas tuvieron que considerar los problemas fundamentales de la vida; lo cual equivale a decir: siempre y en todas partes. Pero, en este momento de la Historia, sucedió que el fenómeno adquirió una forma particularmente concentrada. Fue entonces cuando las falsas doctrinas que estamos por examinar se destacaron con mayor nitidez y pueden ser apreciadas de un modo más claro. Por los efectos que la herejía tuvo cuando estuvo en su punto más alto de vitalidad podemos estimar los males que ocasionan doctrinas similares, sea cuando fuere que aparecen.

Durante el período cristiano, este permanente conflicto de la mente humana creció y se acumuló en tres grandes oleadas y de ellas el episodio albigense fue tan sólo el central. La primera gran oleada fue la tendencia maniquea de los primeros siglos cristianos. La tercera fue el movimiento puritano en Europa, acompañando a la Reforma y la secuela de esa enfermedad, el jansenismo. El primer movimiento fuerte de la especie quedó agotado antes del fin del Siglo VIII. El segundo fue destruido cuando el movimiento definidamente albigense fue erradicado en el Siglo XIII. El tercero, la oleada puritana, se encuentra declinando recién ahora, después de haber producido toda clase de males.

Ahora bien, ¿qué es esta tendencia general o disposición que, por su nombre más antiguo, se llamó maniquea, que se denominó albigense en la forma más nítida que estamos por tratar, y que la Historia moderna conoce como puritanismo? ¿Cuál es el motivo subyacente que produce herejías de esta clase?

*****
Para leer el capítulo completo haga click sobre la imagen del autor.

18 de diciembre de 2008

Las grandes Herejías (4)


por Hillaire Belloc



Capítulo 4.-

La gran y Persistente Herejía de Mahoma





cualquier observador de los acontecimientos ocurridos durante los primeros años del Siglo VII – digamos desde el 600 al 630 – le hubiera parecido que, habiendo ocurrido solamente un gran ataque principal a la Iglesia Católica – el arrianismo y sus derivados – y habiéndose repelido dicho ataque con una Fe victoriosa, la Iglesia se hallaba asegurada por tiempo indefinido.

Era obvio que la Iglesia tendría que pelear por su vida contra elementos externos no-cristianos, esto es: contra el paganismo. Los adoradores de la naturaleza de la alta civilización persa en el Este nos atacarían por las armas y tratarían de sojuzgarnos. El paganismo salvaje de las tribus bárbaras escandinavas, germánicas, eslavas y mongoles, en el Norte y Centro de Europa también atacarían al cristianismo tratando de destruirlo. Las poblaciones de Bizancio continuarían haciendo desfilar concepciones herejes como una pantalla de sus reclamos. Pero, al menos, el principal esfuerzo de herejía había fracasado – así parecía. Su objetivo, el deshacer una civilización católica unida, no había sido alcanzado. De allí en más no había por qué temer que surgiera alguna herejía mayor; menos aún la consecuente interrupción de la Cristiandad.

Para el 630 toda la Galia era católica desde hacía largo tiempo. El último de los generales arrianos y las guarniciones en Italia y España se habían vuelto ortodoxos. Los generales y las guarniciones de África del Norte habían sido conquistadas por los ejércitos ortodoxos del Emperador.

Y fue justo en ese momento, un momento de aparente universal y permanente catolicismo, que cayó un golpe inesperado de inaudita magnitud y potencia. De pronto surgió el Islam. Vino del desierto y avasalló a la mitad de nuestra civilización.

El Islam – la enseñanza de Mahoma – conquistó inmediatamente por las armas. Los conversos árabes de Mahoma invadieron Siria y vencieron allí en dos grandes batallas; la primera sobre el Yarmuk, al Este de Palestina en las tierras altas arriba del Jordán, y la segunda en la Mesopotamia. Continuaron invadiendo Egipto y empujaron más y más hacia el corazón de nuestra civilización cristiana con toda su grandeza de Roma. Se establecieron por todo el Norte de África; incursionaron en el Asia Anterior – aunque no se establecieron allí todavía. Ocasionalmente llegarían a amenazar a la propia Constantinopla. Al final, después de una larga generación posterior a las primeras victorias en Siria, cruzaron el Estrecho de Gibraltar y comenzaron a inundar Europa Occidental a través de España. Llegaron incluso tan lejos como el mismo corazón de Francia del Norte, entre Poitiers y Tours, menos de cien años después de sus primeras victorias en Siria del año 732.

Finalmente fueron rechazados hacia los Pirineos, pero continuaron manteniendo toda España, excepto la región montañosa del noroeste. Dominaron toda el África romana, incluyendo Egipto y toda Siria. Dominaron la totalidad del Mediterráneo oriental y occidental: ocuparon sus islas, saquearon y dejaron asentamientos fortificados hasta en las costas de Galia y de Italia. Se expandieron poderosamente más allá del Asia Anterior, dominando la región persa. Se convirtieron en una creciente amenaza para Constantinopla. En menos de cien años una parte sustancial del mundo romano había caído bajo el poder de esta nueva y extraña fuerza surgida del desierto.

Nunca antes había habido una revolución comparable. Ningún ataque anterior había sido tan súbito, tan violento ni tan permanentemente exitoso. En apenas un par de años después del primer asalto en 634, se perdió todo el Levante Cristiano: Siria, la cuna de la Fe, y Egipto con Alejandría, la poderosa sede cristiana. Dentro de una generación, la mitad de la riqueza y casi la mitad del territorio del Imperio Romano Cristiano estaba en manos de los gobernantes y funcionarios mahometanos, y la masa de la población estaba siendo afectada cada vez más por este nuevo fenómeno.

El gobierno mahometano y su influencia tomaron el lugar del gobierno cristiano y su influencia; y la mayor parte del Mediterráneo, al Este y al Sur, comenzó a ser mahometana.

A continuación, seguiremos los avatares de este extraordinario fenómeno que aún hoy se llama Islam, es decir: “La Aceptación”, de la moral y las simples doctrinas que Mahoma había predicado.

Más adelante describiré el origen histórico del fenómeno, dando las fechas de su progreso y las etapas de sus éxitos originales. Describiré su consolidación, su creciente poder y la amenaza que representó para nuestra civilización. Estuvo muy cerca de destruirnos. Sostuvo activamente una batalla contra la Cristiandad por mil años y la historia de ninguna manera ha terminado; el poder del Islam puede resurgir en cualquier momento.

*****

para leer el capítulo completo haga click sobre la imagen del autor.

15 de diciembre de 2008

Las grandes herejías (3)





por Hilaire Belloc

Capítulo 3

La Herejía Arriana




l arrianismo fue la primera de las grandes herejías.
Desde la fundación de la Iglesia en Pentecostés del año 29 o 33 DC existió una masa de movimientos heréticos que llenó los tres primeros siglos. Casi todos ellos, se volcaron hacia la naturaleza de Cristo.
La predicación, la personalidad y los milagros de Nuestro Señor, pero sobre todo su resurrección, tuvieron el efecto de promover la concepción de un poder divino. Esta concepción impregnó toda la cuestión para cualquiera que tuviese un mínimo de fe en las maravillas presentadas.
Ahora bien, en esto la tradición central de la Iglesia, al igual que en cualquier otro caso de doctrina disputada, fue sólida y clara desde el comienzo. Nuestro Señor fue indudablemente un hombre. Nació como nacen los hombres. Murió como mueren los hombres. Vivió como un hombre y fue conocido como hombre por un grupo de íntimos compañeros y un número muy grande de hombres y mujeres que lo siguieron, lo escucharon y presenciaron sus acciones.
Pero, dijo la Iglesia, también fue Dios. Dios descendió sobre la tierra y encarnó en un hombre. No fue meramente un hombre influenciado por la Divinidad, ni tampoco una manifestación de la Divinidad bajo una apariencia humana. Fue al mismo tiempo plenamente Dios y plenamente Hombre. Sobre esto, la tradición central de la Iglesia nunca vaciló. Fue dado por sentado desde el principio por quienes tienen autoridad para hablar.
Pero un misterio resulta por fuerza incomprensible precisamente por ser misterio. Por eso el ser humano, siendo un ser racional, está perpetuamente intentando racionalizarlo. Eso fue lo que sucedió con este misterio. Un grupo dijo que Cristo fue solamente un hombre, si bien un hombre dotado de poderes especiales. El otro grupo, en el extremo opuesto, dijo que fue una manifestación de lo divino; que su naturaleza humana fue ilusoria. Y estos extremos se alternaron indefinidamente.
Pues bien, la herejía arriana fue en cierta forma el resumen y la conclusión de todos estos movimientos del lado no ortodoxo; esto es: de todos los movimientos que no aceptaban el misterio pleno de las dos naturalezas.Desde el momento en que es muy difícil racionalizar la unión de lo infinito con lo finito, puesto que existe una aparente contradicción en los dos términos, la forma final en la que quedó resuelta la confusión de las herejías fue una declaración según la cual Nuestro Señor poseyó tanto de la Esencia Divina como le es posible poseer a una creatura pero que, así y todo, no dejó de ser una creatura. No fue el Dios infinito y omnipotente quien por su naturaleza tiene que ser uno e indivisible, y no podía ser al mismo tiempo (así dijeron) un ser humano limitado manifestándose y teniendo su ser en la esfera temporal.

****
Para leer el capítulo completo haga click sobre la imagen del autor.

10 de diciembre de 2008

Las grandes herejías (2)




por Hilaire Belloc



Capítulo 2


El esquema de este libro.




n lo que sigue propongo tratar los principales ataques a la Iglesia Católica que han marcado su larga Historia. Excepto en el caso del musulmán y del ataque moderno, confusos pero ubicuos y que aún se hallan en curso, me ocupo de sus fracasos y de las causas de esos fracasos. Concluiré discutiendo las chances de la presente contienda por la supervivencia de la Iglesia en la misma civilización que ella creara y que ahora la está abandonando.
Como todo el mundo sabe, actualmente existe una institución que se autoproclama como la única maestra autoritativa y divinamente designada de la moral esencial y de la doctrina esencial. Esta institución se llama Iglesia Católica.
Más allá de ello, es una verdad histórica admitida y por nadie negada que esa institución, reivindicando esa función, ha estado presente entre la humanidad por muchos siglos. Por antagonismo o falta de conocimientos, muchos niegan la identidad de la Iglesia Católica actual con la sociedad cristiana original. Sin embargo nadie, por más hostil o desinformado que sea, negará su presencia durante al menos mil trescientos o mil cuatrocientos años.
Además es históricamente cierto (aunque no universalmente admitido) que la reivindicación de este organismo en cuanto voz divinamente designada para la formulación de doctrina verdadera sobre cuestiones esenciales al ser humano (su naturaleza, su sufrimiento en este mundo, su condena o su salvación, su inmortalidad, etc.) se encuentra afirmada a través de los siglos precedentes hasta poco antes de la mitad del primer siglo.


****

Para leer el artículo completo haga click sobre la imagen del autor.

4 de diciembre de 2008

Las grandes herejías (1)



por Hilaire Belloc
Capítulo 1

Introducción. ¿Qué es una Herejía?

¿Qué es una herejía y cual es la importancia histórica de algo así?
Al igual que la mayoría de las palabras modernas, “herejía” se utiliza tanto de un modo vago como diverso. Se la utiliza vagamente porque la mente moderna es tan adversa a la precisión cuando se trata de ideas como enamorada está de la precisión cuando se trata de medidas. Y es utilizada en forma diversa porque, de acuerdo a la persona que la utiliza, puede llegar a significar cualquiera de al menos cincuenta cosas.
Actualmente, para la mayoría de las personas (de las que utilizan el idioma inglés) la palabra “herejía” connota disputas pasadas y olvidadas, y antiguos prejuicios contrarios a un examen racional. Por consiguiente, se piensa que la herejía carece de interés contemporáneo. El interés en la herejía está muerto porque la herejía tiene que ver con cuestiones que ya nadie toma en serio. Se comprende que una persona puede interesarse en una herejía por curiosidad arqueológica, pero difícilmente resulte comprendido si llega a afirmar que la herejía ha tenido un gran efecto sobre la Historia y sigue siendo, hoy mismo, un impulso contemporáneo viviente.
Y sin embargo, la cuestión de la herejía en general tiene altísima importancia para el individuo y para la sociedad. Y la herejía en su significado particular (que es el de la herejía en la doctrina cristiana), es de especial interés para cualquiera que desee entender a Europa, al carácter de Europa, y a la Historia de Europa. Porque la totalidad de esa Historia, desde el surgimiento de la religión cristiana, ha sido la Historia de luchas y cambios, mayormente precedidos, con frecuencia aunque no siempre causados, y ciertamente acompañados por diversidades de doctrina religiosa. En otras palabras, “la herejía cristiana” es un subconjunto especial de primerísima importancia para la comprensión de la Historia europea porque, junto con la ortodoxia cristiana, constituye el acompañante y el agente constante de la vida de Europa.
Debemos comenzar con una definición, aunque el definir implique un esfuerzo mental y, por lo tanto, resulte antipático.
La herejía es la dislocación de una estructura completa y autosostenida mediante la introducción de la negación de una de sus partes esenciales.Por “estructura completa y autosostenida” entendemos cualquier sistema afirmativo en física, matemáticas, filosofía o lo que fuere, en el cual las distintas partes son coherentes entre si y se sostienen mutuamente.
Por ejemplo, la antigua estructura de la física, frecuentemente llamada “newtoniana” en Inglaterra por haber sido Newton quien mejor la definió, es una estructura de esta clase. La variedad de cosas que se afirman en ella acerca del comportamiento de la materia, y especialmente la ley de la gravedad, no constituyen afirmaciones aisladas de las que cualquiera podría ser extraída sin desordenar el resto; por el contrario, son todas parte de una misma concepción o unidad de modo tal que, si modificamos una parte, la totalidad deja de funcionar.

1 de noviembre de 2008

La Edad Media


Fragmento del libro Europa y la Fe

por Hilaire Belloc


He dicho en el capítulo anterior que la Edad Oscura puede compararse a un largo sueño de Europa; un letargo que se inicia en la fatiga de la vieja sociedad, en el siglo V, y que termina en la primavera y surgimiento de los siglos XI y XII. La metáfora, por supuesto, es muy simple, porque ese sueño fué un sueño de guerra, y durante esos siglos, Europa se encontraba manteniendo desesperadamente sus posiciones contra el ataque de todas aquellas fuerzas que deseaban destruirlas: el Islam, ardiente y refinado, por el Sud; los bárbaros paganos analfabetos, por el Este y por el Norte. De todos modos, Europa fué relevada o despertada de su sueño.

He dicho que tres grandes fuerzas, humanamente hablando, operaron el milagro: la personalidad de San Gregorio VII, la breve aparición -debida a un feliz accidente- del Estado normando, y finalmente, las Cruzadas.

Los normandos de la Historia, los verdaderos normandos franceses que conocemos, se agitan en el panorama histórico una generación después del año 1000. San Gregorio fué de esa misma generación. Cuando se inició el esfuerzo normando, era un joven; murió, después de realizar una gran obra, en 1085. Y en la medida en que puede hacerlo un hombre solo, él, el heredero de Cluny, rehizo a Europa. Inmediatamente después de su muerte se oyó hablar de las Cruzadas. De estos tres hechos procede el vigor de una Europa joven, fresca y renovada.



Mucho más pudiera añadirse. Esa época fué iluminada y clarificada por la constante carga caballeresca contra el musulmán. El Asia fué rechazada de los Pirineos, y a través de los pasos de los Pirineos cabalgaron siempre los grandes aventureros cristianos. Los vascos -un pueblo pequeño y extraño- fueron el corazón de la reconquista, pero el valle del torrente de Aragón fué su canal. La vida de San Gregorio es contemporánea de la vida del Cid Campeador. Y en el mismo año de la muerte de San Gregorio, Toledo, el sagrado centro de España, fue arrancada de manos de los mahometanos y de sus aliados los judíos, y conservada firmemente. Todo el sud de Europa vivió espada en mano.

En ese preciso instante aparece el romance: las grandes canciones, la mayor de todas, la Canción de Rolando; fermentó entonces la mente europea, anhelante después del letargo, penetrando en campos inexplorados. Y el escepticismo alerta que flanquea y acompaña la marcha de la Fe cuando ésta se muestra más vigorosa comenzó también a hacerse oír.

Hubo hasta una expansión allende los límites orientales, y fué reclamada una parte de la infructífera llanura báltica. Despertaron las letras y la filosofía. Había de aparecer pronte el mayor de sus exponentes: Santo Tomás de Aquino. Brotaron las artes plásticas, el color y la piedra. Retornó en pleno la sátira, y los largos viajes, y la contemplación. En general, el momento era de expectación y adelanto: la primavera.

****
Para leer el artículo completo haga click sobre la imagen del autor.

27 de septiembre de 2008

La Edad Media


por H. Belloc


He dicho en el capítulo anterior que la Edad Oscura puede compararse a un largo sueño de Europa; un letargo que se inicia en la fatiga de la vieja sociedad, en el siglo V, y que termina en la primavera y surgimiento de los siglos XI y XII. La metáfora, por supuesto, es muy simple, porque ese sueño fué un sueño de guerra, y durante esos siglos, Europa se encontraba manteniendo desesperadamente sus posiciones contra el ataque de todas aquellas fuerzas que deseaban destruirlas: el Islam, ardiente y refinado, por el Sud; los bárbaros paganos analfabetos, por el Este y por el Norte. De todos modos, Europa fué relevada o despertada de su sueño.
He dicho que tres grandes fuerzas, humanamente hablando, operaron el milagro: la personalidad de San Gregorio VII, la breve aparición -debida a un feliz accidente- del Estado normando, y finalmente, las Cruzadas.

Los normandos de la Historia, los verdaderos normandos franceses que conocemos, se agitan en el panorama histórico una generación después del año 1000. San Gregorio fué de esa misma generación. Cuando se inició el esfuerzo normando, era un joven; murió, después de realizar una gran obra, en 1085. Y en la medida en que puede hacerlo un hombre solo, él, el heredero de Cluny, rehizo a Europa. Inmediatamente después de su muerte se oyó hablar de las Cruzadas. De estos tres hechos procede el vigor de una Europa joven, fresca y renovada.

Mucho más pudiera añadirse. Esa época fué iluminada y clarificada por la constante carga caballeresca contra el musulmán. El Asia fué rechazada de los Pirineos, y a través de los pasos de los Pirineos cabalgaron siempre los grandes aventureros cristianos. Los vascos -un pueblo pequeño y extraño- fueron el corazón de la reconquista, pero el valle del torrente de Aragón fué su canal. La vida de San Gregorio es contemporánea de la vida del Cid Campeador. Y en el mismo año de la muerte de San Gregorio, Toledo, el sagrado centro de España, fue arrancada de manos de los mahometanos y de sus aliados los judíos, y conservada firmemente. Todo el sud de Europa vivió espada en mano.

*****
Para leer el artículo completo haga click sobre la imagen.