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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

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6 de abril de 2011

El hombre que dejó de fumar


P. G. Wodehouse

(de “Mr Mulliner speaking”)


n una asamblea mixta como el pequeño grupo de serios pensadores que se reúne cada noche en el salón-bar de "El Reposo de los Pescadores", es difícil esperar que siempre prevalezca una perfecta armonía. Todos somos hombres de carácter; y cuando hombres de carácter con opiniones propias se encuentran juntos, las discusiones están a la orden del día. Por consiguiente, aun en tal oasis de paz, a veces se oyen voces excitadas, golpes sobre la mesa, tenoriles "Permítame que le informe, caballero..." o baritonales "Y tenga la bondad de permitirme que le informe a usted...". A veces he visto propinar puñetazos y en una ocasión emplearse la palabra "estúpido".

Afortunadamente el Sr. Mulliner siempre está allí, dispuesto a calmar las borrascas con el mágico poder sedante de su personalidad, antes que las cosas vayan demasiado lejos. Cuando entré aquella noche, lo encontré mediando entre dos amigos cuyos pareceres, a juzgar por sus rostros enrojecidos, tenían que diferir notablemente.

-Caballeros, caballeros -estaba diciendo, en su suave tono diplomático-. ¿Qué sucede?

Uno de los dos, señaló con la boquilla de su pipa a su adversario, con aire amenazador.

-Está diciendo tonterías a propósito de la costumbre de fumar.

-Estoy diciendo cosas sensatas.

-No le oí ninguna.

-Dije que el fumar es dañino para la salud, y lo es realmente.

-No es cierto.

-Lo es. Puedo probarlo con mi experiencia personal. Hace tiempo -dijo-, yo también fui fumador, y el vicio me redujo a una ruina humana. Mis mejillas se hundieron, mis ojos parecían muertos y tenía la cara chupada, amarilla y horriblemente arrugada. Fué sólo al dejar de fumar cuando sobrevino en mí el cambio.

-¿Qué cambio? -dijo el otro.

El enemigo del humo, que parecía haber quedado ofendido por algo, se levantó, se dirigió con altanería hacia la puerta y desapareció en la noche. El Sr. Mulliner emitió un pequeño suspiro de alivio.

-Me alegro de que nos haya dejado -dijo-. Sobre el tema de los fumadores tengo unos puntos de vista fuertemente arraigados. Considero el tabaco como uno de los mejores dones de la naturaleza y me molesta que alguien lo denigre. ¡Cuán insulsos son sus argumentos y cuán fáciles de refutar! Dicen los detractores que si se ponen dos gotas de nicotina sobre la lengua de un perro, el animal muere instantáneamente, y cuando les pregunto si nunca han pensado en la infantil estratagema de no poner la nicotina sobre la lengua de un perro, no saben qué contestarme. Quedan desorientados. Se marchan refunfuñando algo a propósito de no haber pensado nunca en ello.

Aspiró su cigarro en silencio, durante unos momentos. Su afable rostro habíase tornado grave.

-Si quieren saber mi opinión, caballeros -dijo finalmente-, les diré que no hay nada más insensato que dejar de fumar. Semejante imprudencia despierta al demonio que duerme en todos nosotros. Dejar de fumar significa convertirse en una amenaza para la sociedad. No me será fácil olvidar lo que aconteció en el caso de mi sobrino Ignatius. Afortunadamente la cosa acabó bien, pero...
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31 de marzo de 2011

Crítica literaria: Wodehouse



por el R.P. Leonardo Castellani, Th. D.




Tomado de Nueva Crítica literaria
Biblioteca del Pensamiento Nacionalista, Vol VIII
Buenos Aires, 1976.











odehouse es el mayor escritor inglés —y eso es muy mucho— de antes la Segunda Guerra Mundial; después no sé los nuevos que habrán surgido. Es un autor de cuentos y novelas humorísticos, aparentemente triviales y aun pueriles; pero es un humorista, y el humor siempre se alimenta de un núcleo serio. Hilaire Belloc afirmó por radio y por escrito que Wodehouse era el mejor escritor viviente en 1938; su amigo Chesterton había muerto. En realidad, Belloc era el mayor escritor entonces: el mayor prosista, y un poeta lleno de ingenio y frescura, además de insuperable historiógrafo; pero eso no podía decirlo él, naturalmente; que Wodehouse era el segundo gran autor inglés.

He aquí lo que anoté hace ya 6 años en la contratapa de uno de sus libros A DAMSEL IN DISTRESS: "Un día de humor negro, singularmente negro, tomé este libro al azar, y a poco andar me percaté que no lo había leído todavía. ¡Y creía que estaba abandonado de Dios! Fue un regalo de los dioses ese libro en ese día. "Es una de sus primeras obras. No es todavía el Wodehouse total, un puro humor, amusement y disparate, el creador de JEEVES, de IF I WERE You y de UNCLE DINAMITE: pero es ya el germen viviente de todo eso. Aquí el argumento es la clásica historia de amor de la novelística inglesa, a lo humorista inglés; no sólo tratada sino aun concebida humorísticamente: el plan mismo es una idea humorística. La muchacha ingenua y enérgica que se «infatúa» por azar de un desconocido, encuentra por azar a su verdadera costilla y lo atrapa a último momento por otro azar —o por diez puntos; y no por su voluntad, que es demasiado seria y recta para mariposear.

"Hay una inmensa seriedad en el fondo de las flippantes novelas de Wodehouse; un inmenso sentido moral de tipo caballeresco, escondido a veces bajo el manto de Diógenes el Cínico —el cual no tenía manto—. Hay una visión católica de la vida —no sé si es católico—, bondadosa y severa a la par. Wodehouse tiene la idiosincrasia de un hada buena: esas personificaciones populares de lo Providencia.

"Por la mitad del libro uno se pregunta ¿cómo diablos va a desenlazar esto?
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