Este blog está optimizado para una resolución de pantalla de 1152 x 864 px.

Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

Mostrando entradas con la etiqueta Lois Estévez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lois Estévez. Mostrar todas las entradas

20 de noviembre de 2008

El último gran patriota


Hoy se cumplen 33 años de la muerte del Caudillo
(R.I.P.)

por José Lois Estévez

Tomado de Razón Española

Enviado por María Luz López Pérez (a quien agradecemos públicamente su envío)


0. Nunca fui beneficiario del franquismo. Más bien lo contrario. Mantuve con él profundas discrepancias en cuanto a la concepción de la política; sobre todo en materia de educación. Pero esto no me ha impedido nunca reconocer sus méritos. Es lo que trataré de hacer también ahora: Justicia.


1. Durante las vacaciones escolares de mi tercer curso de bachillerato me sorprendió la noticia del Alzamiento nacional. Venía estudiando en Portugal con los jesuitas, en Entre-os-Ríos, en la confluencia de Támega y Duero, y en Curía, en hoteles improvisados como colegios, tras su injusta expulsión de España, consiguiente a un precepto constitucional totalmente arbitrario. En aquellos momentos, como tantos otros españoles, me solidaricé con los militares sublevados. Recuerdo haber escrito un breve poema, que expresaba mi admiración al Caudillo. Podría evocar aún algunos versos:


España fue grande, imperial,
laureles de glorias pasada

ciñen las espadas
que han hecho a la Patria inmortal.
Espadas heroicas que encarnan la gloria española
fueron profanadas;
mas ya Franco arbola
las viejas espadas.


No me quedé solo en aquel arranque entusiasta: Eramos muchos los que, horrorizados del sectarismo republicano (2), nos expresábamos así. Porque nadie podrá negar con verdad la existencia entonces de dos Españas: una que atacaba desde el poder y otra que padeciendo la más inicua de las agresiones, depositaba su esperanza en un Movimiento militar que pusiera fin a semejante caos. En octubre de 1939 José Montero Alonso publicaba el Cancionero de la guerra, un florilegio en donde recogía poemas -muy desiguales en calidad- de una treintena de escritores. Claro que no están todos los que son. Recurriendo a la memoria, podría añadir muchos otros poemas a Franco. Voy a contentarme con uno de Victoriano Rivas, que comenzaba con cuatro versos impresionantes:


Las manos de la historia te sostienen la pluma.
El futuro se exalta, porque no pudo verte.
Y el presente te aprieta con caricia y te abruma
Con una pena incrédula de perderte.

****
para leer el artículo completo haga click sobre la imagen del Generalísimo.

30 de septiembre de 2008

El hecho de suprimir de la enseñanza la religión es privar al hombre de la máxima verdad que lo realza



Enviado por María Luz López Pérez, desde España Peninsular. Gracias una vez más.

por José Lois Estévez.
TEOLOGÍA HOY. El Correo gallego 25 – X - 2004

Un poeta ha escrito: "Hacer más hombre al hombre es el camino y dar con Dios nuestra mayor proeza". La idea desarrollada en estos dos versos puede parecer de una simplicidad monótona, pero propugna la expansión de lo que verdaderamente dignifica al hombre. Pues, y por encima de todo lo único que de verdad nos sublima, haciéndonos superiores a todos los seres de nuestra experiencia, es la demostración científico filosófica de la existencia de Dios.En la Filosofía clásica, se ofrecían seis vías que implicaban esa demostración, aparte de muchas otras pruebas particulares, basadas todas en hechos concretos que se reputaban insostenibles sin la existencia de ese ser supremo. Existían, se afirmaba en el universo, seres contingentes cuya inexistencia era intrascendente para la evolución universal. Podían suprimirse sin que al mundo le ocurriera nada. Un ser contingente -se decía- podría existir o no. Eliminarlo era indiferente al cuadro cósmico. Esto era predicable de todos los seres de nuestra experiencia. No conocíamos ser alguno cuya supresión supusiera la abolición completa del mundo físico. Cuando meditando sobre esto nos preguntábamos si habría algún ser cuya existencia fuera de tal significado que sin él fuera imposible comprender el universo, llamándose por ello el Ser.
****
Para leer el texto completo haga click sobre la foto del autor.

12 de septiembre de 2008

Educación y Política



Enviado por María Luz López Pérez (corresponsal española). Largo, pero esclarecido y esclarecedor.
Muchas gracias, una vez más.



Por José LOIS ESTÉVEZ.

Tomado de RAZÓN ESPAÑOLA, núm. 34, marzo 1989

I. LA EDUCACIÓN COMO FIN POLÍTICO

1. El credo pedagógico de filiación política.


Una de las concepciones más en boga sobre la educación está determinada por el propósito latente de convertirla en instrumento político.

Resulta una incidencia o un corolario de la tentación absolutista inherente a los incentivos psicológicos que mueven a los gobernantes.

El apetito de poder lleva, en efecto, a los políticos a organizar las cosas de tal modo que puedan asegurarse la mayor discrecionalidad y la perpetuación de su hegemonía. Pronto descubren que la inducción de hábitos, consubstancial a la educación, es la mejor arma que les cabe para conseguir ese objetivo primordial. Y la convierten, así, en el medio, más o menos solapado, para mantener el statu quo.

Tradición y conservadurismo son entonces sus tácitas consignas. El político, por supuesto, no se descara hasta el punto de hacer patentes los verdaderos móviles que lo impulsan. Impersonaliza sus hechos y los presenta en la sociedad como inspirados por la más aséptica conveniencia pública, aunque sea él —huelga decirlo— su infablible definidor e intérprete. Lo que se predica con profusión debidamente orquestado y aderezado por las sabias técnicas de los Ministerios de Información o Propaganda, es que la educación, para merecer este nombre, debe cumplir el cometido de hacer al ser humano útil en grado máximo al Estado o a la comunidad; pero, entre líneas, hay que leer —y los hechos lo prueban— que el hombre educado según las consignas políticas es el que se conduce con servil docilidad a los fines particularísimos que se han propuesto los gobernantes.

La teoría individualista de la educación, antipodalmente opuesta a la que estamos exponiendo, suele presentarse por los que mantienen este antagónico punto de vista, como una consagración del egoísmo y de las miras estrechas, mientras que su antítesis (la «teoría» defendida por ellos) representa el sentir altruista, noble y progresivo.
****
Para leer el artículo completo haga click sobre la imagen del autor.