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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

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30 de noviembre de 2008

Falsificación de la Historia de España


por D. Ricardo de la Cierva

Airado e irracional rechazo provoca en sectores decisivos del mundo cultural y el mundo político cualquier exposición sobre la guerra civil española, la época de Franco y en general, la historia de España y la historia de las ideas y las formas políticas que no se ajuste a los cánones de lo políticamente correcto. Una poderosa fuerza secreta -como se llamaba en los años treinta a la Masonería, identificada hoy en gran parte de la Internacional Socialista- intenta con todos sus recursos imponer en el conjunto mundial de los medios de comunicación, con inclusión de las editoriales de prensa y libros, una versión de pensamiento único que veta implacablemente cualquier línea de opinión discrepante. Por ejemplo, la dictadura del general Augusto Pinochet es vituperable absolutamente, la dictadura del marxista-leninista Fidel Castro es tolerable y esperanzadora. No importa que, de hecho, Pinochet acabase a mano airada con el régimen cuasitotalitario de Salvador Allende cuando estaba a punto de sumir a Chile en la ruina total; Allende era el buen demócrata derrocado por Pinochet, el torvo dictador fascista; y el eterno gobierno de Castro ha eliminado en Cuba no sólo el sistema de libre mercado, sino los derechos humanos y las libertades fundamentales. El general Francisco Franco se alzó en 1936 contra la degradación caótica del Frente Popular y venció en la guerra civil a una creciente amenaza comunista que tenía aherrojada a la República; pero lo políticamente correcto es afirmar que la República, espejo de democracias, fue asesinada por el Alzamiento de 1936 que triunfó por la cooperación entusiasta de la Alemania nazi y la Italia fascista. Por eso la guerra civil española fue el prólogo homogéneo de la Segunda Guerra Mundial, que perdieron los aliados de Franco en la guerra civil..., y también Franco, a quien se quiere presentar como compinche de los totalitarios. Todo ello es un amasijo de falsedades demostrables: en el bando vencedor de la Segunda Guerra Mundial la mayor tajada se la llevó el ejemplar demócrata José Stalin, que es realmente el mayor criminal de la Historia; y el general Franco, al frente de la España anticomunista y moderada, no dependía políticamente de aquella Italia y aquella Alemania, mientras la zona roja cayó, desde el principio, en una dictadura anárquica mucho más nefasta que el gobierno de la España nacional. La aberración del pensamiento único llega al extremo de considerar como héroes de la libertad a las Brigadas Internacionales que no fueron más que «una fuerza soviética en España» en frase del historiador norteamericano David T. Cattell, y contaban con tal porcentaje de asesinos y facinerosos en sus filas que su propio jefe, el comunista francés André Marty, confesó ante el Partido Comunista de Francia que había tenido que fusilar a quinientos de ellos a las primeras de cambio para imponer una elemental disciplina.
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24 de noviembre de 2008

Franco frente a Hitler



por Ricardo de la Cierva

Tomado de Razón Española


1. HENDAYA


El momento histórico más importante y controvertido de España en la segunda guerra mundial es la entrevista de Hendaya entre Franco y Hitler. Para los historiadores y propagandistas del antifranquismo éste es un caballo de batalla; para ellos Franco quiso entrar en la guerra y fue Hitler quien le despreció.
Sinceramente creo que esta tesis no se tiene de pie ni ante los documentos que pudiéramos llamar clásicos ni sobre todo ante los que hemos conocido recientemente.
Hitler, el conquistador y dueño de casi toda Europa, el hombre que había obligado a un premier británico y a otros líderes europeos a visitarle en su propio terreno, había emprendido el viaje más largo de su vida para entrevistarse en Hendaya, el 23 de octubre de 1940, con el Caudillo de España Francisco Franco.

Pero Hitler no viaja sólo para hablar con Franco. La víspera convoca al jefe del gobierno francés, Pierre Laval, a una conversación con él y el ministro von Ribbentrop en la pequeña estación francesa de Montoire-sur-Loire. Allí se concierta una entrevista del Führer para el día 24 con el mariscal Pétain. La conversación de Hitler con Franco está enmarcada en dos contactos del máximo nivel con Francia, a la que Hitler pretende captar como pieza fundamental para su Orden Nuevo y, por tanto, no hará nada que pueda herir a Francia cuando hable con Franco; con lo cual el fracaso de la entrevista con Franco estaba cantado según la perspectiva de Franco.
Mientras el tren de Hitler, Erika se va aproximando al sur de Francia, Franco y Serrano Suñer descansan en el palacio de Ayete, cerca de San Sebastián, donde han llegado aquella tarde. A Franco le cuesta conciliar el sueño, pero al fin lo consigue.
Para la reconstrucción de la entrevista de Hendaya voy a transcribir como principal documento, el que nos ha legado el barón de las Torres, don Luis Alvarez de Estrada, introductor de embajadores e intérprete de Franco, que dominaba perfectamente el alemán y fue el único testigo entre los presentes que tomó notas durante el encuentro y tres días después las paso a limpio. Utilizo la versión que se ha publicado recientemente en la revista Razón Española (1).

Me apoyo también en la exposición del profesor Luis Suárez, quien recoge el testimonio del intérprete alemán Schmidt, que no actuó como tal, pero pudo observar la escena, recopilar testimonios directos y resulta fidedigno.
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