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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

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30 de marzo de 2011

Diálogos (IM)pertinentes : LAS SOCIEDADES ACTUALES




por el Dr. Aníbal D´Angelo Rodríguez



Visto y tomado de Cabildo







l Discípulo: Maestro, leo en “Apostar por la muerte”, el libro de Vittorio Messori que Usted me recomendó…

El Maestro: Advirtiéndote que es más bien un libro para viejos. Como lo es el también recomendable “32 de Diciembre” de José María Cabodevilla. Ambos editados por la BAC (Biblioteca de Autores Cristianos), meritoria empresa.

El Discípulo: Lo abordé recordando su advertencia y en efecto veo que tengo que hacer un esfuerzo para interesarme en el tema del libro…

El Maestro: Que es la muerte y las postrimerías. Mientras que los viejos no necesitamos hacer ese esfuerzo. Para nosotros la muerte está siempre presente en el pensamiento, como una novia en la juventud.

El Discípulo: Bueno, leyendo el libro de Messori me tropiezo con este párrafo, que le leo: “La realidad es la de sociedades que se distinguen por la prepotencia de ideologías no cristianas. Quien se asoma a la vida, quien no tiene ninguna experiencia y está, por tanto, desarmado por completo, bien difícilmente (desde el punto de vista humano, se entiende) puede hacer frente a esa violencia; porque, además, frecuentemente ésta se esconde tras apariencias deslumbrantes y apetecibles. Sólo después de haber desenvuelto los muchos papeles dorados que envuelven el paquete, se puede descubrir la serpiente que contiene”. Y luego, unas líneas más adelante: “Ahora, para la mayoría, la frágil plantita de la fe, aun cuando prenda, es sofocada a menudo por el incesante bombardeo de señales y de llamadas contrarias”. Me pareció una excelente descripción del mundo que tenemos que afrontar los jóvenes…

El Maestro: A quienes está obviamente dirigida la advertencia: “Quien se asoma a la vida, quien no tiene ninguna experiencia…” Observá que la primera frase se refiere al que es simplemente joven. Una cuestión de cronología. Pero en la segunda, “quien no tiene ninguna experiencia”, ya está hablando de otra cosa. De los jóvenes de hoy que, por haber roto con la tradición, son páginas en blanco, sin ningún principio ni fundamento. En cambio, el muchacho que ha crecido en un buen hogar cristiano sí tiene experiencia. La de sus mayores, que él ha recibido por tradición.
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7 de marzo de 2011

La nueva religión



por el Dr. Aníbal D´Angelo Rodríguez



Tomado de El Derecho. Diario de Doctrina y Jurisprudencia.






IDEOLOGÍA Y RELIGIÓN. – OCCIDENTE Y SUS DOS RELIGIONES. – LA FE EN EL PROGRESO. – AVATARES DE LA NUEVA FE. – LA NUEVA Y LA VIEJA FE. – EL CISMA (DERECHA E IZQUIERDA, INTELECTUALES Y COMERCIANTES). – SIGLO XX. – LOS HERMANOS SEPARADOS. – LOS NUEVOS PODERES. – LA SITUACIÓN ACTUAL. – EPÍLOGO ANGUSTIADO.

Ideología y religión

os sentidos de “ideología”.

La palabra “ideología” tiene en su contra un dudoso origen y una embrollada historia.

En definitiva, quiere decir tantas cosas que termina por no decir bien ninguna. En muchos ambientes intelectuales (los que hoy predominan), se usa con el sentido que le dio MARX: un conjunto de ideas que expresan una esfera de dominación. O sea, intereses de clase revestidos de ideas para disimular su auténtica consistencia. En esta versión, la ideología es todo sistema de pensamiento que enmascara su realidad mediante un mecanismo de engaño.

En definitiva, una pantalla del poder de clase.

En los círculos de pensamiento tradicional, la ideología es algo distinto. Se trata simplemente de un sustitutivo de la religión, un conjunto sistemático de ideas que pretende cumplir el papel que estas (las religiones) tienen en la sociedad(1).

Por lo pronto, hay que hacer notar que, acotado así el significado de la palabra, hay una sola ideología: la que surgió en el siglo XVIII en Occidente y que suele identificarse con estos sinónimos que utilizaremos indistintamente en esta exposición: iluminismo, ilustración o progresismo.

La palabra “modernismo”, que también algunas veces se usa, está más bien referida a derivaciones –en el terreno literario y teológico– del fenómeno central.
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10 de febrero de 2011

¿Cómo nacen los hijos?




Por el Dr. Aníbal D´Angelo Rodríguez


Tomado de Cabildo






o, no te asustes, lector amigo, que no se trata de hacer una competencia desleal a las clases de sexo (preferentemente explícito) con que se alegran hoy las aulas de nuestros hijos y nietos.

Es algo mucho más modesto. Es la curiosa opinión que expone un tal peruano llamado Jaime Bayly. Con el título “Las vidas inesperadas” argumenta que cree sin poder demostrarlo, que la inmensa mayoría de las personas hemos llegado bruscamente al mundo, no porque nuestros padres lo desearon y planificaron… sino porque nuestros padres simplemente desearon tener sexo… compartir un momento de puro placer… olvidaron tomar las debidas precauciones y luego se resignaron, más o menos abatidos o más o menos esperanzados a los hechos fríos y consumados: ella había quedado embarazada y no había más remedio que aceptar la paternidad como un pesado mandato del destino que solo los muy crueles osaban interrumpir. (Dichosa época en que sólo “los muy crueles” apelaban al aborto).

Mi primera pregunta angustiada es: ¿cómo llega esta clase de imbéciles a ser periodistas y a disponer hebdomadariamente de dos páginas de una revista? ¿Cómo llega a publicarse tamaña estupidez? ¿No hay un jefe de redacción, un Director o lo que sea que lea lo que va a publicar y diga delicadamente al Señor Bayly que es un grandísimo zopenco y que lo que dice quizás sirva para describir la situación actual en un país europeo de los más modernizados (verbigracia, Suecia), pero aplicado al conjunto de la humanidad y de los tiempos es un reverendo disparate? ¿No hay alguien que le enseñe que, al contrario de lo que él dice, la inmensa mayoría de la gente, en siglos de Historia, ha querido tener hijos, los ha buscado con tesón? Eso se podría llamar “instinto colectivo de supervivencia” y ha funcionado a nivel personal, pero ha permitido que los pueblos subsistan.

Pero hay algo más asombroso todavía. Bayly confiesa que ha tenido dos hijas y que “si me dijeran mañana que me voy a morir, aquello de lo que más me arrepentiría sería haber deseado no ser padre, haber intentado porfiada y estúpidamente interrumpir los embarazos que me hicieron padre”.

O sea que descubrió la importancia y grandeza de lo que los hijos dan: “irónicamente, lo que entonces consideré que había sido un error, un acto irracional o imprudente, ha terminado siendo lo mejor que me ha pasado en la vida, la experiencia más feliz y enriquecedora de mi existencia…”

Pero aun así, a este buen señor Bayly no se le ocurre que mucha gente ha sabido, sabe y sabrá eso que él ha descubierto tardíamente y —en consecuencia— ha usado el placer como un medio lícito de tener hijos y no como un fin en sí mismo.


Nietzsche escribió que quien lo disfruta cree que lo que importa es el fruto, cuando en realidad es la semilla. He aquí la diferencia entre quienes piensan y quienes gozan. La semilla es continuidad de la vida, es mirada de largo plazo que el mundo moderno no puede comprender.

EDUCACIÓN

Veamos lo que opina de la educación doña Maruja Torres en un recorte sin fecha de la misma revista dominical de “El País” de Madrid. Es un artículo titulado “Pasando de cruces”, en el que se supone que va a hablar de la retirada de crucifijos de las aulas de los colegios.

Pero Marujita va por más y comienza por declarar su respeto por todas las religiones siempre que no intenten imponerle su creencia. Pero la suya, su religión es otra. Es la de Darwin (al que tiene “en mejor concepto que a los cantamañanas que forman el nudo gordiano de cualquier religión”) y la de “los antibióticos y la anestesia” que son, para ella “la Salvación con mayúscula”. Y hasta “lo de las células madre” le parece “mucho más impresionante que lo de los panes y los peces”.

Bueno, ya entendimos. Maru, ya entendimos. Tu fe es en la Ciencia o, mejor, es el cientificismo. Y una fe de carbonero como solía decirse cuando había fe. Y carboneros.

Por eso no nos extraña tu posición contraria a los crucifijos en las aulas y suponemos que preferirías unas buenas fotos de Darwin y de Bill Gates. Para ti, “el mensaje del crucifijo es el de un caballero (sic) de antaño que murió crucificado… para salvarnos de nuestro pecado original”, lo cual es notoriamente contrario a su fe de carbonera. “Lo que hace falta son pizarras, mapas y ordenadores”. Sobre todo ordenadores, en lo que coincide con nuestros ministros de educación, que están convencidos de que la educación repuntará y nos llevará en sus brazos al desarrollo si llenamos las aulas de computadoras, que es como llamamos en estas playas a los ordenadores.

Mira por dónde: Por las mismas fechas el diario “ABC” de Madrid publicaba la noticia de la publicación de un libro en el que el periodista Juan Manuel de Prada descubre a Castellani y en la noticia venía la opinión de nuestro cura sobre la significación del crucifijo en las aulas: “enseña que el fin de la vida es el triunfo de la Vida y la lucha contra la muerte. Cuando Usted sabe eso, la aritmética se hace soportable”.

Como siempre, Castellani da justito en el clavo y en todos los clavos que clavan los cientificistas incluida nuestra carbonera.

Porque aulas sin Cristo y con muchas pizarras, mapas y ordenadores, hay miles. Aulas en las cuales se enseña mucha aritmética. Casi nada más que aritmética. O sea, ciencia. Con lo que se consigue —con suerte— gente que sabe aritmética. Ahora —por desgracia— esa gente no tiene idea de para qué vivimos, y lo grave es que esa gente es la que dirige el mundo, incluyendo a Marujita.

No se asombren entonces de que los alumnos no quieran aprender, que se rebelen y se maten entre ellos y a sus profesores. No se extrañen de que salgan del colegio sabiendo algo (más bien poco) de aritmética, pero que sean al mismo tiempo unos salvajes y unos ignorantes completos. Mucho me temo que si le damos tiempo, la misma Marujita verá que cuando se saca una Gran Presencia del aula se meten por debajo de la puerta los bicharracos de la superficialidad, la necedad y el sinsentido.

22 de enero de 2011

Ensalada... italiana





por el Dr. Aníbal D´Angelo Rodríguez


tomado del Blog de Cabildo






n varias ocasiones hemos traído al señor Umberto Eco a nuestro sillón y le hemos hecho barba y bigote para delicia de nuestros lectores. Así demostramos, por ejemplo, que escribía sobre la lujuria sin saber qué era. Hace un tiempo escribió en “La Nación” un artículo que tituló “Cuando lo feo es hermoso” en el que hizo una ensalada rusa (a la italiana) mezclando conceptos con el desparpajo de un argentino.

Comenzó hablando de Hegel, quien habría escrito que fue el cristianismo el que introdujo “el dolor y la fealdad” en el arte, con sus Cristos sangrantes y sus Santos torturados. Error, dijo Eco, ya en el arte clásico había infinidad de rostros terribles y de escenas escalofriantes. Pero ya comenzó a meter la pata porque metió muy alegremente en el mismo saco a dos cosas por completo diferentes.

Este desprejuiciado escritorzuelo italiano no entiende que puede haber dolor muy bellamente representado y que el dolor forma parte de las experiencias elementales del hombre y de las experiencias que el sabio hace positivas. Bueno, se podrá objetar, pero también la fealdad forma parte de nuestras experiencias. Claro, pero es antagónica con el arte, que es belleza y que sólo puede apropiarse de la fealdad si la embellece. Y entonces deja de ser fealdad.

El problema del arte actual es, justamente, que pretende hacer arte con lo feo, sin transformación ni sublimación alguna. Es el culto de lo feo por ser feo. Según Eco, el actual afán por la fealdad (el dolor se perdió en el camino) proviene de una elección “de lo que en siglos pasados habría sido considerado horrible” o —en otros casos— “la fealdad es elegida como el modelo de una nueva belleza”. Lo cual sucede porque “en la posmodernidad toda oposición entre belleza y fealdad se ha disuelto” principio que apenas enunciado es puesto en duda por el mismo Eco. Con un párrafo final en el que la pluma se le ha escapado de las manos y escribe sola: Tal vez todas esas manifestaciones de horror y fealdad “sean expresiones superficiales exhibidas en los medios de comunicación de masas”, porque “de esa manera exorcizamos una fealdad mucho más profunda que nos asalta y nos asusta, algo que desesperadamente deseamos ignorar”.

Sí, querido: un adarme de verdad. En efecto, el arte moderno es feo porque el mundo moderno es feo, de una fealdad de fondo que no puede sino ser resultado de su maldad.

28 de diciembre de 2010

Otra vez "Gran Hermano"



por el Dr Aníbal D´Angelo Rodríguez



Tomado del Blog de Cabildo








espués de lo que escribí en el número anterior sobre “Gran Hermano”, seguí su desarrollo, pero centrándome esta vez en las conversaciones de los participantes. Me quedaron dos sensaciones: la primera es que el grupo, elegido en todo el país, era bastante representativo, no digo de toda la juventud argentina, pero sí de una ancha franja de ella que responde a los estereotipos, a los usos, costumbres y lenguaje de los actuales participantes de “Gran Hermano”. La segunda conclusión es que estos pobres chicos son la primera generación que ha crecido con una ignorancia total de toda cosa ajena a lo que ven por televisión, lo que leen en las revistas dirigidas a ellos y lo que aprenden de las canciones que cantan. Más algunos retazos confusos de lo que aprendieron en su paso por el sistema de enseñanza (estatal o privado, católico o laico, en términos generales, lo mismo da).

Hijos de padres de la generación sesentista, no tienen referencias culturales ni relación emocional alguna que no haya pasado por el filtro de la televisión. Son, como decía Ortega, los primeros “bárbaros asomados por escotillón” (es decir, bárbaros no venidos de tierras lejanas, sino nacidos en la misma civilización que van a destruir).

Su conversación es el bar-bar que originó su nombre y del que se burlaban los griegos. Usan un lenguaje de quinientas palabras, mechado de muletillas que ya se han convertido en un componente inevitable de lo que se dice.

Un episodio significativo: en un momento determinado hacen una especie de apuesta con “Gran Hermano”. Durante un tiempo determinado no dirán malas palabras. Ponían en juego la cantidad y calidad de lo que comerían durante una semana. Pues bien, les fue imposible —materialmente imposible— dejar de decir cada tres minutos la palabreja que empieza con b y que hoy está presente en toda conversación entre jóvenes argentinos. Perdieron la apuesta.

Rectifico, pues, mis conclusiones anteriores. Lo más importante e impresionante de “Gran Hermano” es la espantosa radiografía de una parte grande de nuestra juventud. Nada saben que sobrepase el nivel elemental de sus intereses inmediatos, de sus pequeños afectos. Hay sexo de sobra, pero lo más grave no es la irresponsabilidad con que se maneja, sino la falta de pasión: se trata de un ejercicio agradable y divertido, poco costoso, en el que no ponen más de lo que esa descripción pide. Sus iguales recibirán sin resistencia, pero con la falta de atención con que oyen todo, las clases de sexualidad que les dará el Estado. Para ambos —alumnos y Estado— el sexo no pasa de ser una técnica y en él solamente pueden aprenderse métodos. Cualquier discurso “metafísico” que intente sobrepasar el nivel de lo instrumental será respondido con un cierre total de los oídos.
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29 de octubre de 2009

La disolución de la disolución




por el Dr Aníbal D´Angelo Rodríguez



Tomado del Blog de Cabildo






odos mis lectores, memoriosos o no, habrán advertido que en los últimos números de esta combativa revista me he regodeado y especializado en mostrar testimonios de gente tanto de la izquierda como de la derecha liberal que levantan sus voces para protestar y preocuparse por el estado del mundo.

Más allá del valor de lo que dice cada uno de esos preocupados protestones, el síntoma me parece sencillamente maravilloso. Quiere decir que el agua está llegando al cuello y creando en los dueños del mundo una situación incómoda porque sucede que esas aguas miasmáticas que rondan ya el nudo de las corbatas ¡también les llegan a ellos, a sus vidas y a sus familias!

Nadie escapa a la sensación de que estamos viviendo en una burbuja de mentiras y al mismo tiempo en un pantano de disolución social. Bueno, ahora parece que hasta la disolución se está disolviendo.

Veamos, si no, el discurso que pronunció al asumir su cargo el nuevo Presidente de la Republique Française, Monsieur Sarkozy. La primera lectura es impresionante. Casi cada frase es una toma de conciencia del estado en que vive el mundo occidental.

Sarkozy se presenta como el enemigo jurado de “la frivolidad y la hipocresía de los intelectuales progresistas. El pensamiento único de los que lo saben todo…” y promete también “No vamos a permitir mercantilizar el mundo en el que no quede lugar para la cultura”.

Como comienzo, no está nada mal. Monsieur le President toma nota de los dos polos de poder que dejan al suyo propio reducido a una mínima parte: el poder cultural que a través del sistema de educación forma a las clases dirigentes y les insufla el pensamiento único y el poder económico, cuyas desmesuras ponen por un lado en peligro la vida en la tierra y por el otro dominan la mente del pueblo llano mediante la televisión y otros excretores de pornografía y estupidez.

Y sigue luego: “Desde 1968 no se podía hablar de moral. Nos habían impuesto el relativismo, la idea de que todo es igual, lo verdadero y lo falso, lo bello y lo feo, así como que el alumno vale tanto como el profesor…” Seguimos muy bien, pero ya empiezan a asomar algunas de las (graves) insuficiencias de M. Sarkozy.
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18 de septiembre de 2009

¡De dónde viene todo esto?



por el Dr Aníbal D´Angelo Rodríguez


Tomado del Blog de Cabildo





ACTO PRIMERO


n la Revolución Francesa los jacobinos eran la izquierda, caracterizada por proponerse profundizar la Revolución, es decir distanciarse categóricamente del “antiguo régimen” y de la Iglesia. Protagonizan el primer caso moderno del terrorismo de Estado, practicando una extrema violencia, asesinando inocentes y creando terror en la población, que no se anima a reaccionar. Con excepción de los católicos de La Vendée que son objeto del primer genocidio de la Historia.

Frente a ellos la derecha revolucionaria quiere también el cambio, pero a un ritmo más lento. Superada la antinomia por la aparición de Napoleón, la herencia jacobina quedará, en el siglo XIX, en manos del socialismo, que añade ahora una preocupación central por la situación de la nueva clase de obreros creado por la Revolución Industrial. En verdad, los intelectuales de izquierda encontraron así una tropa capaz de hacerles la revolución a la que ellos —por su escaso número— no podían aspirar.

El marxismo es la forma final del socialismo. Pretende ser un socialismo “científico”, es decir, que sus propuestas no serían recomendaciones “utópicas” (como las de los socialismos anteriores) sino anticipo de lo que va necesariamente a suceder, revelado por la aplicación del método científico al estudio de la sociedad. Y lo que revela ese método según el marxismo se puede resumir en tres puntos.

Uno, habrá cada vez menos ricos que serán cada vez más ricos y cada vez más pobres que serán cada vez más pobres.

Dos, esa polarización de la sociedad desembocará necesariamente en una revolución, la última y decisiva. Esa revolución se hará a través de las huelgas que cada vez serán más intensas y duraderas hasta desembocar en la huelga revolucionaria.

Tres, de la revolución surgirá, tras un período de transición, una sociedad sin conflictos, ya que al desaparecer la propiedad privada de los medios de producción desaparecerán las clases y con ellas (y su lucha) la fuente de los conflictos.

Ya a fines del siglo XIX era evidente que no se estaban cumpliendo las predicciones de Marx pues la sociedad, lejos de polarizarse, producía una extensa clase media. De esa comprobación van a surgir dos actitudes:

Unos optarán por mantener el esquema ideológico de Marx con sus tres puntos pero renunciando al choque violento entre explotadores y explotados, reemplazándolo por la lucha política tal como se realiza en los Estados constitucionales de Derecho que por entonces surgían y se afianzaban en todo Occidente. Ese es el camino de la socialdemocracia.

Otros optarán por explicar el error de Marx y buscar otra justificación y otros métodos para la revolución. Enseguida los veremos, en el segundo acto de este drama. Recordemos esa primera línea “civilizada”, europea y evolucionista (es decir no revolucionaria) que se prolonga hasta nuestros días, pues estos tres actos que veremos no son sucesivos, sino acumulativos.

SEGUNDO ACTO

A principios del siglo XX comienza el segundo acto. Su iniciador es Vladimiro Ulianov, conocido por Lenín. Explica que la polarización social que Marx predijo no sucedió porque las potencias europeas —explotando a sus colonias— obtuvieron los fondos para “sobornar” a sus clases proletarias aumentando sus salarios y evitando de ese modo que los pobres fueran cada vez más pobres.

Si esto es así —dijo— el conflicto se traslada de Europa al resto del mundo explotado por Europa y la huelga revolucionaria se transforma en guerra revolucionaria. Porque en el mundo explotado apenas hay proletariado (casi no hay industria) y la huelga aquí no sirve. Se abre, pues, una batalla crucial en una guerra distinta, una guerra del campesinado —allí donde se den las condiciones— o una guerrilla urbana terrorista —allí donde las circunstancias lo aconsejen.

Así fue la historia de la guerra del siglo XX que comenzó en Rusia, en 1917, y se extendió después al mundo entero, de Vietnam a Cuba y de la China a la Argentina. Los guerrilleros que la hicieron cosecharon a veces éxitos (creación de Estados “revolucionarios” desde los que se ayudaba a los revolucionarios de otros países) y a veces fracasos (derrotas militares).

A fines de la década de los ochenta se derrumbó el primero de esos Estados, la Unión Soviética, que volvió a ser Rusia. Como piezas de dominó cayeron también otros Estados de esa clase; unos pocos variaron el sistema económico, aunque mantuvieron la dictadura del Partido Comunista (China, Vietnam) y un par de ellos (Cuba, Corea del Norte) intentan todavía remontar sus sucesivos fracasos.

Tras medio siglo (o más) de aplicación del sistema que terminaría los conflictos, no han conseguido ni siquiera alimentar a su población. Pero eso si: con misiles intercontinentales (Corea) o con miles de médicos (Cuba).

Sorpresivamente, al iniciarse el siglo XXI, surgió en América Latina una repetición del camino revolucionario, pero tratando de utilizar ahora, para construir poder, las estructuras democráticas. La retórica es la de los Estados “proletarios” del siglo XX y también el objetivo final: la reducción o eliminación de la propiedad privada de los medios de producción. Solo que —por ahora— no se hace uso de la violencia, sino de las elecciones.

De todos estos hechos surge una segunda línea de izquierdistas: los nostálgicos de los desaparecidos Estados revolucionarios “clásicos” y los partidarios de los nuevos Estados revolucionarios “democráticos”. (Hay que poner esta palabra con comillas porque los socialistas del siglo XXI utilizan instrumentalmente a la democracia pero su retórica y sus antecedentes muestran que la abandonarán en el primer conflicto profundo entre sus objetivos económico-sociales y las formas democráticas).

TERCER ACTO

En las décadas segunda y tercera del siglo XX un italiano llamado Antonio Gramsci, comunista preso en las cárceles del fascismo, escribió una obra profusa y compleja en la que corrigió a Marx por segunda vez.

La tesis de Gramsci puede resumirse así:

Uno, la verdadera batalla no es entre proletarios y burgueses dueños de los medios de producción. Eso fue una etapa que está terminando. La verdadera batalla no es económica ni social: es cultural.

Dos: la antinomia decisiva no es entre proletarios y burgueses, sino entre inmanencia y trascendencia. El mundo de los dioses con que se nos ha dominado por milenios o el mundo del hombre solo y triunfante.

Tres, en esa batalla la tropa son los intelectuales, no los proletarios. Son ellos los que derribarán la ciudadela de los dioses y edificarán el mundo del hombre por fin liberado de sus ataduras.

Para explicar por qué los intelectuales marxistas “blanquean” su papel de conductores de la guerra cultural hace falta una disgresión: en la primera etapa el protagonista según Marx era el proletario europeo explotado. Al cambiar su suerte, en la Europa rica, perdió sus caracteres de clase expoliada. Como residuo, quedó la social democracia, partido mayoritario o muy extendido en buena parte de Europa.

En la segunda etapa el protagonista fue el revolucionario, el luchador obrero, campesino o intelectual que hizo la revolución.

Como residuo quedaron los centenares de grupúsculos comunistas, trotskistas, maoístas, etcétera, más los nuevos grupos del socialismo del siglo XXI.

Pero ¿qué había pasado, entre tanto, en las sociedades. En las “desarrolladas”, en las “semidesarrolladas” como la Argentina y aún en las subdesarrolladas, aunque menos.

Una transformación en la que nadie había pensado. El surgimiento de centenares de oficios que no son ni de proletarios, ni de campesinos ni de la pequeña burguesía típica de las grandes ciudades (empleados). Esos oficios tienen algo en común: no implican casi nada de actividad física sino mental y el uso de la palabra como principal instrumento. Periodistas, comentaristas, pensadores que se expresan en los medios, profesionales como psiquiatras, psicólogos y psicoanalistas, artistas de la palabra: escritores e intérpretes de sus palabras en teatro, cine y televisión, docentes (en un sistema de enseñanza que ha crecido exponencialmente), personas que trabajan en muchos de los oficios surgidos de la computación. No son obreros, no son campesinos, viven de las palabras y obtienen de ellas una cuota de poder. En su mayoría desarrollan tareas que o no existían hace un siglo o eran muy minoritarias. Los economistas describen este fenómeno hablando del crecimiento del sector terciario (servicios) de la economía que pronto supera —en personas ocupadas— a los sectores primario (extractivo) y secundario: transformador o industrial.

Dicho de otra forma: millones de personas usan cada día la palabra como su medio de vida: la transmiten, la expresan, la combinan, la pronuncian para otros, la usan, la corrompen y la falsifican. Como se comprenderá, el tipo humano resultante es muy distinto del proletario, del campesino y hasta de la pequeña minoría intelectual que ha habido siempre en todas las sociedades.

Su familiaridad con la palabra les da la impresión de que saben o pueden saber, que entienden mejor que nadie lo que pasa. La palabra funda oficios prestigiosos, en los que algunos ganan mucho dinero y los que no, al menos no sufren las cargas físicas que otros oficios imponen. Los dos grupos más grandes y poderosos son los periodistas (en muy amplio sentido) y los docentes. De una u otra manera ambos educan a las gentes, transmitiéndoles eso que ellos saben.

Estos “hombres de la palabra” constituyen la tercera capa de las clases dirigentes de nuestro tiempo: la primera son los políticos y los pensadores social demócratas (no sólo los que llevan ese nombre sino los que lo son con otro nombre, como los radicales en nuestro país). La segunda son los revolucionarios sobrevivientes y los intelectuales extremistas, con poca importancia política por ahora (salvo en los países en los que se experimenta el socialismo del siglo XXI).

Estos hombres le han arrebatado su oficio a los clérigos: suministran conceptos, ideas, valores a una sociedad que en ancha medida se ha desinteresado de la palabra de Dios pero no puede vivir sin orientaciones.

Las tres capas se identifican políticamente como de izquierda y culturalmente como progresistas. El progresismo proporciona los argumentos que el izquierdismo convierte en leyes: matrimonios homosexuales, aborto, eutanasia, educación sexual. Esas son las vías de penetración en la sociedad que de esa manera se cuartea y derrumba.

Porque la sociedad tradicional enseñaba que la familia es la célula básica de la sociedad, una Institución sobre la que se edificaba todo un orden social. Pero hoy ¿se puede construir una sociedad sobre el divorcio cada vez más fácil, sobre el aborto como un “derecho”, sobre el “matrimonio” de homosexuales? Los valores del progresismo: el hombre triunfante sobre los dioses, sirven para formar una sociedad de individualistas patológicos, es decir una sociedad que en el largo plazo es inviable.

TODOS UNIDOS TRIUNFAREMOS

El objetivo final es la inmanencia, el mundo sin Dios, el hombre sin ataduras. El camino es la libertad absoluta y la igualdad completa. A las que se oponen, la represión y la discriminación, los pecados sin expiación.

Día 2 de julio del año del Señor de 2009. Se reúne la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En debate un proyecto declarando un día de septiembre como el Día de la Prevención del Embarazo Adolescente No Planificado. Eufemismo para justificar la entrega, a adolescentes de todos los géneros, de la Píldora del Día Después, el aborto cuando ésta falle y cuantos objetivos modernos y progresistas pueda Usted imaginar.

Un chusco hubiera dicho que para prevenir el embarazo adolescente lo mejor sería enseñar a las dichas adolescentes a mantener las piernas cerradas. Pero eso era antes, en épocas de la represión y la discriminación. Ahora les damos clases de Educación Sexual enseñándoles diversas formas de abrirlas. Y sin culpas ni preocupaciones pues si hay consecuencias la “ciencia” las salvará con la farmacia (la píldora) o el quirófano (el aborto). Y todo a cargo del Estado. Un mundo feliz.

Bueno, volvamos a la Legislatura porteña. Sin debate, se aprueba el proyecto por unanimidad. Ni un voto en contra, ni una voz objetando. Votan desde luego la Coalición Cívica, el Frente para la Victoria y diversos partidos cuyos nombren son toda una definición: Igualdad social, Autonomía con Igualdad, Encuentro Progresista, Nueva Izquierda. Sin sorpresas ni deserciones. Pero vota también disciplinadamente y en bloque la Propuesta Republicana, PRO para los amigos, el partido “de derecha” cuya más conspicua representante es la renguita Michetti, sedicente cristiana y supuesta objetora del aborto.

Aquí tenemos una novedad… que no es tal. Mientras la izquierda ha tenido en Europa desde hace más de un siglo un Partido vertebral: el socialismo, la derecha continental no ha gozado de esa ventaja. Sólo en Gran Bretaña los Tories y en Estados Unidos los republicanos han representado una derecha pragmática y no siempre coherente pero por o menos presente.

En el resto de Europa no hay ningún grupo que ostente una carrera tan larga como la de republicanos y Tories. ¿La razón? Muy clara: en la Europa católica ha habido en verdad dos derechas: la religiosa (desde que León XIII autorizó los Partidos católicos) y la liberal. Han coincidido en algunos lugares y tiempos (en el seno de un solo Partido o como grupos diversos pero aliados) y han divergido en otros lugares y tiempos. Es que suele olvidarse que los objetivos finales de la derecha liberal son iguales (salvo en matices) a los de la izquierda. Las diferencias residen más bien en modos y tiempos. Y sobre todo en el talante más conservador que revolucionario del hombre de derechas. Lo que ha acercado la derecha liberal a los grupos católicos es la cuestión de la propiedad privada o la imprudencia verbal de la izquierda, debida al vínculo más emocional que político de la social democracia con los revolucionarios. (Con esto se señala que toda la izquierda admira en secreto a los revolucionarios aunque diga no compartir sus métodos. Por eso toda la izquierda votó aberraciones como la anulación legislativa de la Ley de Punto Final).

El voto unánime de la Legislatura es una clara advertencia de lo que está sucediendo ante nuestros ojos (pero de lo que no todos toman conciencia):

Primero: las diversas “capas” geológicas de la izquierda han unificado su lenguaje bajo la denominación de “progresistas”.

Segundo: la derecha liberal se ha rendido con armas y bagajes a ese lenguaje y desea mimetizarse cada vez más para que nadie recuerde sus adscripciones y cercanías a la derecha católica y a las “tiranías” (¡tan diversas!) de Franco, de Pinochet y de Videla.

Tercero: No existe hoy, en ninguna parte del mundo, una expresión política de la cosmovisión católica con alguna posibilidad de actuar eficazmente en política. No lo decimos como una acusación a los pequeños grupos que luchan en condiciones casi imposibles sino como una dolorosa toma de conciencia de la situación.

No existe en el mundo otra cosmovisión capaz de enfrentar a la progresista más que la católica. Pero la batalla en el interior de la Iglesia le hace imposible presentar una alternativa política coherente. (No necesito decir que no creo que sea la Iglesia jerárquica la que tiene que llenar ese vacío sino los laicos católicos.

Coincido en que la formación de partidos no es la única vía para hacer política, pero lo cierto es que hoy los enemigos jurados de la Iglesia ocupan la totalidad del panorama político y eso es un hecho grave que merece al menos reflexión. La votación en la Legislatura Porteña debería llamarnos a esa reflexión.

INFORME SOBRE CIEGOS

Te ruego, lector amigo, que releas lo que digo más arriba sobre esos “hombres de la palabra” que tejen, cada día, la tela del traje del Emperador, es decir las palabras que constituyen la ideología del progresismo. ¿Recuerdas lo que dije sobre los periodistas? Bueno, ahora tolle, lege.

En “Clarín” del 10 de julio aparece una “carta de lector” referida a la reciente muerte del dibujante Andrés Cascioli. El remitente dice que no lo conoció, como no conoció a John Lennon ni al Che Guevara pero que todos ellos “fueron parte indisoluble de mi adolescencia, teñida de sueños e ideales en búsqueda de un mundo mejor”.

Este entusiasta lector cree que Cascioli y los otros como Cascioli que publicaron en pleno Proceso la revista “Humor”, “representaron un huracán de aire libertario en medio de tanta basura, censuras, bajezas, traiciones, destierros y muerte”. Es más, cree que leer la revista mencionada “fue la posibilidad de encontrarnos con una verdad ignorada por el cínico poder dictatorial”. Lo cierto es que al pobre lector “le es muy difícil expresar la sensación que le producía las notas y tiras de…” y sigue un inventario de los zurdos y zurdas que colaboraron en “Humor”. Termina ensalzando de nuevo a quien “clarificó mis días juveniles”.

Fácil recurso, lamentar que un ciego se muestre agradecido con el otro ciego que lo guió hacia el abismo. Es verdad, pero esta verdad deja afuera otra cuestión. Porque lo cierto es que este lector encontró en Cascioli y en “Humor” el mensaje que ningún otro le pudo hacer llegar. ¿Oiría algo distinto en su Colegio? Bajo el Proceso, la mayoría de los docentes calló su ideología progresista sin renunciar a ella, pero muy pocos fueron capaces de dar otro mensaje, de enseñar otros caminos.

Uno se siente inclinado a comprender, aunque no a aprobar a los pobres ciegos que tropiezan con otros no videntes que dicen saber el camino. Así funciona el sistema de los hombres de la palabra que hacen de gurúes de este siglo sin luces.

TRANSFERENCIAS

Según un prolijo aviso aparecido en “Clarín” del 10 de julio de 2009, el INADI, de larga fama, abre un concurso “de transferencias”. Primero, nos dice el objeto de tales transferencias. Son “para la asistencia técnica a organizaciones de la sociedad civil que luchan contra la discriminación”.

Bien. Luego nos informa qué se transfiere y a quién. Se transfieren “fondos de asistencia técnica” y se los transfiere a “proyectos de intervención y/o sensibilización”.

Bien. ¿Proyectos en qué temas? “de diversidad y no discriminación”.

Bien. Hasta aquí clarísimo: no se entiende una jota. Yo soy tan retrógrado, reaccionario y anticuado que no tengo la menor idea de qué me está hablando el INADI: ¿habrá que hacer un cursillo previo de neoparla? Los temas a tratar parecen interesantes, sea lo que fuere que hagan con ellos: “las propuestas ganadoras deberán abarcar, ente otras, las siguientes temáticas: género, diversidad sexual, diversidad religiosa” y otras varias diversidades. Hay una muy buena: “adultos y adultas mayores”, pero esa delicada concesión al bello sexo (si se me permite este troglodítico lenguaje) no se repite en “migrantes y refugiados/as” ¿cómo? y las “migrantas”? También me gustan mucho los “afrodescendientes” pero, digo yo ¿y los asiáticodescendientes? ¿entrarán?

Pero volvamos a nuestro tema. Lo único que me queda claro es que “se otorgará la suma de hasta diez mil pesos” a cada una de las propuestas ganadoras. Eso ya me gusta y/o sensibiliza más. Pero como no sé qué demonios tengo que hacer para ganarme esa suma, empezaré yo por un concurso previo en el que pueden participar mis lectores a fin de aclararme y/o explicarme en lenguaje llano y apto para ancianos reaccionarios:

1) Qué cosa se entiende aquí por transferencia;

2) Qué cosa es un fondo de asistencia técnica;

3) Qué cosa es un proyecto de intervención y/o sensibilización;

4) Quienes serán los jurados de este concurso y si se aceptan recomendaciones de personas del gobierno. En su caso, qué porcentaje pretenden estos de lo que se gane. Risum teneatis. Contén tu risa, amigo lector. ¿Ves cómo trabajan los hombres de la palabra? Repartirán premios de diez mil pesos a unos cuantos que entren en la lógica de su lenguaje. Y este uno entre millones de premios, de concursos y de certámenes que forman la tupida red con la que se intenta cambiar el sentido común de la gente común.

DISCURSO PERIMIDO

El discurso del progresismo tiene tres fuentes principales: el marxismo, el cientificismo y la neoparla de los medios de difusión.

El cientificismo es simple abuso de la ciencia, la pretensión de hacerle decir cosas que están fuera de su alcance.

El lenguaje de los medios de difusión es la burda simplificación de todos los tópicos revolucionarios con el común denominador del disfrute rápido y sin problemas de conciencia. Que cada uno procure el máximo de placer con el mínimo de responsabilidad.

¿Y el marxismo? Es placentero ver cómo esta parte del discurso progre termina de desmoronarse. ¿Ha visto Usted, amigo lector, esos castillos de arena que los chicos construyen en la playa y que luego, al atardecer, la marea alta barre?

En “Clarín” del 12 de julio nos encontramos con un artículo titulado “Los exhibicionistas de ideas arcaicas” firmado nada menos que por mi viejo conocido don Fernando Savater. Se refiere al marxismo y afirma que la literatura marxista del siglo XX —Lenín, Mao, Garaudy, Althusser, Marta Harnecker, Lukacs— “resultan hoy inimaginables como posible relectura. Son incompatibles con las mínimas pautas de ecología intelectual”. Y agrega estas palabras con las que coincido —¡quién me lo hubiera dicho!— plenamente: “Están escritos en una lengua artificial, pretenciosa y mortecina en la que es imposible decir nada digno de interés o cercano a cualquier forma de verdad. Incluso parecería, si no fuese por su intrínseco aburrimiento, que son una especie de parodia intelectual con toques inesperadamente humorísticos”.

Es cierto que —como no podía dejar de hacer— don Savater enseguida se bandea. Y funda su rechazo del marxismo primero en que se trata de “ideas arcaicas” y segundo en su irracionalidad producto de un cierto “milenarismo religioso” que impregnaría al marxismo. Y toma esto último como pretexto para darle una buena sacudida a las creencias religiosas “que no se pueden refutar intelectualmente (puesto que) no fueron adoptadas por razones inteligibles sino que responden a sentimientos…”

Bueno ¿y qué tal si le hacemos ver a don Savater que su progresismo, que le hace rechazar ideas por ser viejas es un pensamiento mucho más arcaico que el marxismo? Y que si bien tiene razón en identificar la religiosidad falsificada que hay en el marxismo, el problema proviene de fundar una supuesta visión “científica” sobre bases religiosas. En todo caso, el articulejo muestra lo acertado que estuvo Chesterton al decir que no valía la pena refutar las herejías… porque se refutaban entre ellas.

LA PICARESCA EN EL CINE

No, no se trata de que estén por filmar una nueva versión del Lazarillo o por hacer una serie con el Guzmán de Alfarache. Picaresca, sí. Española, también. Pero de otra clase.

El diario zurdo madrileño, “El País”, informa en su edición del 21 de mayo pasado, sobre la situación del cine en la península. Veamos algunos datos: se filmaron 173 filmes, de los cuales 46 no se estrenaron y 24 reunieron menos de cien espectadores.. O sea que 70 sobre 173 (algo más del 40%) han fracasado de una u otra manera. Hasta el momento en que se escribió el artículo.

Pero leyendo nos enteramos de bastantes cosas más: que ese porcentaje es, en 2008, sólo un poco más elevado que en el común de los años anteriores. Que todas las películas reciben subvenciones copiosas del gobierno central, de los gobiernos autonómicos, de la televisión (por ley). Que el promedio de la subvención (muy fácil de obtener) es de 780.000 euros (es decir unos cuatro millones de pesos). Que el cine norteamericano produce el triple de películas que el español pero la población norteamericana es siete veces mayor que la española.

Bien. ¿Quién gobierna en España casi desde la transición? El PSOE y el PP, el partido socialista obrero y el partido popular de derechas. Ambos prototípicos de la clase dirigente que hemos descripto más arriba.

Estas trampitas, esta picaresca, son también prototípicas de esa clase. Subsidian, con el dinero de los contribuyentes, a todos los amiguetes intelectuales. Se premian entre sí, se nombran (en los puestos culturales del Estado) los unos a los otros. Atiborran las Academias, las publicaciones, los suplementos intelectuales de los diarios. Una red tupida e inmensa que crea los prestigios y destruye la fama de los enemigos o —mejor aún— los hunde en el silencio.

Esta sí que es picaresca española. Y olé.

REBOTES

Mi amigo, el Director de esta impar revista me comunica un mail que le enviara un tal Cangiano, en el que luce una nota sin firma. En esa nota se critica una notícula de mi autoría aparecida en el número de marzo-abril de “Cabildo”. No contesto anónimos, aunque comiencen con un homenaje a mi talento, pero voy a concederle el beneficio de la duda al señor Cangiano y voy a suponer que es el autor de la nota.

Veamos.

Mi notícula es una crítica a un texto de la Secretaría de Derechos Humanos en la que sintetiza la historia de la guerra contrarrevolucionaria de esta manera: “El 24 de marzo de 1976 las Fuerzas Armadas realizaron un golpe de Estado usurpando el poder e instalando, a partir de ese momento, el Terrorismo de Estado en la Argentina, metodología precisa y sistemática, producto de un plan político para la región, que estaba inmersa en procesos de luchas populares de liberación y reivindicaciones sociales en nuestro país”.

Comentando este texto, sostuve que era una versión para “lobotomizados o desinteresados”, pues olvidaba el pequeño detalle de que los jóvenes idealistas reprimidos por los militares “asesinaban, torturaban, secuestraban y ponían bombas”.

El Señor Cangiano (supongamos que sea él) me pregunta en qué desmiente la versión que yo cuento a la de la Secretaría de Derechos Humanos y por qué no complementar ambas versiones ya que el “que los «subversivos» (yo no uso ese término; es de Cangiano, con comillas y todo) hayan eventualmente (sic) asesinado, torturado, etc. no indica que las Fuerzas Armadas no hayan usurpado el poder e implantado el terrorismo de Estado”.

Con mucho gusto le explicaré al Señor Cangiano lo que me pregunta.

Él —y la Secretaría de Derechos Humanos— saben de buena tinta que hubo un plan para la región de reprimir a los jóvenes idealistas. Supongo que se refieren, ambos, al Plan Cóndor pero también a algo mucho más siniestro: un plan imperialista urdido por los Estados Unidos para sofocar esas “luchas populares” y esas “reivindicaciones sociales”. Para aceptar esto hay que pasar por dos pequeños obstáculos. El primero es que entre 1977 y 1980 gobernó los Estados Unidos Jimmy Carter, un presidente de izquierda que puso todos los palos posibles —Patricia Derian incluida— en las ruedas del Proceso. Pero claro que Cangiano tiene una versión del asunto inspirada mitad por Vladimiro Ulianov (a) Lenín y mitad por las películas de la serie Bourne. Los malos son “la C.I.A. y el Pentágono” que trabajan por su cuenta a espaldas del Presidente y el Senado. Pero ese obstáculo es lo de menos. El otro, ya más gordito, es que los militares del Proceso no fueron ni los primeros ni los únicos en reprimir a los jóvenes idealistas con terrorismo de Estado y todo. ¿Esa metodología precisa y sistemática” fue también la del gobierno constitucional peronista?

¿Se acuerda el Señor Cangiano de la represión legal de los primeros guerrilleros durante el gobierno de Illia?

¿Recuerda la represión legal, sin terrorismo de Estado, que hizo el gobierno de facto pero legalista de Lanusse?

¿Recuerda la amnistía de 1973 y cómo los terroristas “volvieron a matar”?

¿Recuerda lo que pasó en el gobierno constitucional de Juan Domingo Perón y su señora esposa?

Los militares “usurparon el poder” como lo habían hecho otras cinco veces en el siglo, pero no “implantaron el Terrorismo de Estado”. Ya estaba implantado dos años antes. No hicieron más que continuarlo, si uno quiere usar una expresión inventada casualmente por los creadores del Estado terrorista. Uno lamenta ciertos métodos del Proceso pero a la luz de lo que pasó tras la actuación escrupulosamente legal de Lanusse se siente tentado a comprenderlos si bien no a justificarlos.

Vamos a ser breves. La versión real, simplificada en pocas líneas, de lo que pasó en la Argentina es ésta. A principios del siglo XX Lenín corrigió la versión marxista de la lucha por el poder para el proletariado. En lugar de la huelga revolucionaria, había que emprender la guerra revolucionaria.

En cumplimiento de esta consigna, desde 1917 hasta 1991 en todos los continentes se desató esa guerra en cuyo desarrollo los revolucionarios asesinaron a cien millones de personas. Esa guerra llegó a la Argentina entre 1965 y 1979 y fue enfrentada por gobiernos civiles y militares, constitucionales y de facto.

Tanto en algunos gobiernos civiles como en el último gobierno militar se utilizaron métodos ilegales de represión, cuya descripción es para la izquierda la de “terrorismo de Estado” y para las personas sensatas un “exceso en la legítima defensa”.

Esto aclarado, confieso no tener ya paciencia para responder las tonterías que el Señor Cangiano dice en la segunda parte de su nota. Es la versión zurda según la cual:

1) Lo que había en los setenta eran “luchas populares de liberación” y “reivindicaciones sociales en nuestro país” (¿Reivindicaciones sociales contra el gobierno constitucional peronista? ¿En serio?).

2) Los militares “mataron y murieron… para que ocurriera lo que efectivamente ocurrió, para que fuéramos lo que somos, un país arrodillado ante el imperialismo, inmerso en la degradación económica y moral, con millones de compatriotas subalimentados y regenteado por (la) partidocracia…”

Insisto en que no creo que valga la pena refutar estas afirmaciones. Son la versión zurda del conspiracionismo, una especie de enfermedad senil del izquierdismo.

Según ella Videla, Martínez de Hoz, Alfonsín, Menem, De la Rúa, Kirchner. Son todos parte de ese plan siniestro elaborado en la C.I.A. y el Pentágono.

Es que la zurda, sin un programa político desde que se cayó el socialismo real, se refugia en esta clase de simplificaciones que pretenden explicar todo y no explican nada. Con ellas tranquiliza su alma y duerme mejor: “todos, todos manejados por el imperialismo”. Solamente ellos, los grupúsculos residuales de la izquierda violenta, están libres del pecado. Los guerrilleros urbanos y rurales habrán “eventualmente” asesinado, pero su lucha era justa.

Bien. Si el señor Cangiano quiere tranquilizar su alma creyendo estas cosas, allá él. Puedo explicarle algunas cosas pero no puedo rehacer su concepción del mundo. Que le haga provecho.

ADDENDA
Mr. Cangiano bien podría argumentar aquí: “Pero usted no quiere aceptar a conspiración imperialista de los Estados Unidos pero adhiere a otra versión conspiracionista: la de la guerra revolucionaria”. Pare el carro, Herr Cangiano. La conspiración que Ud. aduce es una interpretación de complejos fenómenos de política internacional pero nunca sus protagonistas declararon su voluntad de actuar de esa manera y con esos objetivos. Yo no niego que entre los datos a considerar haya una cierta voluntad imperialista de los Estados Unidos. Se trata de un imperialismo muy especial, como de nación que fue colonia, pero imperialismo al fin. Lo que rechazo es la simplificación al uso hoy entre los zurdos según la cual todo se explica por esa voluntad. Ahora bien, Monsieur Cangiano, la “conspiración” llamada guerra revolucionaria ha sido descrita, propiciada, ensalzada y recomendada en miles de documentos de los propios “conspiradores”. Y esto no es una interpretación, sino la descripción de un hecho que solamente la ignorancia de la historia o la voluntad de ocultar permite omitir.


19 de julio de 2009

Quosque tandem



por el Dr. Aníbal D´Angelo Rodríguez



Tomado de Catapulta







n sus famosas catilinarias (discursos en el Senado romano contra Catilina) Cicerón se preguntaba Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?, es decir ¿Hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia?

La cuestión actual es, tras el deceso político definitivo del matrimonio Kirchner, lo que quiere hacer, lo que puede hacer y lo que finalmente hará la oposición. Para analizar eso lo primero que hay que preguntarse es qué mandato recibió dicha oposición con el voto popular.

En nuestra opinión es bien claro que recibió el que ya expresaran las puebladas del conflicto con el campo, el que los intelectuales de Carta Abierta supieron identificar muy bien: un mandato destituyente.

Y es que la parte pensante del pueblo argentino ha captado a la perfección a los Kirchner y sabe que su poder se asienta en tres bases inconmovibles, tres bases que ningún dialogo” podrá cambiar porque son la esencia misma de lo que ellos llaman su “modelo”, a saber: la mentira, la prepotencia y la corrupción. De allí su resistencia a cambiar a De Vido, a Moreno, a Aníbal Fernández. Son los que hacen el trabajo sucio de mentir, de prepotear, de corromper (y corromperse) y a esta altura de la cuestión no se puede pensar en reclutar otros y enseñarles el oficio.

Hace un par de días Aníbal Fernández dijo, por azar, una verdad: un ministro o un secretario ejecuta lo que su superior – el Jefe del Estado – encomienda. Público reconocimiento de que las prepotencias, las mentiras y el robo tienen como únicos autores a los Kirchner y como ejecutores a los personajes nombrados y unos pocos más.

Pero la opinión pública tiene bien en claro que no hay otro modelo ni se puede tomar por tal una política económica cuyos logros se basan en ocultar la realidad inventando estadísticas, bajar los precios poniendo un revólver sobre la mesa o subsidiar a los capitalistas amigos para que no hagan olas.

El país entero sabe que no hay milagro capaz de resucitar el cadáver del kirchnerismo, que desde el 29 de Junio ha comenzado a oler mal. Ya no se trata de matar a nadie. Ha llegado la hora del sepelio. Se pueden buscar muchas vueltas a la cuestión, pero si se deja a un muerto insepulto tarde o temprano el hedor se hará insoportable.
La última tentativa de los Kirchner es un “diálogo” que – presentado como novedad – es la mejor prueba de un estilo de gobierno practicado durante cinco años Se convoca a conversar después de gobernar sin oír por un lustro y después de ningunear lo que supuestamente es el ámbito natural de los diálogos en democracia: el Parlamento.

Uno tiene derecho a sospechar que lo que los K buscan, ya que no pueden mejorar su situación, es arrastrar a la oposición a la tumba que los espera. ¿Alguien puede creer en obtener resultados de un diálogo con quienes mantienen a su lado a los hombres que encarnan la mentira, la prepotencia y la corrupción? Para colmo, el diálogo comenzará, de manera tramposa, con una “reforma política” necesaria pero mucho menos urgente que la revisión y supresión de las facultades extraordinarias que el Congreso concedió al Ejecutivo, que la restitución de estadísticas confiables, que la investigación del saqueo al que se sometió al Estado. Los Kirchner comienzan con un tema en el que no tienen nada que perder, regalan unas elecciones correctas para 2011 sabiendo que a nada pueden aspirar para esas fechas.

El problema es, pues, la oposición. Sus limitaciones, sus desacuerdos y – sobre todo – su mediocridad, son las que complican el panorama actual, ya no los Kirchner que nada podrían hacer – nada – si no contaran con una oposición tan sin nervio.

El camino es hoy el juicio político. Causas hay sobradas, pero bastaría el obsceno incremento de su fortuna que acaban de exhibir los K. A la larga (y más bien a la corta) es este recurso (o la renuncia voluntaria de CFK) la única salida. Basta de perder tiempo en un país asediado por problemas urgentes, basta de perder tiempo con intentos desesperados de zafar de los K que no durarían ni tres segundos si no contaran con una oposición incapaz de cumplir con su deber constitucional.
¿Hasta cuándo habrá que esperar para que lo haga?

10 de julio de 2009

Escapando por la tangente




por el Dr. Aníbal D´Angelo Rodríguez


Tomado del Blog de Cabildo







l diario emblemático de la zurda española, “El País”, publica el 12 de enero pasado un reportaje nada menos que al Presidente de la Unión de Ateos y Librepensadores de Cataluña, don Albert Riva. El reportaje se refiere a los “ómnibus ateos”, de los que hablamos en un número anterior de la revista “Cabildo”. Esos transportes públicos que llevan esta leyenda: “Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida”. Comenzaron a usarse en Londres y ahora, por obra y gracia de don Albert y sus amigos van a circular en Barcelona y otras ciudades españolas. Porque —afirma Riva— “todo el mundo nos dice que tiene ganas de ver el autobús en su pueblo”.

¡Hombre! Me lo imagino. Me imagino el alegrón que debe darle a uno salir por la mañana de su casa preocupado por la crisis económica, molesto porque la manteca del desayuno estaba rancia, furioso porque tu hija soltera está embarazada de cuatro meses y de pronto… ¡aparece el bus que recomienda dejar de lado las preocupaciones! Qué baño de felicidad, que tranquilo debe uno sentirse.

Por eso, las ganas de ver un busateo (así se llama el sitio en la web) “en su pueblo” dicen que ha llevado a algunos a fletar un ómnibus en una villa donde sólo quedan el párroco y dos habitantes. Los gustos hay que dárselos en vida, sobre todo si uno es ateo militante y sabe de buena tinta que no hay nada tras la muerte. Pero esto lo digo yo de pura mala leche y no don Albert.
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9 de julio de 2009

Lo que vendrá



por el Dr. Aníbal D´Angelo Rodríguez



Tomado del Blog de Cabildo







n el Boletín de la Presidencia de la Nación que se publica con el rótulo de “Página/12”, en la edición del 20 de febrero de 2009 luce a fs. 2/3 un artículo del polígrafo Horacio Verbitsky, tan farragoso y duro de leer como todos los suyos. Se refiere al caso del Obispo Richard Williamson y en medio de los habituales argumentos de la izquierda se tropieza uno, de pronto, con un párrafo que comienza recordando que en Alemania (y muchos otros países) negar el holocausto es un delito y luego agrega: “en la Argentina el INADI prepara un proyecto similar que penaría con un mínimo de un mes y un máximo de dos años de prisión la negación del holocausto, del genocidio armenio y del terrorismo de Estado en el país. Ese texto, que instituye el delito de opinión y limita la libertad de expresión no fue ordenado por el Poder Ejecutivo”. Y a otra cosa.

Yo confieso que me corrió un frío por la espalda cuando leí esto. ¿Temor a que me apliquen la nueva ley, ya que soy un contumaz negador de los números imaginarios de dos de las tres verdades que tendrían protección legislativa?

No, ya tengo la edad de un arresto domiciliario, en cuyo caso no cambiaría demasiado mi vida actual.

El escalofrío es porque sentí pasar a mi lado los corceles verdes del Nuevo estado Totalitario y de la Hipocresía más extrema. Bichos repugnantes que van a dominar el mundo en breve plazo.
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28 de junio de 2009

Respuesta al Sr. Cangiano




por el Dr. Aníbal D´Angelo Rodríguez


Tomado del Blog de Cabildo







n amigo me comunica un mail que le enviara un tal Cangiano, en el que luce una nota sin firma. En esa nota se critica una notícula de mi autoría aparecida en la revista “Cabildo”.

No contesto notas anónimas, aunque comiencen con un homenaje a mi talento, pero voy a concederle el beneficio de la duda al señor Cangiano y voy a suponer que es el autor de la nota. Veamos. Mi notícula es una crítica a un texto de la Secretaría de Derechos Humanos en la que sintetiza la historia de la guerra contrarrevolucionaria de esta manera: “El 24 de Marzo de 1976 las Fuerzas Armadas realizaron un golpe de Estado usurpando el poder e instalando, a partir de ese momento, el Terrorismo de Estado en la Argentina , metodología precisa y sistemática, producto de un plan político para la región, que estaba inmersa en procesos de luchas populares de liberación y reivindicaciones sociales en nuestro país”. Comentando este texto, sostuve que era una versión para “lobotomizados o desinteresados”, pues olvidaba el pequeño detalle de que los jóvenes idealistas reprimidos por los militares “asesinaban, torturaban, secuestraban y ponían bombas”.

El Señor Cangiano (supongamos que sea él) me pregunta en qué desmiente la versión que yo cuento a la de la Secretaría de DDHH y por qué no complementar ambas versiones ya que el “que los «subversivos» (yo no uso ese término, es de Cangiano, con comillas y todo) hayan eventualmente (sic) asesinado, torturado, etc. no indica que las Fuerzas Armadas no hayan usurpado el poder e implantado el terrorismo de Estado”.

Con mucho gusto le explicaré al Señor Cangiano lo que me pregunta. El —y la Secretaría de DDHH— saben de buena tinta que hubo un plan para la región de reprimir a los jóvenes idealistas. Supongo que se refieren, ambos, al Plan Cóndor pero también a algo mucho más siniestro: un plan imperialista urdido por los Estados Unidos para sofocar esas “luchas populares” y esas “reivindicaciones sociales”. Para aceptar esto hay que pasar por dos pequeños obstáculos. El primero es que entre 1977 y 1980 gobernó los Estados Unidos Jimmy Carter, un presidente de izquierda que puso todos los palos posibles —Patricia Derian incluida— en las ruedas del Proceso. Pero claro que Cangiano tiene una versión del asunto inspirada mitad por Vladimiro Ulianov (a) Lenín y mitad por las películas de la serie Bourne. Los malos son “la CIA y el Pentágono” que trabajan por su cuenta a espaldas del Presidente y el Senado. Pero ese obstáculo es lo de menos.
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