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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

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9 de abril de 2009

Principios económicos de la nueva Constitución




Discursos del Dr. Antonio de Oliveira Salazar



CAPITULO IX


Principios económicos de la nueva Constitución






Este discurso, pronunciado en el domicilio de la Unión Nacional el dia 16 de Marzo de 1933, puede considerarse como un complemento del de 30 de Ju­nio de 1932. El discurso estaba destinado a la ciudad de Oporto, a donde fue transmitido por la radio. En él se encuentran muchas de las pricipales lineas direc­tivas del pensamiento de Oliveira Salazar.


La crisis del pensamiento económico


s hoy el día siguiente al de la catástrofe del dólar, estamos a poco más de un año de la caída de la libra, y probablemente en víspera del desmoronamiento de casi todo lo que aún apa­renta estar en pie. Fenómenos de tal gravedad como éstos serían bastantes para llenar un si­glo, si diversos acontecimientos extraordinarios sucediéndose en plazos cortísimos, no hubiesen embotado nuestra sensibilidad.
Vemos cómo se quiebran, unas tras otras, las orgullosas cons­trucciones económicas de nuestro tiempo: la política de los cartels poderosos, la política de los trusts formidables, la política de los salarios altos, la política de la sobreproducción, la polí­tica del crédito superabundante, la política de las valoraciones artificiales, la política de los grandes gastos públicos, la política de los con­sumos excesivos, la política de los nacionalis­mos exclusivistas, la política del Estado policía que no hace nada, y la política del Estado productor que pretende hacerlo todo.
En to­dos los climas y en todos los continentes, las medidas más opuestas, las orientaciones más encontradas, producen sólo ruinas; en las fi­nanzas públicas, en el crédito, en los capitales, en la propiedad, en los salarios, en el mundo del trabajo se amontonan los escombros en una devastación sin igual. Parece que nunca hubo tanta desgracia ni tanta miseria, y ni siquiera han podido huir de ellas los que creían poder desafiar al mundo con la extensión de sus terri­torios y las montañas de oro de sus riquezas. El momento económico y social no puede estar más perturbado, ni puede ser más oscuro.
¿Y precisamente cuando aún no se adivina la luz que ha de alumbrar los tiempos nuevos, es cuando los hombres del gobierno van a lanzar en el proyecto de Constitución las grandes lí­neas de la construcción futura? Muchos lo juz­garán osado; no pocos lo creerán, al menos, pre­maturo. Pues bien, yo que en los momentos de alucinación colectiva temo más a los remedios que a los males, creo que es éste el momento oportuno de trazar en esta pequeña casa portu­guesa, cuyos intereses a nadie importarán en el mundo más que a nosotros, las grandes líneas directivas de su gobierno, los principios funda­mentales de su estructura económica, el espí­ritu, por así decir, de su actividad y de su tra­bajo. La fase aguda de la presente crisis está a punto ciertamente de pasar, como antes de ésta pasaron otras que parecía que el mundo no era capaz de resistir. Pero una cosa son los sínto­mas que pueden desaparecer, y otra la dolencia profunda que mina la vida económica y social, que multiplica las crisis y las hace cada vez más violentas y más devastadoras, que engen­dra este malestar permanente, que amenaza en ciertos momentos todo lo que la Humanidad ha acumulado en siglos de trabajo como beneficios de la civilización.

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Para leer el discurso completo haga click sobre la imagen del estadista.

6 de abril de 2009

Las diferentes fuerzas políticas ante la Revolución Nacional




Discursos del Dr. Antonio de Oliveira Salazar



CAPITULO VIII

Las diferentes fuerzas políticas ante la
Revolución Nacional








En el acto de la toma de posesión de los elementos directivos de la Unión Nacional, el día 23 de Noviem­bre de 1932 pronunció el Dr. Oliveira Salazar el dis­curso que sigue. La severidad con que se dirigió el ya entonces Jefe del Gobierno a los partidos en que pa­recía lógico hubiera de apoyarse, suscitó los más apa­sionados comentarios. En rigor, el nuevo Presidente no buscaba más que ponerse enfrente de todos los grupos, para poder actuar con todas las fuerzas polí­ticas y sociales, sin otra mira que el interés general de la Nación.



e leído con frecuencia en los discursos polí­ticos vehementes invocaciones a la unión de los portugueses. Su necesidad se apoyaba siempre en las dificultades internas o externas, en los peligros que corría la Nación, en la especial de­licadeza del momento histórico que se atrave­saba y que no permitía alteraciones, cambios ni reformas. De ese modo acostumbraban los go­biernos a aquietar a sus enemigos, reforzar transitoriamente sus posiciones y alargar un poco su vida. Esta consideración me infunde algún recelo respecto a la interpretación que se pueda dar a lo que voy a decir. Me anima, sin embargo, el hecho de ser bien visibles los ma­les y peligros presentes, y que mi llamamiento no tiene por objeto salvar a los hombres, a los grupos o a los partidos, sino a la Nación y sus intereses vitales en el orden material, en el or­den político y en el orden moral. Vivimos en Portugal una pequeña parte del drama del mundo. Se quebró hace mucho tiem­po la unidad moral de las naciones; concluye­ron los años de sereno progreso, de gobiernos estables, de vida reglamentada, satisfecha y pacífica.

Concepciones filosóficas, enterradas hace tiempo, tornan a un primer plano, con as­pectos nuevos, pretendiendo resolver los más arduos problemas; en medio de las dificultades de todo orden, los hombres se sienten oprimi­dos en el círculo de hierro de sus verdades tra­dicionales y de sus viejos errores, perdiendo la fe en las primeras, y comenzando otra vez a no renegar de los segundos. Las transformaciones por las cuales atraviesa la vida económica van suscitando paralelamente cuestiones y dificulta­des en el orden social. Esas transformaciones y esas concepciones diferentes de la vida buscan su expresión o su correspondencia en el campo político y en la organización de los Estados. Presenciamos la caída de instituciones que no hace mucho tiempo estaban en pleno favor, o contemplamos su funcionamiento difícil, preca­rio, intermitente, bajo la presión de nuevas ne­cesidades no satisfechas y de vagas aspiracio­nes que procuran definirse. Como siempre ocurre en estas virazones de la historia, unos, alucinados por la fascinación de la novedad y olvidados de la antigüedad del mundo, donde tantas cosas se han experimen­tado ya, niegan todo valor al presente y al pa­sado, y quieren construir un mundo entera­mente nuevo, mezcla incongruente de propósi­tos generosos, cándida inexperiencia y senti­mientos regresivos de baja animalidad humana; otros, enquistados en las posiciones e ideas adquiridas y en los prejuicios de «su tiempo», ven en todo lo que el porvenir trae en su seno, errores, crímenes y desgracias, y se oponen te­nazmente a toda renovación o reforma, porque las ideas e instituciones en que se criaron y vi­vieron tienen para ellos la belleza y la virtud de las verdades eternas.

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Para leer el discurso completo haga click sobre la imagen del gran estadista lusitano.

3 de abril de 2009

El Ejército y la Revolución Nacional







Discursos del Dr. Antonio de Oliveira Salazar




CAPITULO VII

El Ejército y la Revolución Nacional





La oficialidad del Ejército y de la Marina, deseosa de testimoniar su reconocimiento al Sr. Oliveira Salazar por la obra extraordinaria realizada desde el Mi­nisterio de Hacienda, abrió una suscripción para regalarle las insignias de la Gran Cruz de la Orden de la Torre y de la Espada. En el acto de la entrega, ve­rificado en la Sala del Consejo de Estado el día 28 de Mayo de 1932, pronunció el entonces Ministro de Ha­cienda un discurso en el que, luego de dar las gracias por el homenaje, desenvolvió el tema de la parte que había de corresponder al Ejército en la responsabi­lidad por la ejecución del movimiento inspirador de la revolución nacional. Coincidió el discurso con la publicación del proyecto de Constitución.

No constituye ofensa para nadie reconocer que los desastres morales y materiales de las últi­mas décadas llevaron al último límite la deca­dencia de la Nación Portuguesa. En la política, en la administración, en la economía pública yprivada se advertía el mismo espectáculo de desorden permanente, con la natural conse­cuencia del desprestigio interno y externo del Estado. Todos aquellos por cuyas manos hayan pasado, por un motivo o por otro, los casos más salientes de este período de envilecimiento, pue­den atestiguar cuanto había de vacío, de parasi­tario, de ficticio, en la administración pública, en los asuntos comerciales, en la industria, en la banca y en la finaliza, en la vida social. Puede decirse que habían desaparecido de la vida por­tuguesa la seriedad y la justicia. La indisci­plina era, en consecuencia, general.Al igual que en todas las épocas parecidas, sobre la masa confusa de la población que se afana y que con la fatiga del trabajo apenas advierte las deficiencias de la vida colectiva, vimos generalizarse los dos tipos más vulgares de todas las decadencias: los beneficiarios del desorden, que extendían las redes de sus nego­cios, explotaciones y compromisos, poco claros y poco limpios; y los que del simple disgusto por la marcha de las cosas van pasando a la indife­rencia y al escepticismo. Entre ambos, queda­ban arrinconados, sin fe en el resurgimiento de la Patria, muchos de los mejores valores de Portugal.En tales circunstancias, desorganizadas y en trance de disolución todas las fuerzas sociales, el mayor problema era encontrar el punto de apoyo para la reacción salvadora.

El Ejército, quebrantado por las inclemen­cias de los últimos tiempos — la guerra, las re­voluciones y las reformas, — no es aún lo que todos deseamos que sea; mas por exigencia de su propia constitución vive apartado de la po­lítica, sometido a una jerarquía y a una disci­plina, sereno y firme, como prenda del orden público y de la seguridad nacional. Esa misma superioridad de disciplina existente en una fuerza organizada en nombre del honor y del destino de la Patria, era el único factor capaz de apartar, con el menor número de convulsio­nes y peligros, los obstáculos elevados por los artilugios existentes, y apoyar al Poder Nuevo, empeñado en la obra de salvación y resurgi­miento de la Patria.

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2 de diciembre de 2008

El Pensamiento de la Revolución Nacional (7)


por D. Antonio de Oliveira Salazar



Capítulo VI

El interés nacional en la política de la Dictadura


A pesar de su deseo de no malgastar el tiempo, el Dr. Oliveira Salazar, ha comprendido que era necesario mantener cierto contacto con la opinión pública. El discurso inserto a continuación, y que fue pronunciado ante millares de oyentes el día 17 de Mayo de 1931, en el Coliseu dos Recreios, con ocasión de la manifestación organizada por la Unión Nacional, es un balance de la obra económica y financiera realizada, un anuncio de nuevos progresos, y una exposición de pensamientos y proyectos. El discurso tuvo una especial oportunidad por coincidir con el momento en que los adversarios de la Dictadura hacían una última e inútil tentativa para agitar al País.


ombres que profesaban credos diferentes, venidos de todos los horizontes del pensamiento y de la acción, oriundos de todas las clases, diseminando su vida por todas las formas de actividad, han podido apartar los motivos de división y encontrar en los principios fundamentales de la Unión Nacional aquel terreno común de colaboración de los portugueses, indispensable para la nueva política de nuestra Patria: estamos viendo en Portugal cosas nuevas.
Se agitan en torno a nosotros multitud de egoísmos, de vanidades, de ambiciones de mando, de impacientes intereses individuales que no se subordinan, sino que pretenden sobreponerse a los intereses de la colectividad; y hay muchos millares de portugueses que se sacrifican abnegadamente por el bien común, que toman la defensa de éste como un deber, sea cual fuere el orden de actuación que se les indique, trabajando, obedeciendo, sirviendo: estamos viendo en Portugal cosas nuevas.
Reaccionando contra una atmósfera de irreverencia, de falta de respeto cuando no de declarada subversión; levantándonos contra un ambiente en que parecía que el Poder se bastardeaba y toda autoridad se disolvía; luchando contra la corriente de internacionalismo sospechoso con que las naciones se están dejando contaminar en su más íntima estructura, nosotros partimos de la realidad viva — económica, social, moral y política — de la Nación portuguesa y reconocemos en la veneranda persona del Jefe del Estado no solo el más alto grado de autoridad, sino más aún, la expresión, el reflejo de la propia unidad de la Patria; decididamente hay algo nuevo en Portugal, e importa enfocar a plena luz la fuente de donde brotan las aguas vivas de este renacimiento.

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12 de noviembre de 2008

El Pensamiento de la Revolución Nacional (4)


por el Dr. Antonio de Oliveira Salazar



CAPITULO III

Dictadura administrativa y revo­lución política

Este discurso viene a ser un balance de la obra realizada por la Dictadura al cuarto año de su adve­nimiento. El acto tuvo lugar el 28 de Mayo de 1928, en una reunión celebrada en la Sala do Risco con asistencia de los jefes y oficiales del Ejército y la Marina.

En aquella ocasión el Dr. Oliveira Salazar, llevaba dos años desempeñando el Ministerio de Hacienda.

El desorden político, financiero, económico y social

Se dice que los reyes no tienen memoria; pero parece que los pueblos aún la tienen peor. Si se fuera a dar crédito a las cosas que por ahí se escriben y a muchas más que por ahí se dicen, los cuatro años de Dictadura que han transcurrido serian inexistentes en la historia de Portugal. En el ansia de mejoras y de mayo­res progresos, se esfuma el recuerdo de los ma­les que veníamos sufriendo, y no se aprecia de­bidamente el bien que ahora disfrutamos. Acordémonos del pasado, para hacer justicia al presente. Antes de haberse iniciado el trabajo de reor­ganización, una sola palabra — desorden — definía en todos los aspectos la situación de Portugal.

El desorden político

En la cumbre — en parte causa, en parte efecto de todos los demás desórdenes—el irregular fun­cionamiento de los poderes públicos. Fueran los que fueran el valor de los hombres y la recti­tud de sus intenciones, los partidos, las fac­ciones, los grupos, los centros políticos se creían legítima encarnación de la democracia, ejercían de hecho la soberanía nacional, y or­ganizaban, además, los movimientos sedicio­sos. La Presidencia de la República no tenia fuerza ni estabilidad. El Parlamento ofrecía permanentemente un espectáculo de desacuer­do, de tumulto, de incapacidad legislativa o de obstruccionismo, escandalizando al País con sus procedimientos y la inferior calidad de su trabajo. A los ministerios les faltaba consisten­cia; no podían gobernar incluso cuando sus miembros lo querían. La administración pú­blica, comprendiendo en ella la de los núcleos autárquicos y la de las colonias, no represen­taba la unidad, ni la acción progresiva del Es­tado; era, por el contrario, el símbolo vivo de la desconexión general, de la irregularidad, de la falta de coordinación, apta para engendrar el escepticismo, la indiferencia y el pesimismo en los mejores espíritus.
Desorden: el desorden político.

El desorden financiero

En correspondencia con éste, que envene­naba toda la vida portuguesa, existían en la me­trópoli y en las colonias el desorden financiero y el desorden económico, agravándose mutua­mente y aumentando el desorden político, en un circulo vicioso de males nacionales. No está en mi ánimo examinar minuciosamente aquel estado de desequilibrio financiero en que se absorbían todos los ingresos normales, todo el rendimiento de los nuevos impuestos y tasas votadas por el Parlamento, sin enjugar el déficit que devoraba las emisiones de billetes del Banco de Portugal y las disponibilidades de la Caja Económica Portuguesa, los bonos del Tesoro y la deuda consolidada, mientras que en el presupuesto, en la Tesorería y en las cuen­tas, los excesos de las autonomías legales o ile­gales, y los atrasos en los pagos, en las liquidaciones, en los contratos y en las estadísticas, introducían la incertidumbre y la confusión. Renuncio a fatigaros con números, pero hay una cifra que merece la pena de ser citada. Ya después de la guerra, y apesar de los esfuerzos interesantes, pero aislados, que se hicieron para remediar la situación, el déficit anual, redu­cido a oro al cambio medio de cada ejercicio, fue de cerca de cinco millones de libras esterli­nas, lo que representa, en seis años, unos treinta millones de libras, o sean tres mil millones de escudos. Y es sabido que de tan grandes sumas gastadas, fue bien modesta la parte destinada a un enriquecimiento verdadero y a una valori­zación, del activo nacional.
Desorden: el desor­den financiero.

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6 de noviembre de 2008

A Oliveira Salazar



"Había algo de monje en su talante,
blanca la mano sobre el libro abierto,
la soledad fecunda del desierto,
camastro pobre, ayuno, verbo orante.

Algo de bravo caballero andante
que en sueños vive y a la vez despierto,
algo de asceta con el gesto yerto
o la sonrisa apenas anhelante.

No discute la patria, la defiende
de la usura sin rostros humanados,
cuando las hoces siegan los sembrados,
y al trigo blanco que del cáliz pende.

Para sí nada quiere, porque entiende
al poder como oficio de abnegados.
El cetro con la cruz van hermanados:
sólo el bullicio al gobernante ofende.

La nación es su casa solariega,

ese hogar lusitano junto al río,
su cátedra, su claustro, el labrantío.
Es el imperio de la fe andariega.

Señor de la mesura a quien no ciega
el aplauso mundano del gentío.
Sacrificio es mandar, pero el bajío
remonta al agua si el amor navega.

Tiene su acción el tono esponsalicio
de los antiguos reyes medievales,
sabedor de las normas teologales,
primero en el deber y en el servicio.

Tiene acaso en Platón su natalicio
en la aldea cristiana sus puntales,
el color de las frondas terrenales
la viril inflexión del epinicio.


Siempre de pie lo vieron en Lisboa
jerárquico en la acción y en el sosiego

entre Guinea, Mozambique y Goa.

Quieto el sol sobre Fátima se afila,

quietud de un pueblo en paz y sin trasiego.
Silencio todos: Salazar vigila."

Antonio Caponnetto

4 de noviembre de 2008

El Pensamiento de la Revolución Nacional (3)


por el Dr. Antonio de Oliveira Salazar



CAPITULO II

Política de verdad
Política de sacrificio
Política Nacional



Este discurso fue pronunciado por el Dr. Oliveira Salazar, entonces sólo Ministro de Hacienda, para dar las gracias a los representantes de los Ayunta­mientos de Portugal, por la manifestación organi­zada en su honor el 21 de Octubre de 1929 a fin de expresar el reconocimento del País por la obra finan­ciera realizada. Discurso sereno y firme, de una magnífica since­ridad. El Or. Oliveira Salazar da al pueblo portugués la consigna del sacrificio, en que va a cimentar toda la obra administrativa, social y económica que es preciso realizar.


Pasa pronto el recuerdo de los hombres en la historia y en la memoria de los pueblos. Por otra parte, tampoco conviene políticamente identificar con una individualidad, por muy alta y poderosa que sea — ya que las circunstan­cias tantas veces obligan a sacrificarla — todo el futuro de una obra colectiva, máxime si la Nación ha adqurido ya la plena conciencia de su estado, y manifestado la firme voluntad de seguir las rutas de su destino. Por mi parte, estoy convencido de que la facilidad con que se han realizado ciertos actos y la rapidez con que se han obtenido determinados resultados, de­muestran que no he hecho más que traducir en hechos y en palabras, quizá con mayor preci­sión que otros, gracias a las condiciones espe­ciales de la posición en que me encuentro, las tendencias, las aspiraciones, el espíritu de re­novación y reforma del País. En un sistema de administración, en que predominaban la falta de sinceridad y claridad, afirmé desde el primer instante que se imponía una política de verdad. En un sistema de vida social en que sólo se admitían derechos, sin contrapartida de deberes, en el que la comodi­dad y la facilidad aparecían como la mejor regla de vida, anuncié, como condición necesa­ria de salvación, una política de sacrificio. En un Estado que habíamos dividido o dejado divi­dir en grupos irreductibles, amenazando el sen­tido y la fuerza de unidad de la Nación, sos­tuve, para combatir los daños y peligros que de ahí derivaban, la necesidad de una política na­cional.
Política de verdad, política de sacrificio, política nacional. He ahí lo que se ha hecho y lo que entiendo que apoyáis en vuestro mensaje. Si me lo permitís, sin embargo, voy a desar­rollar algo más nuestro común pensamiento.

Política de verdad

Al igual que la vida social, la política y la administración pública deben apoyarse en la verdad. Por temperamento, por convicción, por imperativo de mi conciencia, defiendo esta forma de dirigir y administrar. Sin embargo, la polí­tica de verdad impone a los gobernantes debe­res para con la Nación; impone deberes a la Nación para con los gobernantes; impone debe­res al legislador en la elaboración de las leyes y a los servicios en su forma de ejecución.

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28 de octubre de 2008

El pensamiento de la Revolución Nacional (2)


por el Dr. Antonio de Oliveira Salazar


CAPITULO I

Condiciones de la reforma financiera
Las primeras palabras dirigidas por el Dr. OHveira Salazar a su País, fueron pronunciadas en el Salón del Consejo de Estado el día 27 de Abril de 1928, al tomar posesión del Mtnistero de Hacienda. Se trata de una alocución muy breve, en que expone los prin­cipios fundamentales de esa restauración financiera de Portugal que despierta hoy la admiración general.

Se pregunta con frecuencia cual es el secreto de esa obra de regeneración, y cómo un presupuesto que durante tanto tiempo se había presentado como ejem­plo de desorden, ha podido ser transformado en un verdadero modelo de presupuesto ordenado.

Este discurso responde cumplidamente a la pregunta y demuestra la sencillez de los remedios aplicados a un mal que parecía incurable.



Dos palabras tan sólo en esta ocasión que ustedes, ilustres compañeros y tantas personas amigas quieren hacer excepcionalmente solemne..

Agradezco al señor Presidente del Consejo (1) el ofrecimiento que me ha hecho, con el acuerdo unánime del Consejo de Ministros, de la cartera de Hacienda, así como las amables palabras que me ha dirigido.

No tiene V. E. que agradecerme que haya aceptado el encargo, porque representa para mi un sacrificio tan grande, que por nadie lo hubiera hecho obedeciendo a móviles de favor o de amistad.

Lo hago por mi País, como un deber de conciencia, fría y serenamente cum­plido. A pesar de todo, no habría tomado sobre mi esta pesada tarea, si no tuviera la seguridad de que mi actuación podría ser al menos útil y que se me daba la seguridad de poder actuar en condiciones de eficacia.

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24 de octubre de 2008

El pensamiento de la Revolución Nacional


por el Dr. Antonio de Oliveira Salazar
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Para que sirva de prefacio

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Este libro se titula Discursos más por la facilidad del nombre que por la exactitud de la expresión. Con mayor propiedad debería deno­minarse: Trozos de prosa que fueron pronuncia­dos. Lo fueron por su autor ante auditorios más o menos numerosos, y al escribirlos originaria­mente con tal destino, no podía darles cualida­des impropias de esa finalidad.
La oratoria tiene sus exigencias y sus reglas, descubiertas por la razón y por la experiencia, y propias para la consecución de sus objetivos; pero la verdadera elocuencia no se logra con satisfacer íntegramente esas exigencias y obe­decer fielmente esas reglas. La elocuencia no es el brillo de la forma, ni la locuacidad del orador, ni la claridad del asunto, ni la corrección,ni del decir, ni la majestad y movimiento de la exposición, ni la propiedad de los gestos, ni la riqueza de las modulaciones vocales: nada de ésto por si solo, aunque ciertamente sea algo de todo ello; es por encima de todo, don misterioso de comunicabilidad por la palabra hablada, que muy pocos hombres poseen, y con el cual, según los términos clásicos, se convence, se deleita y se persuade a los oyentes. Como obra de arte, el discurso tiene sobre todas las otras la excelencia, y al mismo tiempo la fragilidad, de ser obra viva, imposible de conservarse en el tiempo: solo existe en toda su plenitud y perfección en el momento mismo en que es creada. Después, quedan los trazos de las ideas y las cenizas de las pasiones, apagadas, muertas, sin alma.
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28 de septiembre de 2008

40 Años



Don António de Oliveira Salazar rigió los destinos de Portugal, durante 40 años, desde 1928 hasta 1968, considerado fascista por la "politically correctness" mundial. Hace ya 40 años que dejó la Jefatura de Gobierno, falleciendo un año después.
El año pasado la Radio y Televisión Portuguesa lanzó un encuesta, y para su gran sorpresa , el Dr. António de Oliveira Salazar fue elegido, por abrumadora diferencia como el portugués más grande de toda su Historia. (leer aquí esta historia).
Reproducimos ahora el escrito, actual, de un portugués que lo recuerda.


Tomado de Euro-Ultramarino

2008, ano de datas redondas. 27 de abril marcou os oitenta anos da posse de Salazar como ministro das finanças. Hoje completam-se quarenta anos do seu afastamento da chefia do governo. Não posso e não quero deixar a data passar em branco. Bem disse Marcello Caetano ao substituir o Grande Homem, derrubado - e só mesmo assim! - por uma trombose: que depois de quatro décadas governados por um Homem de génio, os portugueses teriam de habituar-se ao governo de "homens como os outros". E assim foi - habituaram-se... Pois há quarenta anos rompia-se a barreira grandiosa que impedia a derrocada de Portugal. De uma era de grandes certezas passámos a um permanente estado de dúvida; da intransigência com a Verdade decidimos contemporizar com o erro; do dever sagrado de defesa dos nossos direitos preferimos oferecê-los em discussão com o mundo; da clara noção dos nossos interesses reais e permanentes optámos pelas modas enganosas e passageiras; do sacrifício para preservar o que é "nosso" saltámos animadamente à facilidade daquilo que é dos "outros". Portugal poderia (deveria?) ter sossobrado em 1926. Ou em 1928. Um fio de cabelo fino separava o país do abismo fatal. O triplo milagre da sua salvação, restauração e preservação deve-se, sem sombra de dúvida, à Providência. E o instrumento por Ela escolhido chamou-se António de Oliveira Salazar. A Obra foi realizada, o caminho seguro foi apontado, os pecados foram expiados. Mas os "homens como os outros" não estiveram à altura do Homem de génio e cinco anos e meio mais tarde, outros "homens", desta vez "pior do que os outros", despedaçaram Portugal e atiraram os pedaços para o fundo do abismo - ainda pior do que o abismo de meio século antes. Pobres de nós.

1 de septiembre de 2008

Entrevista de Bernardo Neustadt al Dr. Antonio de Oliveira Salazar



Bernardo Neustadt é uma referência jornalística na Argentina. Testemunha privilegiada e protagonista de momentos-chave na história do país, inaugurou e dominou os programas televisivos de entrevistas.

Aqui reproduz-se uma interessante entrevista concedida por Salazar a Neustadt, em Lisboa, no ano de 1968. Em junho de 2005, durante a sessão de lançamento de mais um livro que busca explicar as sucessivas crises que se vem abatendo sobre a Argentina e que culminaram com a débâcle económica e política de 2001, relatou o jornalista como o encontro com Salazar o havia marcado. Na altura sentira-se ofendido com o diagnóstico emitido de chofre pelo asceta de São Bento. O passar do tempo fê-lo reconhecer o acerto da análise e o carácter profético do juízo emitido. Hoje, arrependido de sua reacção inicial, rende homenagem diária ao estadista português.

Dizia Bismarck que os grandes povos aprendem com a experiência alheia; os medíocres, com a sua própria e que os incapazes não aprendem nunca. Os portugueses tiveram o raro privilégio de encontrar um Salazar que restaurou a Nação e recolocou-a na sua senda de destino histórico. Aprenderam a lição? Não. Optaram por deixar que um grupelho de desqualificados fizesse tábua rasa do esforço de duas gerações capitaneadas por um homem de génio.

Agora colhem os frutos bem maduros.


REVISTA EXTRA - AÑO IV - Nº 35 - JUNIO 1968
40 AÑOS EN EL PODER
Entrevista a António de Oliveira Salazar

Entre 1910 y 1926, Portugal tuvo 8 presidentes de la República, y de todos ellos, UNO SOLO, cumplió con le mandato constitucional. En esos 16 años hubo 44 ministerios, con una duración media de cuatro meses cada gobierno. Un gabinete duró 12 horas. Otros, llegaron a 8, 11, 19, 23 y 32 días. En un Portugal individualista, así de conturbado, surge a la luz pública un experto economista, Antonio Oliveira de Salazar, nacido el 28 de abril de 1889 –tiene ahora 79 años- en una pequeña aldea, Vimieiro. Hijo de unos modestos agricultores, Antonio y María do Resgate Salazar-, desde la Universidad de Coimbra, asiste al penoso proceso de desmembración de la conciencia nacional portuguesa. Entonces decide ingresar al Centro Académico de la Democracia Cristiana, para tener una vitrina ideológica. En 1914 se gradúa en derecho; en 1917, obtiene el cargo de, profesor ayudante. En 1921 es elegido diputado católico en el Parlamento, y 5 años después, se produce la revolución que encabeza el mariscal Gomes da Costa. Lo llama a Oliveira Salazar y lo designa ministro de Hacienda. Dicta una orientación; exige una severa disciplina administrativa. Las condiciones son muy duras y entonces su programa no es aceptado íntegramente. Renuncia. Dos mese estuvo en la función; Oliveira Salazar juega al TODO o NADA. Portugal sigue a los tropiezos; en abril de 1928 –ahora se cumplieron 40 años- es nuevamente convocado a gobernar; entonces exige como condición la aplicación integral de un plan económico y de una reforma total de la estructura jurídico-político que albergaba el caos portugués.

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Tomado de Euro-Ultramarino

23 de agosto de 2008

Don Antonio de Oliveira Salazar, Gobernante Ejemplar


Enviado por Aldo H. De Lorenzi, al cual agradezco.


Discurso de Braga, 1936

"A las almas desgarradas por la duda y el negativismo del siglo les intentamos restituir el consuelo de las grandes certezas.

No discutimos a Dios y su virtud; no discutimos la Patria y su Historia; no discutimos la autoridad y su prestigio; no discutimos la familia y su moral; no discutimos la gloria del trabajo y su deber [...]

Aparte del valor intrínseco de la verdad religiosa individualmente, socialmente necesitamos de lo absoluto, y no vamos a crear con nuestras manos de entre las cosas contingentes y efímeras lo que existe fuera y por encima de nosotros, ni a desviar hacia el Estado la función de decretar el culto y definir los principios de la moral. Esta actitud nos ha llevado a considerar el Poder moralmente limitado y nos ha valido para no cometer el error o el crimen de divinizar el Estado, la fuerza, la riqueza, la técnica, la belleza o el vicio. Sabedores del valor, de la necesidad en la vida de una espiritualidad superior, sin perjuicio de las convicciones personales, de la indiferencia o de la incredulidad sinceras, hemos respetado la conciencia de los creyentes y consolidado la paz religiosa. No discutimos a Dios.

No discutimos la Patria, o sea, la Nación en su integridad territorial y moral, en su independencia plena, en su vocación histórica [...] Sin recelo colocamos el nacionalismo portugués en la base indestructible del Estado Novo [...]

No discutimos la autoridad. Es un hecho y una necesidad: sólo desaparece para reconstituirse, sólo se combate para entregarla a otras manos. Es además un alto don de la Providencia, porque sin ella no sería posible la vida social ni la civilización humana [...]

No discutimos la familia. En ella nace el hombre, en ella se educan las generaciones, en ella se forma el pequeño mundo de afectos sin el cual el hombre difícilmente podría vivir. Cuando la familia se deshace, se deshace el hogar, se desatan los lazos de parentesco, y quedan los hombres delante del Estado aislados, extraños, sin protección y moralmente desnudos [...]

No discutimos el trabajo ni como derecho ni como obligación. No lo hacemos como derecho, porque sería igual a condenar a los que no tienen más que sus brazos a morir de hambre; no lo hacemos como obligación, porque sería conceder a los ricos el derecho a vivir del trabajo de los pobres. Porque de él se alimenta la vida, porque de él proviene la riqueza de las naciones y porque de él nace la prosperidad de los pueblos, el trabajo es gloria y es honra [...]"

Antonio Oliveira Salazar, discurso de Braga, 28 de mayo de 1936.