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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

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22 de mayo de 2011

Domingo Cuarto de Pascua








por el R.P. Leonardo Castellani



Tomado de Domingueras Prédicas
Ediciones Jauja
Mendoza, Rep. Argentina, 1997





LA PROMESA DEL ESPÍRITU SANTO. (1967)


"Pero ahora me voy a Aquél que me ha enviado, y ninguno de vosotros me pregunta: "¿Dónde vas?" Sino que por haberos dicho esto vuestros corazones se han llenado de tristeza. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré: y cuando él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio; en lo referente al pecado, porque no creen en mí; en lo referente a la justicia porque me voy al Padre, y ya no me veréis; en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado. Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros."
(Jn. 16,5-15)



ste Evangelio está tomado del Sermón Despedida, y está allí antes que el leído el Domingo.

Este largo recitado, que ocupa tres capítulos de San Juan, fue pronunciado en la Última Cena, desde el Cenáculo hasta el Monte Oliveto: comienza con el Mandato del Amor Fraterno y termina con la promesa del Amor Substancial, el Espíritu Santo. Es el consuelo que da Cristo a los Apóstoles que estaban contristados y temerosos; y es su última y más importante instrucción. Esta instrucción la completará el Espíritu Santo, que no añadirá nada nuevo sino que hará comprender y rememorar las enseñanzas de Cristo: "porque no hablará de lo suyo, sino de lo mío os remembrará; y os hará ver las cosas futuras", dice Cristo; lo cual se cumplió en el "Apokalypsis" de San Juan.

Este Evangelio era un enigma y un rompecabezas para los Santos Padres y Doctores antiguos; pues esos dos versículos centrales suenan a puro disparate:


"Y el Espíritu cuando viniere

Convencerá al mundo de pecado, justicia y juicio.

De pecado, pues no creyeron en mí;

De justicia, porque voy al Padre y ya no me veréis;

De juicio, porque el Príncipe deste mundo ya está juzgado".


¿Qué atadero tiene esto?

Los Santos Padres latinos y griegos, por no conocer el modo de hablar hebreo, o sea el "estiloral", al llegar aquí tropiezan y se disparan para cualquier lado; y algunos exégetas modernos, desos que no hacen más que copiar, lo mismo. Nosotros somos más dichosos, y vemos el significado, que se reduce a esto: "Os mandaré el Espíritu Santo y El os dará el triunfo". Después sigue el Evangelio del Domingo pasado: "Un poquito no me veréis; ahora estáis afligidos, pero, como la mujer que da a luz...".

De modo que los dos versículos adivinanza dicen así: "culpa, justicia y juicio" es la misma cosa, figura un Tribunal que da sentencia; en esa sentencia quedan condenados el mundo, que no creyó en Cristo y está a punto de darle muerte; y el Demonio, que no vencerá al final y ya está condenado; y eso se verá por los prodigios que sucederán después de la Resurrección y Ascensión de Cristo: "porque voy al Padre y ya no me veréis; porque no creyeron en mí; y porque el fautor principal, el Demonio, está vencido de antemano". Eso es nuestro gozo.

Si Cristo quiso decir eso ¿por qué no lo dijo así? —Pregúntenle a Él. Usó la figura que llaman los retóricos "hendíadis", que en el estilo hebreo es frecuentísima (32).

De modo que Cristo hubiera podido decirles —pero no lo dijo así; "Triunfaréis cuando yo me vaya, por obra del Espíritu de Verdad; por eso conviene que yo me vaya". Por cuarta vez promete el Espíritu Santo y por tercera vez lo llama "Espíritu de Verdad". ¿A quién promete? —A la Iglesia, que entonces constaba de doce hombres, los Doce Apóstoles.

¿Qué triunfo es ése? Si los Apóstoles después de la Ascensión van a sufrir trabajos de cuerpo y alma toda la vida; van a ser perseguidos, encarcelados y martirizados? Bien, pero por ellos la Iglesia se va a implantar, va a crecer, va a perdurar; y eso es el principio o barrunto del "gozo que nadie os podrá quitar", el gozo mismo está en la otra vida. Aprendamos la lección; ése es el triunfo del cristiano, triunfo a través del fracaso personal. Cualquier buen cristiano tiene algo de mártir.

Esta semana, para poner un ejemplo, me escribió N.N., buen escritor y mi colaborador: "Todos hemos fracasado y Ud. el primero". Yo le contesté ayer: Ud. sabrá mejor, pero yo no me siento fracasado". El caso es que él piensa "fracaso" y "éxito" en términos del mundo, y yo también a veces; pero no hay que pensar así. Así como "no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la ciudad futura" —dice San Pedro— así no tenemos éxito permanente, sino que aplazamos el éxito para más tarde. Jugamos a la redoblona: todo lo que tenemos, sobre el tapete, y O TODO O NADA; sabiendo que será todo —pero hay que esperar; en Esperanza, Provincia de Santa Fe.

El fracaso mío para N.N. es que, a Borges, por ejemplo, lo llaman el mejor escritor del mundo, le dan premios y honores, le dan casa y un gran sueldo por dirigir una cosa que no puede dirigir, traducen sus libros a seis lenguas, y los venden por millares; "y a mí nada", como dicen los chicos. Bien ¿y a mí qué me importa? ¿Envidiaré yo todo eso? Al contrario, si me lo dieran, ese triunfo de Borges, me sentiría en peligro y lo lanzaría de mí. No hay peligro que me lo ofrezcan, por lo demás.

Perdón por hablar de mí mismo, que es cosa un poco cursi: es el primer ejemplo a mano. Es el ejemplo del buen cristiano en esta vida, que no sé cómo Dios me lo da, pues no sé si soy muy bueno. Es ejemplo del triunfo del cristiano en este mundo, que no es hacer capote en este mundo mundillo: eso le toca a los falsos profetas, dice Cristo. A los no falsos, les toca ser perseguidos; y entonces encima alegrarse. ¿Alegrarse de qué? De tener algún parecido con Cristo; aunque sea mínimo, como el mío.

Dura es esta palabra ¿y quién la aguantará? La han aguantado y están aguantando desque vino el Espíritu Santo (que a ratos parece Espíritu Malo) millones y millones de personas, muy contentas y felices; que son las personas por las cuales el Universo sigue en pie y marchando; que si no existieran se derrumbaría; son "la estirpe electa; el sacerdocio regio, la gente santa" -dice San Pedro: "gemís electum, reale sacerdotium, gens sancta" —los hijos adoptivos de Dios, en quienes Dios mora.

Con perdón de la palabra, somos nosotros, loado sea Dios.


32. "La mente de Cristo vuela sobre todos esos sucesos, que son uno solo, tocando solamente las tres cúspides, que también son una sola. Cristo habla de una sola realidad, dividiéndola por gala en tres... modo de decir que los retóricos llaman "hendíadis", una figura de dicción. En la escuela nos ponían como ejemplo de hendíadis el hemistiquio de Virgilio: "Póculo bibemus et auro, beberemos en cáliz y en oro", dice el poeta, en vez de decir: "bibemus in póculo áureo, beberemos en un cáliz de oro". ¿Y por qué lo dice de la otra manera? No lo sé; son cosas de los poetas. La verdad es que la poesía antigua es mucho más apta para la hendíadis que la nuestra". (L. C., comentario a este mismo evangelio en otro cuaderno).

15 de mayo de 2011

III Domingo de Pascua







por el R.P. Leonardo Castellani


Tomado de Domingueras Prédicas
Ediciones Jauja
Mendoza, Rep. Argentina, 1997







TRISTEZA Y GOZO DE LOS DISCÍPULOS. (1967)



entro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver». Entonces algunos de sus discípulos comentaron entre sí: «¿Qué es eso que nos dice: "Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver" y "Me voy al Padre "?» Y decían: «¿Qué es ese "poco"? No sabemos lo que quiere decir». Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle y les dijo: «¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: "Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver?" «En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar.

(Jn. 16,16-22)

Este Evangelio y los dos de los Domingos siguientes están tomados sin orden del largo Sermón-Despedida de Cristo en la Última Cena.
Su exégesis he explicado varias veces. En el Comentario al Evangelio (29) me equivoqué al copiar el texto: puse primero el "me veréis" y después el "no me veréis" y es al revés: "primero no me veréis y después (de un corto plazo) me veréis": cambié de lugar el "no". Ya está corregido.
Los Santos Padres interpretan esto de dos maneras: unos dicen que el "no me veréis" es el tiempo de la Pasión y Muerte (o sea unas horas) y el "me veréis" el tiempo de las apariciones del Resucitado —o sea cuarenta días; y en este sentido se detiene Santo Tomás. Otros, como San Agustín y Beda, dicen que el "poco tiempo no me veréis" es desde la Ascensión del Señor, y el "me veréis" es la Segunda Venida. —¿Y cómo sería "poco tiempo" si en realidad es un tiempo largo el que ya ha pasado, casi 2000 años? Nos parece largo, dice San Agustín.
En realidad, el pasaje significa las dos cosas: es bivalente, como casi toda la Sagrada Escritura; y la segunda interpretación, más difícil, se debe admitir sin duda; primero por la aposición "porque voy al Padre", lo cual sucedió en la Ascensión; y segundo por la parábola de la Parturienta, que asumió San Juan refiriéndola a los últimos tiempos en su " Apokalypsis" (30); y otros argumentos que trae muy bien Juan de Maldonado en su Comentario a San Juan.
La Parábola de la Parturienta se refiere a la Iglesia (que al hablar Cristo consistía en los Apóstoles) la cual "está siempre de parto", dice San Agustín; y en el "Apokalypsis" con mayor claridad. San Juan habla allí largamente de "la Mujer con las alas de águila" perseguida por el Dragón y protegida por Dios; y primero dice da a luz un hijo varón, y después sale diciendo que tiene (además) muchos hijos, divididos en dos grupos. El Hijo Varón tiene tales características que no cabe duda es Cristo; los otros hijos en dos grupos tienen que ser los cristianos viejos y los judíos convertidos, también perseguidos por el Dragón según San Juan; pero San Juan indica primero los judíos convertidos representados en la Mujer; y después, no pudiendo alcanzar el Dragón a la Mujer, "se vuelve a perseguir a sus otros hijos, los que custodian los mandatos de Dios y mantienen el testimonio de Jesucristo"(31). De modo que se puede decir (como escribí en el Comentario del Apokalypsis) que la Mujer es Israel; no el Israel apóstata, sino el nuevo Israel convertido.
Recuerdo que un compañero de estudios me dijo una vez en Roma: "La Iglesia actual está enferma". Yo le dije: "La Iglesia siempre ha estado enferma". Dije más de lo que sabía. En efecto, el alumbramiento es una enfermedad, aunque sea una enfermedad benéfica, por lo general: aunque por excepción algunas pocas veces la mujer sucumbe; y el niño "hace su presencia en el mundo a través del cadáver de la madre" —como dijo macabramente un médico— pero en esos pocos casos es una mujer que de cualquier manera tenía que morir pronto. Este es el título de nobleza más grande de la mujer, y en realidad el más grande del mundo, creado por Dios mismo: la Maternidad. A Dios mismo se le antojó tener madre.
Así la Santa Madre Iglesia está enferma todo el curso de su historia; perdiendo hijos y engendrando nuevos hijos; acosada por persecuciones de fuera y herejías de dentro; no ha pasado un solo año en que la Iglesia no haya estado acosada por alguna dolencia; y las internas son las peores. En todas las herejías han tomado parte sacerdotes, y algunas incluso las han fundado sacerdotes: el Arrianismo creado por un Monseñor, Arrio, el Protestantismo, suscitado por un monje alemán y en Inglaterra por dos Obispos, Cranmer y Gardiner, aunque Gardiner se arrepintió y dijo: "negavi cum Petro, peccavi cum Petro sed non flevi cum Petro, negué con Pedro, pequé con Pedro pero no lloré con Pedro"; el Modernismo, cuyos fautores Tyrrell, Loisy, Bonaiutti fueron sacerdotes. De modo que lo que vemos hoy día no nos ha de espantar —sino un poquito.
Un amigo me dio el otro Domingo un artículo de la revista "Time" que narra la descompostura del Catolicismo en Holanda. Es para espantar, pues hay sacerdotes y teólogos que no dejan títere con cabeza, pues lo niegan todo: la virginidad de María, la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía, el Pecado Original y por tanto la Redención, la inspiración divina de la Escritura y por tanto, implícitamente, la Divinidad de Cristo; después de lo cual dicen muy panchos, que son católicos y no quieren separarse de Roma; solamente ellos son "católicos que piensan"; lo cual ni como chiste puede pasar. Son herejes manifiestos y cumplidos; y están contra Roma.
Pero leyendo otra vez, uno conjetura que son cuatro teólogos locos a quienes el pueblo no hace caso, y a lo mejor, ignora; que hacen mucho ruido justamente porque son locos. Mas si el pueblo les hace caso, tanto peor para los holandeses.
La enfermedad de ahora ¿es la más grave de todas y es la última; o bien es una de tantas? Pueden elegir lo que quieran, porque de cierto no lo sabemos; podría ser que pase como tantas otras esta crisis y dé lugar a un nuevo nacimiento. Podría ser que no pase y en ese caso, el nacimiento sería la Parusía, el nuevo nacimiento de Cristo indicado en el Apokalypsis; y el renacimiento de la Creación de Dios salvada definitivamente.
Ciertamente, la crisis actual de la Iglesia tiene un carácter que no han tenido las otras: es absolutamente total: total en extensión, cubre todo el mundo; total en intensidad, pues la herejía naturalística (o el "aloguismo", como la llamó Belloc) es la herejía más radical que ha existido y puede existir: falsifica todos los dogmas del Cristianismo, vaciándolos de su contenido sobrenatural, y poniendo en su lugar la adoración sacrilega del Hombre; que sabemos será la doctrina del Anticristo. Todos estos Congresos, Reuniones, Asambleas que estamos viendo son enteramente arreligiosos; naturalísticos: quieren salvar al hombre o a las naciones sin Dios; a lo más le silban a Dios como a un perrito para que venga a apoyarlos. Y no. Sin Dios pueden perder a los hombres pero no pueden salvarlos. Lo acaba de decir el Papa en su Encíclica: "Los que organizan sin Dios, organizan contra el hombre" —dice.
Bien, si esta crisis actual dará un parto saludable, Uds. lo verán. Si realmente es la última, Dios nos pille confesados —o haciendo confesión de la Fe; porque "aquél que perseverare en la Fe hasta el fin, ése será salvo".


29. "El Evangelio de Jesucristo".
30. Capítulo 12, versículos 1-6 y 13-17.
31. "Apokalypsis" 12,17.

8 de mayo de 2011

Segundo Domingo de Pascua



Sermón del R.P. Leonardo Castellani


Tomado de Domingueras Prédicas
Ediciones Jauja
Mendoza, Rep. Argentina, 1997



Imagen de las catacumbas romanas
S. III




DOMINGO SEGUNDO DE PASCUA
EL BUEN PASTOR. (1967)

"Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre."

(Jn. 10,11-18)



a Iglesia pone en medio del Tiempo Pascual la parábola del Buen Pastor o del Pastor Hermoso literalmente: "kalós" y no "agathós". Es la parábola más personal que hizo Cristo; o mejor dicho, la única personal, en la cual se retrató a sí mismo. En las demás parábolas habla de Dios Padre: Él es allí "el Hijo", que su Padre manda a los malos arrendatarios, y es asesinado por ellos. Mas esta parábola empieza con YO: "Yo soy el Pastor Hermoso".
Es de notar que es éste su retrato, Cristo implícitamente dice que es Dios: pues este nombre de "Pastor" dan los profetas antiguos a Yahveh, Dios; y aquí Cristo se autoaplica esta palabra, e incluso toma versículos de Isaías, Ezequiel y Zacarías. Pone en ellos su sello personal; diciendo una cosa que los Profetas no podían decir de Dios: "El Buen Pastor da su vida por sus ovejas"; lo cual es la máxima prueba de amor —como dijo en otra parte.
Cristo pinta aquí cómo es y será su gobierno: como el de un Pastor. En las apariciones destos cuarenta días hasta la Ascensión, Cristo asume el papel de Consolador, como dice San Ignacio; es decir, el de Pastor Bueno y Rey Magnánimo. No reprende a los Apóstoles que lo habían abandonado en su Pasión, porque los ve arrepentidos; sólo a Pedro, que había de ser la cabeza, le pide una retractación de sus tres negaciones, en una forma amable: "¿Me amas tú más que estotros?", que es una forma también sagaz: pues el Pedro fanfarrón de antes hubiera respondido sin vacilar: —Pues sí señor; te amo más que todos— como de hecho ya lo había hecho: "Aunque todos estos te abandonaren YO no te abandonaré". Pero el Pedro ya morigerado responde cercano a las lágrimas remitiéndose al juicio del Maestro: "Maestro, tú sabes que te amo". No dice ya "más que los otros". No cayó en la trampita.
De manera que éste será el gobierno de Cristo en este mundo y el mundo por venir; porque ésta es la idiosincracia de Cristo como hombre, pintada por Él mismo. "La Política de Dios y el Gobierno de Cristo" dice Quevedo.
Con este título escribió Don Francisco de Quevedo y Villegas un libro de política cristiana, imitando y también superando a Bossuet: "Política Sacada de las Sagradas Escrituras". Describió la política de la Cristiandad cuando ella se perdía, se había perdido en algunas naciones, comenzaba a perderse en España. Eso suele pasar, la gente se fija en el sol cuando se pone, los poetas describen los crepúsculos, en que el sol parece más soberano que nunca; pero es para morir. Así Cervantes escribe el Quijote cuando está muriendo la Caballería, donde a vueltas de una sátira de las novelas de Caballería encierra su admiración por el ideal caballeresco que moría. Y Dorotea Sayers encierra en una novela policial "Cloud of Witnesses" las grandes y necesarias virtudes de la nobleza cuando la nobleza inglesa desaparecía; y lo mismo que Cervantes, ella describe esas virtudes no en un loco pero sí en una familia ducal extravagante: el detective Peter Winsey, su hermano mayor el Duque de Denver, su hermana María y su madre la Duquesa, que son cuatro descentrados casi chiflados; pero llega el momento del apuro y se muestran insustituibles, con una conducta de señorío que ningún plebeyo puede tener. "Esto se va a perder; pero miren Uds. lo que pierden" parece decir la escritora.
Así, cuando comienza la decadencia de España, Quevedo recuerda con añoranza el gobierno antiguo, la política de la Cristiandad, es decir, de Cristo. Esos dos Reyes que le tocaron, Felipe III, Felipe IV, eran dos irresponsables: Felipe III fue el primer Rey católico que hizo la inflación de la moneda; Felipe IV se metió en alianzas funestas y guerras insensatas; pero no fueron ellos propiamente sino los dos favoritos, el Duque de Lerma y el Conde Duque de Olivares, que eran los que gobernaban en realidad —y cuyos gobiernos fueron desastrosos. Por eso Quevedo en su obra habla continuamente del problema de los "ministros" (que los españoles llamaban "validos") y exhorta a los Reyes a no entregarse a ellos. La primera parte de su "Política de Dios, Gobierno de Cristo y Tiranía de Satanás" es una catilinaria embozada contra el ineptísimo gobierno de Lerma, ministro inepto y ladrón; el cual acabó por mandarlo a la cárcel. Librado con gran trabajo cuando subió Olivares, bajo Felipe IV, no dejó un momento de censurar el mal gobierno del país, y fue dos veces más a la cárcel; y murió en ella.
El libro de Quevedo no podía aprovechar a los dos Felipes —últimos de la casa de Austria: Felipe III fue débil, perezoso ignorante y beatón; Felipe IV, más capaz, fue un desatado libertino, a quien se podía tener quieto presentándole mujeres livianas. ¿Para quién escribió Quevedo? ¿Para la posteridad? La posteridad no le ha hecho caso. Digamos escribió para la eternidad, para la cual escriben todos los grandes escritores.
¿En qué consiste pues este gobierno de Cristo? En una palabra: consiste en la justicia con los pobres y la piedad con los ricos (no al revés, como parecería debe ser) y el rigor con los malos magistrados, sobre todo los malos ministros. El gobierno descrito por Quevedo, que parece complicado, es en su espíritu el gobierno del Buen Pastor. En el capítulo XVIII pregunta a quién han de ayudar y para quién nacieron los Reyes. Y responde: "para los pretendientes, los beneméritos (o sea los que tienen méritos), los agraviados, los oprimidos, los pobres y las viudas", —lo que dice el profeta Ezequiel que hace el Buen Pastor: acude primero a las ovejas desvalidas.
Durante estos malos aires de España nació la ciudad de Buenos Aires. Lo peor que había entonces en España (en medio de muchas cosas buenas) era la adulteración sutil de la religión, que se esclerotizaba, se volvía exterior, se entibiaba en la fe y se "iba en vicio", es decir, en follaje. El ejemplo lo tenemos a la vista: Quevedo era un hombre rebelde, iracundo y procaz en el hablar (no tanto empero como se cree) pero tenía una genuina fe sobrenatural, iluminada y actuante; al frente de él se hallaban Felipe III con sus novenas y medallitas y Felipe IV que en medio de sus liviandades se carteaba con una monja santa, la Beata María de Agreda, para aparecer como cristiano; lo mismo que la Reina Isabel II, la Reina más libidinosa que hubo en España, que tenía por confesor a San Antonio María Claret —a quien no hacía el menor caso. Estos no tenían genuina fe, en medio de sus aspavientos de devoción y religiosidad; que era superstición.
Así que en este país tuvimos una pesada herencia: por un San Francisco Solano, muchos Felipes, Lermas y Olivares; y no el gobierno de Cristo, sino un despotismo ilustrado, como ahora. El que va a reconstruir el país, si acaso, no será un Economista, sino un hombre religioso y un Dictador Agobiado; es decir, un hombre a quien le duela la Argentina, entrañablemente, y que cargue en sus hombros por amor de Cristo una carga que no pueda llevar. Y nosotros lo único que podemos hacer es rogar a Dios por ese tal hombre. Digo mal, podemos más: podemos gobernarnos en nuestro pequeño círculo por la política de Dios y el gobierno de Cristo, que es gobierno de justicia y caridad de Pastor Hermoso; tener en su alma sed de justicia y sabor de caridad, eso puede el más humilde de nosotros.

1 de mayo de 2011

Domingo "In Albis"




por el R.P. Leonardo Castellani


Tomado de Domingueras Prédicas
Ediciones Jauja
Mendoza, R. Argentina, 1997


DOMINGO "IN ALBIS"
Primera aparición a los discípulos. (1966)


"Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.-» Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.» Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.» Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.»"
(Jn. 20,19-25)

anto Tomás Apóstol se ha hecho famoso; y con razón: hasta en el "Martín Fierro" sale. ¿Quiénes son hoy día los que tienen la misma actitud de Tomás Apóstol frente a la Resurrección? —Todos los cristianos, dice el autor suizo Dürrenmatt. No es verdad...
Dürrenmatt, que es ahora festejado en Buenos Aires, escribió una fantasía, cuyo argumento es un hombre que muere y resucita —dos veces— y no quiere creer que ha resucitado. "Yo de haber estado muerto no me acuerdo. Me lo dicen los otros; yo no creo a los otros". Dürrenmatt comenta su obra diciendo que es un símbolo de la actitud de los cristianos frente a la Resurrección: viven como si Cristo no hubiese resucitado —dice. Si dijera que ésa es la actitud de los diarios, tendría razón. Pero muchos cristianos creemos en Cristo y en su resurrección, si no con mucho fervor y sí con vacilaciones, y olvidos sobre todo, almenos con fe verdadera; y notemos que los Apóstoles creyeron también así un tiempito, a pesar de haber visto a Cristo resucitado; Santo Tomás el primero. Parecían no acabar de creer.

Pero el mundo moderno está descristianizado, dice Dürrenmatt. Por desgracia es así: el ambiente está descristianado y las masas están descristianadas, dijo San Pío X; pero no todos nosotros. ¿A qué se debe esta descristinación? A muchas causas y entre ellas al periodismo. Esto me da ocasión para decir mi copla acerca del periodismo argentino, que hace mucho tengo montado en las narices; quizás porque yo mismo fui periodista; y espero que con esto Dios me perdone.

Ño voy a decir que el periodismo sea malo en sí mismo: no lo es; pero tal como se practica hoy en lo más del mundo es nefasto.

¿Por qué? ¿Qué tiene Ud. contra "La Prensa" y "La Nación", "El Mundo" y "El Clarín"? Por mí no tengo nada: agradecimiento a veces. Pero el periodismo actual se dirige a la MASA y forma la masa y es sustentado por la masa; y la masa es mala. Un hombre masa no puede ser cristiano: para ser cristiano tiene que salir de la masa y volverse "singular", es decir, persona. El volverse cristiano es una operación propia, que la masa no puede hacer por él. El hombre-masa es el que vive como todos, camina como todos y piensa como todos; es decir, ni vive ni camina ni piensa; y para volverse cristiano hay que tener un mínimum de vida, camino y pensar propio. Y entonces ¿las masas de otros tiempos, cuando todos los hombres eran cristianos? No había masas propiamente en aquellos tiempos. La masa no es idéntica con los obreros, los pobres, los humildes, "la chusma" que dicen , en todos los estratos sociales hay hombres-masa; y quizás más en los estratos superiores que en los de abajo.

Los diarios dispensan a la masa del pensar; que es la cosa más necesaria, penosa y peligrosa que existe. Un escritor francés que fue un gran periodista dijo: "¿Qué es el periodismo? El periodismo consiste en un hombre que no sabe nada de nada y enseña a dos millones de hombres que no saben nada de nada; y todos ellos creen que saben". Podía haber añadido que el que enseña a los dos millones es anónimo, no firma, es irresponsable, primero; y segundo, que ni siquiera puede decir lo que quiere, sino debe decir lo que el dueño del diario quiere; el cual dueño es más anónimo que él; y generalmente, más ignorante. Como ven, esto es un máximo desorden con respecto a la Verdad. El que enseña debe ser esclavo de la Verdad, y no de "La Nación, Sociedad Anónima de Responsabilidad Limitada" con asiento en Nueva York.

Gracias a Dios hay periodistas que son buenos, virtuosos, inteligentes y que se esfuerzan por la verdad y el bien; y aquí le saco el sombrero a Don Lautaro Durañona, a Don Carlos Suárez Pinto y a Don José Luis Torres, muertos ya; pero estaban por fuerza dentro de la maquinaria; y murieron aplastados por ella. Lo malo es la maquinaria anónima: por causa del anonimato pueden entrar en ella toda clase de aberraciones y desviaciones: y de hecho entran. La verdad no puede ser confiada a una maquinaria.

"Pero eso son exageraciones: "La Nación" y "La Prensa" han publicado el otro Domingo artículos sobre la Resurrección de Cristo..." Publicaron telegramas de Roma de cómo se celebró allá la Resurrección de Cristo, para ser exactos. Pero supongamos hubiesen publicado un artículo mío sobre la Resurrección de Cristo ¿y el resto del año? El resto del año están escritos como si Cristo no hubiera resucitado, como si un Dios no hubiese bajado a la tierra, como si Dios no existiese. Eso en un país cristiano no es tolerable. NO somos un país cristiano; o por lo menos, no tenemos gobiernos cristianos. O más exacto todavía, aquí existen, coexisten o contraexisten dos países contrarios.

El año 1946 me pidieron de "La Nación" un artículo para el Domingo de Pascua. Escribí el artículo titulado "El Jardín del Edén" (26) . Fue rechazado y sustituido por un artículo de la escritora judía María Rosa Lida (q.e.p.d.) que hablaba sobre la Pascua judía y decía que la Resurrección de Cristo era un símbolo de la primavera. No me devolvieron el artículo y poco tiempo después nos echaron, a mí y algunos amigos, incluso el gran periodista Miquelarena, porque habían recibido órdenes de la oculta dirección, residente en Norteamérica, de echar a todos los "nazis". Yo creía que el autor de la medida era Alberto Gerchunoff; pero Miquelarena me dijo en Londres que eran órdenes de Norteamérica.

No les guardo inquina alguna, ni me acordaba ya deso; sólo quería decir que la dirección de los diarios es oculta, los que escriben son ocultos y lo que escriben sirve a designios ocultos.

¿Y a Ud. qué le importa, si le dan información buena y lo enteran de noticias verdaderas? ¡Ay Dios mío! ¿Uds. olvidan la selección de las noticias; y de que se puede mentir con la verdad? Las noticias vienen ya seleccionadas por las agencias noticiosas internacionales, casi todas anticristianas; y después entra a tallar "éste quiero, éste no quiero" el llamado "inflador" de telegramas; el cual pone éste y descarta el otro; hincha éste y reduce el otro; y elige éste y no el otro para los "titulares" —o letreros.

Martínez Zuviría llamaba a la Guerra Civil Española "la Guerra de los Titulares"; porque los diarios traían por ejemplo un título grandote en primera página: "Los leales son inexpugnables en Madrid"; y allá en la quinta página un telegramita chiquitito que decía: "Los rebeldes de Franco han dispersado un regimiento de leales y tomado a Badajoz". Los rebeldes de Franco eran en realidad los vencedores ese día, pero todo el mundo creía que los vencedores eran los leales de Largo Caballero. ¡Leales a Rusia! Una monja que tiene don de profecía (según ella) me dijo que al diario "La Nación" lo van a quemar los Comunistas.

Si no hicieran los diarios más daño que la disipación, ya sería bastante. Voy al zapatero a que me ponga medias suelas, y me pregunta el zapatero: "¿Qué me dice de la guerra del Vietnam?" —Y Ud. ¿qué diablos tiene que hacer con la guerra del Vietnam? Y les prevengo que mi zapatero tiene mucho más sentido común que Leónidas de Vedia y Mallea, los directores de "La Nación", Suplemento. Esto es disipación mental, lo que decía el otro: "no saben nada de nada y creen saber". Dice la Escritura: "Porque te has disipado como agua, no crezcas" —y también: "Con desolación está desolada la tierra, porque nadie hay que reflexione en su corazón". La disipación que siembran los diarios consigue hacer perder a las masas el hábito y el poder de reflexionar en su corazón; es decir, sobre sí mismos y no sobre el Vietnam.

¿Quién es más deletéreo, el periodismo, los politiqueros, el Liberalismo o la masa? ¡Pero si los cuatro son la misma cosa!

No exageremos: el periodismo es sanable, de hecho hay periodismo sano en tres naciones hoy día. Dios hizo sanables a las naciones, dice el "Libro de la Sapiencia" (27); y cuando una nación se sana, sanifica todas las cosas que ella encierra; eso hemos de pedir a Dios para la Argentina. Pero mientras eso no acaezca, le diremos al gran periodismo, al diario de mayor tiraje de Sudamérica: "Vos me contás que en Vermont, Illinois, Estados Unidos, un hombre se comió en dos días un buey entero; que en Filadelfia un doctor cura el cáncer con inyecciones de hormigas machacadas; y que el General Onganía se ha leído todas las obras de Sarmiento; pero yo frente a vos tengo el planteo de Santo Tomás Apóstol: "Si no lo veo no lo creo". Chau, Varela (28).


(26). N. del E.: Es el primer artículo de Conversación y Crítica Filosófica, Espasa Calpe, Bs. As., p. 11 y sgts.
(27). Sab. 1,14.
(28). "La masa, que desde que existe el hombre jamás ha sido tan sugestionable, se ha convertido en juguete de la "opinión pública" fabricada y amañada por la prensa diaria al servicio del mundo financiero dominante (Castellani, Filosofía Contemporánea, inédito).
"Chesterton fue un periodista de una clase ahora desaparecida: escribía exactamente lo que deseaba escribir, manifestando sus pensamientos con absoluta libertad. En su tiempo tuvo lugar aquella revolución inmensa que hizo del periodista "un hombre que redacta artículos al dorso de un aviso", como él mismo decía. "En una ocasión el dueño de un diario le manifestó con una sonrisa radiante que 'las oficinas de la prensa son ahora exactamente iguales a cualquier otro local comercial'. Y era una afirmación enteramente verdadera. La misión del diario se transformó en no alarmar al lector y mantenerlo tranquilo. La prensa comenzó a poner el énfasis en los aspectos frivolos de la vida para que los lectores viviesen despreocupados y compraran los productos ofrecidos por los anunciantes" (A. L. Maycock, "The Man Who Was Orthodox", págs. 15 y 23 - La cita está abreviada).
Además de mantener desinformada a la sociedad, el Gran Dinero organiza la diversión. "En nuestra civilización mecánica urbana... los hombres no son capaces de encontrar el gozo por sí mismos, y entonces deben ser divertidos por otros. No encuentran el gozo por sí mismos, como tampoco se gobiernan a sí mismos, porque no son libres y no se poseen a sí mismos. Tienen que alegrarse de algo que no viene de su interior sino que le es proporcionado por una clase de hombres más ricos, más astutos o más científicos que el hombre común. Lo mismo sucedía en la decadencia de Roma, cuando el populacho semiesclavo reclamaba al Emperador pan y circo" (G. K. Chesterton, "Objections to the Cinema", en The Illustrated London News, 19-VII-1920).
Y "La Nación" del 9-XI-96 trae afirmaciones del lingüista norteamericano Noam Abraham Chomsky que concuerdan con lo que el P. Castellani y Chesterton escriben sobre los medios de comunicación. Chomsky sostiene que ellos están alienados en la defensa del sistema y del poder: hablan de mundo libre o de libre empresa en lugar de capitalismo; de pacificación cuando se trata de imposiciones; de interés nacional cuando se pretende preservar el interés de los poderosos. Y esto es así porque los medios son empresas que comparten intereses y negocios con otras empresas. La función de la educación, la prensa y la producción intelectual es asegurar la obediencia por medio del adoctrinamiento.
"Nadie puede desconocer hoy que la humanidad sedicente civilizada y con ella todo el resto, se encamina rápidamente hacia una mecanización, que se asemeja punto por punto al mecanismo histérico. ¿Quiénes son los que gozan hoy de independencia de juicio? Solamente los espíritus excepcionales... Los ciudadanos libres son en realidad títeres" (Castellani, loc. cit.).
La causa de tal desorden es el rechazo de la Sabiduría: sólo la Verdad puede hacernos libres, mas hoy la luz no inspira el gobierno ni la vida social, y la prédica de los pseudo-profetas instalados en los medios de comunicación social lanza a los hombres desvitalizados a la esclavitud. Por ello Chesterton se preguntaba si en el mundo moderno hay alguna institución que haga el mal en escala tan gigantesca como la prensa.
Sobre el hombre-máquina, ver la nota 3 de "¿Un psicanálisis Aristotélico?", en Freud, Ediciones Jauja, Mendoza, 1996, págs. 193-194.

24 de abril de 2011

Domingo de Pascua de Resurrección


por el R.P. Leonardo Castellani


Tomado de Domingueras Prédicas II
Ediciones Jauja
Mendoza, R. Argentina, 1998






"Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamarle. Y muy de madrugada, el primer día de la semana, a la salida del sol, van al sepulcro. Se decían unas otras: « ¿Quién nos retirará la piedra de la puerta del sepulcro? » Y levantando los ojos ven que la piedra estaba ya retirada; y eso que era muy grande. Y entrando en el sepulcro vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron. Pero él les dice: « No os asustéis. Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí. Ved el lugar donde le pusieron. Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro que va adelante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo.» "
(Mc. 16, 1-7)


a Pascua es la fiesta más grande de los cristianos como lo era y lo es de los judíos: para los judíos festejaba la liberación de la esclavitud en el Egipto; para los cristianos festeja la liberación de la Muerte: Pascua de Resurrección.
¡Aleluya! La Iglesia quiere que nos alegremos y hace todo lo posible para que nos alegremos: es la Pascua Florida. En Europa cae en la estación de las flores; aquí en el hemisferio Sur, las estaciones están cambiadas y las fiestas litúrgicas caen a contrapelo: la Navidad en verano, el Corpus en invierno y la Pascua en otoño; pero esto último está bien: el otoño es la estación de los frutos: no es Pascua Florida, es Pascua Frutal; y San Pablo compara la resurrección de la carne a los frutos (1). Sembramos una semilla y muere, como hemos muerto al mundo y al pecado —por lo menos así lo prometimos en el Bautismo—; y Dios a ese granito de trigo enterrado le da cuerpo en muchos otros granos: le da flor y fruto. La flor no es el último fin de la planta: representa nuestras buenas obras en nuestra vida. El fruto es el final de la planta: el fruto de nuestra vida es la resurrección.
San Pablo dijo: "Sí Cristo no resucitó, somos los más desdichados de los hombres: nuestra fe es vana, vana nuestra esperanza. " (2) La condicional contraria es verdadera: "Si Cristo resucitó, somos los más felices de los hombres"; o "los menos desdichados", si quieren. Porque el que cree que su cuerpo va a resucitar sano y glorioso y su alma semejante a Dios, ¿qué trabajos, qué desgracias, qué aflicciones no podrá superar, incluso con alegría? Cúlpense a sí mismos los cristianos que se aplastan o desesperan bajo los contrastes desta vida: tienen en sus manos un remedio que no usan, la fe en la Resurrección. —¿Por qué no prevalece tu fe? —Porque tengo poca fe. —¿Por qué tienes poca fe? —Porque Dios no me la da. —¿Por qué no oras entonces? "¿Está afligido alguno de vosotros? ORE", dice el Apóstol Santiago (3).
¿Cómo sabemos que Cristo resucitó? Es un hecho histórico; es también un hecho metahistórico, por encima de la historia, por ser un hecho sobrenatural, milagroso; digamos "increíble"; pero es un hecho histórico, es el hecho histórico que tiene más peso de testimonio histórico que todos los otros hechos históricos del mundo. Si alguno hoy no creyera que Cristóbal Colón existió, sería tenido por loco; y hay mayor testimonio histórico de la Resurrección de Cristo que de la existencia de Colón. ¿Entonces los que no creen en Cristo son locos? Son peor que locos, son impíos. Pues para creer en Cristo es necesario, además de la evidencia histórica (que hay que saber), encima un acto de fe, que éstos se niegan a hacer. Dicen: —Porque la resurrección de Cristo es contra la razón. —Es sobre la razón, no es contra la razón. —Me basta que sea sobre la razón para negarla. —Culpablemente la niegas.
Basta la evidencia histórica para que uno no pueda negar la existencia de Colón; pero no basta la evidencia histórica para forzarnos a creer en la Resurrección: basta para que yo pueda creer, pero no basta a forzarme a creer, como en el otro caso. Falta un acto de mi voluntad, hay que dar un salto, de la evidencia a la creencia; o un pequeño vuelo. Los que no quieren dar ese salto dan muchas veces un salto contrario, hacia abajo de la razón, hacia el absurdo.
La fe es libre, no es forzada; la evidencia natural es forzosa o forzante. Por eso existen y han existido durante veinte siglos incrédulos que dicen: "No resucitó", y creyentes que afirman, incluso con su vida y con su sangre: "Sí, resucitó". Como dice San Pablo: "¿Para qué me estoy matando yo aquí, si Cristo no resucitó?" Ponía su propia vida como testimonio (4).
¿Cuál es la evidencia histórica que tenemos de la Resurrección? La indicaré brevemente (porque el tiempo es breve) en cuatro cabezas:

I - Han escuchado el Evangelio de hoy: es una narración seca y escueta de la aparición de Cristo a las Mujeres que fueron al sepulcro la mañana del Domingo. Los cuatro Evangelios son así: son crónicas secas y escuetas de hechos pelados, anotados sin emoción y sin comentarios: no hay signos de admiración ni de alegría ni de tristeza, no hay epifonemas, no hay exclamaciones; son más "objetivos" (como dicen hoy) que la crónica de la guerra del Peloponeso por Tucídides. Estas cuatro crónicas independientes cuentan después de esta "aparición" de Cristo vivo, otras nueve apariciones, una dellas a más de 500 discípulos juntos, el día de la Ascensión. Tenemos pues cuatro documentos históricos, fidedignos, de primer orden, que nos relatan la Resurrección de Cristo (5).

II - Los Apóstoles, que estaban derrotados y aterrorizados, después del Domingo de Pascua se vuelven valientes como leones, más valientes que leones. Se ponen públicamente a predicar la Resurrección del Maestro: son arrastrados al Tribunal, condenados, azotados, uno dellos muerto, Santiago el Menor; los fieles que creen en ellos son despojados de sus bienes, excomulgados, perseguidos, algunos dellos muertos, como San Esteban; y no cejan, sino que aumentan cada día. "Creo a testigos que se dejan matar" —dijo Pascal. Muchos dellos eran testigos presenciales, dice San Pablo en el año 57: "Y algunos dellos todavía viven. " (6)

III - El año 323 "todo el mundo era cristiano" (7) (ya San Pablo dijo esta frase), es decir, el Imperio Romano, todo el mundo civilizado. Existían manchas de "paganos" en los "pagos" o poblachos, que se iban convirtiendo al Cristianismo. Existían herejías, que eran combatidas y eran vencidas todas. Existían algunos incrédulos, contra los cuales San Agustín hacía su famoso argumento de los Tres Increíbles, que dice así:
"Hay tres Increíbles: increíble es que un hombre haya resucitado de entre los muertos. Increíble es que todo el mundo haya creído ese Increíble. Increíble es que doce hombres rudos, ignorantes, desarmados y plebeyos hayan persuadido a todo el mundo, y en él también a los sabios y filósofos (de los cuales San Agustín era uno), de aquél primer Increíble. ¿El primer Increíble no lo queréis creer? El segundo no tenéis más remedio que ver, y no lo podéis negar. De donde por fuerza tenéis que admitir el tercero, es decir que los doce Apóstoles han convencido al mundo; y éste es un milagro tan grande como la resurrección de un muerto."
Estos Tres Increíbles de San Agustín son lo que el Concilio Vaticano I llamó "el Milagro Moral de la Iglesia"; que solo él basta a probar la verdad de la Iglesia; y de la Resurrección que ella predica.

IV - De entonces acá, la mayor y la mejor parte del mundo, la raza blanca de Occidente, es decir Europa y América, ha creído durante quince o dieciséis siglos en la Resurrección; y los hombres sabios dentro della (8). Que un día esa muchedumbre de millones y millones va a desaparecer, y quedarán muy pocos que crean firmemente en la Resurrección, yo lo sé; pero eso durará solamente tres años y medio: la Gran Apostasía que precederá a la Segunda Venida (9).

Ése es el fundamento de nuestra fe. ¿Qué dicen los incrédulos contra él? Lo mismo que dijeron los judíos el siglo I, dos disparates que no tengo tiempo de refutar y pondré solamente delante de la consideración de Ustedes; esto basta: son disparates manifiestos.
Primero, dicen que los Apóstoles vinieron y robaron el Cuerpo de Jesús y lo ocultaron: no pudieron negar los judíos que el Sepulcro estaba vacío. Los Fariseos dieron dinero a los Guardias del Sepulcro para que atestiguasen eso: "que estando nosotros dormidos, los Apóstoles robaron el Cuerpo." (10) "¡Oh ciegos —dice San Agustín— que traéis testigos dormidos para atestiguar un hecho que pasó estando ellos dormidos!"
Segundo, que Cristo estaba vivo, y se levantó con una lanzada en el corazón y todo, levantó la enorme lápida del sepulcro, y disparó; o bien estaba bien muerto y se pudrió allí en el sepulcro, y los Apóstoles después tuvieron alucinaciones visuales y auditivas e incluso táctiles todo junto (lo cual médicamente es imposible), incluso 500 hombres juntos. Eso lo dice, por ejemplo, un libro muy malo, que ha salido traducido entre nosotros, del inglés Lawrence, Editorial Losada: es un libro blasfemo y obsceno. Una curiosidad diré: resulta que una revista católica, hecha por religiosas, la revista "Señales", lo recomendó. ¿Por qué? Por un error que yo no puedo comprender. Les escribí una carta avisándoles del error, y se enojaron conmigo. También dice lo mismo el voluminoso "Esquema de la Historia" de Herbert George Wells, también traducido y que corre entre nosotros: una historia plagada de gordos errores históricos (11).
Esas dos hipótesis (que son dos gordos absurdos) las dejo al sentido común de Ustedes.
Este hecho histórico es el fundamento de nuestra fe. Pero como dije, hay que hacer actos de fe: hay que alimentar la fe, que si no, languidece, y aun perece, tan amenazada y combatida como está hoy día. El cristiano tiene obligación grave de hacer actos de fe, que es su primera obligación para con Dios; y cumplimos con esa obligación cuando rezamos con atención y devoción el Credo, como dentro de algunos minutos: "Creo que resucitó dentre los muertos; creo en la resurrección de la carne."



(1). I Corintios 15, 36-44.
(2). Ibíd. 15, 19 y 17.
(3). 5, 13.
(4). En II Corintios 11, 23-29 San Pablo hace un impresionante inventario de sus padecimientos por el Evangelio: "Trabajos, cárceles, azotes, muchas veces en peligro de muerte. Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno. Tres veces fui azotado con varas; una vez apedreado; tres veces naufragué; un día y una noche fui náufrago en el mar. Viajes frecuentes; peligros de ríos; peligros de salteadores; peligros de los de mi raza; peligro de los gentiles; peligros en ciudad; peligros en despoblado; peligros por mar; peligros entre falsos hermanos; trabajo y fatiga; noches sin dormir, muchas veces; hambre y sed; muchos días sin comer; frío y desnudez. Y aparte de otras cosas, mi responsabilidad diaria: la preocupación por todas las Iglesias. ¿Quién desfallece sin que yo desfallezca? ¿Quién sufre escándalo sin que yo me abrase?"
(5). En "Semillas de Heléchos y Elefantes", Lewis contrapone el carácter legendario de ciertas historias del Antiguo Testamento a la narración evangélica: "El Libro de Jonás es un relato cuyas referencias históricas, incluso las aparentes, son tan escasas como las del Libro de Job; grotesco en sus incidentes, y con una veta perceptible -aunque por supuesto edificante- de humor típicamente judío. Luego vuélvanse al Evangelio de San Juan. Lean los diálogos: el que Jesús mantuvo con la mujer samaritana junto al pozo (4, 1-26), o el que sigue a la curación del ciegonato (9, 8-41). Miren las imágenes. Jesús (si se me permite usar la palabra) garabateando en el suelo (8, 8); la inolvidable expresión "éen dé nyx" ("Era de noche", 13, 30). He estado leyendo poemas, ficciones, escritos de visionarios, leyendas, mitos toda mi vida. Sé cómo son. Sé que ninguno de ellos se parece a esto. De este texto sólo hay dos juicios posibles: o esto es reportaje -bien ajustado a la realidad-, o algún escritor ignoto del siglo II, sin predecesor ni sucesor conocido, repentinamente anticipó toda la técnica de la narrativa moderna, novelesca, realista. Si esto es falso, debe ser narrativa de esta clase. El lector que no ve esto, sencillamente no ha aprendido a leer. Le recomendaría la lectura de Auerbach*"(la cita está abreviada).
(6). I Corintios 15, 6.
(7). En el 311 un edicto ordenó el cese de la persecución a los cristianos en todo el Imperio. Dos años después el edicto de Milán estableció una serie de disposiciones muy favorables a la Iglesia. En el 321, Constantino ordenó el descanso dominical de los tribunales y trabajos corporales, y en mayo del 323 promulgó una ley que castigaba severamente a quienes obligasen a los cristianos a tomar parte en los sacrificios paganos.
(8). En otra homilía sobre este mismo Evangelio Castellani escribe: "El mal es siempre estúpido; la impiedad, aunque se revista o disfrace de ciencia, es necedad: 'Dijo el necio en su corazón: No hay Dios' (Psalmo 13, 1; 52, 1). Si Cristo no resucitó, tendríamos que abdicar de nuestra razón; porque la Resurrección de Cristo está conectada con todo lo que siguió después en la Historia hasta nuestros días; y si la Resurrección es una patraña cualquiera, todo eso se vuelve no solamente incomprensible sino insano y demente; toda la Historia. 'El terremoto de la mañana de Pascua', le llaman; es un terremoto que dura hasta hoy."
(9). Sobre la Gran Apostasía, ver Lucas 18, 8; // Tesalonicenses 2, 3; Apokalypsis 11, 3; 12, 6.
(10). Mateo 28, 13.
(11). Hilaire Belloc escribió un libro en que señala los errores del "Esquema", y como consecuencia de ello la obra de Wells perdió el crédito científico

* Erich Auerbach, "Mimesis. The Representation of Reality in Western Literature", traducido por Willard R. Trask, Princeton, 1953.

10 de abril de 2011

Domingo 10 de Abril, 5º Domingo de Cuaresma, Domingo de Pasión.






por el R.P. Leonardo Castellani


Tomado de Domingueras Prédicas II
Mendoza, República Argentina, 1998










l Señor dijo a los judíos: «¿Quién de vosotros puede probar que soy pecador? Si digo la verdad, ¿por qué no me creéis? El que es de Dios, escucha las palabras de Dios; vosotros no las escucháis,
porque no sois de Dios.» Los judíos le respondieron: «¿No decimos, con razón, que eres samaritano y que llenes un demonio?» Respondió Jesús: «Yo no tengo un demonio; sino que honro a mi Padre, y vosotros me deshonráis a mí. Pero yo no busco mi gloria; ya hay quien la busca y juzga. En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi Palabra, no verá la muerte jamás.» Le dijeron los judíos: «Ahora estamos seguros de que tienes un demonio. Abraham murió, y también los profetas; y tú dices: "Si alguno guarda mi Palabra, no probará la muerte jamás." ¿ Eres tú acaso más grande que nuestro padre Abraham, que murió? También losprofetas murieron. ¿Por quién te tienes a ti mismo?»]esús respondió: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada; es mi Padre quien me glorifica, de quien vosotros decís: "El es nuestro Dios", y sin embargo no le conocéis, yo sí que le conozca, y si dijera que no le conozco, sería un mentiroso como vosotros. Pero yo le conozco, y guardo su Palabra. Vuestro padre Abraham se regocijó pensando en ver mi Día; lo vio y se alegró.» Entonces los judíos le dijeron: «¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abraham?» Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: antes de que Abraham existiera, Yo Soy.» Entonces tomaron piedras para tirárselas; pero Jesús se ocultó y salió del Templo.
(Jn. 8, 46-59)


l Evangelio de hoy es un fragmento de un largo diálogo dramático que ocupa casi un capítulo entero de San Juan, antes de la Pasión.

Es paralelo del otro diálogo que expliqué hace dos Domingos, cuando los judíos acusan a Cristo de estar endemoniado, después de curar Él al endemoniado mudo, en el cual hace Cristo un sermoncito sobre el Demonio(1); aquí hace un sermoncito sobre el Pecado contra el Espíritu. En aquel sermón afirma Cristo que "el Reino de Dios ha llegado" con Él; en éste afirma su Divinidad dos veces; y a la segunda intentan matarlo por blasfemo. "En verdad os digo que Abraham, que decís es vuestro padre, deseó ver mi día, y lo vio y se regocijó —y vosotros queréis matarme, simplemente porque digo la verdad." "¿No tienes todavía 50 años y has visto a Abraham?" "En verdad os digo, antes que Abraham existiera, YO SOY." Yo soy Eterno. Concuerda con lo que dijo poco antes: "¿Quién eres Tú?" "El Principio, que habla ahora con vosotros"(2), el Principio de todo, el Eterno.

¿Cuál es el Pecado contra el Espíritu Santo, que no tiene perdón ni en el cielo ni en la tierra? Éste es el enigma más grande que hay en toda la Escritura —dice Juan de Maldonado. No es tanto como eso. Lo dice porque San Agustín enumeró cuatro pecados contra el Espíritu Santo, y en otro lugar los cambió, y en otro lugar enumeró siete. Pero Jesucristo no dijo que había cuatro pecados contra el Espíritu sino que había uno y que estaba allí presente, el fariseísmo.

Los cuatro pecados que asigna San Agustín son: primero, rechazar la verdad conocida; segundo, envidia de la gracia de otros; tercero, presunción de salvarse sin merecimientos; cuarto, lo contrario: desesperación de salvarse. Éstos cuatro son fariseísmo, consecuencias de esa soberbia religiosa que llamamos fariseísmo; y los cuatro los cometían los fariseos.

Rechazar la verdad conocida, y allí estaban viendo a Cristo hacer milagros y para rechazar sus milagros inventando el absurdo sacrilego de que estaba endemoniado.

Envidia de la gracia ajena, pues tenían envidia de la obra salvadora de Cristo y querían sustituirse a Él metiéndose a salvadores, endiosándose.

Presunción de salvarse sin merecimientos, pues no sólo creían se iban a salvar, sino ya salvados, santos, confirmados en gracia con esa su religiosidad externa y falsificada, que no era merecimiento sino desmerecimiento.

Desesperación de salvarse, en la cual cayó Judas, y sin duda cayeron muchos déstos, porque la desesperación es el otro extremo del engreimiento y los dos son soberbia y son como un subibaja.

Dios perdona todo pecado si el pecador se arrepiente, "aunque tus pecados sean más rojos que la sangre."(3) ¿Por qué dice Cristo entonces que este pecado no se perdona? Porque el pecador no se arrepiente: este pecado cierra la puerta al arrepentimiento. La soberbia es el peor de los pecados; de suyo endurece el corazón; y si la soberbia toma por pábulo la religión, entonces destruye aquello que la podría sanar. Si a un enfermo la medicina misma que había de sanarlo lo enferma más, se lo puede dar por muerto —dijo Hipócrates. Por eso dijo Cristo: "Estos justos de aquí valiera más que fueran pecadores; porque es mejor el pecador que peca que el pecador que no peca." (No lo dijo con estas palabras; estas palabras son de Lutero, pero son verdad). O como me dijo el resero Don Ciríaco Díaz, ése que sale en "Don Segundo Sombra", al cual atendí yo antes de morir: "Será pecao, pero a veces —¡hay que pecar, si se ofrece!— siempre con buena intención." Es decir, un hombre que tiene conciencia de pecado, puede arrepentirse; un fariseo que no tiene conciencia de pecado sino de santidad, no puede arrepentirse y es peor(4).

Eso es el fariseísmo. ¿Y el fanatismo? El fanatismo tiene atinencia al fariseísmo pero no es lo mismo. Todo fariseo es fanático pero no todo fanático es fariseo. ¿Qué es el fanatismo? El fanatismo consiste en poner arriba de todo los valores religiosos —lo cual está bien— y después suprimir o despreciar todos los otros valores, lo cual está mal. Los valores religiosos son ciertamente los más altos de todos, son la cúspide de la pirámide de los valores, pero la pirámide no es pura cúspide; la cúspide tiene que estar sustentada por la falda. Si Ud. se sube a la cúspide y después retira la falda, se cae Ud. y la cúspide; y ésta deja de ser cúspide. El fanático es muy religioso o cree serlo; pero da en despreciar todo el resto, la ciencia, el arte, la nobleza e incluso las virtudes naturales, el talento, el genio, el espíritu de empresa. Su religión se desboca, como si dijéramos. Hay religiosos que son buenos religiosos (o lo creen) y desprecian a medio mundo; desprecian, por ejemplo, a las otras Órdenes religiosas o a los casados, desprecian el Matrimonio. Son fanáticos.

Los abusos que ha habido en la Iglesia, y que le incriminan sus enemigos, son obra de fanáticos. Hace poco recibí una carta furiosa e insultante desde Vigo de un sacerdote español, José Carmina, que me insulta porque dice que yo odio a España y ataco la Inquisición. Yo amo a España y defiendo la Inquisición, pero no sus abusos. Sus abusos fueron obra de fanáticos y no fueron aprobados por los Santos. Este sacerdote es un fanático de su Patria. Se puede ser fanático de la Patria, chauvinista, como dicen los franceses.

Aquí en Buenos Aires hubo pocos abusos de la Inquisición; esto dependía de la Inquisición de Lima. Herejes no había, mandaban a Lima a los judíos portugueses que se colaban aquí por la frontera del Brasil. Les estaba prohibido venir aquí a los judíos, lo mismo que a los abogados. El Cabildo de Buenos Aires dijo al Virrey Ceballos: "Si con dos abogados que hay en Buenos Aires hay tantos líos, ¿qué sería si entran más?" Pero en Lima hubo algunos abusos, y uno dellos bárbaro, de la Inquisición; que ha historiado con no muy buena intención el chileno Toribio Medina.

La Iglesia resistía a los abusos, pero donde hay hombres hay abusos. El Papa Gregorio XIII hizo fiestas en Roma por la "noche de San Bartolomé" de París (5): le contaron que había una conjura protestante contra el Rey de Francia y que el Rey se había salvado. Cuando supo que los católicos se habían levantado a matar protestantes, habían asesinado al jefe dellos, Almirante Coligny, y el mismo Rey desde un balcón del Louvre disparaba su arcabuz sobre los hugonotes que huían por la calle —entonces el Papa lo reprobó. HABÍA una conjura contra el Rey; pero esta consigna que originó la matanza: "Antes que los protestantes nos maten a nosotros, matémoslos a ellos", no es católica, o es católica fanática. Lo que debió decir el Rey, si fuera buen católico, o mejor dicho la Reina María de Medicis, que causó la matanza, era: "Antes que los protestantes nos maten a nosotros, tomemos medidas de Gobierno para que no puedan matar a nadie." Fue fanatismo(6).

Dirán Uds. que me he salido del Evangelio. No. Todo esto está en el Evangelio de hoy, "fariseísmo, fanatismo". Es un caso de conciencia que se plantea al sacerdote hoy día, y también a los fieles.

Notas

1. Lucas 11, 14-22.
2. Juan 8, 25. Este texto es diversamente traducido. Castellani sigue a San Agustín.
3. Isaías 1, 18.
4. "El fariseísmo es un compendio de todos los vicios espirituales, avaricia, ambición, vanagloria, orgullo, obcecación, dureza de corazón, crueldad, que ha llegado a vaciar por dentro diabólicamente las tres virtudes teologales, constituyendo así el 'pecado contra el Espíritu Santo': 'Vosotros sois hijos del Diablo y el Diablo es vuestro padre'". (Castellani, "Cristo y los Fariseos". Inédito. La cita está abreviada).
5. 23-24 de agosto de 1572.
6. "El fanatismo es la incapacidad de concebir seriamente la alternativa de una proposición. No tiene nada que ver con la creencia en la proposición misma. Un hombre puede estar suficientemente seguro de algo como para dejarse quemar por ello, o para dar guerra a todo el mundo, y sin embargo no estar ni un milímetro más cerca de ser fanático. Es fanático solamente cuando no puede comprender que su dogma es un dogma, aunque sea verdad. No es fanatismo -por ejemplo- tratar al Corán como sobrenatural. Pero es fanatismo tratar al Corán como natural, como evidente para cualquiera y común a todos."
"La verdadera liberalidad, en resumen, consiste en ser capaz de imaginarse al enemigo. El hombre libre no es aquél que piensa que todas las opiniones son igualmente verdaderas o falsas: eso no es libertad, sino debilidad mental. El hombre libre es aquél que ve los errores con la misma claridad con que ve la verdad."
"El fanatismo es la incapacidad de una mente para imaginarse otra mente. El fanático está entre los más pobres de los hijos de los hombres. Tiene un solo universo. Todos, por cierto, deben ver un cosmos como el verdadero; pero él no puede ver ningún otro cosmos, ni siquiera como una hipótesis" (G. K. Chesterton, "El Fanático", en El Reverso de la Locura. La cita está abreviada).

7 de abril de 2011

La verdadera historia de Santa Taís de Alejandría





a verdadera historia de Santa Taís de Alejandría



Es sabido que Taís fue una mala mujer de Alejandría que llegó a dominar a medio mundo, incluso al gobernador romano, y que, convertida luego a Dios, hizo una muerte santa. Las viejitas, al lado del fuego, tejieron poco a poco en torno una historia maravillosa (o mejor tres historias diferentes), que en la Edad Media Per' Abbat –o quien fuese–, en castellano naciente, puso en verso rudamente métrico. Lo malo fue que varios herejes tomaron la historia y la recontaron en forma lasciva o burlona, interesados no en la penitente sino en la cortesana, que ellos adoran y temen con el nombre de Vampiresa, y ganosos de mofarse de Simón el Bobo, que fue el instrumento de Dios para la conversión de esta alma. El último déstos fue un renegado llamado Francia o Anatolia, de linaje judío, aunque bautizado y apóstata, devoto de María Magdalena antes de su conversión, que compuso una historia fatigosa a la cual otro artífice no cristiano puso música blanda, tampoco no gran cosa, y ahora la Meditación de Taís la tocan hasta en losconventos de hermanas, no conscientes del error de que Taís jamás meditó, pues su oración nunca pasó del Mazur eintelajem arhobo que Simón le impusiera y que bastó para salvar a su endemoniada alma, que es justamente el punto sustancial y ejemplar de toda esta historia.

A Taís, cuando niña, la mandaron a vender fruta al mercado de Alejandría su madre y su padrastro, con la intención solapada de que al fin vendiese el fruto vivo y divino de su cuerpo y les trajese dinero, mucho dinero, para poder pagar al publicano el arriendo del campo en que nacieron; y lo horrible del caso es que el padrastro se oponía y la madre se empeñó en que siguiese el camino de todas sus hermanas, que era lo mejor y el único remedio. Los hombres ricos de Bizancio habían ido comprando por intermediarios todos los campos fértiles del Nilo; y lafuerte raza de tostados labriegos que allí estaba afincada de siglos, había sido batida por la usura y después degenerada por la miseria , en una forma que llamarlos brutos animales o fieras no sería exacto, porque las fieras tienen instinto y éstos tenían algo más bestial todavía: una poderosa armazón de viejas virtudes muertas, vaciadas por dentro y habitadas por impulsos ciegos. Era algo terrible de ver, triquitraques en figura humana movidos por espíritus de muerte. Toda esa raza acabó al poco tiempo, se sublevó y fue pasada a cuchillo por el ejército.

Como la flor de loto inesperada, inexplicable en el pantano, último retoño de una raíz recia, Taís era más hermosa que el ibis, que la serpiente y la cierva blanca; su voluntad era tan dura como el hierro y su corazón estaba lleno de sed y de un furor oscuro.

Muy pronto, el instinto le reveló su arma y se empezó a sentir poderosa, olvidada de la inmensa flaqueza que es el fondo de todo humano. Desde el viejo que le brilla la testa hasta el mozalbete que camina floreándose, todo varón que la viese moverse o inclinada sobre su cesta de cocos, quedaba tan herido y atado como el pájaro que los ojos del pitón fascinan. Su cuerpo, que para sí se volviera más frío que mármol, como si en su vientre estuviese extirpada toda fuente de vida, sabía imitar adrede todos los multiformes gestos del placer y danzar todas las sutiles seducciones que invisiblemente enlazan los ojos; y su risa y sus altos grititos, eran como el crótalo de la danzarina o el llamado de las sirenas.
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3 de abril de 2011

Cuarto Domingo de Cuaresma





por el R.P. Leonardo Castellani



Tomado de Domingueras Prédicas II





DOMINGO CUARTO DE CUARESMA

LA PRIMERA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES (1963)




"Después de esto, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: « ¿Donde vamos a comprar panes para que coman éstos? » Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: « Doscientos denarios de pan nobastanpara que cada uno tomeunpoco. » Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro:« Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos? » Dijo Jesús: « Haced que se recueste la gente. » Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos 5.000. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: « Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda. » Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. Al ver la gente la señal que había realizada, decía: « Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo. » Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a lomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte él solo."
(Jn. 6, 1-15)


El Evangelio de la Dominica IV de Cuaresma trae la primera multiplicación de los panes y peces; pues repitió este milagro otra vez sin ninguna duda —más tarde, en otro lugar y con otras circunstancias(1). Es un relato histórico de testigo presencial, que recuerda hasta cuántas canoas había en la ribera ese día, y el número del inmenso auditorio de Cristo, cuyos pormenores conocen ya Uds. y no tienen necesidad de explicación, sino dos puntos: uno, la simbólica del milagro, que es la Eucaristía; y otro, el carácter de los milagros de Jesucristo, que es la modestia.

Cristo hizo de la multiplicación de los panes un símbolo de la Eucaristía, como explicó Él mismo al día siguiente en la Sinagoga de Cafarnaum, donde llegó huyendo, y lo siguió la multitud(2). La multitud dijo al ver la multipanificación: "Realmente éste es el Gran Profeta que está escrito había de venir" —y esta conclusión era lo que interesaba a Cristo al hacer el milagro; pero a las turbas venidas de todas partes les interesaba más el milagro; y querían hacerlo Rey, ansiando otros mayores milagros. Se los dijo Cristo: "Venís persiguiéndome por el pan de la tierra: buscad el pan del cielo." "Sabemos que Moisés dio a nuestros padres el Pan del Cielo." "Yo soy el Pan del Cielo; vuestros Padres comieron el pan del cielo de Moisés y murieron."

Cristo hacía sus milagros solamente para sostener sus promesas acerca la otra vida, la vida eterna. Platón y Aristóteles habían enseñado ya que la salvación del hombre está en el más allá; aunque puede haber un comienzo de felicidad en esta vida, que ellos ponían en la "contemplación": no me pidan explique ese término difícil(3). Pero los judíos querían el Reino en esta vida.

Cristo entonces hace un largo recitado acerca del Pan del Cielo, que es Él; primero acera de Él conocido por la fe, luego acerca de Él recibido en el Sacramento; las dos juntas, pero al comienzo poniendo el acento más bien en la fe; al final poniendo el acento en el Sacramento que promete. Esta promesa unida a las palabras de la Última Cena no dejan ninguna duda acerca de la natura de la Eucaristía, por increíble que ella sea; pues es un milagro mucho mayor que la Multipanificación. Se escandalizaron los judíos al oír que para vivir eternamente habían de comer su cuerpo; murmuraron, protestaron y muchos lo abandonaron. Y entonces Jesucristo les advirtió claramente que no comerían su carne carnalmente sino espiritualmente, en lo que llaman "estado sacramental".

Es un milagro mayor que el otro. Yo doy aquí una laminita de pan sin sal consagrado a una persona, y después a otra persona que está al lado; y reciben el Cuerpo de Cristo. ¿Están allí dos Cuerpos de Cristo? No. ¿Se hace el Cuerpo de Cristo grande como toda esta Iglesia? Tampoco(4). —No se puede concebir —No ciertamente: nuestra imaginación no lo puede concebir: está aprisionada por la categoría de la extensión, del espacio, de las dimensiones y no puede salirse de allí: pero los espíritus no tienen extensión y el Cuerpo de Cristo ya resucitado tiene cualidades de espíritu(5), como las tendrán todos los cuerpos resucitados(6). Eso no es debido al cuerpo humano: lo hará Dios por milagro: lo hizo ya. •

Los estudiantes de la Edad Media inventaron un problema chusco (muchos problemas chuscos inventaron) para ayudarse en su estudio de la Filosofía:

"¿Pueden mil ángeles caber en la punta de un alfiler?"

Y respondían: "Sí, pueden, porque los ángeles no tienen extensión." Pero estaba mal la respuesta. Es un falso problema, un problema mal planteado, porque la palabra "caber" no tiene nada que hacer con un ángel en ninguna forma, porque el ángel no tiene extensión(7). Los científicos modernos dicen que no existe la extensión, que el átomo no tiene extensión, que TODO ES ENERGÍA, no hay masa: es falso también, pero muestra que es posible concebir (en nuestro intelecto, no en nuestra imaginación) esas dos cosas separadas, la sustancia y la extensión. La extensión es una propiedad de la materia, y hay sustancias que no tienen materia, sustancias espirituales. Extensión y sustancia no se implican mutuamente como pensó Descartes: y así en la Hostia está la sustancia del Cuerpo de Cristo sin su extensión(8); y está la extensión del pan sin la sustancia del pan, cosa que podemos concebir, aunque nunca imaginar.

Apesar de ser la Multipanificación el más grande de los milagros de Cristo (o el más ruidoso, porque el más grande fue su Resurrección), es un milagro modesto, como todos sus milagros. Les dio de comer un día a todos esos hombres, mujeres y niños, pero eso no resolvió ninguno de sus problemas: al día siguiente tendrían hambre de nuevo. Verdad es que Cristo también dio la salud, curó ciegos y resucitó muertos. Pero ¿cuántos? Curó un ciego entre 100 ciegos, dio la vida a un muerto entre 100.000 muertos. O sea, los milagros de Cristo no eran para esta vida, sino para la otra. Cristo no vino a cambiar el destino de los hombres: vino a COMPARTIR el destino de los hombres. En la Conquista del Perú por Pizarro, cuenta Don Pedro Calderón que los españoles convencían de la religión a los quichuas diciéndoles: "¿El Sol murió por vosotros?" "No." "¿Y el Sol os pide que muráis por Él?" "Sí." "No hay derecho." (Los Incas hacían al dios Sol sacrificios humanos: había sacerdotisas vírgenes en el Templo del Sol, de las cuales tomaban una de vez en cuando y le cortaban el pescuezo para agradar al Sol; diciéndoles que era una suma felicidad porque con eso quedaban hechas esposas del Sol; lo cual no impedía que las collas se dispararan siempre que podían). Los españoles, pues, decían: "Nuestro Dios nos pide que muramos por Él, pero Él murió primero por nosotros." Y parece que eso convencía a los indios.

Jesucristo vino a participar de los males de los hombres, remitiendo el remedio total dellos a la otra vida; y para eso eran sus milagros, para probar había otra vida. Los judíos le decían: "¿Por qué no haces un milagro como Josué, vamos a ver, que hizo pararse al Sol? ¿O como Moisés, que dio de comer a nuestros padres 40 años en el desierto? ¿O como Elias, que hizo bajar fuego del Cielo?" Si hubiese hecho eso, le hubieran pedido después hiciese aparecer toneladas de monedas de oro en la calle. Jesucristo se entristecía o se irritaba; hasta que al fin les dijo: "Esta cría mala y adulterina pide milagros; y no se le dará más milagro que el milagro de Jonás Profeta: pues así como Jonás estuvo tres días sepultado en el vientre de un cetáceo, así el Hijo del Hombre será dado a muerte y sepultado, y saldrá de la sepultura al tercer día. "(9). Un milagro para la otra vida y para la fe; no para esta vida.

El gran milagro es que Dios haya querido participar de nuestros dolores y hacernos participantes de su misma vida, que Él haya muerto y nosotros hayamos resucitado con Él. Corre una blasfemia hoy día, inventada por el francés Stendhal, el cual viendo los muchos dolores desta vida, dijo: "Es una suerte que Dios no exista; porque si existiera, habría que fusilarlo." La respuesta es muy sencilla: "Bien: bajó a la tierra y lo fusilaron. ¿Qué más quieren Uds.?" Éstos querrían que Dios suprimiese de golpe y porrazo todos los dolores, curase todos los enfermos y resucitase a todos los muertos... Paciencia, ya lo hará con el tiempo. Hará eso con todos los que han comido el Pan del Cielo; pero no ciertamente con los que han proferido gansadas como ésa, que no las dijeron ni los mismo indios quichuas.



Notas

1. Mateo 15, 32-38. Ver Homilía del Domingo Sexto después de Pentecostés.
2. Juan 6, 22-59.
3. Sobre la contemplación, ver Domingueras Prédicas, Homilías del Domingo Primero después de Epifanía y Domingo de Pasión, y Psicología Humana, 2} Edición, 1997, Excursus XIII (págs. 273-276) y Excursus XVI (págs. 334-336).
4. Cuando el sacerdote consagra el pan y el vino, se produce una conversión de substancia a substancia: del pan, en el cuerpo de Cristo; del vino, en su sangre. Así, el Señor está en la Eucaristía al modo de la substancia, que es una realidad total e incapaz de división. Esto explica que el fraccionamiento de la hostia consagrada no produzca la división de Cristo; ni la consagración de nuevas hostias, su multiplicación.
5. La Eucaristía contiene al mismo Cristo que ahora está glorificado en el cielo, pero el Señor se encuentra en el Sacramento del altar bajo un modo diferente: con una presencia sacramental que no podemos concebir porque es milagrosa. Bajo las especies del pan y del vino, Cristo está presente en estado sacramental, no ocupa lugar (no está circunscrito).
6. La Eucaristía contiene a Cristo crucificado y glorificado. El influjo transformante de Dios da al cuerpo glorificado la incorrupción, gloria y fortaleza (I Corintios 15, 43).
7. Una creatura espiritual está accidentalmente localizada cuando actúa sobre un cuerpo localizado.
8. El cuerpo humano es inseparable de sus dimensiones, pero como la transubstanciación es una conversión de substancia a substancia, las dimensiones del cuerpo de Cristo están aquí al modo de la sustancia y por tanto no se produce la extensión de las partes con respecto al lugar. El lugar es ocupado por las dimensiones del pan y del vino; el cuerpo del Señor está localizado en el cielo.
9. Mateo 12, 38-4