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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

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9 de agosto de 2009

Retablillo de Bram perplejo y su inesperada conversión







por José Antonio Ullate Fabo, (Licenciado en Derecho, escritor y periodista especializado en información y opinión religiosa, autor de El secreto masónico desvelado y La verdad sobre el Código da Vinci.)


Visto y tomado de El Brigante, (al que hoy he expoliado).








Primera tabla



abía alcanzado ya los setenta años y medio bien cumplidos. Echó cuentas y habían pasado ya cuarenta y cinco largos años y seis meses desde su ordenación sacerdotal; casi 24 años de su designación como obispo auxiliar de Los Ángeles; desde su nombramiento como arzobispo de Pórtland habían transcurrido más de veinte años; y ya hacía veinte meses que tenía en su poder el nombramiento de Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, de la Comisión Bíblica Internacional, y de la Pontificia Comisión Bíblica. Miró el calendario y, efectivamente, iba a cumplirse un año desde su elevación al cardenalato: apenas faltaba un mes. William Joseph Levada pensó que era oportuno dar una entrevista. Era la primera que concedía desde que se había convertido en “Guardián de la ortodoxia”. Le satisfacía releer el artículo 48 de la constitución
Pastor Bonus: Es función propia de la Congregación de la Doctrina de la Fe promover y tutelar la doctrina sobre la fe y las costumbres en todo el orbe católico; por lo tanto, es competencia suya lo que de cualquier modo se refiere a esa materia. Se sentía el tutor de la fe y de las costumbres de todo el orbe católico. ¿Quién mejor que él para puntualizar algunos asuntos?...
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28 de julio de 2009

¡ Integristas !



por el R. P. Félix Sardá y Salvany

(Conferencia en la Academia Católica de Sabadell, publicada en la Revista “Propaganda Católica”, Tomo XI, año 1910, ed. Librería y Tipografía Católica, Barcelona)


Visto en Las cruces de las espadas


Tomado de Stat Veritas






NTEGRISTAS! Si, Señores míos, y a mucha honra. Y en tanto es así que deseando dirigiros hoy la palabra en esta nuestra querida Academia, tras tanto tiempo de no haberos hablado en ella, ciertamente no por falta de voluntad, parecióme bien escoger por tema de mi familiar Conferencia el presente mote o apodo con que quieren, según se ve, infamarnos de algún tiempo acá nuestros enemigos. Con él quisiera yo os mostráseis vosotros santamente altivos y cristianamente orgullosos, como os aseguro lo estoy yo, por la gracia de Dios, como lo estoy de mi fe y de mi bautismo y de mi educación católica y de mi católico sacerdocio y de todo cuanto constituye, gracias al cielo, mi modo de ser en el orden sobrenatural y cristiano. Sí, amigos míos; integrista soy e integristas deseo que seáis todos los de esta Sociedad, e integrista creo yo a todo hombre de quien tengo favorable concepto en sus costumbres y creencias, e integrista quisiera yo fuese todo el mundo, única manera de que fuese todo el hijo reconocido y súbdito sumiso de Dios Nuestro Señor. Apropiémonos, pues, y muy en alta voz declaremos nuestra esta calificación, que quiere ser denigrativa y que no es sino gloriosísima. Repitámosla, sí, y alcémosla en alto, muy en alto, como inmortal bandera que simboliza todas nuestras aspiraciones, recuerda todos nuestros deberes, eleva y maravillosamente dignifica nuestra condición en la vida social moderna, y nos separa con distintivo característico de todo lo demás que mira como suyo, en mayor o menor grado, el reinante Liberalismo. Hablemos, pues, de integrismo, y con rostro varonil y pecho firme aceptémoslo con todas sus consecuencias.
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23 de julio de 2009

La construcción del laicismo en la Francia de la Revolución


por José Luis Orella Martínez




Tomado de Altar Mayor
REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 97 – Enero de 2005 (Extraordinario)











a Iglesia Católica en Francia ha sido una de las primogénitas desde que en el año 496 el rey de los francos, Clodoveo se convirtió al catolicismo mientras que el resto de los pueblos germanos se mantuvieron pertinaces en las herejías arrianas. Francia desde entonces guardó una intensa fidelidad al catolicismo y los caballeros franceses fueron los que aniquilaron a los herejes cátaros del mediodía francés y junto a San Luis participaron en la Cruzada contra los musulmanes en Oriente Próximo. Los reinos francos del levante palestino fueron defendidos por la llegada continua de caballeros del país galo.

Sin embargo, desde el siglo XVIII, Francia que rivaliza con España el lugar de primera potencia mundial, evoluciona a posiciones que ven en la Iglesia Católica un lastre del avance tecnológico del país. Los pensadores ilustrados defienden tesis racionalistas y empiezan atacando los fundamentos dogmáticos de la Iglesia Católica.

  • El análisis de la religión cristiana, de Dumarsais.
  • El hombre máquina, de La Mettrie.
  • El espíritu, de Helvetius.
  • La carta sobre los ciegos, de Diderot.
  • El Belisario, de Marmontel.
  • El sistema de la naturaleza, de D´Holbach.

Las obras de ilustrados como Voltaire, Rousseau o Diderot difunden una imagen negativa de la Iglesia en círculos minoritarios, pero influyentes por su posición social e intelectual, especialmente en los centros urbanos. El catolicismo es algo propio de las clases populares y atrasadas. El siglo de las luces, no deja de ser la época de lucha contra el liderazgo cultural llevado por la Iglesia, desde que los bárbaros irrumpieron en el imperio romano occidental.

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14 de junio de 2009

La Revolución Francesa




por el R.P. Alfredo Sáenz, S.J.



Tomado de Centro Pieper




Protagonismo de las ideas en la Revolución




o son pocos los que identifican la Revolución Francesa con el derramamiento de sangre y la guillotina. Pero eso fue lo postrero. La Revolución comenzó mucho antes, subvirtiendo primero el orden de las ideas[1].

La bibliografía que existe sobre la Revolución Francesa es inmensa. Entre nosotros, destaquemos un notable ensayo de Enrique Díaz Araujo, del que nos valdremos para desarrollar el tema[2].

Dos fueron los «ideólogos» principales que prepararon la Revolución.

Ante todo Voltaire, hombre singular, por cierto, apoltronado en un cómodo deísmo o teísmo cuya principal virtualidad consistiría en contener los posibles ímpetus del bajo pueblo por el que no ocultaba su más profundo desprecio. Su lema hasta la muerte sería: «Ecrassez l’infame» («destruid a la infame»), es decir, a la Iglesia. «Jesucristo –dirá– necesitó doce apóstoles para propagar el cristianismo. Yo voy a demostrar que basta uno solo para destruirlo». Voltaire aplicó su inteligencia práctica a la labor panfletaria. Desde su lujosa residencia de Ferney daría a luz libelo tras libelo, donde se afirmaba que la Biblia no tenía grandeza ni belleza, que el Evangelio sólo había traído desgracias a los hombres, que la Iglesia, entera y sin excepción, era corrupción o locura. Simplificación caricaturesca, incansable repetición de los mismos motivos, tales eran sus procedimientos predilectos.

Fue también el maestro de la duda y del criticismo como método de trabajo. En el artículo que escribió para la Enciclopedia bajo el título «¿Qué es la verdad?», decía: «De las cosas más seguras, la más segura es dudar». Gracias a sus vínculos con la masonería, Voltaire entró en contacto epistolar con varios soberanos de Europa, como José I de Austria, los ministros Pombal de Portugal y Aranda de España, María Teresa de Austria, y sobre todo Federico II de Prusia (al que llamó «el Salomón del Norte») y Catalina la Grande de Rusia (a la que denominó «la Semíramis del Norte»), y así contribuyó para que el antiguo despotismo se convirtiese en un «despotismo ilustrado», como comenzó a llamarse. «Era –comenta Hazard– una figura de minué: reverencia de los príncipes a los filósofos y de los filósofos a los príncipes»[3]
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31 de mayo de 2009

El comunismo en la revolución anticristiana (6)




por el R.P. Julio Meinvielle







APÉNDICE I

CIVILIZACION CRISTIANA VERSUS COMUNISMO





Me cabe la satisfacción y el honor de desarrollar en esta nobilísima ciudad de Méjico el tema principal de este “Sexto Congreso de la Liga Mundial Anticomunista”.
Nuestra generación, desde sus albores, viene luchando sin tregua contra el comunismo ateo, que si logró implantarse establemente en Rusia en 1917, intentó poner el pie, aun antes, en estepueblo de Méjico. Todavía recuerdo cómo nosotros los argentinos, hace cincuenta años, seguíamos con ansiedad y emoción, las gestas heroicas del pueblo mejicano, que se levantó en armas por los derechos imprescriptibles de Cristo Rey y de la patria. Gracias al arrojo y al valor de los jóvenes mejicanos, América Latina debía verse libre del comunismo. Y éste había de cambiar de táctica para penetrar en nuestros pueblos, no enfrentando la creencia religiosa, sino sirviéndose de ella para la penetración. Así han entrado en Cuba y en Chile.

Aunque América Latina, de modo global, se haya defendido del comunismo desde entonces, no ha alcanzado todavía un régimen de civilización que le dé estabilidad y que la defienda eficazmente de caer en el comunismo. Por ello, tan oportuno resulta el tratamiento de este tema, “Civilización, sí; comunismo, no”, ya que en esta crisis de la civilización – que no otra cosa significa el comunismo – sólo la historia nos ha de revelar cuáles son los valores imprescindibles que ha de aportar a los pueblos una auténtica civilización. Y con ello entro directamente en el tema.

Una civilización, proyección del hombre

Una civilización no es otra cosa que el hombre proyectado en lo social. Esto por lo que se refiere tanto a la naturaleza de una civilización como a su desarrollo histórico. Una civilización, en efecto, no puede sino proyectar las acciones de sus unidades componentes, y éstas, en último término, son los hombres; los hombres con sus pensamientos, sus quereres y sus pasiones; los hombres con sus alegrías y congojas; los hombres con las obras de sus manos en las artes y en laarquitectura; los hombres en la literatura, la filosofía y la religión. Por esto, para medir el valor ymérito de una civilización hay que hacerlo no sólo por las acciones de sus grandes hombres sinotambién de sus hombres comunes y aun por las de sus hombres inferiores. De un modo o de otro, la civilización es resultado de lo que proyectan y realizan sus hombres, y la riqueza y miseria quecontiene no pueden ser mayor ni menor que la que contienen sus hombres. Aquí vale el criterio que nos da el Señor de los Evangelios, Mt. 7, 17: “Todo árbol bueno da buenos frutos, y todo árbol malo, da frutos malos”.
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28 de mayo de 2009

El Comunismo en la Revolución Anticristiana (5)







Por el R.P. Julio Meinvielle



CAPÍTULO IV


LA CIUDAD CATOLICA, UNICA SOLUCION CONTRA EL COMUNISMO Y CONTRA EL ACTUAL DESGARRAMIENTO DE LAS SOCIEDADES HUMANAS





o sabemos dónde irá a desembocar esta encrucijada de la historia que vive el mundo actual. Tampoco hemos de estar muy solícitos por saberlo. Ello pertenece a los designios inescrutables del Creador. Pero si el comunismo es obra y etapa de la Revolución Anticristiana, peor que el mismo comunismo es la Revolución Anticristiana, que produce estos frutos mortíferos del naturalismo, del liberalismo, del socialismo y comunismo, que lo invade y lo penetra todo. Esta revolución es una totalidad que quiere destruir totalmente al hombre cristiano.

Si es una totalidad, hay que oponerle otra totalidad. Hay quienes quieren curar los males de la sociedad contemporánea con recetas incompletas cuya eficacia alimentan en su propia imaginación. Unos, recetas puramente religiosas; otros, políticas; quienes, sociológicas o económicas. Y aun, en cada uno de estos sectores de la actividad humana, tienen a su vez el secreto mágico que va a poner remedio a todos los males. Y así los que ponen sus esperanzas en lo económico piensan, por ejemplo, en la participación de los obreros en las empresas o simplemente en la propiedad comunitaria (1).

No es necesario explicar que la realidad es compleja y es sobre todo una totalidad que está determinada por causas y encierra elementos que son en general humanos, y por lo mismo religiosos, políticos y económicos.

La Iglesia tiene un programa para el hombre de hoy. Este programa, que es religioso-cívico, lo viene enunciando en forma coherente desde el pontificado de León XIII, y Pío XII ha sido su magnífico expositor.

Para comprender el programa religioso-cívico que la Iglesia propone al hombre contemporáneo como solución de los males que le aquejan y aun de otros que le amenazan, tengamos bien presente el carácter de la sociedad en que vivimos. Porque a pesar de la degradación deletérea de la Revolución Anticristiana, los cimientos de nuestra civilización occidental han sido construidos sobre la base de la Europa cristiana, la cual, a su vez, ha recogido lo mejor de la civilización grecorromana e incluso del mundo germánico, bajo la inspiración de la Iglesia.

Tenemos un patrimonio que conservar. El concepto de Dios trascendente, de Cristo y de la Iglesia; el concepto del hombre, de la familia y de la sociedad; el concepto del derecho y de la propiedadson otros tantos pilares firmes, que, a pesar de una acción corrosiva, se conservan fundamentalmente incólumes. Además, que estos conceptos de la vida occidental perseveran en instituciones todavía sanas en su fundamento, heredadas de la Europa cristiana.

La Iglesia no renuncia ni a la idea de “civilización cristiana” que, como hemos visto, se identifica con la de “Ciudad Católica”, ni a la de la “Europa cristiana”. San Pío X afirma taxativamente: “La Iglesia, al predicar a Cristo crucificado, escándalo y locura a los ojos del mundo, vino a ser la primera inspiradora y fautora de la civilización, y la difundió doquier que predicaron sus Apóstoles, conservando y perfeccionando los buenos elementos de las antiguas civilizaciones paganas, arrancando a la barbarie y adiestrando para la vida civil los nuevos pueblos, que se guarecían al amparo de su seno maternal, y dando a toda la sociedad, aunque poco a poco, pero con pasos seguros y siempre progresivos, aquel sello tan realzado que conserva universalmente hasta el día de hoy”. Y añade a continuación: “La civilización del mundo es civilización cristiana: tanto es más valedera, durable y fecunda en preciosos frutos, cuanto es más genuinamente cristiana; tanto más declina, con daño inmenso del bienestar social, cuanto más se sustrae a la idea cristiana”.
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24 de mayo de 2009

El Comunismo en la Revolución Anticristiana (4)






Por el R.P. Julio Meinvielle




CAPÍTULO III



EL COMUNISMO, ÚLTIMA ETAPA DE LA REVOLUCIÓN ANTICRISTIANA




emos señalado los cuatro valores esenciales que debe encerrar una civilización si quiere ser perfectiva del hombre y resultarle beneficiosa. Hemos visto también como se ha venido efectuando, bajo la Revolución Anticristiana que tiene como agente responsable al mismo Satanás, un proceso regresivo en que se les ha arrebatado a los antiguos pueblos católicos uno tras otro, cada uno de estos valores hasta sumirlos en esta postración que desemboca en el comunismo.

Corresponde ahora que, en función de los valores que perfeccionan al hombre, examinemos el comunismo enseñado por Marx y llevado a la práctica por la actual revolución comunista mundial.

El comunismo, heredero histórico de las dos Revoluciones, agudiza sus consecuencias aun en el plano en que éstas se efectuaron. Porque el comunismo es una revolución contra la verdadera autoridad religiosa y aun contra toda religión. Para él, la religión es una alienación del hombre, una perdición, una frustración. La religión es el opio del pueblo, enseña Marx.

En Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel, en 1844, Marx escribe: “La religión es la autoconciencia y el autosentimiento del hombre que aún no se ha adquirido a sí mismo, o que ha vuelto a perderse”... “La miseria religiosa es la expresión de la miseria real, y por otra parte, la protesta por la miseria real”.

Pero la religión no sólo es inútil; es positivamente mala, porque es destructora del hombre. La dialéctica de la oposición entre Dios y el hombre, está alimentando todo el pensamiento de Marx. Si Dios existe y es Creador del hombre, entonces no puede existir el hombre y menos ser creador de sí mismo. Porque lo que uno es y tiene, lo es y lo tiene a costa del otro. Pero como el hombre existe, y es creador de su propia historia, luego Dios no existe ni es creador del hombre.

Cuando el hombre recurre a Dios lo hace determinado por una debilidad, una pérdida de sí mismo que le lleva a transferir imaginativamente en un superhombre los atributos que a él le faltan. Esa transferencia imaginativa no hace sino trabar el esfuerzo que el hombre debe emplear en su propia autocreación.
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19 de mayo de 2009

El Comunismo en la Revolución Anticristiana (3)




Por el R.P. Julio Meinvielle







CAPÍTULO II



DE LA CIUDAD CATÓLICA A LA CIUDAD COMUNISTA





l comunismo no puede ser entendido ni doctrinaria ni históricamente si no se establece un punto de referencia con el cual compararle. Este punto puede ser el cristianismo, el hombre, la sociedad burguesa o cualquier otro que quiera tomar la casi infinita consideración humana. Se logrará así de él, según el caso, una inteligencia más o menos verdadera y completa. Pero el único punto que proporciona sobre él una luz verdadera y completa es el de la Ciudad Católica. Porque éste es el de la sociedad elaborada de acuerdo al plan de Dios, en la Providencia actual, el único que satisface plenamente los designios de Dios y las aspiraciones del hombre. Cuando el hombre entiende cómo debe ser la ciudad terrestre, en qué forma ha de estructurarse y hacia qué fin ha de ordenarse, entiende también cuán perversa, absurda y nefasta es la ciudad comunista, que contraría de tan radical modo los derechos de Dios y las exigencias del hombre.


No ha de faltar quien encuentre peregrino este concepto de Ciudad Católica, como si fuera una novedad caprichosa, enunciada arbitrariamente. No hay tal. Es un concepto que aparece en el magisterio y en el pensamiento ordinario de la Iglesia a veces no con este nombre, sino con el más común de Civilización Cristiana. San Pío X, en el importante documento Notre Charge Apostolique, del 25 de agosto de 1910, sobre la democracia cristiana de Le Sillon, lo registra en un párrafo de singular energía, que dice así: “Hay que recordarlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual, en que cada individuo se convierte en doctor y legislador. No, venerables hermanos, no se edificará la ciudad de un modo distinto a como Dios la ha edificado; no se levantará la sociedad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar, ni la ciudad nueva por construir en las nubes. Ha existido, existe; es la Civilización Cristiana. Es la Ciudad Católica. No se trata más que de instaurarla y restaurarla sin cesar sobre los fundamentos naturales y divinos de los ataques siempre nuevos de la utopía moderna, de la Revolución y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo”.

A la luz de la Ciudad Católica vamos, pues, a estudiar la utopía comunista. La Ciudad Católica alcanzó su momento de plenitud histórica en el siglo XIII, cuando la sabiduría culminó con Santo Tomás de Aquino, cuando la prudencia política logró forma maravillosa con San Luis, rey de Francia, cuando el arte se iluminó en el pincel del Beato Angélico. Unos siglos después, la Revolución anticristiana rompe la unidad de la Ciudad Católica. Y se inicia un proceso de degradación que alcanza cada vez capas más profundas de la ciudad, amenazándola con una ruina y muerte total. El comunismo significa esta ruina y muerte total de la Ciudad Católica. De triunfar en forma definitiva y permanente – si Dios lo permitiere –, se sumergiría en un naufragio total la Ciudad Católica.

Adviértase que decimos la Ciudad Católica, y no el cristianismo o la Iglesia Católica. Esta, que es indefectible, en virtud de la promesa de asistencia de Cristo, podrá seguir viviendo, y con alta fuerza del Espíritu, en el corazón de muchas almas escogidas, así, poco más o menos, como persevera viviendo el catolicismo en la Rusia soviética o en China comunista. Habría catolicismo, pero no habría Ciudad Católica.
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15 de mayo de 2009

El comunismo en la Revolución Anticristiana (2)





Por el R.P. Julio Meinvielle




CAPÍTULO I

DE LA REALEZA DE CRISTO, EN LA HISTORIA, A LA CIVILIZACIÓN CRISTIANA






l presente libro quiere determinar con precisión qué sitio ocupa el comunismo en la Revolución anticristiana. Pero ello no es posible si no se determina, a su vez, el significado y alcance de la misma Revolución anticristiana. La Revolución anticristiana no puede ser caracterizada en toda su significación si no se fija el carácter necesariamente cristiano que ha de revestir el movimiento de la historia después que Cristo se ha hecho presente entre nosotros.

El tema del presente ensayo es precisamente éste, a saber, cuál sea el significado último delcomunismo en la historia. Y la historia, en definitiva, pertenece a Cristo como le pertenece todohombre. El comunismo, que aparece en la historia y llena toda una época de la vida del hombre en su paso por la tierra, ha de entrañar necesariamente una significación en la relación tambiénnecesaria del hombre en Cristo.

De aquí que en un primer capítulo hayamos de explicar la significación de Cristo y de su enemigo el anti-Cristo en la historia de los pueblos.

La historia de los pueblos en su dinamismo más profundo proclama a Cristo en su divina Realeza. No se ha de considerar como una ocurrencia piadosa que nos refiramos a la Realeza de Cristo para medir el lugar y el alcance del comunismo, sino que está ello exigido por la necesidad de encontrar una razón explicativa suficiente de este hecho que invade a los pueblos cristianos en un momento determinado de su historia.

La historia de los hombres

La historia en su realidad última está constituida por las acciones de los hombres. Pero, ¿quétienen de especial las acciones de los hombres frente a las de otros seres para que precisamente ellas y sólo ellas constituyan la historia? A esta cuestión, por mucho que se profundice, no se le puede dar respuesta más satisfactoria que la que le dio la sabiduría griega cuando definió al hombre como animal racional. La historia procede de esta doble condición del hombre. Porque el hombre con su razón pone libremente un determinado orden en el curso de sus acciones sobre sí mismo, sobre los otros hombres y sobre las cosas a su servicio, resulta un determinado desarrollo histórico que necesariamente se halla transido por una contingencia radical.

Aunque este desarrollo ha resultado éste y no otro, pudo haber resultado otro y no éste. No sólo la serie de la sucesión histórica, sino cada eslabón de esa serie, dependiente de una voluntad humana, pudo haber sido otro. El hombre hace su historia y hace la historia. Por ser racional es libre, y por ser libre es un agente responsable de su propio destino.

La historia del hombre está constituida por acciones y hechos, libremente puestos, que deben determinar un contorno de realizaciones en su paso por la tierra. Un contorno en el espacio y en el tiempo. En el espacio, porque el obrar del hombre, se entrecruza no sólo con el paisaje sinoentre las decisiones de los unos con las decisiones de los otros, de las de unos hombres individuales con las de otros hombres individuales, entre las de unos grupos sociales con las de otros grupos sociales, entre las de unas naciones con las de otras naciones y, finalmente, entre las de unas civilizaciones con las de otras civilizaciones.

E igualmente en el tiempo, porque las acciones de los hombres determinan otras múltiples acciones que repercuten y cristalizan en realizaciones e instituciones que, a su vez, también actúan y ejercen influencia más o menos profunda y lejana.

La historia es un inmenso entrecruzarse de pensamientos, palabras, acciones y realizaciones de los hombres. Un entrecruzarse a veces pacífico, a veces bélico. Un entrecruzarse de destrucción y de construcción.

La historia, por ser, precisamente, creación libre del hombre, se opone a la naturaleza. Ésta, en efecto, se mueve por un modo invariable de obrar. Aunque el hombre tiene también naturalezaque lo faculta para un obrar también determinado, sin embargo, esa determinación de ésa sunaturaleza y de las facultades que de ella emanan está dotada de una amplia plasticidad y libertad que provienen de su condición racional. En consecuencia, la historia no se opone a la naturaleza negándola, sino continuándola. Es decir que no niega la naturaleza, sino que expresa una de las realizaciones posibles en que esa naturaleza puede desplegarse.

Al contrario de lo que pasa en las otras naturalezas, privadas de razón, en que sólo es posible una realización determinada y fija de esa naturaleza. La especie humana admite en realidad infinitas realizaciones. Piénsese sino, no sólo en las innumerables civilizaciones de que nos da cuenta la historia sino también en otras que pudieron ser posibles.

Aunque la historia está constituida por todas las acciones de los hombres, en realidad, no seconsidera historia sino tan sólo ciertas acciones relevantes cumplidas por determinadascomunidades humanas o por personas destacadas de esas comunidades.

Res gesta, las hazañas, las acciones ilustres eran tan sólo registradas en la memoria de los pueblos. La historia cobraba así la función de paradigma de los pueblos. Constituía por lo mismo un alto magisterio de dignidad en la conducta de los hombres.

La diversidad de historias

Hablamos de historia de los pueblos, del hombre y de la humanidad. Pero, en realidad, desde el punto de vista del hombre, esta historia no existe.
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1 de diciembre de 2008

La Argentina y la Revolución Mundial



Por el R.P.Leonardo Castellani

(Revista Jauja, nº 7, julio 1967

el dicho al hecho hay gran trecho; los hechos son varones, las palabras son hembras; el infierno está repleto de buenas intenciones; y de buenos discursos y “directoriales”.
El problema argentino tan difícil de resolver, sin embargo es fácil de plantear. Como el binomio de NEWTON.
Inveterado, viene de muchos años atrás.
Vamos a ver el tal planteo: la Argentina se independizó de España, DE QUIEN ERA UNA PROVINCIA; y se convirtió a poco andar en una factoría oculta de otra nación muy mala.
Claro que en esto hay muchos vericuetos; pero hablando breve y mal, es eso. Los vericuetos pueden leerlos en IBARGUREN Así fue Mayo (edición aumentada, Theoría, 1967), en PEPE ROSAS Perdida y recuperación de la independencia económica; idem, Así cayó ROSAS; VICENTE D. SIERRA, Historia Argentina, etc.)
La Argentina era rica en recursos; los tiempos eran tranquilos; la nación metrópoli dejaba un décimo de lo que se llevaba a la “clase dirigente” a su servicio (o sea cipayos) que vivía opulenta y gobernaba al país una vez eliminados a sangre y fuego sus enemigos (“fuego” literalmente a veces: a los soldados del CHACHO que tomo prisioneros SANDES en la batalla de Las Playas los quemaron vivos: ver GREGORIO M. MADERO La degollación del Chacho, Theoría, 1966).
Así el país parecía marchar espléndido, e incluso tuvo borracheras de euforia progresista en 1890 y 1910.
De repente estallaron dos guerras mundiales; la testa de la dúplice “Revolución” se irguió en el mundo; y el metropolazgo de la Argentina pasó a otra nación diferente; de la misma raza. “Hic fletus, hic dolor”.
La nueva metrópoli no podía expoliar a la Argentina de sus riquezas y su trabajo con el método de la otra. Había habido dos o tres tentativas de “rotas cadenas”: frustradas; pero ya mucha gente había abierto los ojos. Por esta y otras razones, el Emporio dejó caer a la Argentina; y en vez de comenzar aquí la prosperidad, misteriosamente cayó en insoluble crisis económica.
Los hermanos del Norte tenían sus propios enredos. De una democracia había bajado a una plutocracia (natural asaz) temía TOCQUEVILLE en 1831; y empezaron a ser gobernados invisiblemente (no mucho) y parcialmente (en gran parte) por el poder del Gran del Gran Dinero; y grupos secretos, como la Masonería, el Pentágono y el Sionismo. Estos poderes invisibles se encargaron del cipayaje y la expoliación, por modos mucho más sutiles; para lo cual necesitan mantenernos en estado colonial (subdesarrollados) al mismo tiempo que nos “ayudan al desarrollo” por medio de siniestros préstamos y Bancos usurarios – con típico “Cant” anglosajón; o sea, tartufismo.
Esto está condicionado al “mantenimiento de la Democracia”; o sea de gobiernos débiles, amedrentables, y aún sobornables, si viene a mano. Poco importa que esa democracia se llame Radical del Pueblo, Radical Intransigente, Revolución Libertadora o Revolución No-Libertadora. Es el liberalismo ya podrido, galvanizado por toda clase de trucos raros: como golpes de Estado, fraudes electorales y dictaduras fallutas.
Los partidos no los suprimió la RA. Hace tiempo no existían partidos sino el Ejército y los Gremios. Los partidos eran cháchara pura, fomentadora de la disolución.“Lo que hoy llamamos ORDEN y fijamos en Constituciones LIBERALES no es más que una anarquía hecha costumbre. La llamamos Democracia – dijo DONOSO CORTES; a no ser que haya sido ROMUALDO BRUGHETTI.¡Libertad! ¿De qué y para qué?¡Libertad, libertad, Libertad! Así como la voceada “libertad de los mares” era la libertad inglesa para comerciar, y el “librecambio” de ADAM SMITH la libertad inglesa para explotar; así la libertad política se reduce a la gran farsa de echar los votos; la “libertad de cultos”, a la vía de debilitar la religión del país ya bastante cachuza; la “libertad de prensa”…
“Los que claman por la libertad de prensa son los que necesitan abusar de ella”, - dijo GOETHE; a no ser que haya sido ROBERTO AULES. E vía dicendo.
Se logró hacer creer a los semicultos que lo importante para una nación era la economía (con mayúscula) y todo lo demás se daba por añadidura; y en eso parece estar ingurgitado o somormujado el gobierno actual; ocultando o ignorando que sólo una gran política da una gran economía; y que sólo una nación fuerte puede liberarse de ser reducida a sub-nación por otras naciones fuertes. ¿Qué se han creído? ¿Qué los hombres son angelitos? Aprendan de nuestra propia experiencia, escarmienten en cabeza propia.
El partido en que se juega el dominio del mundo ha empezado ya. Se jugará hasta el final entre hombres fuertes. ¿No habrá algún hispano en él?
La dúplice revolución mundial está ya en marcha: desde más de un siglo ha: la revolución blanca y la revolución negra, que dice O. SPENGLER. En rigor, esta última es amarilla, pero más negra que la otra.
La revolución blanca es el alzamiento universal de los bolches; no escuetamente contra el “Capitalismo” (entidad semi-mítica o semítica más o menos forjada por MARX y demás teorizantes de la demagogia) – sino contra todo lo que en la Cristiandad era autoridad, orden, jerarquía, cultura, tradición; en suma, superioridad. Es el desistimiento de los inferiores: quieren nivelarlo todo – por abajo. No son los obreros, no; aunque a muchos de ellos los han despistado con el “endiosamiento del trabajo manual” y el mesianismo del “proletariado”. Los buenos obreros, los obreros peritos y laboriosos, y no ineptos y vagonetas no son proletariados; y se ofenden si así los llaman. Vayan a ver al Sindicato de la Carne o a Luz y Fuerza (El hombre integral: cuerpo, inteligencia, y voluntad). Le dije a uno dellos, muy leído: - ¿Pero Ud. sabe quién fue MARX? - ¿Y cómo no? Fue un judío barbudo, más feo que pegarle a Dios, que habría sido muy inteligente, pero no por más que digan, no es el fundador del “Comunismo”. No quise discutir. En el fondo puede que tenga razón: la mentalidad bolche viene de mucho más atrás.
La “Revolución blanca” quiere decir tabla rasa de todo lo existente; y crear de la nada un universo nuevo; como SARMIENTO y MITRE: siniestra utopía. Hay en ella hasta sacerdotes: sabiéndola o no, todos los “desjerarquizados” trabajan para ella. Hay “desjerarquizados” incluso en la misma “Jerarquía” – con perdón de la paradoja. Es así. Yo no tengo la culpa. Con su venia y guardando todo respeto, Ilustrísima.
No hablamos de los bolches de Rusia, no. De los argentinos. No hablamos tampoco de los inscriptos de las listas de CODOVILLA (secretario general del PC en la Argentina, veterano); hablamos de todos los desjerarquizados, de todos los rebeldes, o hastiados del Orden Romano, de todos los “denocráticos” sinceros o fingidos, empezando por La Nación diario; de todos los “idiotas útiles”; de todos los que se han salido o quieren salirse de su propio lugar o puesto.Los “ordinarios” dominan. ¿Cuántos son? Contarlos quiero.
Por cada dos mil espurios No hay ni un noble verdadero.Pero en nuestros 20 millones hay por lo bajo unos 3.000 nobles; los suscriptores de JAUJA; incluso el Teniente General que se ha suscrito a 10 colecciones.
Estamos en Pentecostés: esos 3.000 nobles se vuelven hacia este sermón del Espíritu Santo; y como los judíos a SAN PEDRO, preguntan:- Varones hermanos ¿qué haremos?- Arrepentirse; y bautizarse cada uno en nombre del Señor Jesús.
Es decir, en este caso, rebautizarse; pero en bautismo de fuego y del Ventarrón Divino - que dijo CRISTO.¿Y cómo se hace? Pregunte cada uno a su propio Párroco, con tal no será un Párroco neolero. Por suerte, hay pocos.
Sólo JESUCRISTO puede salvar a la Argentina, me repite cada día mi eventual cocinera; o sea, los que hagan capaces de hablar y obrar “en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo”.
A éstos no les promete la felicidad; a no ser la felicidad mía; que es muy real y existente, aunque rara.
Yo no lo veré; porque “mis días corren disparados a su fin”, como dice el Profeta; según Comentario, notable revista judía; - que me la dan gratis. (Y después dirán que los judíos son tacaños).
Con un gobierno “gobierno” hasta los judíos más malos servirían – a su modo. Yo no lo veré.Pero ¿quién sabe? Solo DIOS . Vengo de una familia de centi-añarios.Pueda que lo vea.Uno es siempre tan joven como su ilusión, y tan viejo como sus desengaños.
pp.75 a 78.