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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

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16 de marzo de 2011

Nota sobre homosexualidad y homosexualismo



por el Dr. ABELARDO PITHOD


Tomado de El Derecho. Diario de Doctrina y Jurisprudencia.



No se debe discriminar a los homosexuales, es cierto, pero de ninguna manera aceptar las presiones del homosexualismo.

El núcleo duro de estas presiones es el llamado “orgullo gay”.

Un homosexual es una persona y como tal se le debe respeto.

Distinto es que le rindamos honores por ser homosexual.

En primer lugar porque le haríamos un mal a él mismo, y qué decir a los jóvenes y a la sociedad en general.

Hay homosexuales u homófilos que lamentan su condición de tales y que, incluso, luchan contra su inclinación.

No se ha comprobado que en el origen de la homosexualidad haya factores genéticos. Sí se conoce con bastante evidencia empírica que su causalidad es eminentemente social, que se halla en la biografía del sujeto.
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12 de febrero de 2011

Bodas de Infierno


Por el Dr. Antonio Caponetto



Tomado del blog de Cabildo



I –

En 1967, un par de gemelos univitelinos, varones ambos, fueron llevados al Hospital de Winnipeg, Canadá, cuando tenían ocho meses de edad. El propósito de esa visita –corregir una fimosis en los niños- terminó en un drama altamente ejemplarizador.

Uno de los gemelos, como consecuencia de una falla técnica en el electro bisturí, acabó con su órgano sexual destruido.

Ante la comprensible desesperación, los padres acudieron al Dr. John Money, entonces un afamado psicólogo neozelandés del Hospital John Hopkins de Baltimore. Money era el director de una clínica especializada en trastornos sexuales y, lo que es más importante, era uno de los principales mentores y promotores de la teoría del género. Su teoría –la misma que prevalece hoy- es que la sexualidad no depende del orden natural sino que se construye y se elige.

Tenía Money la triste pero fabulosa ocasión de probar su postura, pues nunca antes había caído en sus manos un caso así. Alguien nacido varón con un testigo casi clonado, su hermano gemelo, de que genéticamente pertenecía al sexo masculino. El mundo científico quedó expectante del caso. Lo mismo se diga del “lobby gay”, siempre presuroso por contar con la ciencia para justificar sus perversiones.

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31 de diciembre de 2010

La legitimación de la Sodomía



por Baldasseriensis

Tomado de Radio Convicción.



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a humanidad conocía el pecado de sodo­mía desde los tiempos del santo patriarca Abrahán. Dicho pecado provocaba la justa ira de Dios -«propter quod ira Dei venit in filios diffidentiae» [«por el cual cayó la ira de Dios sobre quienes le desafiaban»] (en Praecepta antiquae diócesis rotomagensis [Car­tas pastorales de la antigua diócesis de Rouen])-, destructora de las ciudades co­rrompidas (Gn 18,16-33; 19,1-29). No le corresponde, pues, a la modernidad la triste glo­ria de haber alumbrado el pecado inmundo; pero, en cambio, es propia de nuestra época la negación más radical que darse pueda de la ley natural, una negación que llega hasta a ha­cer caso omiso de la perversión homosexual.

A partir de las denominadas "luchas por los derechos civiles de los homosexuales", que se entrelazaban miserablemente con la re­volución sexual, todo Occidente se fue convenciendo, poco a poco, de la naturaleza ano­dina de las relaciones sexuales; de ahí que éstas se reduzcan, en su opinión, nada más que a una cuestión de gustos incensurables, que se pueden satisfacer libremente en la más absoluta negación de toda naturaleza y/o fi­nalidad de la sexualidad.

Si a tal convencimiento pseudomoral, que arraiga y prospera en el terreno abonado del convencionalismo ético-jurídico de Occiden­te, se le suma el ideal romántico del sentimiento irracional del amor (pasión erótica) en tanto que valor absoluto en sí y justificación de cualquier acto (es la interpretación román­tico-vitalista del agustiniano «ama et fac quod vis» [«ama y haz lo que quieras»], «V error de'ciechi che si fanno duci» [«el error de los ciegos que se hacen guías de los demás»] cuando dicen «ciascun amor in sé laudabil cosa» [«todo amor es laudable en sí»]: Pur­gatorio XVIII, vv. 18 y 36), es fácil com­prender la exaltación actual de la homose­xualidad en tanto que forma de amor lícita y, por ende, con derecho a reivindicar del Estado un reconocimiento legal que la equipare, en todos los aspectos, con la heterosexualidad.

La superación de los sexos en el concep­to artificioso de "género", así como la equiparación de la homosexualidad con la heterosexualidad, se hallaban ya presentes, im­plícitamente, en la filosofía moderna y en el derecho liberal, aunque no han llegado a rea­lizarse por completo hasta nuestros días. Una vez dicho esto, que era necesario para atri­buir a los hechos contingentes su justo peso respecto de las ideologías en que se funda­mentan, mucho más radicales, no podemos pasar en silencio el hecho de que Occidente presenta hoy, en la mejor de las hipótesis, le­gislaciones neutrales respecto de los actos ho­mosexuales, a los que se acepta ya como lí­citos y respetables. La denominada "cuestión antropológica" es mucho más antigua, cierta­mente, y hunde sus raíces en la modernidad (antes aún, a decir verdad: en algunas anti­guas herejías). Las raíces de los errores son viejas, pero su floración es relativamente re­ciente.

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15 de agosto de 2009

Una lección de Sodoma: subir o bajar


por José Antonio Ullate Fabo, (Licenciado en Derecho, escritor y periodista especializado en información y opinión religiosa, autor de El secreto masónico desvelado y La verdad sobre el Código da Vinci.)




eter Wood, profesor de antropología en la Universidad de Boston, se preguntaba por las consecuencias sociales de la «normalización» o la «institucionalización» de las conductas sodomitas. No se refería a una mayor o menor tolerancia práctica respecto a individuos marginales y asociales, como sucedía en muchas tribus norteamericanas o en la China anterior a Mao, sino que, como antropólogo, le interesaba el escenario de una sociedad que acepta ese tipo de conductas como «normales» y que regula ciertos ritos relativos a ellas. Para encontrar sociedades así, «tenemos que fijarnos en Melanesia —afirma Wood—, donde existen unas docenas de pequeñas sociedades en las que la homosexualidad masculina recibe significación ritual y está plenamente incorporada en la vida de la comunidad. Esto sucedía, por ejemplo, en Nuevas Hébridas, en Nueva Caledonia y en muchas partes de Nueva Guinea». El antropólogo desarrolla más detenidamente un ejemplo, el de la tribu de los etoro, una comunidad de unos cuatrocientos miembros, en Papúa Nueva Guinea. Entre los etoro, desde los doce años, todos los niños varones son sometidos diariamente a unas monstruosas prácticas sodomíticas, ejecutadas por un varón que se les asigna como «pareja». Más adelante, cada joven etoro recibe una «iniciación» social en una ceremonia sodomítica masiva. A partir de ese momento, el joven pasa a ser el inductor de los mismos ritos que él había padecido previamente y recibe a otro niño como «pareja». A menudo, «el pareja» sodomita adulto, se casa con la hermana del niño al que degrada. «Costumbres semejantes se dan en muchas otras tribus en las remotas montañas de Nueva Guinea —nos informa Wood—, y estos casos sirven colectivamente como prueba de que no es imposible canalizar la conducta homosexual dentro de un sistema social. ¿Pero qué tipo de sistema social?» Como indica el profesor, «los etoro ponen grandes obstáculos para la conducta heterosexual. Por ejemplo, marido y mujer sólo pueden realizar la unión conyugal fuera de su casa y para ello están prohibidos dos tercios de los días del año».

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6 de junio de 2009

Valores invertidos




por Eulogio López


Visto y tomado de Hispanidad






na moda, absolutamente liberticida, que se extiende por el mundo, similar a la nueva normativa del inefable Lula da Silva -otro peligro para la libertad en el mundo-: en Brasil se podrá denunciar a quien se atreva a expresar en un lugar público una opinión contra la homosexualidad. En definitiva, estamos a un paso de que la homosexualidad sea obligatoria, según el inefable axioma progresista: aborto despenalizado, aborto libre, aborto financiado, aborto obligatorio. Cambien aborto por homosexualidad y la sucesión es la misma.

Por otra parte, Obama camina hacia el gaymonio. Si no puede hacerlo es por el pequeño detalle de que al menos en ocho referendos (tres durante las últimas Presidenciales) donde la población norteamericana fue consultada al efecto -incluida la liberalísima California- concluyeron que el matrimonio es esa institución formada por un hombre y una mujer.

Lo de Brasil y Estados Unidos es lo que podríamos llamar ‘valores invertidos’, que en el Evangelio se denomina Blasfemia contra el Espíritu Santo: no se trata sólo de negar, en teoría en la práctica, lo bueno, sino de convertir lo malo en bueno y lo bueno en malo... y en perseguible.
Naturalmente, la inquisición gay se basa en un sofisma tan simple como eficaz. No se distingue entre la persona y la idea, situación o condición. En otras palabras, se entiende que atacar la homosexualidad es atacar al homosexual. Igual que decir que atacar a la pobreza es atacar al pobre o que atacar al sida es atacar al sidoso. Quien, como yo, considera que la homosexualidad es aberrante, no maltrata al homosexual sino que trata de convencerle para que abandone tan limitativa condición y se realice como persona. Pero a Lula y a Obama les encanta cualquier tipo de inversión y, de modo muy especial, los valores invertidos.

8 de mayo de 2009

Homosexualismo y discriminación


por el Dr. Jorge Scala


Tomado de Sembrando Esperanza




n el Congreso Nacional y varias Legislaturas Provinciales -como la de Córdoba-, se han diversos proyectos de ley, para crear un registro de las uniones entre homosexuales, y beneficiar económicamente a los allí registrados. Conviene subrayar que la Constitución Nacional reformada en 1994, receptó diversos tratados de derechos humanos, que forman parte de nuestra Carta Magna. Obviamente, ninguna ley nacional y mucho menos provincial, puede contradecirlos. Así el matrimonio y/o el casamiento son derechos reservados -exclusivamente-, a las parejas heterosexuales, por el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el cual "reconoce el derecho del hombre y de la mujer a contraer matrimonio y a fundar una familia" (art. 23, inc. 2), y la Declaración Universal de Derechos Humanos, en su art. 16, inc. 1.

Estas normas de rango constitucional, se corresponden con la naturaleza humana. En efecto, sólo las parejas heterosexuales permiten asegurar la supervivencia de nuestra especie, al engendrar los hijos que nos sustituirán en el futuro. Y esto es lo que le interesa al derecho: regular las conductas humanas, para proteger el hoy y el futuro de la sociedad. Los afectos no se regulan, pues exceden el campo jurídico. Esto es obvio: ninguna ley puede obligar a nadie, a amar a su cónyuge ni a sus hijos, aún cuando dicho amor sea lo ideal. Es decir que basta el compromiso de fidelidad, convivencia y apertura a la vida, para contraer matrimonio; la felicidad no se impone por ley...

Ahora bien, el hecho que los homosexuales en la Argentina, por mandato constitucional, no puedan casarse -porque ellos así lo decidieron libremente, al negarse a procrear al modo humano-, no impide considerar si esas uniones podrían registrarse ante el Estado. Para eso es importante subrayar, que los registros públicos no anotan todos los actos humanos -que son casi infinitos-, sino sólo aquéllos en los que esté en juego el bien común; es decir, el bien objetivo de toda la sociedad. Así se registran los nacimientos y defunciones de las personas físicas, pues esos hechos marcan el inicio y el fin de nuestros derechos. También se registran los matrimonios y sus avatares -nulidad, separación, divorcio-, pues esta institución, como ya dijimos, asegura la supervivencia de la sociedad.

En cuanto a los bienes, se registran los inmuebles, y algunos bienes muebles, por su importancia patrimonial. Los afectos humanos -muy nobles, sin duda-, no se registran: nunca y en ningún lugar del mundo se registraron los amigos, ¿y quien no los tiene?...

Es preciso preguntarse ahora: ¿es bueno para todos los ciudadanos, registrar las uniones de quienes se desentienden, del futuro de la sociedad?. Digámoslo con franqueza: fuera de los homosexuales -para "autoblanquear" su por demás curiosa afectividad-, ¿a quién puede importarle o servirle tal registro?; ¿qué dato relevante para la comunidad se sacaría de dichas anotaciones?... Dejemos de una vez toda hipocresía y hablemos claro: el homosexual activo ejerce su genitalidad al margen del bien común, al excluir por definición, toda posibilidad de procrear.

Esta es una actitud antisocial; tan antisocial que, si todos fuéramos homosexuales, en una generación se acabaría la especie humana. Y esto es incontrovertible.

Ahora bien, ¿a quién se le puede ocurrir crear un registro estatal -con el siempre insuficiente dinero de todos-, para registrar uniones sexuales que impiden el progreso social?.

Si se trata de elevar la autoestima de quienes tienen esa actitud vital…, pues bien, que ellos funden, regulen y paguen "su" registro privado. Sin ánimo de ofender, y a sólo título de ejemplo, recuerdo al lector que los registros de las razas equinas, bovinas y caninas, son todos privados; aquí y en la China. Lo que resulta inadmisible es que se use nuestro dinero, para pagar la vanidad, de quienes se oponen al futuro de nuestra comunidad.

El proyecto nacional pretende otorgar a las uniones del mismo sexo, la facultad de adoptar niños. Dicho de otro modo: quienes han elegido como proyecto vital el uso de los genitales de modo que les sea imposible procrear, reivindican para sí el "derecho" de adopción. Sin duda han logrado arrasar todos los principios de la lógica humana… Pero hay más: la Convención sobre los Derechos del Niño, también ella de rango constitucional, prevé que en todo lo atinente a los menores de 18 años, debe estarse siempre al "interés superior del niño". Ahora bien, la adopción es el instituto según el cual a un niño abandonado, se le encuentran los padres más adecuados. La propuesta legislativa es exactamente la contraria: a unos "no padres" por elección, se les entrega un niño que les haga creer que son padres, aún a costa de la mala educación y salud mental del menor…

¿Dónde quedó el "interés superior del niño"?.

Los proyectistas no lo saben y nosotros tampoco… En verdad, hay otra "picardía" del "lobby rosa". Los proyectos de ley prevén otorgar, a las uniones homosexuales registradas, los mismos beneficios laborales y de seguridad social, que corresponden a los matrimonios. Es decir que se otorgarían licencias para trabajar menos días -en detrimento evidente del empleador, sea estatal o privado- y, además, las cajas de seguridad y previsión social, deberían desembolsar sumas extras, para engrosar los bolsillos del colectivo gay, sacando ese dinero a los matrimonios y familias cordobesas. Dicho sin eufemismos, se busca quitar parte de las pensiones a las viudas -que no trabajaron fuera del hogar, pues se dedicaron a la crianza y educación de sus hijos-, para
transferírselas a quienes nunca quisieron tener hijos, ni criarlos, ni educarlos. Esto es radicalmente injusto y por ello mismo, un dislate político y jurídico.

Una última observación: los peores pecados de la cultura postmodernista parecen ser: fumar, comer carne vacuna y discriminar. De todos ellos, el peor de todos es discriminar. Al punto que todo discriminador arbitrario, jura y perjura no discriminar. Por una vez digamos la verdad: en el tema analizado, los únicos discriminadores injustos, son los homosexuales -y sus corifeos sedicentes representantes populares-. En efecto: pretenden un trato frente a la comunidad, como si beneficiaran a la sociedad, cuando en realidad la ponen en peligro de extinción; y, además, reivindican los beneficios económicos propios de quienes sacrifican sus posibilidades, tiempo y dinero por sus hijos, cuando ellos reniegan por principio, de toda posibilidad de procrear. Visto desde el punto de vista social, los proyectos de ley estudiados, son verdaderamente suicidas. Desde el punto de vista jurídico, estamos frente a iniciativas radicalmente injustas y arbitrarias, contrarias al bien común y a la Constitución Política de la República Argentina.

25 de julio de 2008

El informe Rekers: el estudio que frenó la adopción gay en Florida



Tomado de Forum Libertas

El neuropsiquiatra George A. Rekers argumenta con numerosos estudios por qué un niño necesita un padre y una madre.

En octubre de 2004, el Estado de Arkansas examinaba una norma estatal que impedía entregar niños en adopción a hogares con homosexuales. El experto que debía hablñar en defensa de esta norma del Estado era el Dr. George A. Rekers, profesor de Neuropsiquiatría de Ciencias del Comportamiento en la Universidad de Carolina del Sur.

Rekers preparó un informe de 75 páginas sobre la documentación científica que muestra las diferencias entre las parejas homosexuales y las heterosexuales y el impacto que tiene en los niños criarse en hogares homosexuales. Defendiendo la postura homosexualista estaba la abogada Leslie Cooper, en nombre de la asociación laicista y pro-gay ACLU.

Para asombro de todos, la abogada del Estado, Kathy Hall, no dejó que Rekers presentara este material…¡que debía defender precisamente la postura del Estado! Le impidió presentar todos los datos sobre porcentajes de pedofilia en población homosexual, porcentajes de sida, de violencia doméstica entre homosexuales y de desórdenes psiquiátricos entre homosexuales.

De todo el material científico recopilado, la abogada del Estado sólo usó un 20%. Y el Estado de Arkansas perdió el juicio, por supuesto, abriendo la puerta a la entrega de niños a progenitores gays en adopción en este estado.

¿Por qué hizo eso la abogada Hall?

Después de este juicio se ha sabido que la abogada Kathy Hall es socia activa de ACLU, que colabora con servicios legales gratuitos con el Proyecto Lesbiana y Gay ACLU y en 2005 formó equipo con la que había parecido su adversaria –pero era compañera en ACLU- Leslie Cooper, asesorando otro caso homosexual en Arkansas. Es decir, la abogada del Estado en realidad estaba a servicio de quienes demandaban al Estado, de la ACLU.

El juez siguió la corriente a ACLU y consideró que el doctor Rekers era un “testigo sospechoso” que “estaba allí principalmente para promover su propia ideología”.

El gran pecado de este doctor y profesor universitario de neuropsiquiatría era –como no se cansa de repetir la web de ACLU- ser cristiano. Más aún, ministro ordenado de la Convención de Baptistas del Sur.

El mismo año 2004, el doctor Rekers usó su informe para un caso similar (Lofton contra el Departamento de Infancia de Florida) y el equipo multidisciplinar que promovía la adopción en pareja heterosexual ganó: Florida mantuvo la prohibición de entrega en adopción de niños a hogares gays. También los Boy Scouts usaron parte de la argumentación científica recogida por Rekers ante el Tribunal Supremo y ganaron un caso similar.

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Para leer el artículo completo haga click sobre la imagen, y para que no crean que soy ligeramente prejuicioso, hágalo con mucho asco.

16 de julio de 2008

La legitimación de la Sodomía


por Baldasseriensis

Tomado de Radio Convicción.



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La humanidad conocía el pecado de sodo­mía desde los tiempos del santo patriarca Abrahán. Dicho pecado provocaba la justa ira de Dios -«propter quod ira Dei venit in filios diffidentiae» [«por el cual cayó la ira de Dios sobre quienes le desafiaban»] (enPraecepta antiquae diócesis rotomagensis [Car­tas pastorales de la antigua diócesis de Rouen])-, destructora de las ciudades co­rrompidas (Gn 18,16-33; 19,1-29). No le corresponde, pues, a la modernidad la triste glo­ria de haber alumbrado el pecado inmundo; pero, en cambio, es propia de nuestra época la negación más radical que darse pueda de la ley natural, una negación que llega hasta a ha­cer caso omiso de la perversión homosexual.

A partir de las denominadas "luchas por los derechos civiles de los homosexuales", que se entrelazaban miserablemente con la re­volución sexual, todo Occidente se fue convenciendo, poco a poco, de la naturaleza ano­dina de las relaciones sexuales; de ahí que éstas se reduzcan, en su opinión, nada más que a una cuestión de gustos incensurables, que se pueden satisfacer libremente en la más absoluta negación de toda naturaleza y/o fi­nalidad de la sexualidad.

Si a tal convencimiento pseudomoral, que arraiga y prospera en el terreno abonado del convencionalismo ético-jurídico de Occiden­te, se le suma el ideal romántico del sentimiento irracional del amor (pasión erótica) en tanto que valor absoluto en sí y justificación de cualquier acto (es la interpretación román­tico-vitalista del agustiniano «ama et fac quod vis» [«ama y haz lo que quieras»], «V error de'ciechi che si fanno duci» [«el error de los ciegos que se hacen guías de los demás»] cuando dicen «ciascun amor in sé laudabil cosa» [«todo amor es laudable en sí»]: Pur­gatorio XVIII, vv. 18 y 36), es fácil com­prender la exaltación actual de la homose­xualidad en tanto que forma de amor lícita y, por ende, con derecho a reivindicar del Estado un reconocimiento legal que la equipare, en todos los aspectos, con la heterosexualidad.

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Para leer el artículo complte, haga click en la imagen, con un poquito de asco.

8 de mayo de 2008

Acabarán penalizando a los heterosexuales

Por Vittorio Messori

A partir de la primera mitad del siglo XIX, con la ocupación francesa de Argelia y a medida que continuó la expansión colonial en el norte de África, los homosexuales europeos descubrieron una especie de soñada tierra prometida y corrieron en masa hacia allí. No porque entre los árabes el porcentaje de «diferentes» fuera más elevado que en otro lugar, sino porque la impenetrable barrera que en aquellos países separa hombres y mujeres, empuja a los jóvenes que esperan al matrimonio a buscarse..., ¿cómo decirlo?, una especie de «sustituto».

A esta función se prestaron con entusiasmo los homosexuales, primero europeos y después también americanos, que nos dejaron también descripciones de sus aventuras y entraron en la historia de la literatura: André Gide, Oscar Wilde, por decir solo dos nombres. Además, precisamente por este motivo muchos se enrolaron como voluntarios entre las tropas coloniales, pidiendo ser enviados a aquellas tierras, tan agradables para ellos.

Aunque empezaron siendo un número limitado, con el fenómeno del turismo de masas los occidentales se han convertido en legión. Hay quien dice que la mayoría de los jóvenes norteafricanos ha tenido al menos alguna experiencia de este tipo con europeos o americanos. De ahí el desprecio generalizado, dado que para aquellas culturas, el afeminado, el pasivo, el hombre que se reduce al papel de mujer es lo más despreciable. La pena es que precisamente a este tipo humano se reduce, para muchos, la noción de «blanco». Es decir, que en aquel mundo, Occidente se identifica con el gay que se propone y paga por por apartarse tras un matorral o en cualquier habitación de alquiler. Y la imagen que se llevan aquellos árabes no es precisamente entusiasta.

Más datos significativos: la célebre banca de negocios J.P. Morgan, una de las más poderosas del mundo, considerada el bastión de la comunidad hebrea americana, ha comenzado hace poco una campaña de contratación de directivos. Los requisitos son tener una buena titulación en una buena universidad y la declaración —sea hombre o mujer — de ser homosexual. La campaña fue presentada el pasado otoño en Londres en una rueda de prensa, en la que los dirigentes explicaron que, de esta manera, la J.P. Morgan demostraba ser «una empresa iluminada». En efecto, poco después, la otra gran banca anglosajona, la Goldman Sachs, ha anunciado una iniciativa similar. El periódico «L Unitá» comentaba: «Ser gay o lesbiana se está transformando de ser un problema a ser una oportunidad, hasta el punto de preguntarse si no estaremos yendo hacia un privilegio que penalice a los heterosexuales».

Por lo demás, en EE UU los departamentos federales para la investigación médica están ya establecidos según un criterio que respeta lo «políticamente correcto» y el privilegio homosexual es evidente en el hecho de que la suma mayor es para el sida, problema que concierne de modo particular a la comunidad gay. Como entidad de fondos puestos a disposición del Gobierno, le sigue el cáncer de útero: aquí se ha hecho sentir la presión del «lobby» feminista. Mucho menores son las cantidades dedicadas al cáncer de próstata, que estadísticamente es más difuso y que tiene unos métodos de cura que exigirían muchas investigaciones posteriores. Pero como ya sabemos, los hombres heterosexuales no son «politically correct» y, por tanto, sus problemas interesan bastante menos a los políticos americanos.