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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

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13 de abril de 2011

De reptiles a aves

Tomado del blog de Stat Veritas



Los escépticos, ateos o anti-teístas, necesitan –según ellos- de argumentos “racionales”, probatorios científicamente mediante la observación empírica de los hechos. Pues bien, pareciera que aquél énfasis en la “racionalidad” de lo que solamente se puede comprobar empíricamente, queda totalmente relegado y –podríamos decir- despreciado por ellos mismos, cuando tratamos del tema “evolución”.
La “evolución” no está demostrada bajo ningún método científico empírico racional. Nadie ha visto ni ha comprobado como “evoluciona” un reptil de un ave, por ejemplo. De ahí que, tanto gustan de argumentos lógicos, racionales y científicos, que en estos casos prefieren tener “fe” en la evolución. Tienen que creer en la evolución. Eso, desde el punto de vista ateo, no es racional.
Aquí desmitificamos uno de los tantos mitos evolucionistas. El famoso caso del “Archaeopteryx” y su supuesto estado de transicional entre un reptil y un ave.

De reptiles a aves.

De reptiles a aves, hipótesis más importante sostenida por los evolucionistas del paso de los reptiles del grupo pterodáctilo de los pterosauros (Rhampfiorhyncfius) a las aves por el Archaeopteryx y el Archaeornis, es decir, de los reptiles voladores a aves reptiliformes. No es posible considerar a estos volátiles como auténticos eslabones entre las aves y los reptiles, no son animales intermedios entre estos dos grupos en el verdadero sentido de la palabra, sino auténticas aves, con algu­nos caracteres que las asemejan más a los reptiles. Los reptiles volátiles son verdade­ros y propios reptiles, pero perfectamente aptos para volar; poseen huesos pneumáticos como las aves, membranas extendidas entre las extremidades que hacen veces de alas, como los murciélagos. El Archaeopteryx tie­ne la estructura de una auténtica ave por la articulación tarsometatarso, tibia-tarso; por la forma de la pelvis, del cerco escapular, de la estructura del cráneo, del plumaje... Boule y Piveteau escriben a propósito de esto: el Archaeopteryx es un ave por la estructura general, la forma de su cuerpo y sobre todo, por su plumaje. Y algunas líneas después: verda­deramente -dicen-, cuando se tiene en cuenta el conjunto de la organización, el Archaeopteryx se nos presenta como una verdadera ave[1].
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14 de octubre de 2009

La Ciencia contra la Fe


por el Dr. Raúl Leguizamón

Tomado de Monfort Associação Cultural




Introducción

Los dogmas de fe son muy difíciles -si no imposibles- de refutar con argumentos científicos. La historia de la humanidad lo atestigua sobradamente.
Nuestro tiempo no escapa, por cierto, a esta regla, ya que en la actualidad, como en to­das las épocas, una buena cantidad de personas sigue obstinadamente creyendo cosas, no sólo desprovistas de todo fundamento científico, sino que, además, están en franca con­tradicción con el conocimiento científico que hoy poseemos.
Para dar un ejemplo, entre cientos, de lo expresado, me referiré a la insólita creencia actual de mucha gente -curiosamente, muchos de ellos científicos- de que el hombre desciende del mono.
Porque ha de saberse que el tan mentado y manoseado "antecesor común" del hombre y del mono, de quien hablan muchos científicos y divulgadores, no es ni puede ser otra cosa que un mono. El supuesto "antecesor común” sería llamado ciertamente mono por cualquiera que lo viese, afirmaba el ilustre paleontólogo de la Universidad de Harvard, George G. Simpson. Es pusilánime si no deshonesto, decir otra cosa, agregaba Simpson. Es deshonesto, agrego yo.
De manera que todos los esfuerzos de los antropólogos e investigadores en este tema, no se dirigen, en absoluto, a dilucidar, objetivamente y sin prejuicios, de qué modo se originó el hombre, sino de qué mono lo hizo.
En otras palabras: el postulado de nuestro origen simiesco es una convicción de la que se parte, y no una conclusión a la que se arriba.
Ahora bien, esta convicción, que muchos científicos y divulgadores sostienen encarni­zadamente (¡hasta el punto de mostrarla al público como un hecho científico y demostrado!), es -por definición- algo que está fue­ra del campo de la ciencia experimental, que se basa, precisamente, en la observación y reproducción experimental del fenómeno bajo estudio. Cosas evidentemente imposi­bles en este caso.
De manera que, y a poco de respetar el significado de las palabras, esta creencia en el origen del hombre a partir del mono, es sólo una hipótesis de trabajo, una suposición, una conjetura, más o menos razonable, más o menos coherente, más o menos disparata­da, pero siempre de carácter hipotético. No sólo no demostrada, sino, aún más -por definición-, indemostrable. Y la ciencia es de­mostración.
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Para leer (o releer, pues fue publicado hace más de un año) el artículo completo, haga click sobre este enlace.

16 de septiembre de 2009

Sobre el Orígen de la Vida





por el Dr. David Berlinski

(para conocer al autor haga click sobre su imágen)


Tomado de Ciencia Alternativa








stamos en 1828, un año que vio la muerte de Shaka, el rey zulú, la aprobación en los Estados Unidos del Arancel de las Abominaciones, y la batalla de Las Piedras, en América del Sur. También es el año en que el químico alemán Friedrich Wöhler anunció la síntesis de la urea a partir del ácido cianhídrico y el amoníaco.
Descubierta por H. M. Roulle en 1773, la urea es el principal componente de la orina. Hasta 1828, los químicos habían supuesto que la urea sólo podía ser producida por organismos vivos. Wöhler proporcionó la refutación más convincente de esta tesis que se pueda imaginar. Su síntesis de urea era digna de ser tenida en cuenta, observaba él con modestia, porque “aporta un ejemplo de producción artificial de una sustancia orgánica, denominada animal, a partir de materia inorgánica”.
El trabajo de Wöhler inició una revolución en la química; pero también inició una revolución en el pensamiento. Del mismo modo que los sistemas vivos son químicos en su naturaleza, se hizo posible imaginar que podían ser químicos en el origen, y si eran químicos en el origen, eran por tanto plenamente físicos en su naturaleza, y en consecuencia una parte del universo que podía ser explicada en términos “del modelo por el que la ciencia debe regirse”1.
En una carta enviada a su amigo, Sir Joseph Hooker, varias décadas después del descubrimiento de Wöhler, Charles Darwin se permitía especular. Al invocar “una pequeña sopa caliente”, cociendo en el oscuro e inaccesible pasado, Darwin imaginaba que, dados “el amoniaco y las sales fosfóricas, la luz, el calor y la electricidad, etc, presentes”, podría provocarse la generación espontánea de un “compuesto proteico”, de manera que este compuesto estuviera “listo para experimentar cambios aún más complejos”. Así comenzó la mismísima evolución darwinista.
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Para leer el artículo completo haga click sobre este enlace. (altamente recomendado).


12 de septiembre de 2009

El Diseño Inteligente: Una breve introducción



por William Dembski







l diseño inteligente (DI) es una teoría que estudia la presencia de patrones en la naturaleza, los cuales puedan explicarse mejor si se atribuyen a alguna inteligencia. ¿Es esa señal de radio proveniente del espacio exterior, un ruido aleatorio, o es producida por inteligencia extraterrestre? ¿Es ese pedazo de piedra sólo eso o es una punta de flecha? ¿Es el Monte Rushmore el resultado de la erosión o es la obra creativa de algún artista? Todo el tiempo nos hacemos este tipo de preguntas, y pensamos que podemos dar buenas respuestas.

Monte Rushmore

Sin embargo, cuando se trata de la biología y la cosmología, los científicos respingan ante la sola idea de cuestionarse, y mayormente de responder, si eso implica inclinarse por la idea de que existe un diseño subyacente. Esta situación sucede sobre todo en la biología. Según el famoso evolucionista Francisco Ayala, el mayor logro de Darwin fue mostrar cómo podía lograrse la organizada complejidad de los organismos sin que fuera necesaria una inteligencia diseñadora. En contraste, el DI pretende encontrar en los sistemas biológicos patrones que denoten inteligencia. Por lo tanto, el DI desafía directamente al darvinismo y otros enfoques materialistas sobre el origen y la evolución de la vida.

La idea del diseño inteligente ha tenido una turbulenta historia intelectual. El principal desafío que ha enfrentado durante los últimos 200 años ha sido descubrir una formula conceptualmente poderosa que haga avanzar fructíferamente a la ciencia. Lo que ha mantenido a la idea del diseño fuera de la principal corriente científica desde que Darwin propuso su teoría de la evolución, es que carecía de métodos precisos para distinguir los objetos producidos inteligentemente. Para que la teoría del diseño inteligente pueda convertirse en un concepto científico fructífero, los científicos necesitan estar seguros de que pueden determinar con confiabilidad si algo fue diseñado.

Por ejemplo, Johannes Kepler pensaba que los cráteres de la luna habían sido diseñados por sus moradores. Hoy sabemos que fueron formados por fuerzas materiales ciegas (por ejemplo, impactos de meteoritos). Es este miedo a ser refutada y desbancada lo que ha evitado que la teoría del diseño entre a la ciencia. Pero los partidarios de la teoría del diseño inteligente argumentan que ya han formulado métodos precisos para distinguir los objetos diseñados de los no diseñados. Aseguran que estos métodos les permiten evitar el error de Kepler e identificar confiablemente el diseño en los sistemas biológicos.

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9 de julio de 2009

Máquinas Moleculares: Respaldo Experimental para la Inferencia de Diseño




por Michael Behe


Tomado de Ciencia alternativa




Una Serie de Ojos


ómo vemos? En el siglo XIX la anatomía del ojo se conoció con lujo de detalles y los sofisticados mecanismos que emplea para proveer un retrato exacto del mundo exterior sorprendió a todos los que estaban familiarizados con ellos. Los científicos del siglo XIX observaron correctamente que si una persona fuera tan desafortunada como para perder uno de las muchas funciones integradas, tales como la lente, el iris o los músculos oculares, el resultado inevitable sería una pérdida severa de visión o la ceguera. Por esta razón se concluyó que el ojo sólo funcionaría si se encontraba casi intacto.

Cuando Carlos Darwin estaba considerando posibles objeciones a su teoría de la evolución por la selección natural, él presentó en su libro El Origen de las Especies una discusión sobre el tema del ojo en la sección del libro titulada adecuadamente “Órganos de Extrema Perfección y Complejidad”. Él se dio cuenta de que si en una generación un órgano con la complejidad del ojo apareciera súbitamente, el hecho sería equivalente a un milagro. De alguna manera, para que la evolución darwininiana sea creíble, la dificultad que el público tenía en visualizar la formación gradual de órganos complejos tenía que ser removida.

Darwin tuvo éxito brillantemente, no describiendo los pasos que la evolución pudo haber usado en construir el ojo, sino más bien identificando a una variedad de animales que se conocía tenían ojos de diferente complejidad, desde una mancha sensitiva a la luz hasta el complejo ojo de los vertebrados, y sugiriendo que la evolución del ojo humano pudo haber tenido órganos semejantes como estadíos intermedios en su formación.
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22 de junio de 2009

Evolución y fraude




por el Dr. Enrique Díaz Araujo


Tomado de Mikael Nº 7
Revista del Seminario de Paraná
Primer cuatrimestre de 1975




"Una prehistoria podrida de hipótesis y llena de viento".
Charles Maurras. (Revue Universelle, 15-1-1921, p. 16).



volucionismo y fraude han ido siempre asociados. Aclaremos que por "evolucionismo" se entiende la teoría —defendida como tesis comprobada— de la descendencia humana por vía del transformismo de todas las especies. Y por fraude se alude a los hechos ilícitos de las falsificaciones científicas y a las falsedades ideológicas; en estas últimas se cae, cuando a una mera hipótesis de trabajo se la presenta como una verdad demostrada, o se insiste en exhibir su validez cuando la experimentación la ha desmentido.

El evolucionismo, que ha abarcado todas las disciplinas vinculadas al estudio de la naturaleza, ha hecho especial hincapié en el análisis del pasado ancestral, en la paleontología y la prehistoria. Y nunca se ha caracterizado en exceso por la seriedad de sus conclusiones. Es el mismo gran maestro del evolucionismo contemporáneo, Pierre Teilhard de Chardin, quien afirma: "hubo un tiempo en que la Prehistoria merecía ser objeto de sospechas o burlas'' (1).

Ese tiempo ha continuado.


1. LOS ESLABONES DE LA TEORÍA EVOLUCIONISTA

El proceso comienza ya con el primer divulgador del evolucionismo darwinista, el zoólogo de la Universidad de Jena, Ernest Haeckel.

Como es sabido, el difundido autor de "los enigmas del Universo" fue quien acuñó la expresión "monismo" para referirse a la teoría de la significación unitaria del universo en sus tres reinos naturales. Él fue quien popularizó la denominada "ley biogenética fundamental" (por la cual la "ontogenia" —desarrollo de! embrión animal a partir del huevo- sería la "recapitulación" —reproducción abreviada— de la "filogenia" — desarrollo de las especies a través de las eras geológicas — ). Fue él quien exhibió con lujo de detalles los primeros "árboles filogenéticos", para explicar la transformación histórica de las especies, partiendo de la materia inerte hasta el hombre. Así aseguraba la unidad de la naturaleza ("ley biofísica") y su conexión causal (el determinismo riguroso).

Además proponía la existencia de un "missing-link" (eslabón que falta, según Darwin), el llamado "Pithecanthropus" (piteco, mono, antropos, hombre).

Su principal tarea, fuera de la exposición del esquema reseñado, fue tratar de encontrar esa primitiva forma común (el "phyllum" de todas las especies). Así habló de la "mónera", como una ameba sin núcleo. En su "Histoire de la création naturelle", anunciaba que "estas móneras son sólo pequeños grumos mucilaginosos, móviles y amorfos, constituidos por una substancia carbonada albuminoide" (p. 134). El lector pensará, lógicamente que Haeckel disponía de alguna prueba de la existencia de las tales "móneras". Pues no. Y como en los congresos internacionales a los que asistió se lo hicieron notar con cargosa insistencia, él se dio en fabricar sus pruebas. "Llegó al extremo de alterar las reproducciones de algunos preparados, con el fin de dar una base más evidente a sus afirmaciones" (2). Pero sólo consiguió una cosecha renovada de burlas y sarcasmos.
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8 de junio de 2009

Tipología y motivaciones de las actitudes frente al Evolucionismo



por Julio Garrido
Miembro de número de la Real Academia de
Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid

Tomado de Evolución y Evolucionismo
Ediciones Oikos, 1982





o es posible negar que el evolucionismo es una idea fundamental en el panorama intelectual contemporáneo. Tiene sus raíces en la teoría de la evolución biológica, que tomó forma en las famosas obras de Carlos Darwin. La idea del evolucionismo rebasa actualmente el dominio de la biología para invadir la sociología, la política y hasta conceptos fundamentales de la visión del mundo.
Ante todo hay que ponerse de acuerdo sobre la terminología. La palabra evolución puede tener diferentes sentidos. Se ha definido como "transformación que hace pasar un agregado de lo homogéneo a lo heterogéneo"; así se opone a "disolución" o "involución" y conlleva la idea de jerarquización y progreso. También se refiere la evolución a una serie de transformaciones sucesivas o cambios paulatinos, de lo que resulta que la evolución podría ser progresiva o regresiva.
En la naturaleza, la evolución es un hecho pues se habla con toda propiedad de evolución de una red fluvial en geografía física, de evolución de un embrión en biología o de evolución de una enfermedad en medicina.
Muy distinto es el significado que se ha dado a la palabra evolucionismo. Todos los ismos se caracterizan por dar a una idea o noción, un carácter preponderante o exclusivista. El evolucionismo tal como se entiende ordinariamente es sinónimo de transformismo, de filiación de los seres vivos unos a partir de los otros, desde los más sencillos hasta el hombre.
En la mayoría de los casos esta idea se interpreta en el sentido de Darwin, según el cual la "selección natural", "el triunfo de los más aptos", sería el motor y la causa del progreso ascendente de la escala animal. Resulta así una incidencia evidente sobre la totalidad de las ciencias biológicas, y de allí sobre múltiples disciplinas y actitudes humanas.
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1 de junio de 2009

Evolución y transformismo



Por el Dr. Enrique Díaz Araujo

Tomado de Evolución y Evolucionismo
Ediciones Oikos, 1982



a sucesión geológica de los seres constituye, en verdad, una evolución, ya que los cuerpos del mismo tipo, y, en consecuencia, relacionables al menos ideal­mente, se manifiestan sucesivamente bajo formas dife­rentes. Pero esta evolución es totalmente distinta del transformismo, porque el punto de partida de sus diver­sas fases no se encuentra en las formas vivientes, las cuales se presentan aisladas desde su aparición y ter­minales, sino en gérmenes teóricamente ligados a las ramas precedentes cuyo desarrollo no es simultáneo al de ellas, sino que espera su hora y sigue luego caminos diferentes... Hay una evolución indudable, sucesivos cambios jalonando la historia del mundo, como los que jalonan la formación de un individuo, pero esta evolu­ción no es el resultado de un transformismo mecanicista sino la realización de ideas creadoras, realización lle­vada a cabo con el concurso de una infinidad de factores diversos, entre los cuales aquellos del transformismo mecanicista no tienen sino una ínfima parte. El transfor­mismo, en cuanto teoría mecanicista, es absolutamente incapaz de explicar la formación del mundo viviente. Puede sólo explicar las diversificaciones secundarias de los tipos formales, pero no el origen de estos últimos, ni, lo que es más, el origen de los tipos de organización. El término «creación», descartado del lenguaje biológico, debe recuperar su lugar, al menos para marcar el hecho indudable de que el mundo nos es dado como un conjun­to coordinado y, en consecuencia, querido, en cualquier estadio y en cualquier parte que se considere. El término «transformismo» debe ser abandonado porque designa una teoría cuya impotencia para dar lo que se le pide es manifiesta" (1).

Estas consideraciones, que colocamos a modo de in­troducción, pertenecen al gran biólogo francés Louís Vialleton. Con ellas el famoso sabio de Montpellier —antes de los aportes de la genética macromolecular, del cálculo de probabilidades y de diversos descubri­mientos arqueológicos y paleontológicos contemporá­neos que contradicen.al evolucionismo— enfrentaba los dos extremos de la cuestión biológica: evolución y trans­formismo. Pero además el insigne académico —en épo­cas de auge evolucionista— convocaba a la restauración de la noción de creación y reasumía el fecundo concepto agustiniano de las razones seminales. Por todo ello estimamos como justo homenaje a su inmensa labor esclarecedora poner sus ideas por delante en esta exposición.

Precisamente lo que Vialleton redescubría en 1929 permitiría a la ciencia actual desenmarañar la equívoca madeja de confusiones lingüísticas y conceptuales en que se sumió el mundo cultural occidental desde 1863, digamos, para poner una fecha; es decir, desde que Thomas Henry Huxley procedió a publicar su artículo sobre la voz "evolution" en la Encyclopedia Británica.
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14 de mayo de 2009

Evolucionismo y progresismo




por el Dr. Aníbal D´Angelo Rodríguez


Tomado de Evolución y Evolucionismo
Ediciones Oikos, 1982





I. Creencias y cosmovisión



no de los servicios más insignes que Ortega y Gasset prestara al pensamiento es la distinción entre ideas y creencias. A partir de ella, toda indagación histórica tiene la obligación de tomarla en cuenta si de verdad quiere penetrar en la incógnita del pasado para develarla y reconstruirlo.
El más prolijo expositor de las ideas de Ortega ha escrito: "Las creencias se refieren primariamente al comportamiento de la realidad; las interpretaciones básicas de lo real, justamente en la medida en que «funcionan», en que no son pensadas como interpretaciones, eso son las creencias fundamentales. Por eso las creencias no se originan en el individuo propiamente por persuasión, no son rigurosamente «convicciones» sino que son más bien inyectadas por la marcha de la vida misma. El funcionamiento de la realidad que nos rodea desde el nacimiento, la presentación de cada una de las cosas como tal cosa, como tal manera de ser y comportarse, decanta en nosotros la creencia correspondiente" (1). Añade más adelante, al hablar del sistema de las creencias: "Su articulación está sostenida por un proyecto o pretensión constitutiva de la forma de vida correspondiente; sólo en función del drama vital a que sirve es sistemático el repertorio de las creencias; pero visto desde esta perspectiva no puedo sino ser sistemático, porque de otro modo la vida no sería posible" (2).
He aquí las dos conclusiones de las que queremos partir para nuestro estudio del evolucionismo: primero, qué los hombres cuentan en su vivir—y no pueden dejar de hacerlo— con un conjunto de "interpretaciones básicas de lo real"; segundo, que esas interpretaciones constituyen un sistema, cuya estructura no es precisamente lógica sino ligada a un proyecto o pretensión.
Pues bien: llamaremos cosmovisión a esa estructura que, ligada a un proyecto, proporciona un repertorio de interpretaciones básicas de la realidad. Estructura, proyecto e interpretaciones absolutamente inevitables, pues no puede concebirse vida colectiva—lo que equivale aquí a decir vida humana— sin tales componentes.
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11 de febrero de 2009

Evolucionismo: ¿Dogma científico o tesis teosófica? (7)




Orlando Fedeli
Fábio Vanini, biólogo
Marina Marques Vanini, doctoranda en Biología
Marcelo Murai, Maestro en Biología
Luciana Kauer Murai, graduada en Biología
Dr. Daniel Almeida de Oliveira, Médico



VI - ORIGEN DEL HOMBRE


1 - INTRODUCCIÓN



a gran cuestión, subyacente a todo evolucionismo, es la del ORIGEN del hombre: ¿fue el hombre creado por Dios? La afirmación darwinista de que el hombre habría evolucionado del macaco era, en verdad, una negación más o menos velada del creacionismo, aunque la tesis evolucionista no explicase de dónde habría venido la materia. Para el vulgo, sin embargo, quedaba implícita la victoria del ateísmo y del materialismo, en el caso de que el darwinismo fuese verdadero. Y aún hoy es así.
Normalmente, se enseña el evolucionismo, para, en entre líneas -- y muchas veces en las líneas -- atacar a la religión como anti-racional y anti-científica, y lanzar sus enseñanzas a la esfera de la leyenda o del mito.Desde la aparición de la tesis de Darwin, lo que se procuró constantemente -- y sin éxito -- fue encontrar el eslabón perdido entre el macaco y el hombre, entre el irracional y el racional. La búsqueda frenética -- y tantas veces fraudulenta -- de fósiles intermediarios entre varias especies animales sólo quería establecer una premisa mayor, necesaria para montar el silogismo, cuya conclusión fuese: “luego, el hombre desciende del animal... Y la Escritura mintió”.
Inicialmente, Darwin y sus seguidores buscaron el eslabón entre el macaco y el hombre. Cuando quedó patente que ese eslabón no existió, cambiaron su argumentación: el hombre y el macaco habrían tenido un ancestro común muy antiguo.Para el materialismo, la diferencia entre el hombre y el animal no es esencial. El hombre sería un animal apenas más perfecto, pero no se distinguiría del animal por tener un alma espiritual. La inteligencia humana sería el efecto de reacciones químicas y eléctricas en el cerebro humano. Siendo así, los animales también tendrían una “inteligencia” incipiente. Instintos y racionalidad no tendrían distinción substancial.
Para Marx, lo que diferencia al hombre del animal no es a racionalidad, fruto del alma espiritual del Hombre. Lo que distingue al hombre del animal es el trabajo. Engels definió al hombre como “el animal que trabaja”, lo que es una tontería, pues hormiga y castor trabajan, y no son humanos. Para el marxismo, habría sido el trabajo que habría hecho surgir, en el hombre, el lenguaje, y, de ésta, la racionalidad. Por tanto, en el principio estaría el trabajo y no el Verbo. En el principio, estaría el grito, la interjección y no la palabra. En el principio no estaría la Sabiduría, y sí la materia.
Para el materialismo, los animales antepasados del Hombre y del macaco -- los primates -- habrían dejado de vivir en los árboles y pasado a tener vida en el suelo. Poco a poco, habrían abandonado el caminar apoyado en los cuatro miembros y pasado a caminar erectos. Esto les dará la posibilidad de usar las manos. En seguida, habrían comenzado a usar palos y piedras como armas, y, después, como instrumentos. De ahí las denominaciones de “Homo Faber” y de “Homo Habilis”, de los cuales habrían nacido lo que ellos llaman “Homo Sapiens”.En la realidad, lo que distingue al hombre del animal es el alma espiritual y racional. Por eso, el hombre es siempre “Sapiens”, aunque muchas veces no tenga sabiduría...
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10 de febrero de 2009

La cosmovisión de los evolucionistas


por el Prof. Dr. Raúl Leguizamón


Tomado del Blog de Cabildo



unca como en nuestra época se vio una devaluación tan atroz de la vida humana, una brutalización tan acusada de la sociedad, una regresión tan vertiginosa a la barbarie. Las consecuencias están a la vista, no sólo las delictivas (robos, secuestros, asesinatos, salvajismo social sin precedentes), sino también las más o menos toleradas y aceptadas socialmente: control de la natalidad, eutanasia, castración química o quirúrgica, manipulación genética, fertilización “in vitro”, experimentación con embriones humanos, clonación “terapéutica” y otras lindezas por el estilo.

El fenómeno causal es ciertamente complejo y susceptible de ser analizado desde varias perspectivas, pero parece evidente que uno de los factores capitales fue la paulatina pérdida del sentido de lo sacro en general, y de lo humano en particular. De allí se sigue la pérdida del sentido del pecado, obviamente inconcebible en un mundo desacralizado.

De los diversos aspectos del problema hay que subrayar la conexión causal que interviene en este proceso, referida al papel que el evolucionismo o darwinismo jugó en la conformación de la mentalidad moderna, algo que de teoría científica sólo tiene el nombre, porque se trata en realidad de una vasta cosmovisión inmanentista, naturalista y materialista, elaborada para negar la creación.

Es innecesario insistir en la naturaleza esencialmente filosófica o cosmovisional del evolucionismo. Sólo traeré a colación palabras del famoso genetista Theodosius Dobzhansky, quien decía: “La evolución comprende todos los estadios del desarrollo del universo: cósmico, biológico, humano y cultural. Los intentos de restringir el concepto de la evolución a la biología son injustificados. La vida es un producto de la evolución de la naturaleza inorgánica, y el hombre un producto de la evolución de la vida”.(1)

Una supuesta teoría que pretende explicar nada menos que el origen del hombre, la vida y el cosmos, es obviamente una cosmo-visión y no una teoría científica. El problema es que esa cosmovisión se ha enseñado y se continúa enseñando e inculcando masivamente, no sólo como una teoría científica —lo cual es una impostura— sino también como un hecho científico demostrado.

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28 de enero de 2009

Evolucionismo: ¿Dogma científico o tesis teosófica? (6)

Orlando Fedeli
Fábio Vanini, biólogo
Marina Marques Vanini, doctoranda en Biología
Marcelo Murai, Maestro en Biología
Luciana Kauer Murai, graduada en Biología
Dr. Daniel Almeida de Oliveira, Médico




V - FÓSILES

1 - INTRODUCCIÓN


ara estudiar las formas primitivas de vida surgidas en el decorrer de la historia terrestre, los científicos recurren a los fósiles. En las rocas sedimentares pueden ser encontrados restos, o hasta indicios, de animales y de vegetales petrificados: son los fósiles. Es claro que la fosilización de un vegetal o de un animal exige condiciones especiales. Normalmente los seres orgánicos se descomponen, pero, sometidos a ciertas condiciones, pueden petrificarse. Los casos de fosilización son relativamente raros, y, encontrar ejemplares fósiles es bastante difícil.

Normalmente, cuanto más profundamente una camada de sedimentos se sitúa en la costra terrestre, más antiguos son los fósiles que se encuentran él. Pero puede haber excepciones a esta correspondencia entre profundidad de la roca y antigüedad, cuando se da un pliegue geológico que produzca una inversión de posición de las camadas geológicas.

La datación ya sea de los fósiles, ya sea de las camadas geológicas envuelve procesos muy complejos y su resultado es de precisión un tanto relativa. Evidentemente, cuanto más antigua la camada o el fósil, más imprecisa es su datación. Conociéndose la edad probable de una determinada camada geológica, se puede presumir que, normalmente, los fósiles en ella encontrados tienen su edad.

Evidentemente, en los primeros tiempos geológicos, la tierra no ofrecía condiciones ambientales propicias a la existencia de vida. Sólo después algunos billones de años, fue posible existir las condiciones ambientales necesarias para que seres vivos pudiesen existir. Se estima que la tierra tiene cerca de 4,5 billones de años y que la vida sólo habría surgido entre 5 y 3,5 millones de años atrás, lo que es un tiempo relativamente corto.

El tiempo geológico está dividido, para fines de estudio, en eras y periodos.

La Geología y la Paleontología presentan el siguiente cuadro de las eras geológicas.


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26 de enero de 2009

Evolucionismo: ¿Dogma científico o tesis teosófica? (5)


Orlando Fedeli
Fábio Vanini, biólogo
Marina Marques Vanini, doctoranda en Biología
Marcelo Murai, Maestro en Biología
Luciana Kauer Murai, graduada en Biología
Dr. Daniel Almeida de Oliveira, Médico





IV - ¿EL EVOLUCIONISMO ES CIENTÍFICO?

1 - FRAUDES, CONTRADICCIONES, AFIRMACIONES GRATUITAS DE LOS EVOLUCIONISTAS

uando alguien intenta probar algo por medios fraudulentos, esto se constituye en una confesión de que se reconoce que no se tienen pruebas reales de aquello que se quiere probar.
Ahora, en el decorrer de su historia, el evolucionismo recurrió muchas veces a falsificaciones fraudulentas, para convencer a la comunidad científica y al público que el hombre provino de un animal inferior y que, por tanto, no habría sido creado por Dios.
Nunca hubo, en la Historia de la Ciencia, una teoría que quedó viciada, en su historia, de tantos fraudes cuanto el Evolucionismo.
A pesar de esto, continúa siendo presentado como verdadero.
Trataremos de los fraudes más famosos practicados por científicos famosos, cuando analizamos los fósiles humanos. Las contradicciones también son muy comunes. Actualmente, por ejemplo, los paleontólogos y los biólogos evolucionistas no están de acuerdo con respecto de la edad del Hombre.
Los paleontólogos atribuyen a los fósiles hominídeos o humanos edades fabulosas que llegan a 3 millones de años.
Los biólogos son mucho más modestos en sus cifras.
En 1987, biólogos moleculares americanos, comparando el material genético del lado materno de poblaciones de varios continentes, llegaron a la conclusión de que todos los hombres descienden de una única madre. Entonces habría existido realmente una “madre de todos los vivientes” humanos, expresión que es designada en la Escritura con el nombre de Eva.
Más importante es la edad que esos biólogos calcularon para la aparición de esa madre única: aproximadamente 200.000 años.
Ese número provocó enormes protestas de los paleontólogos, pues que afirmaba implícitamente que todos los fósiles antiquísimos que han sido presentados como antepasados del Hombre, o inclusive como hombres primitivos, quedaban descalificados. ¿En qué Ciencia creer? ¿En la Paleontología o en la biología?
Dilema angustiante para los que creen ciegamente en las pruebas de la Ciencia. Teniendo en cuenta tantas variaciones, fraudes, contradicciones y absurdos anti-científicos de la Historia de la teoría evolucionista, no es de espantar que Marcel de Corte haya dicho de ella: “El evolucionismo toca las campanas para el funeral de la inteligencia. La inteligencia está en peligro de muerte”

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22 de enero de 2009

Evolucionismo: ¿Dogma científico o tesis teosófica? (4)

Orlando Fedeli

Fábio Vanini, biólogo
Marina Marques Vanini, doctoranda en Biología
Marcelo Murai, Maestro en Biología
Luciana Kauer Murai, graduada en Biología
Dr. Daniel Almeida de Oliveira, Médico

III - EVOLUCIÓN de la teoría EVOLUCIONISTA

1 - INTRODUCCIÓN

as Escuelas Evolucionistas


La Ciencia busca el conocimiento de las leyes naturales. Estas leyes son universales e inmutables. Descubierta una ley, es siempre comprobada por nuevas experiencias. Así, el descubrimiento de la vacuna oral contra el virus que causa la poliomielitis por Sabin permite que siempre esa vacuna impida que alguien sea victima por la enfermedad.

Tal cosa no se dio con el evolucionismo y tal no se da. Jamás fue comprobado por hechos o por experiencias. Peor: fue variando su explicación, a la medida que la ciencia progresaba e iba refutando sus errores. La única cosa que el evolucionismo comprobó es que es una teoría en constante evolución. Lo que no comprueba ni su carácter científico, ni su veracidad.

De cualquier modo que se entienda lo que es una especie, al afirmar que una especie deriva de otra, los evolucionistas tenían que explicar cómo acontecía eso. Desde el inicio, hubo divergencias a respecto de eso entre los evolucionistas, dando origen a varias corrientes o escuelas.En el decorrer de su Historia, el evolucionismo presentó las siguientes escuelas o corrientes:
1a. -- Escuela de Lamarck.
2a. -- Escuela de Darwin
3a. – Escuela Néo- Darwinista o Escuela Sintética Moderna
4a. -- Escuela del equilibrio puntuado

2 - EL LAMARCKISMO

Para Lamarck (1744-1829), los seres vivos derivarían unos de los otros por la obediencia a dos leyes:1a. ley de los caracteres adquiridos.2a. ley de la influencia del medio y del modo de vidaLamarck escribió dos obras defendiendo su teoría: “filosofía Zoológica” y “Historia Natural de los Invertebrados”.

Según Lamarck, el ambiente en que viven los animales y su modo de vida influirían en ellos de modo a adaptarlos cada vez más y mejor a las nuevas condiciones. Los cambios paulatinos adquiridos en la vida de un animal serían transmitidos a sus descendientes. Es la ley de los caracteres adquiridos.En la realidad, para Lamarck, las circunstancias ambientales servirían apenas para desencadenar fuerzas inherentes a un organismo, para hacerlo cambiar. Por eso, el Lamarckismo merece, de hecho, el nombre de evolucionismo, pues pretende que principios inherentes al ser vivo son los causantes de su cambio.

Como prueba de su teoría, Lamarck presentaba el hecho de existir, en seres vivos, algunos órganos atrofiados “por falta de uso”, en cuanto otros órganos se desarrollaban más por el uso exagerado de ellos.

Ejemplo típico y famoso dado por la escuela Lamarckista como exceso de uso es el del cuello de la jirafa. Conforme Lamarck, la jirafa, no encontrando alimento suficiente en la superficie del suelo, comenzó a procurarlo en lo alto de los árboles. Para esto, ella fue estando obligada a estirar cada vez más su cuello. De este modo, sus hijos comenzaron a nacer con un cuello cada vez mayor. La pobre jirafa, si hubiese desarrollado su enorme cuello para más fácilmente alimentarse de los más tiernos y altos brotes de los árboles, cuanto más crecía su cuello, más difícil le quedaba tomar agua. Jirafal dilema le habría sido escoger entre estirar el cuello para comer, o encogerlo, para beber más fácilmente.

Ya Cuvier, al hacer el elogio fúnebre de Lamarck, al pié de su sepultura, enterró junto con él su teoría, al señalar que, si es el ejercicio continuo de un órgano lo que provoca su desarrollo, ¿cómo podría haber surgido él, si no podía ejercitarse antes de existir? y, si cuando está semi-desarrollado es inepto para ejercer funciones, ¿para qué serviría el nuevo órgano? Sería, en esa fase, más prejudicial que útil.

Stephen Jay Gould, a su vez, nos cuenta que las avestruces, aún dentro de sus huevos, ya presentan callosidades típicas de las avestruces adultas, y esas callosidades no surgieron por el uso (S. Jay Gould, El Pulgar del Panda, p. 70).
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19 de enero de 2009

Evolucionismo: ¿Dogma científico o tesis teosófica? (3)


Orlando Fedeli
Fábio Vanini, biólogo
Marina Marques Vanini, doctoranda en Biología
Marcelo Murai, Maestro en Biología
Luciana Kauer Murai, graduada en Biología
Dr. Daniel Almeida de Oliveira, Médico


II - EVOLUCIÓN Y METAFÍSICA



1 - EL PROBLEMA DEL ORIGEN DE LA VIDA


o que es la vida y cual a su origen son dos problemas que, escapando del puro campo biológico, se extienden a la Metafísica y a la Teología. no es de espantar, pues, que las discusiones sobre el evolucionismo resbalen siempre para el terreno religioso.
No mundo, a grande distinción es entre seres racionales y seres puramente materiales.
Acontece, sin embargo, que mismo entre los seres puramente materiales aparece la vida, y que el hombre, aun que dotado de alma racional, espiritual por tanto, tiene también un cuerpo animal. De ahí nacen algunos problemas importantes. Estos son algunos:

1- ¿Qué es la vida vegetal y qué es la vida animal?
2 - ¿tendrían ellas origen puramente material?
3 - ¿Habría en el vegetal y en el animal un principio vital que no fuese estrictamente material?
4 – La solución de esas cuestiones, ¿qué problemas traería para explicar lo que es el hombre?

Con la decadencia de la filosofía Escolástica, al final de la edad Media, dos tendencias se harán marcantes:

1a. - Corriente Materialista - teniendo raíces en la filosofía Nominalista de Ockham, el materialismo adquirió, posteriormente, múltiples formas. En todas, se procuraba dar a los problemas metafísicos una solución de carácter racionalista, cientificista, mecanicista y materialista. No es a la toa que defiende el filósofo nominalista, Ronaldo Fisher, en su libro The Genetical Theory of Natural Selection. (Oxford: Clarendon Pres, 1930; New York: Dover Pubns., 1958).


2a - Corriente Gnóstica - en directa oposición al materialismo, se desarrolló una corriente cuyos orígenes remontan a Eckhart y al misticismo de las sectas medievales, y que, rechazando total o parcialmente la materia, afirman un dualismo que da valor y realidad sólo al espíritu. De fondo platónico y gnóstico, se multiplican las sectas secretas esotéricas, desde que se perdió la seguridad de la Escolástica y la sumisión a la Iglesia y a la primacía de la Fe. Estas sectas, en general, eran anti-racionales, anti-científicas, mágicas, y contrarias a la materia que consideraban prisión del espíritu y producto del Dios del mal.

Con relación al problema del origen de la vida la corriente materialista decía que la causa de la vida era totalmente material. La simple ordenación de la materia tendría el poder de generar la vida. De modo general, las corrientes evolucionistas se afilian al materialismo.

En oposición, la corriente espiritualista y gnóstica, afirma que la vida es la manifestación de un espíritu divino inmerso en la materia y que procura libertarse. Las sectas alquímicas están en este último caso.
A posición de Teilhard de Chardin procura conciliar las dos corrientes, aun que su pensamiento sea típicamente gnóstico.

Ya sea la explicación mecanicista de la vida adoptada por la corriente materialista, ya sea la concepción vitalista y espiritualista de la vida, de la corriente gnóstica, se oponen a la concepción católica y a la Escolástica.

Por reacción al mecanicismo materialista, algunos néo- escolásticos terminaron - por equívoco - tendiendo a dar una solución de tonos vitalistas al problema de la vida vegetal y animal.

Para Santo Tomás, la vida vegetal y animal corresponde a la forma substancial material de la planta y del animal. La doctrina hilemorfista de Aristóteles y Santo Tomás afirma que en todo ser material hay una composición de materia y forma substancial. En los vegetales y animales, la materia es ordenada potencialmente a tener vida vegetal o animal, que les es dada por su forma substancial material. Así, la vida de una planta o de un animal corresponde a su forma substancial. El morir del animal y de la planta es la pérdida de su forma animal o vegetal, apenas eso. En la planta y en el animal no hay entonces ningún principio vital extrínseco a la materia.

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17 de enero de 2009

Evolucionismo: ¿Dogma científico o tesis teosófica? (2)


Orlando Fedeli
Fábio Vanini, biólogo
Marina Marques Vanini, doctoranda en Biología
Marcelo Murai, Maestro en Biología
Luciana Kauer Murai, graduada en Biología
Dr. Daniel Almeida de Oliveira, Médico






4 -- EVOLUCIONISMO Y FILOSOFIA


a ingenuidad geométrica de algunos "científicos" llega al absurdo de imaginar que el evolucionismo darwiniano es un posicionamiento puramente científico, sin ninguna relación con la historia, con la filosofía o con la religión. Ellos imaginan que el evolucionismo surgió apenas, y tan sólo, de los estudios científicos de Darwin y de sus seguidores, todos herméticamente aislados en sus laboratorios, profilácticamente preservados de cualquier contagio metafísico o teológico.

Separando, de este modo, el darwinismo de su contexto histórico y cultural, quedan imposibilitados de tener verdadera comprensión del problema y de su significado histórico.

En verdad, el evolucionismo es un capítulo injertado en la Historia de la Filosofía y en la Historia de la Religión, el Occidente. Sólo puede ser verdaderamente entendido en su contexto cultural.

“(...) el pensamiento evolucionista de Darwin no era una simple hipótesis científica que ocurrió para combatir ideas religiosas admitidas en ciertas cuestiones de hecho. Era, antes, el producto y, una parte esencial, de una Weltanschauung -- una visión del mundo -- próximamente ligada a la producción de la revolución industrial y a las revoluciones políticas, principalmente a la Revolución Francesa, estos grandes acontecimientos históricos desarrollados entre los años 1776 y 1848”. (Howard E. Gruber, op. cit. p. 47). Por tanto, el darwinismo sólo puede ser entendido como parte de una “visión del mundo” -- de una Weltanschauung -- y de una Weltanschauung revolucionaria. El propio Darwin, en su Autobiografía confiesa que fue al leer una obra de Malthus sobre población que tuvo la idea de la selección natural, a través de la lucha por la sobrevivencia, la cual haría ser eliminado siempre el más débil.

Stephan Jay Gould, defensor de un evolucionismo reformado, citando los últimos estudios de Howard E. Gruber y Silvan S. Schweber sobre la vida de Darwin muestra como o fundador del evolucionismo moderno no se fundamentó en la biología para establecer su teoría. "Al leer la narración pormenorizada de Schweber de los momentos que precedieron a la formulación de la teoría de la selección natural por Darwin, fui particularmente tocado por la ausencia de influencias decisivas a partir de su propio campo, la biología. Los precursores inmediatos fueron un científico social [Comte], un economista [Adam Smith] y un estadístico [Adolph Quetelet]" (S. Jay Gould, El pulgar del Panda, p.55). Jay Gould dice que a obra de Schweber demuestra que "las piezas finales [de la teoría de la evolución de Darwin] no surgieron a partir de nuevos hechos de la historia natural, sino de las incursiones intelectuales de Darwin en campos distantes. Al leer una extensa revisión del "Cours de Philosophie positive -- el trabajo más famoso del filósofo [Sic!] y científico natural [Sic!] Augusto Comte -- Darwin quedó particularmente impresionado con la insistencia del autor en que una teoría adecuada debe ser profética [Sic!] y, en lo mínimo, potencialmente cuantitativa" ( S. Jay Gould, O pulgar del panda, p. 55).

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Para leer el artículo completo haga click sobre la imagen de Darwin y familia. Darwin es es segundo desde la derecha.

15 de enero de 2009

Evolucionismo: ¿Dogma científico o tesis teosófica? (1)


Orlando Fedeli
Fábio Vanini, biólogo
Marina Marques Vanini, doctoranda en Biología
Marcelo Murai, Maestro en Biología
Luciana Kauer Murai, graduada en Biología
Dr. Daniel Almeida de Oliveira, Médico


Excelente y completo estudio sobre el Evolucionismo. Por su extensión lo publicaré en varias etapas. En ésta van el Indice y los tres primeros temas

Tomado de Asociación Cultural Monfort


Indice

I - EVOLUCIONISMO Y RELIGION
1 - Evolucionismo y relativismo
2 - Evolucionismo: el concepto y su origen
3 - Evolucionismo - panteísmo y gnosis
4 - Evolucionismo y filosofía
5 - Darwinismo y marxismo
6 - Evolucionismo y nazismo
7 - El evolucionismo actual y las filosofías dialécticas
8 - Evolucionismo y misticismo gnóstico

II - EVOLUCIÓN Y METAFÍSICA
1 - El problema del origen de la vida
2 - Evolución y principios del ser
3 - Evolucionismo y analogía del ser
4 - Evolucionismo y causa final
5 - El problema de las especies y los universales
6 - Evolucionismo y causalidad

III - EVOLCION DE LA teoría EVOLUCIONISTA
1 - Introducción
2 - El lamarcksimo
3 - El darwinismo
4 - El neo-darwinismo, el evolucionismo sintético
5 - Escuela evolucionista del "equilibrio puntuado"

IV - ¿El EVOLUCIONISMO ES CIENTÍFICO?
1 - Fraudes, contradicciones, afirmaciones gratuitas de los evolucionistas
2 - Opiniones de científicos contra la teoría evolucionista
3 - El origen de la vida - tentativas maquinistas para producir vida

V - FÓSILES
1 - Introducción
2 - Micro-organismos
3 - La aparición de los insectos
4 - Invertebrados y vertebrados
5 - La transición de los peces a los anfibios
6 – De los anfibios a los reptiles y mamíferos
7 - El problema de los mamíferos marinos
8 - Los dedos de los caballos y la evolución
9 - Los roedores
10 - Seres mamíferos y seres alados
11 - El origen de los seres alados
12 - Origen de las aves
13 - Dinosaurios

VI - ORIGEN DEL HOMBRE
1 - Introducción
2 - Fraudes evolucionistas
a) El “Hombre” de Java
b) El “Hombre” de Piltdown
c) El “Hombre” de Nebraska
d) El “Hombre” de Pekín
e) La mandíbula infantil de Ehringsdorf
3 - pretendidos ancestros del Hombre
a) El Ramapithecus
b) Los Australopithecus
c) “Lucy”
d) El Cráneo 1470 del Hombre del lago Turkana
4 - Fósiles humanos auténticos

VII - EVOLUCIÓN Y FE
1 - El problema de la Evolución para la Fe
2 - Eva
.........................


"Quant à la réalité de l'évolution organique, ma croyance est inébranlable... Il n'en est pas moins vrai que les explications clasiques de la genèse des espèces sont loin de contenter tous les esprits. Pour ma part, je les tiens toutes pour des contes de fèes à l'usage des adultes... Il faut avoir le courage de reconnaître que nous ignorons tout de ce mécanisme"
(Jean Rostand, Ce Que Je Crois, Graset, Paris, 1953).

["En cuanto a la realidad de la evolución orgánica, mi creencia es inquebrantable. No deja de ser verdad que las explicaciones clásicas de la génesis de las especies están lejos de contentar todos los espíritus. De mí parte yo las considero todas como cuentos de hadas para uso de adultos.... es preciso tener el coraje de reconocer que ignoramos todo sobre ese mecanismo"] (Jean Rostand, Lo que yo creo, Graset, Paris, 1953)
(Jean Rostand fue Premio Nobel de Medicina y defensor del evolucionismo)


I - EVOLUCIONISMO Y RELIGION

1 - EVOLUCIONISMO Y RELATIVISMO

l evolucionismo es uno de los "dogmas" de la mentalidad moderna. Extrapoló el campo puramente biológico, y es aplicado a todo: nada es más considerado estable, pues que se cree que todo evoluciona. En este sentido, la creencia en el evolucionismo puede ser señalada como una de las causas del relativismo triunfante en nuestros días. No habría ningún valor absoluto. Ni verdad, ni moral, ni belleza, ni religión, ni dogmas, nada tendría estabilidad, pues que todo estaría bajo la ley de la evolución, esta sí, tomada como siendo absoluta.

Por tanto, el evolucionismo actual es más que una teoría biológica: es un principio absoluto -- un dogma religioso-- de una metafísica relativista. Y he ahí una contradicción sintomática y reveladora: ¡el relativismo se fundamenta en un principio absoluto! La amplitud atribuida al evolucionismo es de tal porte metafísico que -- como no podía dejar de ser --- alcanza la esfera religiosa: el propio Dios es considerado como un eterno devenir, y no como el Ser inmutable, "Aquel que es" (Ex. III, 12).

El Padre Teilhard de Chardin -- que Stephan Jay Gould juzga haber sido el principal responsable por la famosa fraude del Hombre de Piltdown (Cfr. JAY GOULD, Stephen, La Conjura de Piltdown, in La gallina y sus dientes, ed. Paz y tierra, São Paulo, 1992, pp. 201 a 226, y, del mismo autor, El Pulgar del Panda, Martins Fontes, S. Paulo, pp. 95 a 109) -- declaró: "¿La evolución es una teoría, un sistema, o una hipótesis?" "Es mucho más que eso. Es una condición general a la cual se deben doblegar todas las teorías, todas las hipótesis, todos los sistemas; una condición a que deben dar satisfacción en adelante para que puedan ser tomadas en consideración y para que puedan ser ciertas". (TEILHARD de CHARDIN, O fenómeno Humano, p. 245).

Julian Huxley, por su vez, muestra cómo el dogma de la evolución se impone como el fundamento de la moderna religión relativista: "En el tipo de pensamiento evolucionista, no hay lugar para seres sobrenaturales (espirituales) capaces de afectar el curso de los acontecimientos humanos, ni hay necesidad de ellos. La tierra no fue creada. Se formó por evolución. El cuerpo humano, la mente, el alma, y todo lo que se produjo, incluyendo las leyes, la moral, las religiones, los dioses, etc., es enteramente resultado de la evolución, mediante la selección natural". (Cfr. HUXLEY, J. Evolution after Darwin, p. 246, apud OSSANDON VALDÈS, Juan Carlos, En torno al concepto de evolución, artículo en la revista Philosophica, de Santiago de Chile, Suplemento doctrinario de la revista Jesus Christus, número 50, de Buenos Aires). (ya publicado en este blog, hacer click sobre el enlace).

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Para leer el artículo completo haga click sobre la imagen de los antepasados de los evolucionistas.

19 de septiembre de 2008

Adán, Eva y el mono

(Otro artículo de doble propósito, el artículo en sí mismo, y dar a conocer al autor.
Para conocer su biografía, y los títulos de sus magníficas y católicas obras, haga click sobre su imagen.)

por Louis de Wöhl


No hace tanto tiempo que la ciencia descubrió triunfalmente que el hombre desciende del mono. ¡Qué alivio! Gracias a Dios (si existe), el hombre no era pues ningún ser especial, ni el rey de la Creación, sino un mono encumbrado. Adán y Eva eran personajes de un cuento de hadas judío, y jamás había existido la Creación. El slogan del siglo era: evolución. Llenos de júbilo alabamos agradecidos a la ciencia que nos había liberado de la idea insoportable de nuestra semejanza con Dios, garantizándonos genealógicamente la semejanza con el mono. La ciencia había reconocido nuestro verdadero valor y nuestra verdadera dignidad. Sólo los beatos retrógrados y supersticiosos continuaban creyendo en las viejas ideas degradantes de la humanidad. Para el espíritu ilustrado se había desenmascarado a la Biblia, había sido destruida, no era más que un cuento infantil. Y hay que reconocer que desde entonces también nos hemos comportado como cinocéfalos en el terreno moral, político y en cualquier otro terreno.


El hecho de que la teoría de la evolución jamás fuese demostrada en este sentido, por lo menos en cuanto a la aparición del hombre, no enturbiaba nuestra satisfacción. No se había hallado el «eslabón perdido» y -como comprobó Chesterson- lo único que sabíamos sobre el eslabón perdido es que seguía perdido. Pero ¿qué importaba esto? Más pronto o más tarde se encontraría esa cosa intermedia entre el mono y el hombre.


Y entonces sucedió lo más increíble: el 1.° de agosto de 1958 unos mineros encontraron a unos 200 metros de profundidad, bajo las colinas de Maremma, en el centro de Italia, un esqueleto que ha sido identificado por el profesor Hörzeler, del museo de Ciencias Naturales y Etnológicas de Basilea, como el del ser más antiguo parecido al hombre. Tiene de diez a once millones de años.


Hasta ahora la ciencia nos había anunciado que el mono no había evolucionado a hombre hasta hace aproximadamente un millón de años. Ahora resulta que somos tan viejos como los monos y posiblemente incluso más viejos. Quizás oigamos,.dentro de poco que los monos son hombres degradados. No resultaría extraño, si se tiene en cuenta que acaban de incluir en una exposición de arte varias «obras pictóricas » de un chimpancé.


Tenemos que admitir por lo tanto que el mono, en el mejor de los casos, es tan solo nuestro pariente lejano, pero de ningún modo nuestro antepasado. Adán no fue un gorila. Eva no fue una chimpancé. Y cuando nos portamos como monos no podemos alegar con orgullo que así honramos la memoria de nuestros antepasados. No era la Biblia la equivocada, sino la ciencia.


Ya en los primeros siglos del cristianismo, los doctores de la Iglesia sabían qué partes importantes de la Biblia tienen un sentido simbólico; el primero que habla de esto es el apóstol San Pablo. Y por lo que respecta a la cronología de la Biblia, sabemos hace tiempo que no siempre debe tomarse «al pie de la letra». ¿Un ejemplo de ello?: se señala a Jesús con frecuencia como hijo de David. Sin embargo David vivió más de setecientos años antes de Cristo y fue su ...antepasado. «Hijo» significa en la Biblia «descendiente de».


Por lo demás, la teoría de la evolución bien entendida -y hay que aceptarla dentro de ciertos límites- no es ninguna prueba contra la acción creadora de Dios. Evolución no es otra cosa que creación «a largo plazo». Y este plazo sólo es largo para nosotros los pigmeos de lo temporal, pero no para Dios, que vive fuera de todo lo temporal.

7 de septiembre de 2008

La Ciencia contra la Fe



por el Dr. Raúl Leguizamón

Tomado de Monfort Associação Cultural


Introducción

Los dogmas de fe son muy difíciles -si no imposibles- de refutar con argumentos científicos. La historia de la humanidad lo atestigua sobradamente.
Nuestro tiempo no escapa, por cierto, a esta regla, ya que en la actualidad, como en to­das las épocas, una buena cantidad de personas sigue obstinadamente creyendo cosas, no sólo desprovistas de todo fundamento científico, sino que, además, están en franca con­tradicción con el conocimiento científico que hoy poseemos.
Para dar un ejemplo, entre cientos, de lo expresado, me referiré a la insólita creencia actual de mucha gente -curiosamente, muchos de ellos científicos- de que el hombre desciende del mono.
Porque ha de saberse que el tan mentado y manoseado "antecesor común" del hombre y del mono, de quien hablan muchos científicos y divulgadores, no es ni puede ser otra cosa que un mono. El supuesto "antecesor común” sería llamado ciertamente mono por cualquiera que lo viese, afirmaba el ilustre paleontólogo de la Universidad de Harvard, George G. Simpson. Es pusilánime si no deshonesto, decir otra cosa, agregaba Simpson. Es deshonesto, agrego yo.
De manera que todos los esfuerzos de los antropólogos e investigadores en este tema, no se dirigen, en absoluto, a dilucidar, objetivamente y sin prejuicios, de qué modo se originó el hombre, sino de qué mono lo hizo.
En otras palabras: el postulado de nuestro origen simiesco es una convicción de la que se parte, y no una conclusión a la que se arriba.
Ahora bien, esta convicción, que muchos científicos y divulgadores sostienen encarni­zadamente (¡hasta el punto de mostrarla al público como un hecho científico y demostrado!), es -por definición- algo que está fue­ra del campo de la ciencia experimental, que se basa, precisamente, en la observación y reproducción experimental del fenómeno bajo estudio. Cosas evidentemente imposi­bles en este caso.
De manera que, y a poco de respetar el significado de las palabras, esta creencia en el origen del hombre a partir del mono, es sólo una hipótesis de trabajo, una suposición, una conjetura, más o menos razonable, más o menos coherente, más o menos disparata­da, pero siempre de carácter hipotético. No sólo no demostrada, sino, aún más -por definición-, indemostrable. Y la ciencia es de­mostración.
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Para leer el artículo completo haga click sobre la imagen del autor.

10 de junio de 2008

Evolución (11)

¿CONVERGENCIA DE MÉTODOS O COSMOVISIÓN?

(por el Dr. Raúl Leguizamón)

Toda ciencia es cosmología, decía Popper, en el sentido de que no hay ciencia sin cosmovisión.

La ciencia (experimental) se basa ciertamente en la observación. Pero la observación - al ser una selección - siempre está determinada por una hipótesis previa. Y ésta, a su vez, por una visión general de la realidad.

La cosmovisión evolucionista ha influenciado - hasta el punto de condicionar y determinar los hallazgos - todas las ramas de la ciencia moderna. Tanto más, cuanto menos rigurosos son sus métodos.

Desde las así llamadas "ciencias duras", como la física y la química, en donde la influencia es mínima o inexistente (en sí misma; aunque se las puede manipular, como se hace, en beneficio de la evolución), hasta disciplinas por demás "blandas" como la antropología, en donde la cosmovisión evolucionista ha constituido el fundamento mismo de toda su elaboración.

No es posible separar la hipótesis evolucionista de la paleontología, de la antropología, de la geología, de la arqueología, de los métodos de datación, de la edad de la tierra (y del universo), etc.

Todo esto es un "paquete" más cerrado que los de Cavallo.

Por ejemplo: la única razón verdaderamente válida para aceptar las famosas "edades geológicas", es la creencia previa en la evolución. No hay nada en el tipo de roca (caliza, arenisca, granito, etc.) o en su contenido (metales, petróleo, carbón, etc.) que pueda determinar su edad. Por la sencilla razón de que es posible encontrar rocas de todo tipo y contenido en cualquier "edad geológica". La edad de un determinado estrato se basa en los fósiles que contiene.

¿Pero acaso los métodos radiométricos no proporcionan un instrumento "independiente" para medir la edad de los estratos?

En absoluto no.

Además de que la columna geológica (la supuesta superposición de capas) ya estaba elaborada 100 años antes de que se inventaran los métodos radiométricos, los resultados de dichos métodos son ajustados y corregidos de acuerdo a la edad de los fósiles (que es una suposición basada en la hipótesis evolucionista).

Un ejemplo entre cientos: cuando se hizo la datación de la ceniza volcánica de Koobi Fore (Lago Turkana, Kenia), las tres muestras dieron un promedio de 220 millones de años. Pero de acuerdo a los fósiles encontrados en la ceniza (es decir, de acuerdo a la interpretación evolucionista de los fósiles), la edad debía ser entre 2 y 3 millones de años. Obviamente había un error. ¿En la interpretación de los fósiles? ¡Imposible! ¡Sabemos que la evolución es un hecho! Luego, el error debía estar en el método radiométrico (en este caso, Potasio-Argón). Se tomaron nuevas muestras hasta que finalmente se obtuvo la cifra de 2,6 millones de años. Que se considera la cifra oficial. Luego, en base a esta "concordancia" se van calibrando y ajustando los otros métodos (paleomagnetismo, fisión de Uranio, etc.).

Tampoco podemos separar el evolucionismo de las "edades culturales". Todo esto es el resultado de la proyección, sobre los artefactos culturales, del mito liberal del progreso indefinido. Si el artefacto es más primitivo, luego es más antiguo. Y esto es así porque "sabemos" que primero fue el salvajismo, luego la edad de piedra, luego la del bronce... y así sucesivamente, hasta culminar en la edad de la Coca-Cola.

También es una ilusión todo este asunto de un supuesto período nómade (de cazadores) seguido por un período sedentario (de agricultores); lo mismo vale para la supuesta secuencia: animismo, totemismo, politeísmo, monoteísmo, o la otra de matriarcado y patriarcado, etc.

No existen datos propiamente científicos que avalen estas suposiciones.

Todo es producto, una vez más, de ver la realidad a través de las anteojeras del evolucionismo.