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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

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10 de febrero de 2011

Reflexiones preliminares sobre el catolicismo y el liberalismo ante la economía (III y IV y final)






Por José Antonio Ullate Fabo




Tomado de su blog El Brigante











n este contexto, entenderé por “catolicismo” la filosofía social contenida en el magisterio pontificio y en los maestros aprobados por la autoridad eclesiástica a lo largo de la Historia. Como se me objetará que, aun así acotado, el catolicismo no presenta una doctrina unitaria sobre el asunto, tal como se deduce del cotejo de las más recientes encíclicas “sociales” con las primeras, reduciré todavía más el sentido del término: la filosofía social de Santo Tomás de Aquino, en cuanto aprobada repetidas veces por la suprema autoridad de la Iglesia, y en cuanto idealmente recogida en los principios rectores de las grandes encíclicas.

También resulta problemático el segundo término de la comparación: el liberalismo. Desde el campo economicista se recelará ante una simplificación que aúne a los fisiócratas, a Adam Smith y a von Mises, que mezcle la escuela de Chicago, la teoría neoclásica y la escuela austriaca. Aunque la objeción no dejaría de tener su fundamento en cuanto a las aplicaciones a los problemas concretos de la economía, la paradoja de la analogía –ciertamente poco apreciada en campo liberal– nos presentará una salida digna para obtener la deseada reducción al uno. Me refiero a que por liberalismo en este contexto voy a tener también unos principios rectores filosóficos en cuya progenie se inserta la multiforme y no pocas veces contradictoria posteridad de ese mismo liberalismo filosófico.

Formalmente no me voy a enredar en la cuestión de las diferentes explicaciones y propuestas concretas del catolicismo social y de los liberalismos varios sobre la realidad económica, sino que voy a trazar el punto de demarcación, de separación filosófica entre una y otra visión. Es un propósito bien humilde, pero espero que no exento de alcance clarificador.



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La diferencia más llamativa entre la filosofía social cristiana y la liberal en lo tocante a la economía afecta precisamente a la definición, al estatuto mismo de la propia economía y al concepto de libertad humana. Mientras que para el cristianismo la economía será una ciencia de tipo moral, para el liberalismo estamos ante una ciencia de tipo físico. Eso conllevará que para los primeros la economía deba estar completa e íntimamente subordinada a la moral y a la política, mientras que para los segundos, esta hipotética subordinación sólo lo será extrínsecamente. Veamos por qué.
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8 de febrero de 2011

Reflexiones preliminares sobre el catolicismo y el liberalismo ante la economía ( I y II)






Por José Antonio Ullate Fabo




Tomado de su blog El Brigante











l tema de la economía se ha tornado un campo esotérico para el común de los mortales y por ende coto privado de los especialistas. Esta primera consideración nos indica que esa transformación de un aspecto tan ligado a la vida cotidiana y a la consecución de los fines de la gente delata la existencia de alguna distorsión radical en el proceso. El objeto de esta intervención es compartir algunas reflexiones previas para la mejor comprensión de las relaciones problemáticas entre catolicismo y liberalismo en materia de economía. Relaciones de enfrentamiento que no son sino un capítulo de la querella entre el univocismo materialista y la analogía del ser realista, a cuenta de un medio necesario para la consecución del bien común y de los bienes particulares de los miembros de la sociedad.
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30 de enero de 2011

Entrevista a José Antonio Ullate Fabo






por Fernando José Vaquero Oroquieta



Tomado de Arbil











l tercer libro de este autor navarro pretende ir más allá de los memorables intentos de Maeztu y Vizcarra. Si sus particulares defensas de la Hispanidad se centraron en las dimensiones cultural y religiosa del fenómeno, Ullate se atreve a revindicar como estructuralmente determinante de tan compleja realidad la que denomina “doctrina políticamente católica e históricamente española”

José Antonio Ullate Fabo -padre de cuatro hijos, licenciado en Derecho, escritor prolífico, editor de Libros Gaudete, promotor de la virtual La librería católica,responsable del blog El brigante- nos sorprende con un nuevo libro, el tercero: “Españoles que no pudieron serlo. La verdadera historia de la independencia de América” (LibrosLibres, Madrid, 2009).

En una fría y blanca tarde de otoño, y en su acogedora casa situada entre montañas, no muy lejos Pamplona, charlamos sobre algunos de los asuntos que plantea su lectura.

Pregunta: Una cuestión previa: ¿Hispanoamérica o Latinoamérica?

Respuesta: Las palabras sirven para nombrar realidades. Hispanoamérica o América española es la parte de la vieja España en el nuevo continente. El término “Latinoamérica” se inventa precisamente para contribuir a erradicar la realidad española de América. América española es un término honrado y veraz, que refleja una realidad histórica y política. Latinoamérica es un vocablo ideológico al servicio de la negación de la verdad y de la historia. La difusión inducida de este término da muestra del desconocimiento de la historia de América, de su identidad.

P.: Otra segunda cuestión. España, Hispanoamérica y catolicismo: ¿inseparables?


R.: España nació en la península ibérica. Pero el ideal político de las Españas se fija en América. Por eso, después de 1492, tan España son las Españas ibéricas como las americanas. Podemos establecer una distinción geográfica, que no política, entre iberoespañoles e hispanoamericanos. Políticamente los primeros estuvimos siempre divididos en reinos, lo mismo que lo estuvieron los segundos.

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10 de octubre de 2009

La verdad sobre El Código da Vinci (Parte Segunda).- Examen crítico de los argumentos del Código Da Vinci (X)



Por José Antonio Ullate Fabo





Tomado de Conoze












XIV.- Merovingios

Sorprendente precisión para alguien que no sabe nada

Capítulo 60, página 318:

«-¿Y esos cuatro arcones con documentos son el tesoro que los caballeros templarios encontraron bajo el Templo de Salomón?

»-Exacto».

No existe ningún documento que lo sugiera ni siquiera hay ningún indicio que nos haga pensar que los templarios excavaran el Templo de Salomón y encontraran esos cuatro arcones de que habla Teabing, ni el sarcófago de la Magdalena, como dirá más adelante.

Ahora bien, según Teabing, esos arcones contienen la única prueba de que esos arcones existen. Teabing confiesa que no los ha visto, ni ha visto ninguno de los supuestos documentos. Entonces, ¿cómo sabe de qué está hablando? ¿Cómo sabe que lo que hallaron no fueron los tesoros de la reina de Saba o la fórmula de la Coca-Cola?

Aquí conviene que los merovingios sean descendientes de Jesús, y que París sea fundada por aquéllos

Capítulo 60, página 319:

«El linaje de Cristo se perpetuó en secreto en Francia hasta que, en el siglo v, dio un paso osado al emparentar con sangre real francesa, iniciando el linaje conocido como la Casa Merovingia.

»-Los merovingios fundaron París.

»-Sí, ésa es una de las razones por las que la leyenda del Grial es tan rica en Francia».

No sabemos cómo ese fantástico linaje de Cristo entroncó con los descendientes de Meroveo ni cuándo sucedió tal cosa. Obviamente, la historia no recoge ningún episodio semejante, ni podemos deducirlo por ningún indicio. Pero hay más, los francos, hasta llegar a Clovis -Clodoveo-, eran un pueblo germánico muy particular. A diferencia de otras grandes tribus germánicas no habían entrado en contacto con el cristianismo, ni en su versión ortodoxa ni con el arrianismo. Los otros dos pueblos bárbaros que dominaban también la antigua Galia romana, los visigodos y los burgundios, eran arrianos. La población galo-romana de estas regiones era, sin embargo, en su mayoría católica.

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3 de octubre de 2009

La verdad sobre El Código da Vinci (Parte Segunda).- Examen crítico de los argumentos del Código Da Vinci (IX)






por José Antonio Ullate Fabo






Tomado de
Conoze








XIII.- El Gran Maestre, Magdalena y "Q"



El Gran Maestre indiscreto y su nieta, la ingenua

Capítulo 58, página 306:

Sophie «recordó a un airado sacerdote que en una ocasión había aparecido en casa de su abuelo y se había puesto a aporrear la puerta.

»-¿Vive aquí Jacques Sauniére? -le había preguntado, mirándola desde las alturas cuando le abrió la puerta-. Quiero hablar con él sobre el artículo que ha escrito. -El sacerdote blandía un periódico.

»[...] Sophie se fue corriendo a la cocina y empezó a hojear el diario matutino. Encontró el nombre de su abuelo en un artículo de la segunda página. Lo leyó. No lo entendió todo, pero parecía que el gobierno francés, accediendo a las presiones de los curas, había aceptado prohibir la exhibición de una película americana llamada La última tentación de Cristo, en la que Jesús tenía relaciones sexuales con una señora llamada María Magdalena. Y su abuelo decía que la Iglesia se equivocaba y se mostraba arrogante al prohibir aquella película».

[En el capítulo 9 nos hemos enterado de que Sophie Neveu tiene 32 años cuando transcurre la novela].

Aquí hay cosas muy raras. Primeramente, Jacques Sauniére era supuestamente el Gran Maestre del super secreto Priorato de Sión. Ni los más profundos conocedores de las sociedades secretas y del mundo de los símbolos, ni los expertos «buscadores del Grial» sabían cuál era su identidad. «La identidad real del conservador, así como la de sus tres sénéchaux era casi tan sagrada como el secreto que guardaban» (prólogo). Hemos visto como sor Sandrine, pese a pertenecer a los escalafones más bajos del priorato, llevaba una vida discreta bajo la apariencia de una piadosa monja. Sin embargo, quien más celoso tenía que ser de su misión, quien bajo ningún concepto debía permitir que se asociara su nombre al secreto del culto a la diosa, es quien viola la norma de la discreción y mete la pata de la forma más burda. Vemos que cuando arrecia la polémica en torno a la película de Martin Scorsese, La última tentación de Cristo, Sauniére, escribe un artículo firmado con su propio nombre en la segunda página de un periódico, y tercia en la disputa, calentando el ambiente. No parece el hombre para una misión tan secreta, pues no es capaz de hacer que otro firme el artículo.

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24 de septiembre de 2009

La verdad sobre El Código da Vinci (Parte Segunda).- Examen crítico de los argumentos del Código Da Vinci (VIII)







por José Antonio Ullate Fabo






Tomado de
Conoze






XII.- Apertura de mente y casamiento obligatorio

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Langdon y Teabing quieren que nos liberemos de prejuicios para que veamos lo que ellos ven. Luego, nos explican qué es un escotoma

Capítulo 58, páginas 302-303:

Leigh Teabing ha hecho pasar a Langdon y a Sophie a su «estudio», allí le ha explicado a la chica la «verdad» de La última cena de Leonardo. Según él, en lugar de San Juan, Leonardo pintó a María Magdalena. «Sophie se fijó en aquella figura, observándola con detenimiento. Al estudiar el rostro y el cuerpo, le recorrió una oleada de desconcierto. Aquella persona tenía una larga cabellera pelirroja, unas delicadas manos entrelazadas, y la curva de unos senos. Era, sin duda... una mujer. [...]

»Sophie no podía apartar la vista de aquella mujer sentada junto a Cristo. [...] Aunque había visto muchas veces aquella pintura, nunca le había llamado la atención aquella evidente disonancia.

»-Nadie se fija -dijo Teabing-. Nuestras ideas preconcebidas de esta escena son tan fuertes que nos vendan los ojos y nuestra mente suprime la incongruencia.

»-Es un fenómeno conocido como escotoma -añadió Langdon-. El cerebro lo hace a veces con símbolos poderosos».

Más adelante entraremos en el tema de la supuesta presencia de una mujer en el lugar de San Juan en la composición de La última cena de Leonardo. Por ahora, baste decir que, de acuerdo con los cánones estéticos del renacimiento italiano, Leonardo retrata a la derecha de Jesucristo a un joven, poco más que un adolescente, que representa al discípulo amado. Si nos fijamos en los motivos que hacen concluir a Sophie que el apóstol «era sin duda una mujer», ninguno es consistente: la larga cabellera, como queda claro en las obras de Leonardo, era habitual en los varones, principalmente en los jóvenes. De hecho, el cabello largo y suelto es propio de los varones de su tiempo y no de las mujeres, a las cuales (como a la Gioconda, o a la Virgen María) Leonardo las pinta siempre con velo o con un manto que cubra la cabeza. Según Brown, la figura tiene «unas delicadas manos entrelazadas»: efectivamente, las manos están entrelazadas, lo cual no indica más que pasividad o contemplación. En cambio no se percibe que las manos sean especialmente femeninas sino, más bien, las manos de un joven. Lógicamente, son manos menos curtidas que las de los otros apóstoles. Lo más increíble es que Sophie ve claramente «la curva de unos senos». La vestimenta del apóstol, como la de Jesús, es amplia y forma numerosos pliegues. Aparte de eso, intentar adivinar la existencia de atributos femeninos en la figura de San Juan es practicar el mismo juego al que muchos hemos jugado de niños: buscar «caras» en la luna o descubrir formas sorprendentes en las nubes. La prueba está en que el lector puede buscar pliegues semejantes en las vestiduras de Jesús, ¿qué deberíamos concluir de eso, según Brown?

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13 de septiembre de 2009

La verdad sobre El Código da Vinci (Parte Segunda).- Examen crítico de los argumentos del Código Da Vinci (VI)



por José Antonio Ullate Fabo


Tomado de Conoze











VIII. Siniestra y la Vírgen de las Rocas

La Iglesia impide a las mujeres ser sacerdotisas, reprime el sexo, hace a las mujeres siniestras e izquierdistas, y usa la anatomía para discriminarlas

Capítulo 28, página 159:

«Ni siquiera la asociación femenina con el lado izquierdo iba a escapar de las difamaciones de la Iglesia. En varios países, la palabra izquierda, o siniestra, pasó a tener connotaciones muy negativas, mientras que la derecha, pasó a simbolizar corrección, destreza, y legalidad. Incluso en nuestros días, a las ideas radicales se las consideraba "de izquierdas", el pensamiento irracional estaba regido por el "hemisferio izquierdo" y de cualquier cosa mala se decía que era siniestra. »Los días de la diosa habían terminado».

He aquí un nuevo ejemplo de mala documentación o de mala fe. Esto se llama «crear un enemigo absoluto». Venga a cuento o no, se responsabiliza al monstruo enemigo de todos los males del planeta, reales o inventados. La asociación de la izquierda con el mal agüero no tiene nada, pero nada que ver con la Iglesia. Ese rasgo cultural típico de todo Occidente no procede de unas malignas mentes eclesiásticas sino de ¡los paganos romanos! Las legiones que sometieron el mundo extendieron hasta los confines de los dominios de Roma la desconfianza y el temor a lo «siniestro». Esta «superstición» no se originó precisamente en tiempos de la aparición del cristianismo, sino que formaba parte del tuétano de la cultura romana desde su inicio. Antes del Imperio, y antes de la República, en la primitiva y primera monarquía romana, el culto público se celebraba en templa («templos»), que en un comienzo no eran edificios, sino un campo de observación rectangular que el augur trazaba con su bastón en el cielo. El augur observaba el paso de los pájaros. Si éstos pasaban por su derecha (dexter), el augur los consideraba signos favorables; si pasaban por su izquierda (sinister), traían malos presagios. En función de su observación de los volátiles, el sacerdote (el augur), emitía un «augurio». Esta asociación es más antigua aún, pero también parece que en ciertas ocasiones, los romanos tomaban las señales provenientes de la izquierda como buenos presagios y las de la derecha, como desfavorables. Son cosas de las supersticiones. En cualquier caso se puede tomar este ritual como punto de partida de la difusión del «desprestigio» cultural de la izquierda. Estamos hablando del período que comienza con la fundación de Roma. Época que arranca, más o menos, el año 753 antes de Cristo.

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11 de septiembre de 2009

La verdad sobre El Código da Vinci (Parte Segunda).- Examen crítico de los argumentos del Código Da Vinci (V)








por José Antonio Ullate Fabo





Tomado de Conoze






VI.- Mona Lisa , y cintas de video

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Más sobre Leonardo, el culto a la diosa y el Priorato de Sión

Capítulo 23, página 144:


angdon se dirige a Sophie Neveu: «Leonardo da Vinci presidió el Priorato [de Sión] entre 1510 y 1519, en calidad de Gran Maestre de la hermandad, lo que tal vez ayude a explicar la pasión que sentía tu abuelo por su obra. Los dos comparten un vínculo fraternal histórico. Y todo encaja perfectamente, con su fascinación por la iconografía de la diosa, el paganismo, las deidades femeninas y su desprecio por la Iglesia. La creencia en la divinidad femenina está muy bien documentada a lo largo de la historia del priorato».

[Véase la nota anterior y, en la tercera parte, la información acerca del Priorato de Sión.]

El secreto de Mona Lisa y Leonardo

Capítulo 26, página 152:

Langdon a sus alumnos: «Sí, Leonardo da Vinci era homosexual».

Después, en la página 153, pregunta a sus alumnos si saben quién era la diosa egipcia de la fertilidad: «Era Isis -dijo Langdon, cogiendo una tiza-. Así que tenemos al dios masculino, AMÓN. Y a la diosa femenina, Isis, cuyo antiguo pictograma fue durante una época L'ISA. [...] Señores, no es sólo que la cara de la Mona Lisa tenga un aspecto andrógino, es que su nombre es un anagrama de la divina unión de lo masculino y lo femenino. Y ése, amigos míos, es el secretillo de Leonardo, y lo que explica la enigmática sonrisa de la mujer del cuadro».

La acumulación de falsedades desautoriza las enseñanzas de Brown. Además, las incoherencias son constantes. En este caso tenemos ejemplos de ambas aficiones del autor. Langdon afirma, en su estilo lapidario que «Leonardo da Vinci era homosexual». No se molesta en citar ningún indicio. Una vez más, el abanderado contra el oscurantismo hace gala de afirmaciones sin fundamento.

Antes de observar los hechos reales, tal como sucedieron, hay que preguntarse por el valor de la afirmación en sí y en el lugar en que está hecha. Langdon está dictando una clase de simbolismo. Lo que hace Langdon es un puro chisme, un cotilleo y, en este caso, una difamación. Además, Langdon lo lía todo. Si pretende justificar un tipo de culto basado en la unión de lo femenino y lo masculino, resulta un tanto incoherente reivindicar la pretendida homosexualidad de Leonardo, que resulta difícil de encajar en el esquema de «la exaltación de la fertilidad».

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9 de septiembre de 2009

La verdad sobre El Código da Vinci (Parte Segunda).- Examen crítico de los argumentos del Código Da Vinci (IV)









por José Antonio Ullate Fabo





Tomado de Conoze





V. Proporciones y más invenciones



Las abejas hacen trampa con la divina proporción

Capítulo 20, páginas 120-121;

«A pesar de los orígenes aparentemente místicos de Phi[7] [...]. Las plantas, los animales, e incluso los seres humanos poseían características dimensionales que se ajustaban con misteriosa exactitud a la razón de Phi a 1. [...] »-Un momento -dijo una alumna de la primera fila-. Yo estoy terminando Biología y nunca he visto esa Divina Proporción en la naturaleza. »-¿Ah no? -respondió Langdon con una sonrisa burlona-. ¿Has estudiado alguna vez la relación entre machos y hembras en un panal (sic) de abejas? »-Sí claro. Las hembras siempre son más. »-Exacto. ¿Y sabías que si divides el número de hembras por el de los machos de cualquier panal del mundo, siempre obtendrás el mismo número? »-¿Sí? »-Sí. El Phi».

A estas alturas comenzamos a sospechar que Langdon ha falsificado su título universitario y hasta el de educación básica. Eso sí, tiene la fortuna de rodearse de alumnos con escaso sentido crítico, a los que intimida con afirmaciones disparatadas y «sonrisas burlonas». La población de un enjambre o de una colmena varía notablemente a lo largo del año, y también varía y mucho la relación entre los machos y las hembras. De modo que la contundente afirmación «si divides el número de hembras por el de los machos de cualquier panal del mundo, siempre obtendrás el mismo número» es una contundente majadería.

En cualquier colmena, cuando llega el otoño la población de zánganos, de machos, prácticamente desaparece, puesto que las hembras los echan cruelmente cuando ya no desempeñan ninguna función. En esos momentos el ratio entre hembras y machos es de X a 0 (siendo X el total variable de las abejas hembras). Los zánganos vuelven a aparecer en primavera y verano, pero entonces, la proporción entre machos y hembras dista muchísimo de ser estable y nunca se acerca lo más mínimo a la llamada Divina Proporción. Un enjambre medio cuenta con una abeja reina; de trescientos a mil zánganos; y unas cuarenta y cinco mil o cincuenta y cinco mil obreras, las féminas. Dividimos el número de hembras (pongamos 50.000), entre los machos (pongamos 800) y obtenemos un ratio de más de 62 a 1. Recordemos que Phi es igual a 1,618. Así que en algún lado hay un error, ya que, de cumplirse la prometida proporción 1,618 (Phi) a 1, el número de obreras debiera ser casi cuarenta veces menor, o el de zánganos cuarenta veces superior.

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4 de septiembre de 2009

La verdad sobre El Código da Vinci (Parte Segunda).- Examen crítico de los argumentos del Código Da Vinci (III)








por José Antonio Ullate Fabo





Tomado de Conoze







III. Silas en Andorra, Fibonacci


El bautizo de Silas y su paso por Andorra

Capítulo 10, páginas 77-78:

Se está narrando la historia de Silas, el monje albino. «A los dieciocho años, en una ciudad portuaria, mientras intentaba robar una caja con jamones curados de un barco carguero, le pillaron dos miembros de la tripulación. [...] El joven le rompió el cuello a uno con la fuerza de sus manos, y sólo la llegada de la Policía salvó al otro de un destino similar.

»Dos meses después, con grilletes en pies y manos, llegó a la cárcel de Andorra.

»Durante doce años, su carne y su alma fueron marchitándose. [...] Una noche, se despertó al oír los gritos de otros presos. No sabía qué fuerza hacía temblar el suelo sobre el que dormía, ni qué poderosa mano sacudía las paredes de su celda, pero nada más levantarse de la cama, una piedra enorme cayó justo donde él había estado acostado. Al levantar la vista para ver de dónde se había desprendido, vio un hueco en la pared temblorosa y, a través, de él, una visión que no había visto en años: la luna». Tras un viaje rocambolesco, el fugitivo llega hasta Oviedo, hasta la casa del cura Manuel Aringarosa. «¿Cómo te llamas? -le preguntó el cura. El fantasma no se acordaba del nombre que sus padres le habían puesto. [...]

»Vacilante, el fantasma cogió la Biblia y buscó el pasaje que el cura le había señalado.

»Hechos, 16.

»Aquellos versículos hablaban de un preso llamado Silas que estaba desnudo y herido en su celda, cantando himnos al Señor. Cuando el fantasma llegó al versículo 26 ahogó un grito de sorpresa.

»... y de pronto hubo un gran terremoto y los cimientos de la cárcel se agitaron y todas las puertas se abrieron.

»[...] -A partir de ahora, amigo mío, si no tienes otro nombre, te llamaré Silas».

El sistema penal francés, según Brown, es realmente interesante. El joven albino comete un homicidio en una ciudad portuaria francesa, pero de forma misteriosa «con grilletes en pies y manos, llegó a la cárcel de Andorra». Para un norteamericano debe de resultar divertido pensar que Europa funciona así.

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29 de agosto de 2009

La verdad sobre El Código da Vinci (Parte Segunda).- Examen crítico de los argumentos del Código Da Vinci (II)








por José Antonio Ullate Fabo



Tomado de Conoze








II.- 666 paneles, olimpiadas y sexualidad

Una misteriosa pirámide con 666 paneles, más o menos

Capítulo 4, página 35:

«Langdon «se preguntaba si Fache sabría que aquella pirámide había sido construida por deseo expreso de Mitterrand con 666 paneles de cristal, ni uno más ni uno menos, curioso empeño que se había convertido en tema de conversación entre los defensores de las teorías conspiratonas, que aseguraban que el 666 era el número de Satán» [en referencia a la pirámide de cristal situada en el acceso al Museo del Louvre].

Según información oficial del propio Museo del Louvre, «la pirámide está recubierta por 673 paneles de cristal en forma rombo»[6]. Claro, que se me ocurre que 673 puede descomponerse en 666+7. Siendo siete el número de la perfección, seguramente Mitterrand logró engañar a todo el mundo que aún hoy permanece ignorante de su astuta jugada: unir Satán y la perfección. Bromas aparte, hay que tener cuidado cuando se empieza con este tipo de juegos, porque no tienen límite.

No sabemos quiénes son «los defensores de las teorías conspiratorias» a los que se refiere el autor, aparte del propio Dan Brown, que insiste en que una conspiración planetaria se ha confabulado para ocultar algo llamado «divinidad femenina», que más adelante veremos qué es. Pero conviene recordar que es el libro del Apocalipsis de San Juan (Ap 13,18) el que «pone en circulación» el número 666. San Juan nos dice que es el número, la cifra, de la Bestia (del Anticristo): «Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia, pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666».

Así que ni es el número de Satán, ni eran 666 las teselas de la pirámide («ni una más ni una menos», precisa Brown), ni conviene traer a colación a «la esfinge», a François Mitterrand, en este asunto.

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27 de agosto de 2009

La verdad sobre El Código da Vinci (Parte Segunda).- Examen crítico de los argumentos del Código Da Vinci (I)






por José Antonio Ullate Fabo



Tomado de Conoze







I.- Símbolos paganos y crímenes sagrados

Símbolos paganos ocultos en la Catedral de Chartres

Capítulo 1, página 18:

«La conferencia de aquella noche -una charla con presentación de diapositivas sobre la simbología pagana oculta en los muros de la Catedral de Chartres- seguramente había levantado ampollas entre el público más conservador».

[La paginación de El Código da Vinci corresponde a la edición en castellano de la editorial Umbriel, 2003, según papel.]

Lo que insinúa Brown en esta frase resulta capital para la trama de su novela. Según él, en el seno de la Iglesia habrían sobrevivido fuerzas que testimoniaban una religiosidad anterior que, para poder sobrevivir, habrían tenido que ocultarse. Esta religiosidad pagana se manifestaría según él, por ejemplo en la misteriosa inclusión de símbolos paganos en templos católicos. Veamos si es cierto.

En los comienzos de la Iglesia, muchos cristianos no solían guardar excesivo aprecio por todo aquello que rememorara o aun diera a entender una remota valoración de las religiones paganas. Era lógico por muchos motivos. El primero, el recuerdo de las persecuciones. No sólo las de los tres primeros siglos, bajo el Imperio romano, puesto que también después, fuera del Imperio, los cristianos tuvieron que padecer el furor y el celo de los cultos paganos. Pero no se trataba simplemente de ese lógico resquemor. Durante muchos siglos se discutió cuál había de ser la relación entre los cristianos y la cultura pagana. Quienes querían romper todo vínculo con el mundo antiguo insistían en que los productos del paganismo conservaban «la marca de la casa», que hacía evocar un mundo que pretendía tener sentido al margen del Dios único, y que el arte pagano siempre solía estar mezclado con obscenidades y superstición. Para ellos, en la instrucción y en la vida cristiana, la cultura pagana no tenía ningún papel.

Por el contrario, la mayoría de los pensadores cristianos ha sostenido siempre que, exceptuando las obras que sean intrínsecamente inmorales o que no tengan calidad, las obras de la cultura pagana son buenas y útiles para la vida de los cristianos, y que no hay que desprenderse de ellas.

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22 de agosto de 2009

La verdad sobre El Código da Vinci (Parte Segunda).- Examen crítico de los argumentos del Código Da Vinci








por José Antonio Ullate Fabo



Tomado de Conoze








n esta sección se someten a crítica los datos y argumentos que Dan Brown introduce en su novela. He elegido sólo algunos de los muchos pasajes del libro porque resultan especialmente significativos dentro del esquema del autor. Averiguaremos si pertenecen al mundo de la realidad o al de la ficción.

Por debajo de una trama vivaz y trepidante, los personajes de Brown protagonizan otra, más discreta y soterrada pero mucho más importante. Consiste en que dos de ellos, Langdon y Teabing, a través de sorprendentes revelaciones, modifican completamente la forma de pensar de Sophie en el curso de las veinticuatro horas que abarca la peripecia de la novela.

A primera vista El Código da Vinci es simplemente una historia de suspense, un thriller, con dos protagonistas, un hombre y una mujer, relativamente jóvenes, cultos, atractivos y atléticos. Los dos se ven obligados a protagonizar juntos una huida y una búsqueda, con numerosos contratiempos y sorpresas. Esa misma proximidad física de ambos hace que el lector vaya intuyendo una disimulada atracción entre ellos y al concluir la historia, la atracción se hace más clara y el final nos deja expectantes ante un inminente romance.

Pero el verdadero hilo conductor de esa historia es el misterio que los ha unido a través de la muerte violenta del abuelo de Sophie: la doctrina del Priorato de Sión.

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17 de agosto de 2009

La verdad sobre El Código da Vinci (Parte Primera).- Introducción








por José Antonio Ullate Fabo



Tomado de Conoze









La última página de El Código da Vinci



uando el lector llega al último párrafo de El Código da Vinci, todavía pasan unos instantes antes de cerrar el libro. Se han acumulado muchas sensaciones. A lo largo de las páginas de la novela han ido apareciendo sorprendentes revelaciones al hilo de una trama trepidante. Los acontecimientos que narra El Código da Vinci tienen lugar en veinticuatro frenéticas horas. En ese arco de tiempo se sugiere una gran cantidad de ideas pero lógicamente no hay lugar para profundizar en ellas. Los atrevidos argumentos quedan en suspenso, como pendientes de posteriores indagaciones y aclaraciones. La velocidad a la que se suceden y narran los hechos contribuye a crear una experiencia vertiginosa, y el vértigo es una sensación en la que se mezcla la atracción y el temor.

Ese instante que transcurre entre la lectura de la última línea -que concluye en un final que queda abierto- y el gesto de cerrar el libro para colocarlo en el estante es muy especial. En esos momentos ya no estamos inmersos en el curso de la novela, la tensión se ha acabado, pero aún no hemos regresado a las preocupaciones cotidianas. Es como una tierra de nadie. Seguimos envueltos en la vorágine de El Código y en esos instantes se va a decidir, un poco instintivamente, la valoración que se ha ido fraguando durante la lectura de las páginas precedentes y que en la mente del lector quedará a partir de ahora asociada al título. Pero con independencia del aroma con que esa lectura impregne a cada cual, El Código da Vinci ha abierto muchos interrogantes y ha suscitado demasiados enigmas que rondan por la cabeza del lector. Son enigmas que tratan sobre temas muy profundos y que por eso mismo reclaman una aclaración.

El Código da Vinci es una novela de intriga en la que hay buenas dosis de amor, persecuciones, crímenes y continuas sorpresas. Un ingrediente nada desdeñable de esa exitosa receta lo forman las frecuentes afirmaciones relacionadas con la historia de Jesucristo, de María Magdalena, de la Iglesia católica, los merovingios y una entidad llamada "Priorato de Sión", siempre desde una perspectiva que contrasta con las ideas comúnmente aceptadas.

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15 de agosto de 2009

Una lección de Sodoma: subir o bajar


por José Antonio Ullate Fabo, (Licenciado en Derecho, escritor y periodista especializado en información y opinión religiosa, autor de El secreto masónico desvelado y La verdad sobre el Código da Vinci.)




eter Wood, profesor de antropología en la Universidad de Boston, se preguntaba por las consecuencias sociales de la «normalización» o la «institucionalización» de las conductas sodomitas. No se refería a una mayor o menor tolerancia práctica respecto a individuos marginales y asociales, como sucedía en muchas tribus norteamericanas o en la China anterior a Mao, sino que, como antropólogo, le interesaba el escenario de una sociedad que acepta ese tipo de conductas como «normales» y que regula ciertos ritos relativos a ellas. Para encontrar sociedades así, «tenemos que fijarnos en Melanesia —afirma Wood—, donde existen unas docenas de pequeñas sociedades en las que la homosexualidad masculina recibe significación ritual y está plenamente incorporada en la vida de la comunidad. Esto sucedía, por ejemplo, en Nuevas Hébridas, en Nueva Caledonia y en muchas partes de Nueva Guinea». El antropólogo desarrolla más detenidamente un ejemplo, el de la tribu de los etoro, una comunidad de unos cuatrocientos miembros, en Papúa Nueva Guinea. Entre los etoro, desde los doce años, todos los niños varones son sometidos diariamente a unas monstruosas prácticas sodomíticas, ejecutadas por un varón que se les asigna como «pareja». Más adelante, cada joven etoro recibe una «iniciación» social en una ceremonia sodomítica masiva. A partir de ese momento, el joven pasa a ser el inductor de los mismos ritos que él había padecido previamente y recibe a otro niño como «pareja». A menudo, «el pareja» sodomita adulto, se casa con la hermana del niño al que degrada. «Costumbres semejantes se dan en muchas otras tribus en las remotas montañas de Nueva Guinea —nos informa Wood—, y estos casos sirven colectivamente como prueba de que no es imposible canalizar la conducta homosexual dentro de un sistema social. ¿Pero qué tipo de sistema social?» Como indica el profesor, «los etoro ponen grandes obstáculos para la conducta heterosexual. Por ejemplo, marido y mujer sólo pueden realizar la unión conyugal fuera de su casa y para ello están prohibidos dos tercios de los días del año».

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