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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

17 de junio de 2008

Satanismo y rock and roll

Excelente artículo publicado en Santa Iglesia Militante.

Règimbal distingue cuatro fases históricas en el rock'n'roll. La primera, es su nacimiento (en torno a 1951-1952); Alan Freed inventa el nombre 'rock'n'roll', expresión que 'describe los movimientos del cuerpo humano durante los jugueteos sexuales. Está tomado del argot popular de los ghetos americanos'. La segunda etapa es la evolución hacia el hard y el acid rock, con la integración del rock en el mundo de las drogas; tuvieron mucho que ver en esto los Beatles, los Rollings Stones y el grupo The Who. La tercera etapa es el rock satánico; esta fase es inaugurada por los Beatles en 1968 con la aparición del 'Devil's White Album' conteniendo las dos piezas siguientes: Revolution Number One y Revolution Number Nine. Por primera vez en la industria del disco, se introducirán mensajes subliminales para transmitir 'el evangelio de Satanás'. La fórmula tiene éxito y de allí en adelante la música rock tomará el vasto camino de la perversión diabólica; hay que mencionar en este campo a los Rolling Stones, The Who, Black Sabbath, Led Zeppelin y Styx. La cuarta fase, en los años 80, es el punk rock, cuyo fin y filosofía son llevar a los oyentes directamente al suicidio, a la violencia colectiva y a los crímenes sistemáticos. Entre los grupos más notorios, mencionamos a Kiss, Ted Nugent y los mutantes, Aphrodíte's Child (album 666), Rob Zombie, cuyo Maestro fue Alice Cooper, y sobre todo Marylin Manson.

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Otro artículo más largo sobre Rock: Revolución y Satanismo

“El rock es la expresión básica de las pasiones que, en grandes plateas puede asumir características de culto o adoración contrarias al cristianismo.”
(Cardenal Joseph Ratzinger, Papa Benedicto XVI)
Es común encontrar padres que no hacen caso cuando sus hijos escuchan rock por todo el día a alto volumen porque piensan que no hay nada errado en eso.
Ellos mismos, cuando jóvenes, se acostumbraran (o viciaran) a escuchar músicas románticas o canciones sensuales de jazz.
Las tocaban cuando sus hijos eran niños.
Ahora, los jóvenes crecieron y inconscientemente sufren las consecuencias de los principios morales y educativos que recibieron: solo escuchan rock.
Del romantismo sentimental al rock frenético, pasando por la etapa intermedia del jazz sensual hay una lógica coherente que el alma recorre, aunque inconscientemente.
El propio rock muestra, aunque con más velocidad, estas mismas etapas en su camino.
Empezó con músicas y letras sentimentales y pronto llegó al frenesí y al abismo del mal.
No es por casualidad que la canción que se considera como el “himno del rock”- Starway to Heaven- pasa también por esas etapas: sentimental, sensual, frenética. (Hubieron otras razones para que esa canción fuera llamada de “himno” del rock. Las veremos más adelante)...

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Admirable poder de síntesis (4)











Tomado de Cartelazo

El campo de Batalla



Por el Dr. Antonio Caponetto



Ante los gravísimos hechos que se están desencadenando, y que han destruido toda concordia social, tornando imposible la más elemental vigencia del bien común; y ante la penosa confusión generalizada, signo trágico de la hora que nos toca protagonizar, parece pertinente emitir un par de aclaraciones elementales:

1) El gobierno del aparato kirchnerista es el primer responsable de conducir el país al caos, por su insensata política de expoliación y latrocinio contra los genuinos intereses del campo argentino. En vano se invoca la custodia de los pobres, la inclusión social o la redistribución de las riquezas. Las mentadas retenciones no integran el circuito del bienestar de los pueblos, sino el Programa de Agronomía Mundial de la Fundación Rockefeller, al servicio del Nuevo Orden Mundial.

Este Programa —que dócilmente acata el kirchnerismo, inserto como está en la estructura del Imperialismo Internacional del Dinero— exige la extinción de las autarquías comarcales sostenidas en una economía agraria; como exige la quiebra de los pequeños y medianos productores, para que, asfixiados por los altísimos tributos fiscales, acaben sometidos a los grandes trusts agrícolas. Fundaciones como la Brookings Institution se ocupan expresamente en los Estados Unidos de monitorear esta estrategia, explícitamente contraria a la independencia agropecuaria de los países dominados. Por eso, las exacciones arrancadas violentamente a los productores no se ordenan al bienestar de las provincias sino, por un lado, al mantenimiento de la nutrida banda de parásitos obsecuentes que le garantizan la permanencia en el poder; y por otro, a los grandes lobbies internacionales de los que la yunta presidencial es su sirviente nativa.

No es casual que Cristina haya tomado prolijo y servil contacto con esos lobbies antes de presentarse a elecciones, y como garantía externa del éxito en las mismas. No son casuales las cercanas presencias y tutelas de Eduardo Elzstain, Julio Werthein o Marcelo Mindlin. Lo que motivó que, ya en marzo del 2007, la denunciáramos públicamente como Elizabeth Wilhelm, la idische mame del Régimen.

Que alguien les avise a los estultos sicarios del Gobierno —quienes declaman batirse contra oligarcas y agentes del Imperio— que están enrolados exactamente en el bando contrario al que creen pertenecer. Que alguien les avise a los usufuctuarios de la Financiera Madres de Plaza de Mayo S.A —dedicada al negocio vil de la sangre desaparecida y la memoria oficialmente fraguada— que una vez más, están en el costado sucio y ruin de la batalla. Que alguien, al fin, traslade a los mercenarios delíacos y pérsicos, a los primates moyánicos y al ganado bonafinense, hasta el corazón de los pueblos sublevados, hasta las acampadas ruteras y las misas de campaña, hasta el olor a pasto, ubre o mate amargo. Para que tomen abrupta y vergonzosa conciencia de que no hallarán allí a la oligarquía usurera, sino en el palco oficial del que rentadamente participan y medran. Acaso la náusea sea el adjetivo más suave para principiar la calificación de tanta bastardía.

2) Si por la lógica liberal y plutocrática que lo informa, propicia el Gobierno la desarticulación del campo, por el resentimiento marxista que moviliza y agita a sus personeros, está visceralmente en contra del contenido espiritual y religioso de la civilización rural. Ese mundo de significados tradicionales, de ritos aldeanos y ciclos litúrgicos; ese modo de medir las distancias por los vergeles, y el tiempo por las puestas de sol; ese cristianismo empírico y rubicundo de fervores marianos e impetraciones celestes; ese horizonte campesino bordado de cruces y de pendones patrios, le resulta incurablemente hostil a la cosmovisión materialista y dialéctica de los gobernantes. En todos los tiempos, el Magisterio de la Iglesia supo iluminar esta cuestión con abundancia de documentos alusivos.

Como en la Rusia aniquilada por el bolchevismo, el enemigo es el kulak, el señor de la tierra, el campesino libre con su familia y su aldea. Contra tan vivificadora presencia se alzó la máquina destructora de Lenin y de Stalin, cuyo último objetivo —como lo señalara Solzhenitsyn— era “destruir una forma de vida nacional y extirpar la religión de los campos”. Allí están los versos desgarradores de Sergio Esénin, para testimoniar que el daño inmenso causado al ruralismo por la revolución comunista, fue desterrar a ese Cristo campesino, ante cuya majestad se inclinaban los abetos, los pinos y los sauces para entonarle el ¡Hosanna!, ese Cristo divino labriego, frente al cual, hasta la niebla del pantano se hacía incienso en tributo de alabanza.

Por eso —y lo hemos escuchado y visto personalmente, amén de los registros televisivos— en las concentraciones rurales tan intensas y viriles de estos días, no han faltado espontáneas pero fundadas voces y pancartas que desenmascaran el carácter montonero del gobierno que los castiga y persigue. Es el modo local inequívoco de protestar el marxismo dominante. Es el guiño y la seña, suficiente entre nosotros, para avisar y advertir que son los rojos los responsables de esta embestida antinacional. Es la señal de que nadie se engaña sobre la trágica existencia de una tiranía, ejercida por antiguos terroristas devenidos en sátrapas.

Como todos los marxistas, los que conforman el kirchnerato no se inclinan ante los pobres que mentan para resolverles realmente su angustiosa situación. No se interesan por ellos caritativamente sino, como lo prescribía ladinamente Henri Lefebvre, en tanto les sirven de fuerza propagandística, de rehenes manipulables, de ocasión y excusa para ejercitar la demagogia populista, y el utopismo insensato de prometer que se acabará con la pobreza como quien promete que llegará inexorablemente el verano tras los rigurosos fríos. Los pobres de la retórica presidencial no son los del Evangelio, cuyas llagas pudieron cubrir los monarcas santos. No son siquiera los desharrapados a los que llega el asistencialismo filantrópico. Los pobres de las soflamas cristínicas —mientras exhibe impúdicamente sus derroches de cosméticos, ropajes y frivolidades exasperantes— son los mismos de los que hablaba hipócritamente Liu Chao Tchi en 1950: una clase a la que no hay que aliviar su miseria sino utilizar como pretexto político y fuerza de choque.

Entiéndase claramente. Ésta no es la gestión de Robin Hood —sacando retenciones a los poderosos para dar cobija a los débiles— sino la de profesionales de la usura, de la mafia, del delito y del homicidio, al servicio de la plutocracia internacional. No es la gestión del Caballero de Sherwood sino la de la damisela de los tugurios sionistas y los arrabales montoneros. Con ella como símbolo de la tragedia que padecemos, se constata una vez más lo que dijera el inolvidable Alberto Falcionelli: el capitalismo y el marxismo son ruptura en la historia. Ruptura de la Tradición, de la Fe, de la Nacionalidad y de la Decencia.

3) No es veraz ni es justo el criterio oficialista de poner en práctica una supuesta redistribución social a partir de las retenciones capturadas al campo, legitimando así el incremento desmedido de las mismas. No porque no deba regir el principio de subsidiariedad y el más elemental sentido de la amistad social. No tampoco porque no sea el primer deber de los ricos el ayudar a los más necesitados. Sino porque se trata sencillamente de un robo estatal, bajo el juramento —siempre lejano, siempre incumplido— de destinar el monto de lo robado a presuntas obras de bien público. Una cosa es la hipoteca o función social de toda propiedad, a la que solía referirse Juan Pablo II, y otra cosa es el bandolerismo del Estado cercenando las genuinas posesiones privadas. No pierde el ladrón su condición de tal, si le promete a la víctima del despojo que construirá un hospital en su barrio con el fruto del saqueo al que lo ha sometido violentamente. No abandona el pirata su indignidad si anticipa que el botín sangrientamente tomado se aplicará a una escuela edificada en el sitio donde se consumó la tropelía. Además, y aún aceptando esta modalidad de desvestir a los que tienen para vestir a los desnudos, los sectores de mayor rentabilidad y menos riesgos hoy, en la Argentina, no son los productores agropecuarios sino los de la recua de coimeros, timberos, financistas y profesionales de la usura, que conforman el cuadro partidocrático, ideológico y paramilitar de la tiranía kirchnerista.

Tampoco existe una soberanía alimenticia que el Gobierno haya decidido custodiar, ni una comida convertida en el supremo e intangible bien ante el que debería cesar toda joda, según el lenguage procaz y raído de uno de los golfos menores de la política estatal. Nada prueba mejor el materialismo en el que están sumidos estos autócratas que esta perspectiva naturalista e inmanentista, según la cual se pueden derramar sobre el lodo todos los bienes sacros y honestos, el Orden Natural y el Orden Sobrenatural entero, pero quien se meta con los lácteos y las reses, sea anatema. Bien está que los hombres de una tierra cuiden el pan, lo compartan y lo bendigan, por aquello que decía Saint-Exupéry: “haz que los hombres compartan el pan y los harás compañeros”. Pero la soberanía consiste precisamente en que esos hombres prefieran señorialmente la Verdad y la Justicia, antes que “la opulencia de sedentarios saciados como el ganado en el establo”. La soberanía de una patria no se mide por el aumento del consumo, ni por el incremento del parque automotor, ni por la cantidad de restaurantes o de plasmas visitados o comprados en el centro de Buenos Aires. Tampoco se dan por superadas las crisis y por alcanzadas las grandezas nacionales, fraguando índices de progresos económicos en los laboratorios estadísticos del Régimen.

Lo que está en juego —sépanlo de una vez, actores y espectadores de esta justísima reacción del campo argentino, sépanlo vigorosos chacareros o responsables de las entidades agrarias, sépanlo quienes embanderan los tractores o los que recopilan firmas en las ciudades, sépanlo al fin los pastores cobardes o los pocos curas decididos que se hacen presentes por su cuenta en las resistencias provincianas—; lo que está en juego no es un dígito móvil, ni un producto o insumo, ni un ingreso fiscal, una ruta cortada o un artículo de la Constitución. Mucho menos la defensa de la perversión democrática. Es la existencia misma de la Argentina. Para que ella recupere su existencia es necesario combatir a la maldita, enloquecida y furiosa tiranía que la tiene atenazada y cautiva. Tiranía de incendiarios y mentirosos, de hipócritas e ignorantes, de facinerosos y malvivientes, de segadores y atropelladores de las libertades concretas. Tiranía del número y del garrote vil, de los criminales de guerra otrora —guerra subversiva y revolucionaria— devenidos ahora en funcionarios. Tiranía de amorales, ateos y apátridas, unidos todos bajo el común y repugnante sello del resentimiento. El resentimiento: esa “ira ulcerada”, como la definiera Castellani, “mezclada de envidia, de soberbia y encima a veces de pereza. Veneno que es como una herida enconada y después gangrenosa”. No es antojadizo saber, agrega Castellani, que Cristo fue crucificado bajo el mandato de Tiberio, “el resentido del año 33”.

El campo libra su batalla, y es legítima y justa, ejemplar y honorable. Pero hay un campo de batalla, en el que se dirime un dilema más hondo y más trascendente. En ese campo debemos encolumnarnos los argentinos bien nacidos, los habitantes de la ciudad y campaña, como dijera Rosas. En ese campo de batalla queremos permanecer y persistir, sin que nos amedrenten las bravuconadas disfónicas de los palurdos regiminosos. Por Dios y por la Patria. Hasta que la tierra yerma reconozca como propia el florecer del lirio y de la espiga, el galope sonoro y el espejo angelado de la perenne Cruz del Sur.

Tomado del blog de Cabildo

17 de Junio, San Gregorio Barbarigo, Obispo y Confesor






Gregorio nació en Venecia el 16 de septiembre de 1625 de noble familia originaria de Istria. Su padre, Gianfrancesco, fue para él un auténtico maestro de vida y de ciencia y hasta de espiritualidad, y de él aprendió la costumbre de rezar todos los días el oficio de la Virgen.

Después de haberse graduado en Padua el 25 de septiembre de 1655, fue ordenado sacerdote el 21 de diciembre siguiente, y a los dos meses se trasladó a Roma por invitación de Alejandro VII, que lo había conocido en Münster, a donde Barbarigo había ido como secretario del embajador de Venecia para el congreso de paz de Westfalia. Quería una comida sobria, pero muchos libros para alimentarse intelectualmente. En Roma lo sorprendió la epidemia de la peste: "Al principio sentía tanto miedo que me parecía morir"; pero aceptó el puesto de organizador de sanidad pública, y se demostró activísimo y valiente.

Cuando lo nombraron obispo de Bérgamo, hizo su entrada en privado el 27 de marzo de 1658. Puso su esmero sobre todo en las escuelas cristianas y en la formación de los candidatos al sacerdocio. En 1660 fue nombrado cardenal, y a los cuatro años elegido para la importante sede episcopal de Padua. Concluía un programa pastoral así: "El ver ciertas ocasiones de escándalos, de pecados, sin saber qué camino coger: estos, hermanos, son mis angustias, mis males, estas mis lágrimas".

En las frecuentes visitas pastorales a las 320 parroquias, el infatigable obispo se mezclaba con los bulliciosos niños para explicarles el catecismo. Su preocupación principal fue la formación de los seminaristas. Vendió todos los objetos de plata del palacio y compró un viejo monasterio que transformó en seminario; después no ahorró gastos con tal de llevar profesores de Milán y hasta del extranjero.

Todos los días iba a estar con los alumnos, porque, como le escribió al gran duque Cósimo III, "el seminario es un poco de descanso, o por decir mejor el único descanso que encuentro entre las espinas del gobierno episcopal". En los dos últimos conclaves en los que participó casi resulta elegido Papa. A fines de mayo de 1697 salió para su última visita pastoral. Murió el 18 de junio de ese mismo año, con merecida fama de Santo.

16 de junio de 2008

Lo esencial es invisible a los ojos

por Dr. Aníbal D´Angelo Rodríguez


Antoine de Saint Exupery escribió, en El Principito, la frase que sirve de título a estas líneas. El significado es obvio: las cosas en verdad importantes en la vida humana no son los oropeles del mundo, los que se ven, se palpan y se disfrutan.

Pero, curiosamente, esa frase tan acertada vino a mi memoria hace pocos días, a propósito de algo que a primera vista poco tiene que ver con Saint Exupery: la llegada a nuestra Capital de la antorcha olímpica camino a Beijing y los juegos que se celebrarán allí en poco tiempo más. Los diarios informaban de algo curioso: a su paso por la Ciudad de la Santísima Trinidad y puerto de Santa María de los Buenos Aires, y a diferencia de la mayoría de las ciudades europeas y americanas, el desfile de la antorcha olímpica no sufrió el más mínimo menoscabo, protesta o repudio. Cosa nada fácil de entender. Si hay un país en el que proliferan los organismos defensores de los «derechos humanos» es esta pobre Ínsula. Y si hay un país que viola setenta veces siete cada día esos derechos es la China actual. ¿Cómo entender esta circunstancia? ¿Cómo hicieron estos ofensores para no tropezar con aquellos defensores? ¿Los pescaron descuidados o mirando para otro lado?

Quizás convenga buscar la explicación en una historia reciente pero hasta ahora muy mal contada: la del siglo XX. Imaginemos un selenita que cayera en la tierra y se atiborrara de los muchos libros en que se relatan los sucedidos de la recién fenecida centuria. Y que se tropezara con los numerosos testimonios de los crímenes del comunismo. El más completo de los cuales es El libro negro del comunismo por Stephen Courtois y otros. En él, como es sabido, se cifra en cien millones la cantidad de personas asesinadas, durante el siglo XX, por los diversos regímenes comunistas. ¿Qué diría el selenita? Primero preguntaría si el dato es verdadero y se le contestaría que varios comentaristas han observado que el cálculo es demasiado conservador pero que la cantidad de cien millones puede considerarse un mínimo indudable. A continuación el selenita sorprendido preguntaría si no era ese un dato esencial para entender la Historia del siglo en que se produjo tal matanza y se asombraría de ver el dato sencillamente ignorado en numerosos libros. Cómo –diría–, ¿qué historiador del siglo XIV podría omitir la Peste Negra que se llevó veinticinco millones de europeos?

¿Y qué historiador del siglo XVI podría olvidar los cerca de setenta millones de indígenas americanos que murieron víctimas de la viruela y otras enfermedades?

Es evidente que aquí hay algo raro. Si se analizan los regímenes comunistas en que se produjeron los crímenes, se verá también que no se trata de «accidentes históricos» no deseados, como las muertes del siglo XIV y del XVI, ambas producto de la irrupción de microbios contra los que las poblaciones locales no tenían anticuerpos. Por el contrario, aquellos regímenes no sólo practicaron el terror sino que hicieron del Terrorismo de Estado la clave de su supervivencia. Intentaban implantar un sistema contrario a la naturaleza humana y rechazado por el grueso de la población. Las minorías apoderadas del aparato estatal no podían mantenerse en su posición más que creando un clima de terror que paralizara a sus enemigos. Por eso ni cabe la discusión, a estas alturas, sobre si fue Lenin o fue Stalin el que comenzó la persecución a los burgueses, kulaks (campesinos ricos) y demás «elementos contrarrevolucionarios». La toma del Palacio de Invierno se hizo el 7 de Noviembre de 1917. La creación de la Cheka (primera forma del organismo represor que terminó llamándose KGB) fue el 7 de Diciembre de ese mismo año, exactamente un mes después. El comunismo, quedaba probado, no se sirve del terror, el comunismo es y siempre será el terror en acción.

Ahora bien, así como el mago David Copperfield hizo desaparecer, ante un auditorio atónito, la Torre Eifel, los periodistas e intelectuales han escamoteado con un solo pase mágico este monumental hecho del siglo XX. Lo esencial se ha desvanecido delante de nuestros ojos: el terrorismo de izquierda no existe y naturalmente todos los juicios que se hacen respecto del comunismo en sus diversas formas quedan falseados ante esta colosal omisión.

Y la izquierda argentina ha logrado, además de coadyuvar en el objetivo general, que hasta la Corte Suprema, en un arranque de Suprema Irrisión, le de la razón. Los crímenes de los militares son imprescriptibles, inolvidables, imperdonables, los de los terroristas no. Asombroso pase de magia por el que unas vidas humanas son invalorables pero el Estado las pagará a precio de oro y otras en cambio sólo merecen el olvido.

Supongo, lector amigo, que has visto la relación entre Saint Exupery, la antorcha china y el terror comunista. Y has asistido a esta fascinante paradoja: lo esencial puede ser invisible a los ojos por su propia naturaleza o porque una clase dirigente intelectual lo hace desaparecer del horizonte dejando en su lugar una montaña de mentiras y engaños, una colina de sofismas.

Hegel o la tiranía de la democracia moderna

Breve disertación sobre Hegel y su influencia en la dictadura del pensamiento políticamente correcto de la democracia liberal.

por
Pedro Jiménez de León


Para Hegel el Estado sólo existe cuando los ciudadanos pueden encontrar satisfacción a sus intereses razonables y, a la vez, reconocen al Estado al reconocer su voluntad particular manifestada en la voluntad general a través de las leyes. Es decir, el Estado existe cuando es capaz de conciliar lo particular –los intereses particulares- con lo universal –la voluntad general-. Cuando esta conciliación se realiza, es entonces cuando el individuo es libre.

Sin embargo, la realización de estos postulados en el Estado moderno, en la actual democracia moderna, ha llevado a la tiranía del pensamiento políticamente correcto o la llamada tiranía de la mayoría. La libertad de pensamiento y de realización de la persona, ha sido cercenada.

Para Hegel, si un grupo no se ve representado por la voluntad general, generaría una facción dentro del Estado, opuesto al mismo. Para evitar esta posibilidad el Estado moderno ha destruido aquello que dice defender. Y lo ha hecho a través de un sistema de medios de comunicación, que al más puro estilo orwelliano, nos dice que debemos pensar –lo políticamente correcto- asegurando así un pueblo sumiso que vive en la ilusión de ser libre. A esta sumisión e ilusión se ha llegado haciendo uso de varios mitos.

La ingeniería social

Antes de hablar de los mitos voy a definir el término ingeniería social, que es fundamental para poder explicar con claridad lo que quiero decir. Por ingeniería social entiendo el conjunto de medios que el sistema utiliza para imbuirnos ciertas ideas, formas de pensar, esquemas mentales, etc. Esta ingeniería está en la televisión, la radio, los periódicos, internet, etc. Tras la repetición de ciertos hechos o ciertas ideas, de manera directa o indirecta, se lleva a que las personas asuman como propios ciertos postulados, que se incorporan a la conciencia colectiva, manifestada en lo políticamente correcto y a la cual no se puede contradecir sin sufrir una anatema social.

El mito del hedonismo y el vitalismo

Los medios de comunicación nos invaden con mensajes e imágenes que, de manera más o menos sutil, nos invitan a poner como fin de nuestra vida el placer (hedonismo) e igualmente se nos invita a dejarnos llevar “por lo que pide el cuerpo” (vitalismo). Su manifestación diaria está en: la mentalidad de la fiesta, del querer las cosas hechas, del no-esfuerzo, la sexualidad desordenada, la pornografía, el gusto por lo morboso y bajo, el poco interés por los temas culturales o humanísticos de verdad, la televisión basura, etc. Esto no deja de ser la más abyecta tiranía de las pasiones sobre la libre voluntad, lo cual persigue dos fines.

  1. Se consigue que las personas sientan que sus intereses particulares son satisfechos, porque se les da la capacidad de satisfacer sus pasiones más inmediatas, que previamente se han inducido mediante la ingeniería social como el fin supremo de la existencia, lo cual da un falso sentimiento de libertad.
  2. Se reduce el espectro existencial e intelectual de las personas. Poniéndoles como meta de su vida la satisfacción furibunda de sus pasiones, el irse de fiesta, la juerga, el pasar de todo y el “ser libre”, hacen que los individuos eludan cualquier búsqueda superior y más profunda. Se cercena de raíz la pregunta sobre la verdad, las dudas existenciales, la vida verdaderamente intelectual, la introspección personal, etc. Se llega, incluso, a reducir la riqueza de vocabulario. A esto hay que sumarle la inconsciente confusión mental de las personas, que viven con un montón de nociones difusas de diferentes ideologías, muchas veces incompatibles entre sí. Por tanto, las personas son bastante más fácilmente manipulables, lo cual nos lleva al segundo mito.

El mito del progreso

  1. Junto al aumento de la manipulabilidad de la gente por la reducción de su espectro intelectual y existencial se les imbuye, mediante la ingeniería social, la idea del progreso. La idea es que la humanidad avanza hacia un mundo mejor gracias a la razón. Así, la humanidad conseguirá –y consigue- un progreso indivisible: progreso material, progreso intelectual, progreso moral, progreso de bienestar. Y todo este progreso es, por supuesto, bueno y deseable. Es el discurso de hoy día de la ampliación de derechos y libertades.
  2. Como cualquier novedad es fruto del progreso, ésta se hace necesariamente buena, creándose, por tanto, un ambiente favorable a cualquier novedad, por aberrante que sea. Esto consigue una serie de cosas: por un lado la gente vive en un estado de expectación hacia la novedad, esperando siempre que desde fuera le digan cual es la novedad de turno, completamente sumisos –aunque inconscientes de ello- a lo que la ingeniería social le diga que es ahora lo nuevo y, por tanto, lo bueno. Por otro lado, se consigue que la persona evite enfrentarse con su soledad, con su interior, pues vive siempre expectante de lo de fuera. Por otro lado, además de decirle a la gente que es lo nuevo y bueno, también se señala que es lo antiguo, lo viejo, lo ya pasado, lo que ya no merece la pena, lo que está anquilosado en el pasado. Normalmente coincide con la Iglesia Católica y cualquier visión sana de la realidad. Y, finalmente, prepara el terreno para la farsa de la política.
  3. Como la mayoría de la gente no tiene la capacidad de hacer un análisis critico de las novedades que le imbuye la ingeniería social, la mayoría de la gente lo acepta como algo bueno y positivo. Ahora es cuando el tablero está preparado para hacer creer a la gente que su voluntad se identifica con la voluntad general manifestada en las decisiones del gobierno.
  4. Esto se consigue mediante la farsa de la lucha parlamentaria. Los progresistas, que son los políticamente correctos, los bonachones, los que usan de la razón para traer un mundo maravilloso tratan de poner la novedad que ya previamente ha calado en la conciencia social. Luego están los conservadores, que son los que malamente se enfrentan a la conciencia social, son los del orden y el atraso. Son el elemento necesario para el sistema, porque hacen parecer que realmente existe una lucha, cuando en el fondo son lo mismo que los progresistas. Me explico, los progresistas dicen que los cambios se tienen que hacer corriendo, que hay que construir el mundo nuevo y maravilloso ya; los conservadores, en cambio, dicen que los cambios hay que hacerlos poco a poco, en función de las transformaciones sociales. Transformaciones que, en muchos casos, produce de manera artificial la ingeniería social. Los progresistas corren, los conservadores andan. Pero los dos van en la misma dirección.
  5. Entonces es cuando comienza el gran teatro. Los buenos progresistas tienen que luchar contra los malvados conservadores y, por supuesto, finalmente terminan consiguiendo lo que querían. Simple y llanamente porque ya la conciencia social lo acepta y lo ve como algo maravilloso, por lo tanto, lo pueden poner y es realmente imposible que no lo consigan. De esta manera, se refuerza el sentimiento en cada individuo de: a) que ellos han llegado a la conclusión por si mismos de esta novedad, y también por sí mismos de que es buena; b) que ellos han luchado también en la arena política para traer una gran mejora al mundo; c) que han vencido, por lo que se reafirma su sentimiento de que su voluntad coincide con la voluntad general, manifestada en las leyes del gobierno. ¡Se ha conciliado la voluntad particular con la universal tal y como quería Hegel! El problema es que todo esto no deja de ser una absoluta farsa. Por otro lado, los conservadores sienten que han perdido pero que han librado la batalla que debían… Pero ya está, ellos ahora asumen también como suyo el cambio realizado y, a partir de ahora, no se les ocurrirá cuestionarlo, porque ha sido una reforma necesaria por el cambio social, ha sido la voluntad del pueblo, es el progreso, etc.

Así la ingeniería social maneja y cercena la libertad de pensamiento de la población. Todo este proceso consigue varias cosas: a) hace creer a la gente que son libres, que han elegido libremente su lucha, sus pensamientos y su posicionamiento respecto a un tema, y que además el Estado es bueno porque ha cumplido con sus expectativas; b) de que el mundo (o el país) progresa y eso es bueno; c) de que su modo de vida se concilia perfectamente con las reivindicaciones que han abanderado, por lo que se reafirma en su estilo de vida vitalista y hedonista. Es un círculo vicioso del que la salida es difícil. Queda así claro que la democracia liberal es la gran dictadura del pensamiento políticamente correcto.

La finalidad

¿Cuál es la finalidad de esta dictadura del pensamiento? La respuesta está en el otro gran aspecto del liberalismo: la economía. Con este sistema se consigue una gran cantidad de gente que vive presa de la novedad y de los impulsos que le transmiten desde la ingeniería social. Es la manera perfecta de conseguir una masa aborregada que no se cuestiona nada y está ansiosa de novedades. Así, siempre está dispuesta a consumir las nuevas modas, tecnologías, tendencias, etc. Todo el sistema está hecho para favorecer el consumismo: la homogeneización social a escala mundial, la generación de necesidades artificiales, la publicidad, etc. Estamos inmersos en una sociedad sustancialmente económica donde se enriquecen unos pocos que a su vez son los que sostienen el sistema. La finalidad del sistema es, en última instancia, el beneficio económico desmesurado de unos cuantos, a costa de nuestra libertad. Pero tampoco debería extrañarnos, al fin y al cabo, los fundamentos políticos que han dado lugar a nuestra democracia liberal se encuentran en la filosofía burguesa que aspiraba a esto: el enriquecimiento económico.

Objeciones

Se podría responder que el Estado no nos quiere poco formados sino que nos invita a la lectura y nos pone escuelas. Veámoslo con detalle.

  1. El sistema fomenta la lectura de los libros que le interesan, es decir, los políticamente correctos. Cada cierto tiempo sale algún libro de moda que se lee todo el mundo, mas la lectura más profunda, de cualquier tipo que sea, no es promocionada. Así que, nuevamente, el sistema nos dice que tenemos que leer, aunque por supuesto, siempre nos permitirá leer cosas políticamente incorrectas. Pero al precio de ser alguien políticamente incorrecto.
  2. Las escuelas públicas enseñan lo que el Estado quiere. Es dejar en manos del Estado la educación de nuestros hijos. Cuando hacemos eso pasan cosas como que el Estado nos los quiera adoctrinar ideológicamente como está intentando hacer Zapatero con Educación para la Ciudadanía. Por otro lado, desde los dos partidos del teatro político español se ha resaltado la importancia de la enseñanza de cuestiones técnicas y del inglés. El conocimiento técnico, por muy importante que pueda ser para la actual coyuntura histórica no forma el espíritu humano, eso sólo lo hacen las humanidades. Son las humanidades las que nos pueden enseñar de dónde venimos, qué somos y a dónde podemos ir. Una carrera técnica jamás enseñará eso. Pero las humanidades son cada vez más relegadas a un segundo plano, tienen menos salidas laborales, etc.
  3. El sistema nos quiere bien formados, pero no de una buena filosofía, de un buen humanismo o algo por el estilo. El sistema quiere buenos técnicos para que sean buenos elementos de producción y así beneficiar a la economía.

Se podría argumentar que el sistema no quiere sólo que vivamos para nosotros mismos o únicamente de una forma vitalista o hedonista. Nos invita a ser solidarios, constantemente. Esto es obvio, el sistema sabe que las personas necesitamos salir de nosotros y sentir que hacemos algo por los demás, es lo mínimo de la naturaleza humana. Pero el modo que nos ofrece el sistema es una salida fácil. No nos pide que cambiemos el mundo –eso es imposible, dice-, simplemente que hagamos algo sencillo: apadrinar un niño, dar dinero a una ong o hasta participar en algún grupo solidario. Sin embargo:

  1. Todas las actividades en las que nos incorporemos serán políticamente correctas o estaremos mal vistos socialmente.
  2. No implican un cambio en nuestro ser. Podemos seguir siendo igual de hedonistas, consumistas y vitalistas que siempre y ser a la vez solidarios, por lo que seguimos en la dinámica del sistema.
  3. Todas las cosas que el sistema nos invita a hacer no cuestiona la raíz del mismo o, peor aun, la refuerza. No se nos invita a pensar en las causas profundas que dan movimiento al sistema y que son las que causan muchas de las injusticias actuales. Simplemente se nos hace sentir bien porque hemos hecho lo que podíamos. Pero el problema es de raíz, y a la raíz no se permite acudir.

Ahora, no digo que participar en algunas de estas actividades no pueda ser bueno, simplemente que no son contradictorias con el sistema. Mas bien al contrario, lo refuerzan porque no cuestionan su raíz y nos hacen sentir satisfechos –aunque no hayamos conseguido realmente cambiar las estructuras que hacen posible tantos males-.

Se me podrá decir que el sistema me deja expresarme contra él y no pasa nada. Bueno, soy políticamente incorrecto y, por tanto, mal visto. En segundo lugar este texto nunca pasará de ciertos círculos. Jamás aparecerá en primera plana de un periódico o se debatirá del mismo en la televisión de manera justa. Y si algo de eso pasase no sería gracias al sistema, sino a pesar suyo.

El papel de la Iglesia Católica y su neutralización

Sin embargo el sistema no puede alterar la naturaleza profunda del ser humano. Este tiene anhelo de eternidad, de infinito, de verdad, de bien, de belleza y de justicia. Es a lo que aspira el ser humano, es el suspiro eterno que saldrá de su alma hasta que encuentre la Verdad. Es la religión quien da respuesta a estos anhelos humanos; el vitalismo, el hedonismo, el consumismo, etc. son un mal sustituto de la fe, que rápidamente nos cansan y hastían. Pero la religión nos coloca en unos valores y en una forma sana de entender el mundo completamente opuesta al actual sistema. La búsqueda continua y sincera de la Verdad nos deposita en la Iglesia de Cristo, en la Iglesia Católica. Pero la fe que guarda la Iglesia tiene un conjunto de valores, una cosmovisión que es incompatible con el actual sistema. Y lo es, aunque mostrar esto requerirá de otro artículo. El sistema es consciente de ello y quiere relegar a Jesucristo al ámbito de lo privado. Manifestarse hoy día como católico es algo políticamente incorrecto. Y es que, la verdadera enemiga del sistema es la Iglesia Católica. Si la Iglesia, tomando la expresión de Chesterton, hiciese uso de su dinamita, no sólo volaría un sistema injusto por naturaleza sino que podría dar el sustrato sano y firme para una buena sociedad.

La facción dentro del Estado y opuesto al mismo

Hegel afirma que cuando dentro del Estado hay un grupo que no se siente identificado con la voluntad general, crea una facción dentro del Estado opuesto al mismo. Si esto es cierto, evidentemente hoy la gran mayoría, por activa o por pasiva, se siente identificada con la voluntad general, puesto que no cuestionan el Estado, o mejor dicho, no cuestionan el mismo sistema. Hay pequeños grupos que sí cuestionan al mismo sistema, aunque no todos se puedan decir que sean muy inteligentes. Es más, muchos de estos grupos antisistema son instrumentos del sistema. Estos individuos sucios, con pintas raras, que acuden a la violencia y se dicen así mismos antisistema, no dejan de ser un instrumento del sistema para poder decir: ¿Qué prefieres, lo que hay o eso? Y la respuesta es obvia, nadie va a quedarse con “eso”.

Por tanto, hay que realmente hacer una facción a esta tiranía, una oposición intelectual fundamentada en la fe, la tradición y la recta razón, con una visión cristiana de la sociedad, de la política y de la economía. Quizás en la actualidad el único sitio donde se me ocurre que podemos ver algo así es en el Carlismo y el distributismo.

Pedro Jiménez de León

Tomado de Hispánitas.


15 de junio de 2008

Barco a la deriva

A esta altura de los acontecimientos -nacionales, regionales y mundiales-, nadie debiera dudar que los países realmente exitosos son aquellos que respetan y garantizan el pleno ejercicio del derecho de propiedad. Este derecho se origina en la libertad del hombre y reposa en ella. Por tanto, conculcarlo implica la negación de la libertad y ello supone opresión para los individuos dado que todos los demás derechos individuales quedarían sometidos al arbitrio despótico del Estado. En suma, suprimir la libre iniciativa particular genera la tiranía política.
No en vano, además, Marx y Engels, en el "Manifiesto Comunista", afirman que puede resumirse su doctrina con la siguiente proposición: abolición de la propiedad privada.
Es más que suficiente la experiencia histórica acumulada para asegurar, sin el menor margen de duda, que la estatización de la economía, cualquiera sea el disfraz ocasional que utilice, conduce inevitablemente al fracaso más estrepitoso.
En esa misma dirección, la excesiva intervención del estado, junto a la praxis revolucionaria de la estructura sindical marxileninista, asfixian la economía e impiden superar las barreras del subdesarrollo.
El Estado debe cumplir subsidiariamente sólo aquellas funciones que excedan las fuerzas de las personas particulares y de las asociaciones privadas. Exorbitar las funciones del Estado, coartando la actividad particular, supone la violación de derechos y ello lesiona la justicia y atenta contra el bien común. El creciente intervencionismo, al desconocer libertades y derechos, termina esclavizando a los pueblos.
Están circulando por la red de redes, didácticos mensajes -uno de ellos editado por "D R B"- que ponen sobre el tapete los efectos psicopolíticos del populismo demagógico. Resumo, adapto y comento.
El gallo madrugador y los impuestos:
Un gallo madrugador decidió separar de su ración diaria algunos granos de trigo con la finalidad de plantarlos en vez de comérselos. Para la tarea de cultivar, convocó a los otros animales que estaban paseando en su entorno mientras buscaban alimento por el piso.
- Vamos a plantar estos granos y así tendremos pan. ¿Quieren colaborar?.
- ¡Noooooo! -respondieron a coro los animales que poblaban la granja-.
El gallo previsor no se desanimó e igualmente sembró. Trabajó solito y el trigo no demoró en crecer.
- Vamos a cosechar el trigo, propuso el gallo al resto de los animales.
- Yo no -dijo el ganso- ¿para qué voy a trabajar si ya estoy cobrando un subsidio sin tener que hacer nada?.
- Yo tampoco porque el trabajo esclaviza, exclamó el cerdo, mientras persuadía al resto para que se negaran a trabajar.
Ante tales respuestas que se multiplicaban con apenas unos pocos matices distintos, el esforzado gallo decidió trabajar solito en la cosecha sin la colaboración de los otros.
Llegó el momento de amasar y cocinar el pan. El laborioso gallo ofrece a los demás una última posibilidad de trabajar.
- ¿Quién me ayuda a amasar el pan?.
Sin obtener ni una sola respuesta afirmativa, el gallo amasó y cocinó el pan. Una vez que el pan quedó pronto y sabroso, todos los animales se acercaron porque querían comérselo.
El sacrificado gallo pensó y les dijo:
- Miren, ustedes que nunca quisieron trabajar y siempre se negaron a ayudarme, deberían saber que para comerlo no es necesaria la ayuda de los demás...
El cerdo, interrumpió bruscamente: ¡Están siendo violados nuestros derechos!.
La vaca que estaba pastando como distraída, escuchó la queja y mugió: ¡oligarca!.
El ganso se sumó a la protesta y le increpó: -¡Egoísta explotador! ¡Criminal! ¡Genocida!.
El pato gritó enojado: ¡Individualista, capitalista, torturador!.
Los animales se movilizaron con la ayuda de víboras muy venenosas, expertas en agitación social y en el fomento del odio y la lucha de clases. Contando con la colaboración "espontánea" de papagayos rojos incrustados en ONGs y en todos los medios de comunicación, organizaron una concentración seguida de una marcha encabezada por una gran faja y varios carteles con leyendas pintadas en letras gigantes. Muchos carteles, pocos animales pero grandes espacios en los medios... En uno de los grandes carteles podía leerse "injusticia social", en otro "soluciones ya", en otro "ocupar"...
Así preparadas "espontáneamente" las cosas y generado el clima propicio, irrumpe en escena un ave de rapiña junto a un Zorro astuto y resentido que sabe mostrarse sereno y aplomado. Eran los recaudadores de impuestos quienes le cobraron compulsivamente al gallo laborioso una gran parte del pan "para atender las necesidades de los otros" (que se habían negado a trabajar).
Así, todos comieron. El cerdo, el ganso, el pato, las víboras venenosas, el zorro y las aves de rapiña participaron del banquete hasta que el pan se terminó. Nadie más plantó trigo; nunca más volvieron a tener pan en esa granja y todos se siguen arrastrando para encontrar por el piso algo que les permita subsistir.
En general, es común que le denominemos "robo" a toda conducta que suponga quedarse con lo ajeno, apropiarse de lo que legítimamente pertenece a otro. Así, cuando un asaltante nos quita la billetera, decimos que sufrimos un robo y al delincuente lo acusamos por ladrón.
Y ¿cómo debemos llamarle al Gobierno que mete la mano en nuestros bolsillos, en nuestros salarios, en nuestros ingresos, en nuestras ganancias, en los bienes muebles e inmuebles que integran nuestro patrimonio?.
La cacería de cerdos y la demagogia populista:
Hace unos meses, visité una estancia en la que se elaboraban jamones caseros. Al pasar por un chiquero, me llamó la atención el porte de una chancha amamantando a unos cuantos lechones. Para satisfacer mi curiosidad, le pregunté al hijo del patrón sobre esos cerdos.
"Espere que llamo a mi padre, a él le va a gustar contarle la historia de nuestros cerdos", me respondió el joven.
Por la puerta de la cocina emergió un gigante de cabellos blancos que se desplazaba dificultosamente asistido por un bastón. Me invitó a sentarme a la mesa de la galería donde reinaba un enorme botellón de alcohol de nuez.
- "¿Ud. sabe cómo se cazan los chanchos salvajes del monte?", me espetó el paisano sin más trámite, mientras me servía un vasito chato de ese brebaje.
- "Bueno, creo que con perros que 'los paran' y un fusil que los sacrifica", le contesté presintiendo que la historia venía por otro lado y que el viejo sabía mucho más que yo…
"En este caso, no es así", me dijo. "Cuando le explique cómo los cazo, Ud. va a poder sacar algunas conclusiones…".
"Mire, detrás de aquella cortina de árboles, hay un monte sin trabajar. Ahí, suele haber chanchos salvajes. Para cazarlos, hay que comenzar por buscar un manchón sin matorrales y tirar un poco de maíz en el piso. Cuando los chanchos lo descubren, van a comer todos los días y solo hay que reponerles diariamente la ración. Una vez acostumbrados, se construye una cerca en uno de los lados del sitio mientras le sigue poniendo alimento. Por unos días parece que desconfían, pero después terminan por volver. Entonces se hace otra cerca a continuación de la anterior, y les sigue poniendo comida. Y así sucesivamente, hasta que casi cierra los cuatro lados y solo deja una abertura para un portón. Para entonces, se han acostumbrado al maíz fácil, ya no tienen desconfianza ni le temen a los cercos y entran y salen casi con naturalidad. Entonces Ud. va y coloca el portón, lo deja abierto y sigue poniendo maíz, hasta el día que va al corral y encuentra a toda la piara comiendo y le cierra la puerta. Al principio empiezan a correr en círculos como locos, pero ya están atrapados. Pronto se tranquilizan, vuelven al alimento fácil y aceptan la esclavitud".
Algo así va ocurriendo con la población de cada país estatizado como el nuestro. La gente parece no darse cuenta que los gobiernos populistas y demagógicos proceden de la misma manera que esta técnica de cazar chanchos. Se les tira maíz "gratis", disfrazado de programas de ayuda, planes sociales, empleos públicos, cargos políticos, sueldos para ñoquis, subsidios para cualquier cosa, leyes proteccionistas, sobornos electorales; todo a costa de recortar las libertades que les van confiscando poco a poco. Así se logra transformar personas libres en público cautivo al cual se le recluta con una finalidad proselitista.
Es como si la gente no entendiera que no existe la comida gratis. ¿Acaso no se comprende que todo ese reparto de "generosa ayuda gubernamental" se realiza al tiempo que se recortan las libertades, se desconocen los derechos de los particulares y el Estado se apodera de los bienes de la gente que realmente trabaja y produce?.
Si se le permite al Estado seguir interviniendo, no está lejos el día en que el portón se cierre por completo para nuestros países.
El Estado cuenta con peones serviles que empujan el portón para cerrarlo a cal y canto: políticos marxistas y políticos que, sin admitir ser marxistas, actúan dócilmente como si lo fuesen, dirigentes sindicales idólatras del Estado que los mantiene y hasta pseudo empresarios que, en contubernio con sindicalistas y burócratas, claman por tener asegurada su ración de maíz a través del dirigismo y de recetas proteccionistas.
Además de contribuir a impedir que el portón se cierre, debemos procurar, también, tirar abajo los otros cercos que hoy coartan libertades y derechos. Para ello, solo existe un modo viable: resistir, con toda energía, la embestida estatizante y liberticida, desenmascarando y contrarrestando la acción nefasta de sindicalistas, políticos y pseudo empresarios siempre dispuestos a dejarse manipular por el gobernante populista. (En general y en lo inmediato, el populismo "no busca abolir por fuerza el mercado: supedita a sus agentes y los manipula en su favor".
Recapitulando, reafirmo que:
- Solo la iniciativa privada genera riqueza y genuinos puestos de trabajo. Padecemos un estatismo feroz y voraz que termina empobreciendo y esclavizando, desalentando la inversión, reduciendo el número de empresas y, por tanto, disminuyendo las fuentes de empleo.
El Estado y sus peones siempre se muestran generosos en repartir lo ajeno. Al quitarle a los particulares pretenden aparecer como filántropos. Es como hacer caridad con el dinero de otro. Mientras el Estado megalómano finge ser caritativo para captar la simpatía de los más modestos, de los menos informados y de los más resentidos, la población se ve obligada a pagar la demagogia estatal.
Muchos de los nuevos y tan caros como ineptos empleados estatales, militantes de las organizaciones marxistas, se especializaron a lo largo de sus vidas en la agitación y en la propaganda con el fin de reclutar a los más desinformados. Esos activistas que, fieles al dogma comunista, han venido fomentando el odio y la lucha de clases, hoy aparentan ayudar al "proletariado" pero, en realidad, ese "proletariado" solo les interesa como un arma para destruir la que denominan "sociedad burguesa" que es la basada en el derecho de propiedad y la libre iniciativa.
Como si fuera poco, hay, además, funcionarios estatales dedicados a cobrar tributos, que utilizan un discurso agrio, policialesco y agresivo, tipo KGB, contra los particulares y las empresas mientras quieren hacer creer a la población que el Estado es una especie de gordo bueno y generoso que asistirá eficazmente a los más necesitados.
Todo lo que se pierde mediante el pago de tributos, se deja de gastar en alimentos, ropa, calzado, transporte, medicinas y otros bienes y servicios que la población deja de demandar y, por tanto, dejan de producirse. Ese es uno de los factores que hace caer las ventas, contraer la economía y decrecer el empleo. En suma: es causa de pobreza.
Todo tributo excesivo se traduce en precios más caros porque todos los impuestos se trasladan.
Mientras la inflación es un impuesto, masivo y disfrazado, aunque no legalizado, la deuda estatal es un impuesto diferido si la deuda de ayer se paga con el impuesto de hoy. O ambas cosas, diferido y disfrazado a la vez, si la inflación de hoy está pagando deuda de ayer.
Los aranceles proteccionistas que cobra el Estado son impuestos a las importaciones que perjudican a la población consumidora obligándola a pagar sobreprecios.
La realidad es que el Estado gigante de nuestros días se viene transformando en un monstruo que todo lo devora. Se va pareciendo cada día más a un dios omnipotente y omnipresente, un Moloch ante quien se sacrifica bienes, derechos y libertades. Concomitantemente, se viene produciendo una especie de identificación muy peligrosa entre el Estado, el Gobierno y la fuerza política oficialista. Ello apunta a la construcción de un estado totalitario.
En suma, tanto las personas individualmente consideradas como la sociedad en su conjunto, merecen y necesitan libertad para el pleno ejercicio de sus derechos fundamentales. Se trata de derechos que son inherentes a la naturaleza humana, anteriores y superiores al Estado. El primerísimo de los deberes estatales es reconocer, respetar y garantizar esos derechos y libertades. Al fin de cuentas, el Estado fue inventado para actuar al servicio de las personas y no para servirse de ellas.

La División Azul Española


A pesar de las apremiantes exigencias de Adolf Hitler, España se declara neutral, al comenzar la IIª Guerra mundial en septiembre de 1939, y a pesar de que las exigencias continúan, luego de la reunión de Hendaya, entre Franco y Hitler, España se declara "no beligerante".
En 1941, al comenzar la "Operación Barbarroja", invasión de la Rusia Comunista, España ofrece al Reich alemán ayuda concreta en hombres de armas, que calculan en 4.000 voluntarios, a condición de pelear solamente en el frente ruso. Desbordados los "banderines de enganche", se envía una División completa, 18.104 hombres bajo el mando del General Agustín Muñoz Grandes, veterano de la Guerra de Marruecos y la Cruzada, portador de 9 heridas en combate.
Con este gesto España devuelve la ayuda recibida durante la Guerra Civil de Alemania, contra los enemigos de la Patria y de la Civilización Cristiana, que durante los años de dicha guerra enviaron instructores militares, armas, aviación, y comisarios políticos, a cambio del oro español, aún no devuelto.
Esta es una sucinta historia de los hechos vividos por unos 40.000 españoles en guerra contra el comunismo, y su aliado el liberalismo inglés y norteamericano.
Esta gesta, a mi juicio, forma clara parte de las manifestaciones de la Hispanidad.











Una breve síntesis de una unidad heroica que con sus sacrificios hizo un gran servicio a España

por María del Pilar Marcos Carrión.


El 1 de Abril de 1939 acaba, por fin, la Guerra de Liberación en España, considerada como Cruzada por el Episcopado de entonces, después de casi 3 años de lucha encarnizada. Por fin se había conseguido la Victoria sobre la masonería y el comunismo ateo en tierra española, en tierra de María. A partir de ese momento comenzaba la reconstrucción de la nación, que estaba desecha, pero que tenía la firme convicción de ser un pueblo grande, bendecido por Dios, y con todas las posibilidades de participar en su prosperidad. Tenían por delante un gran trabajo, y Franco, dirigente de ese triunfo, encabezaba también el resurgimiento de una España herida por sus muertos, pero orgullosa de haber cumplido, una vez más con su Destino Histórico de ser baluarte de la Fe. En septiembre del mismo año de la Victoria sobre el comunismo en España, Alemania invade Polonia, aliándose con Rusia. El territorio polaco es repartido entre los dos países, comenzando así la guerra más terrible sufrida por la Humanidad. Era el inicio de la II Guerra Mundial. España quedó atrapada entre dos bandos. Inicialmente , las simpatías españolas estaban del lado del Eje (alemanes) debido a la participación alemana e italiana en la Cruzada al lado de las fuerzas nacionales. Pero Polonia era una nación católica y parte de su territorio, después de la ocupación de los alemanes, pertenecía a Rusia. España formaba parte del Pacto Anti-Comitern, y la alianza entre rusos y alemanes violaba ese acuerdo. El día 4 de Septiembre España firma un decreto de neutralidad, al que se atiene siempre pese a todo tipo de amenazas y presiones, poniendo por encima de todo la paz y resurgimiento económico de España. La economía nacional no podía permitirse el gasto de una nueva intervención militar como la que pretendía Alemania. A partir de la caída de Francia en manos alemanas, la posición neutral de España se ve más comprometida, porque Alemania parece imparable y ha ocupado el territorio vecino. A Franco, italianos y sobre todo Hitler le proponen la tentación de que si entra en la guerra, Gibraltar volvería a ser español. Un sueño largamente anhelado por toda la nación. Franco no se arruga frente a esto y responde que Gibraltar sólo es una de las aspiraciones españolas, quitándole así importancia al asunto. El 12 de junio, Franco sustituye el término de neutralidad por el de “no beligerancia”. De esta manera desconcierta a los aliados y a las fuerzas del Eje, que no saben de qué lado está el Generalísimo. Hitler seguía presionando. Éste no acostumbraba a pedir favores ni alianzas. Se limitaba a dar órdenes. Reyes o jefes de estado recibían la invitación a colaborar. Si aceptaban se les daba misiones de guerra y esperanzas de gloria, si se negaban, el país era invadido. Franco tuvo la agudísima astucia de no decirle nunca que no, sin llegar a colaborar con él en la Guerra. Tras varias gestiones de emisarios de Hitler, y las repetidas negativas españolas a entrar en la guerra, Hitler decide entrevistarse personalmente con Franco convencido de que saldrá del encuentro con el apoyo de nuestro General. El resultado, ya lo sabemos. Franco, tras una noche de oración delante del Santísimo Sacramento que mandó exponer, jugó la partida de forma magistral y no se llegó a ningún compromiso. Hitler diría más tarde que prefería sacarse unas cuantas muelas antes que volver a entrevistarse con Franco. A éste le siguen presionando y él sigue pidiendo cosas necesarias para la reconstrucción nacional (como alimentos y otro artículos de primera necesidad, maquinaria, etc) pero sin llegar a entrar en la guerra. Harto de todo esto, Hitler abandona su intento. La cosa cambia cuando el 22 de junio de 1941 Alemania invade la URSS, iniciando la llamada “Operación Barbarroja”. El 24 de junio, la juventud española se concentra en la calle, frente a la Secretaría General del Movimiento, aclamando a los alemanes que comienzan a luchar contra el monstruo ruso, causante de tanta barbarie en España y pedir la participación española en la lucha contra el comunismo, devolviendo así la “visita” hecha por los rusos comunistas del 36 al 39. El gobierno decide entonces, enviar una División de voluntarios. Pero aclara perfectamente que no se posiciona en la Guerra. La participación española es contra el comunismo, en respuesta por lo que había pasado en España, y en defensa de la Civilización Cristiana amenazada por esta satánica ideología. Serrano Súñer, ministro de Asuntos Exteriores, se dirige a la multitud enfervorizada. Se abren, a partir de entonces, banderines de enganche en toda España para reclutar a los voluntarios. Jóvenes de toda condición social y oficio acuden masivamente al llamamiento. El número de los que se presentaban era 40 veces superior al requerido para formar la División. Estudiantes, catedráticos, obreros, campesinos, altos cargos del Estado y la Falange, militares, muchos de los cuales, al no tener plaza de oficial, se alistan como soldados rasos. Todos ellos forman parte de la División Azul. El nombre de “azul” se debe al color de la camisa que vistieron, ya que la mayoría de ellos eran miembros de la Falange. El uniforme lo completaba chaqueta marrón, pantalón verde oscuro y la boina roja. Al frente de la División se nombró al General Agustín Muñoz Grandes. Era uno de los más destacados militares españoles. Tenía 9 heridas en combate. Héroe de las guerras de Marruecos y de la Cruzada, afín a los ideales sociales falangistas y famoso por su capacidad de dirección en el combate y por su campechanía y cuidado paternal de sus soldados en el frente. Concluido el reclutamiento, el 13 de julio de 1941 partían desde la estación del Norte de Madrid las primeras unidades, despedidas por sus familiares y multitud de gente, brazo en alto, acompañados por los acordes del Cara al Sol. Serrano Súñer volvió a dirigirse a los allí presentes con las siguientes palabras de despedida: “ El heroísmo de esta División Azul hará que las cinco rosas de la Falange florezcan en los torturados campos de Rusia, una esperanza que tiembla en el sepulcro de nuestro Fundador, José Antonio Primo de Rivera. ¡ Arriba España!. ¡Arriba Franco!”. Al echar a andar el tren, volvió a escucharse el Cara al Sol entonado por miles de personas brazo en alto. Desde Valencia, Valladolid y otros lugares partieron también trenes de voluntarios hacia Hendaya y desde allí por Francia hasta llegar a Alemania. Al cruzar el país vecino, la población y los rojos españoles exiliados se mostraron de forma hostil con los divisionarios, recibiendo éstos insultos y apedreamientos. Al pasar Alemania todo cambió y los españoles se vieron apabullados por las muestras de afecto. Su destino final era el campamento de Grafenwörh, donde se transformaron en la 250 División de Infantería de la Wehrmacht (250 División del ejército alemán). La organización militar alemana era muy diferente a la española y ésta tuvo que adaptarse y reorganizarse, ya que, por lo dicho anteriormente, entraron a formar parte del ejército alemán. La moral de los españoles era alta, a pesar de los cambios en todos los sentidos y del escaso rancho alemán. Hubo encendidas protestas por este motivo de algunos divisionarios y Muñoz Grandes solicitó un envío de comida desde España para que sus hombres pudieran saborear comida española dos o tres veces por semana. El General español quería a sus hombre en el frente en seguida y, contrariamente a lo previsto por los alemanes (que la habían previsto de tres meses) organizó una rápida e intensísima instrucción que duró un mes. Después de esta instrucción todos los divisionarios prestaron juramento de fidelidad a Hitler, como siempre, brazo en alto, pero con la clara advertencia de que sólo en la lucha de éste contra el comunismo. Los voluntarios españoles demostraban una capacidad de aprendizaje y manejo de las armas que desconcertaba a los alemanes. También les desconcertaba la alegría propia española y ésto, unido al poco tiempo (según ellos) de instrucción provocaba en los mandos germanos la duda de la capacidad combativa de los divisionarios. La diferencia entre alemanes y españoles se reflejaba en las muchas peleas que había. Se notaba falta de disciplina en la División, pero luego la compensaron con creces en el frente con su asombroso valor y capacidad de heroísmo y sacrificio, durante toda su estancia en la estepa rusa. Fueron llevados en tren hasta una localidad polaca y desde allí irían a pie hasta el frente. Recorrían una media de unos 40 km diarios, a pesar de lo cual, los españoles no perdieron el sentido del humor. Era fácil localizarlos en medio del paisaje. Cada Unidad de Infantería estaba encabezada por un abanderado. Cada pieza de artillería lucía una medalla de la Virgen del Pilar, de Covadonga o de la Paloma, y el yugo y las flechas adornaban muchos camiones. La vida en el campamento era muy diferente para los alemanes y para los españoles. Aquellos comían embutidos fríos, mientras que los nuestros saboreaban gazpacho y potajes. Los alemanes eran rígidos y los españoles paseaban por el campamento con una campechanía y naturalidad que encrespaba a los germanos. Todos los hombres de la División Azul se estremecían al ver acercarse el mercedes negro que llevaba al General Muñoz Grandes, que aprovechaba algún descanso para aparecer de improviso en el campamento. Se acercaba a los soldados, compartía su rancho y les ofrecía cigarrillos. Charlaba un rato con ellos y después se iba de nuevo a sus obligaciones. Los primeros caídos llegaron en tierras rusas. 29 españoles encontraron la muerte camino del frente. Otra noticia importante llega a los divisionarios: la División Azul había sido agregada al 16 Ejército del Grupo de ejércitos del Norte. Su destino sería el cerco sobre la ciudad de Leningrado. El 12 de octubre, festividad de la Virgen del Pilar, patrona de la Hispanidad y de la División Azul, los españoles ocupan su puesto en el frente. Empieza la batalla del Volchov. La temperatura empezó a caer hasta los 5 grados bajo cero. Los españoles, por la noche, se reunían en torno a las hogueras. Los alemanes no lo podían creer. La improvisación y la cercanía de los oficiales españoles para con sus soldados (daban órdenes tomando tranquilamente una taza de café) sorprendía a los germanos. Un capitán alemán, comentó asombrado: ” Los españoles tocan la trompeta todo el día. Para comer y también para rezar. El corneta es un muchacho de unos quince años. Montan el altar, llega el sacerdote y los soldados ya están allí: arrodillados, rezando y cantando, como si la guerra no rugiera a su alrededor”. El cuartel general divisionario quedó instalado en la ciudad de Grigorovo. La División estaba desplegada a lo largo de un frente de 60 km. Los españoles tenían la misión de romper las líneas enemigas. Empezaron los combates, y con ellos los primeros caídos. Uno de los primeros fue el cabo Javier García Noblejas, camisa vieja de la Falange. Los españoles iniciaron el cruce del río en sus botes de goma. La batalla fue larga y muy dura. Los españoles lucharon con su valentía característica, encontrándose con, además de la dureza de los ataques rusos, problemas climatológicos como el frío, que a veces llegaba a congelar las ametralladoras, y el lodo (la famosa rasputitsa). Los españoles conquistaron algún pueblo y los rusos contestaban. En un tira y afloja por ambas partes, en la que cayeron muchos españoles, soldados y oficiales. Los alemanes quedaron impresionados por el heroísmo y la capacidad de sacrificio de la infantería española. En el combate y no en la retaguardia del campamento es donde se demuestran las cualidades de todo buen militar. La División fue encargada de reemplazar al grueso de un regimiento alemán en las aldeas de Otenskii, Poselok y Posad. Camino de sus nuevas posiciones los guripas descubrían los cadáveres congelados de sus camaradas. La lucha se hacía cada vez más dura. Las condiciones en que tenían que combatir los españoles eran tremendamente complicadas y los ataques rusos, tremendos. Las bajas nacionales eran tremendas, unidas a los casos de congelación y diarrea por las raciones en mal estado. Muñoz Grandes visitó a sus hombres. Se interesó por el estado de los heridos y arengó a todos: “Con hombres como vosotros se puede ir a cualquier parte” . Algunos prisioneros rusos habían tomado las armas para combatir al lado de los españoles contra sus antiguos compañeros. Algunos altos mandos alemanes sugirieron la retirada de la División e incluso su salida del frente. Muñoz Grandes se negó en redondo y había ordenado a sus hombres defender Posad “como si fuera España” . Pero al final, el general español consideró la posibilidad de la retirada, ya que la resistencia, dada la tremenda desproporción de fuerzas, era imposible. Él asumía toda la responsabilidad de esta retirada, ya que no consultó a un alto mando alemán. Los españoles ya habían pagado un precio muy alto. En la Navidad de 1941 cada oficial español había recibido un botella de champán francés, regalo de Hitler. Los españoles se arrodillaban ante su capellán para celebrar el Nacimiento de Jesús. Los villancicos y las plegarias inundaban las castigadas líneas defendidas por los españoles. Pero la guerra seguía. Los españoles se replegaron a la llamada Posición Intermedia, pero ésta quedó atrapada en medio del fuego ruso. A pesar de esto los rusos cayeron derrotados. El 4 de enero de 1942, Hitler le dijo a un oficial alemán: “los españoles son una pandilla de golfos... pero nunca han cedido un centímetro de terreno. Uno no puede imaginar individuos más valientes. Difícilmente se resguardan Se burlan de la muerte. En cualquier caso sé que nuestros hombres siempre se alegran de tener a los españoles de vecinos en su sector”. Todo lo anterior le valió a Muñoz Grandes la concesión por parte de Hitler de la Cruz de Hierro de Primera Clase. A pesar de las tremendas bajas sufridas por la División, ésta fue designada para socorrer a una unidad alemana cercada en una aldea. Había que enfrentarse a temperaturas de 52 grados bajo cero. Entraba en acción la Compañía de Esquiadores, que después de duros enfrentamientos y condiciones climatológicas extremas, consiguió conservar la aldea. De los 200 esquiadores, al final quedaron 12. Los alemanes concedieron 32 Cruces de Hierro. Franco envió un mensaje especial, concediendo al capitán de los esquiadores la Medalla Militar Individual y a la Compañía la Medalla Militar Colectiva. Ante esta derrota, los rusos volvieron a intentar de nuevo liberar Leningrado de toda amenaza alemana. El éxito inicial de esta ofensiva soviética se tornó en derrota cuando los soviéticos perdieron sus líneas de abastecimiento. 13.000 rusos quedaron cercados en Leningrado por los alemanes. Acababa aquí la liquidación de la llamada “bolsa del Volchov”. La División Azul se preparaba para celebrar la Semana Santa. A pesar de la aviación y artillería soviéticas, las ceremonias del Jueves y Viernes Santo se desarrollaron con normalidad. En mayo de 1942 empiezan a llegar Batallones para cubrir las bajas y relevar, poco a poco, a los hombres de la División. En España pequeños grupos de excombatientes peregrinan a Zaragoza desde todos los puntos de la nación para rendir homenaje a la Virgen del Pilar. Ella les había devuelto a la Patria salvos y ellos querían ofrendarle sus medallas. Mientras Hitler resucita sus planes para la invasión de España. En agosto de 1942 la División es escogida como Unidad de asalto para participar en la operación “Luz del Norte”, el asalto definitivo a Leningrado y los españoles abandonan la tierra que con tanto dolor habían conservado. En el camino hacia su nuevo destino en el frente, van alegres. En el nuevo frente los españoles se preparan para la operación, pero los rusos se anticipan y lanzan una sorprendente e importante ofensiva al sur del lago Ladoga. En el frente alemán se abre una brecha de 8 km y la División Azul tuvo que adoptar posiciones defensivas teniendo que relevar a los alemanes que actúan en el frente de Leningrado, volviendo de nuevo a la guerra de trincheras. Para aliviar el tedio de la vida de trinchera, los españoles improvisaban canciones como esta: ¡Ha muerto mi capitán! Doblen todas las campanas. Que se callen los sollozos y se rompan las gargantas y que nadie añada llantos al silencio de las armas... La batalla del Sur del lago Ladoga iniciada el 27 de agosto se prolongó hasta el 2 de octubre en que se acabó rompiendo el frente ruso, pero con cuantiosas bajas, con lo cual se suspendió la operación Luz del Norte. Los rusos, sin embargo seguían en sus trece y en enero de 1943 lanzaron un terrible ataque, rompiendo las líneas alemanas y de nuevo los españoles, a socorrerlos. Consiguieron frenar el ataque, pero perdieron casi todos sus efectivos. Esta última batalla fue dirigida por el general Emilio Esteban Infantes, que un mes anterior había sustituido a Muñoz Grandes, por cuestiones tácticas y diplomáticas. A éste último le fue concedida por la Falange la Palma de Plata, máxima condecoración falangista. La ruptura de las líneas alemanas en enero de 1943 había permitido, a pesar de no conseguir avanzar, abrir un pasillo en tierra firme a los rusos por el que acudirían las fuerzas que se irían concentrando en Kolpino. Desde ahí el 10 de febrero de 1943 los rusos desencadenan un brutal ataque con medios desorbitados sobre las fuerzas españolas que defendían la ciudad de Krasni Bor. Los españoles confesaron y comulgaron y se ocultaron entre los refugios. Los españoles aguantaron como pudieron, hasta que repentinamente los rusos suspendieron el bombardeo. Los españoles entonces pusieron en marcha la táctica de las trincheras. Esperar a que el enemigo llegue y una vez ahí sorprenderle. Los rusos se lanzaron al ataque confiados en que las líneas españolas habían sido destruidas. Los españoles eran inferiores en número y en cantidad y potencia de armamento y acabaron luchando con la bayoneta. Pidieron refuerzos a los alemanes pero no llegaban. Ataques rusos y resistencias españolas se sucedían mientras la ciudad ardía y miles de muertos yacían por todas partes. Los ataques rusos iban perdiendo intensidad y en vez de seguir avanzando se detenían por la ciudad a saquear y a emborracharse. El ataque ruso había conseguido sus objetivos iniciales pero después se había atascado. Los españoles habían combatido con fiereza animados también por el ejemplo de sus oficiales. Esto, unido a los errores rusos hizo ganar tiempo al Dieciocho ejército alemán que pudo enviar refuerzos para taponar la brecha. El precio había sido terriblemente alto. Los españoles sufrieron en esas horas 2200 bajas, el 53 % de los que habían iniciado la terrible batalla. A parte, estaban los heridos y los que habían sido cogidos prisioneros por los rojos. Los supervivientes, al recordar el sacrificio de sus camaradas, cantaban:

¡A la muerte, a la muerte,
con la División Azul te lanzarás,
portando sobre tu pecho,
las cinco rosas y el haz...





Tras casi dos años de lucha en el frente ruso, los españoles no conseguían entender muy bien la situación. No habían ido a Rusia para conquistar. Soñaban con liberar al pueblo ruso de la tiranía del comunismo soviético. Se sentían defensores de la civilización cristiana y occidental... pero la política de Hitler sólo pretendían conquistar para Alemania un espacio vital en el Este. El 1 de octubre España declaró la neutralidad, y pocos días después llegaba la orden de repatriación escalonada, quedando en lugar de la División Azul, una fuerza pequeña de unos 2500 hombres, la Legión Azul, bajo el mando del Coronel Antonio García Navarro. Todos sus efectivos se reclutaron entre los veteranos de la División Azul. La Legión Azul, el 15 de diciembre emprende viaje hacia el frente, incorporándose a la 121 División alemana. Releva a los alemanes en una zona próxima a Leningrado. Rechaza todos los intentos de golpe de mano rusos hasta que el 19 de enero de 1944 recibe la orden de evacuar el frente y comienza la retirada junto con los alemanes. El 1 de febrero llega la orden de repatriación de la Legión. Los anglosajones habían ganado la Guerra y los españoles regresan , ya de forma definitiva, a España. Algunos españoles de la Legión Azul se quedaron voluntariamente ofrendando su vida en las mismas puertas de Berlín para parar el avance del ejército rojo. “Sin esperanza de relevo y a extinguir en el frente era su lema”. Al repatriarse todo el contingente español. Además de los cerca de 5000 caídos esparcidos en 162 lugares de enterramiento, quedaba en los “gulags”, de la URSS un grupo de prisioneros españoles que sufrieron las penalidades del cautiverio durante más de 10 años. El 2 de abril de 1954, tras dilatadas negociaciones, entraba en el Puerto de Barcelona el vapor “Semiramis” que traía a bordo a los 286 prisioneros. Una multitud enfervorizada los aguarda. Llegan demacrados, castigados por la brutalidad de los carceleros y las privaciones. Lejos dejaron a sus camaradas bajo la dura estepa rusa. Sellaron con sangre sus ideales.

Tomado de Revista Arbil Nº 114

15 de Junio, Festividad de San Vito, San Modesto y Santa Crescencia, Mártires





San Vito fue uno de los santos más populares de la edad media. Lo atestigua su inserción en el restringido grupo de los santos auxiliares, los catorce santos, cuya intercesión se consideraba muy eficaz en tiempo de enfermedades o necesidades características.

Estos catorce santos auxiliadores son, en orden alfabético: Acacio, Bárbara, Blas, Catalina de Alejandría, Ciríaco, Cristóbal, Dionisio, Egidio, Erasmo, Eustaquio, Jorge, Margarita, Pantaleón y Vito.

A San Vito se lo invocaba sobre todo para conjurar la corea, o baile de San Vito, el letargo y la mordida de animales venenosos y la hidrofobia. A la vida de San Vito se le ha mezclado mucha leyenda.

La leyenda es muy conocida: Vito, siciliano de nacimiento, a los siete años es ya un cristiano convencido y comienza a hacer muchos milagros. El gobernador Valeriano manda arrestarlo y trata de hacerlo apostatar con promesas de premios y con amenazas de castigo. Pero de nada sirven ni siquiera los apasionados llamados de su padre, que era un pagano terrible. En efecto, el pequeño Vito tenía a su lado, ejemplo de valentía y fidelidad, a su propio maestro Modesto y a su nodriza Crescencia.

Los tres fueron prodigiosamente liberados por un ángel, y se retiraron a Lucania, en donde siguieron dando testimonio de su fe con la palabra y con los prodigios. La fama de San Vito llegó a oídos de Diocleciano, cuyo hijo era epiléptico, enfermedad que en ese tiempo era impresionante. Vito va a roma, cura a su coetáneo, y como recompensa lo torturan y lo echan nuevamente a la cárcel. Pero el ángel lo libera y, cuando regresa a Lucania, junto con modesto y Crescencia rinde su último testimonio con el martirio. A pesar de la leyenda, san vito es muy popular en Europa, y su nombre es muy usado: Vito, en italia; Vite o Guy en Francia, y Veit en Alemania.

Su cuerpo se conserva en la Iglesia Colegiata de Omegna, guardado en una urna es sacado en una procesión solemne el último sábado de agosto.

La catedral de Praga está consagrada a este Santo.