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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

12 de noviembre de 2008

La Sábana Santa, imagen de Cristo muerto (2)


por el R.P. Raimondo Sorgia, O.P.


2. Nadie se lo había imaginado antes

Hace cien años, en la primavera de 1898, el rey Luis IX, descendiente de los duques de Saboya, de quienes había heredado, entre otras cosas, la Sábana Santa, se preguntaba pensativo si habría hecho bien en aceptar una propuesta un poco extraña para aquellos tiempos: un fotógrafo que solicitaba con insistencia permiso para fotografiar la Sábana Santa. El fotógrafo era el abogado Secondo Pia, un aficionado que aseguraba estar bien preparado. Al final había prevalecido la sugerencia favorable de uno de los consejeros del rey: autorizarle, aunque no fuera más que por tener una copia fiel de aquella reliquia que milagrosamente había salido indemne de mil peligros.

El misterio de la fotografía se había descubierto pocos años antes, cuando algunos químicos advirtieron que los bromuros y cloruros de plata se ennegrecían al ser expuestos a la luz. Este descubrimiento significó el nacimiento de la fotografía. Cuando se fotografía, la luz imprime por un instante la placa bañada con estas sales, y la impresión es mayor en el lugar donde la imagen es más clara y menor donde es más oscura. Después del proceso de revelado, de la placa o del celuloide, las partes más luminosas se ennegrecen y las oscuras quedan claras, constituyendo el negativo fotográfico.

Por tanto, en el negativo de una fotografía, los puntos de luz y de oscuridad se encuentran invertidos: por ejemplo, el negativo de un joven de cabellos negros presenta las mejillas y la frente negras, mientras que las órbitas de los ojos, los labios y los cabellos son blancos. Igualmente, en el negativo fotográfico se invierte el lugar de la imagen, por un juego de rayos, estudiado por los físicos en la óptica geométrica, de modo que lo que está a la derecha pasa a la izquierda y viceversa. Por todo ello, aunque se conozca bien una cara, resulta difícil reconocerla, porque no estamos habituados a la inversión.

Para obtener el positivo con la distribución de los colores –reagrupados en los dos fundamentales, blanco y negro– conforme al objeto fotografiado, se filtra la luz a través del negativo, imprimiéndose en el papel, de tal modo que lo negro resulta blanco y lo blanco negro, y volviéndose a invertir el lugar de las imágenes (Cfr. G. Dalla Nora, Hanno fotografato il volto di Gesù, Elle Di Ci, Leumann, Torino 1975, 11).

En aquella época no existían los actuales equipos de fotografía, las polaroid, las instamatic; para una foto de precisión hacía falta un gran aparato, que imprimía en una placa emulsionada las primeras reproducciones en blanco y negro.

La tarea era muy importante, quizás incluso irrepetible, como para afrontarla a la ligera, por lo que en los meses anteriores a la fotografía de la Sábana, concertada para mayo, el abogado fotógrafo duplica su trabajo, para calcular el tiempo de exposición de las placas, la intensidad y posición de las luces, etc. Al acercarse el día establecido, se prepara en el presbiterio de la capilla donde va a ser expuesta la Sábana Santa un pequeño carril por el que pudiera desplazarse la plataforma con la cámara fotográfica. Era ésta una caja de madera, reforzada con tiras de metal, voluminosa, pues en su interior contenía una placa de 51 x 63 cm., con una lente Voigtländer. A los lados de la plataforma se encienden dos focos que llenan de luz la reliquia. Se colocan delante filtros transparentes de cristal esmerilado, para evitar los reflejos, y sobre la lente un filtro amarillo muy delgado.

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El Pensamiento de la Revolución Nacional (4)


por el Dr. Antonio de Oliveira Salazar



CAPITULO III

Dictadura administrativa y revo­lución política

Este discurso viene a ser un balance de la obra realizada por la Dictadura al cuarto año de su adve­nimiento. El acto tuvo lugar el 28 de Mayo de 1928, en una reunión celebrada en la Sala do Risco con asistencia de los jefes y oficiales del Ejército y la Marina.

En aquella ocasión el Dr. Oliveira Salazar, llevaba dos años desempeñando el Ministerio de Hacienda.

El desorden político, financiero, económico y social

Se dice que los reyes no tienen memoria; pero parece que los pueblos aún la tienen peor. Si se fuera a dar crédito a las cosas que por ahí se escriben y a muchas más que por ahí se dicen, los cuatro años de Dictadura que han transcurrido serian inexistentes en la historia de Portugal. En el ansia de mejoras y de mayo­res progresos, se esfuma el recuerdo de los ma­les que veníamos sufriendo, y no se aprecia de­bidamente el bien que ahora disfrutamos. Acordémonos del pasado, para hacer justicia al presente. Antes de haberse iniciado el trabajo de reor­ganización, una sola palabra — desorden — definía en todos los aspectos la situación de Portugal.

El desorden político

En la cumbre — en parte causa, en parte efecto de todos los demás desórdenes—el irregular fun­cionamiento de los poderes públicos. Fueran los que fueran el valor de los hombres y la recti­tud de sus intenciones, los partidos, las fac­ciones, los grupos, los centros políticos se creían legítima encarnación de la democracia, ejercían de hecho la soberanía nacional, y or­ganizaban, además, los movimientos sedicio­sos. La Presidencia de la República no tenia fuerza ni estabilidad. El Parlamento ofrecía permanentemente un espectáculo de desacuer­do, de tumulto, de incapacidad legislativa o de obstruccionismo, escandalizando al País con sus procedimientos y la inferior calidad de su trabajo. A los ministerios les faltaba consisten­cia; no podían gobernar incluso cuando sus miembros lo querían. La administración pú­blica, comprendiendo en ella la de los núcleos autárquicos y la de las colonias, no represen­taba la unidad, ni la acción progresiva del Es­tado; era, por el contrario, el símbolo vivo de la desconexión general, de la irregularidad, de la falta de coordinación, apta para engendrar el escepticismo, la indiferencia y el pesimismo en los mejores espíritus.
Desorden: el desorden político.

El desorden financiero

En correspondencia con éste, que envene­naba toda la vida portuguesa, existían en la me­trópoli y en las colonias el desorden financiero y el desorden económico, agravándose mutua­mente y aumentando el desorden político, en un circulo vicioso de males nacionales. No está en mi ánimo examinar minuciosamente aquel estado de desequilibrio financiero en que se absorbían todos los ingresos normales, todo el rendimiento de los nuevos impuestos y tasas votadas por el Parlamento, sin enjugar el déficit que devoraba las emisiones de billetes del Banco de Portugal y las disponibilidades de la Caja Económica Portuguesa, los bonos del Tesoro y la deuda consolidada, mientras que en el presupuesto, en la Tesorería y en las cuen­tas, los excesos de las autonomías legales o ile­gales, y los atrasos en los pagos, en las liquidaciones, en los contratos y en las estadísticas, introducían la incertidumbre y la confusión. Renuncio a fatigaros con números, pero hay una cifra que merece la pena de ser citada. Ya después de la guerra, y apesar de los esfuerzos interesantes, pero aislados, que se hicieron para remediar la situación, el déficit anual, redu­cido a oro al cambio medio de cada ejercicio, fue de cerca de cinco millones de libras esterli­nas, lo que representa, en seis años, unos treinta millones de libras, o sean tres mil millones de escudos. Y es sabido que de tan grandes sumas gastadas, fue bien modesta la parte destinada a un enriquecimiento verdadero y a una valori­zación, del activo nacional.
Desorden: el desor­den financiero.

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12 de Noviembre, Festividad de San Martín I, Papa y Mártir


San Martín fue el último Papa martirizado. Son más de 40 los pontífices que han sufrido el martirio.

Nació en Todi, Italia, y se distinguió entre los sacerdotes de Roma por su santidad y su sabiduría.

Fue elegido Papa el año 649 y poco después convocó a un Concilio o reunión de todos los obispos, para condenar la herejía de los que decían que Jesucristo no había tenido voluntad humana, sino solamente voluntad divina (Monotelistas se llaman estos herejes).

Como el emperador de Constantinopla Constante II era hereje monotelista, mandó a un jefe militar con un batallón a darle muerte al pontífice. Pero el que lo iba a asesinar, quedó ciego en el momento en el que lo iba a matar, y el jefe se devolvió sin hacerle daño.

Luego envió Constante a otro jefe militar el cual aprovechando que el Papa estaba enfermo, lo sacó secretamente de Roma y lo llevó prisionero a Constantinopla. El viaje duró catorce meses y fue especialmente cruel y despiadado. No le daban los alimentos necesarios y según dice él mismo en sus cartas, pasaron 47 días sin que le permitieran ni siquiera agua para bañarse la cara. Un verdadero martirio que él soportó con especial paciencia. En aquellos días dejó escritas estas palabras: "Me martiriza el frió. Sufro hambre y estoy enfermo. Pero espero que por estos sufrimientos les concederá Dios a mis perseguidores, que después de mi muerte se arrepientan y se conviertan.

En Constantinopla lo expusieron al público como un malhechor, para que las gentes se burlaran de él. Pero lo que consiguieron fue hacer que muchísimos admiraran la virtud de aquel santo varón que todo lo sufría con admirable valor. Un tribunal de herejes lo condenó sin permitirle que dijera ni siquiera una palabra en su defensa. Lo tuvieron tres meses padeciendo en la cárcel destinada a los condenados a muerte, y luego lo sacaron de la cárcel por una petición que hizo el Patriarca Arzobispo de Constantinopla poco antes de morirse, pero lo enviaron al destierro.

Martín fue escribiendo en sus cartas lo que le iba sucediendo en aquellos prolongados martirios. En uno de esos escritos cuenta cómo lo llevaron sin las más mínimas muestras de consideración o respeto a Crimea (en el sur de Rusia, junto al Mar Negro) donde estuvo por meses y meses abandonado de todos, sufriendo hambre y desprecios, pero enriqueciéndose para el cielo en el ofrecimiento diario de sus padecimientos a Dios.

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11 de noviembre de 2008

Utopías... ¿utopías?






ada de utopías.



Contra utopías, escatologías.



Tomado del blog Máximas, sentencias y exabruptos de un malcontent

Perlitas


por D. Rafael Gambra

El culto divino se ha extenuado hasta su extremo. Y no existe el latín, ni el gregoriano de la liturgia católica; toda polifonía clásica ha sido retirada. Salmos con ritmo protestante y ritmos irreverentes han ocupado su lugar.
Y la estridencia, la improvisación constante, el mal gusto. Altavoces por todas partes con su resonancia metálica, altavoces de feria en el templo, hasta en lo entierros. (Sordo debe ser su Dios, o no les quiere escuchar). El silencio, el recogimiento, la oración personal, no tienen ya cabida en el templo.

Y COMO SUSTANCIA DE TODA SINIESTRA ALGARABÍA, LA PRÉDICA “SOCIAL”. ¡Qué todos la escuchen callados, y que nadie se arrodille al comulgar…! Violencia a las almas, violencia a las conciencias y la sensibilidad… Todo en nombre de la LIBERTAD y el “HOMBRE MODERNO”.
Mientras tanto, las costumbres se corrompen en los pueblos y la fe se pierde en las almas. ¿Quién enderezará ya todo esto, quién sembrará de nuevo la fe?

¡DANOS, SEÑOR, PACIENCIA Y FORTALEZA PARA TANTOS MALES AGUANTAR!

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Artículos que merecen ser leídos (y releídos.

Obama y su Evangelio

Reflexiones del P. Castellani

Un poco de (ácido) humor


Integrantes de la Fuerza Aérea Argentina hacen lo que pueden para demostrar que todavían son de los mejores que hay en el mundo.












Hebe chocha de contenta. Con 150 mil pesos del Estado dará clases de socialismo. Todos somos zurdos si la guita es ajena.








Era esto o salir a trabajar. La calle está dura para quien no sabe conseguir 20 pesos honestamente y laburando.
(Nilda Garré, Ministro de Defensa)







Tomado del blog Relato del presente

La casta de los parásitos



por Juan Manuel de Prada


Tomado de ABC.es


LA «ciudadanía» (así llama la casta de los parásitos al pueblo, convertido en rebaño sometido y pagano, en la doble acepción de la palabra) está un poco mohína con los dispendios que sus gobernantes se permiten, a la vez que hacen girar con alborozo el manubrio de la máquina de fabricar parados, engrasadita como una máquina de hacer chorizos. «A todo cerdo le llega su San Martín», escuché decir el otro día a un buen señor en un bar, soliviantado ante el despliegue faraónico de coches oficiales tuneados, exorbitantes facturas de luz palaciegas, despachitos reformados, pintarrajos barcelonianos y demás simpáticos expolios del erario público. Aquel buen señor tenía razón; pero ignoraba que el cerdo al que pronto le llegará la hora de la matanza era él mismo, y yo mismo, y con él y conmigo toda la muchedumbre tiranizada que subviene los gastos orgiásticos de esta casta parasitaria, erigida en «representación legítima de la ciudadanía», como suele decirse en la jerga de los sometidos.
Jerga que actúa como un ensalmo o abracadabra mágico, para que la «ciudadanía» cornuda y apaleada se consuele pensando que al menos estos parásitos no son tiranos fascistas, sino encarnaciones de la sacrosanta voluntad popular. A fin de cuentas, cuando una voluntad se entrega, ¿no es natural que sea violaba por todos los orificios? Cada pueblo tiene los gobernantes que se merece; y, desde luego, un pueblo convertido en esa papilla o engrudo llamado «ciudadanía» merece una casta de parásitos que les chupen la sangre y hasta el tuétano de los huesos. Leo en estos días un panfleto guerrillero y vitriólico escrito por Enrique de Diego, «Casta parasitaria» (Rambla Ediciones), en el que se traza un cuadro demoledor de una clase política instalada en el perpetuo saqueo del presupuesto público. En el origen de esta casta se halla el régimen administrativo nefando del llamado «Estado autonómico», que facilita la hipertrofia burocrática; también el sistema de listas cerradas y bloqueadas, que permite a los partidos colocar a amiguetes y demás ralea; y, sobre todo, la entronización del parásito, ese individuo amamantado en las estructuras de partido que ha hecho de la política un goloso botín cuyo saqueo está dispuesto a convertir en oficio vitalicio.
Enrique de Diego nos proporciona en su panfleto la etopeya pavorosa de este espécimen, caracterizado por su arrebatadora mediocridad, su desprejuiciada vocación aduladora y su sometimiento a las consignas partidarias. Gentecilla que a los dieciséis años se afilia a las Juventudes de su partido, sin otro propósito que el medro; gentecilla ignara a la que no se conoce mérito ni habilidad alguna; gentecilla que jamás ha arriesgado su peculio en la fundación de una empresa, que jamás ha forzado las neuronas que no tiene en el estudio de una profesión liberal, que jamás ha tenido que buscarse la vida en un oficio manual; gentecilla que, incluso, «mamó la política desde la cuna», esto es, que creció en una casa donde los papás ya formaban parte de la casta y modelaron al vástago para que algún día los sucediera en el disfrute de los mismos privilegios, según los más estrictos códigos de la mamandurria hereditaria; gentecilla analfabeta, prepotente y resentida (porque nadie acumula tanto resentimiento como el inútil que aspira a vivir a costa de quienes han triunfado mediante el esfuerzo y el sacrificio) que un día cualquiera -después de lamer concienzudamente el culo a los capitostes de su partido- es elegida para engrosar tal o cual candidatura municipal o parlamentaria, para ocupar tal o cual consejería o secretaría o ministerio. Las tres o cuatro lectoras que todavía me soportan sabrán poner nombres a la gentecilla que compone esta casta parasitaria: han vivido tan alejados de la vida verdadera que no saben ni lo que cuesta un café; y, cuando alcanzan las responsabilidades que fatuamente pretenden, llevan al extremo la parodia clásica del político que crea el problema para después ofrecerse como solución. Enrique de Diego los caracteriza a la perfección en su panfleto; y nosotros los sufrimos a diario. Son saqueadores profesionales que se pulen en vicios el dinero que a otros les costó reunir porque ellos jamás han tenido que ganarse el pan con el sudor de su frente. Son los «representantes legítimos de la ciudadanía»; y nosotros los resignados cerdos que les aseguran la pitanza.

Juan Donoso Cortés: Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo (16)




Capítulo IX

Soluciones socialistas

Las escuelas socialistas sacan una gran ventaja a la liberal, así por la naturaleza de los problemas que se proponen resolver como por la manera de plantearlos y de resolverlos. Sus maestros se muestran familiarizados, hasta cierto punto, con aquellas especulaciones atrevidas que tienen por asunto a Dios y su naturaleza, al hombre y su constitución, a la sociedad y sus instituciones, al universo y sus leyes. De esta inclinación a generalizarlo todo, a considerar las cosas en su conjunto, a observar las disonancias y las armonías generales, procede una más grande aptitud en ellos para entrar y salir, sin perderse, en el laberinto intrincado de la dialéctica racionalista. Si en la gran contienda que tiene como en suspenso al mundo no hubiera otros combatientes sino los socialistas y los liberales, ni la batalla sería larga ni dudosa la victoria.

Todas las escuelas socialistas, son desde el punto de vista filosófico, racionalistas; desde el punto de vista político, republicanas; desde el punto de vista religioso, ateas. Por lo que tienen de racionalistas se asemejan a la escuela liberal, y se distinguen de ella por lo que tienen de ateas y de republicanas. La cuestión consiste en averiguar si el racionalismo va a parar lógicamente al punto en que la escuela liberal hace alto o al término en que descansan las escuelas socialistas. Reservando para más adelante el examen de esta cuestión por lo relativo al punto de vista político, nos ocuparemos aquí principalmente del punto de vista religioso.

Considerada bajo este aspecto la cuestión, es cosa clara que el sistema en virtud del cual se concede a la razón una competencia omnímoda para resolver por sí y sin ayuda de Dios todas las cuestiones relativas al orden político, al religioso, al social y al humano, supone en la razón una soberanía completa y una independencia absoluta. Este sistema lleva consigo tres negaciones simultáneas: la de la revelación, la de la gracia y la de la providencia; la de la revelación, porque la revelación contradice la competencia omnímoda de la razón humana; la de la gracia, porque la gracia contradice su independencia absoluta; la de la providencia, porque la providencia es la contradicción de su soberanía independiente. Pero estas tres negaciones, si bien se mira, se resuelven en una: la negación de todo vínculo entre Dios y el hombre, como quiera que si el hombre no está unido a Dios por la revelación, por la providencia y por la gracia, no está unido a Dios de ninguna manera.

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11 de Noviembre, Festividad de San Martín de Tours, Obispo y Confesor. Patrono principal de la ciudad de Buenos Aires


El Santo Obispo de Tours poseyó los tres modelos de santidad conocidos en el Mundo Antiguo, la del asceta que se despoja de todo lo mundano para entregarse por entero a Dios, la del hombre de gobierno que ordena todo en procura del reino de Cristo y lo demás lo recibe por añadidura, y la del celo apostólico y misional. Todas sus obras las realizó en permanente unión a los misterios del Señor por medio de la vía más eficiente: la oración.

Hijo de un tribuno romano, San Martín de Tours nació en Sabaria, actual territorio de Hungría, hacia el año 316. Siendo todavía niño, su familia regresó a la península itálica para establecerse en la ciudad de Pavía, donde fue inscripto como catecúmeno. Sin embargo, al igual que su padre, sintió la vocación militar, razón por la cual, a los 15 años de edad se enroló en el ejército de Roma, siendo destinado a la caballería de la Guardia Imperial.

De soldado del César a soldado de Cristo

Habiendo sido enviado su regimiento a la Galia, atravesaba en una fría noche de invierno las puertas de la ciudad de Amiens, cuando un individuo extremadamente pobre se acercó a su caballo y le pidió una moneda. San Martínbuscó en sus alforjas y al no encontrar ninguna, desmontó y tomando su capa, la cortó en dos pedazos con su espada, dándole uno al mendigo y quedándose el otro para sí. Una vez en las barracas del cuartel romano, Martín debió soportar las burlas de sus compañeros, pero esa misma noche tuvo su recompensa: en sueños se le apareció Nuestro Señor Jesucristo vistiendo el trozo de capa que había entregado como limosna.

A los 18 años, el joven soldado sintió la necesidad de ser bautizado y, poco después, un hecho asombroso lo llevó a abandonar la milicia para abrazar la vida religiosa.
Era emperador de Roma por esos días el césar Juliano, conocido en la historia por el apodo de “Apóstata”, ya que habiendo conocido el cristianismo por intermedio de los herejes arrianos, intentó instaurar nuevamente el culto pagano. Corría el año 356, cuando las hordas bárbaras de salios y camavios penetraron en territorio galo, arrasando todo a su paso. Los romanos concentraron sus fuerzas en Worms y hasta allí se encaminó Juliano, para entregar a sus tropas el incentivo en dinero con el que las mismas eran animadas. Al llegar el turno de San Martín, éste miró al emperador y sin aceptar la dádiva exclamó: “Hasta ahora, César, he luchado siempre a tu servicio, permíteme hacerlo a partir de ahora por Dios. Quien desee continuar a tu servicio acepte entonces tu donativo; yo soy soldado de Cristo. No me es lícito seguir en el ejército.” A ello respondió el emperador: “Tu actitud, mi querido Martín, más parece miedo a la batalla que convicción religiosa; tu sabes que los bárbaros nos atacarán mañana. Sabes que debemos responder con contundencia porque la seguridad del imperio peligra. Dices ser cristiano, es decir que eres un cobarde. Tienes miedo de enfrentar al enemigo.”

Martín sabía que además de buen comandante, Juliano era enemigo del cristianismo y que si titubeaba, sus compañeros no sólo se reirían de él sino del mismo Cristo, razón porla cual, solicitó que le permitiesen formar en la primera fila, sin armas ni escudo ni yelmo. “... así mi internaré tranquilo entre los bárbaros, demostrándote mi valor y fidelidad y que lo único que temo es derramar sangre de otros hombres.” Por la mañana, cuando la batalla estaba a punto de comenzar, los bárbaros enviaron un parlamentario y pidieron la paz. Los anales atribuyeron la victoria a Juliano, pero algunos legionarios manifestaron que el enemigo había entrado en pánico al enterarse que, seguros del triunfo, había soldados que marcharían a combatir sin armamentos.

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10 de noviembre de 2008

El Papa San Pío X: Memorias (9)


por S.E.R. Cardenal Rafael Merry del Val



Capítulo VIII

SU CULTURA Y ELOCUENCIA


Ninguna fuente de información más digna de crédito so­bre los primeros años y educación del Pontífice Pío X que el testimonio del canónigo Marchesan deTreviso, cuida­dosamente reunido y publicado en su Vida de Pío X. En dicho volumen, el autor testifica el aprovechamiento de Giuseppe Sarto en el estudio de los clásicos y de la litera­tura, aprovechamiento que le valió siempre los plácemes de sus profesores, y del que más tarde dio pruebas abundantes en innumerables discursos, alocuciones, sermones y cartas pastorales, no menos que en su correspondencia particular.

Pío X estaba sumido hondamente en el trabajo pastoral, único objeto de su vida, como Párroco, como Obispo y como Supremo Pontífice, para poder dedicar una parte considera­ble de tiempo a las actividades literarias o artísticas. No obs­tante, cuando la ocasión se presentaba, revelaba las dotes y los gustos de una mente cultivada, tanto en el campo literario como en el artístico. Había leído mucho. Las Santas Escrituras, la Teología y la Historia parecían ser sus materias preferidas, y aun en medio de las tareas cotidia­nas y de la incesante labor de su elevado ministerio —lo he comprobado personalmente—, gustaba leer varias obras y mantener contacto con el pensamiento moderno.

Una y otra vez había de sorprenderme con su exacto conocimiento de naciones y pueblos distantes, de sus tradiciones, costumbres y carácter peculiar. De aquí la facilidad que poseía para ha­cerse cargo de una situación y apreciar los puntos de vista y sentimientos predominantes de países tan distintos del suyo, que nunca había visitado. Sin hacer mención de países cuya información se encuen­tra más al alcance de una mentalidad occidental, su com­prensión, por ejemplo, de las intrincadas cuestiones relacio­nadas con los eslavos, con su liturgia y sus aspiraciones na­cionales, era a veces notable. Debíase esto, sin duda, en gran parte, a los conocimientos adquiridos con el contacto de muchos representantes de aquellas nacionalidades durante los nueve años que residió en Venecia.

Tenía siempre ante su mesa las publicaciones más recien­tes en italiano y francés sobre los más diversos asuntos. Leía el francés sin la menor dificultad y con verdadero placer, aun­que le intimidaba siempre hablar esta lengua, principalmen­te, presumo, porque no conseguía dominar su pronunciación y acento. No obstante, en algunas ocasiones le oí seguir una conver­sación privada en este idioma, y una de las veces, precisa­mente después de la solemne beatificación de Juana de Arco, ante centenares de peregrinos reunidos en San Pedro para su solemne audiencia, los sorprendió gratamente a todos con una larga respuesta en francés al discurso de homenaje que le fue dirigido.

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La Catedral Profanada


por el Dr Antonio Caponetto

Tomado del Blog de Cabildo



ANTE UNA NUEVA Y
GRAVE PROFANACIÓN DE LA CATEDRAL
METROPOLITANA

El próximo martes 11 de noviembre —si la ira justiciera de Dios no dispone lo contrario— la Catedral Metropolitana de Buenos Aires sufrirá un nuevo y gravísimo agravio.

No se trata en la ocasión del regular desfile sacrílego que frente a ella, y con la anuencia explícita del Gobierno, realizan en tropel los sodomitas y sus aliados de depravada especie. Tampoco de la invasión de las Madres, cuya sola presencia es una deposición irreverente y procaz. Ni del arribo oficial de la masonería, ultrajando el espacio sacro so pretexto de un indebido homenaje al Gral. José de San Martín.

No; en la Festividad del Patrono de la Ciudad, la Arquidiócesis de Buenos Aires mediante su Comisión de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso, por un lado; y la tenebrosa B’Nai B’rith por otro, co-celebrarán una “liturgia de conmemoración” en el “70 aniversario de la Noche de los Cristales Rotos”. Tamaño oficio religioso —según lo anuncia la invitación oficial que tenemos a la vista— suma, además, los auspicios y las adhesiones de cinco instituciones judaicas, unidas todas con la jerarquía católica nativa para “honrar y recordar” a las víctimas de “los nazis” que “en la noche del 9 de noviembre de 1938, profanaron y destruyeron más de 1000 sinagogas, mataron a decenas, encarcelaron a 30.000 judíos en campos de concentración [saqueando] negocios y empresas”.

El hecho, por donde se lo mire, constituye una mentira infame y una abominación que clama al cielo. Mentira es que se acuse, sin más, a los nazis, de los luctuosos y reprobables hechos conocidos como la Kristallnacht o Noche del Cristal, repitiendo por enésima vez la versión canonizada por la propaganda sionista y las usinas aliadas, ya varias y científicas veces rebatida en trabajos como los de Ingrid Weckert (“Crystal Night 1938. The biggest anti-german spectaculum”), o el de “Flash Point, Kristallnacht 1938. Instigators, victims and beneficiaries”. Mentira es que se oculte el asesinato, a manos del judío Herzel Grynscpan, del diplomático alemán Ernst von Rath, cuya alevosía —sumada a otras acciones judaicas de similar tono— motivó la reacción violenta contra los israelitas aquella noche trágica y condenable.

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10 de Noviembre, Festividad de San León Magno, Papa, Padre y Doctor de la Iglesia


La soberana personalidad de San León Magno es, en realidad, tan grandiosa, que apenas sabemos de él más datos —olvidados los de su infancia, educación y juventud— que los gigantes de su pontificado.

Debió nacer en los primeros años del siglo V o finales del anterior, época crucial y erizada de problemas, donde habían de brillar sus dotes excepcionales.Parece que fue romano, (tusco le llama el Liber Pontificalis), y bien lo manifiesta el fervor con el que habla en sus discursos de aquella Roma imperial sublimada por el cristianismo, que llama su patria:
"La que era maestra del error se hizo discípula de la verdad... Y aunque, acumulando victorias, extendió por mar y tierra los derechos de su imperio, menos es lo que las bélicas empresas le conquistaron, que cuanto la paz cristiana le sometió. Y cuanto más tenazmente el demonio la tenía esclavizada, tanto es más admirable la libertad que le donó Jesucristo."En el año 430 era ya arcediano de la iglesia papal, cargo que solía llevar la sucesión en el Pontificado. Y ya para entonces eran admiradas su sabiduría teológica, su elocuencia magnificente y su diplomacia habilísima.

En una legación a las Galias donde se preparaba la infecunda victoria de los Campos Cataláunicos sobre las hordas de Atila, le sorprendió la muerte del papa San Sixto III y su elevación al trono pontificio, acogida con grandes aclamaciones por el pueblo romano. Era el 29 de septiembre del 440.
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9 de noviembre de 2008

Nueva "Misa " holandesa. Con el copyright de los dominicos



por Sandro Magister

Tomado de Asociación Cultural Monfort

ROMA, 3 de octubre del 2007


– En el volver a darle plena ciudadanía al rito antiguo de la misa, con el motu proprio “Summorum Pontificum”, Benedicto XVI ha mencionado su intención de reaccionar también al exceso de “creatividad” que en el nuevo rito “llevó a menudo a deformaciones de la liturgia al límite de lo soportable”. Ateniéndose a lo que ocurre en algunas áreas de la Iglesia, esta creatividad incide no sólo sobre la liturgia sino también sobre los mismos fundamentos de la doctrina católica.

En Holanda, en Nijmegen, en la iglesia de los frailes agustinos, cada domingo la misa es presidida conjuntamente por un protestante y por un católico, que se turnan entre la liturgia de la Palabra y el sermón, y la liturgia eucarística. El católico es casi siempre un simple laico, y frecuentemente una mujer. Para la plegaria eucarística, en vez de los textos del misal se prefieren los textos compuestos por el ex jesuita Huub Oosterhuis. El pan y el vino lo comparten todos.

Ningún obispo ha autorizado jamás esta forma de celebración. Pero el P. Lambert van Gelder, uno de los agustinos que la promueve, está seguro de estar en lo correcto: “En la Iglesia son posibles diferentes formas de participación, nosotros somos parte de la comunidad eclesial a todos sus efectos. No me considero para nada cismático”.
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Herejes (12)


por Gilbert K. Chesterton


El paganismo y Lowes Dickinson

Sobre el nuevo paganismo (o neopaganismo), tal como fue espectacularmente predicado por Swinburne, o delicadamente por Walter Pater, no hay necesidad de dejar mucha constancia, excepto como algo que dejó tras de sí incomparables ejercicios en la literatura inglesa. El nuevo paganismo ya no es nuevo, y nunca, en ningún momento, se pareció en lo más mínimo al paganismo. Las ideas sobre la civilización antigua que han arraigado en la mentalidad pública son ciertamente extraordinarias.

El término «pagano» se usa constantemente en la ficción y en la literatura superficial como sinónimo de «hombre sin religión», cuando lo cierto es que el pagano solía ser un hombre con media docena de ellas. Los paganos, según esta noción, se pasaban el día tocándose con coronas de flores y bailando en estado de embriaguez, cuando lo cierto es que, si había dos cosas en las que la mejor civilización pagana creía sinceramente, eran en un sentido de la dignidad bastante rígido y en un sentido de la responsabilidad rígido en exceso. A los paganos se los representa, sobre todo, como ebrios y libertinos, cuando lo cierto es que, sobre todo, eran razonables y respetables. Se les alaba por desobedientes, cuando poseían sólo una gran virtud: su obediencia cívica. Se les envidia y se les admira por ser desver­gon­zadamente felices, cuando lo cierto es que su único gran pecado fue la desesperación.

Lowes Dickinson, el más maduro y provocador de los escritores que últimamente han abordado este tema y otros similares, es un hombre demasiado sólido como para haber caído en el viejo error de considerar el paganismo como una mera forma de anarquía. Para usar en beneficio propio ese entusiasmo helénico que tiene como ideal el mero apetito y el egotismo, no hace falta conocer gran cosa de filosofía, basta con saber algo de griego. Lowes Dickinson sabe bastante de filosofía, así como mucho griego, y su equivocación, si es que se equivoca, no es la del simple hedonista. Pero la diferencia que establece entre cristianismo y paganismo en la cuestión de los ideales morales – diferencia que expone con maestría en un ensayo titulado «How long halt ye?» [«¿Hasta cuándo claudicaréis?»] publicado en la Independent Review – contiene, en mi opinión, un error más profundo. Según él, el ideal del paganismo no era, claro está, un mero paroxismo de desenfreno, libertad y capricho, sino un ideal de humanidad plena y satisfecha.Según él, el ideal del cristianismo es un ideal de ascetismo.
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9 de Noviembre, dedicación de la Basílica de Letrán


En las Actas o Hechos del Martirio de San Justino y Compañeros se lee: «De nuevo preguntó el prefecto Rústico: `¿En dónde se reúnen?'. Justino contestó: `En donde cada uno puede y prefiere; tú crees que todos nosotros nos reunimos en un mismo lugar, pero no es así, porque el Dios de los cristianos, que es invisible, no se puede circunscribir en un lugar, sino que llena el cielo y la tierra y sus fieles lo veneran y lo glorifican en cualquier lugar»'. En su franca respuesta, el grande apologista San Justino repetía ante el juez lo que Jesús le había dicho a la samaritana: «Créeme, mujer, ha llegado la hora de que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis al que no conocéis, nosotros adoramos al que conocemos, porque la salvación viene de los judíos, pero ha llegado el momento, y es este, en el que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque el Padre quiere estos adoradores. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad». (Jn 4: 21-24).
La fiesta de hoy, la de la dedicación de la Basílica del Santísimo Salvador o de San Juan de Letrán, ciertamente no contrasta con el testimonio de San Justino ni con la palabra de Cristo. En efecto, salvos el deber y el derecho de la oración siempre y en cualquier lugar, también es cierto que desde los tiempos apostólicos la Iglesia, como grupo de personas, ha tenido necesidad de algunos lugares para reunirse a orar, proclamando la Palabra de Dios y renovando el sacrificio de la muerte y resurrección de Cristo, cumpliendo sus palabras: «Tomad y comed todos; tomad y bebed todos; haced esto en memoria mía».
A1 principio estas reuniones se hacían en las casas privadas, entre otras cosas porque la Iglesia no tenía ninguna aprobación oficial. Pero esto debió suceder muy pronto: hay un episodio singular al principio del siglo III cuando Alejandro Severo dio razón a la comunidad cristiana en un proceso contra los hosteleros, que reclamaban contra la transformación de una hostería en lugar de culto cristiano.
La basílica lateranense fue fundada por el Papa Melquíades (311-314) en las propiedades donadas para este fin por Constantino al lado del Palacio Lateranense, hasta entonces residencia imperial y después residencia pontificia. Así nació la «iglesia-madre de todas las iglesias de la Urbe y del Orbe», destruida y reconstruida muchas veces. En ella o en el antiguo Palacio Lateranense (ahora sede del Vicariato de Roma) se celebraron cinco concilios, en los años 1123, 1139, 1179, 1215 y 1512. «Pero el templo vivo y verdadero de Dios debemos ser nosotros» dice San Cesarlo de Arles.

8 de noviembre de 2008

Vivaldi: Gloria in D major (RV 589)

Antonio Vivaldi (1678 - 1741).

Gloria, for 3 solo voices, chorus, trumpet, oboe, violin (ad lib), 2 violas, 2 cellos, strings & continuo in D major (RV 589):


Concerto Italiano.

Deborah York (Soprano).
Patrizia Biccire (Soprano).
Sara Mingardo (Contralto).

Dir. Rinaldo Alessandrini.












Movements:

Gloria in excelsis Deo (Chorus).
Et in terra pax (Chorus).
Laudamus te (Sopranos I and II).
Gratias agimus tibi (Chorus).
Propter magnam gloriam (Chorus).
Domine Deus (Soprano).
Domine, Fili unigenite (Chorus).
Domine Deus, Agnus Dei (Contralto and Chorus).
Qui tollis peccata mundi (Chorus).
Qui sedes ad dexteram Patris (Contralto).
Quoniam tu solus sanctus (Chorus).
Cum Sancto Spiritu (Chorus).

La Sábana Santa, imagen de Cristo muerto (1)


por el R.P. Raimondo Sorgia, O.P.


1. Carta abierta al lector

Hablar de la misteriosa realidad que es la Sábana Santa supone adentrarse en un tema apasionante, en un gran problema.

Los adultos probablemente habrán visto u oído hablar de las imágenes de la Sábana de Turín, sobre todo desde que en 1973 se transmitiera por Eurovisión su imagen, y posteriormente el documental que compraron y retransmitieron las cadenas de televisión de muchos países. Imagino que también muchos jóvenes saben algo sobre la Sábana, porque desde hace tiempo periódicos y revistas le han dedicado títulos, artículos y fotografías, especialmente con ocasión de su ostensión desde agosto hasta octubre del año 2000. Quizás algunos lectores hayan tenido ocasión de visitar la Sábana Santa y la exposición organizada con tal motivo en Turín en estas fechas. En todo esto radica una de las dificultades del tema: exponerlo de forma que sea accesible a personas con muy diferente nivel de información y de interés sobre el mismo.

Por otra parte, es preciso que se trate de una explicación seria, objetiva, completa, que al mismo tiempo resulte comprensible. Son muchas las preguntas científicas y religiosas que se plantean alrededor del fascinante atractivo de la imagen del Hombre de la Sábana más misteriosa de la historia, y es seguro que al encontrarse con ellas el lector querrá encontrarlas resueltas. Por eso, no obstante la dimensión reducida de este cuaderno, se incluyen en él datos históricos, descripciones científicas, narraciones de los Evangelios, reconstrucciones de ambientes y además, reflexiones fundadas en la razón y en la fe. Aunque para algunos resulten superfluas determinadas explicaciones, comprenderán fácilmente que otros precisarán de ellas.

Es cierto que se podría haber sistematizado un material tan rico y complejo dentro de esquemas más rígidos. Pero he preferido no hacerlo; y más bien hablar de la Sábana, auténtico universo incluido dentro de cuatro metros de tela, en la manera más fluida y atrayente que pudiera. Hablar de la Sábana no es simplemente volver atrás en el pasado, como quien recorre de nuevo las excavaciones de una ciudad antigua por el mero gusto de conocerla. La Sábana Santa se presenta a la mentalidad moderna como un desafío, un pacífico y exaltante reto que «no teme a los exámenes, y que solo tiene miedo de ser enjuiciada sin haber sido sometida a examen».

Puede sorprender el hecho de no encontrar siempre de acuerdo a los estudiosos acerca de un determinado problema, en especial al interpretar algunos fenómenos, o al atribuir a los mismos una causa u otra. Es fácil que esto suceda en los casos de indagaciones realizadas por investigadores distintos, sobre casos particularmente complicados. Al principio habrá tantas conclusiones como investigadores: cada uno de ellos, se habrá valido, como es lógico, de sus propios métodos, indicios, técnicas deductivas. Cada uno ha buscado el centro de la cuestión partiendo de su punto de vista. Es posible que sólo un último investigador, confrontando los elementos recogidos por sus colegas y eliminando gradualmente las hipótesis de menor consistencia, llegue a dar con una solución del misterio satisfactoria, definitiva y completa.

En el caso que nos ocupa, esto ocurre además en un enigma que, como la Sábana Santa, está constituido por otros cien misterios de menor importancia, pero estrechamente relacionados entre sí. Por eso en los puntos más arduos, todavía abiertos a la investigación científica, se presentan dos o más hipótesis sobre su explicación. Al autor le corresponde el deber de informar y de ofrecer un mínimo de orientación sobre ellos; pero después tendrá que ser el lector quien llegue a una conclusión mediante su inteligencia, capacidad de reflexión y ánimo humilde.

Finalmente, quiero hacer tres sugerencias que serán de utilidad para interpretar mejor el rostro del Hombre de la Sábana:

1ª.- Las dos bandas más oscuras en el positivo, es decir, en la foto al natural, que se notan enseguida alrededor del rostro y que le dan un extraño alargamiento, son debidas en parte a la masa de los cabellos y en parte a un casual amarilleamiento de esa parte de superficie, determinada por una mayor exposición a la luz; o bien podría tratarse de una distinta tonalidad del tejido por una diferencia de calidad en las fibras de lino utilizadas por el anónimo tejedor palestino.

2ª.- Hay que tener siempre presente las condiciones físicas en las que se encontraba el cuerpo de Jesús en el momento de la sepultura. Entre las deformaciones más marcadas y que destrozaron sus facciones, deben considerarse: la rotura del cartílago de la nariz, a causa de un puñetazo o bastonazo, o bien por una caída violenta, de donde resulta una ligera desviación hacia la derecha y una caída hacia el labio superior del extremo de la punta de la nariz. El ojo y la ceja derecha aparecen hinchados; como el labio superior mismo y la región del pómulo derecho. También el mentón, aun teniendo en cuenta un cierto espesor de la barba, aparece hinchado por un fuerte golpe o una caída al suelo. Imaginando una línea vertical que pase entre las cejas y la mitad de la boca, es conveniente «aislar» el lado izquierdo del rostro, pues ésa es, de algún modo, la parte más íntegra.

3ª.- Es necesario habituarse a mirar la imagen del rostro, y observarla pausadamente. Mejor aún si se enmarca, como retrato, y se le mira a distancia.

Sucede a veces, que mientras alguien de noche mira el cielo, tiene la impresión de que en un momento determinado, una nueva estrella se ha encendido delante de sus ojos. Un astrónomo diría que es el rayo de una estrella alejada de nosotros miles de años-luz, que esta noche ha alcanzado precisamente nuestra atmósfera y ha podido ser vista por quien estaba contemplando el firmamento. En la Sábana Santa hay también una determinada señal luminosa, que empezó a lucir hace dos mil años, y que puede que ahora se encuentre con el lector de estas páginas.

La Cristiandad, una realidad histórica (7)


por el R.P. Alfredo Sáenz, S.J.


Capítulo VI

La post-Cristiandad


La Cristiandad fue un hecho histórico, una realidad concretada, no una mera utopía de gabinete. Ello no significa que haya sido la realización perfecta del ideal soñado, lo cual es imposible en esta tierra, dada la debilidad de la naturaleza humana. Decía Péguy que siempre el número de los pecadores será mayor que el de los santos. Con todo, si hubo algún período de la historia en que el poder político y el orden temporal reconocieron la superioridad del orden sobrenatural fue, sin duda, la Edad Media. Luego soplarán otros vientos y se predileccionarán otras excelencias. A estos nuevos vientos y distintas excelencias nos referiremos en la presente conferencia.

Por cierto que el Evo Moderno no apareció de la mañana a la noche. Algunas de sus líneas ya comenzaron a insinuarse durante el transcurso de la Edad Media, especialmente en sus postrimerías. Comenzó, por ejemplo, a atribuirse un valor nuevo al dinero, con la consiguiente inclinación al lucro; la unidad política empezó a agrietarse y el Imperio se fue volviendo una ficción; en el orden de la cultura, las ciencias y las artes, que justamente habían ido adquiriendo una sana autonomía, seguirían su camino centrífugo, pero ahora en detrimento de su subordinación esencial a la teología.

Dificil nos será sintetizar en esta sola conferencia el complejo proceso de los tiempos modernos. Lo han intentado ya muchos pensadores. Dada la vastedad del tema, nuestro tratamiento del mismo será, por necesidad, sucinto y apretado.

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La muerte de un inquisidor


por Vittorio Messori

El verano propicia las relecturas, sobre todo las de textos clásicos. Como tal se considera La civilización del Occidente medieval de Jacques Le Goff, que leí cuando se publicó en francés y que ahora, después de muchas ediciones en varias colecciones, Einaudi vuelve a presentar en edición de bolsillo. Aprovecho este día de verano para darle un repaso.

Entre los medievalistas laicos, Le Goff es uno de los santones pero no es ajeno a las gaffes, la más clamorosa de las cuales es la del asesoramiento histórico para la adaptación cinematográfica de El nombre de la rosa de Umberto Eco, quien tuvo que admitir que «su» Edad Media, la del libro, era históricamente más exacta que la reflejada en imágenes con el consejo «científico» de este tan homenajeado profesor francés. Pero Le Goff también es autor de El nacimiento del Purgatorio, obra que, a pesar de su apariencia severamente académica, hay que tomar con pinzas y está plagada de un deseo iconoclasta (si bien hábilmente enmascarado) hacia la pastoral y, sobre todo, el dogma católicos.

Volvamos a La civilización del Occidente medieval, donde tampoco faltan perspectivas sectarias, o más bien, falsedades propiamente dichas. Por ejemplo, en las páginas 102 y 103 de la última edición italiana, dice así: «Los dominicos y los franciscanos se convierten para muchos en símbolo de hipocresía; los primeros inspiran aún más odio por la forma en que se han puesto al frente de las represiones de la herejía, que por el papel asumido en la Inquisición. Una revuelta popular en Verona acaba cruelmente con el primer "mártir" dominico: san Pedro, llamado precisamente, Mártir, y la propaganda de la orden difunde su imagen con un cuchillo clavado en el cráneo.»

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8 de Noviembre, Conmemoración de lo Cuatro Santos Coronados


Recordamos a cuatro hermanos mártires: Severo, Severino, Carpóforo y Victorino, que vivieron en la última parte del siglo III y a comienzos del IV.

Servían como militares al emperador Diocleciano, pues gozaban de gran reputación como soldados, y tenían puesto honoríficos en la corte. Además, eran cristianos y no ocultaban su condición de tales; asistían a las reuniones y a los oficios divinos, generalmente realizados en las catacumbas, socorrían a los pobres y visitaban a los presbíteros.

En el año 304, Diocleciano decreto que todos los súbditos del Imperio sacrificasen públicamente a los dioses. Se desató de este modo, con mayor furor, la persecución contra los seguidores de Cristo, y prontamente los cuatro santos fueron apresados. Como se negaron a prestar juramento a los dioses, fueron llevados delante del ídolo de Esculapio y amenazados de muerte si no le rendían culto.
Los cuatro gritaban: "¡Es un falso Dios!".
Fueron azotados cruelmente, pero ellos continuaron gritando: "¡Nuestro Dios es Jesucristo!"

Se los sometió a toda clase de tormentos. Y así, entregaron su vida. Diocleciano ordenó que sus cuerpos fuesen arrojados a la plaza, para que sirvieran de alimento a los perros.
Afirma la tradición que transcurridos cinco días, ningún perro se les acercó, poniendo de manifiesto que los hombres eran más crueles que las bestias. Los cristianos, en secreto les dieron sepultura en una arenal.
Sus restos están ahora en la iglesia que lleva el nombre de los Santos Coronados, en Roma.
Los santos mártires Claudio, Nicóstrato, Sinforiano, Castor y Simplicio, cuyo recuerdo celebra la Iglesia también hoy, padecieron en la misma persecución y fueron sepultados en el mismo cementerio.

Éstos cinco eran escultores de profesión y se negaron a esculpir una estatua del dios Esculapio, para no dar lugar a idolatría. Diocleciano mandó que fuesen azotados, sus cuerpos se colocaron en cajones y arrojados al río.
No es seguro que este hecho haya ocurrido en Roma o que en realidad ocurrió en Panonia (actual Hungría).
No obstante sus restos descansan también en la iglesia de los Santos Coronados, en Roma.

7 de noviembre de 2008

Dos reflexiones



Por D. Rubén Calderón Bouchet


Tomado de Argentinidad



EL TIEMPO Y LA SANGRE: El hombre ha sido hecho por Dios para que lo conozca, lo sirva, lo ame y de esta manera salve su alma y para nada más, añade con vascongada intrepidez San Ignacio de Loyola. La cosa, presentada así, con la brusca parquedad de un axioma, puede parecernos hoy demasiado simple y deja sin responder a una serie de interrogantes que desde la ciencia y la filosofía moderna saldrían al encuentro de nuestra inquietud. Personalmente me atrevo a dejarlo así, como ésta, porque me parece una respuesta saludable y muy bien fundada al misterio que nos plantea nuestra propia existencia.

En primer lugar porque si no nos hizo Dios ¿Quién nos hizo? ¿Cómo explico la aparición de este preguntón inagotable que emerge de rondón entre las bestias apacibles y comienza su inquietante aventura histórica? ¿A quién dirige sus preguntas? Y como esta es una pregunta más que se impone con todo el peso de una necesidad casi absoluta, el buen sentido sugiere la existencia de un interlocutor ante quien preguntamos y cuyo silencio nos llena de consternación y congoja. No obstante la respuesta de Dios es muy clara y cuando fue interrogado por Moisés frente a la zarza que ardía inexplicablemente ante sus ojos, dijo con toda seguridad: Soy el que soy, el que Es te envía para que respondáis a los tuyos.

Si Dios se señala a sí mismo como el Ser por antonomasia, todas las preguntas que hagamos en nuestra vida tienen que ser resueltas en la plenitud con que vivamos nuestra propia realidad. Es en la cumbre de nuestra generosidad existencial donde hallaremos la respuesta que sosiega y calma la congoja que despierta su aparente silencio. El monte Sinaí, el Tabor son los símbolos topográficos de la altura que es menester alcanzar para oír la contestación del Señor. Mientras permanecemos en los pantanos de la bajeza sólo oiremos el croar de los batracios y el lastimero ruido de las bestias que se arrastran.

Él es el que Es y el ser tiene gradaciones: desde el cascote al hombre, pasando por las plantas y los animales hay un ascenso claro que cualquier imbécil puede notar y colocados ya, en la escala de lo humano, desde el distraído por el son de las flautas bucólicas y el espejismo de los encantos carnales, hasta el abstraído en la contemplación de las verdades eternas hay diferencias existenciales tan notables que únicamente puede negarlas el que carece de ojos espirituales para percibir la nobleza de las almas.

Decía Don Quijote que nadie es más que otros si no hace más, pero el que hace más, es más. En este preciso sentido ascender la montaña de la generosidad hasta anegarse en el olvido de sí mismo, es la manera de arrimarse a Dios y escuchar la respuesta a la pregunta que le hemos dirigido y que consiste, fundamentalmente, en este ascenso a la cima de nuestra realidad.

Pero somos también sangre, tiempo y agonía, es muy cierto, pero la agonía no serviría para nada sino fuera capaz de vencer a la sangre y al tiempo. A la primera porque nos ata demasiado al dolor y al sufrimiento y al segundo porque nos encadena a los sucesos que, como el amor de los marineros: besan y se van y una noche nos casan con la muerte y no vuelven nunca más. Neruda estaba demasiado ligado al tiempo y a la sangre para escuchar la voz del Señor. En el tumulto que hacían las voces de las cosas no podía oír otra palabra hasta que quedó, acostado en su nostalgia y mecido por el rumor de las olas que no pueden responder a ninguna de nuestras preguntas.

La sangre y el tiempo son escabeles que nos conducen hasta el que verdaderamente Es o son etapas que nos detienen en el ascenso y nos engañan con el atractivo de su esplendor efímero. En la época juvenil es el fervor de la sangre lo que nos distrae de nuestros esfuerzos y dispersa las energías en el ancho campo de los atractivos sensuales. Más tarde, en el ocaso de la vida, nos atan a la tristeza, para hundirnos en la bajeza del dolor sin sentido.

Conocer a Dios es una cuestión de crecimiento humano, amarlo, es lo mismo que desear nuestra perfección y respirar el aire de las cumbres alcanzadas, sin olvidar que en el ascenso nos acecha un enemigo más solapado y malicioso que la carne. Se oculta en todos los desengaños y en cada una de las dificultades que el camino ofrece. Allí está, agazapado y estéril, para decirnos que todo, absolutamente todo es inútil, y que en la cima no hay más que cuatro piedras barridas por el viento. Dios quiere que aparezcan casi cuando el Sol se oculta y cuando apenas nos quedan fuerzas para negarnos a la sugestión de su derrotismo, por eso en el Padre Nuestro aparece al final, cuando ya hemos pedido el advenimiento del Reino y sólo nos queda rogar que nos libre del Malvado: “sed libera nos a Malo”.

Se dice que el llanto de un viejo es tanto más triste cuanto es el resumen de toda su vida y cuando un anciano llora, el Malo le insinúa al oído que él es el autor del universo, el fabricante de este dédalo absurdo del que sólo podemos salir por el artilugio de una muerte voluntaria.

CUESTIONES DE ESTILO: Entre el discurso parlamentario y la homilía dominical se desliza la cátedra como una suerte de disertación intermedia que tiene algo de discurso y un poco de homilética. En verdad no es ni una cosa ni otra, para discurso la falta énfasis y ese llamado a la emoción apto para conmover la fibra del partidario y para homilía carece del vuelo sobrenatural que conduce el alma a la contemplación de las verdades divinas. No obstante el buen catedrático no está totalmente libre de convocar la afectividad del oyente, necesita despertar una emoción que ayude a la faena intelectual y, en alguna medida, toque esas cuerdas del alma donde vibra el entusiasmo por la verdad y hasta asoma un poco la virtuosidad polémica que exige el combate contra la mentira filosófica o la deformación científica de algunos hechos. El buen catedrático tiene algo de polemista y, sin caer en la oratoria partidaria, debe sostener con buen ímpetu las opiniones comprometidas en el debate.

Siempre hay debate y nunca conviene evitarlo del todo, aunque se soslayen por impertinentes los dicterios ofensivos y los recursos a los golpes directos, muy eficaces en la polémica callejera, pero poco recomendables en la serenidad de la cátedra. Porque la cátedra tiene necesariamente que ser serena. Cuando el profesor manifiesta su iracundia, pierde seriedad y cae fácilmente en el ridículo, algo que debe evitarse como el peligro mayor que puede amenazar la integridad de un catedrático. El ridículo y el aburrimiento son los enemigos declarados: el primero en un sentido absoluto y total, un profesor ridículo, es inadmisible. En cambio un profesor aburrido puede tolerarse dentro de ciertos límites y con la seguridad de que conoce bien sus asuntos y es capaz de impartir una enseñanza saludable. Contra ambos flagelos es siempre aconsejable el uso de una discreta ironía. Entendámonos bien: la ironía no es el sarcasmo ni la burla, es el uso suave y matizado de un escepticismo muy ligero que afecta tanto al catedrático como a sus oyentes y los hacen partícipes de una cierta ignorancia extensible a todos los conocimientos humanos. Sabemos que dos y dos son cuatro, pero si damos a entender que esta seguridad plúmbea adviene solamente con los entes de razón, ponemos a nuestra afirmación un límite sereno y sonriente que nos devuelve más tranquilos a la perpleja inseguridad de los otros conocimientos. Gilson solía decir que el pensador moderno pensaba, allí donde el antiguo trataba de conocer y con esta suave advertencia nos ponía en guardia contra los abusos de la lógica en el accidentado terreno de la filosofía.

Cuando examinamos una obra literaria lo primero que se impone a nuestra consideración es el carácter del estilo: oratorio, homilético, catedrático, narrativo o dialogado y esto sucede en cualquier género literario, incluso en aquellas composiciones poéticas que por su brevedad podrían escapar a una apreciación de esta naturaleza. En Juan Ramón Jiménez predomina siempre el acento narrativo: ya se asome por la verja de un viejo parque desierto o se quede un instante en el balcón a solas con su enamorada. Antonio Machado es un orador sumamente parco y sobrio, pero decidido a marcar las tierras de Alvar González en el corazón de España con la decisiva tristeza de sus campos solitarios o increpar a Dios por haberle quitado lo que él más quería y haberlo dejado al fin en su coloquio con el mar. Unamuno era decididamente homilético y su vocación sacerdotal se hacía sentir en todo lo que escribía, así fuera en abierta polémica con la Iglesia. Ramiro de Maeztu y José Ortega y Gasset fueron dos profesores y como catedráticos universales asumieron, por su cuenta y riesgo, la faena de informar a los españoles de su época todo cuanto podía servirles para colocarlos en el nivel de los tiempos.

Un buen novelista tiene, necesariamente, que ser un buen narrador, pero, al mismo tiempo, es conveniente que sepa hacer hablar a sus personajes de acuerdo con lo que son y con lo que representan en la sociedad a la que pertenecen y ambas condiciones no siempre se dan en el mismo artista. Ricardo Gűiraldez lleva en Don Segundo Sombra una narración muy bien sostenida por la etopeya de su personaje central y los pocos diálogos que anima el cuadro evocativo tienen una indudable veracidad, pero son pocos y emergen, esporádicamente traídos a colación por el recuerdo de un personaje o de una escena vivida por su propia memoria.

Castellani es un escritor religioso y aunque sus homilías son de su exclusiva propiedad, imponen su presencia tanto en sus cuentos como en sus versos y los convierten en rezagos, no siempre de primera clase, de sus auténticos sermones.

El lobby gay pierde las elecciones



por Juanjo Romero

Tomado de De Lapsis

Acabaron las elecciones. Mis preferencias están documentadas, únicamente me resta decir, gracias Sarah Palin.

Tiempo tendremos para analizar los resultados y sus consecuencias, pero la misma lucha ya ha sido una victoria. Las posturas de apología del aborto de políticos ‘católicos’ como Pelosi —la «Presidenta del Congreso»— o Biden —el hoy vicepresidente— han servido para que los católicos useños, con sus obispos a la cabeza (como le gusta a Miguel Serrano), saltasen a la arena, con valentía. Sinceramente creo que los frutos los veremos pronto, el caminó comenzó a andarse.

Pero estos americanos son muy raros, y aprovechan las convocatorias de elecciones para someter a sufragio leyes que consideran importantes. En estos comicios se votaba sobre 153 propuestas en 36 estados. La verdad es que muy heterogéneas, desde once de ellas que preguntaban sobre la apertura de casinos, a otras tres sobre la prohibición del matrimonio homosexual.

Yo estaba especialmente atento a una batalla que creí perdida —hombre de poca fe—, fundamentalmente por la desproporción de medios: la proposition 8 en California. Estos benditos, pretendían volver a introducir en la constitución del Estado que «sólo el matrimonio entre un hombre y una mujer es válido o reconocido en California», esta simple adición deja fuera de la ley los innumerables intentos para reconocer el gaymonio. En Arizona y Florida, terminado el escrutinio, han salido adelante las propuestas, se protege el matrimonio entre hombre y mujer, uniéndose a otros 26 estados que ya habían aprobado leyes de protección de la familia en las elecciones de 2000 y 2004; en Arkansas además se protege la adopción, limitándola a parejas casadas (por lo tanto los artificios que utilizaba el lobby gay quedan también fuera de la ley).

Sin embargo el caso de California era singular. Por un lado, la Prop 8, como se la conoce, era una iniciativa ciudadana, promovida por distintas plataformas agrupadas en la ProtectMarriage.com. Por otro lado era el segundo asalto. Sorpresivamente se ganó en 2004 (con el 61%) una iniciativa similar —la Prop 22—, pero mediante prácticas de filibusterismo leguleyo (que os ahorro), fue obviada y se aprobó la ley que reconocía el matrimonio entre personas del mismo sexo.

La batalla era desigual, se tenía a la clase política en contra, a los medios de comunicación en contra, a la farándula ( Spielberg y Brad Pitt encabezan la lista de donantes al movimiento No Prop 8) en contra; Google y Apple donan a la campaña contra al Prop 8 un cuarto de millón de dólares. Cuatro años de machaque continuo, de una campaña sistemática para normalizar.

En medio de la intolerancia, e incluso violencia física, del lobby gay destacan los actos heroicos, unas veces anónimos, otras con trascendencia como la del obispo Soto. Al buen hombre le invitan a la National Association of Catholic Diocesan Lesbian and Gay Ministries (creo que no necesita traducción), y con un par, decide acudir a explicar la postura de la Iglesia. Ya sabemos cómo se las gastan los del lobby cuando están agrupados —por ejemplo en 1973, con técnicas propias de la mafia, consiguen que en contra de la opinión de la práctica unanimidad de los psiquiatras se redefina el concepto de homosexualidad—.

Pues Soto se presenta y les suelta un discurso para enmarcar. La prensa lo tituló It is sinful —Es pecado—, pero se quedaron en la superficie. Es un canto al amor, a la castidad, a la visión positiva de la persona, a que un homosexual es un buen cristiano pero la práctica de la homosexualidad no lo es. El estado de shock de la audiencia obligó al moderador a pedir perdón: no sabía lo que iba a decir el obispo, llegó a balbucear.

Escribo esto con un 91% del voto escrutado: 4.922.675 (52%) apoyan la Prop 8, 4.577.453 están en contra. Y aunque los representantes del lobby gay piden prudencia, creen que ese 9% les dará la victoria, ya han declarado esta jornada como día de la rabia (tendremos que prepararnos para recibir con la acostumbrada saña que estilan).

De confirmarse esta increíble noticia (en California ganó Obama con un 61%) crearía un precedente de que es posible la marcha atrás en las leyes contra la familia y la vida. Ya se está especulando si la ley es retroactiva a los gaymonios actuales.

La parte negativa es que no salieron adelante las propuestas de limitación del aborto. Pero la semilla está plantada. Hace más de cien años el partido Demócrata era el partido de la esclavitud, del Sur que se levantó contra el Republicano Abraham Lincoln. Hoy vuelve a estar, como toda la progresía, en contra de los débiles, de los desfavorecidos. Esta guerra cultural también la perderán.

Y parafraseando a Donoso Cortés, que el mal venza es lo natural, que lo haga el bien es sobrenatural. Pongamos los medios.

6 de noviembre de 2008

En incrédulas épocas: Credo. Vivaldi (RV 586)



Credo setting of Vivaldi's RV 586

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