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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

8 de abril de 2009

Esencia de la Herejía Progresista (5 y último)





por el R.P. Fr. Alberto García Vieyra, O.P.

Tomado de La Quimera del Progresismo,
Colección Clásicos Contrarrevolucionarios,
Buenos Aires, 1981





TEOLOGÍA LATINOAMERICANA

El punto de partida de la Teología Latinoamericana es el antropocentrismo profesado por la nueva iglesia. Antropocentrismo no significa ocuparse de los problemas del hombre teológicamente. Ya hemos expuesto cómo la concepción de la naturaleza humana está viciada de un falso sobrenaturalismo de origen protestante, que hemos asimilado a la doctrina condenada ya de Miguel Bayo; según Rahner, Metz y otros, la Redención está cumplida y acabada en cada uno de los hombres; Cristo no asume una naturaleza humana sino la naturaleza humana. Estas son las bases que fundamentan la teología latinoamericana. "El Dios de la revelación cristiana, dice Gutiérrez Merino, es un Dios hecho hombre, de ahí la célebre expresión de Karl Barth sobre el antropocentrismo cristiano: «el hombre es la medida de todas las cosas, desde que Dios se hizo hombre»".(7)
Esto significa, y Gutiérrez Merino lo pasa por alto, que en la encarnación se considera asumida toda la naturaleza humana; o bien la naturaleza humana en sí misma y la elevada por la gracia se consideran unívocamente, sin ninguna distinción. Agreguemos que no es ningún "redescubrimiento de la unidad indisoluble del hombre y Dios" (TL, 29), sino el fruto de tres errores convergentes, comunes a los teólogos de la nueva iglesia (Congar, Schillebeeckx, Rahner, Metz, etc.). Tales errores son los ya señalados: un falso sobrenaturalismo; negación de la naturaleza pura o como es en sí misma. Los fines de la naturaleza humana, en su quehacer en el mundo, se consideran los propios del cristiano.
De aquí se desprende que el hombre no tiene más fines en su acción externa que los fines del mundo: el desarrollo de la técnica, las condiciones de vida, la convivencia, la paz, los derechos humanos, etcétera.
Entre estos fines del mundo tenemos la lucha sorda, pero real, entre los fines del mundo capitalista, de un capitalismo individualista, y los fines del mundo marxista, de un capitalismo estatal, en que todo es el estado.
Los teólogos latinoamericanos han optado por el marxismo. Ya el capitalismo masónico y laicista de la UNESCO y de las Naciones Unidas renunció a las soluciones inspiradas en la fe cristiana, o sea, en la doctrina católica. La masonería desde 1884 intenta la apostasía de nuestra Patria. Hoy el marxismo le disputa el terreno y su instrumento de penetración en Latinoamérica es la mal llamada teología latinoamericana.

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Aborto: razones para un no


por José Javier Esparza










e presentó esta semana en Madrid el Manifiesto de los 1.000 contra la reforma de la ley del aborto. Más de mil científicos, universitarios y profesionales de la salud (empezaron siendo trescientos, como los de Leónidas, pero la cifra se ha triplicado en dos días) se pronuncian contra una iniciativa legislativa que este Gobierno ha querido convertir en bandera ideológica. Lo hacen con razones estrictamente científicas e intelectuales. Un Gobierno con decencia se lo pensaría dos veces antes de seguir adelante con su proyecto. Porque, se mire como se mire, los firmantes de ese Manifiesto tienen razón.

Una precisión importante: lo que está en discusión no es el aborto tal y como lo contempla hasta ahora la legislación española. Éste es un asunto sin duda susceptible de debates, pero no es el caso aquí y ahora. El caso aquí y ahora es una ley que pretende convertir un mal objetivo en un derecho subjetivo, y que lo hace por razones ciegamente ideológicas negando la evidencia científica más elemental. Contra eso se dirige el manifiesto de los mil.
Uno puede entender que hace medio siglo, cuando lo ignorábamos todo sobre el ADN, alguien negara al embrión la condición de vida humana, como si eso que crece ahí dentro fuera un mero agregado celular y, por tanto, pudiera ser considerado una excrecencia de la anatomía de la madre. Pero hoy sabemos perfectamente que “eso que crece ahí dentro” no es un tumor ni un grano, sino un ser con personalidad propia. El código genético se dibuja en el cigoto desde el momento de la fecundación –más precisamente: en un momento inmediato a la fecundación. Y si hay un código genético singular y distinto al del padre y al de la madre, ahí hay ya una vida diferente. No hay más vueltas que darle.
Si ahí hay una vida diferente, otorgar a la madre el derecho a aniquilarla es una decisión cargada de implicaciones tanto jurídicas como morales. Básicamente, estamos concediendo a una persona el derecho a eliminar la vida de otra. Si el modelo se aplicara a la relación entre la policía y el delincuente, entre el juez y el reo, entre el amo y el siervo o entre el siervo y el amo, nadie dudaría en levantar la voz: sería una intolerable manifestación de barbarie. ¿Hay alguna diferencia entre cualquiera de esos casos y el de conceder a la madre el derecho a aniquilar a un hijo? No faltará quien diga que sí. Bien: ¿cuál? Porque no termina de verse.
Como este asunto es evidente incluso para los abortistas, el Gobierno ha inventado un subterfugio que es el de la “vida viable”: el aborto será libre mientras el feto no sea viable, circunstancia que la ministra de Igualdad fija arbitrariamente en la semana veintidós. El argumento parece sensato, pero sólo superficialmente. En realidad es monstruoso. ¿Por qué? Porque subordina el derecho a vivir a la “viabilidad” de esa vida. ¿Y qué quiere decir “viabilidad”? ¿Autosuficiencia? Según eso, sería legítimo exterminar a cualesquiera ciudadanos, ancianos o enfermos, que no puedan valerse por sí mismos. Se olvida deliberadamente, por otro lado, que en condiciones normales el feto es siempre viable: su viabilidad consiste precisamente en permanecer ahí dentro hasta que le llegue el momento de salir. Un feto no es una pre-vida: es una vida cuya circunstancia específica se desenvuelve en el interior de la madre.
En el aborto hay un conflicto de intereses entre la madre y el niño no nacido, dice la ministra Aído. ¿”Intereses”? Aceptémoslo, pero ¿hay en nuestra sociedad algún otro caso de “conflicto de intereses” que se resuelva suprimiendo la vida de una de las partes? No. En consecuencia, si se reconoce tal conflicto, lo más sensato sería solucionarlo por la vía menos cruenta. Un buen camino podría consistir en prestar asistencia psicológica a esa madre para que resuelva su “conflicto”. ¿Acaso no se hace lo mismo, y con cargo al erario público, cuando un adolescente tiene conflictos con sus padres, o cuando un trabajador tiene conflictos con su jefe? Otro buen camino podría consistir en ayudar a la mujer a terminar ese embarazo y después dar el niño en adopción; en España hay miles de familias que tienen que marcharse a China o a Etiopía para adoptar a un niño. ¿Por qué no ponérselo más fácil?
Intelectualmente hablando, todo esto no hay por dónde cogerlo. La reforma de la ley del aborto que se propone este Gobierno es puro nihilismo. Niega la evidencia científica –la existencia de una vida singular en el embrión–, destruye un principio elemental del derecho –no puedes acabar libremente con la vida del prójimo–, convierte un mal objetivo en un derecho subjetivo, lleva la voracidad del Estado hasta el mismo vientre de las madres y crea un vacío moral. De paso, descarga el peso del fardo sobre unas mujeres que, hoy más que nunca, tienen sobradas razones para pensar que los demagogos las manipulan por puro interés político.
Ese Manifiesto de los Mil es el testimonio de una sociedad que no ha perdido el juicio, y es también la voz de la inteligencia contra la arbitrariedad sectaria de los dogmáticos. Los dogmáticos tienen hoy la fuerza, pero la razón está en la otra parte.

La coral desventurada (fábula pero no fabulación)



Tomado del blog de Cabildo




a Traffic blanca del Instituto Malbrán se trasladaba raudamente por la avenida Leandro N. Alem. Transportaba un cargamento de serpientes venenosas, que al llegar al laboratorio serían “ordeñadas” para elaborar suero antiofídico. Cobras, cascabeles, yararás y víboras de la cruz viajaban por separado, cada especie en su respectiva caja convenientemente cerrada. La cosecha de ofidios había sido exitosa en Entre Ríos, y era precisamente de allí que venía la Traffic a toda velocidad, colmada de “simpáticos” pasajeros de cimbreante lengua bífida, movimientos ondulatorios horizontales, marcha zigzagueante y colmillos inoculadores de veneno de alta toxicidad.

Cuando cruzaban la avenida Corrientes se produjo el reventón de uno de los neumáticos delanteros. El conductor clavó los frenos y giró bruscamente el volante tratando de equilibrar la marcha enloquecida del vehículo, pero la maniobra resultó inútil y la Traffic se estrelló violentamente contra el edificio del Correo Central. Tanto el chofer como su acompañante salvaron milagrosamente la vida, aunque sin librarse de algunas quebraduras de huesos, contusiones varias, y sobre todo numerosos y prominentes chichones.

Pero lo más grave fue que, como consecuencia del duro impacto, las cajas que contenían las víboras se abrieron y éstas aprovecharon la ocasión para escabullirse rápidamente, felices de reencontrar la libertad perdida.

A poco de ocurrido el accidente llegaron al lugar policías, enfermeros, bomberos, personal del Malbrán y curiosos al por mayor, que enterados del escape de las víboras se abocaron al rastrillaje de la zona en plan de cacería. Poco a poco fueron encontrando a las temibles serpientes, que una vez detectadas iban cayendo en las redes que las reconducirían al encierro.

De acuerdo con los datos suministrados, las víboras eran treinta y seis. Angustiados y temerosos, los cazadores iban contando a medida que las cazaban: una, dos, tres… Y fue así que todas fueron recuperadas, menos una coral que no aparecía por ninguna parte. La muy astuta eludió todas las acechanzas, escondiéndose primero debajo de un auto estacionado en la esquina, y luego en un cantero florido.

Cuando, cansados de buscarla, todos se retiraron, ella siguió su marcha reptando sin rumbo fijo y al sólo efecto de alejarse del peligro que la amenazaba.

Amparada por la oscuridad de la noche y guiada por su instinto de supervivencia, tomó por Sarmiento hasta llegar a 25 de mayo, y siguiendo por esa calle y bordeando la imponente estructura del Banco de la Nación Argentina, desembocó en la histórica Plaza de Mayo.

Le llamó la atención un gran edificio rosado, que no era otro que la Casa de Gobierno situada en Balcarce 50. Hacia allí orientó su marcha la coral en busca de refugio, logrando introducirse en ella por una rendija, sin que lo advirtieran los granaderos que estaban de custodia. Siguió reptando y recorrió las distintas dependencias de aquel inmenso caserón de estilo arquitectónico un poco anodino. Pasó por el Salón Blanco, el Salón Dorado y diversos pasillos y galerías, y se topó con el despacho presidencial.

Optó por quedarse allí, oculta debajo del escritorio del presidente de la República. Consideró que aquel lugar era seguro y se echó a dormir rendida por el cansancio, reviviendo en sus sueños las escenas infartantes que había protagonizado desde que los empleados del Malbrán la habían atrapado en el monte entrerriano. Era plena noche y la casa de gobierno estaba desierta, de modo que las circunstancias eran propicias para que la coral pudiera dormir a sus anchas, sin experimentar —pesadillas a un lado— los sobresaltos de los últimos días.

Las horas nocturnas siguieron su curso y dieron pie al amanecer, que llegó cuando el sol se asomó en el horizonte y comenzó a iluminar la ciudad. Sus rayos penetraron por los ventanales del despacho presidencial pero no alcanzaron a despertar a la coral, porque —como es bien sabido— las víboras son en general extremadamente dormilonas.

Transcurrido un par de horas, la casa comenzó a poblarse de ruidos. Eran los empleados que llegaban para iniciar sus tareas cotidianas. Ministros, secretarios, subsecretarios, secretarios de los secretarios y subsecretarios, asistentes varios, taquígrafos, encargados de la limpieza y mozos repartidores de café, iban ocupando su puesto en el enorme panel de la ineficiente burocracia estatal pagada por los contribuyentes.

Por último, llegó el presidente de la República. Antes de entrar al despacho se entretuvo en la antesala conversando con sus chupamedias. No faltaron las críticas a la Iglesia por negarse a ser felpudo del oficialismo, borrega del pensamiento único y lacaya del montoneril poder hegemónico.

Terminadas las diatribas anticlericales y ya en su despacho, el presidente se sentó frente al escritorio y comenzó a leer los diarios en plan de información, buscando de paso resquicios para darle con un caño a los pocos periodistas no complacientes. Después se puso al tanto de las últimas encuestas para calibrar la performance de su ambicionada reelección (o la de su bruja consorte), y a continuación recibió en sucesivas audiencias a madres, abuelas, hijos, tíos, sobrinos, cuñados, suegros y ahijados de plaza de Mayo, reavivando con ellos los nostálgicos recuerdos setentistas.

Finalizadas las audiencias, hizo un alto en el trabajo para lustrarse los mocasines e ir al baño, lugar donde infaliblemente mojaba fuera del tiesto por culpa de su estrabismo, que le impedía ver claro y medir correctamente las distancias.

A todo esto, la cobra seguía durmiendo plácidamente debajo del escritorio, sin que el presidente se percatara de su presencia. La última actividad matinal consistió en la firma de varios decretos, de los cuales el más importante fue el de educación sexual obligatoria en las escuelas, que trajo para su firma el ministro de educación. Al rato se incorporó a la reunión el ministro de salud, que de acuerdo con el de educación venía a pedir el aval presidencial para iniciar una gran campaña de reparto gratuito de preservativos y anticonceptivos en los jardines de infantes del conurbano bonaerense.

Cuando el presidente se disponía a firmar el aval, un gesto torpe hizo que la lapicera se le resbalara de los dedos y fuera a parar debajo del escritorio. El presidente se agachó y comenzó a tantear con la mano el piso tratando de encontrarla, pero en vez de la lapicera se topó con la coral, que despertándose furiosa clavó sus colmillos en uno de los presidenciales dedos, inoculándole todo el veneno que tenía.

El presidente lanzó un estridente alarido y se desmayó ipso facto, quedando tendido en el piso, frío y blanco como una lápida de mármol.

Los ministros de educación y salud, aterrados, miraron debajo de la mesa y descubrieron a la coral; entonces huyeron despavoridos, mientras le gritaban: ¡Genocida! ¡Represora! ¡Fascista! ¡Antidemocrática! Pero la coral no pudo oírlos, porque al picar al primer magistrado había muerto instantáneamente.

Su poderoso veneno no pudo prevalecer sobre la ponzoña presidencial, que estaba constituida por una mezcla letal de fluidos anticristianos, subversivos y apátridas de la peor laya, de esas que uno ni siquiera podría imaginar.

Tiburcio Ochoteco

7 de abril de 2009

El relativismo signa la agonía de un ciclo histórico


por Ismael Medina








eo que Barak Obama, el nuevo gurú que prometió sacar al mundo del atolladero de la actual recesión, apela a la honestidad de los dirigentes financieros y empresariales para escapar de la catástrofe. Les acusa de que sus abusos y codicia están en el origen de la crisis. Pero al propio tiempo respalda el aborto, la manipulación de embriones, la eutanasia y otras prácticas criminales que vulneran el orden natural e incluso principios éticos que en un tiempo defendieron algunos sectores laicistas menos exaltados o condicionados a los de ahora. Rodríguez, que se apunta a un bombardeo para ocultar su insondable vaciedad, toma prestadas las ideas ajenas que coyunturalmente le convienen, en este caso las del gurú Obama, para imaginar y hacernos creer que pisa fuerte en el G-20 y que lleva consigo la panacea para salvar al mundo de la hecatombe. Los argumentos que despliega en la página web de apoyo al camelo del Plan E son un burdo reflejo de los esgrimidos por Obama, con algún aliño de los defendidos por Sarkozy y Angela Merkel. Subido al poste del tancredismo, como la tortuga del chiste que circula por Internet, Rodríguez alardeaba de que “la cumbre (de Londres) marcará una nueva etapa” y confíaba en establecer un nuevo orden económico internacional mas justo, el cual garantizaría un sistema financiero “transparente, seguro, eficaz y fiable, capaz de erradicar los “incentivos” que han provocado los abusos y la codicia en el mundo financiero internacional. ¿Y en el nacional”. Rodríguez lo omitía, aferrado como está a la coartada de que nuestros males nos vienen de fuera y de que España es un oasis de seguridad financiera en el desierto internacional barrido por las tormentas de arena. Repite Rodríguez como un papagayo la retórica de Obama, se esfuerza por imitar sus recetas, se desentiende de la peculiar realidad interior y esconde que los abusos y la codicia, desembocados en una generalizada y devastadora corrupción, no provienen sólo de la especulación financiera y económica del gran capital, sino de su amparo por el poder político a cuyo frente lleva cinco años “por accidente” del que es prisionero y debe pagar.

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Id a Tomás. Principios fundamentales del pensamiento de Santo Tomás (14)




por Eudaldo Forment

Tomado de Gratis Date



14


La creación





egún esta visión tomista de la realidad, todos los entes creados por participar del ser y según una cierta medida de participación, que es su esencia, están, por ello, constituídos por la esencia individual, que es el constitutivo material, y el ser propio y proporcionado a ella, que es su constitutivo formal. Los dos constitutivos no son dos entidades, sino dos principios, que constituyen el ente. No son entes, pero son reales, porque se encuentran en el ente, y siendo éste real, también lo serán sus constitutivos. Si se determinara la composición del ente por otros dos entes, no se explicaría verdaderamente la entidad. Es posible hacerlo por estos dos constitutivos entitativos, que están en un orden distinto al del ente y al que trascienden.
La consideración del ente como participado implica la doctrina de la creación, o como dice Santo Tomás: «de ser ente por participación se sigue que ha de ser causado por otro» (STh I, 44, 1, ad l). Se advierte, si se tiene en cuenta que la doctrina de la participación en el ser explica la composición entitativa de las criaturas en esencia y ser propio o proporcionado a ella.
Desde esta original explicación de la estructura entitativa de los entes, puede concluir el Aquinate:«Es necesario que todas las cosas, menos Dios, no sean su propio ser, sino que participen del ser, y, por lo tanto, es necesario que todos los entes, que son más o menos perfectos en razón de esta diversa participación, tengan por causa un primer ente que es del todo perfecto» (STh I, 44, 1, in c.).
Crear, en sentido propio, consiste en hacer algo de la nada. Sólo Dios, potencia infinita, «saca las cosas de la nada al ser» (I, 45, 2). Sin embargo, a diferencia de las acciones de las criaturas, este «hacer» y «sacar» no suponen «una mutación entre dos términos positivos» (I, 45, 2, ad 3), porque «la creación no es una mutación» (I, 45, 2, ad 2).
En su doctrina de la creación, Santo Tomás, asume el ejemplarismo agustiniano, que puede considerarse otro principio fundamental de su sistema, aunque no esté recogido en las XXIV Tesis, como tampoco los dos anteriores sobre el bien y el ser. San Agustín, por no considerar que la acción creadora de Dios hubiera sido irracional, admite la existencia de Ideas eternas, de las que las cosas existentes en el mundo son pálidos reflejos. De ahí que tales ideas sean los modelos o ejemplares de todas ellas, tanto de las específicas como las individuales.
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Cultura tachada


por Juan Manuel de Prada

Tomado de XLsemanal







ace algún tiempo publicaba en esta misma revista un artículo titulado Las gafas de Castellani, en el que daba cuenta de mi descubrimiento de un escritor argentino portentoso, Leonardo Castellani (1899-1981), condenado al olvido por los repartidores de bulas del cotarro cultural. Aquel artículo cayó providencialmente en manos de los editores de LibrosLibres, que en un rapto de entusiasmo temerario me encargaron la preparación de un volumen de artículos de Castellani. El libro, bajo el título de Cómo sobrevivir intelectualmente al siglo XXI, se publicó hace unos meses; y aunque, como era previsible, se tropezó con un espeso muro de silencio en la mayoría de los medios dedicados a la difusión cultural, ha sido un éxito de ventas y, lo que todavía es más importante, un estímulo para sus editores, que seguirán divulgando en posteriores entregas la obra de Castellani.
La semana pasada conversaba con Antonio Arcones, editor de Ciudadela Libros, un sello que también se distingue por proponer a sus lectores alternativas a la asfixiante hegemonía instaurada por los repartidores de bulas. En su catálogo figuran obras suculentas de autores tan relevantes como G. K. Chesterton (Lo que está mal en el mundo), Hilaire Belloc (María Antonieta, Europa y la fe) o Chateaubriand (El genio del cristianismo); obras que, más allá de preconizar una visión del mundo adversa a la que se enseñorea de nuestra época, poseen una envergadura literaria incuestionable. Arcones, con más resignación que enojo, me confirmaba algo que yo ya sospechaba: tampoco sus libros hallan eco en la mayoría de los medios dedicados a la difusión cultural; no sólo entre los que han hecho de su beligerancia contra la tradición cristiana un rasgo de identidad, sino también entre los que enarbolan la bandera de la liberalidad, y hasta entre los que se declaran depositarios o herederos de dicha tradición. Este ninguneo casi unánime se perpetra, además, a sabiendas de que existe un público numeroso para tales libros, compuesto no sólo por aquellas personas que no se adhieren al ideario triunfante, sino también por esa especie numantina de lectores (los únicos lectores verdaderos, convertidos ya en una rara avis) que aún no se guían por los designios del sectarismo ideológico, sino por la curiosidad de los espíritus libres.
¿Y cómo puede explicarse que, existiendo una demanda natural, tales libros sean sistemáticamente orillados, relegados a la sombra, tachados por los administradores de bulas que rigen el cotarro cultural? ¿Cómo se explica que los medios dedicados a la difusión cultural, aun aquellos que presuntamente defienden posturas liberales o conservadoras, colaboren con gregaria complacencia en esta estrategia de ocultación sistemática? Pues porque tácitamente han aceptado que la llamada ‘cultura de izquierdas’ es la única cultura posible; y que postular otra cultura, o simplemente confrontar esa cultura hegemónica con otras alternativas, constituye una suerte de ‘condena a las tinieblas’, una expulsión del paraíso del compadreo y las prebendas oficiales. Los editores que renuncian a publicar un libro que desafía los presupuestos de la cultura dominante, como los medios de comunicación que ocultan su existencia, saben perfectamente que están contrariando las leyes más elementales del mercado, saben que están desdeñando a un público numeroso con una sensibilidad no enteramente estragada por la cultura dominante. Pero prefieren renunciar a ese público, prefieren desatender una demanda y sepultar todo un continente de descubrimientos estéticos y culturales antes que provocar las iras del establishment, antes que ser apartados del reparto de migajillas.
Toda esta estrategia de ninguneo cultural sistemático discurre paralela, por supuesto, a la exaltación gregaria de la filfa que los repartidores de bulas nos venden a bombo y platillo. Tal ejercicio de adhesión lacayuna al canon establecido carecería de relevancia –a fin de cuentas, será el tribunal de los siglos el que dictamine lo que merece sobrevivir al olvido– si no fuera porque, entretanto, se está fomentando una oprobiosa forma de ingeniería social. Que a esto nos conduce el calculado sectarismo de los unos y la complaciente pusilanimidad de los otros: al silencio de los corderos, que caminan en rebaño y balan la misma canción.

6 de abril de 2009

Cello Concerto, for cello, strings & continuo in A minor, RV 419.


Antonio Lucio Vivaldi (1678 - 1741).



Il Giardino Armonico.
Christophe Coin (cello). Dir: Giovanni Antonini.














ter the violin and bassoon, Vivaldi apparently like the cello best as a solo instrument. Because while the Italian Baroque master wrote somewhere over 200 violin concertos and 39 bassoon concertos, he also wrote 28 cello concertos. Part of his special affection may come from the fact that Vivaldi himself seems to have invented the genre. Although there had been passages for solo cello in earlier composers' works, Vivaldi apparently wrote the first actual concertos featuring the cello throughout.




I. Allegro.




II. Andante.




III. Allegro.

Las diferentes fuerzas políticas ante la Revolución Nacional




Discursos del Dr. Antonio de Oliveira Salazar



CAPITULO VIII

Las diferentes fuerzas políticas ante la
Revolución Nacional








En el acto de la toma de posesión de los elementos directivos de la Unión Nacional, el día 23 de Noviem­bre de 1932 pronunció el Dr. Oliveira Salazar el dis­curso que sigue. La severidad con que se dirigió el ya entonces Jefe del Gobierno a los partidos en que pa­recía lógico hubiera de apoyarse, suscitó los más apa­sionados comentarios. En rigor, el nuevo Presidente no buscaba más que ponerse enfrente de todos los grupos, para poder actuar con todas las fuerzas polí­ticas y sociales, sin otra mira que el interés general de la Nación.



e leído con frecuencia en los discursos polí­ticos vehementes invocaciones a la unión de los portugueses. Su necesidad se apoyaba siempre en las dificultades internas o externas, en los peligros que corría la Nación, en la especial de­licadeza del momento histórico que se atrave­saba y que no permitía alteraciones, cambios ni reformas. De ese modo acostumbraban los go­biernos a aquietar a sus enemigos, reforzar transitoriamente sus posiciones y alargar un poco su vida. Esta consideración me infunde algún recelo respecto a la interpretación que se pueda dar a lo que voy a decir. Me anima, sin embargo, el hecho de ser bien visibles los ma­les y peligros presentes, y que mi llamamiento no tiene por objeto salvar a los hombres, a los grupos o a los partidos, sino a la Nación y sus intereses vitales en el orden material, en el or­den político y en el orden moral. Vivimos en Portugal una pequeña parte del drama del mundo. Se quebró hace mucho tiem­po la unidad moral de las naciones; concluye­ron los años de sereno progreso, de gobiernos estables, de vida reglamentada, satisfecha y pacífica.

Concepciones filosóficas, enterradas hace tiempo, tornan a un primer plano, con as­pectos nuevos, pretendiendo resolver los más arduos problemas; en medio de las dificultades de todo orden, los hombres se sienten oprimi­dos en el círculo de hierro de sus verdades tra­dicionales y de sus viejos errores, perdiendo la fe en las primeras, y comenzando otra vez a no renegar de los segundos. Las transformaciones por las cuales atraviesa la vida económica van suscitando paralelamente cuestiones y dificulta­des en el orden social. Esas transformaciones y esas concepciones diferentes de la vida buscan su expresión o su correspondencia en el campo político y en la organización de los Estados. Presenciamos la caída de instituciones que no hace mucho tiempo estaban en pleno favor, o contemplamos su funcionamiento difícil, preca­rio, intermitente, bajo la presión de nuevas ne­cesidades no satisfechas y de vagas aspiracio­nes que procuran definirse. Como siempre ocurre en estas virazones de la historia, unos, alucinados por la fascinación de la novedad y olvidados de la antigüedad del mundo, donde tantas cosas se han experimen­tado ya, niegan todo valor al presente y al pa­sado, y quieren construir un mundo entera­mente nuevo, mezcla incongruente de propósi­tos generosos, cándida inexperiencia y senti­mientos regresivos de baja animalidad humana; otros, enquistados en las posiciones e ideas adquiridas y en los prejuicios de «su tiempo», ven en todo lo que el porvenir trae en su seno, errores, crímenes y desgracias, y se oponen te­nazmente a toda renovación o reforma, porque las ideas e instituciones en que se criaron y vi­vieron tienen para ellos la belleza y la virtud de las verdades eternas.

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Para leer el discurso completo haga click sobre la imagen del gran estadista lusitano.

Arantza Quiroga



por Juan Manuel de Prada


Tomado de ABC





OS voceros del Mátrix progre han reaccionado como la niña del exorcista ante unas declaraciones de la nueva presidenta del parlamento vasco, Arantza Quiroga, en las que se atreve a formular sin ambages su defensa de la vida desde la concepción y su acuerdo con las declaraciones recientes del Papa que solicitaban una humanización de la sexualidad. Pero la frase de Arantza Quiroga que más pataletas ha causado en el Mátrix progre es aquella en la que, sin juzgar lo que cada quisque haga con su vida, afirma: «Yo nunca usaría el preservativo». Lo cual, considerando que Arantza Quiroga es una mujer casada, significa algo tan simple como que aboga por la fidelidad conyugal; pero algo tan simple como abogar por la fidelidad conyugal constituye, por lo que se ve, un pecado gravísimo en el Mátrix progre, que se ha apresurado a calificar a Arantza Quiroga de ultraconservadora, ultracatólica y no sé cuántas soplapolleces más.
Arantza Quiroga reclama que se respete su opción de vida, como ella respeta otras formas de vida, sin que se la moteje de friqui. Arantza Quiroga encarna una opción de vida que, en efecto, el Mátrix progre escarnece y denigra incansablemente, señalando a las personas que la practican como peligrosos subversivos. ¿Y por qué lo hace, si a fin de cuentas esa opción de vida constituye una elección personal que no anhela imponerse sobre otras? Por una sencilla razón: el Mátrix progre persigue la virtud, pues sabe bien que la virtud es una formidable coraza contra su dominio; pero a la vez que la persigue la envidia, porque, en su fuero íntimo, las personas sin valores codician los valores que no alcanzan, como la zorra de la fábula codicia el racimo de uvas. Pero como esos valores le resultan inalcanzables, el Mátrix progre empieza por desdeñarlos rencorosamente, como hace la zorra de la fábula, convenciéndose de que las uvas están agraces. Más tarde, el Mátrix progre odia esos valores, los odia con minuciosidad y encono, y finalmente trata de invertirlos, retratando caricaturescamente a las personas virtuosas como seres repelentes o hipócritas.
Una prueba de este proceso mental -ampliamente estudiado por la psicología-, que hunde sus raíces en el resentimiento más infame y cochambroso nos la ofrecía la semana pasada el gran estadista Pepiño Blanco, cuando afirmaba que las personas que encabezaban la manifestación contra el aborto son las mismas que luego abortan de tapadillo. Como el gran estadista Pepiño Blanco es incapaz de alcanzar el bien que movía a las personas que se manifestaban contra el aborto, necesita rencorosamente ensuciar ese bien, inalcanzable para él, e invertirlo, echando mano si es necesario de la infamia más burda y rastrera. Y una explicación psicológica semejante requiere la furiosa reacción del Mátrix progre ante las declaraciones de Arantza Quiroga. Nada consuela tanto al Mátrix progre como respirar una atmósfera donde la gente chapotea en los lodazales de la corrupción, convertida en piara; una atmósfera donde hasta las personas nobles se avergüenzan de su nobleza. Y nada le subleva tanto al Mátrix progre como una persona noble que desafía ese mandato de silencio, proclamando sin ambages su opción de vida.
Arantza Quiroga ha tenido valor para desafiar ese mandato de silencio. Y, para más inri, es inteligente, desenvuelta y hermosa: no concuerda con ese arquetipo de friqui lerdo, reprimido y más feo que Picio que el Mátrix progre ha impuesto caricaturescamente para caracterizar a las personas nobles. Auguro que Arantza Quiroga será perseguida con minuciosidad y encono por el Mátrix progre; pero también auguro que se convertirá en un espejo gozoso para muchas personas huérfanas de un modelo de nobleza. Zorionak, Arantza!

900 euros al mes



por Arturo Pérez-Reverte


Tomado de XLsemanal

NdE: Cualquier parecido con la realidad argentina no es casualidad.





l otro día escuché a la ministra de Educación. Me parece que era ella. Y si no, da igual. Sería otra pava que hablaba como la ministra de Educación. Títulos, por cierto, el de ministra y el de Educación, que en España parecen sarcasmos. O que lo son. La oí satisfecha de esto y aquello, goteando agua de limón, encantada de que, gracias a ella y sus colegas, el nivel cultural y educativo de los españoles de España vaya a estar a la cabeza de Europa de aquí a nada, e incluso antes, merced a su buen pulso y a sus previsiones astutas, que tienen rima. Con rutas y con virutas. Después, en el mismo telediario, creo, escuché a un ministro de Economía –por llamarlo de alguna forma– que anda camuflado y con gafas de sol, pese a lo arrogante que era en otro tiempo, después de pasar una larga temporada justificando lo injustificable. Y me dije: hay que ver, Arturete, qué poco trecho va, en esta perra vida, de fulano respetable a ministro, y de ahí a marioneta o sicario. Pero lo que me tocó el trigémino fue que ambos, ministra y ministro, mencionaran a los jóvenes y el futuro, en sus respectivos largues, sin despeinarse. Esos jóvenes llenos de futuro por los que tanto curran. Y se desvelan.

Así que voy a proporcionarles hoy, para facilitar un poquito el desvelo, el retrato robot de uno de esos jóvenes por los que cada día, en los ministerios correspondientes, se rompen abnegadamente los cuernos. Puede valer como ejemplo una de las cartas que me llegaron esta semana: la de una chica de 28 años que trabaja en una tienda de Reus cobrando 900 euros al mes. Con novio desde hace dos años. Un chaval noblote y atento, pero con quien no puede irse a vivir, como quisiera, entre otras razones porque él lleva ya seis meses en el paro; y ella, por su parte, carga en su casa con todo el peso de la economía familiar.

Porque esa es otra. Con la chica viven su padre y su madre. Ésta, enferma de epilepsia, después de trabajar quince años sin que la dieran de alta en la Seguridad Social, no tiene trabajo, ni ayuda, ni pensión; y los setenta euros que se gasta cada mes en medicinas –un hachazo para la mermada economía familiar– tiene que dárselos su hija. Había en casa una cuarta persona, segunda hija, estudiante, que trabajaba cuando podía hasta que también se quedó sin empleo, y tuvo que irse a vivir a casa de su novio, con la familia de éste, porque en su casa una estudiante era una boca más y no había modo de mantenerla.

En cuanto al padre, nos vale también para retrato robot del español medio. Echado a la calle de la empresa donde estuvo veinticinco años trabajando, perdió el juicio, como cada vez, o casi, que un trabajador se enfrenta en solitario a una multinacional. Después tuvo que pagar las costas procesales y la minuta del abogado, y ni siquiera pudo cobrar el finiquito. Ruina total. Tuvo que dejar el piso que ya estaba casi pagado, malvender el camión con el que trabajaba, liquidar letras e irse a vivir a un sitio más modesto, pagando 900 euros mensuales de hipoteca más gastos de comunidad. Al cabo de un tiempo de estar en el paro consiguió, temporalmente, un trabajo de seis días a la semana llevando un tráiler al extranjero, por 1.600 euros mensuales que, descontados seguros, hipoteca, comida, teléfono e impuestos, no alcanzaban a pagar la luz, el agua y el gas. Pero ese dinero lo dejó de cobrar al quedarse de nuevo en paro por la crisis –ésa que no iba a existir, y que ahora sólo durará, afirman, un par de telediarios–. Y resulta, para resumir, que un hombre que ha trabajado toda su vida, desde los catorce años, se encuentra a los cincuenta y tres con que el mes que viene no puede pagar la hipoteca de la humilde vivienda donde se refugió tras perder el primer trabajo y la otra. Porque no tiene los cochinos 900 euros cada mes. Porque resulta que el único dinero que entra en casa, justo esa cantidad, es el que gana su hija: la joven cuyo futuro maravilloso planean con tanto esmero y eficacia la ministra de Educación, el de Economía y el resto de la peña. Y esa chica, con el sueldo miserable que percibe por trabajar ocho horas diarias seis días a la semana, con la casa familiar puesta a su nombre –el padre, comido de embargos, no pudo ponerla al suyo–, tiene ahora la angustia añadida de que, con los tiempos que vienen, o están aquí, en la tienda entra menos gente, y cualquier día pueden cerrarla y ponerla a ella en la calle. Y mientras, mantiene a su padre y a su madre, paga la luz, el agua, el gas y el teléfono, compra comida y lleva un año sin permitirse un libro o un revista, ni ir a un museo –los cobran– ni al cine, ni salir con su novio un sábado por la noche. Porque no puede. Porque no tiene con qué pagarse, a los veintiocho años y con una carrera hecha, trabajando desde hace cuatro, una puta cerveza.

Así que ya ven. Barrunto que la ministra de Educación, y el de Economía, y la ilustre madre que los parió, no hablan de los mismos jóvenes. Ni de la misma España.

Los insólitos homenajes a Raúl Alfonsín


Por Nicolás Márquez

Nicolás Márquez (lamentiraoficial@yahoo.com.ar www.nicolas-marquez.com.ar) es abogado, periodista y escritor. Su último libro se titula El Vietnam argentino-La guerrilla marxista en Tucumán.

Visto en Santa Iglesia Militante y tomado del blog del autor




on sorpresa, estamos asistiendo a un sinfín de actos, adulaciones y publicaciones en honor a la trayectoria del ex presidente Raúl Alfonsín, quien se consagrara como tal en diciembre de 1983.
Poseedor de una oratoria tan enérgica como insustancial, su discurso demagógico no exento de notable habilidad para arrancar encendidos aplausos de la muchedumbre, durante su campaña recolectora de votos en 1983, supo embaucar a una multitud que, horrorizada por la lista que, por entonces ofrecía el peronismo, volcó sus preferencias por el presunto mal menor.

Tras ganar las elecciones, Alfonsín, lo primero que hizo al asumir, fue llevar adelante un revanchismo contra el gobierno cívico-militar saliente (cuyo golpe de Estado, en marzo de 1976, fuera apoyado y aprobado por la UCR, la cual comandó 310 intendencias, durante el gobierno del presidente Jorge Rafael Videla), impulsando un juicio a las cúpulas castrenses a través del decreto 158/83 (atropellando la independencia del Poder Judicial), cuya letra, además, contenía la condena en el decreto mismo. Maliciosamente, toda su revisión sobre el pasado (a la sazón bien reciente) fue impuesta a partir del 24 de marzo de 1976 y no se revisó una coma de todas las responsabilidades y felonías cometidas tanto por el terrorismo subversivo como por la partidocracia, antes de dicha fecha.

Salvo excepciones, los medios televisivos se mantuvieron en manos del Estado, a efectos de controlar la prensa, llevando adelante una profusa campaña psicológica de inequívoca tendencia marxista, dentro de la cual se atentó contra la libertad de prensa, encarcelando a periodistas opositores como Daniel Lupa, y se descubrió una lista negra de 30 periodistas (entre ellos, Rosendo Fraga y Carlos Manuel Acuña), con la orden de encarcelarlos por no compartir la filosofía del régimen, y cuyas detenciones finalmente se frenaron con motivo del escándalo acaecido. Hasta un personaje de la frivolidad, como Mirtha Legrand, tuvo problemas profesionales, teniendo que mudar de canal, por cometer el delito virtual de no adular al mandón favorito de la socialdemocracia latinoamericana.

En los años 70, fue simpatizante y abogado de los terroristas del ERP y mantuvo aceitados contactos con el terrorismo montonero, a varios de cuyos miembros agasajó con afectuosos almuerzos (entre ellos, al indultado Miguel Bonasso), en agradecimiento por haber colocado en sus órganos de prensa a su discípulo Leopoldo Moreau. Incluso, fue acusado de participar en la negociación a favor de la guerrilla, en el caso del secuestro y crimen de lesa humanidad del empresario Oberdán Sallustro, a la sazón víctima del ERP.

Con estos antecedentes setentistas, durante su mandato, las deliberadas simpatías para con la guerrilla marxista no cesaron y jamás se promovió un solo juicio a un terrorista, dedicando toda su gestión a humillar a los militares, quienes, paradójicamente, en enero de 1989, lo salvaron del intento de golpe de Estado perpetrado por el ataque terrorista de la organización MTP (Movimientos Todos por la Patria), por entonces comandado por el asesino serial y ex guerrillero Enrique Gorriarán Merlo.

En política internacional, de la mano del canciller socialista Dante Caputo, la Argentina tuvo relaciones carnales con las tiranías marxistas de la época, votando, incluso, ante la ONU, en la Comisión de Derechos Humanos, en marzo de 1987, de manera negativa en la acusación que pesaba sobre Cuba por sus consabidas violaciones a los de derechos humanos. Es más, la empobrecida Argentina alfonsinista otorgó créditos incobrables a Nicaragua y Cuba por 400 y 600 millones de dólares, respectivamente. Asimismo, en su afán por consolidar lazos con los despotismos de la época, en avieso desprecio por la democracia y el sistema republicano, firmó "convenios culturales" con países de la talla de la República Argelina (3/12/84), Nicaragua (16/2/84), Cuba (9/8 y 13/11/84), Rusia (26/1 y 26/86) y Bulgaria (29/7/86).

Para júbilo de los delincuentes, Alfonsín fue también el padre del garantismo penal, promoviendo la sanción de las leyes 23.050 y 23.077, las cuales ampliaban la eximición de prisión y disminuían las penas para el infanticidio, ocupación de inmuebles y muchos otros delitos.

En cuanto a la administración de la cosa pública, la burocracia y el despilfarro socialista se expandieron desmesuradamente, y de ocho secretarías de Estado se pasó a 42; de 20 subsecretarías, a 96 y se nombró a 280.000 agentes públicos. Ferviente admirador del eurocomunismo, Alfonsín logró que, en 1985, el 50% de los medios de producción estuvieran en manos estatales y la Argentina se constituyó, poco después, en el país no comunista de mayor estatismo del mundo, secundando a Méjico.

En dicho lapso, se inauguró, además, la execrable práctica clientelista consistente en traficar miseria con "planes sociales", los cuales, por entonces, estuvieron materializados en las famosas "cajas de PAN", las que fueron quintuplicadas con motivo del desparramo de miseria que generó su "administración", cuya cartera de economía fue mayormente capitaneada por Juan Vital Sourrouille.

Tan amante de la oratoria como de la pereza laboral, en 1986, por ejemplo, pronunció 130 discursos (uno cada dos días) y concurrió a su despacho 2,3 días por semana.

En materia económica, tras pulverizar el signo peso, en 1985, lanzó el tristemente célebre plan Austral, un programa estatista basado en la emisión de moneda sin respaldo y controles de precios, el cual, por su perversión intrínseca, obviamente implosionó de manera dramática, y, para paliar los destrozos económicos y financieros, el "equipo de lujo" que lo asesoraba (así calificó públicamente a sus ministros, que no dejaron institución por destrozar) lanzó otra "genialidad": el "Plan Primavera", inaugurado el 3 de agosto de 1988. El cual no era otra cosa que una renovada aventura socialista que derivó en la hiperinflación más alta de la historia argentina. Desde el 10 de diciembre de 1983 hasta su abandono del poder, el 8 de julio de 1989, la inflación acumulada fue del 664.801 por ciento, la más alta en la historia mundial, después de la Segunda Guerra Mundial. La depreciación monetaria fue del 1.627.429 por ciento, y, entre el 6 de febrero y el 8 de julio de 1989, el Austral (signo monetario de entonces) se devaluó un 3.050 por ciento.

Durante los cinco años y medio de gestión "progresista", el poder adquisitivo se desplomó entre un 107 y un 121 por ciento. La deuda externa recibida al comenzar su gestión arañaba los 40 mil millones de dólares, mientras que, cuando huyó de su cargo, dejó al país con 67 mil millones de dólares de deuda externa, treinta mil millones de dólares de deuda interna (ambos guarismos fueron unificados en los años 90), y sólo 38 millones de dólares de reserva en el Banco Central, con el país en default y la gente peregrinando despavorida por los desabastecidos mercados, para poder arrancar un paquete de azúcar o de yerba de las góndolas semivacías de la década del 80.

Durante los últimos tramos de su "gestión", en el país no había luz (la televisión empezaba a las 17, para que la gente no consumiera corriente eléctrica), no había agua, no funcionaban los teléfonos, peligraba la reserva de gas y, en tanto, Alfonsín seguía soñando en quedar en el olimpo de los próceres divagando con "el traspaso de la Capital a Viedma" y otros emprendimientos faraónicos. La sociedad empobrecida y angustiada escuchaba atónita el cúmulo de tonterías verbalizadas por el presidente-desertor, quien se escapó de su cargo seis meses antes de lo que ordenaba la Constitución Nacional, cuyo preámbulo se cansó de recitar en su campaña electoral, a efectos de hacerse pasar por un "gran demócrata", que, además, no lo fue.

Tras su fuga, se dedicó a perturbar la política nacional desde fuera del poder institucional, destruyendo la Constitución Nacional en el ominoso "Pacto de Olivos" que él acordó con el entonces presidente Carlos Menem, y que fuera la antesala de la pésima reforma constitucional de 1994.

Ya en el año 2001, asociado implícitamente con Eduardo Duhalde, formó parte de la conspiración desestabilizadora que acabó en el derrocamiento de su par y correligionario, el presidente Fernando de la Rúa.

Hoy, preso de la vejez y de una grave enfermedad, a través del grueso de los medios de comunicación, periodistas, políticos, funcionarios y politólogos de las más diversas tendencias y orígenes se encargan de homenajear y cantar loas a su trayectoria. Es sano y humano compadecerse con quien padece una enfermedad o por cuestiones biológicas alcanza la vejez, pero una cosa es practicar la caridad y otra bien distinta ensalzar una trayectoria plagada de horrores y características negativas, puesto que esto último no sólo constituye un premio inmerecido, sino que, además, se falsea la historia otra vez, pretendiendo hacer pasar por estadista a quien fuera uno de los peores gobernantes de la triste historia argentina.

5 de abril de 2009

Nuestras felicitaciones a un blog hermano









Misa tridentina en Portugal ha superado sus 30.000 entradas.

¡Nos alegramos por ello!

Pueri Haebreorum / Lauda Jerusalem Dominun

Aficionados al canto gregoriano.
Grupo Gadium Nostrum

Pueri Haebreorum






Tomás Luis de Victoria
(h. Ávila 1548 - Madrid 1611)
Officium Hebdomadae Sanctae Roma 1585
Pueri Hebraeorum.

La Colombina - Schola Antiqua


Pueri Hebraeorum vestimenta prosternebant in via et clamabant dicentes: Hosanna Filio David, benedictus qui venit in nomini Domini.

Los niños de los judíos extendían sus vestidos en el camino y gritaban diciendo:

¡Alegría por el Hijo de David; bendito el que viene en el nombre del Señor!







Vigília a Santa Cecília
S. Martinho do Campo - Valongo
22/11/2008






Gemma Bertagnolli, Roberta Invernizzi

Antonio Vivaldi: Lauda Jerusalem


Hombres sin esperanza




por Juan Manuel de Prada
Tomado de ABC



n el prólogo de Divina economía, un libro altamente recomendable del teólogo metodista Stephen Long publicado por la editorial Nuevo Inicio, el arzobispo de Granada Francisco Javier Martínez propone algunas reflexiones muy agudas que explican la causa profunda del ocaso del pensamiento católico y, en general, del proceso de secularización interna de la Iglesia. Esta causa no es otra que la aceptación de un dualismo que divide la realidad en dos planos, uno natural y otro sobrenatural. La aceptación de este dualismo, que es una capitulación gravísima de la fe, fue condenada por Santo Tomás, en su polémica con Siger de Brabante, quien afirmó que existen dos verdades contrapuestas (la verdad sobre el mundo sobrenatural y la verdad sobre el mundo natural) y que nuestra cabeza puede dividirse en dos; de tal modo que, con una parte de la cabeza, el hombre puede creer a pies juntillas en la intervención de lo sobrenatural y con otra descreer absolutamente. O, expresado de forma más expeditiva, que un creyente puede hacer profesión de fe y, a la vez, adentrarse en el conocimiento de la realidad prescindiendo de esa fe.
La aceptación de este dualismo se hace hoy dolorosamente presente en la incapacidad de los católicos para formular un juicio teológico sobre la crisis económica. Pues, como afirma Francisco Javier Martínez, «aun cuando muchos cristianos hacen juicios sobre ella, los hacen con frecuencia desde las propias categorías que han dado lugar a la economía moderna, es decir, desde dentro de ella, sin examinar suficientemente los presupuestos antropológicos o, más precisamente, teológicos que la hacen posible en primer lugar. Esos presupuestos son la causa principal de su fracaso humano. La economía moderna no promueve ni logra una humanidad mejor. En ese sentido, la economía moderna ha sido y sigue siendo un disfraz de Moloch, el ídolo al que se sacrificaban, y se siguen sacrificando hoy dulcemente, alegremente, pasivamente, consentidamente, millones de vidas humanas». En el origen de este dualismo subyacen causas de naturaleza exógena (el liberalismo considera que las incursiones teológicas en la economía son residuos irracionales), pero también endógena. Y entre estas últimas habría que mencionar, en primer lugar, que la Iglesia católica está renunciando, en su predicación y catequesis, al horizonte escatológico; y, despojada de ese horizonte, la fe que transmite se está convirtiendo paulatinamente en un aguachirle moralista que convierte a los católicos en hombres sin esperanza.
Esta renuncia al horizonte escatológico impide a los católicos penetrar la verdadera naturaleza de la tribulación que hoy estamos sufriendo. Y no me refiero tan sólo a la crisis económica, sino a otros acontecimientos de naturaleza aún más oscura (ahí tenemos, por ejemplo, el rampante furor abortista, otro Moloch en cuyo altar se sacrifican millones de vidas) que están demandando una explicación unitaria de índole sobrenatural. He escuchado a muchos católicos pánfilos calificar tales acontecimientos oscuros como «cortinas de humo»; en donde se demuestra que la gangrena del dualismo no sólo impide el ejercicio intelectivo, sino que incluso atrofia el sentido del olfato, porque esas pretendidas cortinas de humo hieden a azufre. Para combatir este dualismo es precisa una conversión, una metanoia, que literalmente significa «cambio de mente». O los católicos vuelven a ensamblar su cabeza, pensando profundamente la verdad unitaria de las cosas, o no podrán hallar una solución esperanzada a la turbia realidad que se nos viene encima. Pero para eso hay que empezar a hacer luz, disolviendo la gran fábrica de humo del dualismo, que nos ha encadenado a una realidad sin horizonte escatológico.

Alfonsín no es el Padre de la Democracia....




ES UNO DE SUS HIJOS

por el Dr. Aníbal D´Angelo Rodríguez


Tomado de Catapulta





ace mucho tiempo que los sociólogos inteligentes (Tocqueville, Pareto, Mosca) advirtieron sobre lo que en verdad es la democracia moderna, más allá de la mitología enternecedora para espíritus bienpensantes del tipo de Grondona, Botana, Fraga.
Una de las muchas cosas que advirtieron fue la paulatina degradación del personal que la democracia recluta para las tareas de gobierno.
El argumento es este: si Usted pone un brete por el que tiene que pasar obligatoriamente ese personal, luego no se asombre de que todos los que lo pasan tenga la medida de ese brete. Si Usted recluta el personal mediante una carrera dentro de un partido, lógicamente lo que salga será a la medida de esa exigencia. ¿Y qué es un partido político moderno? Un espacio de pequeñas intrigas, de zancadillas, de alianzas que se tejen y se traicionan, de maniobras al borde de lo legal, de influencias basadas en las peores condiciones humanas. ¿Parece esto una caricatura? Si, puede que un Partido no sea SOLO eso, pero todo está presente y es muy fácil demostrarlo.
¿Qué sucederá? Que de ese brete se irán excluyendo todos los magnánimos, todos los hombres de verdadero valor. En muchos casos, probarán suerte pero terminarán por irse, disgustados con las cosas y las personas con las que tienen que convivir.
No hay ningún sistema de selección tan malo ni tan bueno que no permita de vez en cuando una excepción. Por eso a veces pasa alguien un poco mejor. Pero no cambia el fondo del asunto. Un sistema malo recluta gente inferior en mayoría.
Alfonsín es, pues, un hijo de este sistema. Uno de sus “méritos” era su voz abaritonada que permitía (a los previamente convencidos) creer que decía cosas importantes. Era un típico hijo del comité, un mediocre total que jamás entendió lo que el país verdaderamente necesitaba en 1983. Ni en cuanto a lo político, ni en lo económico, ni en nada. Por eso su presidencia es una seguidilla de fracasos y frustraciones y su huída el lógico resultado de esa seguidilla, no un accidente.
Es curioso - e ilustrativo - que se exhiba como un mérito la honradez. Muy enfermo está un sistema que haya llegado a celebrar como un triunfo que sus seleccionados no roben. Y en efecto, eso es todo lo que se puede rescatar de Raúl Ricardo Alfonsín.

5 de Abril, Festividad de San Vicente Ferrer






a vida de los santos, aparte de ofrecernos un ejemplar e irrecusable testimonio de heroicas virtudes, manifiesta siempre el empeño providencial de Dios en la historia humana y en la vida de la Iglesia, tanto que la presencia de algunos santos no se explica sin esa misión providencial. Ellos han polarizado muchas veces en su vida determinados períodos de la historia y su influencia espiritual o social ha configurado los perfiles de ciertos momentos y estilo de vida, y hasta han pesado definitivamente a la hora de dar solución a las crisis de su tiempo. Cierto igualmente que, por ese mismo canon providencial que Dios impone a los acontecimientos humanos, también los santos se han visto condicionados en sus actos por las circunstancias en que se movieron. Todo esto da sentido y justificación a la vida de San Vicente Ferrer y nos evita caer en una interpretación simplista y unilateral de su portentosa obra. La visión exclusivamente milagrera de su figura, por la que han discurrido durante muchos años la tradición y la leyenda, contribuyó a desenfocar la plenitud auténtica y la realidad total de la vida de San Vicente, hasta tal punto que algún historiador moderno se atrevía a decir que cada circunstancia de su vida fue un milagro. Hoy, con sana crítica y juicio sereno, no podemos admitir esa visión colorista que nos ha dado a un San Vicente Ferrer opulento despilfarrador de milagros, aun cuando sería insensatez negar la realidad de su poderosa taumaturgia. Pero no debemos hacer de sus copiosos milagros una peana para colocar sobre ella la vida del Santo.San Vicente Ferrer nació en Valencia el 23 de enero de 1350, en el seno de una familia de ascendencia gerundense. Su padre, Guillermo Ferrer, era notario. La casa natalicia de Vicente distaba muy poco del Real Convento de Predicadores, donde los hijos de Santo Domingo de Guzmán se habían establecido por singular gracia del rey Don Jaime el Conquistador, recién conquistadas para la fe las tierras de Valencia. El gran prestigio que siempre tuvieron en aquella capital los frailes predicadores, el contacto habitual que nuestro Santo debió tener con ellos desde su niñez y el interior llamamiento de Dios determinaron en Vicente la resolución de vestir el hábito blanco y negro de los dominicos. Tal suceso tuvo lugar en el Real Convento de Predicadores el 5 de febrero de 1367, y el día 6 del mismo mes del año siguiente emitió los votos de su profesión religiosa.
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Como se pide


"Como seguidor entusiasmado de su magnifico blog quisiera compartir una noticia que espero sea de su interés. La Asociación VIA VICENTIUS VALENTIAE , que presido , está recuperando un camino histórico de Roda de Isábena a Valencia que rememora los pasos de San Vicente Mártir , patrón de Valencia y de Lisboa, cuando en el siglo IV fue apresado en Zaragoza junto al Obispo Valero por los soldados romanos enviados por el Cónsul Daciano y trasladado a Valencia para sufrir martirio ante la negativa a renunciar a su fe. Así la difusión del conocimiento de este hecho provocó en los siglos siguientes una corriente de peregrinaciones desde toda Europa hasta Valencia para visitar los restos del mártir en San Vicente de la Roqueta , convirtiéndose este fenómeno en algo muy anterior a las peregrinaciones medievales a Santiago de Compostela.
Todos los detalles del Camino de San Vicente Mártir, que discurre desde Roda de Isábena, hasta Traiguera, donde enlaza con la antigua Via Augusta hasta llegar a Valencia en un camino de unos 750 km , y multitud de aspectos históricos y leyendas del santo pueden consultarse en las webs que la asociación ha creado en Internet:
http://www.caminodesanvicentemartir.es/ y http://viavicentius.blogspot.com/. En ellas, junto a la información práctica como mapas y perfiles de la ruta, el peregrino puede acceder a consejos para caminantes, un foro especializado y abundantes datos sobre la biografía de San Vicente Mártir y el arte o la arquitectura dedicados al Santo, además de consultar la Carta Vicentina y el Libro de Peregrinos, e incluso obtener la Credencial Vicentina. Asimismo realizamos reportajes , videos y artículos que pretenden difundir la historia del santo. Se insiste particularmente en la idea de que este es un gran proyecto de recuperación histórica que queda al servicio de la sociedad con aspectos tan maravillosos como son las peregrinaciones ,el senderismo , el cicloturismo y la recuperación del tránsito por pueblos olvidados y de la misma Via Augusta como parte de su trayecto. Quedo a vuestra más absoluta disposición para aportar nuestro granito de arena en el conocimiento de nuestra historia espiritual. Un saludo afectuoso.

Salvador Raga Navarro
PRESIDENTE
Asociación VIA VICENTIUS VALENTIAE - VIA ROMANA "
http://www.caminodesanvicentemartir.es/
http://viavicentius.blogspot.com/

5 de Abril, Domingo de Ramos en la Pasión de Nuestro Señor






Sermón del Domingo de Ramos (1989)



por el R.P. Gustavo Podestá













odos los años, los israelitas piadosos, juntándose en grupos, desde los más diversos puntos de Israel, se encaminaban en procesión a Jerusalén, la Ciudad Santa. En el ponerse en movimiento hacia allí, hacia el monte Sión, hacia el Templo, representaban exteriormente, escenificaban, el camino de la existencia, que oscuramente presentían llevaba a alguna parte, tenía sentido, significado. No desembocaba en el absurdo, la oscuridad, la nada.
También para nosotros será Jerusalén, la Jerusalén celestial, la finalidad de nuestra cristiana vida y, también eso, nosotros lo solemos significar en diversas peregrinaciones:
La peregrinación a Santiago o a Roma en Europa. Nuestras peregrinaciones a Luján. Nos reconocemos en marcha, en camino y la consigna es no detenerse, avanzar. La meta espera.
Y la alegría de la llegada. Cuando por fin se divisan, a lo lejos, las agujas de las torres de Luján.
En el Medioevo, cuando los romeros, por la Via Flaminia, al llegar a la cima del Monte Mario, finalmente veían, por vez primera, el maravillosos espectáculo de Roma.
Así también era el monte de los Olivos para los que llegaban a Jerusalén. Desde allí se veía finalmente la Ciudad Santa en todo su esplendor y los peregrinos prorrumpían en gritos de alegría y alborozo. Habían llegado al final del camino.
Y, para la ocasión, el júbilo de haber llegado se expresaba con una oración que ha llegado a nosotros y que es el salmo 118 que finalizaba con la frase: “Yhavé da la salvación”. En hebreo “¡Hosanna!” y, entonces, desde la ciudad, les contestaban, recibiéndolos. “ Bendito el que viene en nombre de Jahvé; desde la Casa de Yahvé los bendecimos”.
Pero hoy el que llega a su meta no es cualquiera. Los discípulos de Jesús modifican el versículo de bienvenida: “¡Bendito el Rey –dicen– que viene en nombre de Jahvé!” Y Jesús ha proclamado simbólicamente esta su condición regia, al mandar requisar sin dar explicaciones (como tenían derecho los antiguos reyes) un asno de ceremonia para su ingreso. Y también como solo a los reyes, alfombran con sus capas los soldados su camino.
Pero algunos tienen miedo: ‘no es prudente' dicen, ‘los romanos se enojarán', ‘las autoridades se asustarán', ‘los poderosos reaccionarán'.
Y Jesús les contesta con la enigmática frase: “os aseguro que si ellos callan, gritarán las piedras”.
Porque esta frase no hay que entenderla como una metáfora para expresar la necesidad que tienen los discípulos en su alegría de reconocer en voz alta la realeza de Jesús. Su sentido es mucho más trágico. Si hubiéramos seguido leyendo a Lucas habríamos visto inmediatamente seguir a lo que escuchamos al principio de la Misa que Jesús ‘llora por Jerusalén' y pronuncia esa frase fatídica que termina “no dejaran en ti piedra sobre piedra”.
Y así, pues, hay que entender la frase de Jesús: ‘aunque los discípulos callen, habrá otra manera mucho más terrible de proclamar que Jesús es el rey'. Las piedras de la ciudad de Jerusalén en ruinas proclamarán a gritos, con su testimonio elocuente, que esa ciudad, por medio de sus autoridades, se negó a recibir al rey que venía a ofrecerle la paz.
Y Jesús llora por su patria. Él es judío hasta lo más profundo de sí mismo, por eso verdaderamente hombre. Porque no se encarnó en la humanidad universal, en el hombre apátrida y sin familia de la social democracia y de la ONU. Él fue verdaderamente hombre, porque era un ser humano profundamente enclavado en su tierra y en su herencia de sangre y, por eso mismo, fue hombre universal y modelo para todos, dispuesto como estaba a dar la vida por su patria amada.
Pero su país no lo reconocerá. Buscará otros caminos ajenos al heroísmo de su estirpe, a la fe de sus mayores los profetas, a la alianza con Dios. Preferirán las componendas con los poderes de este mundo, con el imperialismo romano, la alianza con el oro, la custodia de una falsa paz sin honor y sin dignidad.
Y al final, lo mismo, no quedará piedra sobre piedra.
Y el triunfo de Jesús, que pudo ser su propio triunfo, más allá de su proyección en frutos de Resurrección y de Vida se encarnará luego en otros patriotismos y en otras sangres constructores de cristiandad.
La Semana Santa de este año se nos viene -más allá del bochinche artificial del circo eleccionario- cargada de oscuros presagios. Entre una dirigencia apátrida enemiga de Cristo, y prudentes que no se deciden a proclamarlo rey en voz alta, todos extraviados del único fundamento posible de la verdadera paz.
También nosotros, pues, lloramos por la patria. Y ya los escombros de lo que fue un país están por gritar lo que callamos y no supimos defender los discípulos y lo que silenciaron los fariseos.
Ya están los clavos forjados; ya el leño cortado y cepillado en un rincón de la carpintería de Pilatos. Ya las treinta monedas contadas.
La peregrinación de Jesús llega a su fin.
El rey llega a ofrecer la paz, a reclamar su trono a Jerusalén.