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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

27 de agosto de 2009

La verdad sobre El Código da Vinci (Parte Segunda).- Examen crítico de los argumentos del Código Da Vinci (I)






por José Antonio Ullate Fabo



Tomado de Conoze







I.- Símbolos paganos y crímenes sagrados

Símbolos paganos ocultos en la Catedral de Chartres

Capítulo 1, página 18:

«La conferencia de aquella noche -una charla con presentación de diapositivas sobre la simbología pagana oculta en los muros de la Catedral de Chartres- seguramente había levantado ampollas entre el público más conservador».

[La paginación de El Código da Vinci corresponde a la edición en castellano de la editorial Umbriel, 2003, según papel.]

Lo que insinúa Brown en esta frase resulta capital para la trama de su novela. Según él, en el seno de la Iglesia habrían sobrevivido fuerzas que testimoniaban una religiosidad anterior que, para poder sobrevivir, habrían tenido que ocultarse. Esta religiosidad pagana se manifestaría según él, por ejemplo en la misteriosa inclusión de símbolos paganos en templos católicos. Veamos si es cierto.

En los comienzos de la Iglesia, muchos cristianos no solían guardar excesivo aprecio por todo aquello que rememorara o aun diera a entender una remota valoración de las religiones paganas. Era lógico por muchos motivos. El primero, el recuerdo de las persecuciones. No sólo las de los tres primeros siglos, bajo el Imperio romano, puesto que también después, fuera del Imperio, los cristianos tuvieron que padecer el furor y el celo de los cultos paganos. Pero no se trataba simplemente de ese lógico resquemor. Durante muchos siglos se discutió cuál había de ser la relación entre los cristianos y la cultura pagana. Quienes querían romper todo vínculo con el mundo antiguo insistían en que los productos del paganismo conservaban «la marca de la casa», que hacía evocar un mundo que pretendía tener sentido al margen del Dios único, y que el arte pagano siempre solía estar mezclado con obscenidades y superstición. Para ellos, en la instrucción y en la vida cristiana, la cultura pagana no tenía ningún papel.

Por el contrario, la mayoría de los pensadores cristianos ha sostenido siempre que, exceptuando las obras que sean intrínsecamente inmorales o que no tengan calidad, las obras de la cultura pagana son buenas y útiles para la vida de los cristianos, y que no hay que desprenderse de ellas.

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Tontos (y tontas) de pata negra





por Arturo Pérez-Reverte



Tomado de XLSemanal





no comprende que tiene que haber tontos, como tiene quehaber de todo. Me refiero al tonto social, o sea. Al que normalmente llamamos tonto del haba. Al imbécil de andar por casa. De diario. Son criaturas de Dios, como dijo San Francisco del hermano lobo, si es que lo dijo, y tampoco es cosa de pasarlos por el lanzallamas. O de pasarlos sin más. Tienen tanto derecho a existir como cualquiera. Incluso un tonto evidente, lustroso, bien cebado, de esos que da gloria verlos, tipo cuñado Mariano, hace su papelito en determinados lugares. Decora el paisaje. Sobre todo si, como ocurre a menudo, no tiene conciencia de lo tonto que es. O de lo que puede ser si se lo propone, en plan película de superación deportiva americana, con el entrenamiento y el esfuerzo adecuado.

Y es que un tonto en condiciones, situado en el lugar idóneo, el trabajo, la vida cultural, la política, completa la vasta y asombrosa obra de la Naturaleza. La armonía del Universo. Enriquece la vida, para que me entiendan. Sirve como referencia. Como tontómetro del entorno y como brújula para los demás. Por eso siempre he sido partidario de tener un tonto a mano. No demasiado cerca, ojo. Un tonto es como las escopetas: lo carga el diablo. Pero tenidos a distancia y bajo control razonable, se aprende mucho observándolos. La pega principal es que el tonto tiene una asombrosa capacidad reproductora. Se multiplica como una coneja. Y al menor descuido, te rodea como al general Custer. Ciertos ambientes, sobre todo los políticamente correctos, le son en extremo favorables. Y si además se trata de un tonto de aquí, español, con todos los complejos, inculturas, envidias y estupidez congénita propios de esta nacionalidad esplendorosa y autosatisfecha de la que gozamos, para qué les voy a contar. Si España exportara tontos al extranjero –a veces lo hace, pero sin organización ni método– seríamos la primera potencia mundial. Los tontos españoles son tontos conspicuos, de pata negra. Matizo, a fin de no avivar talibanismos feminazis: los tontos y las tontas. Para qué voy a mentir: en el fondo me hace ilusión. Si el tonto español desapareciera como especie, la cosa sería tan lamentable como la desaparición del toro de lidia, o la del tertuliano radiofónico que con la misma soltura analiza un resultado electoral que la teoría de campos de fuerza de Maxwell. Una de nuestras señas de identidad nacional se iría a tomar por saco. Cuando los últimos vínculos trimilenarios que unen a nuestra ruin tropa se aflojen del todo, y castellanos, catalanes, vascos, andaluces, inmigrantes y demás vayamos cada uno a nuestro aire, como realmente nos pide el cuerpo, sólo habrá dos cosas que nos sigan manteniendo unidos: el fútbol y lo tontos del ciruelo que somos, o que podemos llegar a ser cuando la Historia, la sociedad, la tele, la moda de turno, nos dan la oportunidad. Que suelen dárnosla.

En tal sentido, me preocupaba que las universidades españolas quedaran al margen del asunto. Perdieran el tren, para entendernos. A fin de cuentas, en sitios así lo que menudea es la inteligencia, la cultura y cosas por el estilo, y a la idiotez se le supone sólo un carácter mínimo, testimonial. Pero la Universidad de Zaragoza acaba de tranquilizarme mucho. El que más y el que menos prevé el futuro siniestro que espera a los universitarios españoles, y sabe que cuanto tiene que ver con progreso, innovación, ampliación de titulaciones, investigación, calidad en la docencia y nuevas tecnologías recae exclusivamente sobre el esfuerzo individual y el sacrificio de un profesorado que cobra menos de 2.500 mortadelos al mes, y eso cuando tiene 20 años de antigüedad. Con este paisaje, la última iniciativa de la docta institución cesaraugustana, de cara al próximo curso, ha sido apadrinar una campaña que, bajo el título Nombrar en femenino es posible. ¡Inténtalo!, y con los nombres y símbolos bien a la vista de la Universidad –cátedra sobre Igualdad de Género, nada menos– y del Gobierno de Aragón, que supongo soltaron la viruta apropiada, reparte a troche y moche folletos de cuatro páginas a color, para que los jóvenes universitarios zaragozanos dejen de invisibilizar a las mujeres mediante deliciosas construcciones en la línea del tópico habitual: el ser humano en vez del hombre, el alumnado sin empleo en vez de los estudiantes desempleados, profesionales en régimen laboral autónomo en vez de trabajadores autónomos, y otros brillantes hallazgos al uso. Con la siguiente –y confusa– afirmación final, que transcribo literalmente en toda su espléndida y analfabeta incongruencia gramatical: «Seguro que, con la práctica, prestas más atención al lenguaje y usas términos para que todos y todas seamos visibles en el discurso».

Por eso digo que estoy tranquilo con lo de las esencias. No hay como la estupidez institucional, con cátedra incluida, para asegurar el futuro. Y el nuestro está garantizado. Tenemos tontos y tontas para rato y para rata.

27 de Agosto, Festividad de San José de Calasanz





a villa aragonesa de Peralta de la Sal fue la patria del Santo de los niños. La fecha natalicia que armoniza la más antigua versión con todos los datos del Epistolario Calasancio es la de 31 de julio de 1558, en los albores del reinado de Felipe II.

Cinco hermanas y dos hermanos eran los vástagos del matrimonio Calasanz-Gastón, formado en la herrería peralteña por don Pedro, baile de la villa, segundón de familia infanzona venida a menos, y doña María, madre ejemplar que educó cristianamente a todos sus hijos, muy en especial a José, su benjamín, al que inculcó una tierna devoción a la Virgen y un agresivo odio al pecado. El maestro de la escuela rural, para descansar de la monotonía del deletreo, tomaba al pequeño, subíale sobre su cátedra y hacíale recitar ante sus condiscípulos los milagros de Nuestra Señora, tal como se los enseñaba en casa su madre. De mayor interés psicológico había sido aún antes, cuando apenas frisaba en los cinco años, el rasgo de su primera escapada por los olivares del contorno, cuchillo, en mano, para matar al demonio, que las pláticas maternales le pintaban cómo a su más encarnizado enemigo.

A los diez años pasa a Estadilla a cursar latines, y jamás empieza las clases sin haber hecho antes su oración en la iglesia, a despecho de las burlas de sus compañeros, que acaban por admirarle, llamándole "el Santet" en su ribagorzano-catalán.
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26 de Agosto, Conmemoración de San Ceferino, Papa y Mártir




an Ceferino es uno de los Papas que han tenido un pontificado más largo: Según Eusebio de Cesarea, él fue Papa del 202 al 218-219, y según el Catálogo liberiano del 198 al 217. A estos muchos años de pontificado debemos lo poco que se sabe con seguridad de San Ceferino, y es un detalle muy importante, porque los tiempos en los cuales ejerció su pontificado no eran ciertamente tiempos muy tranquilos. En efecto, durante su pontificado estalló la persecución de Settimio Severo.

Este, que había llegado a ser emperador en el 193, durante los primeros años, aun sin abolir el régimen perseguidor, no pidió su aplicación, y así la comunidad cristiana gozó de algunos años de paz. Inclusive según el testimonio de Tertuliano, el mismo Settimio Severo, disolvió una manifestación popular contra los cristianos. Pero el mismo Tertuliano con su desdén polémico sostiene que particularmente en Africa no se practicaba la misma tolerancia. Y en todo caso, esa tolerancia terminó en todo el imperio hacia el 200-202, y fue un explícito edicto de Settimio Severo el que prohibió "bajo pena grave, cualquier propaganda judía, y tomó la misma decisión respecto de los cristianos", como afirma la Historia Augusta.

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25 de agosto de 2009

Despedida del Coronel Juan Francisco Guevara



por el Dr. Antonio Caponetto






uvo el Coronel en vida ,durante tres ocasiones,la generosa deferencia de pedirme que despidiera sus restos. Y aunque supe recusar el convite arguyendo –amén de mi escaso mérito- que ninguna prisa teníamos en cumplir el mandato, él insistía con su habitual señorío y su impaciencia de eternidad.

Es que para los hombres singulares, para los hidalgos de la estirpe del Coronel Guevara, la muerte es un acto de servicio,tan previsto como un cambio de guardia en la batalla, tan natural como un ocaso pueblerino.

Para estos hombres esenciales que no fingen apariencias, que han alcanzado la mirada sobrenatural de todo cuanto acontece, llega la muerte como una hermana silente e irremisible.

Y ante ella son capaces de plantarse con humilde altivez para decirle,como en las Coplas de Manrique

“…Y consiento en mi morir
con voluntad placentera
clara y pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera
es locura”

Al fin le llegó la muerte al Coronel Guevara, entre dos festividades hechas para su estatura: la fiesta de San Pío X, y la celebración de María Reina.

La fiesta del Papa San Pío X, que combatió la herejía modernista, haciendo suyo el más viril de los lemas paulinos: Omnia instaurare in Christo.

¿Cómo podía faltar el cobijo del Pontífice de la Pascendi, en la despedida terrena de quien consagró su vida a este imperativo irrenunciable de la Ciudad Católica?

Y la celebración de María Reina. Porque ubi Rex, Regina, según dijera Pío XII cuando proclamó formalmente la reyecía de la Madre del Señor, en 1954.

Volvemos a preguntarnos: ¿Cómo podía faltar el trono de María, en el adiós de quien fuera, con voluntad acrisolada, su vasallo leal y corajudo?

Vestida de sol y coronada de estrellas, María Reina quiso hacerse patente.

Así la veneró el Coronel en sus diarias letanías: Reina de los Patriarcas, de los Profetas, de los Mártires, de los Confesores, de los Angeles,de la Paz.

Reina de la Argentina y de Hispanoamérica. Desde el Santuario de Guadalupe hasta ese recodo soberano de Malvinas, donde manos guerreras dejaron un rosario enterrado, para rezarlo invicto el día del regreso inaplazable.

Nuestro amigo sabía que la Virgen anda alistando cruzados para el Combate Postrimero, y acudió a su llamado.

Se le aplican, pues, los versos de Agustín de Foxá:

“Para la muerte, hermano, te vestirás de fiesta,
haciendo honor al limpio linaje de tu casta”.

Así pude verlo ayer, por última vez, cuando caía a pleno el sol sobre su casa de Bellavista.

Vestido para la grande y duradera fiesta del cielo. Amortajado para ese gozo al que cantó el Salmista, reservado a las almas que ingresan triunfales a la alegría del Padre.

Su sotana de novicio, la bandera nacional nimbada con su sol guerrero, sobre el pendón su sable, veterano de tantas lides.

Sobre el hábito dos condecoraciones castrenses, y entre sus manos definitivamente canceladas, una antigua cruz recibida en familiar herencia.

Ei ideal bernardiano y falangista, asumido desde siempre por el Nacionalismo Católico Argentino: mitad monje, mitad soldado.

La espada del espíritu, y el acero firmísimo desenvainado con honor.

En el austero lecho parecía leerse el Evangelio de San Lucas: “Señor, aquí hay dos espadas”.

El doble gladio revestía mansamente su cadáver, que ya no era un difunto sino una heráldica de la patria antigua.Cruz y Fierro, la tradición cristiana, diría el Padre Castellani.

Por eso ante sus restos escuché a sus hijos y parientes cantar el Christus Vincit, pero también dar vivas sostenidas a la patria.

Y por eso, queridos amigos, tras la semblanza religiosa que es lo primero en el orden de las jerarquías, no ha de cerrarse esta tumba sin que yo agregue algo a mi testimonio público.

Y ese algo que no debo callar es la fisonomía político-militar del Coronel Guevara.

Tito -para llamarlo al fin como todos universalmente lo llamábamos- fue un arquetipo de soldado.

De aquellos forjados a la antigua usanza, criados en la emulación de las gestas de nuestros grandes caudillos.

Soldado con estilo y porte, con palabra firme y conducta veraz.
Soldado de ese último pelotón spengleriano, que no vacila en custodiar el Bien Común, aún a riesgo de caer en la demanda.
Soldado de prosapia hispanocatólica, y por eso mismo eminentemente volcada al amor de nuestras genuinas raíces.

Arquetipo de soldado.
Tan lejos de los que abundan hoy, sirvientes de forajidos, cómplices de terroristas,custodios viles de quienes ayer mataron a sus camaradas, y ahora tienen prisioneros, para vergüenza de la nación toda, a quienes supieron combatir al enemigo marxista.

Era natural entonces que en las horas tenebrosas de la historia –cuando la ruindad de los demagogos, de la que no termina el país de librarse- ultrajaba a la Fe, profanabalos templos y vejaba con su incurable ignominia a la Nación Real, el Coronel Guevara eligiera estar en el costado limpio de la batalla.

No era el costado liberal, masónico y democratista que después se impondría para continuar nuestro sometimiento y espanto.

Era el flanco del Cristo Vence, del Dios es Justo, de la restauración cristiana de esta tierra. Eran las filas del General Eduardo Lonardi.

Precisamente a la muerte de Lonardi, Augusto Falciola, desde las páginas de Presencia, le escribía estas estrofas que hoy se le aplican a quien amigo tan leal supo serle en la contienda:

“…Como vuelve el recuerdo de septiembre,
Buenos Aires lujosa de glicinas…
Las horas mancilladas, los oscuros designios
y el indecible oprobio de esos días…

Por los flecos del aire conmovido
Mi desconsuelo anda buscando
tu espada transparente…

El aire lento. Lento y minucioso.
Y tú, mi General, y las glicinas”

He aquí la imagen del Coronel Guevara: una espada transparente.

Capaz de partir el aire para rescatar la flor intacta de una patria cautiva.
Una espada con el filo templado en la pasión nacional.

Deben sentirse orgullosos quienes fueron y son sus familiares. Debemos sentirnos comprometidos quienes hemos tenido el honor de estar entre sus amigos.

Descanse Coronel.

Entre rezos y arpegios, que Nuestra Generala custodia su reposo.

Descanse para siempre, después de tantas luchas, después de tantos sueños, y de tantas vigilias transidas de esperanza.

Descanse Coronel.
La Argentina y su sombra, como Usted la llamara, conserva todavía destellos de la luz fundacional, de la diafanidad primera que no sabe rendirse.

Descanse Coronel, con la certeza aquella de la limpia marcha:

Y SI LA MUERTE QUIEBRA TU VIDA
AL FRIO DE UNA MADRUGADA,
PERDURARÁ TU NOMBRE
ENTRE LOS HÉROES DE LA PATRIA AMADA.

Y CUANDO EL PASO FIRME
DE LA ARGENTINA ALTIVA DE MAÑANA
TRAIGA EL ECO SERENO
DE LA PAZ CON TU SANGRE CONQUISTADA
CANTARÁS CON NOSOTROS CAMARADA
DE GUARDIA ALLA EN LA GLORIA PEREGRINA
POR ESTA TIERRA DE DIOS TUVIERA
MIL VECES UNA MUERTE ARGENTINA

Coronel, Usted ha tenido una muerte argentina.

El ejemplo de sus actos no se entierra este domingo, en este tiempo de separarse del que habla el Eclesiastés.

Quede para nosotros la vida hecha milicia, patriotismo de la tierra y patriotismo del Cielo.

Para Usted la guardia enhiesta en la gloria peregrina.
Para nosotros la fatiga diaria en el puesto más duro.

Coronel Juan Francisco Guevara:¡Presente!

Antonio Caponnetto
23-Agosto-2009

25 de Agosto, Festividad de San Luis, Rey





an Luis, rey de Francia, es, ante todo, un Santo cuya figura angélica impresionaba a todos con sólo su presencia. Vive en una época de grandes heroísmos cristianos, que él supo aprovechar en medio de los esplendores de la corte para ser un dechado perfecto de todas las virtudes. Nace en Poissy el 25 de abril de 1214, y a los doce, años, a la muerte de su padre, Luis VIII, es coronado rey de los franceses bajo la regencia de su madre, la española Doña Blanca de Castilla. Ejemplo raro de dos hermanas, Doña Blanca y Doña Berenguela, que supieron dar sus hijos más que para reyes de la tierra, para santos y fieles discípulos del Señor. Las madres, las dos princesas hijas del rey Alfonso VIII de Castilla, y los hijos, los santos reyes San Luis y San Fernando.

En medio de las dificultades de la regencia supo Doña Blanca infundir en el tierno infante los ideales de una vida pura e inmaculada. No olvida el inculcarle los deberes propios del oficio que había de desempeñar más tarde, pero ante todo va haciendo crecer en su alma un anhelo constante de servicio, divino, de una sensible piedad cristiana y de un profundo desprecio a todo aquello que pudiera suponer en él el menor atisbo de pecado. "Hijo —le venía diciendo constantemente—, prefiero verte muerto antes que en desgracia de Dios por el pecado mortal.
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Dorando la píldora



por Juan Manuel de Prada



Tomado de ABC





E anuncia la comercialización de una píldora que retrasa el envejecimiento, enésima versión de aquellas fuentes paganas que procuraban la inmortalidad o la eterna juventud a quienes abrevaban en sus aguas. La búsqueda de un elixir que detuviese los estragos de le edad en nuestros organismos calcinó durante siglos las meninges de nigromantes y alquimistas, que no vacilaron en probar, a costa de su salud, los bebedizos más vomitivos, con tal de contrariar el veredicto de la naturaleza. El mito de Fausto ya nos advertía de los peligros que se esconden detrás de ese afán, tan penosamente humano, de rehuir las asechanzas de la vejez; el mayor de los cuales consistía en perder el alma. Pero nuestra época, tan fatuamente descreída, ha convertido el infierno en una región utópica (esto es, inexistente), o siquiera improbable; y, por supuesto, ha dejado de creer en la existencia del alma. Y, cuando los hombres dejan de creer en la existencia del alma, centran sus esfuerzos en encontrar la píldora milagrosa que preserve sus cuerpos contra los estragos de la edad.

Esfuerzos que, a la postre, se revelan siempre estériles; pero la fatuidad del descreído, mucho más perseverante que la resignación del creyente, lo empuja a buscar en una síntesis de laboratorio un paraíso en vida que sustituya la esperanza en un paraíso ultraterreno. Sólo que la búsqueda de ese paraíso en vida acaba convirtiéndose infaliblemente en un infierno en vida; pues la desazón que en nosotros provoca el intento frustrante de contrariar los estragos de le edad es siempre mucho más aflictiva que tales estragos. En las sociedades religiosas, los hombres aceptaban que estaban hechos de barro; y, aceptándolo, procuraban que, a medida que crecía su edad, creciesen también su sabiduría y su virtud, que eran los tesoros que podían llevarse a la otra vida. En las sociedades idolátricas (de la ciencia o de cualquier otro sucedáneo de la religión), los hombres tratan de convencerse -contrariando patéticamente las enseñanzas de la experiencia- de que no están hechos de barro; y en este vano empeño por refutar la naturaleza desdeñan los únicos tesoros que podrían llevarse a la otra vida, en la que han dejado de creer. Pero, al dejar de creer en otra vida, los hombres no hacen sino amargarse su andadura mortal; y el afán de prolongarla unos años, unos días, unas horas no hace sino ensombrecer las horas, los días, los años que le han sido regalados. ¡Triste destino de desazón e incertidumbre!

Así, los hombres de las sociedades idolátricas se convierten, como diría Quevedo, en «vivientes cadáveres» que «visten el gusano de confite». Mendigos de una juventud apócrifa, los hombres de las sociedades idolátricas se pasan la vida dorándole la píldora al tiempo inexorable; y, huyendo de los estragos de la edad, se pasean en vida como ánimas en pena, sudando la gota gorda en los gimnasios, o dejándose las arrugas en un quirófano, o atiborrándose de píldoras que les detengan la caída de los cabellos, la caída de la papada, la caída del pene, la caída de los óvulos, la caída del ánimo, la caída de las neuronas y la caída de la propia estima. Todo por aferrarse a una juventud fiambre que les haga olvidar que están hecho de barro; pero, al olvidarse que están hechos de barro, se olvidan también que ese barro del que están hechos está animado por un hálito divino, y así su vida se asemeja a la de animalitos sumergidos en formol, que están muertos bajo su aparente lozanía. Que es la lozanía de las máscaras mortuorias, la lozanía inerte de los autómatas que han extraviado el alma en el laberinto químico de sus quimeras de eterna juventud. Porque detrás de esas quimeras, escondido en las llamas del infierno o en la píldora de un laboratorio, hay siempre alguien que quiere robarnos el alma, como nos enseña el mito de Fausto.

24 de Agosto, Festividad de San Bartolomé, Apóstol




l nombre de Bartolomé es un patronímico que significa "Hijo de Tholmai", derivado del arameo a través del griego. El nombre de Tholmai aparece en el Antiguo Testamento (Núm. 13, 23, y 2 Sam. 3, 3), y Josefo lo cita en la forma griega, Tholomaios (Antigüedades, XX, I, 1).

Del apóstol Bartolomé el Nuevo Testamento no conoce más que el nombre, consignado en las cuatro listas del Colegio Apostólico (Mt. 10, 3; Mc. 3, 18; Lc. 6, 14, y Act. 1, 13).

Si el cuarto Evangelio no menciona a Bartolomé, señala por dos veces la presencia cerca de Jesús de un discípulo llamado Natanael, nombre derivado también del arameo, que quiere decir "Don de Dios".

Se plantea la cuestión de saber si Bartolomé y Natanael son el mismo personaje. Esta identificación es muy posible, puesto que Bartolomé es un simple patronímico, como Barabbas o Barjona, que puede usarse solo, pero supone, naturalmente, un nombre propio.

Pero, además, esta identificación es muy probable porque la vocación extraordinaria de Natanael, consignada en el cuarto Evangelio, no parece que fuera estéril. A continuación del relato de su primer encuentro con Jesús, San Juan introduce a nuevos personajes que comienzan a relacionarse con el joven Maestro, y uno de ellos debió ser nuestro apóstol.
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23 de agosto de 2009

Invitación





enviado por Ana Bauer



El Movimiento por la Verdadera Historia adhiere e invita a la presentación en Córdoba del nuevo libro de Juan Bautista "Tata" Yofre titulado "Volver a matar".
El evento se realizará el día jueves 27 de agosto en el Salón Lugones del Hotel Sheraton a las 19 horas.
La entrada es libre y gratuita.

MOVIMIENTO POR LA VERDADERA HISTORIA
http://www.verdaderahistoria.com/

Carta de una mujer a las mujeres que promueven la ideología del género



por Viviana Endelman Zapata
Paraná, Entre Ríos, Argentina

Tomado de Catholic.net




uisiera pedir a las mujeres que hacen tantos esfuerzos para propulsar la perspectiva de género que no me incluyan entre sus “representadas”, pues yo me siento muy a gusto con lo que soy y con la forma en que vivo. Sé que muchas no me creerán, o creerán que deberán seguir luchando también por mis “intereses reprimidos” o postergaciones. Pero, de veras, les pido que no me defiendan de nada.

Me encanta ser diferente al hombre. Y esto para nada incluye una aprobación de que la mujer sea infravalorada. Realmente me parece bueno oponerse a esa mentira. Pero no creo que sea necesario llegar a la destrucción y a la rebeldía total, como si nada se pudiera rescatar, como si nada sirviera de cómo veníamos viviendo, como si hasta ahora todo hubiera sido una “farsa”, una imposición o una equivocación.

Claro que defiendo la igualdad. Pero la defiendo como posibilidad para una interacción gozosa de las diferencias.

No me interesa negar ni rebelarme ante las diferencias. Pues he hallado la hermosura de la vida así como soy y así como es el hombre. Pero, además, ¿cómo negar lo evidente?

Tengo claro que, como mujer, necesito al hombre. También tengo claro que el hombre necesita de la mujer.
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Pascal a diario


por Juan Manuel de Prada

Tomado de XLSemanal


n una de sus visitas a Combray, Swann, el célebre personaje proustiano, protagonista del primer tomo de En busca del tiempo perdido, despotrica contra «esos cargantes periódicos que nos creemos en la obligación de leer», postergando otras lecturas más provechosas. «Lo que a mí me parece mal –inicia Swann su diatriba– en los periódicos es que soliciten todos los días nuestra atención para cosas insignificantes, mientras que los libros que contienen cosas esenciales no los leemos más que tres o cuatro veces en nuestra vida. En el momento ese en que rompemos febrilmente todas las mañanas la faja del periódico, las cosas debían cambiarse y aparecer en el periódico, yo no sé qué, los... pensamientos de Pascal, por ejemplo. Y, en cambio, en esos tomos de cantos dorados que no abrimos más que cada diez años es donde deberíamos leer que la reina de Grecia ha salido para Cannes, o que la duquesa de León ha dado un baile de trajes.» Este anhelo de Swann, nacido del hastío y la perentoria sensación de pérdida de tiempo que a todos nos acomete cuando empleamos nuestras horas en futilidades, no excluye, sin embargo, algunas precisiones paradójicas: así, el distinguido y delicado Swann no se recata de especificar que rompe «febrilmente» la faja del periódico; señal de que, también en él, la ansiedad por enterarse de las noticias banales que trae el periódico triunfa sobre su aristocrático desdén por las cosas mundanas.
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23 de Agosto, San Felipe Benicio, Confesor





l llegar el siglo XIII todas las rutas de Europa se llenan de rumores. El comercio, las peregrinaciones y las universidades lanzan a los hombres a los caminos. Hay un ir y venir de gentes, un entremezclarse de pueblos, un rebullir de ideas, una eclosión de fe.

Superada la crisis del feudalismo, surgen pujantes y boyantes las ciudades libres, con su vida gremial y su activo comercio. La gente trabaja, rinde y gasta. Circulan los productos, se organizan las ferias, las naves surcan el Mediterráneo hay griterío en los puertos y mercados.

Los hombres quieren conocer nuevas tierras, divisar otros horizontes, ponerse en contacto entre sí, organizarse.

Se organizan los pequeños artesanos, y nacen los gremios; se organiza el comercio, y nace la Hansa; se organizan los estudios, y nacen las universidades; se organiza la piedad, y nacen las cofradías; se organizan las formas ascéticas, y surgen las órdenes religiosas.

Hay un deseo indefinible de orden y agrupación. Piedra a piedra van elevándose, ágiles y airosas, las catedrales. Son obras anónimas, multitudinarias. No conocemos los arquitectos que las proyectaron, no conocemos los donantes que las costearon. Son obra de la ciudad entera, son fruto de la fe y de la situación próspera de que gozaba Europa.
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