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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

13 de enero de 2011

Santoral del 13 de Enero

  • Conmemoración del Bautismo de N. S. J.
  • San Godofredo, Abad
  • San Potito, Mártir
  • Santa Glafira, Virgen
  • Santos Gumersindo y Servideo, Mártires
  • San Berno, Abad de Cluny
  • Santos Hermilo y Estratónico, Mártires
  • San Agrecio, Obispo de Tréveris
  • Beato Godofredo de Kappenberg, Conde y Religioso
  • Beata Verónica de Binasco, Virgen
  • Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.


CONMEMORACIÓN DEL BAUTISMO
DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO




Estaba San Juan Bautista en las orillas del Jordán bautizando y exhortando a penitencia, cuando llegó a él el Salvador del mundo, de treinta años de edad. Al acercarse al Bautista, conoció éste, por luz sobrenatural, que el que venía a pedirle el bautismo era el Mesías verdadero; y así, al ver al Salvador, exclamó: Pues qué, Señor, ¿Vos venís a mí a ser bautizado, cuando debo yo ser bautizado de Vos? EL Señor le contestó que convenía sujetarse a los decretos de la divina Sabiduría. Abrióse el Cielo y vio San Juan que el Espíritu Santo bajaba sobre Jesucristo en figura de paloma, y al mismo tiempo oyó una voz que decía: Este es mi Hijo querido, en el que tengo Yo todas mis complacencias.

Bautizándose Jesús, nos enseñó la necesidad del bautismo para todos, y además su humildad, autorizó el bautismo del Bautista; el Espíritu Santo declaró la divinidad del Salvador, y por último, santificó las aguas habilitándolas para redimir los pecados.


12 de enero de 2011

Concepción Católica de la Economía (3)





Por el R.P. Julio Meinvielle


Edición de los Cursos de Cultura Católica. Impreso por Francisco A. Colombo, 19 de septiembre de 1936.

Tomado de Stat Veritas









CAPÍTULO III

LA PRODUCCIÓN INDUSTRIAL

En el primer Capítulo estudiamos el concepto mismo de economía, Y demostramos, que la economía por su objeto formal próximo, o sea la procuración de bienes materiales útiles al hombre, busca el perfeccionamiento del hombre en su aspecto material; de donde, es esencialmente humana o moral.
Moral, no porque se ocupa de ella el hombre (también se ocupa de la química y de la física, y éstas no son ciencias morales) ni porque las construye o edifica (también construye obras de arte, y éstas no son de suyo morales), sino porque la economía está ordenada, por su misma naturaleza, al servicio del hombre. Una economía que no sirviese al hombre, que no contribuyese a su bienestar humano, bienestar social universal, común, y no tan sólo de una clase, no es economía. De aquí que el Capitalismo no sea economía; que el Socialismo no sea economía. Los tratadistas modernos y las universidades modernas, que multiplican las teorías económicas, mejor dicho las fórmulas de acrecentar las riquezas, ignoran la economía. Habrá en todos estos sistemas y estudios un derroche aprovechable de técnica, de observaciones económicas que podrían integrarse saludablemente en la economía; pero esta integración no se ha realizado, sino que, por el contrario, estos elementos económicos han sido incorporados en la concepción antieconómica de la Economía moderna por lo cual ha resultado una máquina devoradora del bienestar humano. En una palabra: la Economía moderna es antieconómica.

En el segundo capítulo estudiamos el fenómeno producción de la tierra, y denunciamos el trastorno de la Economía moderna, que tiende por su esencia, aceleración del lucro, a absorber la producción de la tierra en la producción industrial y comercial. Afirmamos que era necesario que la producción de la tierra recobrase el lugar primero de función reguladora de toda la producción a que le destina la misma realidad económica. Ciertos países podrán dar mayor impulso a la industria, mientras otros, por sus condiciones geográficas, lo darán a la agricultura y a la ganadería. Pero el ritmo económico mundial no deberá estar arrastrado por el mercantilismo o industrialismo, y aún, un determinado País no abandonará su agricultura para dedicarse exclusivamente a la industria. Ha sido este el gran error "contra naturam" cometido por Inglaterra en los albores del capitalismo y sancionado definitivamente en 1842 con la ley de los cereales. Error cuyas consecuencias mortales está experimentando ahora, cuando se encuentra sin la agricultura que proporciona el sustento primario del hombre y sin mercados donde colocar sus productos industriales pasados de moda.

Propiciamos, como necesario, y aún como impuesto por el mismo ritmo francamente proteccionista de la economía mundial, el retorno a una producción económica, tipo rural en oposición a urbano, doméstico en oposición a mercantil.

La producción industrial

¿Y la producción industrial? ¿Será necesario sepultar como inútil la estupenda expansión de la técnica y de la máquina? De ninguna manera. Será tan solo necesario asignarle un lugar secundario ya que viene a satisfacer necesidades del hombre también secundarias. A nadie se le hará difícil admitir esto, si tiene en cuenta que sólo es economía aquella que perfecciona al hombre, que satisface su bienestar material humano; ahora bien, este bienestar es jerárquico: porque primero es comer, después vestirse y habitar, y sólo después gozar de lo superfluo, que preferentemente suministra la industria. Luego, también debe ser jerárquica la producción. La tierra ha de primar sobre la industria. Al proponer esto me hago perfecta cuenta que ha de parecer blasfemia a los que creen en el confort y conciben la misión del hombre sobre la tierra según el tipo esbozado por el presidente Hoover, cuando dice: "El hombre que tiene un automóvil standard, un radio standard y una hora y media de trabajo diario menos, tiene una vida más colmada y más personalidad de la que poseía antes".

Otra cuestión es saber si será posible restituir la industria al lugar secundario que le corresponde.
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12 de Enero, San Arcadio, Mártir





as actas de este santo no mencionan la fecha de su martirio. Algunos autores lo sitúan en el reinado de Valeriano, otros en el de Diocleciano. Parece que el martirio tuvo lugar en alguna ciudad de la Mauritania, probablemente en Cesarea, la capital. La persecución estaba en todo su furor; los soldados irrumpían en las casas a la menor sospecha; si encontraban cristianos, los maltrataban sin esperar la sentencia del juez. Cada día se cometían nuevos sacrilegios; los fieles se veían obligados a asistir a los sacrificios paganos, a transportar por las calles las víctimas coronadas de flores y a quemar incienso ante los ídolos. En tan terribles circunstancias, Arcadio se retiró a la soledad; pero su fuga no permaneció oculta mucho tiempo. El gobernador de la ciudad, al saber que no se había presentado a los sacrificios públicos, envió un piquete de soldados a buscarle en su casa; éstos tomaron preso a un pariente de Arcadio. y el gobernador ordenó que le guardaran como rehén, hasta que el prófugo se presentara.

Al saberlo, nuestro mártir volvió a la ciudad y se entregó al juez, diciendo: "Librad de las cadenas a mi pariente, pues yo he venido a rendir cuentas de mi persona y a declararos que él ignoraba dónde estaba yo escondido". El juez le respondió. "No sólo estoy dispuesto a perdonar a tu pariente sino también a ti, a condición de que sacrifiques a los dioses". Arcadio se rehusó a ello, y el juez dijo a los verdugos: "Tomadle y hacedle desear la muerte. Cortadle los miembros parte por parte; tan lentamente, que comprenda este villano lo que significa abandonar a los dioses de sus padres por una divinidad desconocida". Los verdugos arrastraron a la nueva víctima al sitio donde muchas otras habían sufrido por Cristo. Arcadio tendió el cuello dispuesto a recibir el golpe, pero el verdugo le ordenó que extendiese el brazo, y le fue cortando parte por parte, desde los dedos hasta el hombro. Después procedió a ejecutar la misma operación con el otro brazo y con las piernas. El mártir presentó uno a uno los miembros con invencible valor, repitiendo: "Señor, enséñame tu sabiduría" porque los verdugos se habían olvidado de cortarle la lengua. Al fin de la tortura, del cuerpo de Arcadio no quedaba más que el tronco. Viendo el mártir las partes de su cuerpo que yacían a su alrededor, las ofreció a Dios con estas palabras: "Felices de vosotros, miembros míos, que pertenecéis ya a Dios, pues habéis sido sacrificados a causa de Él". Después se volvió hacia el pueblo, diciendo: "Vosotros que habéis presenciado esta sangrienta tragedia, sabed que todos los tormentos son nada en comparación con la corona que me espera. Vuestros dioses son falsos, dejad de adorarles. Aquel por quien yo sufro, es el único Dios verdadero, y morir por Él es vivir". Arcadio murió pronunciando estas palabras, y los paganos se maravillaron de su milagrosa paciencia. Los cristianos recogieron los ensangrentados miembros y les dieron sepultura.

11 de enero de 2011

Las cosas buenas



por Juan Luis Gallardo




Tomado de Las cosas







e gustan las fogatas; me gusta su fragancia
que en otoño llenaba los parques de mi infancia:

follajes derrotados de pinos y eucaliptos
poblando los senderos de incendios circunscriptos;

holocaustos sencillos, vegetal sacrificio,
para impetrar la gracia de un invierno propicio.

Y me gustan los trenes, los magníficos trenes
cuyo paso recuerdan nostálgicos andenes:

grandes locomotoras que animaba el carbón
en feliz singladura rumbo a Constitución.

Me gustan los jazmines, leves constelaciones
de estrellas diminutas en tapias y portones.

Me gustan las estrellas, titilantes jazmines
floridos en la altura de nocturnos jardines.

Y me gustan las telas, esos rústicos paños
que albergan en su trama perfume de rebaños.

También me gusta el mate, su pausado ritual
nacido en la llanura, circunspecto y formal,

El vino de Borgoña, rotundo y saludable;
el vinito patero, de espíritu mudable.

Y me gustan las armas, su mecanismo inerte
que acata los mandatos de la vida y la muerte

Me gustan los revólveres, las finas espingardas
y las nobles espadas, las picas y alabardas.

Me gusta la escopeta que acompasa la marcha
suspendida del hombro en mañana de escarcha.

Me gusta el horizonte, ese límpido trazo
que suelda cielo y suelo, limitando el ocaso.

Y me gusta el ocaso, me gusta aquel crisol
donde arden los metales agónicos de sol.

Agónicos metales de contorno celeste
que se van apagando allá por el oeste.

Y me gustan los nombres, los nombres musicales
que designan precisos los puntos cardinales:

cada esquina del mapa se sostiene segura
en las cuatro columnas de su nomenclatura.

Me gustan las aldabas y me gustan las brújulas.
Me gustan como suenan las palabras esdrújulas.

Y me gustan las cúpulas. Me gustan las clemátides,
los pájaros, las ánforas, las clásicas cariátides.

Me gustan las dalmáticas de púrpura, los trípticos,
la acústica de los túneles y los símbolos crípticos.

Me gustan los discretos postigos de madera
y las casas de barrio con patio y con higuera:

casas bajas con largos zagüanes y cancel
de vidrios con bordes cortados en bisel.

Y me gustan los patios con frescura de parras;
con malvones, rayuela, canarios y guitarras.

Me gustan las charangas de la Caballería
y comprar panes tibios en la panadería.

Me gustan los deportes violentos. El vestuario
después de los partidos: su ambiente solidario,

su olor a linimento y los doctos debates
que analizan jugadas cual si fueran combates.

Me gustan las campanas de modestas capillas.
Me gustan los cencerros que rigen las tropillas.

Me gustan los cigarros, opulentos habanos
donde habitan sabores de climas antillanos;

los cigarros negros y el pulido naval
de las pipas talladas en raíz de nogal.

Me gustan las gragatas, me gustan los veleros,
me gustan los sonoros vocablos marineros:

bauprés, obenque, jarcia, pañol, arboladura,
bitácora, mesana, barlovento y amura.

Me gustan las almendras, la nuez y la avellana
y me gustan los curas vestidos con sotana.

Me gustan los soldados que llevan uniforme.
Me gustan las fachadas con un escudo enorme.

Y me gustan los reyes que reinan como reyes,
sin ningún Parlamento que le imponga leyes.

Me gustan los molinos, me gustan los pasteles,
me gustan las arañas de cristal con caireles.

Me gustan las estatuas, los coches de carreras,
las casillas prolijas de los guardabarreras.

Me gustan los colores de los vitrales góticos
y me gustan los mapas de países exóticos.

Los mapas con sus nombre misteriosos: Uganda,
Yucatán, Dardanelos, Calcuta y Samarkanda.

Me gustan los maníes que venden en la calle
y los libros usados de la Plaza Lavalle.

Me gustan los estantes con tomos alineados
que muestran en el lomo sus títulos dorados.

Me gustan los sonetos, los gruesos diccionarios,
los cuentos de fantasmas y los antifonarios.

Me gustan los ex libris con leyendas distintas,
me gustan las imprentas y su mundo de tintas.

Me gustan las veletas, también los pararrayos;
los caballos lobunos, alazanes y bayos.

Me gu stan las espuelas, las monedas de plata,
los macizos de hortensias, los cofres de pirata.

Y me gustan las vigas labradas de quebracho,
me gustan las encinas, los fresnos, el lapacho.

Me gustan los bastones de malaca y de boj
los números romanos de algún viejo reloj.

Me gusta de la lluvia su redoble minúsculo,
me gustan las banderas bajando en el crepúsculo.

Me gustan mis amigos, mi Patria, mi mujer,
mis hijos, mi apellido, mi Dios y mi deber.

(Perdón por este verso tan poco intelectual,
sin
traumas, sin protesta, ni angustia existencial.)

711-1492: ocho siglos que hicieron a España




por el R.P. Angel David Martín Rubio



Tomado de su sitio Desde mi campanario









n el año 2011, que ahora se inicia, se cumplen 1.300 años de la batalla de Guadalete que pone fin a la España visigoda abriendo un nuevo período histórico clausurado ocho siglos más tarde con la definitiva reconquista de Granada por los Reyes Católicos el 2 de enero de 1492.

Orígenes de la expansión islámica

Es bien conocido de todos el proceso de expansión militar protagonizado por los sucesores de Mahoma, el creador de la nueva religión llamada por él Islam (es decir, resignación-sometimiento a la voluntad de Dios), denominándose muslimes o musulmanes (resignados-sometidos) a los que la seguían.
En las décadas posteriores a la muerte del considerado Profeta se abrió desde la península arábiga una tenaza sobre el Mediterráneo que iba a derrotar a las estructuras políticas vigentes en Oriente y Occidente (como los Imperios persa y bizantino y el reino visigótico).

En Oriente, las victorias del emperador León III (717-741) contuvieron temporalmente un avance que reanudarían después con nuevo vigor los turcos seldjúcidas mientras que en Occidente fueron frenados definitivamente en los campos de Poitiers, al sur de Francia por las tropas a las órdenes de Carlos Martel (732). A largo plazo resultaría decisiva la configuración de una zona de resistencia en el norte de España con posterioridad a la batalla de Covadonga

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Biografía de Santo Tomás de Aquino (5)








por Gilbert K. Chesterton

Tomado de La Editorial Virtual















V. La verdadera vida de Santo Tomás

n este punto, aun en este bosquejo tan burdo y superficial sobre un gran santo está implícita la necesidad de escribir algo que no puede concordar con el resto; es lo único importante de escribir e imposible de escribir. Un santo puede ser cualquier clase de hombre, con una cualidad adicional que es a la vez única y universal. Podríamos incluso decir que lo único que distingue a un santo de un hombre común es su disposición a ser como los hombres comunes. En este sentido, la palabra “común” debe entenderse en su significado natural y noble, ligado al concepto del orden comunitario. Un santo está por lejos más allá de cualquier deseo de distinguirse; es la única clase de hombre superior que jamás ha sido una persona superior. Mas todo esto surge de un gran hecho central, que el santo no condesciende en llamar privilegio pero que es, en su misma naturaleza, una especie de privacidad y en ese sentido casi una forma de propiedad privada. Como con toda sana propiedad privada, el santo se da por satisfecho con tenerla; no desea limitar el número de personas que la tienen. Trata siempre de ocultarla por una especie de buenos modales celestiales y Tomás de Aquino trató de ocultarla más que la mayoría. Para llegar a ella, en la medida en que nos sea posible llegar, lo mejor será comenzar por los estratos superiores y llegar a lo que hubo adentro desde lo que fue más visible por fuera.

La presencia física de Santo Tomás de Aquino es, en realidad, más fácil de resucitar que la de muchos otros que vivieron antes de la época en que se comenzaron a pintar retratos. Se ha dicho que en su aspecto o porte físico había poco de italiano; pero me imagino que esto, en el mejor de los casos, es una comparación inconsciente entre Santo Tomás y San Francisco y, en el peor de ellos, sólo una comparación entre él y la superficial leyenda sobre alegres organilleros y vendedores de helado exagerados. No todos los italianos son alegres organilleros y muy pocos son parecidos a San Francisco. Una nación nunca es un tipo; casi siempre es una mezcla de dos o tres tipos más o menos identificables por sus rasgos generales. Santo Tomás fue de un cierto tipo que no es demasiado común en Italia, como que es común en italianos poco comunes.

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11 de Enero, San Higinio, Papa




l Martirologio Romano incluye a San Higinio en el número de los mártires, pero no existe ninguna prueba de su martirio. El Liber Pontificalis nos dice que era griego de nacimiento. La afirmación de que era filósofo se debe probablemente a una confusión con otro Higinio. Eusebio nos informa que el predecesor de este Papa murió durante el primer año del reinado del emperador Antonio Pío, lo cual significa, probablemente, que el pontificado de Higinio se extendió del año 138 al 142.

San Ireneo relata que en esa época, los heresiarcas Valentino y Cerdo se hallaban en roma y que produjeron gran agitación en la Iglesia, pero ignoramos las proporciones que tal agitación había tomado cuando Higinio murió.

10 de enero de 2011

ASISIS-MO - NO!!!





por Monseñor Richard Williamson

COMENTARIOS ELEISON 182
(8-I-2011)

Algunas personas aún temen que la Fraternidad de San Pio X del Arzobispo Lefebvre esté en camino a un mal acuerdo con la Roma de Benedicto XVI, pero a través del Asisi-ismo del Papa entre otras cosas, uno puede decir que el mismo Benedicto XI está haciendo su mejor esfuerzo para prevenir tal ocurrencia.

Hace seis días argumentó en teoría que las "grandes religiones" del mundo pueden constituir "un factor importante de la paz y la unidad de la humanidad".

Hace cinco anunció en práctica que en Octubre de este año irá como "peregrino" a Asís para conmemorar el 25 aniversario del Encuentro de Oración de las Religiones del Mundo, llevado a cabo en ese lugar por el Papa Juan Pablo II en 1986. Pero la teoría de todas "las grandes religiones del mundo" contribuyendo a la paz mundial fue rechazada por completo por el Arzobispo Lefebvre, y condenó la práctica del Encuentro de Oración de 1986 en Asís como una violación flagrante del Primer Mandamiento que, viniendo del Vicario de Cristo, constituía un escándalo sin precedentes en toda la historia de la Iglesia. Únicamente el temor de que un exceso de repetición pudiese ser contraproducente lo habría posiblemente detenido de castigar esta última locura del Asisi-ismo.

Sin embargo, el Arzobispo reconoció que en aquel momento muy pocos Católicos comprendieron la enormidad del escándalo. Esto se debe a que el mundo moderno en su totalidad marginaliza a Dios, deja entre paréntesis la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, hace a la religión una cuestión de libre elección y convierte la Tradición Católica en una simple cuestión de sensibilidad o sentimentalismo. Aún infectando a los Papas, esta manera de pensar se ha vuelto tan normal alrededor de nosotros que todos estamos amenazados en nuestra fe. Volvamos a algunos fundamentos:--
Todo ser requiere una Primera Causa. Esa Causa, para ser la Primera, debe ser el Ser mismo, y debe ser un Ser completamente perfecto, porque cualquier dios secundario, para diferenciarse del Primero, tendría que tener alguna perfección que le faltaría al Primero. Así es que el verdadero Dios puede solamente ser uno. Este único Dios verdadero tomó naturaleza humana una vez y solamente una vez, en la divina persona de Nuestro Señor Jesucristo, quien probó su divinidad por una cantidad y calidad de milagros que no se han visto en la vida de ningún otro hombre jamás, pero que han acompañado a su Iglesia desde entonces: La Iglesia Católica Romana. La pertenencia a esa Iglesia es por la Fe, y está abierta a todos los hombres. Si creen, ese es el inicio indispensable de su eterna salvación. Si se rehúsan a creer, van camino a la eterna condenación (Marcos XVI, 16).

Por lo tanto si por sus eventos pasados y futuros en Asís, los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI han fomentado a las almas a pensar que el Catolicismo no es la primera y única manera para alcanzar una eternidad feliz, sino solamente una entre muchas otras (aún cuando sea la mejor) que promueven la "paz y unidad" de la humanidad en esta vida, se deduce que ambos Papas han hecho posible la atroz condenación de un sinfín de almas en la vida venidera. En lugar de tener parte alguna en dicha traición (por lo menos objetiva), el Arzobispo Lefebvre prefirió ser despreciado, rechazado, menospreciado, marginalizado, silenciado, "excomulgado", etc..

Hay un precio que se debe pagar por adherirse a la Verdad. ¿Cuántos Católicos están listos para pagarlo?

Kyrie eleison.

Concepción Católica de la Economía (2)




Por el R.P. Julio Meinvielle




Edición de los Cursos de Cultura Católica. Impreso por Francisco A. Colombo, 19 de septiembre de 1936.


Tomado de Stat Veritas









CAPÍTULO II

LA PRODUCCIÓN DE LA TIERRA



n el capítulo anterior descubrimos al vivo la perversión esencial y funesta de toda economía que, como el capitalismo, esté regida intrínsecamente por la concupiscencia del lucro.

Siendo ésta un instinto insaciable, infinitamente vertiginoso, dinámico, acelerador, es rebelde a toda medida, y por esto importa una radical inversión de todos los valores humanos, y aún de los mismos valores económicos. De los valores humanos: porque en lugar de poner la economía al servicio de la vida corporal del hombre, para que así pueda éste alcanzar la integridad de su vida intelectual y espiritual y ponerse al servicio de Dios, Señor único que merece plena adhesión, la concepción económica moderna absorbe todas las energías espirituales y materiales del hombre y las coloca a merced del gigantesco edificio económico, alrededor del cual todo el mundo – desde el último desocupado hasta el poderoso financista – está obligado a postrarse en religiosa danza.

Inversión de los mismos valores económicos: porque en lugar de emplear el dinero como un puro medio de cambio que facilite la distribución y difusión de las riquezas naturales, se hace de él precisamente lo opuesto, es decir un fin último, con una poderosa fuerza de atracción que concentra en pocas manos más dinero, y con él las mismas riquezas naturales.

De tal suerte está armada la economía capitalista, que todo concurre a la multiplicación del oro: las riquezas y el crédito sirven para multiplicar el oro; si se comercia es para multiplicar el oro; si se produce es para comerciar y con ello multiplicar el oro; si se consume es para producir más y con ello comerciar más y poder multiplicar más el oro. De modo que la vida es una danza perpetua alrededor del oro, al cual, para colmo de la paradoja, nadie ve porque duerme en las cavernas misteriosas de los grandes bancos.

De modo que el consumo, que debía de ser el fin próximo regulador de todo el proceso económico, viene a estar, en último término, supeditado a la producción, al comercio y a la finanza; y, en cambio, la finanza, que debía ocupar el último lugar como un puro medio, obtiene el primero de fin regulador.

Jerarquía de la producción

Esta morbosa aceleración debía provocar al mismo tiempo un trastorno profundo en los fenómenos económicos particulares, tales como la producción.
Sin entrar en consideraciones metafísicas que pueden parecer profundas, apliquemos el sentido común y preguntemos: ¿cuál es la finalidad de la producción de riquezas?, ¿para qué se empeña el hombre en el trabajo, y produce? Sin duda para disponer de bienes que pueda consumir. No quiere decir esto que sólo haya de producir lo que diariamente consume. De ningún modo. Puede y debe producir más, y ahorrar aquello que no consume, y formar un patrimonio estable que le asegure la vida en el mañana a él y a su familia y que se perpetúe entre sus herederos. Pero aún esto que inmediatamente no consume, lo produce en previsión del consumo que necesitará mañana sin poderlo entonces producir. Luego, siempre será verdad que produce para consumir. ¿Y cuáles son los primeros bienes de cuyo consumo necesita el hombre?: ¿gozar, vivir en habitación conveniente, vestirse o comer? Sin duda que primero es comer, y después vestirse, y luego tener habitación conveniente, y por fin disfrutar de honestos pasatiempos. Y como la tierra es la que casi directamente nos proporciona lo necesario para comer, vestir y habitar, y en cambio la industria nos suministra de preferencia lo superfluo, se sigue que, en un régimen económico ordenado, la producción de la tierra y sus riquezas deben obtener primacía sobre la producción industrial, la vida del campo sobre la vida urbana.

Es decir: exactamente lo inverso de lo que acaece y forzosamente debe acaecer en la economía moderna. La economía capitalista es, en su esencia, pura aceleración. La producción de la tierra y el consumo de sus productos se substrae a la aceleración: no es posible, por ejemplo, obtener trigo en pocos días o en algunas horas, o consumir 10 kilos de pan en vez de uno. En cambio la producción de lo superfluo puede aumentar ilimitadamente, porque siempre es posible crear nuevas necesidades superfluas y satisfacerlas infinitamente. Luego la economía capitalista, por su misma esencia, siéntese impulsada al fenómeno "contra naturam" (que viola las exigencias naturales) de hacer de la industria, de la fábrica, el tipo normal de producción y, en cambio, imaginar la agricultura como un acoplado arrastrado por la industria. Henry Ford ha tenido la franqueza de confesarlo cuando considera la agricultura como una industria "auxiliar o subsidiaria", según palabras textuales. (En Aujourd hui et demain, pág. 230; citado por Marcel Malcor, Nova et Vetera, janvier et mars, 1929).
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Descargas


por Juan Manuel de Prada



Tomado de XLsemanal






o podría entender que se cerrasen las páginas de descargas de Internet si previamente nuestros gobernantes proclamasen con solemnidad: «Establecemos que toda forma de transmisión gratuita de la cultura debe considerarse delictiva; y que toda persona, física o jurídica, que contribuya a la misma será puesta a disposición judicial». Tal pronunciamiento se me antojaría injusto y aberrante; pero, puesto que estamos en manos de gobernantes injustos y aberrantes, deseo que al menos se expresen como los tiranos que son, sin disfraces democráticos ni pamplinas buenistas. Lo que, en cambio, no puedo entender es que nuestros gobernantes pretendan cerrar las páginas de descargas de Internet y castigar a sus administradores mientras, por ejemplo, mantienen abiertas las bibliotecas públicas. Aquí algún lector escandalizado me opondrá: «¡Cómo se atreve a comparar las páginas web de descargas, esos zocos de latrocinio, con las bibliotecas, esos templos donde se custodia el saber!». A lo que le responderé: «Zocos o templos, como usted lo desee; pero lo cierto es que se dedican a lo mismo, que es la transmisión gratuita de cultura, o de lo que nuestra época entiende por cultura, que con frecuencia es borra para obturar las meninges; y si la biblioteca es de préstamo, como suelen ser todas las bibliotecas públicas, más todavía».

Algún lector ofendido por mi defensa de las descargas de Internet me ha reprochado: «¿Le gustaría a usted que mañana un multimillonario filántropo se dedicara a imprimir sin ánimo de lucro sus libros, y los pusiera a disposición de cualquier hijo de vecino?». A lo que yo le he respondido: «¡Pero, hombre de Dios, si ese multimillonario filántropo ya existe! Se llama «red de bibliotecas públicas del Estado»; y tiene abiertas sucursales en todos los barrios de nuestras ciudades, en todos los pueblos que salpican nuestra malhadada piel de toro, y hasta en autobuses itinerantes que llegan a las aldeas más recónditas y despobladas, y en los andenes del metro». Es verdad que este multimillonario filántropo no «imprime sin ánimo de lucro» mis libros, para ponerlos a disposición de cualquier hijo de vecino; no, hace algo todavía más ruin y desvergonzado, que consiste en obligar al contribuyente a apoquinar dinero para comprar unos cuantos ejemplares de mi libro (en honor a la verdad, más bien pocos o casi ninguno en mi caso concreto y excepcional, pues no soy escritor afecto al Régimen) que, repartidos por la «red de bibliotecas públicas del Estado», están a disposición de cualquier hijo de vecino para que los lea gratis. ¡Y este multimillonario, más caradura que filántropo, resulta que es el mismo que pretende evitar a toda costa que en Internet la gente, montándoselo por su cuenta, haga lo mismo que él hace en su «red de bibliotecas públicas»! Uno podría entender que se exigiera pagar una cantidad estipulada por descargar una canción o una película si en las bibliotecas se exigiera, a cada lector que toma prestado un libro, el abono de una compensación económica para el autor de ese libro, que por culpa de ese préstamo deja de vender un ejemplar. Pero si tan saludable requisito no se lo impone el Estado a las bibliotecas, ¿con qué derecho pretende imponérselo a los internautas? Y si no cierra las bibliotecas, ¿por qué pretende cerrar las páginas de descargas?

Aquí alguien podría aducir: «¡Es que Internet es una selva sin reglas, y en la selva hay que poner orden!». Póngase orden, pues: pero si el encargado de poner orden en la selva se limita a podar o arrancar un arbolito, dejando que en lo demás la selva siga tan agreste e infestada de alimañas y pantanos mefíticos como antes, hemos de concluir que a tal encargado no le interesaba adecentar la selva, sino arrancar ese arbolito concreto, al que profesaba especial inquina u ojeriza. Y si nuestros gobernantes, que (con la única excepción de la pedofilia) jamás se han preocupado de combatir la turbamulta de conductas delictivas que hallan cobijo y propagación en Internet, empezando por calumnias, injurias y difamaciones sin cuento, de repente se muestran tan celosos en la persecución de las descargas, hemos de pensar que los mueve algún impulso no demasiado filantrópico. A la postre, los tiranos, por mucho que aderecen de disfraces democráticos y pamplinas buenistas sus acciones, acaban mostrando las costuras de injusticia y aberración que constituyen el meollo de su alma; y esta época de ignominia acabará siendo recordada como aquel tiempo demencial en que abortar era un derecho y bajarse una película de Internet, un delito.

10 de Enero, San Guillermo, Obispo de Bourges





uillermo de Donjeon, que pertenecía a una ilustre familia de Nevers, fue educado por su tío Pedro, archidiácono de Soissons. Muy joven fue hecho canónigo, primero de Soissons y luego de París. Pero pronto decidió abandonar to talmente el mundo, y se retiró a la soledad en la abadía de Grandmont. Ahí vivió con gran regularidad la vida de esa austera orden, hasta que una disputa entre los monjes de coro y los otros turbó la paz. Guillermo pasó entonces a la orden cisterciense, que se distinguía por su fama de santidad. Tomó el hábito en la abadía de Pontigny. Poco después fue elegido abad, primero de Fontaine- Jean, en la diócesis de Sens, y después, del monasterio de Chalis, mucho más importante, que había sido construido por Luis el Gordo, en 1136. San Guillermo se consideró siempre como el último de los monjes. La mansedumbre de su palabra daba testimonio del gozo y la paz de su alma. La virtud era atractiva en él, a pesar de sus crueles austeridades.

A la muerte de Enrique de Sully, arzobispo de Bourges, el clero de la ciudad pidió a Eudo, obispo de París, que le ayudase a elegir un pastor. Como todos querían a un abad del Cister, depositaron sobre el altar el nombre de tres abades. Esta elección por sorteo hubiera sido una superstición, si los electores hubieran esperado un milagro. En realidad era muy razonable, ya que todas las personas propuestas para el cargo parecían igualmente dotadas, y se encomendaba la elección a Dios, poniendo toda la confianza en su Providencia ordinaria. Después de haber orado, Eudo leyó el nombre de Guillermo, a quien, por otra parte, habían favorecido casi todos los votos de los presentes. Era el 23 de noviembre del año 1200. La noticia abrumó a Guillermo, quien jamás hubiera aceptado el cargo, si el Papa Inocencio III y el abad de Citeaux, no se lo hubieran mandado. Guillermo abandonó la soledad con lágrimas en los ojos, y fue consagrado poco después.

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9 de enero de 2011

Poesía Católica

EL VISITANTE


A Antonio Murciano, que sin culpa alguna me inspiró estos renglones


Caminaba sumiso tras el último Mago,
muy lejos del incienso, de la mirra y del oro,
con andar de exiliado, de errabundo sin tiempos,
de forastero eterno que ha extraviado un tesoro.


Harapiento de soles, ni un mendrugo en la alforja,
por sostén un cayado de madera negruzca,
parecía que el paso le cerraba el camino,
que el viento lo tumbaba con su mano más brusca.


El Ángel del pesebre creyó reconocerlo
y echó el puño a la espada de contorno invisible,
los pastores se abrían, temerosos acaso,
de su rostro de barro, doliente e impasible.


Se oyó un gemido inmenso, como gimen las cosas
convertidas en haces de carbones o astillas,
el visitante quiso poner firme su pecho
pero oyó un latigazo crujiendo en sus costillas.


Cuando al fin ante el Niño se encontró genuflexo,
lloró siglos, milenios, en un instante mudo,
lloró generaciones, edades de la tierra,
centurias y almanaques lloró el llanto desnudo.


Pero era cada endecha un son transfigurante,
remozaba el plañido el perfil de ese hombre,
su linaje era augusto, su juventud la exacta
antigüedad del Cielo que le dio el primer nombre.


José lo abrazó fuerte, lo irguió y lo llamó Padre,
se contemplaron limpios, virilmente los dos.
Adán le dijo entonces (y era su voz fundante):
Custodio de la Virgen, Madre Nuestra y de Dios.


Al marcharse advirtieron que en las manos del Niño
quedaba un numinoso y esplendente regalo,
era el leño de un Arbol de fragancia indeleble,
del Arbol de la Ciencia de lo Bueno y lo Malo.


Antonio Caponnetto
Epifanía del 2011

Tomada del Blog de Cabildo

Acerca de la Verdad








por el R.P. Leonardo Castellani



Fragmento de su libro "San Agustín y nosotros"



VI - La Verdad

Vamos a ver a quién le toca hoy recibir palos. La filosofía es “dialéctica”, siempre lo ha sido, es decir, argumentativa o discutidora. La filosofía es amor a la verdad, y el amor a la verdad es odio al error; y el error existe en el mundo en cantidades no despreciables. La filosofía por lo tanto siempre ha cantado en contrapunto. No es que el filósofo tenga gusto en atacar, como dice la gente, o en destruir: no. Canta en contrapunto. Aristóteles comienza su Metafísica destruyendo a su maestro Platón -en apariencia; por eso los platónicos, los de la primera Academia, lo tacharon de ingrato; y él respondió esa frase: “Amigo Platón, más amiga la Verdad” -que está en la Ética, libro 1, cap. 3. Y, según Diógenes Laercio, una vez le preguntaron: “¿En qué se diferencian los sabios de los ignorantes?” - “Como los vivos de los muertos -contestó- porque la Verdad es la Vida.”

“¿Qué es la Verdad?” -dijo Pilatos. -”Est vir qui adest”- es el varón que tienes delante, podía haber respondido Jesucristo, con las mismas letras de la pregunta “¿Quid est veritas?” En la Edad Media un autor anónimo compuso este ingenioso anagrama: ¿Quid est veritas? - Est vir qui adest.” En realidad, Pilatos no preguntó en latín, sino en griego vulgar, koiné, y Jesucristo no contestó nada. Al que pregunta: ¿Qué es la verdad? sin muchas ganas de conocerla, la Verdad no le contesta nada. En suma, si Jesucristo hubiese sido criollo (y en parte lo fue) y Pilatos hubiese merecido que Cristo le contestara (que no lo merecía, por cobarde), a la pregunta: “¿Qué es la Verdad?”, Jesucristo debía haber contestado: “No te hagás el que no la ves…” Éste es un chiste de Ignacio Pirovano. Así como a mí me cuelgan chistes malos que nunca he hecho, que a veces me dejan bastante mal, así yo uso los chistes buenos de mis amigos.

“Andad a decir verdad, moriréis en el hospital -dicen los españoles. No quiero pararme en el estado en que se encuentra hoy día la difusión y la defensa de la verdad, porque me resulta demasiado doloroso: la veo como un “Ecce homo” hecha una llaga de pies a cabeza: “non est in ea sanitas.” Siempre la Verdad ha sido difícil, su patria no parece ser la tierra, pero en nuestros días han surgido fenómenos nuevos, obstáculos enormes, grandes maquinarias de obstrucción y de falsificación: el Estado que se vuelve totalitario, la educación monopolizada, las propagandas de guerra o de paz, la irrupción de los mediocres engreídos y de los ignorantes y de los estultos en los púlpitos; es decir, en los lugares desde donde puede uno hacerse oír de muchos; y los que llama el Evangelio “falsos cristos y falsos profetas”. La obstrucción a la difusión de la Verdad es uno de los crímenes más grandes que se pueden cometer: es uno de los pecados contra el Espíritu Santo.

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9 de Enero, Santos Julián, Mártir y Basilisa, Vírgen




Santos Julián y Basilisa
(† ca. 304)








a familia de Julián vivía en la ciudad de Antioquía, durante el siglo IV. El recibió una formación esmerada en la ciencia y en la piedad, dirigida a constituir una continuación de la vida noble de sus antepasados. Lo cual incluía el contraer un matrimonio digno de su rango.

Al insistir sus padres que contraiga desposorios y matrimonio, se le cierran a Julián los caminos de la virginidad que un día había prometido al Señor. Ante esta actitud paterna, Julián pide unos días para deliberar calmadamente una decisión tan seria en la que se ventila la cuestión de seguir a Jesús o desobedecer a sus padres. En este punto dice la leyenda que Julián conoce por revelación del cielo la esposa con la que podrá guardar la anhelada virginidad.

Con un suave olor de flores - y seguimos copiando la leyenda - los novios Julián y Basilisa son arrastrados hacia el amor de la virginidad, apareciéndoseles Nuestro Señor Jesucristo aprobando la determinación de conservarse intactos. Acompañan a Cristo un cortejo interminable de santos y santas vírgenes, entre cuyo desfile grandioso y ante la expectación de los celestes ejércitos ven sus nombres como en un letrero inmenso.

Esta aparición fue para Basilisa y Julián como una jura de bandera, con estruendo de clarines y con sonar de armonías inolvidables. Al poco tiempo mueren los padres de Julián y ambos recién casados se retiran y fundan sendos monasterios.

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