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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

5 de octubre de 2008

Primer Domingo de Octubre, Festividad de Nuestra señora del Rosario



En 1571 la cristiandad era amenazada por los turcos (musulmanes). El Papa San Pío V pidió a todos que rezaran, particularmente el rosario, para obtener la victoria. Una vez conseguida, instituyó la fiesta de Nuestra Señora del Rosario.

Los musulmanes ya habían arrasado con la cristiandad en el norte de Africa, en el medio oriente y otras regiones. España y Portugal se había librado después 8 siglos de lucha. La amenaza se cernía una vez mas sobre toda Europa. Los turcos se preparaban para dominarla y acabar con el Cristianismo.La situación para los cristianos era desesperada. Italia se encontraba desolada por una hambruna, el arsenal de Venecia estaba devastado por un incendio. Aprovechando esa situación los turcos invadieron a Chipre con un formidable ejército. Los defensores de Chipre fueron sometidos a las mas crueles torturas.
El Papa San Pío V trató de unificar a los cristianos para defender el continente pero contó con muy poco apoyo. Por fin se ratificó la alianza en mayo del 1571. La responsabilidad de defender el cristianismo cayó principalmente en Felipe II, rey de España, los venecianos y genoveses. Para evitar rencillas, se declaró al Papa como jefe de la liga, Marco Antonio Colonna como general de los galeones y Don Juan de Austria, generalísimo. El ejército contaba con 20,000 buenos soldados, además de marineros. La flota tenía 101 galeones y otros barcos mas pequeños. El Papa envió su bendición apostólica y predijo la victoria. Ordenó además que sacaran a cualquier soldado cuyo comportamiento pudiese ofender al Señor.
San Pío V, miembro de la Orden de Santo Domingo, y consciente del poder de la devoción al Rosario, pidió a toda la Cristiandad que lo rezara y que hiciera ayuno, suplicándole a la Santísima Virgen su auxilio ante aquel peligro. Poco antes del amanecer del 7 de Octubre la Liga Cristiana encontró a la flota turca anclada en el puerto de Lepanto. Al ver los turcos a los cristianos, fortalecieron sus tropas y salieron en orden de batalla. Los turcos poseían la flota mas poderosa del mundo, contaban con 300 galeras, además tenían miles de cristianos esclavos de remeros.
Los cristianos estaban en gran desventaja siendo su flota mucho mas pequeña, pero poseían un arma insuperable: el Santo Rosario. En la bandera de la nave capitana de la escuadra cristiana ondeaban la Santa Cruz y el Santo Rosario.
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5 de Octubre de 2008. Conmemoración de San Plácido y compañeros, Mártires


Tértulo, noble romano, entregó su hijo Plácido a San Benito, para que lo hiciese ingresar en su Orden.

Bajo un director tan competente, hizo Plácido rápidos progresos en el camino de la perfección.

Un día, estando en Sicilia, en un monasterio que había fundado, fue capturado por los moros con los demás religiosos de su monasterio.

Estos bárbaros les hicieron sufrir toda clase de tormentos para obligarlos a renegar de la fe; pero estos ilustres soldados de Jesucristo, animados con el ejemplo de su jefe, obtuvieron la corona del martirio.

El imputable Aguinis


por el Dr Antonio Caponetto


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Tomado de Cabildo




Sr. Director:


En la edición del viernes 3 de octubre de 2008, “La Nación” dedica la casi totalidad de la página 19 a una nota de Marcos Aguinis titulada “Contra el odio a los judíos”; escrita, según el estrambote que la cierra, “con el fin de […] darles vigor a la amistad y la concordia nacional”.De sobra conozco las democráticas reglas que tornan impensable el que se me conceda análogo espacio para desbaratar los desaguisados múltiples del infortunado escrito. Pero como en el mismo se me alude expresamente, debo conjeturar que —en aras del proverbial derecho a réplica— habrá algún sitio para estas prietas líneas aclaratorias.

Sostiene Aguinis que he puesto “en circulación una extraorinaria ensalada: que la presidenta […] es judía, porque su verdadero nombre y apellido es Elizabeth Wilhelm”; que “está al servicio de los mandos plutocráticos de la judeomasonería, y alimenta y acompaña la revolución gramsciana, preñado su entorno de antiguos asesinos terroristas a cuyos sones cabalistas todo vejamen nacional se consuma”. Por todo lo cual —y algunos otros cargos que desliza indirectamente— sería yo un “inimputable redactor de Cabildo”.

No es la primera vez que Aguinis manifiesta su destemplado odio contra la revista católica y nacionalista que dirijo, propendiendo lisa y llanamente a su clausura. Apunto al pasar dos ocasiones. El 1 de diciembre de 1985, en un reportaje gráfico concedido en Mendoza a Andrés Gabrielli; y más virulentamente aún el 29 de agosto de 1986, desde las columnas del órgano sionista “Nueva Presencia”, cuando investido ya de funcionario alfonsinista, propuso “la eliminación de ese veneno que infecta a la sociedad argentina”. Mes y medio después, en efecto, a “Cabildo” se le cancelarían las franquicias postales, obstaculizando de hecho su libre circulación. Los términos recién transcriptos permitirán calibrar al lector, siquiera someramente,el verdadero alcance de “la amistad y la concordia” pregonadas por Aguinis. Otrosí el amplio concepto que lo asiste sobre la libertad de expresión.

Lo sorprendente ahora es que me atribuya la invención de una “ensalada”, que bien quisiera yo fuera fruto de mi magín antes que retrato de la cruda realidad. Porque al margen de la imperfecta cita que hace de mis escritos, y del error intencional de afirmar que he sostenido que la presidenta es judía, la verdad es que —ante el cúmulo de evidencias incrementadas en estos años— nada cuesta probar que los Kirchner cultivan la mejor relación con los lobbies israelíes, fuera y dentro del país. Como nada cuesta probar el apoyo masónico del que goza esta gestión, la revolución gramsciana que groseramente ejecuta, los homicidas del terrorismo marxista que la acompañan y el vejamen nacional que se consuma a diario.

¿Puede negar alguien —y es apenas un magrísimo enunciado— los connubios reiterados y públicos de Cristina con entidades internacionalistas hebreas como el Congreso Judío Mundial, el Comité Judío Americano o la Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela? ¿Puede negar alguien la atroz puesta en marcha del Decreto 1086/05 o la Ley Nacional de Educación, de explícitos cuanto ominosos postulados gramscianos? ¿Puede negar alguien la declaración oficial de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones, publicada en el Nº 68 de la revista “Símbolo”, de noviembre de 2007, dando su beneplácito al oficialismo triunfante y advirtiendo que “ahora vamos por más”?

¿Puede negar alguien que se cuentan por racimos los antiguos guerrilleros y sus secuaces que integran hoy el poder del modo más inverecundo y rencoroso jamás imaginado?

No; no he sido yo el fabricante de esta sórdida y tenebrosa “ensalada” que indigesta, intoxica, enherbola e incrimina a la patria. Apenas si podría blasonar de ser uno de los testigos y cronistas de tan perverso revoltijo.

Aguinis, en cambio, tiene antecedentes suficientes como para contarse en la lista de los condimentadores y sazonadores de tan amarga pócima. Ya hombre público del Alfonsinato, aquel engendro contracultural del PRONDEC lo tuvo como ideólogo. Ya bestsellerista avezado del odium Christi, “La Cruz invertida” lo tiene por culpable. Ya oportunista del negro oficio de destruir a las Fuerzas Armas, la “Carta esperanzada a un General”, lo tuvo por artífice.

No podría, pues, en conciencia, corresponderle la gentileza de la inimputabilidad que creyendo agraviarme me adjudica. Antes bien, su figura y su trayectoria, integran la nómina de los imputables de los que algún día deberán rendir cuentas ante Dios y la Nación Argentina.

ANTONIO CAPONNETTO

Director de Cabildo

4 de octubre de 2008

Semblanza de san Pío de Pietrelcina, en ocasión de su muerte.


por el Dr. Juan Carlos Goyeneche.
14 de Febrero de 1969.

Tomado de Página Católica












Incomparable poder de síntesis



¿Qué está pasando? Una hipótesis.


por el Dr. Aníbal D´Angelo Rodríguez

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Tomado de Catapulta

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Es demasiado temprano para sacar conclusiones definitivas sobre lo que significa la presente crisis en Estados Unidos y su presumible desemboque. Sin embargo, me parece oportuno esbozar una hipótesis que intenta comprender lo que sucede a la luz de la filosofía de la Historia.

En el siglo XVIII nació una ideología: el progresismo que significaba, en sustancia, la rebelión del hombre contra Dios y la certeza de construir un mundo perfecto – el paraíso sobre la tierra - a partir de la tecnología basada en la ciencia. La cual, a su vez, develaría todos los secretos del Universo. La humanidad sería, pues, un Dios colectivo: lo sabría todo, lo podría todo.

Un siglo después, a fines del XIX, toda esa profecía del progresismo parecía a punto de cumplirse. La segunda revolución industrial ponía bajo dominio humano a la naturaleza y el darwinismo explicaba qué cosa es el hombre. La democracia laica enseñaba el secreto de la convivencia y Nietzsche resumía el todo en su más célebre frase: “Dios ha muerto”. Es verdad que el pensador germano advertía sobre los riesgos de un mundo sin Dios pero el mundo no quería oír esa parte. Atrás quedaba la Inquisición, la caza de brujas, la ignorancia y la superstición. El siglo XX se presentaba maravilloso a los ojos del progresismo. Lleno de tolerancia y de adelantos técnico- científicos que harían mejores y más felices a los hombres.

¡Ay! No fue así sino todo lo contrario. En poco tiempo se mostró que las condenas de la Inquisición y la cacería de brujas eran una ráfaga de verano al lado de las matanzas ejecutadas por todos los protagonistas de la modernidad. En medio siglo se asesinó más gente inocente que en el resto de la historia. Y en la segunda mitad del XX continuó el crimen colectivo con millones y millones de niños abortados por el egoísmo más helado que el Ártico en que se había convertido el individualismo propiciado en la mentalidad moderna. Una proporción enorme de los abortos se basan en la negativa a soportar las molestias de los nueve meses de embarazo a pesar de las ofertas concretas de personas e instituciones que ofrecen hacerse cargo del niño que se prefiere asesinar.

Mi hipótesis es Dios se ha cansado. Primero hirió a las naciones culpables con la simple consecuencia de sus acciones: la población europea y la norteamericana original disminuye año a año, llevando a la extinción autoprovocada a los pueblos culpables.

Pero no solo eso. La ideología progresista produjo dos modelos: el socialista y el liberal o capitalista. El primero se basaba en la estúpida creencia que suprimiendo a los ricos (la burguesía) los pobres serían felices y se gobernarían a sí mismos. Esta necia creencia fue sostenida – aunque hoy sea difícil creerlo – por los intelectuales modernos, el “cerebro” del sistema. Por supuesto el fracaso de tal estupidez se hizo evidente en tan solo setenta años. (Históricamente, un minuto) La supresión (asesinato y fuga) de la burguesía no puso en manos de los pobres los instrumentos de producción y de mando político sino que los depositó en as manos de una banda de asesinos que monopolizó ambas posesiones “en nombre del pueblo pobre”. El chiste costó cien millones de muertos y todavía tiene sostenedores que ahora pretenden hacernos creer que donde fracasaron Ulianov (Lenín) y Djugasvili (Stalin) triunfarán Evo (Morales) y Hugo (Chaves).

En cuanto al modelo liberal, sus autores intelectuales y propiciadores fueron los otros protagonistas de la modernidad: los ricos, los atesoradores de riqueza. Todo ese modelo está basado en lo que los griegos llamaban la hybris, la desmesura. Aquí no se trataba de suprimir a los ricos sino todo lo contrario: hacer que todos fueran ricos. Y, en consecuencia, felices. Para eso pusieron en marcha una loca bicicleta: una economía que solo se mantenía en pie si corría, corría y corría, aunque no se supiera hacia donde. La cuestión era crecer, producir siempre más. Pero claro, un siglo después Ford se dio cuenta de que la ecuación no cerraba si no se consumía más y un consumo diametralmente contradictorio con el instinto humano de posesión: había que poseer cosas que se hacían instantáneamente obsoletas para volver en seguida a desear más, a poseer más, a desilusionarse más y a volver a desear más. Para eso hacía falta crear una humanidad estupidizada. De manera que los estúpidos que creaba el sistema podían optar por creer las estupideces que decían los marxistas o las que decía la publicidad. O ambas, porque no había verdadera divergencia entre ellas.

Entonces, como el sistema requería un combustible único: el dinero y como el dinero real no alcanzaba para una empresa que crecía locamente, se inventaron las finanzas. O sea recursos varios para hacer dinero de la nada. Pero ese dinero se insubordinó y comenzó a creerse en serio que era algo y que los financistas que lo manejaban eran todopoderosos y podían hacer fabulosos negocios jugando con dinero inexistente.

Bueno, ahora se terminó. Aparece Dios y castiga todos los que creyeron que podían prescindir de El, dejándolos simplemente ahorcarse con la soga que construyeron. A los socialistas con su sociedad tiránica y más injusta – aun – que la otra. A los capitalistas con su dinero sacado de la nada. Esa es la crisis que comenzamos a vivir.

Al menos en su apariencia, porque Dios debe reírse de los mundos sin Él que construyeron marxistas y capitalistas. Lo que realmente clama al cielo es la sangre inocente que derramaron y siguen derramando (por ejemplo, ayer en Bahía Blanca, que se tiñó del rojo de la sangre del bebé asesinado). Eso ya no es un chiste, eso Dios no lo va a perdonar.

Si esta hipótesis es cierta, teman, los que no temen a Dios, porque se acerca el día de su juicio. No teman los que temen a Dios. Aunque crucen por oscuras quebradas, no teman. Él defenderá a los suyos.

4 de Octubre, Festividad de San Franciscode Asís, Confesor


El capítulo general de los franciscanos, celebrado el año 1260, encargó a San Buenaventura, en ese entonces ministro general de la Orden, que escribiera una nueva y definitiva vida de San Francisco: es la que conocemos bajo el nombre de "Leyenda Mayor" (LM).
Giotto se inspiró precisamente en esta obra para pintar, a fines del siglo XIII, la galería de frescos de la Basílica superior de Asís, que relata veintiocho episodios de la vida de San Francisco.

Haciendo click sobre la imagen podrá acceder al texto de San Buenaventura y a las imágenes de los frescos.

Cartas a un escéptico en materia de religión (4)


por el R.P. Jaime Balmes

Enviado por María Luz López Pérez, desde la España Peninsular, a la que una vez más agradecemos su colaboración.


Carta III Cartas a un escéptico en materia de religión
Jaime Balmes

Sencilla demostración de la existencia de Dios. Eternidad de las penas del infierno.

Errado método que suelen seguir en las disputas los enemigos de la religión. Método que debiera observarse. Dogma de la Iglesia sobre la eternidad de las penas. La misericordia no excluye la justicia. El sentimiento. Abuso que de él se hace. Reflexión sobre su influencia en los errores de nuestra época. Aplicación al dogma de la eternidad de las penas. Razones naturales que apoyan al dogma. Imposibilidad de comprender los misterios. Nuestra ignorancia hasta en las cosas naturales. La duración eterna y la temporal. El purgatorio. Observaciones sobre un carácter distintivo del hombre en esta vida con respecto a las cosas futuras. Necesidad de una impresión aterradora. La explicación filosófica. Los frailes y los poetas. Magnífico pasaje de Virgilio.

Mi querido amigo: Cuando, según me indica V. en su última, veo que llegaremos a entablar una seria disputa sobre materias religiosas, me ha llenado de indecible consuelo la seguridad que me da V. de no haber llegado su extravío al extremo de poner en duda la existencia de Dios: esto allana sobremanera el camino a la discusión, pues que no es posible dar en ella un solo paso sin estar de acuerdo sobre esta verdad fundamental. Y no sin motivo he querido cerciorarme de las ideas que sobre este particular profesaba usted; pues que nunca podré olvidar lo que me sucedió con otro escéptico, de quien sospechando yo si tal vez hasta ponía en duda la existencia de Dios, o si al menos no la concebía tal como es menester, y dirigiéndole en consecuencia algunas preguntas, me salió con una extraña ocurrencia, que fuera chistosa, a no ser sacrílega. Advirtiéndole yo que ante toda discusión era necesario estar los dos de acuerdo sobre este punto, me respondió con la mayor serenidad que imaginarse pueda: «me parece que podemos pasar adelante; porque opino que es de poca importancia el aclarar si Dios es una cosa distinta de la naturaleza, o si es la misma naturaleza».¡A tanto llega la confusión de ideas trastornadas por la impiedad, y este hombre, por otra parte, era de más que mediana instrucción, y de ingenio muy despejado!

Desde luego le doy a V. mil satisfacciones por haberme atrevido a indicarle mis recelos en este punto, bien que difícilmente me arrepiento de semejante conducta, porque cuando menos ha producido un gran bien, cual es, el que V. se explica sobre este particular de tal modo, que, revelando mucho buen sentido, me hace concebir grandes esperanzas de que no serán estériles mis esfuerzos. Una y mil veces he leído aquellas juiciosas palabras de su apreciada, en las que expone el punto de vista desde el cual considera esta importante verdad. Permítame V. que se las reproduzca en la mía, y que le recomiende encarecidamente que no las olvide jamás. «Nunca me he devanado mucho los sesos en buscar pruebas de la existencia de Dios; la historia, la física, la metafísica, servirán para esta demostración todo lo que se quiera; pero yo confieso ingenuamente que para mi convicción no he menester tanto aparato científico. Saco la muestra de mi faltriquera, y al contemplar su curioso mecanismo y su ordenado movimiento, nadie sería capaz de persuadirme de que todo aquello se ha hecho por casualidad, sin la inteligencia y el trabajo de un artífice: el universo vale, a no dudarlo, algo más que mi muestra; alguien, pues, debe de haber que lo haya fabricado. Los ateos me hablan de casualidad, de combinaciones de átomos, de naturaleza, y de qué sé yo cuántas cosas; pero, sea dicho con perdón de estos señores, todas estas palabras carecen de sentido.» Nada tengo que advertir a quien con tanto pulso aprecia el valor de los dos sistemas; estas palabras tan sencillas como profundas, las estimo yo en más que un tomo lleno de razones.

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3 de octubre de 2008

X arquetipo: Gabriel García Moreno


por el R.P. Alfredo Sáenz. S.J.



Nos adentraremos ahora en la consideración de un personaje eminentemente político, García Moreno, quien se nos revelará como un magnífico arquetipo del estadista católico en el seno del mundo moderno.

Fue el Ecuador su patria amada. La cordillera de los Andes, que en dos ramas paralelas corre de norte a sur, divide a dicha nación en tres partes. La primera lo ocupa la llanura, que se extiende desde el océano Pacífico hasta la primera de esas ramas. Entre ambas secciones de la cordillera se encuentra la segunda, una gran meseta. La tercera parte, cubierta por bosques casi vírgenes en los tiempos de nuestro homenajeado, cubre el terreno que va desde el segundo ramal de la cordillera hacia el este, zona habitada por indios, muchas veces salvajes. Gran parte de la población vive entre montañas gigantescas y volcanes, a grandes alturas sobre el nivel del mar. Primitivamente existió un reino indígena en Quito, que luego conquistarían los Incas. Finalmente llegaron los españoles. Tal fue el escenario histórico-geográfico donde se desenvolvió la vida de García Moreno.

I. Niñez candorosa y juventud intrépida

Nació Gabriel en Guayaquil, el 21 de diciembre de 1821. Eran años arduos y bravíos. Al independizarse de España sus provincias de ultramar, el Ecuador siguió el destino de Colombia, que por aquel entonces se llamaba Nueva Granada, formando con ella y con Venezuela una sola nación. Fue Simón Bolívar el creador de esta confederación, a la que llamó la Gran Colombia, gobernándola durante varios años. En 1830, por exigencia de un grupo de ingratos y traidores, debió dejar el poder, y se retiró a Cartagena, con la idea de trasladarse a Europa. No pudo hacerlo, ya que murió en aquella ciudad el mismo año, como si hubiese comprendido que la Gran Colombia no subsistiría. De hecho, veinte días antes, se había consumado la separación de Venezuela.

El padre de Gabriel, Gabriel García Gómez, era español, nacido en Castilla la Vieja. Vivió varios años en Cádiz, donde estudió y trabajó con uno de sus tíos, que había sido en otro tiempo secretario del rey Carlos IV. En 1793 se trasladó a América, estableciéndose en Guayaquil. Allí se casó con una joven de prosapia, Mercedes Moreno, hija de don Ignacio Moreno, caballero de la Orden de Carlos III. Un hermano de Mercedes, Miguel Juan Moreno, fue padre de Ignacio, quien llegaría a ser Cardenal Arzobispo de Toledo. Como se ve, tratábase de una familia de alcurnia.

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3 de Octubre, Festividad de Santa Teresita del Niño Jesús, Vírgen


María Francisca Teresa nació el 2 de Enero de 1873 en Francia. Hija de un relojero y una costurera de Alençon. Tuvo una infancia feliz y ordinaria, llena de buenos ejemplos. Teresita era viva e impresionable, pero no particularmente devota.

En 1877, cuando Teresita tenía cuatro años, murió su madre. Su padre vendió su relojería y se fue a vivir a Lisieux donde sus hijas estarían bajo el ciudado de su tía, la Sra. Guerin, que era una mujer excelente. Santa Teresita era la preferida de su padre. Sus hermanas eran María, Paulina y Celina. La que dirigía la casa era María y Paulina que era la mayor se encargaba de la educación religiosa de sus hermanas. Les leía mucho en el invierno.

Cuando Teresita tenía 9 años, Paulina ingresó al convento de las carmelitas. Desde entonces, Teresita se sintió inclinada a seguirla por ese camino. Era una niña afable y sensible y la religión ocupaba una parte muy importante de su vida.

Cuando Teresita tenía catorce años, su hermana María se fue al convento de las carmelitas igual que Paulina. La Navidad de ese año, tuvo la expeirencia que ella llamó su “conversión”. Dice ella que apenas a una hora de nacido el Niño Jesús, inundó la oscuridad de su alma con ríos de luz. Decía que Dios se había hecho débil y pequeño por amor a ella para hacerla fuerte y valiente.
Al año siguiente, Teresita le pidió permiso a su padre para entrar al convento de las carmelitas y él dijo que sí. Las monjas del convento y el obispo de Bayeux opinaron que era muy joven y que debía esperar.

Algunos meses más tarde fueron a Roma en una peregrinación por el jubileo sacerdotal del Papa León XIII. Al arrodillarse frenta al Papa para recibir su bendición, rompió el silencio y le pidió si podía entrar en el convento a los quince años. El Papa quedó impresionado por su aspecto y modales y le dijo que si era la voluntad de Dios así sería.

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2 de octubre de 2008

Juan Donoso Cortés: Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo (7)


7.- Que la Iglesia ha triunfado de la sociedad a pesar de los mismos obstáculos y por los mismos medios sobrenaturales que dieron la victoria sobre el mundo a nuestro Señor Jesucristo .


La Iglesia católica, considerada como institución religiosa, ha ejercido la misma influencia en la sociedad que el catolicismo, considerado como doctrina, en el mundo; la misma que Nuestro Señor Jesucristo en el hombre. Consiste esto en que Nuestro Señor Jesucristo, su doctrina y su Iglesia no son en realidad sino tres manifestaciones diferentes de una misma cosa; conviene a saber: de la acción divina obrando sobrenatural y simultáneamente en el hombre y en todas sus potencias, en la sociedad y en todas sus instituciones. Nuestro Señor Jesucristo, el catolicismo y la Iglesia católica son la misma palabra, la palabra de Dios resonando perpetuamente en las alturas.

Esa palabra ha tenido que superar los mismos obstáculos y ha triunfado por los mismos medios en sus encarnaciones diferentes. Los profetas de Israel habían anunciado la venida del Señor en la plenitud de los tiempos, habían escrito su vida, habían lamentado con tremendas lamentaciones sus tremendos infortunios, habían dicho sus dolores, habían descrito sus trabajos, habían contado una por una las gotas que componían el mar de sus lágrimas, habían visto sus congojas y vilipendios, habían levantado el acta de su pasión y de su muerte; a pesar de todo esto, el pueblo de Israel no le conoció cuando vino, y cumplió todas las profecías olvidado de sus profetas. La vida del Señor fue santísima; su boca había sido la única boca humana que se había atrevido a pronunciar en presencia de los hombres estas palabras, insensatamente blasfemas o inefablemente divinas: «¿Quién me argüirá de pecado?». Y a pesar de esas palabras, que ningún hombre había pronunciado antes, que no pronunciará después ninguno, el mundo no le conoció, y le llenó de ignominias. Su doctrina era maravillosa y verdadera, y lo era tanto, que iba como perfumándolo todo con su extremada suavidad y bañándolo todo con sus apacibles resplandores. Cada una de las palabras que caían blandamente de sus sacratísimos labios era una revelación portentosa; cada revelación, una verdad sublime; cada verdad, una esperanza o un consuelo. Y, a pesar de todo, el pueblo de Israel apartó la luz de sus ojos y cerró su corazón a aquellas portentosas consolaciones y a aquellas sublimes esperanzas. Obró milagros nunca vistos de los hombres ni oídos de las gentes, y a pesar de esto se apartaron de Él con horror, como si estuviera inficionado de la lepra o como si llevara en la frente una maldición estampada por la cólera divina, las gentes y los hombres. Hasta uno de entre sus discípulos, a quien amó con amor, fue sordo al reclamo dulce de sus dulcísimos amores, y cayó en el abismo de la traición desde la eminencia del apostolado.

La Iglesia de Jesucristo venía anunciada por grandes profetas y representada en símbolos o figuras desde el principio de los tiempos. Su mismo divino Fundador, al abrir sus zanjas inmortales y al modelar en un molde maravilloso sus divinas jerarquías, puso ante los ojos de sus apóstoles su historia advenidera; allí anunció sus grandes tribulaciones, sus persecuciones sin ejemplo; vio pasar uno por uno y unos en pos de otros, en sangrienta procesión, sus confesores y sus mártires. Dijo cómo las potestades del mundo y del infierno ajustarían contra ella, en odio a él, paces horribles y sacrílegas alianzas, y de qué manera triunfaría, por su gracia de todas las potestades del mundo y del infierno. Tendió por toda la prolongación de los tiempos su vista soberana, y anunció el fin de todas las cosas y la inmortalidad de su Iglesia, transformada en aquella Jerusalén celestial vestida de luz y de piedras resplandecientes, llena de gloria y empapada en perfumes de suavísimas fragancias. A pesar de esto, el mundo, que la vio siempre perseguida y siempre triunfante, que ha podido contar y ha contado por sus tribulaciones sus victorias, le da perpetuamente nuevas victorias con sus nuevas tribulaciones, cumpliendo así ciegamente la grande profecía, al mismo tiempo que se olvida de lo profetizado y del Profeta. La Iglesia es perfecta y santísima, así como su divino Fundador fue perfecto y santísimo. Ella también, y sólo ella, pronuncia en presencia del mundo aquella palabra nunca oída: «¿Quién me argüirá de error? ¿Quién me argüirá de pecado?». Y a pesar de esa extraña palabra que ella sola pronuncia, el mundo ni la desmiente ni la sigue sino con sus vituperios. Su doctrina es maravillosa y verdadera, porque es la enseñada por el gran Maestro de toda verdad y el gran Hacedor de toda maravilla, y, sin embargo, el mundo cursa estudios en la cátedra del error y pone un oído atento a la elocuencia vana de impúdicos sofistas y de oscuros histriones. Recibió de su divino Fundador la potestad de hacer milagros, y los hace, siendo ella misma un milagro perpetuo; y, sin embargo, el mundo la llama vana superstición y vergonzosa y es dada en espectáculo a los hombres y a las gentes. Sus propios hijos, amados con tanto amor, ponen su mano sacrílega en el rostro de su ternísima Madre, y abandonan el santo hogar que protegió su infancia, y buscan en nueva familia y en nuevo hogar no sé qué torpes delicias y qué impuros amores; y de esta manera va siguiendo el anunciado camino de su dolorosa pasión, no conocida del mundo y desconocida de los heresiarcas.

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Santa María


Santa María, estrella do día,
Móstranos vía
Pera Deus et nos guía,
Da onsadía que lles fazía
Fazer folía mais,
Que non devería.

Ca veer faze los errados
Que perder foran per pecados
Entender de que mui colpados
Son mais perdidos son perdoados.




Alfonso X el Sabio

2 de Octubre, Festividad de los Santos Angeles Custodios


"La existencia de los ángeles está atestiguada casi por cada una de las páginas de la Sagrada Escritura." Así habla San Gregorio Magno, a quien se da el título de Doctor de la milicia celeste. Podemos añadir nosotros que el mismo alto origen ha de reconocerse para el culto de estos celestiales espíritus. La devoción a los ángeles aparece casi con espontaneidad en los primeros años de,nuestra vida y ya no nos abandona jamás. En una inscripción del cementerio de San Calixto se lee: Arcessitus ab angelis, que viene a decir: "fue llamado por los ángeles" para presentarle al Señor. "Salid al encuentro suyo, ángeles del Señor, para ofrecer su alma en la presencia del Altísimo", canta la Iglesia en el oficio de difuntos.

La fiesta de los ángeles custodios tiene ya existencia multisecular. Se ha recordado que ya en el siglo V se celebraba en España y en Francia, como fiesta particular. Suprimida por San Pío V, fue restablecida por un decreto de Paulo V el año 1608, fijándola para el primer día libre después de San Miguel. Clemente X fue quien la introdujo definitivamente en la liturgia de toda la Iglesia, determinando que se celebrara el día 2 de octubre.

El nombre de "ángel" significa mensajero. Es nombre que significa ministerio y oficio. Pero la perfección de su naturaleza va de acuerdo con ese sublime oficio, que ellos ejercen de una manera más permanente que los demás seres de la creación. Son los "mensajeros" de Dios, por excelencia. Son seres creados, intelectuales, superiores a los hombres, dotados por el Señor de especial virtud y poder.

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1 de octubre de 2008

Herejes (2)


por G.K. Chesterton

II. Del espíritu negativo

Mucho se ha dicho, y con razón, de lo enfermizo de la vida monacal, de la histeria que con frecuencia se asocia a las visiones de eremitas o monjas. Pero no olvidemos que esa religión visionaria es, en cierto sentido, necesariamente más completa que nuestra moderna y razonable moralidad. Y lo es porque toma en cuenta la idea del éxito o del triunfo en la desesperada batalla hacia el ideal ético, porque considera lo que Stevenson llamaba con su habitual y pasmosa facilidad de palabra «la batalla perdida de la virtud». Una moralidad moderna, por otra parte, sólo puede señalar con absoluta convicción los horrores siguen al quebrantamiento de la ley; su única certeza es una certeza de lo malo. Sólo puede señalar las imperfecciones. No tiene una perfección para señalar. Pero el monje que medita sobre Cristo, o sobre Buda, tiene en su mente una imagen de salud perfecta, algo de colores vivos y aire limpio.

Tal vez contemple ese ideal de plenitud mucho más de lo que debiera; tal vez lo contemple hasta olvidarse o hasta excluir otras cosas; tal vez lo contemple hasta convertirse en soñador o en charlatán; pero, aun así, lo que contempla es plenitud y es felicidad. Tal vez se vuelva loco; pero se vuelve loco por el amor a la cordura.

Por el contrario, el estudiante moderno de ética, incluso si se mantiene cuerdo, permanece sano por un insano temor a la locura.

El anacoreta que se revuelca sobre las piedras en su trance de sumisión es, fundamentalmente, una persona más sana que muchos de esos hombres sensatos que, tocados con sombrero de seda, caminan por Cheapside.

Pues muchos de ellos son buenos sólo a través de un desvaído conocimiento del mal. No defiendo en este momento, para el devoto, nada más que esa ventaja primaria: que, aunque personalmente se esté debilitando y convirtiéndose en alguien patético, sigue anclando sus pensamientos, en gran medida, en una fuerza y en una felicidad gigantescas; en una fuerza que carece de límites y en una felicidad sin fin. Sin duda, existen otras objeciones que pueden hacerse, no sin razón, contra la influencia de dioses y visiones en la moral, ya sea en las celdas o en las calles. Pero esa ventaja, la moral mística la tendrá siempre, siempre será más alegre. Un joven puede mantenerse alejado del vicio pensando sin cesar en la enfermedad. También puede mantenerse alejado de él pensando continuamente en la Virgen María. Se puede cuestionar cuál de los dos métodos resulta más razonable, e incluso cuál de los dos es más eficaz. Pero de lo que no puede ponerse en duda es cuál resulta más pleno.

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Tretas y fantasmas

por el R.P. Leonardo Castellani
26-IX-67

La "ciencia de las finanzas" no es ciencia. ¡La ciencia de los "créditos"!
El crédito es el fantasma del dinero y el dinero el fantasma de los bienes reales; y nos venden esos fantasmas como si fuesen bienes reales.
Para lograr eso, han inventado una terminología detrás de la cual no hay cosas sino tretas; que no depende del intelecto sino de la astucia.

La mayoría desas tretas son secretas; y en el fondo dellas está la Usura, que consiste en ordeñar al dinero como si fuese una vaca y no un mero signo.

Mambrú compró cuatro diarios para leer el FONDO MONETARIO INTERNACIONAL con sus 106 naciones "representadas". Y no entendió nada, me vino a preguntar qué diablos quería decir "créditos stand by" o "disponibilidad del convertible" o "liberalización de la economía". Yo le conteste lo que queda arriba.

La ciencia de las finanzas consiste en el manejo de los signos de signos; la realidad de las cosas signadas queda detrás y acaba por perderse de vista.

- ¿Por qué las naciones que no están "altamente industrializadas" son atrasadas? ¿Y si el mundo consistiera todo en naciones "altamente industrializadas" (lo cual es imposible) ¿sería todo feliz?- las preguntas ingenuas de Mambrú.

Yo tomé uno de los diarios y le marqué 5 palabras de la mitad de una perorata:

"ESTE PROCESO REQUIERE CAPITAL"

Estos organismos internacionales, el FMI, el BIMF, el APP y TAL, son tretas de los vendedores, (alquiladores) de capital; o sea, alquiladores de créditos, o sea alquiladores de ficciones - no de bienes o de valores o de productos.

Perdé cuidado que no te van a dar calce para que te conviertas en uno dellos; o sea, un alquilador de créditos; o sea, de cifras en un libro; o sea, para vivir sin producir; o sea, sin trabajar.

Trabajarás eternamente para ellos por este camino, caro Mambrú.

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Imitación de Cristo (3)



4.- De la prudencia en las acciones

1. No se debe dar crédito a cualquier palabra ni a cualquier espíritu; mas con prudencia y espacio se deben, según Dios, examinar las cosas. ¡Oh dolor! Muchas veces se cree y se dice más fácilmente del prójimo el mal que el bien ¡Tan flacos somos! Mas los varones perfectos no creen de ligero cualquier cosa que les cuentan, porque saben ser la flaqueza humana presta al mal y muy deleznable en las palabras.

2. Gran sabiduría es no ser el hombre inconsiderado en lo que ha de hacer, ni porfiado en su propio sentir. A esta sabiduría también pertenece no creer a cualesquiera palabras de hombres, ni decir luego a los otros lo que oye o cree. Toma consejo del hombre sabio y de buena conciencia; y apetece más ser enseñado de otro mejor, que seguir tu parecer. La buena vida hace al hombre sabio, según Dios, y experimentado en muchas cosas. Cuanto alguno fuere más humilde en sí y más sujeto a Dios, tanto será más sabio y sosegado en todo.

5.- De la lección de las Santas Escrituras

1. En las Santas Escrituras se debe buscar la verdad, no la elocuencia. Toda la Escritura santa se debe leer con el espíritu que se hizo. Más debemos buscar el provecho en la Escritura que no la sutileza de palabras. De tan buena gana debemos leer los libros sencillos y devotos como los sublimes y profundos. No te mueva la autoridad del que escribe si es de pequeña o grande ciencia; mas convídete a leer el amor de la pura verdad. No mires quién lo ha dicho, mas atiende qué tal es lo que se dijo. Los hombres pasan; mas la verdad del Señor permanece para siempre (Salmo ll6, 2).

2. De diversas maneras nos habla Dios sin acepción de personas. Nuestra curiosidad nos impide muchas veces el provecho que se saca en leer las escrituras, cuando queremos entender y escudriñar lo que llanamente se debía pasar. Si quieres aprovechar, lee con humildad fiel y sencillamente, y nunca desees nombre de letrado. Pregunta de buena voluntad y oye callado las palabras de los Santos; y no te desagraden las sentencias de los viejos, porque no las dice sin causa.

6.- De los deseos desordenados

1. Cuantas veces desea el hombre desordenadamente alguna cosa, luego pierde el sosiego.
El soberbio y el avariento nunca están quietos; el pobre y el humilde de espíritu viven en mucha paz.
El hombre que no es perfectamente mortificado en sí, presto es tentado y vencido de cosas pequeñas y viles.
El flaco de espíritu y que aún está inclinado a lo animal y sensible, con dificultad se puede abstraer totalmente de los deseos terrenos.
Y cuando se abstiene recibe muchas veces tristeza, y se enoja presto si alguno le contradice.
Pero si alcanza lo que desea, siente luego pesadumbre por el remordimiento de la conciencia; porque siguió a su apetito, el cual nada aprovecha, para alcanzar la paz que busca.
En resistir, pues, a las pasiones se halla la, verdadera paz del corazón, y no en seguirlas.
No hay, pues, paz en el corazón del hombre carnal, ni del que se entrega a lo exterior, sino en el que es fervoroso y espiritual.

Cambio de sexo



por Juan Manuel de Prada


Cada vez que un transexual acapara esos quince minutos de gloria a los que hoy aspira cualquier hijo de vecino es por motivos frívolos o directamente rocambolescos. El último episodio de efímera celebridad gremial lo ha protagonizado un cabo de la Armada al que se le ha abierto expediente de incapacidad física, después de que empezara a tomar hormonas, para favorecer su metamorfosis. No es la intención de este artículo discutir si el cabo transexual debe o no ser declarado «inútil» por los facultativos que lo han sometido a examen médico. Quizá la llamada -en acertada acuñación de Fernando Rodríguez Lafuente- «modernidad de casino» pueda enzarzarse en debates tan chuscos. Pero basta que imaginemos un ejército formado por transexuales para que entendamos que dicha posibilidad, demasiado caricaturesca, sólo puede ser defendida por quienes anhelan secretamente la destrucción del ejército.
Pero escribí antes que no quería terciar en un asunto que sólo admite una lectura esperpéntica. Más interesante me parece establecer la naturaleza de las operaciones de cambio de sexo. ¿Son un remedio terapéutico o una atrocidad quirúrgica? Conocida es de las tres o cuatro lectoras que todavía me soportan mi opinión sobre la cirugía estética, que considero una variante del delito de lesiones, perpetrada para más inri con el consentimiento de la víctima; un consentimiento, habría que matizar, forzado por inescrutables traumas o complejos. Pero, aun suponiendo que dicho consentimiento fuese emitido libremente, la naturaleza delictiva de estas operaciones me parece igualmente incuestionable. A fin de cuentas, ¿qué diferencia existe entre la amputación (consentida) de un dedo meñique y la implantación de una prótesis? ¿No son ambas mutilaciones? ¿O es que, antes de dictaminar el carácter delictivo de una lesión, hemos de establecer si posee un carácter «estético»? No creo que la licitud o ilicitud de una conducta puedan determinarla razones tan banales: para mí, inflar tetas de silicona constituye un delito de lesiones, exactamente igual que amputar dedos.
Por supuesto, considero las operaciones de cambio de sexo como la más grave modalidad del delito de lesiones. Aquí el cirujano ya no se limita a satisfacer una petición que nace de la debilidad de carácter (extirpar un grano o eliminar unos michelines), sino que se aprovecha de los trastornos de personalidad de su víctima, infligiéndole daños irreparables y condenándola, además, a la marginación. Porque -seamos sinceros- todos sabemos que el destino de un transexual, salvo que Pedro Almodóvar lo incorpore al reparto de su próxima película, es poco benigno. Con un poco de suerte, quizá consiga ingresar en alguna troupe de artistas nómadas, o figurar en el elenco de un programa televisivo especializado en la recolección de freaks; pero el decurso del tiempo suele dictarle una misma sentencia de sordidez y ostracismo social. Los modernos de casino podrán disfrazar su defensa de estas operaciones con ropajes de un humanitarismo postizo y «tolerante»; pero no podrán fingir que ignoran dicha sentencia.
Si nos restase una pizca de piedad, nos avergonzaría que personas con trastornos de identidad sexual sean convertidos en mutantes de quirófano con la misma facilidad con que uno se alivia de la melena en la barbería. ¿Desde cuándo las enfermedades del alma se curan con un bisturí? Pero esta atroz profanación del hombre no encontraría respaldo sin el fermento de una sociedad capaz de abjurar de unas mínimas convicciones de humanidad antes que ser motejada de retrógrada o cavernícola. ¡Y yo que pensaba que las cavernas se hallaban allí donde se permite el expolio del hombre, la vejación de su vida y su dignidad!
Tomado de ABC.es (15/11/2003)

Los derechos del hombre (2)



por Vittorio Messori

Vamos a tratar entonces de esclarecer el tema, tan inflado desde hace algún tiempo, de los «derechos del hombre», tal como se entienden en la Declaración de 1789 y en la de las Naciones Unidas de 1948.
En su significado actual, la palabra «derecho», que no existe en el latín clásico (el jus es otra cosa), es bastante reciente. Algunos afirman que su origen no se remonta más allá de los siglos XVI-XVII.
La perspectiva anterior, basada en una visión religiosa, prefería hablar de «deberes». En efecto, toda la tradición judeo-cristiana también se basa en una «Declaración», pero que concierne a «los deberes del hombre»: es el Decálogo, la ley que Dios entregó a Moisés.
El mismo Jesús no habla de «derechos»: al contrario, protagonista positivo de sus parábolas es el servidor, que obedece fielmente a su amo sin discusiones. Y uno de sus mayores elogios lo recibe el centurión de Cafarnaum, que expone una visión de la vida y del mundo basada totalmente en la obediencia -por lo tanto, en los «deberes»- y no en las reivindicaciones -los «derechos»-: «Porque también yo, que soy un subordinado, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: "Ve", y él va; a aquél: "Ven", y viene; y a mi criado: "Haz esto", y lo hace.» «Jesús se admiró al oírlo...» (Mt. 8, 9-10).
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1 de Octubre, Festividad de San Remigio, Obispo


San Remigio, célebre obispo de Reims, conocido en la historia principalmente por el hecho de haber bautizado al rey Clodoveo y un buen número de su pueblo, fué hombre, según el testimonio de San Gregorio de Tours, insigne por su erudición y santidad y por sus obras maravillosas, por todo lo cual es considerado como el apóstol de los francos. Las fuentes que nos informan sobre él, principalmente San Gregorio. de Tours y San Avito de Vienne, aunque fieles en la relación de los hechos fundamentales, no son absolutamente seguras, en lo que se refiere a los detalles de los mismos. Sin embargo, tomando el conjunto de éstos, podemos decir que estamos suficientemente informados.
Nacido en Laon, hacia el año 437, de padres galos, hizo tan considerables progresos en su formación, y particularmente en la elocuencia, que, según el testimonio de San Sidonio Apolinar, compañero suyo en los primeros años, llegó a superar a todos sus iguales. Contando sólo veintidós años de edad, al quedar vacante en 459 la sede de Reims, fue él destinado para la misma, y los hechos probaron bien pronto que con su celo y fervor de espíritu suplía lo que le faltaba de experiencia.
No poseemos muchas noticias sobre la actividad de San Remigio durante la primera etapa de su vida, desde su elevación a la sede de Reims, en 459, hasta el gran acontecimiento de la conversión de Clodoveo, hacia el 496, en que tan directamente intervino San Remigio. Pero lo poco que conocemos nos lo presenta como un prelado eminente, consciente de sus deberes y entregado de lleno a la instrucción y gobierno de su pueblo. Sabemos por Sidonio Apolinar que desarrolló gran actividad en convertir a muchos entre los invasores francos y someterlos al yugo de Cristo. El mismo atestigua que poseyó un volumen de los sermones de Remigio, cuya suavidad, belleza de expresión y plenitud de doctrina pondera extraordinariamente. Con esta elocuencia, a la que se juntaba su eminente santidad, contribuyó eficazmente a poner el fundamento de la conversión del pueblo de los francos.
Entre los pocos documentos que de este tiempo se nos han conservado es digna de memoria una carta, dirigida por San Remigio, hacia el año 482 a Clodoveo, en la que lo felicitaba por su feliz principio como rey de los francos en la región de Tournai y le daba excelentes orientaciones y consejos para el gobierno de su pueblo. Así le dice: "Debéis mostrar deferencia con los sacerdotes y recurrir siempre a su consejo. Si reina armonía entre vos y ellos, vuestro reino sacará de ello mucho provecho... Que todos os amen y os respeten... Que vuestro tribunal sea asequible a todos y que nadie salga triste de él. Emplearéis todas las riquezas de vuestros padres en librar cautivos y desatar las cadenas de los esclavos..."
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