Este blog está optimizado para una resolución de pantalla de 1152 x 864 px.

Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

9 de marzo de 2009

La Caballería: la Fuerza Armada al servicio de la Verdad desarmada (2)


por el R.P. Alfredo Sáenz, S.J.

Ediciones Excalibur, Buenos Aires, 1982




I. EL ORIGEN DE LA CABALLERÍA





1. DEL USO BRUTAL DE LA FUERZA AL CABALLERO CATÓLICO

No es la Caballería una de esas tantas instituciones que han ido apareciendo a lo largo de la historia, erigidas por un Papa o decretadas por un Rey. Si bien con el tiempo la Caballería se convirtió en un estamento signado por un espíritu profundamente cristiano, nada tiene en sus orígenes que recuerde los comienzos de una orden religiosa.
¿Hasta qué siglo debemos remontarnos para encontrar el inicio de la Caballería? Algunos han creído deber recurrir a la época de los griegos, especialmente de los que vivían en Atenas, entre los cuales existían los llamados "eupátrides", a quienes Solón denominara precisamente "caballeros". Otros han preferido ubicar su origen remoto en el mundo de Roma, particularmente en los llamados "equites romani". Con todo, sin negar que éstos puedan constituir "antecedentes" de la institución caballeresca, nos parece ir demasiado lejos en la inquisición de los orígenes. Al menos en lo que hace a la concreta aparición de la Caballería en Occidente, resulta mejor remitirse a los siglos que enmarcaron las invasiones de los bárbaros. Occidente —y de manera peculiar la Iglesia— experimentó la necesidad de atemperar los ardores de la sangre germana y de ofrecer un cauce o un ideal a ese ímpetu, no pocas veces tan mal empleado. Tal nos parece el origen remoto de la Caballería: una costumbre germana idealizada por la Iglesia. De ahí que la Caballería no será primariamente una institución sino un ideal, un estilo de vida militante, hasta llegar a constituir con el tiempo la forma cristiana de la condición militar. El "caballero" será simplemente "el soldado cristiano".

Fue el ataque generalizado de los árabes contra el mundo cristiano, el detonante que exigió de Occidente la formación de un ejército constituido casi exclusivamente por hombres de a caballo. Luego esta institución se hizo más permanente, y no mera respuesta a una emergencia coyuntural. En la edad feudal la figura del caballero ya había cobrado un especial y firme relieve. El caballero era un soldado o guerrero de distinción; el solo hecho de que pudiera sufragar los gastos de mantenimiento de un buen caballo, con uno o varios sirvientes, los correspondientes bagajes, y algún otro caballo de recambio, era señal de que no se trataba de un rústico cualquiera, sino de alguien que poseía algún patrimonio. Y como el mismo combatir a caballo suponía cierto entrenamiento en el manejo de las armas con la consiguiente instrucción militar, todo esto vino a otorgar a los caballeros cierta preeminencia y distinción en la sociedad medieval. Si se trataba de un caballero que era al tiempo señor feudal, el derecho a la caballería era heredado por el primogénito, con lo suficiente para equiparse debidamente y poder seguir ejerciendo su digna profesión militar.

*******
Para leer el capítulo completo haga click sobre la imagen del caballero.

A propósito del libro del Cardenal Carlo Martini


por Alberto Caturelli


"Como antiguo docente católico la lectura del libro me ha producido un gran dolor y diré lo que creo que hay que decir; puedo decirlo con la libertad de que gozan quienes participan del sacerdocio común de los fieles; será, por eso, sólo una opinión particular sin autoridad alguna, pero que exige el cumplimiento de su derecho a ser rectamente enseñado y guiado."


Esquilmados y abatidos como ovejas sin pastor

Esta mañana, 6 de diciembre de 2008, sábado de la primera semana de Adviento y primer sábado del mes, tenía decidido escribir este breve artículo cuyo título me lo ha inspirado el Evangelio de hoy que todos escuchamos en la Santa Misa: Jesús recorría ciudades y aldeas anunciando el Evangelio y al ver a las gentes “se le enternecieron las entrañas para con ellas, porque andaban deshechas y extraviadas como ovejas sin pastor” (Mt 9, 36). Otros traducen “extenuadas y abandonadas”; otros “esquilmadas y abatidas” o “echadas” por los suelos.

El día anterior terminé de leer el libro del Cardenal Carlo M. Martini, Coloquios nocturnos en Jerusalen (“coloquio con el Padre Jesuita Georg Sporschill”), 193 pp., Ed. San Pablo, Bs. As., 2008 y esta mañana pensé: este libro que exhorta a la Iglesia a “tener el coraje” de “reformarse” es un arma eficaz para dejar a las ovejas (a nosotros) deshechas, abandonadas, abatidas y esquilmadas. Al comentar San Agustín la parábola del buen pastor, observa que “no habría dicho buen si no hubiera pastores malos” a los que llama “ladrones”, “salteadores”, “mercenarios”; el Buen Pastor es la puerta y es el portero y en cierto modo también oveja, “como oveja fue llevado al sacrificio” (1). Los otros Cristos que son los Obispos, “son miembros del pastor” que cumplen su misión de guardar, cuidar, enseñar y guiar a las ovejas transmitiendo el fondo revelado (uno, único, invariable) a través del tiempo del peregrinaje; habrá en el tiempo histórico innumerables circunstancias, siempre presentes, pero el buen pastor transmitirá lo mismo (el magisterio vivo) bajo la potestad de Pedro, la Roca de la Iglesia.

Sólo el anti-pastor (y bien sabemos Quien es) puede inducir a no ser fiel a su misión contribuyendo eficazmente al abatimiento, a la extenuación, al abandono y confusión de las ovejas. Como antiguo docente católico (aunque pobre oveja frecuentemente “trasquilada”) la lectura del libro (expuesto en las vidrieras de librerías católicas) me ha producido un gran dolor y diré lo que creo que hay que decir; puedo decirlo con la libertad de que gozan quienes participan del sacerdocio común de los fieles; será, por eso, sólo una opinión particular sin autoridad alguna, pero que exige el cumplimiento de su derecho a ser rectamente enseñado y guiado.

Los temas esenciales

El libro del Cardenal Martini (quizá por su estilo dialogal) me ha causado una primera sorpresa: no es una obra rigurosa y muchas afirmaciones no están cuidadosamente fundadas. Quizá se deba a su modalidad, que al ser de fácil lectura sobre temas hoy muy difundidos, gana en número de lectores. Se vende más. Por eso no haré una exposición sistemática sino que seguiré sólo sus grandes temas.

Desde el prefacio se habla de “una Iglesia abierta” (pp. 7,168), de “la apertura de la Iglesia al mundo” (p.73). Como lector me pregunto qué deberíamos entender por Iglesia “cerrada” y si es propio hablar de “Iglesia cerrada” o “abierta”. Queda pendiente qué entenderá el autor por “abierta al mundo” ya que “mundo”, si no nos referimos al de las creaturas creadas (el universo) es una cosa muy otra si nos referimos al mundo como ámbito del pecado (el espíritu del mundo).

Esta Iglesia “abierta” conduciría (según el P. Sporschill) a “una Iglesia audaz y creíble” (p. 11). Me quedo insatisfecho porque no sé qué se quiere decir con los términos “audaz” y “creíble”. Es equivoco: algo o alguien es “creíble” si es digno de fe; pero según el contexto, me da la impresión de que se espera ser “creíble” por el mundo.

Paso por alto (aunque con trabajo) algunas páginas y me detengo en una especie de enumeración: no está claro decir que “el infierno es una advertencia, una amenaza, una realidad. Pero yo sigo sosteniendo la fe en que, al final, el amor de Dios es más fuerte”. Me hace recordar a un querido profesor mío que no deseaba que existiera el infierno… y sostenía que “está vacío” (p. 10-11).

La base de la educación debe ser la Biblia (de acuerdo) pero el equívoco vuelve a presentarse pues al sostener que nada debe absolutizarse (también de acuerdo) lo hace extensivo a la Iglesia (p. 33). Aquí dudo: si se trata de la totalidad del Cuerpo Místico, la Iglesia es “absoluta” en el sentido de eterna y santa… El Cardenal cree que si Jesús viviera hoy, como hizo con sus “colegas los fariseos”, “lucharía con los actuales responsables de la Iglesia” (p. 42).

Aunque ofrece algunas lindas páginas sobre la oración, sorprende la increíble afirmación del P. Sporchill: “No tener relaciones sexuales no es natural”; y pregunta: “Cómo es que los sacerdotes no se casan”(p. 52). En lugar de responder que el acto sexual es libre aunque una fuerte pasión lo impulse (no es como la visión, la digestión o la respiración) el Cardenal se limita, por ahora, a recordar que la obligación del celibato data del siglo XI. Parece que para el P. Sporchill ningún sacerdote es abstinente-casto. Él sabrá por qué lo dice.

Más adelante, el Cardenal opina: una de las cuestiones que tendría que resolver el nuevo Papa (se refiere a los pasos previos a la elección de Benedicto XVI) tendrá que ser “la relación con la sexualidad y la comunión para los divorciados” que han vuelto a contraer matrimonio (p. 68). Su apelación al “coraje” que hace falta no sirve para nada (Benedicto XVI ha sido muy claro); además este “volver a contraer matrimonio” no es tal: debió decir “contraer” (?) concubinato y que es pecado mortal; recibir la Comunión en pecado es un pecado aún mayor. Parece que el Cardenal llama “coraje” al simple permisivismo…. y su propio concepto de pecado es erróneo: “la Biblia designa ante todo con ese término no nuestros pecados personales sino las grandes injusticias y penurias del mundo” (p. 71).

Es necesario ese aire fresco de la “búsqueda de lo nuevo” (p. 72) que condujo al Vaticano II (p. 73). Martini, como Schillebeeckx, Rahner, Comblin, Küng, Metz, Boff y tantos otros inventa un Concilio Vaticano II que jamás existió. Este inmenso fraude se cura fácilmente: querido lector, estudie las Actas. Con eso basta.

Cuando el P. Sporschill le pregunta: “¿qué sueños tiene usted sobre la Iglesia?” (p. 97), aparece el auténtico Martini: “Siempre he sido un entusiasta de Teilhard de Chardin, que ve encaminarse el mundo hacia una gran meta donde Dios es todo en todo” (p. 98). No parece tratarse de la bellísima enseñanza de San Pablo, sino del pancristismo del evolucionismo teilhardiano.

Entre las páginas 72 y 138 pueden leerse muchos textos sobre los jóvenes y sobre la Compañía de Jesús y San Ignacio. Después de leerlas me he quedado pensando en ese libro terrible del ex jesuita Malachi Martin (2) , y en el de mi colega fallecido, también ex jesuita Vincent Miceli, sobre “los dioses del ateísmo” (3) . Hace veinticinco años compartimos el dictado de un curso con Thomas Molnar en San Pablo: me dijo que para conservar la integralidad de su ortodoxia doctrinal y el ideal de San Ignacio, se había secularizado.

Volvamos ahora a lo peor del libro de Martini; y digo lo peor porque es lo peor: Una tal Andrea le declara “ya hace dos años que convivo con mi novio”; “¿En qué podré notar que sí es el hombre de mi vida?” (p. 139). Inmediatamente le sigue no una pregunta sino una afirmación de Sporschill: dice que la Iglesia sigue teniendo fama de ser hostil al cuerpo, lo que se expresa en la encíclica Humanae vitae y la prohibición de la píldora y la anticoncepción; “la Iglesia ha erigido con ella una barrera hacia la juventud”; el Cardenal comienza diciendo que “lo más triste es que la encíclica es en parte culpable de que muchos ya no tomen más en serio a la Iglesia como interlocutora o como maestra” (p. 141): “muchas personas se han alejado de la Iglesia, y la Iglesia se ha alejado de los hombres”; esta encíclica, que “es obra de la pluma del papa Pablo VI” (p. 142) no siguió los consejos de la Comisión de especialistas; para colmo Juan Pablo II “siguió el camino de la estricta aplicación” y hasta pensó (¡oh escándalo!) en una declaración con carácter de infalibilidad pontificia (p. 144). Para Martini la Iglesia debe mostrar “un camino mejor” (p. 145); quizá pedir perdón por la encíclica (sic) y decir “algo positivo” (p. 146) o escribir una nueva (sic).

Lo mismo se debe decir del uso del preservativo (mal menor contra el sida); para colmo el Cardenal parece entender una gran verdad: que el amor es entrega. El lector, por eso, queda perplejo ante la afirmación (a propósito de las relaciones prematrimoniales) de que “tenemos que cambiar la mentalidad si es que queremos proteger la familia y promover la fidelidad conyugal” (¡sic!, p. 149-150).

No podemos dictar a los jóvenes “desde escritorios y púlpitos”, “todo lo que sería ideal” (p. 151); sin detenerme en las explicaciones bíblicas del “gran biblista”, lo mismo debe decirse de la homosexualidad: “en mi circulo de conocidos hay parejas homosexuales, personas muy respetadas y muy sociales. Nunca se me preguntó ni tampoco se me habría ocurrido condenarlas” (p. 152). El biblista reduce los textos bíblicos contrarios a su opinión a un hecho histórico y cultural frente al cual “la Biblia quiere proteger a la familia…” (p. 152). De todos modos, algo más adelante no duda en esperar como cuestión abierta, la ordenación de mujeres y la aceptación de la homosexualidad (p. 177).

Dejemos la “Iglesia misógina”, volvamos al concilio, miremos para adelante…como el Concilio que “entró en diálogo con el mundo moderno tal como es, sin cerrarse por temor” (p. 160); si la Iglesia quiere ser misionera es lo que tiene que hacer: abrirse, dejar el dominio masculino, abandonar “la relación entre mujer y pecado” (p. 164); tengamos paciencia: ya nos iremos encontrando con las “otras iglesias”, veremos qué pasa con la “ordenación de mujeres” (p. 167-168).

La Iglesia necesita “reformas internas”, que vengan “desde dentro”. Para Martini, “Martín Lutero fue un gran reformador. Lo más importante es por cierto su amor por la Sagrada Escritura de la que extrajo buenas ideas”; cree que “la Iglesia Católica se dejó inspirar por las reformas de Lutero en el Concilio Vaticano II y ha suscitado un movimiento de renovación desde dentro (p, 170-171). Consecuencia de todo esto es el movimiento ecuménico que en Martini es un mero sincretismo (p. 174-180); para colmo, afirma que “la Buena Nueva es el camino alternativo al discurso moralizante” (p. 174).

Como es lógico, no podía faltar el elogio a los teólogos de la liberación que “se encuentran forzosamente con resistencia, puesto que viven a partir de la convicción de que el encuentro con los poderes y la lucha contra la pobreza es el lugar privilegiado para el encuentro con Dios en nuestro mundo” (p. 186).

Síntesis conclusiva y crítica

Me limitaré a hacer una enumeración de los contenidos principales de este libro verdaderamente escandaloso, que me ha hecho recordar lo que aprendí de niño: un Cardenal, me enseñaban, es uno de los prelados que componen el Sacro Colegio, consejero del Papa en asuntos graves de la Iglesia e integrante del Cónclave para la elección del Sumo Pontífice.

Aquella enseñanza elemental suponía la fidelidad total al fondo revelado, la ortodoxia suma en la doctrina trans-mitida, la adhesión filial a Pedro, siempre.

De estos coloquios verdaderamente “nocturnos” en Jerusalen, se pueden enumerar las siguientes proposiciones:

1. Queremos una Iglesia “abierta” para que sea “creíble” para el mundo como mundo (repetición de las tesis de Bonheffer y muchos modernistas.

2. El infierno como “amenaza”, afirmación que suscita dudas sobre la eternidad de las penas.

3 La actividad sexual es una “exigencia natural”; el lector deduzca por sí mismo el valor que tiene la abstinencia (imposible) en el célibe y la fidelidad en el matrimonio p.e. cuando uno de los cónyuges tiene que estar ausente.

4. Deja abierta –bien abierta- la posibilidad de dar la Comunión (Cristo Eucaristía por si lo ha olvidado) a los “vueltos a casar” o como debe decirse, a quienes pecan mortalmente viviendo en concubinato.

5. Un vago concepto de pecado señalado como esas “grandes injusticias y penurias del mundo”.

6 El Concilio Vaticano II ha sido el Concilio de la “apertura” al mundo.

7. La Encíclica Humane Vitae debe ser cambiada por otra. Por lo tanto, no existe el Magisterio ordinario ni la primacía de Pedro.

8. Dadas ciertas circunstancias son lícitas la píldora anticonceptiva y el preservativo.

9. “Abrir” bien las puertas a los homosexuales y volver a considerar la posibilidad del Orden Sagrado para las mujeres.

10. Lutero es el “gran reformador” por quien el autor parece tener grande aprecio en el tema de la reforma “desde dentro”.

11. Pensar si conviene o no incorporar el nombre de Dios en la Constitución de la Unión Europea (p. 193).

Al Señor no se “le enternecieron las entrañas” por todo esto, sino porque vio a los suyos “esquilmados y abatidos” o “deshechos y echados por los suelos” como “ovejas que no tienen Pastor”. Cuando terminé de leer el libro me sentí abatido, esquilmado, atropellado. Pero me recuperé porque sí tengo Pastor… que no es el autor de este libro sino Otro, el Pastor Único que es la Puerta y el Portero. Y en su Nombre, su Vicario, la Roca.

Alberto Caturelli
Córdoba, 8. XII. 08
En el día de la Inmaculada Concepción de María.

(1) In Ioannis Ev., tract. 46, 1-5
(2) Los jesuitas. La Compañía de Jesús y la traición a la Iglesia Católica Apostólica romana, 507 pp., trad. de M. Alvarez Franco, Lasser Press Mexicana, México, 1988.
(3) The Gods of atheism, 485 pp., Arington House, N. York, 1971; también tengo al alcance de la mano su The Antichrist, 297 pp., the Christoipher Publishing House West Hannover, Massachussets, 1981


Santo Tomás Moro y la integridad política




Santo Tomás Moro es hoy una figura olvidada pues es un incómodo referente para la clase política...






oenig nos recuerda que Santo Tomás Moro no sólo fue Lord Canciller de Inglaterra bajo Enrique VIII, sino también un hombre de leyes, un teólogo, un filósofo y un autor. Pero pese a todos sus talentos, Santo Tomás Moro es más recordado por su integridad.

La vida Santo Tomás Moro, y especialmente su muerte, son un tributo a su integridad. Cuando rehusó firmar el Acta de Sucesión que establecía que los hijos de Enrique VIII con su segunda esposa, Ana Bolena, eran herederos legítimos del trono, Enrique lo apresó, juzgó y finalmente decapitó. Santo Tomás sabía cuando rehusó firmar que perdería la vida, pero se mantuvo en su postura. «Muero como buen sirviente del rey, pero Dios es lo primero.» Dado que Santo Tomás Moro era a la vez un hombre de leyes y un político, seguramente que pudo haber concebido alguna vía de escape en el marco de la ley, pero su no disposición a ir en contra de su conciencia es un extraordinario ejemplo de integridad.

En nuestro mundo cada vez más centrado en sí mismo, la honradez y la integridad parecen a menudo tener poco valor. Todos los días oímos de robos, escándalos y mentiras a monumental escala.

Podemos empezar a preguntarnos si tiene algún sentido tratar de seguir siendo honrado. Santo Tomás Moro nos muestra que lo tiene, pues la integridad no es sólo algo que nos pongamos o quitemos conforme nos plazca. La integridad es una virtud para todas las estaciones.

Santo Tomás Moro es hoy una figura olvidada pues es un incomodo referente para la clase política.

Para una parte de ella por lo que significa como modelo de gobernante cristiano que basado en esos valores dirige a su pueblo con patriotismo por el camino del desarrollo. Y por otra como ejemplo de valentía , que por comparación deja en mal lugar a la mayoría de los políticos autodenominados de "inspiración cristiana" cuya principal característica es la cobardía y la continua claudicación de los principios.

Para muchos de nosotros Santo Tomás Moro pueda servir de ejemplo de capacidad de renuncia a una posición privilegiada, de valentía para aceptar los incovenientes que nos puede suponer el mantenimiento de nuestros principios, y de modelo de político al servicio de los intereses nacionales y de no somentimiento al poder tiránico, por más que este presente las formas de legalidad y mantenimiento del orden establecido, como representaba Enrique VIII en su tiempo.

M. Rubiales

Tomado de Arbil


9 de marzo, Festividad de Santa Francisca Romana, Viuda


Hno.A.Monasterio

INTRODUCCIÓN

resentamos la vida de una santa que fue oblata de S. Benito y su vida estuvo tan ligada a la ciudad de Roma que es conocida como Santa Francisca Romana. Nació a fines del siglo XIV; su vida transcurre prácticamente durante el Cisma de Occidente: es un período difícil de la historia de la Iglesia. De ahí que antes de hablar de su vida, es necesario referirse a las circunstancias históricas que le tocó vivir.

II. LA SITUACIÓN HISTÓRICA

1. EL GRAN CISMA DE OCCIDENTE

En el siglo XIV, durante casi setenta años, el Papado había residido en Aviñón, pues desde Clemente V (1305-1314) que, temiendo por la independencia del gobierno eclesiástico en aquella Italia tan desgarrada por las luchas partidarias y cediendo a la presión del monarca francés, permaneció en Francia sin llegar a pisar el suelo de la Ciudad Eterna, Roma. Su sucesor Juan XXII, elegido en 1316 residió permanentemente en Aviñón. Siete pontífices, todos originarios de la Francia actual, se habían sucedido en Aviñón. Como vemos lo esencial de esta época de la Historia de la Iglesia, consiste en el durable apartamiento de la residencia tradicional de la Sede Apostólica, y del suelo italiano en general, lo que puso a los Papas en una peligrosa dependencia de los reyes de Francia y amenazó gravemente su posición ecuménica. Esto trajo graves consecuencias. Pues el establecimiento en Aviñón, el nombramiento de cardenales en su mayoría franceses y la elección de siete Papas franceses uno tras otro, despertó la suspicacia de las demás naciones, y se formó la opinión de que la suprema dignidad de la Iglesia se había convertido en un instrumento dócil al servicio de la política francesa; menoscabó de una manera muy considerable la respetabilidad del Pontificado; debilitó la confianza general en el Jefe común de la cristiandad y despertó en los otros pueblos un sentimiento de oposición de carácter nacional contra el gobierno afrancesado de la Iglesia. Algunos Papas se preocuparon para que la situación cambiara. Por ejemplo Urbano V trató de volver a Roma, pero lo hizo fugazmente, regresando a Aviñón. Su sucesor Gregorio XI, puso todos los medios para restituir a Roma su papel tradicional de residencia papal, dando con esto una notable prueba de energía, sobre todo tan poco tiempo después del fracaso de su predecesor. Gregorio XI tenía sólo cuarenta y siete años cuando trasladó la corte de Aviñón a Roma poniendo fin a su largo exilio, pero moría catorce meses después. La tumultuosa elección de Urbano VI y el carácter violento y caprichoso del nuevo Papa, contribuyeron a que trece cardenales declararan nula la elección y designaran un nuevo pontífice: Clemente VII.

El mundo cristiano se dividió. Alemania, Italia, Hungría, Inglaterra y Escandinavia reconocieron a Urbano VI, instalado en Roma. Clemente VII, con su sede en Aviñón, contaba con la adhesión de Francia, Castilla y Escocia. La muerte de Urbano VI no puso fin al cisma, pues sus cardenales se apresuraron a elegir su sucesor, Bonifacio IX, que intentó restablecer la unidad ayudado por Gerson y la Universidad de París.

La muerte de Clemente VII no servirá más que para que los cardenales de Aviñón eligieran a Benedicto XII, quien obstinadamente se negará a ceder hasta el fin de sus días. Cuando muere Bonifacio IX los cardenales romanos se apresuraron a elegir un sucesor, Inocencio VII, y dos años más tarde, Gregorio XII. El Concilio de Pisa de 1409 decretó la deposición de los dos papas y veinticuatro cardenales eligen a Alejandro V, cuyo sucesor, Juan XXIII impuso la reunión de un nuevo concilio en Constanza, donde el propio Juan XXIII fue depuesto. La unidad fue restablecida merced a la elección de Martín V. Todo este período representa uno de los tiempos más difíciles de la vida eclesial, provocando un grave desconcierto en las conciencias.

*******

Para leer la biografía completa haga click sobre la imagen.


8 de marzo de 2009

Prédicas católicas (1)


por San Bernardo de Claraval

Tomado de Las Cruces de las Espadas



“Levántate, soldado de Cristo; levántate, sacúdete el polvo; vuélvete al campo de batalla, de donde huiste, a pelear con mayor fortaleza después de la fuga y a triunfar con mayor gloria. Muchos son los soldados que tiene Cristo, que comenzaron con coraje y perseveraron en él, y vencieron. Muchos menos se cuentan de los que, tras haberse declarado en fuga, volvieron al peligro antes temido e hicieron huir a los enemigos que antes los habían ahuyentado...

*****
Para leer la prédica completa haga click sobre la imagen.

8 de Marzo, Festividad de San Juan de Dios, Confesor





ue sin arrebatos de divina locura no se puede llegar a la santidad, es evidente. Los cuerdos, según el mundo, jamás llegarán a la santidad heroica. La vida sin complicaciones, sin exabruptos de generosidad, la vida atiborrada de cálculos egoístas —burguesa—, se opone diametralmente a la de los santos. No hay compatibilidad entre los santos y los que jamás abandonan sus cómodas casillas; lo mismo que no la hay entre el volcán y la llanura esteparia, ni entre los héroes —hombres de arranques— y los adocenados.Se explica que los santos tengan que ser locos, locos de remate, para el mundo. Porque ¿no es la doctrina evangélica la más disparatada locura de tejas abajo y la sabiduría más sublime para los que están tocados de Dios? Los santos —como los genios o los héroes— rompen moldes, los moldes de la vulgar ramplonería humana, y por eso chocan con la realidad monótona. Tienen dinamita en el alma y su generosidad les hace estallar hacia lo imprevisto e inédito.Pero, ¿qué hacen sino seguir las huellas de Aquel que dio en la cresta a la sabihonda cordura humana, provocando ante la humanidad el más sonado de los escándalos: el de su muerte en una cruz? No cabe duda, con este hecho comenzó la era de la locura. ¡Bienvenida! En pos de Él siguieron legiones de "chiflados": los que se dejaron descabezar por amor de Dios, los que abandonaron su patria —¡con lo bien que se está en casita!— para difundir el Evangelio entre caníbales, los que maltrataron sus cuerpos hasta convertirlos en piltrafas humanas, los que se abrazaron a los apestados —¡uf, qué asco!-, los que dijeron mil veces no cuanto todos dicen sí, y sí cuando la mayoría dice no...Ahondad en la vida de los santos y veréis cómo, bajo las apariencias más normales, existe el contagio. Todos están tocados por la locura de la cruz.San Juan de Dios fue uno de esos locos. La venada le dio fuerte. Lo vais a ver.Era el día de San Sebastián de 1537. En la histórica ermita del Santo de la ciudad de Granada predicaba el Beato Maestro Juan de Avila, que, cual otro Pablo de Tarso, se había hecho célebre por sus infatigables correrías apostólicas por Andalucía. Durante su sermón, atacó duramente contra los vicios y predicó sobre las virtudes y el amor de Dios.Un hombre de cuarenta y dos años le escuchaba absorto sin perder sílaba. Era conocido en la ciudad por su tenderete de libros, y en toda la comarca, porque lo veían con frecuencia vendiendo libros, estampas e imágenes por los pueblos.De repente se oyó un grito en la pequeña ermita abarrotada de fieles: "¡Misericordia, Señor!" Todos quedaron pasmados ante el hombre que había gritado, y mucho más cuando le vieron darse cabezadas en el suelo, mesarse las barbas y cejas y dar muestras de un profundo dolor y pesar de sus pecados.
*******
Para leer la biografía completa haga click sobre la imagen del Santo.

Reflexiones sobre una edición de "Desierto de piedra"





por Germán Rocca



Tomado de Argentinidad












odos los marzos me resulta inevitable manotear de la biblioteca algunos de los libros de don Gustavo Adolfo Martínez Zuviría, más conocido bajo el seudónimo de Hugo Wast. Será que siempre tengo presente que el 28 de ese mes del año 1.962 pasaba a mejor vida y me he acostumbrado a recordarlo ojeando y releyendo pasajes de su obra. La de su muerte es una de las pocas fechas que retengo en la cabeza.
Por eso es que hoy al ver el lomo de “Desierto de piedra” lo tomé y me puse a ver el año de la edición, la editorial y esas cosas. La mía es una edición de 1964, de la rosarina Editorial Apis, que forma parte de la Colección Argentina de la Biblioteca de Maestros del Idioma, impresa en los talleres de artes gráficas del Colegio Salesiano “San José”.
En la “declaración de propósitos” de los editores pueden leerse las intenciones de “… propagar la lectura de buenos autores, en ediciones lo más económicas posibles, en estos tiempos en que los libros están a precios casi prohibitivos. Y el segundo, facilitar a profesores y alumnos la enseñanza, la lectura y la asimilación de los autores”. Como es obvio, la primera intención esbozada no podía sorprenderme mucho, pero, por el contrario, la segunda lo hizo enormemente. Para llevar adelante tan pedagógica faena el texto cuenta con notas de carácter gramatical, filológico, semántico, lexicológico, histórico, geográfico, preceptivo-literario, etc..
Como ya dijimos, esta edición es de 1964. Tengamos en cuenta que Castellani, mucho antes de esta fecha despotricaba de la pésima educación nacional. En 1939 salía la primera edición de “La reforma de la enseñanza”, la que se compone de artículos fechados entre 1931 y 1938. En uno de los artículos allí recopilados Castellani, luego de recordarnos que hemos sido mantenidos en una “minoridad perpetua”, se lamenta en tanto hijos de una raza civilizadora hemos vendido nuestro bienes raíces, hemos desviado el cauce de la ninfa madre, que bañaba nuestras raíces en la napa congénita de la estirpe. Nos hemos quedado en seco. Hemos perdido la cepa. Hemos desgarrado lo que llamaba Cicerón la contextura de las edades superiores.
******
Para leer el artículo completo haga click sobre la imagen.

Id a Tomás. Principios fundamentales del pensamiento de Santo Tomás (9)




por Eudaldo Forment

Tomado de Gratis Date

9

Primacía de la doctrina tomista






uede concluirse, por ello, con Canals que «parece obvio que las XXIV tesis se proponen "a modo de normas directivas seguras" porque contienen algunos puntos característicos de aquella síntesis (...) la más coherente y armónica, edificada por Santo Tomás de Aquino sobre aquellos fundamentos ciertos que son en Santo Tomás lo capital de su doctrina filosófica» (Canals, 1998a, 110).En este texto, se refiere Canals a la respuesta de la Sagrada Congregación de Estudios, Dubia «Cum Summus», del 7 de marzo de 1916, en el pontificado de Benedicto XV. La cuestión que se preguntaba era «si las XXIV tesis de filosofía, aprobadas por la Sagrada congregación de Estudios, contienen verdaderamente la genuina doctrina de Santo Tomás, y si, en caso afirmativo, deben ser impuestas en las Escuelas Católicas». La respuesta fue la siguiente:«Todas esas XXIV tesis de filosofía expresan la genuina doctrina de Santo Tomás, y deben ser propuestas como normas directivas seguras» (Benedicto XV, AAS 8, 1916, 156-157).Un poco antes el mismo Papa había contestado a la siguiente carta del Prepósito General de la Compañía, P. Wladimiro Ledóchowski:«A los pies de Vuestra Santidad, pido humildemente a Vuestra Santidad que, para disipar todas las dudas, se digne aprobar la respuesta dada al R. P. General Martín sobre las cuestiones relativas a la distinción real entre esencia y existencia. La respuesta fue la siguiente: "La sentencia de la distinción real entre esencia y existencia es libre -tanto como su contraria- en la Compañía, y cualquiera puede seguirla y enseñarla, con tal de que cumpla dos condiciones: que no la tome como fundamento de toda la filosofía cristiana, y no la arguya como necesaria para probar la existencia de Dios, sus atributos, su infinitud, o la emplee para explicar e ilustrar debidamente los dogmas, y que no censure a los eximios doctores de la Compañía, de merecida alabanza en la Iglesia» (En Saranyana, 1992, 282-283).Esta carta, Ad pedes Sanctitatis, alude a otra del P. Luis Martín, en el que planteaba la obligatoriedad de la tercera tesis, que establecía la distinción real de esencia y ser. Como observa Saranyana, «la insistencia del Papa, primero de carácter universal en la encíclica Aeterni Patris y después particularizada en la carta (Gravissime Nos), debió provocar algunas perplejidades entre los filósofos y teólogos jesuitas, incertidumbres que versaban principalmente sobre la distinción real entre esencia y esse» (Saranyana, 1992, 282).

********

Para leer el artículo completo haga click sobre la imagen del Doctor Angélico.

8 de Marzo, Segundo Domingo de Cuaresma




por el R.P. Gustavo Podestá





Lectura del santo Evangelio según san Mateo 17, 1-9




Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús. Pedro dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías". 5 Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: "Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo". Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: "Levántense, no tengan miedo". Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: "No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos".


SERMÓN (Cuaresma de 1990)

ara el mundo civilizado contemporáneo, el fin del verano marca el comienzo de la temporada de trabajo, de estudio, el empezar a ponerse nervioso por los problemas que se avecinan, por las decisiones que hay que tomar. La época estival ha sido un paréntesis de vacaciones, de espera. Políticos, sindicalistas, periodistas, dirigentes estudiantiles, dispersos por Punta del Este, Pinamar, Mar del Plata, Europa, no han podido todavía ejercer plenamente toda su actividad ruidosa, deletérea. La universidad en receso, la televisión trabajando con figuras de segunda, el congreso cerrado Enero y Febrero suelen ser épocas de una .cierta tranquilidad. Las cosas comienzan a moverse recién en Marzo. Y, si esto en épocas normales, ¡cuánto más en las nuestras, en este año seguramente difícil que iniciamos!

En las antiguas civilizaciones agrarias ello no era así. Como todavía no lo es en nuestro campo. El verano, la época de la cosecha, con los días más largos del año, son aquellos en donde más se trabaja. Es la época dura de la siega, del embolse, del enfarde, del guardar en los silos y graneros. Es recién allí cuando toda la zozobra del agricultor tiene fin: se ha superado el riesgo de las plagas, de la sequia, de los yuyos. Recién ahora el fruto abundantemente recogido garantiza que no se pasará hambre durante el invierno, que ya se acerca con sus días más tranquilos y descansados. Incluso más tranquilos desde el punto de vista político, porque, en la antigüedad, los ejércitos salen a pelear en verano. En las épocas frías y lluviosas de difícil movilidad no salen, se retiran a cuarteles de invierno.

El fin de la cosecha es pues tiempo de regocijo, de alegría, de festejo. Todas las culturas agrarias han celebrado y celebran especialísimamente este fin de las tareas, este haber recogido el fruto, dando gracias alborozadas a las divinidades de la fertilidad y la naturaleza. Y la fiesta se hace en el mismo campo donde se obtuvo la cosecha y donde se espera nuevamente obtenerla el año próximo. Así las ‘ bacanales ', entre griegos y romanos, festejos en honor a Baco, la divinidad de la vid, y que se realizaban entre las viñas. O las ' cerealias ', en honor de Ceres o Deméter, diosa de la cebada. O las ‘ antiforias' , las ‘ talisias' , las ‘ anonales' , las ‘ epactas' , la ‘ paganales' y tantas otras más de nombres menos conocidos.

También los judíos, cuando se asentaron en tierra palestina, copiaron estas fiestas de sus primitivos ocupantes, los cananeos y le fueron dando, poco a poco, un sentido religioso ortodoxo. El festejo del fin de la cosecha se hacia en medio del campo, en donde toda la aldea habla estado trabajando de sol a sol los últimos días, para lo cual ni siquiera retornaban a sus casas. El clima era benigno y durante la recolección podía dormirse casi a la intemperie, en refugios precarios hechos con ramas y hojas. La fiesta se hacia pues allí mismo entre esas chozas.

Cuando, más adelante, el judaísmo se hizo más urbano y la legislación unificante de Jerusalén obligó a todo el mundo a realizar todas las actividades religiosas en el templo de la capital, esta fiesta conservó su primitivo carácter, precisamente porque todos los habitantes de la ciudad y los peregrinos que llegaban a ella, durante seis días vivían en chozas hechas de ramas que se construían en el atrio del templo, en las plazas y en las azoteas de las casas. De allí que la fiesta se llamara fiesta de las chozas (‘sukkot') o de las tiendas o de los tabernáculos, como traducía el latín.

Pero ya allí el festejo había adquirido un nuevo significado. Los sacerdotes de Jerusalén habían cargado de teología a esta antigua fiesta pagana y, más allá de convertirla en un agradecimiento a Dios por los dones obtenidos, le habían otorgado un simbolismo superior: el de recuerdo de la época de la huida a Egipto, del Éxodo. Particularmente del tiempo durante el cual el pueblo de Israel había permanecido en el desierto, liberado del Faraón y en camino hacia la tierra prometida, cuando, trashumantes, vivían en tiendas. Junto con Pascua y Pentecostés, la fiesta de las Tiendas o de los tabernáculos se había convertido pues en el festejo más importante de la liturgia judía. Para muchos, inclusive era la más importante de todas las fiestas. Al menos la más popular, porque conservaba -y aún conserva e nuestros días entre los judíos- todo el carácter festivo y divertido de la antigua fiesta campestre.

Más aún, en la época de Cristo, la celebración se había transformado no solo en recuerdo de la liberación de Egipto y el paso del desierto, sino en ocasión de encendida esperanza de una próxima liberación política, de un nuevo Éxodo que seria encabezado por un nuevo Moisés, anunciada por otro Elías y protagonizada por el esperado ungido del Señor, el Mesías, el hijo de Dios -como se denominaba a los reyes davídicos- que habría de encabezar triunfalmente la reconstrucción nacional y su definitiva liberación.

Vean: este es el contexto de ideas que quiere sugerir la escena de la visión de los apóstoles que nos refiere Mateo, con su referencia a ‘las chozas'.

La única otra vez que Mateo habla en su evangelio de un 'monte elevado' es en el evangelio del domingo pasado, aquel monte en donde el tentador muestra, en visión, a Cristo, ‘todos los reinos del mundo con todo su esplendor'. Monte, por supuesto, no ubicado geográficamente. El mismo monte en donde ahora el que es tentado es Pedro, los discípulos, nosotros, cuando en los momentos de exaltación y de experiencia religiosa sentida, sensible, fervorosa pensamos que fácilmente ya podemos festejar nuestro ser cristianos, instalarnos y que el Señor se pondrá presurosamente al servicio de nuestras actividades y esperanzas humanas individuales y nacionales. La tentación atractiva de un mesianismo puramente humano que Cristo ha rechazado en el evangelio del domingo pasado.

Todos hemos tenido en nuestra vida alguno de esos momentos de presencia luminosa y casi palpable de Cristo en nuestras vidas. Cuando nos confesamos por primera vez después de muchos años; luego de aquel retiro; en aquella ocasión que puede haber sido larga, -años o meses- o corta, -días o minutos- de experiencia ardiente de fe cristiana. Todos, también, somos capaces, en nuestros momentos de oración verdadera, profunda, de planear hechos heroicos, tener propósitos santísimos, proyectos cristianísimos.

Mateo nos advierte que, aunque ellos se puedan gestar y deban gestarse en oración, frente al Señor, su realización no se dará fácilmente, ni iluminados siempre por esos instantes de presencia, sino, generalmente, abajo, en el llano, donde el camino de Cristo conduce hacia otro monte bien distinto: el monte del calvario, de la lucha, del esfuerzo, de la rutina diaria, de la constancia pertinaz, de la voluntad viril.

Y que, a pesar de que la gracia sana la naturaleza, y que, sin duda, cualquier problema humano, de cualquier índole que fuera, personal o social, familiar o político, es más fácil enfrentarlo con la fuerza de Cristo y con la luz de su palabra y, por lo tanto, con mayores esperanzas de éxito aún humano, es mucho más cierto que la liberación que viene a traernos el Señor va mucho más allá de cualquier salud temporal, problema personal o mesianismo político. Y que, de lo que viene a liberarnos principalmente Jesús es, no de los problemas humanos, sino del pecado, de la cerrazón en lo humano que lleva a la muerte. Y que la tierra prometida que nos señala y a donde nos conduce a través, a veces, de penosos desiertos, está mucho más allá de todos nuestros proyectos, aún de los más aparentemente cristianos y, por eso, puede parecer que en ellos no nos ayuda.

Aquí está pues el sentido de nuestro evangelio de hoy que la liturgia nos quiere proponer en este tiempo de Cuaresma, para que purifiquemos a nuestro ser cristianos de falsas ilusiones y lo encaminemos a la verdadera Esperanza, que es la de la Pascua. Las fiestas de las chozas, de las tiendas, de los tabernáculos, que podamos tener con Cristo en nuestros momentos de oración, de encuentro con él en este mundo, de fervor espiritual y dicha terrenal duran poco. Tenemos que aprovecharlas sí para acumular fuerzas, para guardarlas en nuestros graneros; pero hemos de saber que, sin excepciones, tarde o temprano sigue el invierno, hay que volver- a trabajar, arar y plantar. Y tornará a haber plagas, sequias y depredadores del alma y del cuerpo.

Pero es allí, en el invierno, en el llano, en donde probaremos realmente nuestra calidad de discípulos del Señor, en donde deberemos poner en carne y en sangre y en fatiga la obediencia a Jesús que, en oración, sabemos que debemos practicar pero que, en lo cotidiano, se nos vuelve arduo.

Y el invierno puede venirnos este año a los argentinos de muchas maneras, espiritual y materialmente. Se acabó para nosotros la fiesta de las chozas de las tiendas; la falsa alegría de los mesías políticos, de las bacanales demagógicas, de las soluciones fáciles. Pongámonos pues decididamente detrás de nuestro verdadero jefe, el Señor, todo lo contrario de un político, de un demagogo. Porque, aunque de vez en cuando, en alguno de nuestros momentos de oración o de legítimos gozos cristianos nos muestre su rostro resplandeciente de hijo de Dios, de Rey en su trono y vestido de armiño y de brocado, la mayoría de las veces estará a nuestro lado bien en el llano, polvo y uniforme de combate, sudor y espada, preanuncios de cruz en la mirada.

7 de marzo de 2009

Dos conferencias de Mons. Williamson


ucho se ha hablado en estos días aciagos para la dignidad de la Iglesia, sobre Mons. Richard Williamson. Pero muy pocos saben quién es y qué piensa el obispo "negacionista" como falsamente lo ha etiquetado, no solamente la prensa mundial, sino también algunos dignatarios eclesiásticos; jerarcas nulos en la defensa del glorioso nombre de Jesucristo nuestro Señor, como ha quedado demostrado en ocasión de los últimos insultos proferidos en la TV israelí contra su Divina Persona y el honor de su Santísima Madre, pero fulmíneos como el rayo cuando se trata de proteger los "dogmas de la modernidad".
Como el inolvidable Padre Castellani recordara tantas veces al referirse a la formación de los futuros sacerdotes: "La Gracia supone la naturaleza", por eso, sólo por excepción o milagro ha de obtenerse un San Agustín a partir de un rústico, o un San Luis, Rey de Francia, a partir de un ignorante. Conocedor de esta realidad, Mons. Williamson, cuya pasión por la Verdad lo llevó del Anglicanismo a la Iglesia de Jesucristo, organizó en el seminario de la Reja las Jornadas Anuales de Humanidades para Jóvenes. Nos ha parecido oportuno publicar alguna de sus intervenciones en dicho ciclo como medio de aproximación a su franca personalidad. Luego de oír el archivo que publicamos hoy nos parece razonable que un hombre que habla de este modo sea calumniado por el mundo.



Publicadas por el excelente sitio Página Católica, de donde he tomado también el texto precedente





El Rock, Música de la Revolución Anticristiana

Conferencia de Mons. Richard Williamson,

Jornadas de Humanidades 2006
Seminario Ntra. Sra. Corredentora
La Reja - Pcia. de Buenos Aires
(Audio - 47' 26")


Para leer un fragmento, y escuchar la conferencia haga click sobre la imagen





*********************************


¡Hay que decir la Verdad!


Conferencia de
Mons. Richard Williamson,


quien responde a la juvenil concurrencia al clausurar las
Jornadas de Humanidades 2006
Seminario Ntra. Sra. Corredentora
La Reja - Pcia. de Buenos Aires


Para leer un fragmento y escuchar la conferencia haga click sobre la imagen




Vuelve Pemán



por Eulogio López


Tomado de Hispanidad



dmiro la musicalidad de Lorca, la sensatez de Antonio Machado, el alma de Unamuno o el buen hacer periodístico de Ortega pero al único escritor español del siglo XX al que atribuyo la condición del clásico es a José María Pemán.

Clásico por completo, que brilla en poesía, drama, comedia, novela y ensayo, todo a un tiempo. Anclaba su instrucción en su fe, único camino para que el intelectual y el guionista den en sabio. Un personaje que lo mismo hilvana las poesías de la pasión, “El Divino Impaciente”, “Los tres etcéteras de don Simón”, “De Madrid a Oviedo pasando por las Azores” o esa joya desconocida por mí y que acaba de editar Homo Legens: La historia de España contada con sencillez, una de esa joyas que hace exclamar el lector: “Ahora lo entiendo”.
Lo de sencillez es, también, característica del genio. Vuelvo a plasmar aquí la maravillosa lección que me dio un gran maestro ya desaparecido: el historiador Gonzalo Redondo, una simple ecuación que ha constituido uno de los puntales de mi anárquica formación intelectual desde los tiempos universitarios: sencillo es lo contrario de complicado, simple, de complejo. La sencilla historia de Pemán es justamente eso: sencilla y compleja, ni simple ni complicada. Por lo demás, leyendo a Pemán uno no sólo se entera de la Historia de España, es decir, del significado de los hechos, sino que descubre que el rigor no consiste en la profusión de datos, sino en la claridad de las ideas. Cuando Giovanni Guareschi aseguraba que la excesiva cultura conduce a la ignorancia quería decir que la saturación informativa inhabilita para pensar.
Que estoy encantado. Pocas veces había disfrutado tanto con un libro de historia de España. ¿Qué es España? España es fe cristiana y defensa de esa fe. Paró al Islam que venía de África durante ocho siglos y le paró los pies al turco en un día, al lado del Golfo de De Corinto, en Lepanto, a través de “un hombre llamado Juan”. Las armas españolas pararon la segunda gran herejía que vieron los tiempos -sí, la primera es el gnosticismo, también reverdecido en el siglo XXI -en forma de ‘new age’-, con el amigo Lutero padre del relativismo actual. Finalmente, de la misma forma que Polonia detuvo en el Vístula el Ejército Rojo -dispuesto a esclavizar a Europa, España tuvo que luchar por su supervivencia cristiana frente a la revolución marxista, durante la II República.
¿Qué le pasa a la España de hoy, perdida en querellas intestinas, relativamente progre y absolutamente relativista? Pues que ha olvidado su identidad, que no es otra que su fe cristiana. Es una España suicida, que ha renunciado a sus raíces y, por tanto, no sabe quién es. Los pobres oligofrénicos que sufren crisis de identidad no atraen a nadie. Por eso, nuestros inmigrantes no quieren ser españoles. ¿Cómo puede atraer un país que reniega de sí mismo?

Liberalismo y apostasía (4 y último)




por Alberto Caturelli




Tomado de Gratis Date





a utilización cotidiana, constante, del término «autoridad» y sobre todo, la equivocidad que le es inherente en la sociedad contemporánea, requiere una reflexión serena con el ánimo de disipar los equívocos y las confusiones. Algunos afirman la autoridad ante el desorden y la anarquía interior del hombre actual pero sin discutir su naturaleza; los más la niegan o la desfiguran en la medida en la cual todo orden es signo de algún «autoritarismo» que se rechaza a priori. Por eso, comencemos por el término mismo, indaguemos después sus fundamentos últimos e interroguémonos el fin por su naturaleza.Es más que posible que el solo planteo teórico sea considerado «autoritario» desde que una pregunta de corte metafísico se sitúa en las antípodas de la sofística contemporánea que exige la des-funda-mentación como garantía del pensamiento libre. Nos queda el consuelo que un pensamiento no-viril, no-fuerte, «débil», se tendrá que quedar sin respuesta. Por eso prefiero adherirme al pensamiento fuerte que tiene el coraje de formular la pregunta y, sobre todo, de intentar la respuesta.
Nuestro término «autoridad» (de auc-toritas-atis) deriva de auctor; es decir, menta al autor o creador de algo; es un derivado de augere que significa aumentar e, igualmente, hacer progresar. Por tanto, atendiendo solamente al significado del término, autoridad es cualidad propia del que es autor de algo. En ese sentido, se le asigna autoridad a quien (auctor) ha escrito el Fedro porque Platón es su creador; también se le atribuye autoridad en un género de ciencia a quien ha demostrado un saber más o menos exhaustivo del mismo. Existe pues una relación directa entre la realidad producida y su productor; es decir, entre la cosa y su auctor: éste tiene auctoritas. Este análisis etimológico, siéndonos muy útil, es notoriamente insuficiente.
También decimos que el Presidente de la Nación tiene la autoridad inherente a su cargo, para dirigir a la sociedad hacia el bien común. En análogo sentido, el padre de familia tiene autoridad para orientarla hacia su bien propio. Nos percatamos que, en cada caso, la autoridad reconoce límites que tendremos que precisar. Pero, como ya dije, el análisis etimológico sólo orienta sin aclararnos totalmente el tema. No queda otro camino que acudir al pensamiento «fuerte» e internarnos en el problema propiamente metafísico de la autoridad.
*******
Para leer el artículo completo haga click sobre la imagen del autor

7 de Marzo, Festividad de Santo Tomás de Aquino, Doctor




"Oh Dios misericordioso: envíame la Sabiduría que asiste junto a Ti. Mira que soy un ser débil, demasiado pequeño para lograr conocer qué es lo que más te agrada a Ti. Sin la sabiduría que procede de Ti, no seré estimado en nada. Contigo está la sabiduría que te asistió cuando creabas el mundo, la sabiduría que nos enseña qué es lo más grato a tus ojos y lo que más nos conviene hacer. Envíame tu sabiduría desde el cielo para que me asista en mis trabajos y me ilumine qué es lo que más te agrada en cada momento. Que ella me guíe prudentemente en todas mis obras" (Sab. 9, 1-11) Amen.
Santo Tomás de Aquino



Vida de SANTO TOMÁS DE AQUINO (1.225 - 1.274)

por Lic. Néstor Martínez

Extractado de :

MANSER, G.M., O.P., La esencia del tomismo, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1947. Excelente introducción histórica y sistemática al pensamiento de Santo Tomás.
WEISHEIPL, J. A.,. O.P., Tomás de Aquino. Vida, obras y doctrina, EUNSA, Pamplona, 1994. Una de las más actuales y cientificas biografías de Santo Tomás.
FABRO, Cornelio, artículo TOMMASO d' AQUINO, santo, en Enciclopedia Cattolica, publicada por el Ente per l'Enciclopedia Cattolica e per il libro cattolico, de la Ciudad del Vaticano, Ed. G. C. Sansoni, Florencia, 1954.
PIEPER, Josef, Filosofia medieval y mundo moderno, Rialp S.A., Madrid, 1.979.
VIDA.

1.225 - Nace en el castillo de Aquino, en Rocaseca, cerca de la ciudad de Aquino, en Nápoles. Sus padres son los condes de Aquino, hidalgos de rango nobiliario inferior.
1.230 - Ingresa como oblato en la abadía benedictina de Montecasino. Los planes eran que llegara a ser Abad. Allí recibe la instrucción primaria, es decir, religiosa, según la regla de San Benito, latín, la gramática de la lengua vernácula, lectura, escritura, matemática elemental y armonía. Se cuenta que sorprendía a sus maestros preguntándoles de improviso: "¿Qué es Dios?".
1.239 - Abandona Montecasino y pasa a la Universidad de Nápoles. El Estudio General de Nápoles, posteriormente Universidad, fue fundado por el emperador Federico II para competir con el estudio pontificio de Bolonia. Según la orientación paganizante de la corte de Federico, se enseñaba en Nápoles la filosofía de Aristóteles, el profesor era Pedro de Hibernia, con quien Tomás estudió la filosofía aristotélica cuando aún estaba prohibida en París. En Nápoles toma contacto por primera vez con los dominicos, enviados en calidad de estudiantes a la Universidad. El ideal de pobreza evangélica y vida dedicada a la oración, el estudio y la predicación del Evangelio seduce al joven Tomás. Los biógrafos describen a Santo Tomás joven como de gran corpulencia y altura, silencioso y retraído, y muy dado a la oración y al estudio. Él mismo, que tanto había leído, dirá más tarde que había aprendido más en la oración que en el estudio.
*******
Para leer la biografía completa haga click sobre la imagen del Doctor Angélico fulminando al demonio con los rayos de la Sabiduría.(escuela de Cuzco, s.XVII).

6 de marzo de 2009

6 de Marzo, Festividad de Santas Felicitas y Perpetua, Mártires




os nombres de las Santas Perpetua y Felícitas figuran de antiguo en el canon de la misa. Habían muerto en el anfiteatro de Cartago el año 203. En el calendario filocaliano de Roma del tiempo de San Dámaso, aparece su fiesta el 7 de marzo. Después se perdió la memoria de su celebración, que a principios de este siglo restauró San Pío X. Fue con motivo de las excavaciones que se realizaban cerca de Túnez, en el emplazamiento de la vieja Cartago. Aparecieron los restos de una basílica paleocristiana y fue hallado el epitafio de estas célebres mártires. Mas como el día siete estaba ocupado por Santo Tomás de Aquino se anticipó la fiesta un día.

Las actas auténticas del martirio de las célebres santas es uno de los documentos más realistas y emocionantes que se conocen. Habremos de contentarnos con espigar algunos de sus más bellos párrafos.

Las Actas constan de tres partes, dos autobiográficas y una narrativa. La primera escrita por la pluma de la misma mártir protagonista: Santa Perpetua; la segunda débese a Sáturo, compañero de martirio de la misma, y lo restante —preámbulo y epílogo— corresponde al armonizador de toda la pieza literaria, tal vez Tertuliano, que la debió ofrecer al público en griego y latín.

Como consecuencia del edicto de Septimio Severo contra los cristianos, promulgado el 202, fueron apresados al año siguiente varios cristianos de Cartago, todavía catecúmenos: Revocato y Felícitas, que eran de condición servil, o sea, esclavos, y Saturnino y Secúndulo. Con ellos estaba Vibia Perpetua, de ilustre cuna, de exquisita formación, casada con la dignidad de las matronas, a quien vivían sus padres y dos hermanos y un niño de pecho. Tendría como veintidós años.

A estos mártires se les agregó después espontáneamente Sáturo, diácono, que había sido su maestro de catecumenado y fue quien después les sostuvo en la larga lucha, Santa Perpetua nos va narrando los incidentes del proceso. Primero fueron detenidos en una casa particular, con guardias de vista. Allí comenzaron las luchas con su padre, que era pagano. Estando en esta custodia atenuada recibieron el bautismo y a los pocos días fueron metidas en la cárcel pública.

******
Para leer el artículo completo haga click sobre la imagen de las Mártires.


5 de marzo de 2009

Vivaldi: Concertos for cello and bassoon. Il Giardino Armonico




Antonio Lucio Vivaldi
(1678 - 1741).






Il Giardino Armonico

Christophe Coin (Cello).

Dir. Giovanni Antonini.





After the violin and bassoon, Vivaldi apparently like the cello best as a solo instrument. Because while the Italian Baroque master wrote somewhere over 200 violin concertos and 39 bassoon concertos, he also wrote 28 cello concertos. Part of his special affection may come from the fact that Vivaldi himself seems to have invented the genre. Although there had been passages for solo cello in earlier composers' works, Vivaldi apparently wrote the first actual concertos featuring the cello throughout.


Concerto for cello and bassoon in E minor, RV 409.



I. Adagio - Allegro molto.
II. Allegro - Adagio.
III. Allegro.




Cello Concerto, for cello, strings & continuo in F major, RV 410.



I. Allegro.





II. Largo.





III. Allegro.

El Pequeño mundo de Don Camilo (19)



por Giovanni Guareschi


La Procesión





ODOS los años, al celebrarse la feria del pueblo, se llevaba en procesión al Cristo crucificado del altar. El cortejo llegaba hasta el dique y allí se efectuaba la bendición de las aguas para que el río no hiciera locuras y se comportara decentemente.

Como en otras ocasiones parecía que también en ésta las cosas funcionarían con la acostumbrada regularidad, y don Camilo estaba dando los últimos toques al programa de la fiesta, cuando apareció el Brusco en la rectoral.

–El secretario del comité – dijo el Brusco – me manda a hacerle saber que el comité participará en la procesión en pleno con bandera.

–Agradezco al secretario Peppone – contestó don Camilo. – Me alegraré de que todos los hombres del comité estén presentes. Sin embargo, es necesario que tengan la amabilidad de dejar la bandera en casa. No debe haber banderas políticas en cortejos sacros. Estas son las órdenes que tengo.

El Brusco se marchó y poco después llegó Peppone con la cara congestionada y los ojos fuera de las órbitas.

–¡Somos cristianos como todos los demás! – gritó Peppone entrando en la rectoral sin pedir siquiera permiso. – ¿En qué somos distintos de los otros?

–En que cuando entran en casa ajena ustedes ni se quitan el sombrero – respondió don Camilo tranquilamente.

Peppone se quitó el sombrero con rabia.

–Ahora eres igual a los demás cristianos – dijo don Camilo.

–¿Por qué no podemos venir a la procesión con nuestra bandera? – gritó Peppone. – ¿Qué tiene de particular nuestra bandera? ¿Es la bandera de los ladrones y los asesinos?

–No camarada Peppone – explicó don Camilo mientras encendía su toscano. – Es una bandera partidaria y aquí se trata de un acto religioso y no político.

–¡En ese caso tampoco deben ustedes admitir las banderas de la Acción Católica!

–¿Por qué? La Acción Católica no es un partido político, tanto es así que yo soy su secretario. Precisamente te aconsejo que te inscribas con tus camaradas.

Peppone soltó una carcajada.

–¡Si quiere usted salvar su alma negra, deberá inscribirse en nuestro partido!

Don Camilo abrió los brazos.

–Procedamos así – repuso sonriendo, – cada cual queda donde está y amigos, como antes.

–Yo y usted nunca hemos sido amigos – afirmó Peppone.

–¿Tampoco cuando estuvimos juntos en los montes?

–¡No! Era una simple alianza estratégica. Por el triunfo de la causa uno puede aliarse hasta con los curas.

–Bueno –dijo don Camilo con calma. – Pero si quieren venir a la procesión deben dejar la bandera en casa.

******
Para leer el capítulo completo haga click sobre la imagen.

La Caballería: la Fuerza Armada al servicio de la Verdad desarmada (1)



por el R.P. Alfredo Sáenz, S.J.

Ediciones Excalibur, Buenos Aires, 1982



Prólogo

Jorge Norberto Ferro
Antonio Caponetto



I. FE Y MILICIA

uele afirmarse en nuestros días que el espíritu evangélico es incompatible con la condición militar. Esto conduce por lo común a una serie de oposiciones dialécticas invariablemente falsas. Así el mensaje cristiano queda reducido a una pasiva aceptación de cualquier cosa, a condición de que se mencione genéricamente la "fraternidad", el "amor" o algún otro tópico por el estilo, cuanto más vagamente mejor. A su vez, el estado militar se reduce al ejercicio ciego de la violencia, descontando que ella será siempre sinónimo de abuso y atropello.

Las consecuencias de este planteo revisten mayor gravedad que lo que podría parecer. En efecto, no son ya los posibles excesos o vicios del soldado los que resultan cuestionados, sino la existencia misma de lo militar en un marco cristiano, la misión y el estilo del hombre de armas.

De allí a la desmovilización ética de los cuadros militares hay muy poco trecho, pues la disyuntiva planteada conspira contra su misma naturaleza. O las fuerzas armadas se adecúan a una mentalidad pacifista, internacionalista... "cristiana", o es preferible que desaparezcan.

En este mundo de imprecisos "derechos humanos" y de "adultez de la humanidad", que desconoce las nociones de Orden y Jerarquía; que, de espaldas a la Realeza de Cristo, ha identificado el progreso con la apostasía, subordinando la Justicia a la comodidad y la Verdad a la conveniencia; que descree del amor a la Patria, procurando un mundialismo utópico y un paraíso en la tierra, mientras hipócritamente se perpetran las peores atrocidades en este mundo, pues, es lógico que la figura del soldado resulte tan insoportable como extemporánea, y que se pretenda también que resulte anticristiana.

Porque el auténtico soldado sabe que "milicia es la vida del hombre sobre la tierra", que hay bienes que no son mediatizables ni negociables, y por los cuales es preciso estar dispuesto a dar la vida; que los pueblos y las naciones crecen cuando combaten contra la infidelidad a sus misiones y contra lo que se oponga a su verdadero destino; y que hay una violencia legítima cuando se ofrece y se derrama la sangre en defensa de Dios y del Orden por El instaurado.

En el plano religioso, las consecuencias a las que aludíamos son igualmente serias. Se pretende reducir la doctrina cristiana a una serie de recetas para asegurar una promiscua convivencia. De este modo, el cristiano deberá ser ecléctico y anodino, adaptable a todo y con todo reconciliable; capaz de rápidos cambios de puntos de vista y de múltiples transacciones, aunque resulten contradictorias. Nada suscitará su rechazo frontal ni moverá su cólera. La norma será el tipo humano edulcorado y sumiso. El lema, pedir perdón por un pasado presuntamente intolerante y cerril.

No es extraño entonces, que cuando la Iglesia Católica acepta a las fuerzas armadas instituídas en los países civilizados del mundo cristiano y convive con ellas, no falten sectores que generen hacia Ella actitudes de sospecha o de acusación; como si la Iglesia estuviera traicionando sus principios. No obstante, son esos mismos sectores los que nada dicen cuando algún o algunos miembros de la catolicidad, participan —como viene sucediendo dolorosamente— en las fuerzas bélicas de las organizaciones terroristas. Y es aquí cuando la falacia del pacifismo se hace más evidente.

********

Para leer el artículo completo, haga click sobre la imagen del caballero.