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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

12 de marzo de 2009

12 de Marzo, Festividad de San Gregorio Magno, Papa, Confesor y Doctor


(540-604)


Vida


ació en Roma, de una familia patricia y cristiana. Su bisabuelo, ya viudo, había recibido las órdenes y luego fue Papa bajo el nombre de Félix lll, que fue canonizado. Su madre, Silvia, y dos de sus tías paternas, las monjas Tarsilia y Emiliana, son igualmente honradas como santas.
Habiendo entrado primero en la carrera administrativa, a la edad de 30 años Gregorio era Prefecto de Roma. Apasionado de las grandezas terrenas, tras de prolongadas y penosas luchas se decidió a renunciar a ellas.

Enamorado entonces del ideal monástico realizado desde hacía medio siglo por San Benito, fundó de una sola vez seis monasterios en sus dominios de Sicilia, luego un séptimo dedicado a San Andrés en su propio palacio en Roma,donde él mismo, después de haber vendido sus bienes y distribuido su precio entre los pobres, conforme al precepto evangélico, abrazó la regla benedictina (año 573).

Al estudio intensivo de la Biblia y de los escritos de los Padres, unió la penitencia, con tal rigor que su salud, que ya era delicada, se puso en grave peligro. Sin embargo, el Papa Benedicto I no tardó en arrancarlo de su soledad para crearlo cardenal-diácono regional, encargado de una de las siete circunscripciones de la ciudad (año 577). Y dos años más tarde el Papa Pelagio ll lo enviaba con el título de apocrisiario, o nuncio, a Constantinopla, donde estuvo seis años.

De nuevo en Roma, fue electo abad de su monasterio (año 585). En esa época es cuando el encuentro con jóvenes esclavos anglo-sajones en el marcado le inspiró el designio de ir a evangelizar a Inglaterra. Hacia allá se marchó; pero una sublevación popular obligó al Papa a llamarlo. A la muerte de Pelagioll, Gregorio fue aclamado Papa unánimemente por el senado, el clero y el pueblo; y luego, tras de una vana tentativa de fuga, confirmado por el emperador Mauricio. El mismo compró a la Iglesia de su tiempo “con una barca vieja y carcomida, suspendida sobre el abismo y crujiendo como a la hora del naufragio” (Ep. l, 4).

Calamidades públicas, de peste, el hambre, la guerra, desolaban a Italia a continuación de inundaciones catastróficas y de la invasión de los lombardos. La provincia de Aquilea se obstinaba en el cisma desde la condenación de los “tres capítulos”. Y el emperador de Constantinopla, al igual que sus predecesores, trataba de usurpar la autoridad del Romano Pontífice. Aparte de su inagotable caridad para socorrer a las desdichadas víctimas de los desastres, el Papa, ante la inercia de los poderes civilies, medió para negociar con los jefes bárbaros, y al menos en dos ocasiones, en 598 y en 603, logró obtener una tregua. Llegó un día en que la gente se preguntaba “si el Papa era un jefe espiritual o un rey temporal”. Y un epitafio lo llama “el Cónsul de Dios”. Por otra parte, supo poner en sus lugares, al mismo tiempo que al monarca mismo, a los patriarcas de Antioquía y de Alejandría, que se apropiaban el título de “Patriarca Ecuménico”.

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