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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

2 de diciembre de 2008

El Papa San Pío X: Memorias (14)


por S.E.R. Cardenal Rafael Merry del Val


Capítulo XIII


SU HUMILDAD






bi humilitas ibi maiestas (Donde hay humildad, allí reina la majestad.) (SAN AGUSTÍN, Sermón 14) La verdad de este axioma de San Agustín, creo que en pocas personas se ha dado de modo tan perfecto como en Pío X Verdadera, profunda, natural, tales eran las cual dades principales que caracterizaban la hum Idad del Santo Padre. Me llamaba especialmente la atención que esta cualidad se había convertido en una faceta tan característica de su temperamento, que venía a ser en él como una segunda naturaleza.

No había en su humildad nada de esta actitud superficial, tímida y falsa que sólo es indicio de debilidad y que, algunas veces, puede ser simplemente una forma de autosugestión, de un oculto anhelo de estimación o de un miedo sutil a afrontar la crítica. Amaba demasiado a verdad y era harto sincero en todas sus cosas para afectar una aparienc a exterior de virtud que no sentía.

Ningún esfuerzo le costaba el ser humilde, porque tenía una baja idea de sí mismo. La arraigada convicción de que todos nuestros dones vienen de Dios, le hacía mucho más fácil admirar las dotes que descubría en otras personas que reconocer las que él mismo poseía.

La adulación y la lisonja, tanto en público como en privado, le repugnaban sobremanera, y si alguna persona osaba dirigírsele en esta forma, procuraba, con una respuesta seca o con una réplica humorística, disimular su descontento.

Pero confieso que no me explico cómo nadie se atrevía a adularle, ya que incluso el proferir una palabra de sincera y espontánea admiración, parecía fuera de lugar en su presencia y se apagaba en los labios antes de ser pronunciada; tal era el respeto que inspiraba la sinceridad y dignidad de su carácter. "Como en la hornaza se prueba la plata y en el crisol el oro, así se prueba el hombre por la boca del que le alaba." (Prov. XXVII, 21.)


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El Pensamiento de la Revolución Nacional (7)


por D. Antonio de Oliveira Salazar



Capítulo VI

El interés nacional en la política de la Dictadura


A pesar de su deseo de no malgastar el tiempo, el Dr. Oliveira Salazar, ha comprendido que era necesario mantener cierto contacto con la opinión pública. El discurso inserto a continuación, y que fue pronunciado ante millares de oyentes el día 17 de Mayo de 1931, en el Coliseu dos Recreios, con ocasión de la manifestación organizada por la Unión Nacional, es un balance de la obra económica y financiera realizada, un anuncio de nuevos progresos, y una exposición de pensamientos y proyectos. El discurso tuvo una especial oportunidad por coincidir con el momento en que los adversarios de la Dictadura hacían una última e inútil tentativa para agitar al País.


ombres que profesaban credos diferentes, venidos de todos los horizontes del pensamiento y de la acción, oriundos de todas las clases, diseminando su vida por todas las formas de actividad, han podido apartar los motivos de división y encontrar en los principios fundamentales de la Unión Nacional aquel terreno común de colaboración de los portugueses, indispensable para la nueva política de nuestra Patria: estamos viendo en Portugal cosas nuevas.
Se agitan en torno a nosotros multitud de egoísmos, de vanidades, de ambiciones de mando, de impacientes intereses individuales que no se subordinan, sino que pretenden sobreponerse a los intereses de la colectividad; y hay muchos millares de portugueses que se sacrifican abnegadamente por el bien común, que toman la defensa de éste como un deber, sea cual fuere el orden de actuación que se les indique, trabajando, obedeciendo, sirviendo: estamos viendo en Portugal cosas nuevas.
Reaccionando contra una atmósfera de irreverencia, de falta de respeto cuando no de declarada subversión; levantándonos contra un ambiente en que parecía que el Poder se bastardeaba y toda autoridad se disolvía; luchando contra la corriente de internacionalismo sospechoso con que las naciones se están dejando contaminar en su más íntima estructura, nosotros partimos de la realidad viva — económica, social, moral y política — de la Nación portuguesa y reconocemos en la veneranda persona del Jefe del Estado no solo el más alto grado de autoridad, sino más aún, la expresión, el reflejo de la propia unidad de la Patria; decididamente hay algo nuevo en Portugal, e importa enfocar a plena luz la fuente de donde brotan las aguas vivas de este renacimiento.

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La nobleza de Martín Fierro


por D. Rubén Calderón Bouchet

Tomado de Memoria, Año III, Nº 14.






ecía Papini que para comprender bien a Dante había que ser católico, florentino y poeta. En un artículo que escribí sobre Dante me excusaba de no ser ni florentino ni poeta, pues mi condición de chivilcoyano y un poco periodista, no eran títulos suficientes para emprender una excursión exegética en el más grande de los poemas cristianos, pero... y aquí aparece la punta de una pretensión explicativa, quizá alcanzaran para entender mejor el Martín Fierro.

El poema de José Hernández ha sido examinado desde diversos puntos de mira y por hombres que tenían por oficio los densos análisis literarios. Confieso haber leído el Martín Fierro desde que tengo uso de razón y nunca encontré inconvenientes en el uso de un lenguaje que, a pesar del tiempo transcurrido, seguía siendo el de los paisanos de mis pagos. Lo que siempre me resultó más difícil era entender la situación social de Martín Fierro, porque la palabra "gaucho" asume una cantidad de matices que van desde el matrero hasta el patrón de una estancia a quien se le aplica el adjetivo para designar una serie de condiciones morales y corporales que no eluden un cierto tono de nobleza. Recordemos para el caso ese verso que Hernández pone en boca de Cruz cuando narra el entrevero que tuvo con un cantor desbocado en un rancho donde se había improvisado un baile:

Como nunca he sido vil
poco el peligro me espanta,
ya me refalé la manta y
la eché sobre el candil


La crítica social, generalmente de inspiración marxista, hace de Martín Fierro y de Cruz, dos pobres peones perseguidos por las injusticias de una autoridad implacable al servicio de lo que se llamó la "oligarquía vacuna". El "cliché" no es totalmente falso, pero omite algunas connotaciones que un examen más completo del poema nos haría descubrir. En primer lugar, de donde provenían estos paisanos que en todo momento estaban muy bien dispuestos a poner en claro su condición de hombres libres; más todavía: arrogantes y altivos,

"para mí la tierra es chica
y pudiera ser mayor...".

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2 de Diciembre, Festividad de santa Bibiana, Vírgen y Mártir



a se menciona en el Liber Pontificalis el culto a la mártir Bibiana cuando se afirma en él que el Papa Simplicio (468 - 473) le dedicó una basílica. Restaurada en el siglo XVII por el infatigable papa Urbano VIII quien con su pasión renacentista, además de salvar un monumento antiguo, quiso dejar un testimonio litúrgico del hallazgo incluyendo en el calendario de la Iglesia universal la fiesta de Santa Bibiana en el día 2 de Diciembre. La basílica tiene tres naves divididas por ocho columnas antiguas y contiene una escultura graciosa de la Santa hecha por Bernini. Está situada cerca de la vía férrea, da nombre al túnel por donde se cruza —Arcos de Santa Bibiana— y próxima a la Stazione Termini.

¿Quién fue Santa Bibiana?

Bernini, todo arte, la representa con los instrumentos del martirio que le dieron la Vida: columna donde fue flagelada, los azotes, la corona del martirio y la sonrisa en su cara. Pero todo ello, con ser verdadero, es cosa común y aplicable a la mayor parte de los mártires cristianos en la Roma pagana, por lo que es decir mucho y, al mismo tiempo, nada acerca de un personaje concreto.

El relato de las actas no es fiable. El siglo VI en donde comienzan a proliferar las actas de los mártires y los escritos aún más tardíos del martirio no son dignos de crédito histórico por las añadiduras apócrifas y contradicciones que contienen. Incluso los datos que se mencionan, como hacer responsable de su martirio al emperador Juliano el Apóstata, adolecen de un pronunciado desinterés cronológico. La leyenda de nuestra santa que relata pormenorizadamente su martirio es una novela ejemplar que aplica un esquema general romano.

Pero es cierto que Santa Bibiana existió y que fue mártir. Posiblemente también existieron su madre Dafrosa y su hermana Demetria cuyos sarcófagos intactos se descubrieron debajo de los dos vasos de vidrio con inscripciones que conservaban las reliquias de la Santa. La historia se remonta como más remoto documento al papa Simplicio que se sitúa en el siglo V. La veneración de esta mártir es anterior al ese dato. Y por ello no está lejos de la verdad histórica la afirmación de que vivió santa Bibiana a finales del siglo III, antes incluso de lo que cantan las actas.

Es, pues, Bibiana una santa de la que poco sabemos por los documentos que pueden aducirse con valoración histórica cierta. Conocemos su existencia y la entrega colmada, definitiva, que de su vida hizo a Dios, dándole un sí apoteósico con el martirio. Todo lo demás ¿qué importa? Al fin y al cabo, las piedras talladas, papiros, pellejos, papeles y datos informáticos en donde pueda constar la historia más completa de cualquier santo no son más que raspar en la corteza sin alcanzar jamás ese núcleo personal de la relación entre el santo —la santa en nuestro caso— y Dios. Lo que consta en los archivos nos puede llevar al reconocimiento de sus virtudes, pero la reciprocidad de amores entre redimido y Redentor es un misterio siempre escondido para la historia y patente sólo cabe Dios.

1 de diciembre de 2008

En honor de "mon beau père", Alberto Falcionelli





e hecho, los verdaderos amigos del pueblo no son ni revolucionarios, ni innovadores, son tradicionalistas."


S.S. San Pío X

Alberto Constantino José Falcionelli


In memoriam
27/05/1910 - 01/12/1995


MEMORIA DE LOS MAESTROS

A fines de 1995 moría, en Buenos Aires, Alberto Falcionelli; después de una vida consagrada al estudio, al buen combate contra el marxismo y el liberalismo, al testimonio lúcido de la Realeza Social de Jesucristo. Vayan estas líneas suyas como sencillo recuerdo y homenaje.
No olvidaremos su personalidad paternal y rica en sabiduría. No olvidaremos su ejemplo.




Alberto Falcionelli en su 80º cumpleaños

a democracia no salva a la democracia. La destruye ayudándola a eliminarse a sí misma a través de sus mutaciones excesivas, hasta su conclusión en el punto final totalitario. No existe nada peor que el comunismo, salvo la condena eterna, y el método mejor para combatir esta peste, bestial, es el anticomunismo, aprehendido, no sólo como medio de defensa, sino sobre todo, de ofensiva y de restauración.
No el Estado Nación sino la Patria-Nación es el único camino para que alcancemos la concordia, la verdadera concordia que, desde adentro, irradia hacia afuera. Dios fue Quien la creó, a nosotros nos toca honrarla, como reza el Cuarto Mandamiento, como honramos a nuestro padre y a nuestra madre.
El amor al pasado no es un recurso nostálgico ni una forma de escapismo. Es fermento activo de supervivencia y conservación de lo permanente a través de lo contingente. En toda organización que quiera restaurar a lo hondo la comunidad nacional, la presencia de la oposición es indispensable, pero su fin es concurrir por sus medios a la consecución de la concordia, fuente necesaria del Bien Común. Ello obliga a la mayoría a escuchar la voz de la minoría y a recibirla con respeto. Dejémonos, pues, de hablar tanto de democracia, factor de desunión nacional y universal.
Hablemos de sociedad libre y edifiquémosla, cueste lo que cueste. A través de la legalidad reencontrada, vayamos hacia la legitimidad. La desigualdad no es un mal. Bien entendida, es un dato creado y, por consiguiente, un medio indispensable para el bien social y el bien individual. Es vertical, es decir, factor de variedad en la unión. La igualdad es una endogamia sin otra salida fuera de la esterilidad. Es horizontal, o sea, factor de desmembramiento al tiempo que de masificación.
El mundo en que vivimos no es un mundo "neo-pagano": los paganos tienen dioses, por falsos que sean, nuestro mundo, que se limita a adorar al dinero, no es ni pagano ni neo-pagano. Es ateo. Razón por la cual el rostro de tantos de nuestros contemporáneos que han hecho su religión de la materia, exuda envidia, odio y temor. Los fuertes batallones se han pasado al servicio de la Revolución, es decir, del partido del Anticristo. Mucha angustia sí para el que cree, pero fe absoluta en la victoria de Dios Todopoderoso.
Nosotros, los ancianos, hemos hecho lo nuestro, mal por lo visto. Pese a todo, algo hemos salvado. Que los jóvenes de buena voluntad lo recojan y hagan lo suyo, si tienen sangre y alma para ello. Y, siempre, repetiremos con nuestra vieja liturgia las palabras de la eterna esperanza:

Fitque sanguis Christi merum
Et si sensus déficit
Ad firmandum cor sincerum
Sola fides sufficit...


"Hablando de democracia"
Buenos Aires
Moenia, 1983

Publicado por Memoria. Año III, Nº 14

La Argentina y la Revolución Mundial



Por el R.P.Leonardo Castellani

(Revista Jauja, nº 7, julio 1967

el dicho al hecho hay gran trecho; los hechos son varones, las palabras son hembras; el infierno está repleto de buenas intenciones; y de buenos discursos y “directoriales”.
El problema argentino tan difícil de resolver, sin embargo es fácil de plantear. Como el binomio de NEWTON.
Inveterado, viene de muchos años atrás.
Vamos a ver el tal planteo: la Argentina se independizó de España, DE QUIEN ERA UNA PROVINCIA; y se convirtió a poco andar en una factoría oculta de otra nación muy mala.
Claro que en esto hay muchos vericuetos; pero hablando breve y mal, es eso. Los vericuetos pueden leerlos en IBARGUREN Así fue Mayo (edición aumentada, Theoría, 1967), en PEPE ROSAS Perdida y recuperación de la independencia económica; idem, Así cayó ROSAS; VICENTE D. SIERRA, Historia Argentina, etc.)
La Argentina era rica en recursos; los tiempos eran tranquilos; la nación metrópoli dejaba un décimo de lo que se llevaba a la “clase dirigente” a su servicio (o sea cipayos) que vivía opulenta y gobernaba al país una vez eliminados a sangre y fuego sus enemigos (“fuego” literalmente a veces: a los soldados del CHACHO que tomo prisioneros SANDES en la batalla de Las Playas los quemaron vivos: ver GREGORIO M. MADERO La degollación del Chacho, Theoría, 1966).
Así el país parecía marchar espléndido, e incluso tuvo borracheras de euforia progresista en 1890 y 1910.
De repente estallaron dos guerras mundiales; la testa de la dúplice “Revolución” se irguió en el mundo; y el metropolazgo de la Argentina pasó a otra nación diferente; de la misma raza. “Hic fletus, hic dolor”.
La nueva metrópoli no podía expoliar a la Argentina de sus riquezas y su trabajo con el método de la otra. Había habido dos o tres tentativas de “rotas cadenas”: frustradas; pero ya mucha gente había abierto los ojos. Por esta y otras razones, el Emporio dejó caer a la Argentina; y en vez de comenzar aquí la prosperidad, misteriosamente cayó en insoluble crisis económica.
Los hermanos del Norte tenían sus propios enredos. De una democracia había bajado a una plutocracia (natural asaz) temía TOCQUEVILLE en 1831; y empezaron a ser gobernados invisiblemente (no mucho) y parcialmente (en gran parte) por el poder del Gran del Gran Dinero; y grupos secretos, como la Masonería, el Pentágono y el Sionismo. Estos poderes invisibles se encargaron del cipayaje y la expoliación, por modos mucho más sutiles; para lo cual necesitan mantenernos en estado colonial (subdesarrollados) al mismo tiempo que nos “ayudan al desarrollo” por medio de siniestros préstamos y Bancos usurarios – con típico “Cant” anglosajón; o sea, tartufismo.
Esto está condicionado al “mantenimiento de la Democracia”; o sea de gobiernos débiles, amedrentables, y aún sobornables, si viene a mano. Poco importa que esa democracia se llame Radical del Pueblo, Radical Intransigente, Revolución Libertadora o Revolución No-Libertadora. Es el liberalismo ya podrido, galvanizado por toda clase de trucos raros: como golpes de Estado, fraudes electorales y dictaduras fallutas.
Los partidos no los suprimió la RA. Hace tiempo no existían partidos sino el Ejército y los Gremios. Los partidos eran cháchara pura, fomentadora de la disolución.“Lo que hoy llamamos ORDEN y fijamos en Constituciones LIBERALES no es más que una anarquía hecha costumbre. La llamamos Democracia – dijo DONOSO CORTES; a no ser que haya sido ROMUALDO BRUGHETTI.¡Libertad! ¿De qué y para qué?¡Libertad, libertad, Libertad! Así como la voceada “libertad de los mares” era la libertad inglesa para comerciar, y el “librecambio” de ADAM SMITH la libertad inglesa para explotar; así la libertad política se reduce a la gran farsa de echar los votos; la “libertad de cultos”, a la vía de debilitar la religión del país ya bastante cachuza; la “libertad de prensa”…
“Los que claman por la libertad de prensa son los que necesitan abusar de ella”, - dijo GOETHE; a no ser que haya sido ROBERTO AULES. E vía dicendo.
Se logró hacer creer a los semicultos que lo importante para una nación era la economía (con mayúscula) y todo lo demás se daba por añadidura; y en eso parece estar ingurgitado o somormujado el gobierno actual; ocultando o ignorando que sólo una gran política da una gran economía; y que sólo una nación fuerte puede liberarse de ser reducida a sub-nación por otras naciones fuertes. ¿Qué se han creído? ¿Qué los hombres son angelitos? Aprendan de nuestra propia experiencia, escarmienten en cabeza propia.
El partido en que se juega el dominio del mundo ha empezado ya. Se jugará hasta el final entre hombres fuertes. ¿No habrá algún hispano en él?
La dúplice revolución mundial está ya en marcha: desde más de un siglo ha: la revolución blanca y la revolución negra, que dice O. SPENGLER. En rigor, esta última es amarilla, pero más negra que la otra.
La revolución blanca es el alzamiento universal de los bolches; no escuetamente contra el “Capitalismo” (entidad semi-mítica o semítica más o menos forjada por MARX y demás teorizantes de la demagogia) – sino contra todo lo que en la Cristiandad era autoridad, orden, jerarquía, cultura, tradición; en suma, superioridad. Es el desistimiento de los inferiores: quieren nivelarlo todo – por abajo. No son los obreros, no; aunque a muchos de ellos los han despistado con el “endiosamiento del trabajo manual” y el mesianismo del “proletariado”. Los buenos obreros, los obreros peritos y laboriosos, y no ineptos y vagonetas no son proletariados; y se ofenden si así los llaman. Vayan a ver al Sindicato de la Carne o a Luz y Fuerza (El hombre integral: cuerpo, inteligencia, y voluntad). Le dije a uno dellos, muy leído: - ¿Pero Ud. sabe quién fue MARX? - ¿Y cómo no? Fue un judío barbudo, más feo que pegarle a Dios, que habría sido muy inteligente, pero no por más que digan, no es el fundador del “Comunismo”. No quise discutir. En el fondo puede que tenga razón: la mentalidad bolche viene de mucho más atrás.
La “Revolución blanca” quiere decir tabla rasa de todo lo existente; y crear de la nada un universo nuevo; como SARMIENTO y MITRE: siniestra utopía. Hay en ella hasta sacerdotes: sabiéndola o no, todos los “desjerarquizados” trabajan para ella. Hay “desjerarquizados” incluso en la misma “Jerarquía” – con perdón de la paradoja. Es así. Yo no tengo la culpa. Con su venia y guardando todo respeto, Ilustrísima.
No hablamos de los bolches de Rusia, no. De los argentinos. No hablamos tampoco de los inscriptos de las listas de CODOVILLA (secretario general del PC en la Argentina, veterano); hablamos de todos los desjerarquizados, de todos los rebeldes, o hastiados del Orden Romano, de todos los “denocráticos” sinceros o fingidos, empezando por La Nación diario; de todos los “idiotas útiles”; de todos los que se han salido o quieren salirse de su propio lugar o puesto.Los “ordinarios” dominan. ¿Cuántos son? Contarlos quiero.
Por cada dos mil espurios No hay ni un noble verdadero.Pero en nuestros 20 millones hay por lo bajo unos 3.000 nobles; los suscriptores de JAUJA; incluso el Teniente General que se ha suscrito a 10 colecciones.
Estamos en Pentecostés: esos 3.000 nobles se vuelven hacia este sermón del Espíritu Santo; y como los judíos a SAN PEDRO, preguntan:- Varones hermanos ¿qué haremos?- Arrepentirse; y bautizarse cada uno en nombre del Señor Jesús.
Es decir, en este caso, rebautizarse; pero en bautismo de fuego y del Ventarrón Divino - que dijo CRISTO.¿Y cómo se hace? Pregunte cada uno a su propio Párroco, con tal no será un Párroco neolero. Por suerte, hay pocos.
Sólo JESUCRISTO puede salvar a la Argentina, me repite cada día mi eventual cocinera; o sea, los que hagan capaces de hablar y obrar “en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo”.
A éstos no les promete la felicidad; a no ser la felicidad mía; que es muy real y existente, aunque rara.
Yo no lo veré; porque “mis días corren disparados a su fin”, como dice el Profeta; según Comentario, notable revista judía; - que me la dan gratis. (Y después dirán que los judíos son tacaños).
Con un gobierno “gobierno” hasta los judíos más malos servirían – a su modo. Yo no lo veré.Pero ¿quién sabe? Solo DIOS . Vengo de una familia de centi-añarios.Pueda que lo vea.Uno es siempre tan joven como su ilusión, y tan viejo como sus desengaños.
pp.75 a 78.

¿Crisis económica?



por Juan Manuel de Prada

Tomado de XLsemanal




scribíamos en un artículo anterior que el hombre contemporáneo ha dejado de creer en el pasaje evangélico de la multiplicación de los panes y los peces; en cambio, a ese mismo hombre le dijeron que sus ahorros se multiplicarían por dos, o por veinte, o por doscientos, si los entregaba a un banco de inversiones, ¡y el tío se lo creyó!
Lo cual nos obliga a aceptar que la credulidad del hombre contemporáneo ante los misterios de la economía es de una naturaleza cuasirreligiosa. Y, puesto que sabemos que no se puede servir al mismo tiempo a Dios y las riquezas, hemos de aceptar también que esta fe en los misterios de la economía es de naturaleza demoniaca. No en vano los antiguos situaban a Plutón, el dios de las riquezas, al lado de Hades, en el Averno, allá donde moran los dioses del inframundo; esto es, en el infierno.
La vocación del hombre hacia el misterio es irrefrenable, porque forma parte de su naturaleza; y cuando la naturaleza se reprime o amputa, esa vocación natural se expresa de forma enfermiza. Quitadle al hombre su fe en los misterios divinos y habrá de llenar ese hueco con una fe en los misterios demoniacos. Nuestra época ha ideado multitud de sucedáneos demoniacos –idolatrías– que alivian la amputación infligida al hombre contemporáneo; y entre tales sucedáneos se cuentan la obsesión ideológica y la obsesión económica. La primera es la idolatría propia de los hombres que se creen dioses capaces de organizar el mundo en ausencia de Dios e instaurar un Paraíso en la Tierra; la segunda es una idolatría aún más degenerada, propia de hombres que han aceptado que nunca serán dioses, que nunca podrán instaurar el Paraíso en la Tierra y a quienes, en definitiva, no les resta otra solución que entregarse al más bajo entre los bajos instintos, que es la avaricia, el afán inmoderado de posesión.
Las idolatrías son parodias de la religión; a veces parodias burdas y elementales, a veces sofisticadísimas. La idolatría plutoniana que corrompe nuestra época es de estas últimas; tan abstrusa que el hombre contemporáneo, una vez entregado a ella, constata con perplejidad que no puede entenderla, que su raciocinio no puede abarcar su misterio inextricable (misterio que no es tal, sino un mero timo), por lo que decide confiarse a los sacerdotes de la idolatría, en la confianza ciega de que ellos serán capaces de entenderla. Estos sacerdotes adquieren diversas fisonomías: en tiempos de bonanza, su ministerio lo desempeñan los banqueros y expertos bursátiles; en tiempos de crisis, los gobernantes, que aparecen ante los ojos de los adeptos como mesías o redentores que vienen a poner orden en el caos.
Esa grotesca Cumbre Refundadora del Capitalismo que acaba de celebrarse en Washington, donde los mandatarios del mundo mundialque previamente habían creado el desaguisado se erigen en «salvadores del sistema financiero», ejemplifica a la perfección el grado de locura ciega al que la idolatría plutoniana puede arrastrar a sus adeptos; grado de locura que adquiere ribetes de desquiciamiento si consideramos que, hasta la fecha, la única ‘salvación’ que tales redentores han pergeñado consiste en seguir saqueando los bolsillos de los adeptos, mediante ‘planes de emergencia’ que ayuden a los banqueros, que eran los sacerdotes a cuyo ministerio nos incitaron a confiar nuestros ahorros, en tiempos de bonanza. Pero, como la idolatría plutoniana es una parodia de la religión, se exige a los adeptos que se mantengan firmes en la fe. ¿Fe en qué? En una fantasmagoría. Pues el ídolo que nuestra avaricia venera es el fantasma de un fantasma. El dinero es, por definición, un fantasma, un signo que representa las cosas reales, inventado por los hombres para agilizar el comercio. Si ya es discutible que ese fantasma represente el valor de las cosas reales, ¿cómo calificar nuestra creencia de que ese fantasma pueda ser, a su vez, ordeñado como si fuese una vaca, generando réditos que crezcan indefinidamente? Hasta un espiritista en plena resaca de anisete nos diría que los fantasmas no pueden procrear; pero los sacerdotes de esta idolatría plutoniana han hecho creer al hombre contemporáneo, azuzando su avaricia, que su dinero podía procrear como un conejo. Hoy toda esta fantasmagoría se derrumba; y deja al hombre contemporáneo huero como una nuez vana, a solas con el vacío que ocuparon los misterios demoniacos. No lo llaméis crisis económica; es la crisis de una idolatría.

30 de noviembre de 2008

Dejan en libertad a militares


Por Carlos Acuña

Tomado de Nuevo encuentro




En concordancia con lo establecido por la Cámara de Casación que reiteró que nadie puede permanecer en prisión preventiva sin causa que lo justifique, la Jueza Federal de Córdoba, doctora Cristina Garzón de Lazcano, durante las últimas horas dejó en libertad a dos oficiales dentro del marco de la llamada "Causa Córdoba", abierta contra numerosos jefes, oficiales y suboficiales por haber combatido al terrorismo de los setenta dentro de la jurisdicción del Tercer Cuerpo de Ejército, al que pertenecían. En este caso se trata de mayor A. Luis López y del capitán Pablo D'Oloiu, quienes dejaron la cárcel, circunstancia que sienta un notable precedente para casos similares. De acuerdo con lo trascendido en fuentes seguras, la semana próxima otros 13 militares serían puestos en libertad lo que descomprimiría la situación existente por la irregularidad jurídica que determinó su puesta en prisión preventiva. La noticia corrió como reguero de pólvora y causó el consiguiente impacto dentro de un ámbito donde es fácil reconocer el alto grado de molestia - por decirlo de alguna manera - que ha generado esta situación que tiene tras las rejas a numerosos hombres de las distintas Fuerzas, algunos condenados mediante "pruebas" artificiales carentes de sustento hasta tal punto, que han trazado un gravoso perfil internacional respecto del funcionamiento de la justicia en la Argentina. En tal sentido estos casos comienzan a conocerse por vía jurídica e impulsados por las correspondientes defensas, que muestran las anomalías que se reconocen, comienzan a alcanzar los medios periodísticos y a sentar precedentes que hasta hoy eran impensados. Por ejemplo, lo que acaba de suceder con el general Domingo Bussi que cerró la etapa de la guerra declarada por el ERP en la provincia de Tucumán. Bussi, muy enfermo y con una conocida hiper sensibilidad anímica, fue trasladado en silla de ruedas por personal desconocido hasta una sala llena de fotógrafos que registraron su estado, hasta que terminado el operativo lo retiraron de la misma forma en que llegó para ser trasladado a otras dependencias, quedando en claro que el único objetivo que existió de este suceso fue incorporar las fotografías así obtenidas en una futura campaña mediática que tomaría estado público más adelante, después de sumarse otros casos similares. Así, heridos de guerra, militares y policías sin piernas o con otros miembros amputados, pasarían a formar parte de una galería de "represores" que se distribuirá gráfica y electrónicamente y alcanzaría los establecimientos educativos donde ya se realizan algunas operaciones similares. El contenido de esa campaña está diseñado por el actual secretario de Justicia y Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, quien se ubicaba por encima de las distintas líneas subversivas y tenía varios nombres de guerra dentro del aparato terrorista . Frente a la nueva situación abierta por las disposiciones judiciales, la agrupación H.I.J.O.S y otras organizaciones de "derechos humanos" preven numerosos "escraches" contra la Jueza Garzón de Lazcano a los efectos de presionar "popularmente" por estas libertades y exigir que se revea la medida.

Falsificación de la Historia de España


por D. Ricardo de la Cierva

Airado e irracional rechazo provoca en sectores decisivos del mundo cultural y el mundo político cualquier exposición sobre la guerra civil española, la época de Franco y en general, la historia de España y la historia de las ideas y las formas políticas que no se ajuste a los cánones de lo políticamente correcto. Una poderosa fuerza secreta -como se llamaba en los años treinta a la Masonería, identificada hoy en gran parte de la Internacional Socialista- intenta con todos sus recursos imponer en el conjunto mundial de los medios de comunicación, con inclusión de las editoriales de prensa y libros, una versión de pensamiento único que veta implacablemente cualquier línea de opinión discrepante. Por ejemplo, la dictadura del general Augusto Pinochet es vituperable absolutamente, la dictadura del marxista-leninista Fidel Castro es tolerable y esperanzadora. No importa que, de hecho, Pinochet acabase a mano airada con el régimen cuasitotalitario de Salvador Allende cuando estaba a punto de sumir a Chile en la ruina total; Allende era el buen demócrata derrocado por Pinochet, el torvo dictador fascista; y el eterno gobierno de Castro ha eliminado en Cuba no sólo el sistema de libre mercado, sino los derechos humanos y las libertades fundamentales. El general Francisco Franco se alzó en 1936 contra la degradación caótica del Frente Popular y venció en la guerra civil a una creciente amenaza comunista que tenía aherrojada a la República; pero lo políticamente correcto es afirmar que la República, espejo de democracias, fue asesinada por el Alzamiento de 1936 que triunfó por la cooperación entusiasta de la Alemania nazi y la Italia fascista. Por eso la guerra civil española fue el prólogo homogéneo de la Segunda Guerra Mundial, que perdieron los aliados de Franco en la guerra civil..., y también Franco, a quien se quiere presentar como compinche de los totalitarios. Todo ello es un amasijo de falsedades demostrables: en el bando vencedor de la Segunda Guerra Mundial la mayor tajada se la llevó el ejemplar demócrata José Stalin, que es realmente el mayor criminal de la Historia; y el general Franco, al frente de la España anticomunista y moderada, no dependía políticamente de aquella Italia y aquella Alemania, mientras la zona roja cayó, desde el principio, en una dictadura anárquica mucho más nefasta que el gobierno de la España nacional. La aberración del pensamiento único llega al extremo de considerar como héroes de la libertad a las Brigadas Internacionales que no fueron más que «una fuerza soviética en España» en frase del historiador norteamericano David T. Cattell, y contaban con tal porcentaje de asesinos y facinerosos en sus filas que su propio jefe, el comunista francés André Marty, confesó ante el Partido Comunista de Francia que había tenido que fusilar a quinientos de ellos a las primeras de cambio para imponer una elemental disciplina.
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Catecismo para adultos (5)


por el R.P. Leonardo Castellani

CRISTO ES VERDADERO HOMBRE

En la clase pasada dije que Renán había escrito una pentalogía en realidad una heptalogía: son siete obras, siete tomos.

Yo encontré en la Historia de la Literatura Francesa de Tribaudet un capitulo entero sobre Renán y allí nombré cinco obras componentes de la principal obra de Renán. Pero después, una amable señora me mandó las obras de Renán traducidas al castellano y editadas acá en la Argentina por una Editorial Anauta hace unos 40 años. Un libro todo amarillo ya.

Era la época del auge, de la fama de Renán acá. Después se apagó, como les dije el otro día. Entonces, hay dos obras más que yo no sabía y que las voy a leer poco a poco, cuando tenga tiempo. Empecé a leer la vida de Jesús. Es la historia de la persecución de Nerón en los primeros tiempos del cristianismo. La Vida de Jesús la leí durante mis estudios pero no entera porque llegó un momento en que me di cuenta qué era la Vida de Jesús de Renán.

Era una novela histórica, con los datos del Evangelio que él escogió, porque lo que no le convenía él no lo tomaba; y una gran imaginación é información de todo. De literatura antigua, de geografía de la Palestina, de todo. E hizo una novela histórica que se tiene en pie firmemente; de manera que es muy fácil que un hombre que no tenga versación en estas materias (de la exégesis del Evangelio) o bien no tenga mucha fe y lee eso, quede atrapado.

Hay que leer esto como obra de astucia, de insidia. Y ahora lo he vuelto a leer y veo que no me equivoqué. Es una novela histórica como la de "Doña Blanca de Navarra" de Navarro Villoslada, que tiene poquísimos datos acerca de la historia de Blanca de Navarra y hace sin embargo una novela en que uno la ve en vida a la desdichada princesa. Pero no era historia. Y así hay muchas novelas históricas que con pocos o muchos datos históricos del protagonista hacen obras que tienen una fuerza grandísima de persuasión porque parecen vivos los personajes.

Hemos visto la mitad del enjambre de herejías cristológicas que empiezan casi inmediatamente después de la muerte de Cristo, con los Ebionitas que eran judíos, y cuyo nombre significa "pobres", quienes negaban la divinidad de Cristo. Estos Ebionitas llegan —sin proponérselo— a un resultado excelente porque logran que —para combatirlos— San Juan escribiera su Evangelio que es el mejor de todos, tendiendo todo él a mostrar que Cristo era Dios.

Después de las herejías cristológicas que ya hemos visto, vienen las herejías trinitarias, puesto que la afirmación de que Cristo era Dios trae la pregunta: Bueno, ¿entonces Dios bajo del cielo y se hizo hombre? Resulta que una de estas corrientes heréticas que se llamó de los Petripasíanos afirmaba que quien murió en la cruz fue el mismo Padre. Que el mismo Dios que se llamaba Padre bajó y se llamó Hijo, padeciendo en la cruz en la figura de Simón Cireneo.

Las cosas más extrañas inventaron estos herejes. Hubo tantas herejías que ni los historiadores de la Iglesia las saben todas. No quedaron escritos de los herejes, salvo una que otra obra. Conocemos lo que decían por los escritos de los Santos Padres y por las refutaciones que en ellos les hacían.
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30 de Noviembre, Festividad de San Andrés, Apóstol y Mártir



El nombre "Andrés" (del griego andreia, hombría o valor), como otros nombres griegos, parece haber sido común entre los Judíos del segundo o tercer siglo antes de Cristo. San Andrés, el Apóstol, hijo de Jonas, o Juan (Mateo, xvi, 17; Juan, i, 42), nació en Bethsaida de Galilea (Juan, i, 44). Fue el hermano de Simón Pedro (Mateo, x,2; Juan, i, 40). Ambos fueron pescadores (Mateo., iv, 18; Marcos, i, 16), y al comienzo de la vida publica de Nuestro Señor ocuparon la misma casa de Cafarnaum (Marcos, i, 21, 29). Por el cuarto Evangelio aprendemos que Andrés fue discípulo del Bautista, cuyo testimonio condujo a Andrés y a Juan el Evangelista a Jesús (Juan, i, 35-40). Andrés inmediatamente reconoció a Jesús como el Mesías, y se apresuro a presentárselo a su hermano, Pedro, (Juan, i, 41). Desde entonces los dos hermanos fueron discípulos de Cristo. En otra ocasión, antes del llamado final al apostolado, fueron llamados a una compañía más cercana, y luego dejaron todo para seguir a Jesús (Lucas v, 11; Mateo., iv, 19, 20; Marcos, i, 17, 18). Finalmente Andrés fue elegido para ser uno de los Doce; y en las varias listas de Apóstoles dadas en el Nuevo Testamento (Mateo, x, 2-4; Marcos, iii, 16-19; Lucas, vi, 14-16; Actos, i, 13) siempre aparece entre los primeros cuatro. La única otra referencia explícita a él en los sinópticos aparece en Marcos, xiii, 3, donde se nos dice que se unió con Pedro, Santiago y Juan para proponer la cuestión que condujo a Nuestro Señor a dar su gran discurso escatológico. Además de esta exigua información, aprendemos del cuarto Evangelio que en ocasión de la milagrosa alimentación de los cinco mil, fue Andrés quien dijo: "Hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados: pero ¿qué son estas cosas para tanta gente?" (Juan, vi, 8, 9); y cuando, unos pocos días antes de la muerte de Nuestro Señor, algunos griegos le preguntaron a Felipe si ellos podrían ver a Jesús, Felipe refirió el tema a Andrés como a quien tiene gran autoridad, y luego ambos se lo anunciaron a Cristo (Juan, xii, 20-22). Como sucede con la mayoría de los Doce, Andrés no es nombrado en el libro de los Hechos, a excepción de las listas de los Apóstoles, donde el orden de los cuatro primeros es Pedro, Juan, Santiago y Andrés; tampoco hay mención alguna de Andrés en las epístolas ni en el Apocalipsis.
Por lo que conocemos de los Apóstoles en general podemos, claro está, completar un poco estos escasos detalles. Como uno de los Doce, Andrés fue admitido en cercana familiaridad con Nuestro Señor durante su vida publica; estuvo presente en la Ultima Cena; vio al Señor resucitado; presenció la Ascensión del Señor; compartió las gracias y dones del primer Pentecostés, y ayudo, entre amenazas y persecuciones, a establecer la Fe en Palestina.
Cuando los Apóstoles salieron a predicar a las naciones, parece que Andrés tomó en este asunto una parte importante, pero desafortunadamente no tenemos certeza de la extensión o del lugar de sus trabajos. Eusebio (H.E. III:1), basándose, aparentemente, en Orígenes, señala a Scythia como su campo de misión: Andras de (eilechen) ten Skythian; mientras San Gregorio de Nazianzo (Or.33) menciona Epiro; San Jerónimo (Ep. ad Marcell.) indica a Acaya; y Teodoro (on Ps. cxvi) Hellas. Probablemente estas historias sean correctas, ya que Nicéforo (H.E. II:39), basado en antiguos escritores, afirma que Andrés predicó en Capadocia, Galacia y Bitinia, luego en la tierra de los antropófagos y de los desiertos de Scythia, acto seguido en el mismo Bizancio, donde designó a San Stachys como su primer obispo; finalmente predicó en Thrace, Macedonia, Thessaly y Acaya. Generalmente se sostiene que fue crucificado por orden del gobernador romano, Aegeas o Aegeates, en Patrae de Acaya, y que fue atado y no clavado a la cruz para prolongar sus sufrimientos. Se dice también que la cruz en la cual sufrió fue una cruz “decussata” (en forma de X), que ahora se conoce como cruz de San Andrés, aunque la evidencia para esta opinión parece no ser más antigua que el siglo catorce. Su martirio tuvo lugar durante el reino de Nerón, el 30 de Noviembre del año 60 de la Era Cristiana; y ambas iglesias, la griega y la latina, mantienen el 30 de Noviembre como su fiesta.
Las reliquias de San Andrés fueron trasladadas desde Patrae a Constantinopla, y depositadas allí en la Iglesia de los Apóstoles, alrededor del año 357. Cuando Constantinopla fue tomada por los franceses en el comienzo del siglo trece, el Cardenal Pedro de Capua trajo las reliquias a Italia y las colocó en la Catedral de Amalfi, donde la mayoría de ellas permanecen. San Andrés es honrado como principal patrono en Rusia y en Escocia.


J. MACRORY

Transcripto por Cristina J. Murray

Dedicado a Andres E. Murray

Traducido por Juan Ramon Cifre

29 de noviembre de 2008

Cárcel para los Kirchner


por el Dr Antonio Caponetto


Tomado del Blog de Cabildo




De muchos modos —y sin necesidad de las denuncias formales cuanto oportunistas de cierta clase politica— la sociedad ha ido tomando conciencia de que los kirchner son una banda de ladrones. Y usamos con deliberadas minúsculas el ya luctuoso apellido del duplo gobernante, como quien menciona a un genérico bacilo antes que un respetable patronímico, un morbo fatal más que un gentilicio.

No en el imaginario colectivo, como dicen pedantemente ahora, sino en la cruda realidad de cada día, los sufridos habitantes de esta tierra hemos empezado a constatar que por doquier abunda el fraude y el dolo, la rapiña y la usura, el negocio turbio, la mezcla delictiva de drogas, narcos, traficantes, juegos de azar o culposas valijas. Y que tras estas mixturas de contravenciones múltiples a la ley y a la moral objetiva, asoman ineluctablemente los ejecutores oficiales de la conducción del Estado. Mencionar hoy a Julio de Vido, Claudio Uberti, Rudy Ulloa Igor, Ricardo Jaime, Cristóbal López y Lázaro Báez; mencionar acaso a los Fernández, a la Miceli, o a Moreno, equivale enunciar otros tantos nombres de kirchner, de los que diría Fray Luis de León que, a diferencia de los nombres de Cristo, “mentan las calamidades de nuestros tiempos y el hallar ponzoña antes que medicina y remedio”. No suscitan estos nombres el silencio inefable, del que nos habla Dionisio para celebrar la nomenclatura divina, sino el grito de espanto, el vituperio cósmico, la puteada lisa y llana del hombre corriente.

Es que de todas las formas posibles de robar, que sistematizara el Aquinate exponiendo el séptimo mandamiento, ninguna está ausente en esta tiranía agobiante. Primero hurtan a escondidas, aprovechándose del poder que disponen para que, entre la sorpresa y las sombras, se consumen impunemente las esquilmaciones y los despojos. En segundo lugar arrebatan por la fuerza —especialidad de los príncipes perversos, acota Santo Tomás— toda vez que necesitan ampliar la caja con que financiar su perdurabilidad politica, sin detenerse en ordenar la legalidad positiva con vistas al lucro privado. Terceramente escamotean el salario justo, a la par que los mayores ingresos se los reservan para el redil de los serviles y el aparato oficial. En cuarto lugar, cometen fraude en los negocios, dueños omnímodos como son de esa “balanza dolosa” de la que habla la Escritura, con una pesa falaz para aprovechamiento del amo. Y en quinto lugar, al fin, roban comprando dignidades, sean temporales o espirituales. Por eso cuentan con la manada de obsecuentes rentados, a quienes cada vergonzosa genuflexión les significa un subsidio, una adulación, un asiento a la derecha de la dupla proterva, en el que oficiar de bufón y proxeneta.

Roban todo el tiempo y con descaro, cada cual a su turno y con las modalidades que se les antoje conveniente en momento. Roban en lo poco y en lo mucho, nocturnamente y a la luz del día. Roba la chirusita un rango que no posee, cada vez que se hace llamar doctora, roba las cifras el Indec, y roba el decoro y la decencia el ostensible programa gubernamental a favor de la contranatura y de la cultura de la muerte.

Súmese al hurto el homicidio, en varias de sus formas posibles. Porque homicidio es el aborto, cada vez más oficialmente tolerado, extendido, promovido y justificado. Homicidio es el fruto de la inseguridad social entronizada por el garantismo de estos progresistas irresponsables. Y sabido es que se puede matar con la boca, mediante la calumnia y las acusaciones falsas, siempre presentes en el lenguaje presidencial. Homicidio, sobre todo, es el de los terroristas aposentados honorablemente en el poder, autores directos de crímenes horribles, o cómplices de los mismos, o festejantes y glorificadores de los asesinos marxistas.

Cualquiera sabe que en una situación normal, los ladrones y los criminales deberían estar en la cárcel. En nuestra desdichada patria, en cambio, son las autoridades elegidas por la democracia, bendecida por los obispos, sostenidas por los jueces, incapaces de ordenar la captura de estos malvivientes. Cualquiera sabe asimismo que se necesita un mínimo de coherencia para pedir la captura y el castigo de estos reos; por lo que aumenta el oprobio constatar al ramillete de partidócratas ahora denunciantes, que no sólo no podrían tirar la primera piedra sino el más liviano de los guijarros.

Entonces, desde algún sitio al que no roce el latrocinio ni el asesinato debe clamarse la cárcel y el castigo ejemplar para el kirchnerismo. Quede dicho desde estas páginas, y permita Dios, que es el Justo, que semejante clamor se convierta en un hecho.

Gramsci y el Buen Humor de Dios


por Juanjo Romero

Tomado de De Lapsis



El día de ayer fue de auténtico disfrute. De bochorno la rabiosa reacción contra la confirmación de la conversión en el lecho de muerte de Gramsci, y digo confirmación, porque ya hace mucho tiempo que se daba por hecha. En 1967, las monjas que lo atendieron, nos contaron su conversión, asegurando que conservaba una estampita de su niñez, de Santa Teresa del Niño Jesús.

El contexto ya lo conocéis. Yo creo a De Magistris, creo que Gramsci se convirtió, y no sólo porque monseñor es un tipo respetable, conocedor como nadie, desde su privilegiado puesto en la Penitenciaría Apostólica, de las cosas de conciencia. De la descripción que hace:

Gramsci tenía en su habitación la imagen de santa Teresita del Niño Jesús. Durante su enfermedad, las monjas de la clínica en la que estaba ingresado llevaban a los enfermos la imagen del Niño Jesús, para que la besaran. Como a Gramsci no se la llevaron, él se quejó: '¿Por qué no me la habéis traído?'

sólo puede desprenderse que ahí estaba una sonrisa del Buen Humor de Dios. La alternativa sería que nuestro querido prelado tiene una mala baba venenosa.

Hay que reconocer la ironía de que el «teórico de la praxis» (no es un oxímoron), para quien primero era la acción, y luego…la acción, fuese tan devoto de una niña monja de clausura que no salió del convento, y pasó los pocos años de vida postrada en cama rezando, amando a su Dios. Que el teórico de la 'hegemonía cultural', murió besando al Gesù Bambino. ¿Qué descubrió? Probablemente que la verdadera acción era la de Santa Teresita, que lo primero era estar muy cerca del Amor, que esas eran las verdaderas bases de la transformación, primero de la persona, y por ella la sociedad. ¿Qué descubrió? Probablemente que:

Al final de la jornada,
el que se salva sabe,
y el que no,
no sabe nada.

Eso sí, los tiempos, los del Señor. Me gustaría que se hubiese convertido antes, que hubiese tenido la oportunidad de deshacer, de desdecirse. Aunque muere en el 37, suya es la doctrina que fundamenta el cambio de estrategia contra la Iglesia. Ya no se trata de aniquilarla, el paradigma no será la Segunda República Española o la Ilustración Francesa, será la infiltración, la educación [para la ciudadanía], la cultura [de la zeja]. Y hay que reconocer que está siendo bastante exitosa; hoy podemos ponerle cara a muchos de esos cristianos maduros (en la 'edad del pavo', diría yo), a esos frutos del gramscismo. Los mismos para los que la simple existencia de Santa Teresita es un escándalo; los mismos que intentan desmitologizar la fe; los mismos para los que lo único es hacer, actuar.

Pienso que este nuevo tipo de persecución, en la que llevamos inmersos al menos medio siglo de forma reconocible, sólo podrá ser vencida del mismo modo que a Gramsci: parándonos un poco, volviendo al Amor de los Amores, pudiéndole dar al Niño un beso de niño. Y después vendrá el resto, con hombría.


Juan Donoso Cortés: Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo (19)


Capítulo II

De cómo saca Dios el bien de la transmisión de la culpa y de la pena y de la acción purificante del dolor libremente aceptado



La razón, que se subleva contra la pena y la culpa que se nos transmiten, acepta sin repugnancia, aunque con dolor, lo que nos fue transmitido, si pierde su nombre propio para tomar el de desgracia inevitable. Y, sin embargo, no es cosa ardua demostrar de una manera evidente que esa desgracia no podía convertirse en ventura sino con la condición de ser una pena; de donde resultará, por consecuencia forzosa, que en su definitivo resultado es menos aceptable la solución racionalista que la solución dogmática.

No considerando nuestra actual corrupción sino como un defecto físico y necesario de la corrupción primitiva, y debiendo durar el efecto tanto como su causa, es claro que, no habiendo modo ninguno de hacer que desaparezca la causa, no le hay tampoco de hacer que desaparezca el efecto. Siendo la corrupción primitiva, causa de nuestra corrupción actual, un hecho consumado, nuestra corrupción actual es un hecho definitivo, que nos constituye en una desgracia perpetua.

Considerando, por otra parte, que no puede darse ninguna manera de unión entre lo corrompido y lo incorruptible, síguese de aquí que por la explicación racionalista se hace imposible de todo punto la unión del hombre con Dios, no sólo en el tiempo presente, sino también en el venidero. En efecto: si la corrupción humana es indeleble y perpetua, y si Dios es eternamente incorruptible, entre la incorruptibilidad de Dios y la corrupción perpetua del hombre hay una invencible repugnancia y una contradicción absoluta. El hombre, pues, por este sistema, queda apartado de Dios perpetuamente.

Y no se me arguya diciendo que el hombre pudo ser redimido, porque cabalmente la consecuencia lógica de este sistema es la imposibilidad de la redención humana. Para la desgracia no se da redención sino en cuanto es concebida como una pena que viene detrás de un pecado: suprimido el pecado, procede la supresión de la pena, y con la supresión del pecado y de la pena se hace irremediable la desgracia.

Por este sistema es de todo punto inexplicable el libre albedrío del hombre. En efecto: si el hombre nace en el apartamiento necesario de Dios, si vive en el apartamiento necesario de Dios y si muere en el apartamiento necesario de Dios, ¿qué significa y qué es el libre albedrío del hombre?

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29 de Noviembre, Conmemoración de San Saturnino, Martir


Era de origen cartaginés.

San Saturnino fue detenido y arrojado en una prisión durante la persecución de Diocleciano. Después de haber sufrido mucho en su mazmorra, fue sacado de ella para ser extendido en el potro; pero como las torturas ordinarias no podían doblegarlo a sacrificar a los dioses, le machucaron el cuerpo a bastonazos y le quemaron los costados con antorchas ardientes. Por fin fue decapitado junto con el diácono Sisino, y sus cuerpos fueron enterrados a dos millas de Roma, en la vía Salariana, el año 309.

Oh Dios, que nos concedéis la alegría de celebrar el nacimiento al cielo del bienaventurado Saturnino, vuestro mártir, concedednos la gracia de ser asistidos por sus méritos. Por J. C. N. S. Amén

¿ Y cómo derrotarlos?



Por Juan Manuel de Prada

Tomado de abc



La matanza de Bombay vuelve a exponer ante los ojos de Occidente la vesanía del terrorismo islamista. Carlos Herrera escribía ayer en este periódico que, por mucho que incomode a las melifluas y acomodaticias mentes occidentales, estamos en guerra; y que esa guerra sólo se resolverá si el terrorismo islamista es derrotado, empresa que nos exigirá sufrimientos. Pero lo cierto es que Occidente está poco dispuesto a sufrir; y sin sufrimiento no creo que pueda haber victoria. Cada vez que el terrorismo islamista nos sobresalta con una hecatombe, proclamamos pomposamente: «No lograrán que renunciemos a nuestros valores»; pero lo cierto es que, si nos preguntaran cuáles son esos valores, balbucearíamos frases inconexas, para terminar aferrándonos a la manoseada «libertad», que es el talismán o espantajo que enarbolan quienes no tienen valores. El hombre es más libre a medida que es más fuerte -nos enseña Castellani-, y la obsesión por la libertad es la prueba de máxima debilidad, que es la debilidad de la mente. Debilidad que Occidente demuestra cada vez que se enzarza en discusiones bizantinas sobre la presunta incompatibilidad entre libertad y seguridad, como si lo que nos hace más fuertes nos hiciera menos libres.
Pero, ¿qué es lo que nos hace fuertes? No, desde luego, las apelaciones campanudas a valores que no tenemos, o que hemos arrumbado en la trastienda de un museo de cera. Esta ausencia de valores revitalizados por una profesión de fe constante es, precisamente, lo que nos torna débiles; y esa debilidad es la que el terrorismo islamista ataca, seguro de su triunfo final. Occidente ha perdido la fe en los valores que sustentan su cultura; y cuando se pierde la fe en esos principios y valores es natural que no se esté dispuesto a sufrir en su defensa. A esta debilidad creciente ha contribuido, paradójicamente, la prosperidad que tales valores ha auspiciado; porque cuando los valores degeneran en medios de consecución de una prosperidad material condenan a los pueblos que los disfrutan primero a la decrepitud y después a la mera extinción. La Historia confirma repetidamente la verdad de este aserto.
Occidente ha encontrado en el progreso material el «valor supremo» que lo distrae de su decadencia espiritual. Y el terrorismo islamista, atento a los avances de la enfermedad que nos corroe, sabe que en esa debilidad onanista se esconde la semilla de la rendición. Ni siquiera hará falta que lance contra nosotros un ejército invasor; bastarán unos cuantos atentados como el de Bombay, unas cuantas «epifanías del horror» calculadamente dosificadas, para que Occidente acabe abjurando de esos valores que invoca. Pues, ¿en qué consisten tales valores, tan pomposamente invocados? Hoy por hoy, no son sino la mascarada que disfraza la obsesión por privilegios e intereses personales (aunque la suma de intereses personales adquiera a veces la falsa apariencia de interés colectivo); y una sociedad cuyos miembros no anhelan otra cosa sino la satisfacción propia acaba destruyéndose a sí misma. Este apetito de autodestrucción lo constatamos a diario: relativización del Derecho (convertido en mero instrumento legal para la satisfacción de caprichos), fascinación por el suicidio y la eutanasia, cifras industriales de abortos, estancamiento demográfico, etcétera. Fenómenos reveladores de una desesperación que torna a Occidente impotente al esfuerzo vital y descompone los cimientos sobre los que ha erigido su cultura.
Belloc nos enseñaba -pero, ¿quién lee hoy a Belloc?- que las culturas surgen de las religiones; y en las religiones alimentan su fortaleza. El lugar que el entusiasmo cristiano ocupó en otro tiempo en Occidente fue sustituido por entusiasmos políticos («autodevociones» onanistas) que fueron agostando su fe ancestral, hasta reducirla a escombros. Y, como dice el salmista, «si el Señor no construye la casa, en vano trabajan los albañiles». Esta disolución de la fe es la causa última de la debilidad de Occidente, y de la descomposición de sus valores en este barrizal impotente al esfuerzo vital en el que hoy chapoteamos. Ahora las únicas y exangües fuerzas que nos restan las empleamos en retirar los crucifijos de las escuelas: a esto se le llama morir matando; aunque -eso sí- sin provocar sufrimientos.

Perlita

Enviada por Ana Bauer

"¿Cómo es posible que muchas personas, después de haber vivido cuarenta o cincuenta años en estado de gracia y recibiendo con frecuencia la sagrada comunión, apenas den señales de la presencia de los dones del Espíritu Santo en su conducta y en sus actos, se irriten por una niñería, anden buscando los aplausos y lleven vida completamente fuera de lo sobrenatural? Todo esto proviene de los pecados veniales que, con frecuencia, cometen sin ninguna preocupación; estas faltas y las inclinaciónes que de ahí derivan, inclinan a esas almas hacia la tierra y mantienen como atados los dones del Divino Espíritu, al modo de unas alas que no pueden desplegarse. Tales almas no guardan ningún recogimiento; pasan inadvertidas; por eso permanecen en la oscuridad, no de las cosas sobrenaturales y de la vida íntima de Dios, sino en la oscuridad inferior que radica en la materia, en las pasiones desordenadas, el pecado y el error; ahí está la explicación de su inercia espiritual" (R. GARRIGOU-LAGRANGE, Las tres edades de la vida interior, Madrid 1985, p 787)

28 de noviembre de 2008

Algo más de buena Música... Trompeta barroca

Haydn "Trumpet Concert"



Ave María


Pachelbel´s Canon in D

Y, ya que estamos con Pemán... algo de poesía.


RESIGNACIÓN

Por eso, Dios y Señor,
porque por amor me hieres,
porque con inmenso amor
pruebas con mayor dolor
a las almas que más quieres

Porque sufrir es curar
las llagas del corazón;
porque sé que me has de dar
consuelo y resignación
a medida del pesar;

por tu bondad y tu amor,
porque lo mandas y quieres,
porque es tuyo mi dolor...,
¡bendita sea, Señor,
la mano con que me hieres!