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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

28 de mayo de 2008



28 de Mayo, Día de la batalla de Covadonga

(En la foto: Estatua de Don Pelayo en Covadonga)

















Hace unos años, cerca de los 30, en una serie de charlas sobre el liberalismo, el Dr. Aníbal D´Angelo Rodríguez, hombre culto si los hay, gran docente, capaz de hacer entender a su auditorio hasta lo más abstruso, cerró el ciclo preguntándose y preguntándonos a nosotros, sus entonces jóvenes oyentes, ¿qué podemos hacer en contra del liberalismo imperante?.
Somos pocos, casi sin medios, estamos rodeados. Todo está en contra nuestro. El liberalismo ha triunfado y hoy casi dogmáticamente se afirma en el mundo entero (occidental), que la democracia (partidocrática) es el único sistema de gobierno válido, y ¡Viva la economía de mercado!.
Pero..., nos dijo, recuerden siempre Covadonga. A principios del siglo VIII, los musulmanes invaden España, y en poco tiempo sojuzgan a todos los pueblos peninsulares, ocupan todo el territorio, cruzan los Pirineos y se adentran en el sur de Francia. Tenían miles de hábiles soldados, tenían recursos más que suficientes , eran técnica y científicamente superiores, su música, literatura, medicina, arquitectura, en fin, su cultura era superior a la de los nuestros.
Sin embargo, y pesar que los signos de los tiempos estaban en contra, Don Pelayo, con 300 guerreros, como en las Termópilas, decide hacerles frente en un escarpado y alejado territorio, derrotando a un ejército muchas veces superior y dando comienzo a la Reconquista.

En los casi treinta años que han pasado desde aquellas conferencias, el cerco ha terminado de cerrarse. Para los católicos tradicionales nacionalistas, esperar, humanamente, que el actual estado de las cosas se revierta, es una utopía.
Pero..., recordemos Covadonga. No se nos pide vencer, sí no ser vencidos.
Sirva este largo prólogo de homenaje a Don Pelayo y sus hombres, a su catolicidad viril, "cojones" vamos, y a Don Aníbal D´Angelo Rodríguez, por una lección bien aprendida.



Link a un artículo histórico sobre la Batalla de Covadonga (haga click sobre la palabra link).





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