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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

25 de abril de 2009

Carta de Mons. Fellay



Carta del Superior General Nº 74 a los amigos y benefactores

Queridos amigos y benefactores:


uando lanzamos una nueva cruzada del Rosario con ocasión de nuestra peregrinación a Lourdes en octubre pasado, no contábamos, por cierto, con una respuesta tan rápida del Cielo a nuestra petición. En efecto, así como sucedió con nuestra primera petición, a la cual Nuestra Señora había respondido tan eficazmente por intermedio del Vicario de Cristo y su Motu Proprio sobre la Misa tradicional, plugo a la Virgen María concedernos una segunda gracia aún más rápidamente: en el transcurso de una visita a Roma en enero, cuando entregué el ramillete de 1.703.000 rosarios rezados por las intenciones del Sumo Pontífice, recibía de manos del Cardenal Castrillón Hoyos el decreto de remisión de las “excomuniones”.

Lo habíamos pedido desde el año 2001 como signo de buena voluntad de parte del Vaticano hacia el movimiento tradicional; porque desde el Concilio todo lo que es y quiere ser tradicional en la Santa Iglesia sufre persecución tras persecución, hasta el punto de negársele derecho de ciudadanía. Eso, obviamente, destruyó en parte o aún completamente la confianza para con las autoridades romanas. Mientras esa confianza no sea restablecida parcialmente —decía entonces— nuestras relaciones seguirían siendo mínimas.

La confianza no es solamente un buen sentimiento; es un fruto que nace naturalmente cuando en estas autoridades vemos a pastores que tienen en cuenta el bien de todo lo que llamamos “la Tradición”. Y nuestros prerrequisitos se formularon en ese sentido.

Es imposible, de hecho, comprender nuestra posición y nuestra actitud frente a la Santa Sede si no se quiere incluir la percepción del estado de crisis en que se encuentra la Iglesia. No se trata de algo superficial, ni de una visión personal. Estamos ante una realidad independiente de nuestra percepción, admitida de tiempo en tiempo por estas mismas autoridades, y comprobada muchas veces en los hechos. Esta crisis tiene aspectos múltiples, variados, en ocasiones profundos, otras veces circunstanciales, y todos la sufrimos.

Los fieles se sienten mal impresionados por las ceremonias de la nueva liturgia —que con frecuencia son escandalosas—, y por la predicación habitual, en la que, en el campo moral, se enseñan cosas en completa contradicción con la doctrina multisecular de la Iglesia y el ejemplo de los Santos. Muy a menudo los padres de familia tuvieron que comprobar, con inmenso dolor, la pérdida de la fe de sus hijos confiados a institutos católicos de formación, o lamentar su casi total ignorancia de la doctrina católica por falta de un catecismo serio. Un número incalculable de religiosos, tras las revisiones de sus constituciones y el reciclado posconciliar, manifiesta una pérdida del espíritu evangélico, en particular el de la renuncia, la pobreza y el sacrificio; pérdida que tuvo por consecuencia casi inmediata una disminución tal de vocaciones, que muchas órdenes y congregaciones cierran sus conventos uno tras otro, o bien pura y simplemente desaparecen. En muchas diócesis la situación es igualmente dramática.

Lo dicho conforma un todo coherente y no sucedió por casualidad sino después de un concilio que quiso ser reformador, adaptando la Iglesia al gusto de la época. Se nos acusa de ver una crisis allí donde no la habría o de atribuir falsamente a este concilio consecuencias que, con todo, son desastrosas, extremadamente graves y que cualquiera puede comprobarlas, o aún de aprovechar esta situación para justificar una actitud incorrecta de rebelión o de independencia.

Sin embargo, tómense los textos de los Padres de la Iglesia, del Magisterio, de la liturgia, de la teología, a lo largo de todos los tiempos: hallamos una unidad a la cual adherimos de todo corazón. Y las líneas de conducta actuales contestan fuertemente, lesionan y amenguan en la práctica esta unidad doctrinal. Nosotros no inventamos una ruptura; infelizmente existe con claridad. Basta ver la manera cómo nos tratan algunos episcopados, incluso después de que se retiraron las excomuniones, para comprobar cuán profundo es el rechazo de los modernistas ante todo lo que sabe a Tradición, al punto que es imposible no dar a este rechazo el nombre de ruptura con el pasado.

Sí, tal como nos sorprendimos por la publicación del decreto del 21 de enero, lo hemos sido por la violencia de la reacción de los progresistas y de la izquierda en general en contra de nosotros. Es verdad que encontraron la acariciada oportunidad en las desgraciadas declaraciones de Monseñor Williamson, y a través de una injusta amalgama, pudieron vilipendiar nuestra Fraternidad como chivo expiatorio. En realidad, hemos sido instrumentalizados en una lucha mucho más importante: la de la Iglesia, que con razón lleva el título de “militante”, contra los espíritus malvados que pululan en los aires, como dice San Pablo.

Por cierto, no dudamos en asentar nuestra historia en la gran historia de la Iglesia, en la de esa lucha titánica por la salvación de las almas anunciada desde el Génesis y descripta de manera cautivante en el Apocalipsis de San Juan. Con frecuencia esta lucha se mantiene a nivel espiritual; de tanto en tanto, pasa de la esfera de los espíritus y de las almas a la de los cuerpos y se transforma en visible, como en las persecuciones abiertas.

A través de lo que ha pasado en estos últimos meses es preciso saber reconocer un momento más intenso de esta lucha. Y es muy claro que aquel que está en la mira es el Vicario de Cristo, en su empeño de iniciar cierta restauración de la Iglesia. Se teme por el acercamiento entre la cabeza de la Iglesia y nuestro movimiento, se teme una pérdida de los logros del Vaticano II, y se pone todo en movimiento para neutralizarlo. ¿Qué piensa verdaderamente el Papa al respecto? ¿Dónde se sitúa? Los judíos y los progresistas le exigen que elija entre el Vaticano II y nosotros… al punto que la Secretaría de Estado no tuvo mejor idea que poner como condición necesaria para nuestro reconocimiento canónico la aceptación completa de lo que consideramos como la fuente principal de los problemas actuales, y a los cuales nos oponemos desde siempre…

Sin embargo, tanto ellos como nosotros estamos obligados ante juramento antimodernista y ante las demás condenaciones de la Iglesia. Por eso no aceptamos abordar el Concilio Vaticano II sino a la luz de estas declaraciones solemnes (profesiones de fe y juramento antimodernista) hechas delante de Dios y de la Iglesia. Y si aparece una incompatibilidad, entonces y por fuerza lo errado son las novedades. Contamos con las discusiones doctrinales anunciadas para poner estos puntos en evidencia tan profundamente como sea posible.

Aprovechándose del nuevo estado de cosas tras el decreto sobre la excomunión, que en nada cambió la situación canónica de la Fraternidad, muchos obispos intentan imponernos un círculo cuadrado, exigiendo que obedezcamos a pies juntillas y en todos sus puntos al Derecho Canónico, como si estuviésemos perfectamente regularizados, cuando, al mismo tiempo, ¡nos declaran canónicamente inexistentes! Un obispo alemán ya ha anunciado que antes de fin de año la Fraternidad volverá a estar fuera de la Iglesia… ¡Encantadora perspectiva! La única solución viable, que por otra parte es la que habíamos pedido, es la de una situación intermedia, inevitablemente incompleta e imperfecta a nivel canónico, pero que sea aceptada como tal, sin arrojarnos a la cara la acusación constante de desobediencia y rebelión, y sin imponernos prohibiciones intolerables; porque, al fin y al cabo, el estado anormal en el que se encuentra la Iglesia y que llamamos “estado de necesidad”, vuelve a ser demostrado por la actitud y las palabras de ciertos obispos en relación al Papa y a la Tradición.

¿Cómo evolucionarán las cosas? No lo sabemos. Mantenemos nuestra propuesta de que se acepte nuestra situación actual imperfecta como provisoria, abordando finalmente las discusiones doctrinales anunciadas y esperando que reporten buenos frutos.

En un camino tan difícil, ante oposiciones tan violentas, os pedimos, queridos fieles, recurrir a la oración una vez más. Nos parece que es el momento indicado para lanzar una ofensiva de envergadura, profundamente enraizada en el mensaje de Nuestra Señora de Fátima, en el que Ella misma ha prometido un resultado exitoso, ya que ha anunciado que al final su Corazón Inmaculado triunfará. Nosotros le pedimos este triunfo a través de los medios que ella misma ha pedido: la consagración, por el Pastor Supremo y todos los obispos del mundo católico, de Rusia a su Corazón Inmaculado, y la propagación de la devoción a su Corazón doloroso e inmaculado.

De allí que, con ese fin, queremos ofrecerle, a contar desde ahora hasta el 25 de marzo de 2010, un ramillete de doce millones de rosarios, como una corona correspondiente a tantas estrellas que enjoyan su persona, acompañada de una suma equivalentemente importante de sacrificios cotidianos, que nos daremos el cuidado de procurarlos, ante todo, en el cumplimiento fiel de nuestro deber de estado, y con la promesa de propagar la devoción a su Corazón Inmaculado. Ella misma presenta eso como el fin de sus apariciones en Fátima. Estamos íntimamente persuadidos que si cumplimos atentamente lo que Ella nos pide, obtendremos mucho más de lo que nunca esperaríamos, y sobre todo, nos aseguraremos nuestra salvación al beneficiarnos con las gracias que nos ha prometido.

Pedimos, por tanto, que nuestros sacerdotes hagan un esfuerzo especial para facilitar a los fieles esta devoción, colocando el acento no sólo en la comunión reparadora de los primeros sábados de mes, sino también incitando a los fieles a vivir una intimidad más profunda con Nuestra Señora, consagrándose a su Corazón Inmaculado. Convendría también conocer mejor y profundizar en la espiritualidad del gran heraldo de la Inmaculada, el Padre Maximiliano Kolbe.

Este año se cumplen el XXVº aniversario de la consagración de nuestra Fraternidad al Corazón Inmaculado. Queremos renovar esta feliz iniciativa del Padre Schmidberger comprometiendo toda nuestra alma y reavivando nuestros corazones en este espíritu. Es evidente que no tenemos la intención de indicar a la Divina Providencia lo que ella debería hacer; pero en los ejemplos de los Santos y de la propia Sagrada Escritura hemos aprendido que los grandes deseos pueden precipitar de manera impresionante los designios de Dios. Es con esta audacia que hoy confiamos esta intención al Corazón Inmaculado de María, pidiéndole que nos reciba a todos bajo su maternal protección. ¡Dios los bendiga abundantemente!

En la fiesta de la gloriosa resurrección de Nuestro Señor Jesucristo,

+ Bernard Fellay

Winona, 15 de abril de 2009


Tomado de Fraternidad Sacerdotal San Pío X - Distrito de America del Sur

Para enviar sus rosarios por Internet: click aquí

Para bajar las planillas que luego se entregarán en los Prioratos: click aquí

Ataque al comando de la VI Brigada y nuestra necesidad de olvidar


Por José Luis Milia


Tomado de Nuevo Encuentro



l ataque del 24 de marzo pasado al Comando de la VI Brigada de Infantería de Montaña, estremeció a la ciudadanía con la consternación lógica que solo un ataque terrorista a una unidad militar puede producir. Muchos vieron en esta algarada una repetición de La Tablada. Hace treinta días fue el ataque. Y hace veinte días al menos que ya nadie habla de eso porque preferimos meter la cabeza en la arena pensando que solo era un tumulto juvenil y no como lo que en realidad fue, un ejercicio de gimnasia revolucionaria.

Por pura y exclusiva pavura hemos querido creer que estas cosas no sucederían más. Como buenos pusilánimes, nos obligamos a olvidar, por comodidad y flojera, que la única política de estado que hoy tiene vigencia en la Argentina es azuzar el odio. Que la única razón que mantiene en pié a este gobierno es provocar un enfrentamiento perpetuo entre los argentinos. Entonces, ¿Porqué sorprendernos que esto pasara?. En todo caso lo asombroso es que no hubiese sucedido antes.


Detrás de los muros de la Brigada no había "represores" pero era la imagen territorial del Ejército Argentino. Era una Unidad de frontera pese a que los blandos, o traidores, nos quieran hacer creer que esa frontera no es lo que era. Era esa Unidad - la VI Brigada - en esa hora tenebrosa e infame que se repite en el País desde hace veinticinco años todos los 24 de marzo, la representación exacta del "monstruo" que ciertos grupos que aun no sabemos a quienes responden - confusa mezcla de ideología y pretendidas "fundaciones empresarias" que tienen como único interés la desaparición de algo que aún llamamos ARGENTINA - le han metido en la cabeza a niños y jóvenes con la complicidad de una heterogénea ralea de cobardes: desde generales, almirantes y brigadieres que suspiran por cambiar, aunque más no sea el color de sus uniformes para que no los crean "represores" hasta una ambigua runfla de civiles -políticos, periodistas, maestros y curas - que buscan hacerse perdonar, quizás, el haber aplaudido alguna vez a una Bandera de Guerra en un 9 de julio.


Al igual que en La Tablada el ataque se produjo, y no es un dato menor, bajo un gobierno constitucional que mira con indisimulado cariño a cuantos gasten sus tiempos en atacar física y espiritualmente a nuestras Fuerzas Armadas. Pero ahí se acaban las equivalencias. No había en Neuquén nada parecido a esa legión de héroes que, encabezados por Horacio Fernández Cutiellos, eligieron la muerte heroica antes que rendir el cuartel, no estaban allí los Oficiales, Suboficiales y Soldados del Ejército Argentino y de la Policía de Buenos Aires que regaron con su sangre el cuartel. Lo único que había allí era un burócrata que había tomado la decisión, menguada e hipócrita, de hacer lo que fuera para conservar un cargo con lo que - sumas en negros y "honores" adyacentes - éste conlleva. Al fin y al cabo, no nos confundamos, solo era un funcionario militar, no un Soldado, más preocupado por lo que le diría la "comandante teresa" si a algunos de sus subordinados se le escapaba un tiro que en defender su cuartel. Tan preocupado que no vaciló, él que debía defender su unidad, en llamar a la Policía del Neuquén para que lo protegieran.


A esto es a lo que tenemos que tenerle miedo, no a los encapuchados que son valientes en montón, porque - y esto es la maravilla de nuestra pobre Patria - el día que estos facinerosos quieran ir más allá de incendiar un cuartel, van a salir, como hace treinta y cinco años atrás, Soldados que, aunque sepan que por nuestra cobardía pueden tener un futuro de Penales Federales no vacilarán en combatir como sus antecesores lo hicieron en Manchalá, en Formosa, en Pueblo Viejo en La Tablada y en Malvinas.

A esto es a lo que tenemos que tenerle miedo, a los cagones que llaman a la Policía para que defiendan lo que ellos no se animan a defender, a los almirantes que aceptan que una rea mal vestida presida la partida de la "Libertad", a los que han hecho o quieren hacer de la vida militar un rastrero concurso de alcahuetes.

Una brutal paradoja



por Juan Manuel de Prada


Tomado de ABC







e hace pública una encuesta de población activa que nos revela que más de cuatro millones de españoles engruesan la lista del paro -ochocientos mil se han incorporado durante el último trimestre-, justo cuando nuestros politiquillos se afanan por rematar el modelo de «financiación autonómica», que es como en el Mátrix progre llamen a la rapiña desmelenada con que se abastecen las burocracias de los partidos en cada uno de los reinos de taifas que constituyen la llamada «España plurinacional». Es una brutal, descarnada paradoja que mientras más de un millón de familias españolas (o de los harapos de familia que estos pájaros han dejado, después de hacer trizas el tejido celular básico de la sociedad) mantienen a todos sus miembros en el paro, anden los sultanes de los reinos de taifas disputándose el presupuesto, como buitres en disputa de la carroña (y la carroña somos nosotros, los paganos de sus burocracias y caprichos), para poder sufragar su flota de coches oficiales, sus diecisiete televisiones autonómicas, sus embajaditas en el extranjero, sus comandos de anacletos, sus informes sobre el seguimiento de la concha brillante, etcétera.
Resulta estremecedor que tengan jeta para tanto; pero la tienen, vaya si la tienen. Y si alguien les señalase la paradoja, sin rebozo reclamarían «un respeto» para el «Estado de las autonomías». Pero eso que llaman «Estado de las autonomías» no es sino el subterfugio administrativo empleado para la rapiña desmelenada, que logran disimular manteniendo a los españoles en un estado de demogresca permanente. Cuenta Enrique de Diego en su vitriólico panfleto Casta parasitaria (Rambla Ediciones) que, allá por 1982, Alfonso Guerra aún reconocía que se tropezaba con serias dificultades para cubrir los altos puestos de la administración con afiliados y afines a su partido. Hoy esa declaración se nos antoja de un ingenuismo ruboroso, como esas fotos antañonas en las que nuestras bisabuelas posaban con pololos ante la cámara. En menos de treinta años, los partidos políticos se han convertido en maquinarias perfectamente engrasadas para el acaparamiento de altos, medianos y bajos puestos en la administración, que a su vez no cesa de engordar, como una suerte de kéfir monstruoso, para dar cobijo a la inagotable cantera de vampiros del presupuesto en que se han convertido los partidos políticos. Y la sangre con la que se alimentan la extraen de nuestras venas, que no cesarán de expoliar hasta dejarlas exangües.
En el citado panfleto, Diego nos proporciona un dato que puede permitirnos hacernos una pálida idea de la magnitud del saqueo. Durante los tres últimos años, caracterizados por un incesante despojo de competencias al Estado central, las burocracias regionales han crecido un 38 %, mientras que la burocracia central apenas ha decrecido un 4 %... entre otras razones porque ha sido artificialmente engordada con ministerios-floripondio, creados artificiosamente para premiar con altos cargos a las sucesivas remesas de inútiles excretadas por el partido gobernante. Considerando que, a estas alturas, la administración autonómica posee una burocracia que triplica la nada exigua burocracia de la administración central, podemos imaginarnos lo que está significando para nuestros bolsillos la cesión de competencias a los reinos de taifas. Quizá rapiña sea una palabra en exceso venial o eufemística.
Pero no conviene desesperar. Para arreglar la financiación autonómica nos ha traído Zapatero a Chaves, a quien respaldan dos hazañas expoliadoras incuestionables: Andalucía, la región que durante tanto tiempo gobernó, es la que cuenta con una burocracia más nutrida y con un número mayor de gente en el paro.
Que Dios nos pille confesados.

El sentido de la Historia (1)


por Nicolás Berdiaev


INTRODUCCIÓN A LA PRIMERA EDICIÓN

Nicolai Alexandrovich Berdiaev nació en Kiev en 1874, en el seno de una familia de tradición militar, e inició sus estudios en la Academia Militar. Pasó después a la Facultad de Derecho de la Universidad de Kiev, pero en 1898, antes de haber terminado los estudios, fue arrestado y deportado a Vologda, por pertenecer a un círculo socialista. Esta circunstancia vino a truncar para siempre los estudios oficiales de un hombre que, posteriormente, había de revelar una asombrosa instrucción, una amplitud de intereses filosóficos, culturales y sociales más asombrosa todavía, y un extraordinario talento como escritor y publicista.

Al igual que otros muchos jóvenes estudiosos contemporáneos, Berdiaev simpatizó al principio con el marxismo, pero pronto sintió la necesidad de una revisión filosófica del mismo, para lo cual se sirvió de las ideas neokantianas entonces de moda. Una vez superado este estadio, pasó al realismo religioso, sobre todo bajo la influencia de Vladimiro Soloviév, y comenzó a elaborar gradualmente su propia concepción cristiana del mundo, cuya idea dominante y casi obsesiva es la de la libertad creadora.

En 1902, juntamente con Bulgakov (otro ex marxista que volvió a la Ortodoxia y llegó a ser más tarde un teólogo ortodoxo de fama) y otros autores, que luego se hicieron célebres en la filosofía rusa, publica la antología Problemas del idealismo, que anuncia el paso de la «intelligentsia» rusa del marxismo a la investigación filosófica profunda, a la reflexión sobre los problemas morales, y, posteriormente, sobre los religiosos. En 1909 aparece, bajo la égida de Berdiaev, una segunda antología, Vecji que fue como un examen de conciencia de la «intelligentsia» rusa y un manifiesto del renacimiento cristiano; se trataba de un libro celebérrimo, cuyos ecos todavía perduran. En 1918, Berdiaev colabora en una tercera antología, Iz glubiny prohibida por Lenin y de la cual se publicaron clandestinamente unos pocos ejemplares en 1921, que en seguida fueron confiscados. En 1922 fue expulsado de la Rusia leninista junto con una veintena de filósofos que habían mantenido una actitud de resistencia frente al marxismo oficial. Vivió en el exilio, primero en Berlín y luego (a partir de 1925) en París, en donde murió el 24 de marzo de 1948.

Entre la amplia gama de intereses filosóficos de Berdiaev, la filosofía de la historia ocupa un lugar preeminente, tanto por la cantidad de obras dedicadas a ella (El sentido de la historia, La filosofía de la desigualdad, La nueva Edad Media, etc.), como por la temática misma, que aparece en la mayoría de sus escritos. La obra que aquí presentamos fue escrita durante su exilio de Berlín e hizo célebre en Occidente a su autor (fue traducida al francés en 1949). Más que de filosofía de la historia, trata de historiosofía, y busca en las profundidades del ser (de Dios) los orígenes, la razón de ser, las leyes, los avalares, el significado y la finalidad del drama de la historia. Tomando como modelo las «primeras» filosofías de la historia (el Libro de Daniel y la Civitas Dei, de S. Agustín), ve en lo «histórico» la manifestación de lo «metafísico», pone al descubierto las insuficiencias del método «ilustrado» en lo que respecta al estudio de la historia, del cual reconoce los indiscutibles méritos científicos, a la vez que muestra las insolubles aporías. Para Berdiaev, el iluminismo es un momento presente en toda época histórica, un momento dialéticamente inevitable, pero que debe ser superado, si queremos alcanzar una comprensión de la historia. Sin ignorar las reservas de la crítica histórica, Berdiaev se esfuerza apasionadamente por rehabilitar la tradición histórica y el mito como las verdaderas fuentes de la comprensión histórica, con lo cual se anticipa a ciertos autores occidentales, como Jung y Jaspers. Pone de relieve la insuficiencia de la comprensión histórica subyacente al mundo helénico, a la cual contrapone la comprensión judeo-cristiana, y en este punto también es un pionero.

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Para leer el capítulo completo haga click sobre la imagen del autor.


25 de Abril, Festividad de San Marcos, Evangelista y Mártir


"Yo creo en el testimonio
de un hombre que se deja degollar
por la verdad de lo que atestigua".

PASCAL





esulta interesante y consolador reconstruir, a través de los datos consignados por San Lucas en los Hechos de los Apóstoles, el desarrollo de las primitivas comunidades cristianas.

La de Jerusalén, que fue la primera —fundada el mismo día de Pentecostés con los "casi tres mil" convertidos por el primer sermón de San Pedro—, tenía varios centros de reunión, de los cuales tal vez el principal era "la casa de María".

Vivía esta buena mujer —acaso viuda, pues su marido no se nombra nunca— en una casa espaciosa y bien amueblada, que, según todas las probabilidades y los testimonios de la antigüedad, fue donde celebró Jesús la última Cena, donde se reunieron los discípulos después de la muerte del Señor y de su ascensión, y donde tuvo lugar la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles. Acaso era suyo también el huerto de Getsemaní —"Molino de aceite"—, en el monte de los Olivos, donde el Señor acostumbraba a pasar las noches en oración cuando moraba en Jerusalén.

Era la de María una familia levítica. Su marido había sido sacerdote del templo de Jerusalén. Su hijo, según la costumbre helenista, llevaba dos nombres: judío el uno y romano el otro. Se llamaba Juan Marcos.

Juan Marcos era muy niño cuando Jesús predicaba y tenía relaciones con sus padres. La noche del prendimiento dormía tranquilamente en la casita de campo de Getsemaní. Le despertó el ruido de las armas y el tropel de las gentes que llevaban preso a Jesús, y, envuelto en una sábana, salió a curiosear. Los soldados le echaron mano. Pero él logró desenredarse de la sábana y huyó desnudo.

Después de Pentecostés siguió siendo la casa de María el centro de reunión más frecuentado por los apóstoles y acaso la morada habitual de San Pedro. Allí se hizo la elección de San Matías, allí se celebraba la "fracción del pan", allí hacían entrega de sus haberes los nuevos convertidos para que los apóstoles al principio, y más tarde los diáconos, los distribuyesen entre los pobres.

Uno de los primeros bautizados por San Pedro fue Juan Marcos, el hijo de María, la dueña de la casa.

El niño Juan Marcos del año 30 era ya un hombre cuando el año 44 decidió marcharse con su primo José Bar Nabu'ah a la ciudad del Orontes.

Era José hijo de una familia levítica establecida en Chipre y primo carnal de Marcos. Sus padres le enviaron a Jerusalén a los quince años para que estudiara las Escrituras a los pies de Gamaliel, como Saulo, y acaso al mismo tiempo que éste. Era natural que se hospedara en la casa de su tía. Allí le sorprendieron los acontecimientos que dieron lugar a la fundación de la Iglesia cristiana. José creyó desde el principio y quién sabe si hasta siguió al Maestro en alguna de sus correrías. Los apóstoles aprovecharon muy pronto para la catequesis entre los judíos su gran conocimiento de la Ley, y, visto su celo en el desempeño de su ministerio, le apellidaron Bernabé —"Bar Nabu'ah"—, el hijo de la consolación o de la profecía, el hombre de la palabra dulce e insinuante.

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Para leer el artículo completo haga click sobre la imagen se San Marcos, tomando notas durante la predicación de San Pedro, obra del Beato Angélico.

24 de abril de 2009

Resumen histórico de la introdución del protestantismo en Inglaterra


por Hugh Ross Williamson

Una vez más hay que agradecer al excelente sitio Stat Veritas la publicación de escritos católicos que nos permitan desentrañar y entender, en el complejo caos intelectual de los últimos cincuenta años, donde radica la Verdad.
Este opúsculo es una joya, de pequeño tamaño, pero de incalculable riqueza.
Suscinto y claro, arroja luz a raudales sobre los cambios introducidos en el Ordo de la Misa Nueva.
Lo recomiendo calurosamente.
Transcribo una breve reseña biográfica del autor, relizada por Michael Davies, quien fuera presidente de Una Voce Internacional.
Para acceder a la obra haga click sobre la imagen del arzobispo Cranmer, heresiarca él, o búsquela en Lecturas imprescindibles el el bloque de la izquierda.


Nota biográfica sobre el autor:

Hugh Ross Williamson (1901-1977) era hijo de un pastor congregacionalista, una de las sectas protestantes más antiguas en Inglaterra. Obtuvo un grado en Historia en la Universidad de London y trabajó como periodista. Su primer libro, un trabajo de crítica literaria, apareció en 1923, pero luego se dedicó a trabajos históricos, de los que escribió más de cuarenta. Fue una destacada autoridad sobre la época de los Tudor y Estuardos, y era reconocido como la eminencia máxima sobre el ―Complot de la Pólvora‖: demostró que los católicos complicados en una tentativa para hacer saltar al rey Jacobo I con todo su Parlamento (1605) fueron engañados por agentes provocadores del gobierno, con el objeto de azuzar el odio público contra los católicos. Escribió también varias obras de teatro de mucho éxito, incluso una sobre Santa Teresa de Ávila y otra sobre Santa Bernardita. Sus investigaciones históricas lo llevaron al convencimiento de que el Catolicismo era la verdadera religión fundada por Jesucristo. Como en el caso del Cardenal Newman, Ross Williamson creyó primero que Inglaterra volvería a la Fe al hacerse católica la Iglesia de Inglaterra. Fue así ordenado como "sacerdote" anglicano (la Iglesia de Inglaterra no tiene sacerdotes y sus órdenes son totalmente inválidas) en 1943, y como miembro de la rama ―Anglo-Católica‖ de la Iglesia de Inglaterra trabajó por el retorno de la Misa a las iglesias anglicanas. En 1954 escribió The Great Prayer —La Gran Oración—, uno de los trabajos más autorizados sobre el Canon Romano. Pero, igual que Newman, se dio cuenta finalmente de que la comunión anglicana no forma parte de la Iglesia Católica y que debía someterse a Roma. Él y su familia fueron recibidos en la Iglesia Católica en 1955. El huracán del Vaticano II lo acongojó en sumo grado. Creía que la Iglesia, al suprimir la Misa Tridentina, estaba aceptando el mismo protestantismo que él había rechazado en 1955. Para explicar su objeción al Novus Ordo Missæ publicó dos pequeños libros. Enfermo desde 1970, era visitado regularmente por el entonces Primado de Inglaterra, Cardenal Heenan, quien mucho lo admiraba, al punto de declarar públicamente que todos los católicos de habla inglesa tenían una deuda de gratitud con Hugh Ross Williamson. Murió en 1977, fortificado con los ritos de la Santa Iglesia Católica, apenas once días después de cumplir 77 años. Fue un gran scholar, siempre cortés y desafiante, nunca fatuo o altivo, un convertido en la mejor tradición inglesa de Chesterton y Belloc.
Michael Davies

Murió Terry Schindler Schiavo

¡Es noticia vieja! - Ya lo sé. Pero no es solamente el caso Schindler, (al decir de la prensa diaria), actualizado poco ha por el de Eluana Englaro en Italia, el que motiva estas entradas. Porque no son pocos los católicos, incluídos avanzados estudiantes de Medicina de la católica Universidad Austral, que ignoran que es lícito moralmente prescindir de medios extraordinarios para prolongar la vida, pero que es obligatorio, moralmente hablando, utilizar los ordinarios, es decir dar de comer y beber, aunque sea por medios artificiales al enfermo que no pueda hacerlo por sus propios medios. Este artículo, y la entrada de ayer sobre el mismo tema es para recordar que nadie debe morir de hambre y sed, pudiendo impedirlo, y no interesa que al Sr. Madoff o a Lehmann Brothers les importe un pimiento.
El Cruzamante





por Miguel Angel Loma



Tomado de Muerte Digna




Publicamos esta llamativa noticia, de la pasada semana, después del fallecimiento de Terry a los catorce días de serle interrumpida la alimentación y la hidratación.
Joshua Helbreth, un niño de 10 años, es arrestado por policías de Pinellas Park (Florida) tras penetrar en el hospicio de Woodside con la intención de llevar un simbólico vaso de agua a Terry Schiavo.


as recientes imágenes de un niño de diez años conducido con las manos esposadas en la espalda hacia un furgón policial, podría ser uno de los símbolos del confuso nuevo siglo que estamos estrenando. El gravísimo delito del chaval consistió en pretender introducirse con un vaso de agua en el hospital donde yacía Terri Schiavo, paralítica cerebral condenada judicialmente, por «amorosa» solicitud de su marido, a ser desconectada del tubo alimenticio que la mantenía con vida. El señor Schiavo, que ya había «rehecho» su vida con otra mujer de la que tiene dos hijos, no consideró que su esposa mereciera continuar en una situación a la que la doctrina progresista más avanzada, viene a comparar con una berenjena sonriente bajo apariencia humana. Los padres de Terri, terribles católicos dispuestos a seguir ocupándose de su hija, lucharon todo lo que pudieron por mantenerla con vida, y como «premio» de su paternal empeño pasarán a la historia con la entrañable calificación de fanáticos fundamentalistas; que eso de que unos padres se obstinen en que una hija sea alimentada para seguir viviendo es algo tan primitivo y arcaico como irracional.

Si el vaso que llevaba aquel niño hubiese contenido cianuro para la «muerte digna» de Terri, cabría la esperanza de que las llamativas imágenes del chaval detenido como si se tratase de un peligrosísimo delincuente, fueran recogidas por algún afamado guionista, y sirvieran como argumento para una película protagonizada por actores guapetes y dirigida por algún director de reconocido progresismo. Pero como el vaso contenía agua, sólo agua, para intentar salvar a la sonriente Terri, la imagen del niño no sólo fue evitada por muchos medios de comunicación, sino que rápidamente pasará al olvido. Una nueva victoria de la cultura de la muerte, vendida como generosa compasión humanitaria.

Seguimos progresando.

24 de Abril, Festividad de San Fidel de Sigmaringa, Mártir



an Fidel fue un capuchino alemán, nacido en Sigmaringa, pequeña ciudad de Suabia, a orillas del Danubio. Vivió entre 1577 y 1622, parte en Alemania, parte en Suiza. Para ambas naciones eran aquéllos unos tiempos movidos, inseguros y tormentosos. La Reforma protestante, que apareció en la primera mitad del siglo XVI, había echado raíces firmes y dividido inevitablemente a sus hombres y a sus pueblos. Había por doquier ambiente de lucha, de recelos, de incomodidad religiosa y política. Entre los dos sectores cristianos, el católico y el protestante, se dieron violencias lamentables, que dejaron en los ánimos prejuicios y antipatías seculares, en que, como siempre, llevaron las de perder los católicos. Sabemos bien que ninguno de los jefes de la mal llamada Reforma fue modelo de mansedumbre. Tal vez por sus propios remordimientos, y ciertamente por el orgullo que les dominó, sus ánimos se exacerbaron de manera que hasta inverosímiles nos parecen las referencias exactas que tenemos de sus desplantes, frases groseras y accesos de furor. Por su parte, las tropas católicas reprimieron a veces violentamente los avances del protestantismo con desmanes improcedentes. Todo esto trajo luchas y odios que estaban muy vivos cuando vino al mundo nuestro San Fidel de Sigmaringa.

Estas luchas tuvieron una ventaja: perfilar más y más las ideas de los católicos, su responsabilidad y su conducta. Hubo desde el principio hogares que cerraron a cal y canto sus puertas a los vientos de la herejía y supieron mantener con dignidad y fortaleza los principios salvadores de la religión católica. Uno de estos hogares fue el de Juan Rey y Genoveva Rosemberger, los padres del Santo, que fundaron el suyo sólidamente en la verdad y el amor de Dios, y lo hicieron digno hasta de las evidentes resonancias españolas que tenía el apellido paterno.

San Fidel, que en el bautismo recibió el nombre de Marcos, tiene en su haber el mérito incomparable del martirio. Ya es bastante para haber llegado a la gloria de los altares, porque el acto heroico de amor de Dios que supone el martirio hace santos en un momento a los que lo sufren. Pero San Fidel tiene, como la mayor parte de los mártires, además del mérito del martirio, el de una vida en todo conforme con tan alta vocación. Porque, al fin, el martirio es una gracia que Dios concede a quienes elige para morir por Él.

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Instrucciones


Tomado del Blog de Cabildo






n “La Nación” del 31 de enero, página 6, el Profesor de Cachiporra Luisito D’Elía, llamaba lamebotas y lamemedias al chico Massa, por haber retado públicamente a la Libertino, con ocasión de que ésta declarara que, en la invasión a Gaza, el Estado de Israel “violó derechos internacionales”.
A pesar del rapto de pudibundez de nuestro Morocho K, que le impidió graficar con mayor soltura qué otras cosas lame el Jefe de Gabinete, algo más arriba que las medias y las botas, lo interesante de sus declaraciones está contenido en el siguiente párrafo: “¿Por qué se mete [Massa] en este tema, si los Kirchner no le dieron ninguna instrucción”.
De acuerdo con el metalenguaje, por cuya captatio brega tantas veces el piquetero con patente de korso, lo más importante aquí no es el desaire en el que han quedado, simultáneamente, la Defensora Oficial de Putos y Ausentes y el pobre Massita, autodefinido el día de la asunción a su flamante cargo como “una rueda de auxilio de Cristina”, sino el reconocimiento expreso de D’Elía de que sin las instrucciones de los amos nada se puede pensar, hacer o decir.
Ahora bien, esto incluye a las declaraciones presuntamente antisemitas del mismo mulato pícnico. Pero ¿quién puede creer que los instructores Kirchner le darán alguna instrucción a su lacayo de color, que perjudique los intereses judíos a los que vilmente sirven, acatan y se doblegan? Ergo, es fácil colegir que tras las antisemitadas del piquetero los únicos beneficiados son los mismos judíos, que alimentan así el mito basal de sus grandes negociados de los últimos setenta años: el de hacerse pasar por víctimas.
Como en el tanguito de Saborido y Villoldo, “La morocha”, el patotero rentado acaba de darnos el parte de su misión: “Soy… la que conserva el cariño para su dueño”.


Vamos los pibes



n “La Nación” del 9 de diciembre de 2008, se anoticiaba que, según una encuesta oficial del Ministerio de Educación, titulada “La cultura democrática de los adolescentes”, “no cree en la democracia el 65% de los alumnos secundarios”. Para mayor precisión, la fuente aclaraba que los encuestados “nacieron después de 1993 y consideran que no es la mejor forma de gobierno para la Argentina”.

23 de abril de 2009

Lo que la prensa de EE.UU. ocultó sobre Terri Schindler Schiavo


Dirán que es noticia vieja, ya lo se. Pero no ha perdido actualidad.


por el Dr Jorge Scala





eresa María Schindler, más conocida como Terri Schiavo, o sea su apelativo y el apellido de su marido; murió sólo dos días antes que Juan Pablo II, cuando el Santo Padre entraba en agonía. Por ello, la prensa internacional dejó de informar sobre su caso, en el momento culminante, pese a que llevaba varias semanas de un intenso debate mediático del asunto. Es por ello que, resulta pertinente destacar algunos aspectos -prolijamente silenciados-, por los medios informativos de su país, EE.UU., para luego reflexionar sobre el caso. Aquí van esos elementos de juicio:
Su padre se apellida Schindler, y ella fue inscripta en el Registro Civil al nacer, como Teresa María Schindler. Luego se casó con Miguel Schiavo, y pasó -conforme los usos de su patria-, a apellidarse Schindler Schiavo. Su primer apellido nunca fue Schiavo, por tanto es muy sugestivo el hecho que los medios de propaganda la nombraran siempre con el apellido de su marido.
En 1.990, Terri sufrió un ataque al corazón, que dejó sin irrigación su cerebro durante cierto tiempo. Como consecuencia de ello, quedó en un estado vegetativo superficial o subliminar, con cierta capacidad de respuesta, denominado técnicamente "estado mínimo de conciencia". Al punto que, por ejemplo, no necesitaba respirador artificial, ni ningún otro aparato sofisticado. Desde entonces se la hidrataba y alimentaba con una sonda gástrica. El costo de dicha alimentación es mínimo, y es algo muy común en cualquier hospital, donde muchas personas sometidas a cirugías, o que padecen ciertas enfermedades, deben comer de esa forma. Naturalmente, dicho proceso no es ni siquiera terapéutico, sino la atención más elemental que se puede hacer, aún al ser humano más criminal. En EE.UU., a ninguno de sus muchos condenados a muerte, se le niega la bebida y la comida, por graves y monstruosos que hayan sido sus delitos… A ningún condenado a muerte, excepto a Terri Schindler, inocente de tod
o crimen…
Teresa María tenía un seguro de vida, cuyo beneficiario fue su marido, Miguel Schiavo. Pocos años después del accidente cerebrovascular, Miguel se une a otra mujer con la que tuvo -hasta el momento-, dos hijos. Pese a ello nunca se divorció de Terri, y por ello tampoco se casó con la otra mujer. De haberlo hecho, habría perdido la expectativa de cobrar el seguro.
En 1.998, Miguel Schiavo solicitó a los jueces que ordenen el retiro del tubo, a través del cual Terri era hidratada y alimentada. Al no participar Miguel en los costos de atención de Terri, y pudiendo divorciarse de ella a su antojo, es evidente que su único objetivo real, fue el cobro del seguro de vida de su mujer enferma. Naturalmente no lo planteó de ese modo. Luego de un intrincado proceso judicial, los tribunales ejecutan la petición de Miguel, y se retira la sonda gástrica a Terri.
Después de una agonía de trece días, ella murió de sed y hambre. Sus sufrimientos fueron tan evidentes, que en sus últimas jornadas se le suministro morfina para paliarlos.
Estando aún con vida, un niño de diez años ingresó al hospital con una botella de agua, pues sabía que Terri estaba muriendo de sed. El niño fue arrestado por la policía local, y su foto, manos atrás y esposado, recorrió el mundo a través de internet, pues la televisión y los medios gráficos, se negaron a mostrar tal imagen. Hasta aquí los hechos relevantes.
Ahora las breves reflexiones.
Ciertos grupos de poder, abogan por la abolición de la pena de muerte de los culpables. No les falta razón. Uno de los más conocidos, Amnistía Internacional, se negó a pronunciarse sobre este caso, con pena de muerte a una inocente…, pese a la petición de numerosos ciudadanos, quienes le exigían un pronunciamiento rotundo. Sus directivos prefirieron el silencio cómplice. Por otra parte, los grupos feministas de género, no se cansan de reivindicar, que toda mujer tendría derecho a decidir sobre su propio cuerpo - eufemismo para ocultar que, en realidad, pretenden que decida sobre un cuerpo y un alma ajeno, los del hijo, que portan en su vientre, para justificar su homicidio-; también critican la violencia intrafamiliar; sin embargo, no levantaron su voz por Terri Schindler, mujer asesinada a instancias del marido, que previamente la había abandonado, y sólo para cobrar un seguro de vida…
Esto es coherente: estos grupos sólo promueven los derechos de los poderosos; jamás los de los débiles. Lo mismo que el sistema jurídico, social y económico de los norteamericanos: la "globalización". Podría decirse, en una exacta aproximación descriptiva, que los sajones han prostituido el concepto clásico de justicia -la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo-, mediante una "relectura" que la define como "la constante y perpetua voluntad de dar al poderoso lo suyo y lo ajeno"…
Eutanasia deriva del griego: eu y tánatos (buena muerte). ¿Para quién fue una "buena muerte"?, ¿para Terri Schindler o para Miguel Schiavo?...
Opine el lector.

Prometeo desencadenado o la ideología moderna (1)





por el Dr. Enrique Díaz Araujo



Tomado de La Enciclopedia y el Enciclopedismo
Ediciones OIKOS, Buenos Aires, 1983










Spengler en Años decisivos dijo que el jacobinismo es "la forma temprana" y el bolchevismo "la forma tardía" del mismo espíritu revolucionario, porque ambos, en definitiva, se inspiran en la actitud del Prometeo mitológico, el rebelde ante los dioses.
Cuando Diderot afirma que "el hombre es el término único al cual hay que reducirlo todo" da un claro indicio de que Prometeo se ha desencadenado. Y sus efectos todavía debemos de sufrir.

Prometeo: En una palabra: yo abomino a
todos esos dioses.
Hermes: Ya veo qué grave dolencia te hace
perder la razón.
ESQUILO (Prometeo encadenado)


La Ilustración. Concepto

La Revolución fue preparada por sus víctimas.
JOSEPH DE MAISTRE

En el fondo de todo problema político hay una cuestión teológica.
JUAN DONOSO CORTÉS


as ideologías —conjunto de ideas sistemáticas— son un fenómeno moderno de remplazo de los antiguos conceptos e ideales. Cuando tienen connotación política, y generalmente la tienen, apuntan a la transformación radical de una realidad social dada. Es decir que al menos en sus comienzos todas las ideologías suelen ser "revolucionarias". Lo son porque procuran el desplazamiento del orden establecido tradicionalmente por un nuevo orden. Y porque el cambio deberá conducir a una organización más justa o más libre que las conocidas. Tal ambición intelectual conforma al encarnarse una variedad humana que, en la tipología política universal, es conocida como el esprit révolutionnaire, el homme des gauches, el idealista en sentido filosófico y el romántico en su acepción política. Esto es, el hombre que dispone a todas las potencialidades de su ser hacia la consecución de ese cambio profundo, cualitativo, radical de la sociedad en la que vive. Nada que no se adecúe como medio conducente a ese fin que busca le interesará. El fin es el "mundo mejor del futuro", gobernado según los "principios" de la ideología que se ha adueñado de su mente y de su corazón.
A pesar de su multiplicidad, ese fenómeno moderno reconoce dos unidades genuinas del espíritu revolucionario: la primera, la establecida por los jacobinos de la Revolución Francesa de 1789, y la segunda, la implantada por los bolcheviques de la Revolución Rusa de 1917. Entre ambos momentos toma figura esa "izquierda" que conmueve al mundo moderno con sus teorías y sus hechos. Esa ideología, que principia por ganar la cabeza y que termina enseñoreándose del alma de sus adictos, presenta dos etapas sucesivas —a veces contrarias, pero nunca contradictorias—: la "liberal" y la "socialista". Como se ha observado atinadamente, y como trataremos de resumirlo en este capítulo, esos períodos ideológicos ofrecen un mismo origen. Spengler, en Años decisivos, dijo que el jacobinismo es "la forma temprana" y el bolchevismo la "forma tardía" del mismo espíritu revolucionario. Porque ambas, en definitiva, se inspiran en la actitud del Prometeo mitológico, el rebelde ante los dioses.
Centrado así nuestro enfoque, conviene comenzar su estudio pormenorizado por la primera, no sólo en el orden cronológico sino especialmente en el lógico, de esas doctrinas de la Revolución: la Ilustración Francesa.
En un concepto lato, ella es la teoría del progreso indefinido de la humanidad, iluminado por las luces de la razón. La iluminación que el raciocinio otorga a los pensadores franceses del siglo XVIII para atisbar el futuro deparado a los hombres. Ilustración que se resume en la Enciclopedia (Diccionario razonado de la u ciencias, artes y oficios) que dirigieran Diderot y D'Alembert. De ahí que a sus integrantes se les llame por igual, "ilustrado;-", "iluministas" o "enciclopedistas".
El punto de partida de esta cosmovisión es el antropocentrismo, en oposición con el teocentrismo del mundo clásico, del "antiguo régimen". En un retorno a Protágoras, el hombre vuelve a ser "la medida de todas las cosas", de la tierra y del cielo. Como dice Diderot en la Enciclopedia: "El hombre es el término único al cual hay que reducirlo todo". Prometeo se ha desencadenado.

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Ley Natural y Positiva

"si una ley, aunque establecida por la legítima autoridad, es contraria a la recta razón y perniciosa para la comunidad, su fuerza legal es nula.".

Todo derecho humano positivo debe conformarse con el derecho natural. Porque la ley humana —usando la lapidaria definición de Santo Tomás— no es otra cosa que la ordenación de la recta razón, promulgada por la autoridad legítima para el bien común. Su ámbito lo constituyen las reglas peculiares de la convivencia humana. Su eficacia deriva de su conformación con la ley eterna, de la que recibe Su sanción.


Cuando las leyes tienen por objeto lo que es bueno o malo por naturaleza, la misión del legislador civil se limita a lograr por medio de una disciplina común, la obediencia de los ciudadanos a los preceptos naturales. Cuando regulan cosas que sólo de un modo general y en conjunto han sido determinadas por la naturaleza, queda a la prudencia humana fijar el modo. la medida y el objeto de esos preceptos genéricos. Esto quiere decir que derivan del derecho natural las leyes humanas, unas de modo inmediato y directo y otras sólo de manera indirecta y mediata. Pero todas han de "conformarse" a él.


De aquí que las leyes que están en oposición insoluble con el derecho natural adolezcan de un vicio original que no puede ser subsanado ni con el imperio de la autoridad ni con el aparato de la fuerza externa.
Encierra esta doctrina una singular importancia para la vida pública. Porque el derecho humano positivo, en tanto resulta legítimo en cuanto se conforma con el derecho natural, y sólo en esto obliga a obediencia. Por consiguiente, si una ley, aunque establecida por la legítima autoridad, es contraria a la recta razón y perniciosa para la comunidad, su fuerza legal es nula. Más: si estuviese en abierta oposición con el derecho divino y contradijese a los deberes religiosos, entonces la resistencia a la ley es un deber; la obediencia, un crimen.


Alberto Martín

Tomado de Arbil

23 de Abril, Conmemoración de San Jorge, Mártir



os santos jóvenes —los de nuestro siglo— difícilmente podrían venir al mundo de incógnito. Sus fotografías, el rostro de los santos, corren de mano en mano y nunca faltan más o menos retocadas en la cubierta de sus vidas. Cosa que no pasa con los santos veteranos. San Jorge, por ejemplo, podría pasearse tranquilamente a pie o a caballo, y hasta pasar a nuestro lado con cara de labriego holandés, viajante florentino o distinguido militar, sin que lográramos identificarle.

En los archivos de los historiadores —esos pobres hombres que se pasan la vida masticando polvo de biblioteca— la ficha de San Jorge casi está en blanco. Los más sabihondos sólo han puesto, y a lápiz, estas palabras: "Mártir en Oriente a principios del siglo IV". No es de extrañar. Nosotros apuntamos en un papel el día y la hora de visita al dentista, la dirección del notario, pero ningún novio, para no olvidarse, apunta en su agenda el día de su boda, ni ninguna madre escribe en una libreta el día del cumpleaños de su hijo. Las fiestas grandes se recuerdan fácilmente. Y los grandes santos —a San Jorge le llaman en Oriente "el Gran Mártir"— no han tenido necesidad de huellas dactilares ni de partida de nacimiento, legalizada y todo, para sobrevivir al tiempo. Estad seguros: la vida de San Jorge no la hallará nunca nadie en los mamotretos sin color, calor ni vida de los beneméritos historiadores. Todos los caminos van a Roma, decimos frecuentemente. Y es verdad. Pero tened cuidado y mirad qué camino escogéis para seguir la vida de San Jorge. ¿A que viene enterarse que en Lydda hubo un templo dedicado al Santo, que una inscripción del siglo VI nos habla de sus reliquias, que su fama era inmensa en Oriente, que los reyes merovingios, al establecer su árbol genealógico, se creyeron descendientes de un hijo de San Jorge, que en Regensburg tenía una capilla dedicada desde la época de la ocupación romana, que Ricardo Corazón de León le nombró patrono de los cruzados y que éstos extendieron su culto por Occidente?

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22 de abril de 2009

Monteverdi: Vísperas de la beata Vírgen María





Claudio Monteverdi


Compositor italiano, la figura más importante de la transición entre la música renacentista y la barroca (paso de la musica modal a la tonalidad). Nació en Cremona en el seno de una familia humilde, hijo de un barbero que ejercía la Medicina de manera ilegal. Estudió música con el famoso teórico veronés Marco Antonio Ingegneri, entonces maestro de capilla de la catedral, que accedió a mostrar al niño y a un hermano, Giulio Cesare, las claves de la polifonía renacentista. Claudio reveló pronto un inmenso talento. A los 15 años, en 1582, Monteverdi compuso su primera obra, un conjunto de motetes tripartitos, y en 1605 ya había compuesto 5 libros de madrigales, donde se aprecia una evolución desde texturas suaves en los primeros dos libros (1587 y 1590) con influencias de Luca Marenzio, a un planteamiento más disonante e irregular que potencia el significado de cada palabra en los libros tercero y cuarto (1592 y 1603) con influencias de Giaches de Wert, fallecido en 1596, al que conoció cuando trabajaba para el duque de Mantua Vincenzo Gonzaga en 1592. Monteverdi comenzó a interesarse por los dramas musicales experimentales de Jacopo Peri, director musical en la corte de la familia de los Médicis, y por obras similares de otros compositores de la época. En 1599 se casó con Claudia de Cataneis, hija de un intérprete de viola.

En 1607 se estrenó Orfeo, favola in musica, su primer drama musical surgido de la colaboración del músico con Alessandro Stringgio, autor del texto y funcionario de la corte del duque de Mantua. Esta ópera, superior en estilo a las escritas hasta el momento, representa tal vez la evolución más importante de la historia del género, imponiéndose como una forma culta de expresión musical y dramática. A través del hábil uso de las inflexiones vocales, Monteverdi intentó expresar toda la emoción contenida en el discurso del actor, alcanzando un lenguaje cromático de gran libertad armónica. La orquesta, muy ampliada, era utilizada no sólo para acompañar a los cantantes, sino también para establecer los diferentes ambientes de las escenas. La partitura de Orfeo contiene 14 partes orquestales independientes. El público aplaudió esta ópera con gran entusiasmo y su siguiente ópera Arianna (1608), cuya música se ha perdido, excepto el famoso 'Lamento de Ariadna', consolidó la fama de Monteverdi como compositor de óperas.

El lenguaje armónico de este compositor ya había suscitado fuertes controversias. En 1600 el canónigo boloñés Giovanni Maria Artusi publicó un ensayo atacando, entre otros, dos de sus madrigales por sobrepasar los límites de la polifonía equilibrada, objetivo de la composición renacentista. Monteverdi se defendió en un escrito publicado en 1607, en el que argumentaba que, mientras el estilo antiguo, que él denominaba prima prattica, era adecuado para la composición de música religiosa (y él así lo hizo durante muchos años), la seconda prattica, donde "las palabras son dueñas de la armonía, no esclavas", era más apropiada para los madrigales, composición en la que resultaba vital poder expresar las líneas emocionales del texto. El gran logro de Monteverdi como compositor de óperas fue combinar el cromatismo de la seconda prattica con el estilo monódico de la escritura vocal (una línea vocal florida con un bajo armónico simple) desarrollado por Jacopo Peri y Giulio Caccini.

En 1613 Monteverdi fue nombrado maestro de coro y director de la catedral de San Marcos de Venecia, uno de los puestos más importantes de aquella época en Italia. También se le nombró maestro de música de la Serenísima República. Desde ese momento compuso numerosas óperas (muchas de ellas se han perdido), motetes, madrigales y misas. Para componer música religiosa, Monteverdi utilizaba gran variedad de estilos que iban desde la polifonía de su Misa de 1610 a la música vocal operística de gran virtuosismo y las composiciones corales antifonales (derivadas de los predecesores de Monteverdi en Venecia Andrea y Giovanni Gabrieli) de sus Vísperas, asimismo de 1610, tal vez su obra hoy más famosa.

La obra Selva morale e spirituale, publicada en 1640, es un enorme compendio de música sacra donde vuelve a apreciarse toda la gama de estilos que usaba Monteverdi. En sus libros sexto, séptimo y octavo de madrigales (1614-1638) se alejó aún más del ideal renacentista polifónico de voces equilibradas y adoptó estilos más novedosos que enfatizan la melodía, la línea del bajo, el apoyo armónico y la declamación personal o dramática. En 1637 fue inaugurado el primer teatro de la ópera y Monteverdi, estimulado por la entusiasta acogida del público, compuso una nueva serie de óperas, de las cuales sólo conocemos Il ritorno d'Ulisse in patria (1641) y La coronación de Poppea (1642). Estas obras, compuestas al final de su vida, contienen escenas de gran intensidad dramática donde la música refleja los pensamientos y las emociones de los personajes. Estas partituras han influido en muchos compositores posteriores y todavía se mantienen en el repertorio actual.

Monteverdi falleció el 29 de noviembre de 1643 en Venecia, dejando una extensa obra que influiría en toda la música posterior. Tras celebrarse simultáneamente solemnes exequias en la Catedral de San Marcos y en Santa Maria dei Frari, sus restos fueron enterrados en esta última.
















Claudio Monteverdi (1567 - 1643).

Vespro della Beata Vergine, 1610.

La Fenice.

Arianna Savall (soprano).
Edwige Parat (soprano).
Mathilde Etienne (soprano).
Hans Jorg Mammel (tenor).
Lluis Valamajo (bass).

Dir: Jean Tubery.

Vespro della Beata Vergine 1610 (SV 206 and 206a, Vespers for the Blessed Virgin, 1610), or simply the Vespers of 1610, as it is commonly called, is a musical composition by Claudio Monteverdi. Vespers is a term taken from the Hours of the Divine Office and has remained structurally unchanged for the past 1500 years. The Vespers are built around several Biblical texts that are traditionally used as part of the liturgy for several Marian feasts in the Roman Catholic church; the introductory Deus in adjutorium (Psalm 69), five psalms taken from Psalms 109 - 147, sacred concertos between the psalms, a hymn, a setting of the Magnificat text, and the concluding Benedicamus Domino.

Luz y devoción del beato Angélico


por Ignacio Peyró

Tomado de El Manifiesto

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erduran los trabajos de la devoción. Hoy como ayer, la divina congruencia de dorados y azules del Angélico detiene el tiempo en el tiempo para que el paseante del Prado pueda entrever el cielo como por una celosía. La Anunciación del Beato Angélico aún muestra que la aprehensión de la belleza no es materia arcana ni limitada a espíritus selectos: antes al contrario, en los aspectos de las cosas creadas brilla el signo del Creador y por eso cualquier intelecto claro será capaz de la experiencia de belleza, de ser –como el monje que se quiso llamar Juan- ‘testigo de la luz’. Si la luz divina llena los ámbitos, el color no será la apariencia huidiza de las cosas sino que será uno con la luz, sustancia del espacio.

En la Anunciación, el atenimiento a lo visible del Angélico recrea el diálogo entre la Virgen y el Arcángel como una coreografía de silencios significativos: en la loggia, la Virgen se inclina reverente ante el ángel genuflexo, en correspondencia gestual de expresión compleja –sorpresa, aceptación, humildad, acatamiento- tras la embajada angélica. María, según la tradición, rezaba con un libro de oraciones sobre el manto inconsútil, de color azul purísima. Estaba escrito: el sí es totalmente inmediato a la sorpresa. “He aquí la sierva del Señor”. El “hágase” de la Virgen, la aceptación de ojos pudorosamente inclinados, será una ostensión de la interioridad que subraya la distancia de hondura de la representación de la Virgen a la representación de una Venus susceptible de encarnar, quizá, el amor erótico, pero ni una vislumbre de su interioridad de afectos.


Tampoco será lo mismo “la Virgen de la Humildad” con el Niño que Isis con Horus. Algo tuvieron que ver en esto el alma devota del Angélico y el cristianismo que alimentó su devoción como amor excelso, a la vez total y minucioso, dotado de pureza y de tan prolija estimación en la mirada.












Como sea, el Angélico pinta los movimie
ntos del alma: el rey Mago se agacha para besar los pies del Niño, bajo un cielo nocturno de estrellas; los pretendientes rechazados amenazan con los puños a José; Simeón y el Niño se miran en el templo con la intensidad comunicativa del reconocimiento; Santo Domingo de Guzmán, arrodillado, abrazado al pie de la Cruz, se vuelve con los ojos enrojecidos al rostro del Salvador; las mujeres se asoman incrédulas al sepulcro vacío mientras el ángel indica que no está aquí,“non est hic”, sino que ha resucitado.







En el Noli
me tangere, María Magdalena extiende los brazos e inclina el cuerpo para abrazar al Resucitado, fija la mirada en el rostro del Señor. La viveza o la ilusión de la viveza, las mociones de la interioridad en la expresión, las palabras que se condensan en mirada: ahí están los dones de Fra Angélico, suma sin igual de narratividad y lirismo.








Hemos hablado del atenimiento a lo visible: en los descendimientos, el Jerusalén que aparece al fondo será la Florencia de su época. No es sólo naïveté. La anécdota tiene su calado: en realidad, el Beato Angélico ve la historia de los hombres como escenario del Gran Relato, de la historia de la salvación, en correlación perfecta con el dinamismo positivo que ve entre lo humano y lo divino. Hombre nuevo, Fra Angélico es miembro de esa Iglesia que considerará que, en ese momento de la historia, el humanismo es su papel. Jesucristo es perfecto Dios y perfecto hombre: pregonero del paraíso, Fra Angélico sabe que sólo el paraíso queda extramuros de la historia cuando el mismo Hijo de Dios se abajó a la carne. De ahí la alegría –la beatitud- en la contemplación o el dolor a la vez con emotividad y altura. Los viejos maestros, como quería Auden, supieron mejor del sufrimiento humano que los nuevos.

En el siglo XIX, Lorenzo Gelati retrata a Fra Angelico en el refectorio de Fiesole, ahí mismo recogido en meditación ante una de sus Crucifixiones, el pintor que no tomó un pincel sin antes elevar una oración, el pintor más sujeto al sentido de misión y la obediencia interior que nutren al arte. La prédica pintada de Fra Angelico discurre por un venero más profundo que el compromiso o ‘engagement’: sería risible pensar que el Angélico es cristiano de la misma manera que Sartre es existencialista. Su pintura es una vía teológica o el latido de lo revelado como pregustación de lo sublime. En realidad, el sentido de misión se impone, es superior, a cada artista.

En 2005, la exposición de Fra Angelico en el Metropolitan se llenó de artistas que volvían y volvían: eran lo más audaz y radical, lo más nihilista y transgresor de Manhattan, presos finalmente de esa belleza esmaltada del Angélico de la que guardamos algún recuerdo original o –quizá- retumba en nosotros como una promesa. Fra Angelico está siempre a una distancia sin fin de la banalidad. Tal vez esos artistas constataban que, en la apreciación del Angélico por lo bello, lo bueno y lo puro, está también el mayor de nuestros dones.