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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

4 de julio de 2009

Cantica de loores de Santa María

Estrofas 1678 a 1683

Quiero seguir a ti, flor de las flores,
siempre decir cantar de tus loores;
non me partir de te servir,
mejor de las mejores.

Grand fianza he yo en ti, Señora,
la mi esperanza en ti es toda hora;
de tribulación sin tardanza,
venme librar agora.

Virgen muy santa, yo paso atribulado,
pena tanta, con dolor atormentado,
en tu esperanza coita atanta
que veo, mal pecado.

Estrella de la mar, puerto de folgura,
de dolor complido e de tristura,
venme librar e conortar,
Señora del altura.

Nunca fallesce la tu merced complida,
siempre guareces de coitas e das vida;
nunca parece nin entristece
quien a ti non olvida.

Sufro grand mal sin merecer, a tuerto,
esquivo tal, porque pienso ser muerto;
más tú me val, que non veo ál,
que me saque a puerto.

Juan Ruiz, Arcipreste de Hita

Al rescate de la verdad





por JEOAP






Tomado del Blog de Cabildo









“Hubo treinta mil desaparecidos por pensar diferente”
Néstor Kirchner (“La Nación”, 12 de marzo de 2004)
“El secuestro lo hacíamos porque no encontrábamos
otra forma para resolver el financiamiento,
pero éramos conscientes del dolor que producíamos”
(…)“Los que se tienen que arrepentir son los que
cometieron terrorismo de Estado”
Gorriarán Merlo (“Noticias”, 13 de marzo de 2004)

CONFUSIÓN




s impresionante comprobar cómo se puede alterar la memoria del inmediato pasado, más allá incluso de las explicables tendencias de quienes lo describen. Tal vez esto se deba no solamente al peso de las ideologías, sino acaso a la influencia de multitud de medios que facilitan la difusión de opiniones que oscurecen la visión histórica, muchas veces servidas de modernas técnicas capaces de apabullar a la verdad.
Aparte de la reflexión científica que interesa a los historiógrafos, el hecho es que los testigos de lo ocurrido —por ejemplo aquí, en la década del setenta— están corriendo el riesgo de desconfiar de sus propias neuronas. La gravedad del problema aconseja pues, apelar a los requisitos del historiador que enseña la misma etimología del término. Conforme a Barcia, en efecto, la palabra historia deriva de histör, el testigo, el que sabe una cosa porque la ve; de donde viene la significación de sabio que tiene el griego “histör”. Sin pretender, por cierto, quedar incluido en la última calificación, uno que ha visto lo que ocurrió en aquellos años con plenitud de criterio y espíritu despierto, no puede menos que sobresaltarse cuando un ministro impone su versión histórica sobre hechos que no presenció; o que ocurrieron cuando —a lo sumo— era un niño.
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Aparición del Anticristo



por Juan Manuel de Prada



Tomado de ABC




l suroeste de la Umbría, encaramada sobre un abrupto promontorio de toba, se halla Orvieto, la ciudad más hermosa del orbe. A Orvieto el viajero sube en funicular desde la verdeante llanura; y apenas ha pisado sus calles angostas, lo sacude la impresión de hallarse en un mundo que ha dimitido de los relojes. El viajero se extravía entre casas menestrales y palacios desmigajados por la herrumbre de los siglos, entre iglesias florecidas de líquenes y campanarios que se asoman al vértigo de las escarpaduras, susurrando una letanía que exorciza el riesgo de derrumbe. Todo Orvieto está construido con la misma piedra toba del promontorio sobre el que se erige; y a la luz del atardecer el color terroso de la toba se incendia hasta tornarse incandescente, llenando las callejuelas más sombrías de un resplandor ambarino. El viajero prosigue su paseo sin rumbo hasta que, allá al fondo, vislumbra, coronado de vencejos, un alto acantilado de piedra sobre el que se estrella con estrépito el crepúsculo.
Es la fachada de la catedral de Orvieto, cuyos mosaicos enceguecen al mismo sol, cuyas agujas arañan el vientre de las nubes, cuyos bajorrelieves ilustran, en un tumulto de formas serpenteantes, la historia de la Salvación. Las altísimas naves de la catedral están erigidas con hileras alternas de mármol y basalto; en su interior, apenas se cuela una luz exangüe que parece amedrentada por la vastedad del lugar. En una capilla lateral se guarda el tesoro más precioso de Orvieto, el más intimidante también. Son los frescos de Luca Signorelli, realizados en el gozne de los siglos XV y XVI, que representan con apabullante majestad y abigarrado dinamismo escenas del Apocalipsis. Allá en el techo de la capilla, Cristo preside desde su cielo teológico el Juicio Universal, escoltado por una cohorte de vírgenes y mártires, apóstoles y patriarcas. En las paredes de la capilla se suceden los prodigios de los Últimos Tiempos: asistimos, bajo un cielo teñido de sangre y sobrevolado de ángeles que derraman fuego, al pánico de una multitud que no ha desoído las advertencias de los profetas; asistimos, bajo una luz de alborada, a la resurrección perpleja y primaveral de la carne; asistimos al dramático y hormigueante aquelarre de los condenados, sobre los que se abalanzan, como buitres sobre la carroña, demonios verdosos y azulencos de alas membranosas; asistimos, bajo una lluvia de flores, a la coronación de los bienaventurados, a quienes guían en su ascenso a la Jerusalén celeste ángeles que tañen arpas y laúdes. Pero estas escenas palidecen ante la más enigmática y ominosa de todas ellas, en la que contemplamos la predicación de un hombre, elevado sobre un pedestal de adoración, en cuyo derredor se apiña una multitud que le ofrenda cuanto posee y lo escucha entre arrobada y confusa.
¿Quién es ese hombre misterioso? A simple vista parece Jesucristo, con su rostro barbado y su apostura mesiánica; pero entonces el viajero repara en la figura de Satanás, bella y artera, que le susurra insidias al oído y le desliza amorosamente un brazo cómplice bajo su manto. Y a la memoria del viajero acude entonces aquella terrible reflexión del cardenal Newman: nadie se parecerá tanto al Hijo de Dios como el hombre de iniquidad que embaucará al mundo con sus engañosos portentos, trayendo una paz y una prosperidad impías, amasadas con la sangre de los últimos mártires; nadie se parecerá tanto al Mesías como el falso mesías que aparecerá hacia el final de los tiempos. El viajero comprende entonces que ese hombre que Signorelli ha pintado con rasgos que recuerdan a los de Cristo es en realidad el Anticristo; y, mientras el horror se derrama en su sangre, abandona la catedral. Afuera, los vencejos chillan despavoridos, el sol se encoge entre nubarrones y los primeros truenos de la tormenta tiñen con un velo de ceniza el resplandor ambarino de Orvieto, la ciudad más hermosa del orbe.

4 de Julio, en México, Nuestra Señora Refugio de los Pecadores




Yo soy la Madre de los pecadores, a condición de que se arrepientan
(Palabras de N. Sra. a Sta. Brígida)



abemos que una sola es la Virgen, la Madre de Jesús y Madre nuestra. Se le invoca con títulos diferentes según el lugar donde ha manifestado su protección o según se quiere hacer resaltar una característica de su amor.

Por su intercesión, muchos pecadores han encontrado el camino de la salvación. Es por eso que se le ha invocado como el “Refugio de los Pecadores”.

En efecto, cuando un pecador recurre a María con voluntad de cambiar, siempre la encuentra pronta a acogerlo. Solamente le exige que renuncie al pecado.

El Papa San Gregorio VII le escribió a la princesa Matilde: "Poned fin a vuestra voluntad de pecar y yo no dudo en prometeros que encontraréis a María más dispuesta a amaros que una madre según la carne".

La Santísima Virgen rehúsa su ayuda solamente a aquellos que se obstinan en su mala conducta. Pero no puede permanecer sorda a los ruegos de quienes recurren a Ella con confianza y con el propósito de librarse de las cadenas del pecado. Acudirá en su ayuda y los guiará al camino de salvación. En una ocasión, Santa Brígida oyó a Nuestro Señor decirle a su Madre: "A aquellos que se esfuercen en retornar a Dios, Vos les prestaréis vuestra ayuda y no dejaréis a nadie sin consuelo".

Según la tradición, esta imagen de la Santísima Virgen fue encontrada en el hueco del tronco de una encina, en Montepulciano (Italia), por lo que, al inicio de su veneración, se le conoció como Nuestra Señora de la Encina. Las misiones de franciscanos y jesuitas la reconocían como su protectora en su labor evangelizadora y la invocaban como Refugio de Pecadores. En el siglo XVIII, el padre Juan Giuca llevó a la ciudad de Puebla (México) una copia de la pintura.

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Para leer el artículo completo , y las hagiografías de Santa Berta y Santos Laureano y Ulrico, haga click sobre la imagen de Nuestra Señora.

3 de julio de 2009

SERMÓN DE S.E.R. MONSEÑOR BERNARD FELLAY, SUPERIOR GENERAL DE LA FRATERNIDAD SAN PÍO X, EN LAS ORDENACIONES SACERDOTALES DE ECÔNE DEL 29 DE JUNIO



Enviado por Stat Veritas

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


Excelencias, queridos sacerdotes, queridos ordenandos, queridos fieles:


Nos alegra mucho recibir hoy de la misericordia divina, y al mismo tiempo poder dar a la Fraternidad y a la Iglesia, estos nuevos sacerdotes y diáconos, en el comienzo de este año que el Santo Padre quiere que sea un año sacerdotal. Durante este año toda la Iglesia va a rezar por los sacerdotes, por buenos y santos sacerdotes. Y nos parece difícil no ver una atención, una sonrisa de la Divina Providencia, el hecho que el mismo día designado por el Papa como inicio de este año sacerdotal, ese primer día, Mons. Tissier pudo ordenar trece sacerdotes en Estados Unidos. Si Dios quiere, hasta el fin de este año, serán 27 los sacerdotes ordenados para la Fraternidad, y un poco más de treinta en total, incluyendo a los sacerdotes de las congregaciones amigas. Sí, es una gran alegría poder recibir estos sacerdotes, sobre todo cuando se mira la necesidad en la que se encuentra la Iglesia; cuando se piensa que nosotros, pequeña Fraternidad, casi llegamos a treinta sacerdotes este año, mientras que países que antes eran católicos, como Francia o Alemania, no llegan a cien.


Estamos realmente sorprendidos por el alboroto generado por estas ordenaciones, mientras se ve a tantas almas sufrir, morir de hambre espiritual por no tener sacerdotes que les comuniquen la fe y la gracia que necesitan para vivir y salvarse. Siempre lo hemos dicho: después del decreto sobre las excomuniones apareció una nueva situación intermedia, y por tanto necesariamente imperfecta. Así, pues, exigir de repente una perfección canónica se parece a un médico, que tras haber aplicado un yeso a una pierna rota de una persona, le pida que corra seguidamente una carrera de cien metros. También nos conduce a pensar en mezquindad de quien, observando una mancha sobre el uniforme del soldado que está en medio del combate, se creería con deber de expresar su estupefacción… Aunque estos ejemplos expresan cierta imperfección canónica, estimamos que, ante Dios, siguiendo a Monseñor Lefebvre, estos actos están perfectamente justificados por la situación en la que se encuentra la Iglesia. También se justifican por las injusticias que hubo al inicio de esta situación, como la supresión injusta de la Fraternidad, la cual seguimos considerando como existente. Sí, queridos fieles.


Esta ceremonia tiene lugar el día de la fiesta de San Pedro y San Pablo. Y la colecta de hoy alude en esta fiesta no sólo al martirio de San Pedro y San Pablo sino también al comienzo de la Iglesia, su “exordium”. Se puede decir el comienzo de la Iglesia romana. Fue cimentada ahí. Es bastante extraordinario ver en el Evangelio de hoy cómo Nuestro Señor quiso ligar la institución del Vicario de Cristo, piedra sobre la que está fundada la Iglesia de Cristo, a la profesión de la fe en la divinidad de Nuestro Señor. Nuestro Señor instituye el Papado inmediatamente después de la primera confesión de Pedro: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. Es verdad que de la divinidad de Nuestro Señor deriva todo lo que sigue en la Iglesia, para la Iglesia: el Papa, los obispos y los sacerdotes. Todo deriva de la divinidad de Nuestro Señor. Sí. Nuestro Señor es Dios según la realidad objetiva, no por un simple deseo de los hombre, una proyección de no sé qué… No. Se trata de la realidad objetiva del Verbo de Dios, segunda Persona de la Santísima Trinidad. Verdadero Dios, eterno, todopoderoso, encarnado, hecho carne. Todo deriva de eso, de la divinidad de Jesús. La diferencia esencial que vemos entre la Iglesia católica y las otras religiones se encuentra en su fundador, que es Dios, que no sólo nos permite sino que nos obliga a declarar esta esencia divina de la Iglesia. Es verdad, ella tiene un elemento material humano, está formada por hombres, pero esencialmente es divina, por su fundador, por su fin, por sus medios que vienen de Dios y conducen a Dios, que son los únicos que pueden efectivamente llevar a Dios y al cielo.


Sí, vemos en el Papa al Vicario de Cristo. Si reconocemos en él el poder supremo, plenario, inmediato sobre todos los fieles y sobre todos los miembros de la Iglesia, es precisamente porque es el Vicario de Cristo, Jesús sobre la tierra. Saludamos al sacerdote porque en él vemos a Jesús. El sacerdote, conforme al dicho, es “otro Jesús”. Si Jesús no fuese Dios, ese dicho tal vez tendría cierto valor, pero no tendría el valor que le da la Iglesia católica, el valor que le da Dios. Elegido entre los hombres, elevado por sobre los hombres para servir a los intereses divinos: he aquí al sacerdote. En el Nuevo Testamento existe un único Sacerdote, el Sumo Sacerdote: Nuestro Señor Jesucristo. Encontramos el origen del Sacerdocio de Nuestro Señor Jesucristo en esa unión inefable en su Persona de dos naturalezas, humana y divina. Esa unión lo hace intermediario, Mediador entre Dios y los hombres. Siendo hombre, puede hablar a Dios en el nombre de los hombres. Siendo Dios, habla y trae a los hombres los beneficios, la misericordia, los mandamientos divinos.


Nuestro Señor es enviado por su Padre a este mundo caído, este mundo que desde sus comienzos rompió la amistad con Dios. “Dios ha amado tanto a los hombres que les ha dado, entregado a su Hijo”. Esta misión del Hijo, que se ve en la Encarnación, es la de salvar. Su nombre es Jesús: Salvador. Nuestro Señor va a realizar esta salvación con un acto inaudito, sobrecogedor: su Pasión. Él, siendo el Inocente, la misma Santidad, va a sufrir, a ser maltratado, azotado, rechazado, clavado en la cruz. Va a morir sobre este madero abominable para salvarnos. “Propter nos homines et propter nostram salutem”: “Por nosotros los hombres, y por nuestra salvación, bajó de los cielos”. La misión de Nuestro Señor es salvar. Salvar porque los hombres no pueden salvarse. Despojados de todo, caídos, ya no pueden reparar los puentes rotos con el cielo. El único“pontifex”, el único que va a reparar este puente, es Nuestro Señor, “único nombre dado bajo el cielo que nos puede salvar”, como dice San Pedro, el primer Papa, a sus compatriotas, en el comienzo mismo de la Iglesia. Nuestro Señor resucitó, probando así su divinidad, por si fuera necesario. No es una imaginación de los hombres, no es una proyección de la piedad de ellos, es una realidad objetiva. Es Dios, verdadero Dios. Y sube al cielo.


Por una disposición, quisiéramos decir, por una audacia inefable, Dios se va a atrever a encomendar su misión salvífica a sus criaturas. Nuestro Señor quiso asociar la Iglesia a la misión que sólo Él puede realizar. Quiso asociar la Iglesia, su Iglesia, y en esta Iglesia, particular y principalmente al sacerdote. No es una simple delegación de poder. Nuestro Señor envía a sus Apóstoles diciéndoles:“Todo poder me ha sido dado sobre el cielo y la tierra. Id. Los envío, a todas las naciones. Los que creyeren y fueren bautizados serán salvados. Los que no creyeren se condenarán”. Se podría ver en eso una delegación de poder, pero es mucho más. Porque, ya lo hemos dicho, en el Nuevo Testamento existe un único Sacerdote: Nuestro Señor. Los sacerdotes que Él elige para sí son realmente sacerdotes por una participación formal en su propio sacerdocio. El carácter que va a ser impreso en ustedes por esta ordenación sacerdotal de hoy —que les hace sacerdotes para siempre, con este sello indisoluble, que marca su alma, que la transforma para la eternidad—, es una participación en la unión hipostática, es decir, a lo que hace Sacerdote a Nuestro Señor, y que los convierte en sus instrumentos privilegiados. Cada vez que ustedes realicen un acto sacerdotal, lo harán como instrumento. El efecto operado no puede venir sino de Dios. Infundir la gracia en un alma —gracia que es una participación de la naturaleza divina, de la vida divina—, no puede ser hecho sino por Dios. Nuestro Señor lo quiere hacer a través de sus ministros, que son sus instrumentos, unidos a Él de una manera que supera todo lo que se puede observar en las criaturas. No existe otro ejemplo al que se pueda comparar.


Habrá intentos de comparación pero quedarán lejos de esta realidad, que se expresa de la manera más sobrecogedora en el momento de la consagración, en ese momento en que van a decir, ya desde hoy, en unión con el obispo que les ordena, “Esto es mi cuerpo”. Este es el momento solemne, que por excelencia tiene que estar lleno de verdad. El sacerdote dice: “Esto es mi cuerpo”, sabiendo perfectamente que ese “mi” no le pertenece. Sin embargo, lo dice de verdad, porque en ese momento él mismo no se pertenece. Su ser entero, su inteligencia, su voluntad, sus labios, su lengua, sus palabras, pertenecen a Nuestro Señor Jesucristo. Es por eso, y gracias a eso, que ocurre algo real cuando se emiten esas palabras. Si fuesen sólo palabras humanas, no ocurriría nada más que lo que pueden hacer las palabras de los hombres: Comunicar, expresar un pensamiento. Nada más. Producir un cambio en la realidad, producir este cambio que se llama “Transubstanciación”, sólo Dios lo puede hacer. Y, efectivamente, en ese momento sagrado de la consagración, la omnipotencia de la palabra divina, del mismo Dios, pasa a través del sacerdote, un poco como toda la personalidad del artista pasa a través de su pluma cuando escribe un poema. El poeta escribe con un instrumento, una pluma. Esta pluma, ella sola, no puede hacer nada, sino dejar pasar la tinta. En la mano del poeta, puede redactar un poema. Es realmente por la pluma que fue redactado, pero todo se atribuye al poeta, que no hubiese escrito sin la pluma. Del mismo modo, Nuestro Señor, como la personalidad del poeta pasa a través de la pluma hasta el papel —de tal manera que existe una ciencia, la grafología, que estudia desde el papel, los rasgos de la personalidad por medio de su letra—, pasa a través de su sacerdote, lo usa enteramente. De la misma manera que la eucaristía le permite multiplicar su presencia, así el sacerdote le permite multiplicar su operación, su acción sacerdotal en el espacio. Es el mismo Jesús, el único Jesús, que por este medio asombroso actúa en cada una de las almas que van a recibir los sacramentos. Ningún acto sacerdotal en la Iglesia se hace sin Nuestro Señor Jesucristo. Santo Tomás lo afirma: “El rito entero de la religión cristiana se deriva del sacerdocio de Cristo”. En este carácter se encuentra toda la espiritualidad sacerdotal. No solo la espiritualidad sino su fin, su vida, todo se encuentra en él.


En este abismo se encuentran, podríamos decir, dos infinitudes: la infinitud de Dios, la santidad de Dios, que por este carácter hace de ustedes una persona sagrada, y la infinitud de lo que queda de miseria humana, de criatura. Porque Dios, al imprimir este carácter, les va a dejar su naturaleza humana, con sus cualidades y defectos, sin tocar nada. Eso requiere de los hombres, al mirarlos a ustedes, tengan de hecho la misma mirada de fe que deben dirigir a la hostia. Las apariencias siguen estando. Las especies quedan. Queda la personalidad del sacerdote. Siguen siendo los mismos; sin embargo, son portadores de otra realidad: Dios, Nuestro Señor Jesucristo. Todo y nada. Todo su apostolado, su acción, su ministerio sacerdotal debe y no puede desenvolverse sino en esta dependencia total, absoluta, de Nuestro Señor Jesucristo. Cuando ustedes vayan a dar la absolución, cuando abran el cielo a un alma, cuando le abran la eternidad, será Dios quien desee que pronuncien esta sentencia, este acto, pero quien perdone será Nuestro Señor, por medio de esta sentencia o absolución que pronuncien. Es Dios quien quería esta alma; y sin lesionar su libertad, es Él quien los llevó a ustedes hacia ella. Es Él quien la atrajo a la confesión. Cuando administren alguna comunión, la sagrada Eucaristía, también es Dios quien buscó a esta alma y llevó las manos de ustedes hacia ella. La Divina Providencia es infalible, lo sabemos, lo confesamos. También sabemos que, a la vez que les confiere este carácter de instrumento, Dios se compromete, se obliga, a acompañar sus actos libres. Les obedece. Ustedes deciden la hora en que van a rezar la misa. Si no la rezan, no habrá misa. Si no quieren confesar, no se administrará la absolución. Se somete a ustedes. ¡Él! ¡Dios grande, eterno! Qué obligación tan grande para nosotros, sacerdotes, de velar constantemente para hallar la voluntad de Dios, y no hacer sino su voluntad. Se requiere mucha delicadeza para evitar cualquier obra personal o pretensión de buscar imponerse a Dios, en esta misión que es la propia de Nuestro Señor Jesucristo, y que, una vez más, es la de salvar las almas. Al imprimir en ustedes este carácter, Nuestro Señor Jesucristo les deja participar en su misión, en la sed de las almas.


La obsesión del sacerdote debe ser salvar las almas. Nada puede anteponerse, ya que es la obsesión de Nuestro Señor: Arder de prender el fuego de la caridad en las almas; arder de sacar a las almas de su miseria para llevarlas a Dios. Sí. Quien lleva las almas a la misericordia y la esperanza de Dios es el sacerdote. Y Dios sabe si hoy en día se necesita, si existe la miseria y la desesperación en los hombres de hoy. Es el único que puede verdaderamente, efectivamente, remediar la miseria más terrible que es la del pecado, del alejamiento de Dios, y de la desesperación de las almas que, espantadas por su miseria, abandonaron la esperanza de poder salir adelante. Sólo el sacerdote puede traer esta esperanza.

Sí. Dios conoce todas las almas. Sobre la cruz Dios ha pagado por todas las almas, por todos los pecados de todos los hombres. Pagó el precio de la salvación. Al sacerdote le toca llevar a las almas este precio, esta gracia. Es muy importante para el sacerdote saber desaparecer y dejar aparecer a Nuestro Señor Jesucristo, y así ayudar a esas pobres almas para que ya no vean a un hombre sino a Jesús.


Pidamos a Nuestra Señora, Madre del Sacerdote, Mediadora de todas las gracias, que haga de nosotros sus instrumentos, instrumentos de salvación… Que recuerden a este mundo que no quiere escuchar hablar de Dios, que se revuelca en todo género de placeres que llevan directamente a la eterna condenación. Pidámosle la gracia de recordarles que Dios existe, que el hombre no está hecho para esta tierra sino para el cielo. Este mensaje cuesta. “El mundo os odiará”. Son las palabras de Nuestro Señor a sus Apóstoles. Nuestro Señor presenta eso como totalmente normal: “El mundo me ha odiado primero. El discípulo no es más que el maestro”. Queridos ordenandos, si aguardan tener una vida sacerdotal tranquila, en un sillón, sin pena ni lágrimas, entonces, les suplico, no se acerquen. No es el programa que presenta la Iglesia a sus sacerdotes. No es el programa de Nuestro Señor Jesucristo. “Si alguno quiere ser mi discípulo, renúnciese a sí mismo, lleve su cruz todos los días y sígame”. ¿A dónde fue Nuestro Señor? A la cruz, a ser clavado sobre la cruz. Es hermoso hablar de la resurrección, pero no habría resurrección sin antes Cruz y pasión. La resurrección será para el cielo. Aquí abajo el sacerdote es a la vez sacerdote y víctima. Es lo único seguro en esta vida. Si están unidos al sacerdocio de Nuestro Señor, también están unidos a la hostia, a su sacrificio. Hoy en día el mundo se muere, la Iglesia está en esta crisis por no querer escuchar hablar de eso. Es como si se hubiera eliminado la cruz. Para la Iglesia, el único medio de salir adelante es abrazar de nuevo la cruz, exigir a sus ministros que abracen la cruz, que vivan del espíritu de Jesús. Este es el programa. Querer buscar otro camino es equivocarse. Eso no quiere decir que haya que ser masoquista. No. Quiere decir que hay que vivir de la caridad de Cristo. “No hay amor mayor que aquél que da su vida por sus amigos”. El amor de ustedes debe tener la misma extensión que el amor de Jesús. Si Jesús murió por todos, el sacerdote debe tener entonces la misma disposición. No sólo respecto a los que nos aman, que quieren para nosotros cosas buenas, sino también para todas las almas que el Padre eligió y entregó a su Hijo. Pidamos a Nuestra Señora esta caridad, esta fe inquebrantable. Pidamos este valor; pidamos poder llevar a las almas una paz que supera todas las tribulaciones, las contradicciones. Dios es más que todo eso. Que de esta manera se salven muchas almas. Que contribuyamos, con nuestra pobre y pequeña colaboración, a esta restauración de la Iglesia con la restauración del sacerdocio católico, por amor a la Iglesia, por el honor de Dios y su gloria.


Amén.

+ Bernard Fellay

Ecône, 29 de junio de 2009

La doctrina social de la Iglesia y los derechos subjetivos de la persona

Por Mons. Michel Schooyans


Mons. Michel Schooyans es catedrático emérito de Filosofía política y de ideologías contemporáneas de la Universidad Católica de Lovaina. Es miembro de la Academia Pontificia para la Vida, de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales y de la Academia Mejicana de Bioética. Es consultor del Consejo Pontificio para la Familia.





Su Excelencia Mons. Roland Minnerath
Arzobispo de Dijon
Miembro de la Academia

Invitados a la Asamblea: Sir Tony Blair y Sir Gordon Brown


n nombre de todos, deseo agradecer vivamente a Mons. Minnerath de habernos ofrecido una exposición suntuosa. Esta comunicación está ciertamente llamada a enriquecer la enseñanza social de la Iglesia sobre la cuestión de los derechos del hombre. Ella comporta en particular una contribución extremamente original sobre la cuestión crucial del fundamento de estos derechos. Se debe decir que sobre esta cuestión de los derechos del hombre, y más precisamente de los derechos subjetivos de la persona, hay una discrepancia - que Mons. Minnerath analiza con una gran penetración - entre dos tradiciones: la de la Iglesia, realista, y la de Ilustración, nominalista. Nuestro comentario contendrá dos partes netamente distintas: la primera se deducirá de la antropología filosófica. En la segunda, recurriremos más a la filosofía política para mostrar la fecundidad de las tesis expuestas por Mons. Minnerath cuando ellas son solicitadas para analizar problemas contemporáneos.

I. Los derechos del hombre revisitados

Los derechos del hombre y la tradición iluminista

La tradición de la Ilustración vinculó los derechos subjetivos a una concepción radicalmente individualista del hombre y a diversas teorías del contrato social. Esta tradición remonta ella misma a Guillermo de Occam (~1285-1349), para quien Dios es sujeto de una voluntad totalmente arbitraria, imprevisible puesto que indefinidamente cambiante. Es lo mismo para el hombre, que es también, sujeto de voluntad, la cual varía según los intereses y la utilidad del momento. Hobbes (1588-1679) aplica este nominalismo al derecho y a la política. Él afirma que la ley procede de la voluntad del príncipe. Él abre la vía al positivismo jurídico contemporáneo: es justo lo que el príncipe afirma que es justo. Según esta tradición desarrollada y difundida por la Ilustración, para que los hombres no se destrocen mutuamente, es necesario que ellos renuncien a hacerse justicia ellos mismos y que se pongan de acuerdo para instituir un dios mortal, el Leviatán, cuya función primera será definir lo que es justo o injusto, lo que hay que creer o no creer.
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3 de Julio, Festividad de San Ireneo de Lyon, Obispo y Mártir







os conserva recuerdos de su infancia el mismo San Ireneo en una carta suya escrita hacia el año 190 a un compañero de su niñez, Florino. Es un bello relato, lleno de vida y verdad. El antiguo condiscípulo se había afiliado a una secta gnóstica y el Santo trata de atraerle al buen camino.

"No te enseñaron estas doctrinas, oh Florino, los ancianos que nos precedieron, los que habían sido discípulos de los apóstoles. Te recuerdo, siendo yo niño, en el Asia inferior, junto a Policarpo. Brillabas tú entonces en la corte imperial y querías también hacerte querer de Policarpo. Recuerdo las cosas de entonces mejor que las recientes, tal vez porque lo que aprendimos de niños parece que va acompañándonos y afianzándose en nosotros según pasan los años. Podría señalar el sitio en que se sentaba Policarpo para enseñar, detallar sus entradas y salidas, su modo de vida, los rasgos de su fisonomía y las palabras que dirigía a las muchedumbres. Podría reproducir lo que nos contaba de su trato con Juan y los demás que vieron al Señor, y cómo repetía sus mismas palabras; lo que del Señor les había oído, de sus milagros, de sus palabras, cómo lo habían visto y oído, ellos que vieron al Verbo de vida. Todo esto lo repetía Policarpo, y siempre sus palabras estaban de acuerdo con las Escrituras. Yo oía esto con toda el alma y no lo anotaba por escrito porque me quedaba grabado en el corazón y lo voy pensando y repensando, por la gracia de Dios, cada día.”

"En la presencia del Señor podría yo ahora asegurar que aquel bienaventurado anciano, si oyera lo que tú enseñas, exclamaría, tapándose los oídos: "¡Señor! ¡A qué tiempos me has dejado llegar! ¡Que tenga que sufrir esto! Y seguramente huiría del lugar donde, de pié o sentado, oyese tales palabras."

Con estas suyas lreneo nos confía lo más hondo de su intimidad. Ha recibido la enseñanza, y se ha familiarizado con la presencia de Cristo junto a quien lo recibió de los que con Él convivieron; él es plenamente de Cristo; no puede sufrir que Cristo sea deformado por vanas especulaciones. Las palabras de Jesús, sus acciones salvadoras, sus milagros, tal como las recibió, en toda su autenticidad, son desde su niñez alimento de su espíritu, por la gracia de Dios las va repitiendo cada día; es desde niño cristiano de constante oración. Seguramente por ello son sus escritos tan densos, sus palabras tan llenas de significado.
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Para leer la hagiografía completa haga click sobre la imagen del Obispo Santo.


2 de julio de 2009

Alegría destituyente


por Nicolás Márquez (*)

Tomado de su blog

Todo aquel que tuviese una concepción política, filosófica o moral distinta de la que encarna el matrimonio presidencial, ha sido etiquetado ex cathedra como un elemento “destituyente”, tal la curiosa acusación que el régimen ha colocado a toda manifestación de pensamiento disidente o alternativo.



ues los “destituyentes”, que son más del 70% de los votantes del país, en los adelantados comicios del pasado domingo acabaron por aplastar de manera fulminante el proyecto político capitaneado por los cónyuges patagónicos, cuyo costo letal arrastró también a la corte de alcahuetes inmediatos del matrimonio de marras, puesto que los adulones antedichos oficiaron de indecorosos títeres aceptando sumisamente parodiar de candidatos “testimoniales” en la derrotada lista bonaerense del oficialismo.

De los cinco distritos electorales más importantes del país, el kirchnerismo salió cuarto en la Provincia de Córdoba, tercero en Santa Fé, cuarto en la ciudad de Buenos Aires, fue destrozado por las tropas de Julio Cobos en Mendoza y como golpe de gracia, en el único bastión en donde la banda kirchnerista podía practicar clientelismo y traficar miseria con total descaro e impunidad, también fue derrotada por la lista de Unión-Pro, encabezada por el empresario (y sepulturero ad hoc) Francisco de Narváez.

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Entrevista sobre el Dr. Jèrôme Lejeune




Por Mons. Michel Schooyans


Mons. Michel Schooyans es catedrático emérito de Filosofía política y de ideologías contemporáneas de la Universidad Católica de Lovaina. Es miembro de la Academia Pontificia para la Vida, de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales y de la Academia Mejicana de Bioética. Es consultor del Consejo Pontificio para la Familia.



¿Quién era para usted Jérôme Lejeune?

Era ante todo una referencia científica y moral indiscutible. Jérôme Lejeune era un gran señor del espíritu y del corazón. En un mundo en que impera un lenguaje lleno de trampas, su libertad de pensamiento impresionaba. La pasión por la verdad a buscar y a comunicar era su razón de vivir. Sus adversarios y enemigos debían de envidiarle esta soberana libertad que una cierta disciplina del arcano les prohibía. No obstante, a medida que se progresaba en el conocimiento de Jérôme, se descubría en él un poeta, capaz de maravillarse y de hacer compartir su admiración. En su caso, en un sentido, el poeta precedía al sabio. Era un enamorado de la vida, que tan bien sirvió y celebró.

¿Cómo fue que ustedes se encontraron?

A partir de los años 70, las discusiones sobre el aborto y su legalización se intensificaron. En este contexto, los defensores de la vida, aunque poco numerosos y disponiendo de pocos medios, comenzaron a conocerse mejor y a trabajar juntos. Había intercambio de artículos y, sobre todo, congresos internacionales muy animados. Hubo, por ejemplo, dos grandes congresos, uno a Ostende, el otro en Dublín; también otro muy importante a Paris, en el cual Jérôme estuvo, como siempre, brillante. Otras reuniones hubo en diversos países y en Roma. En estos encuentros participaban especialistas en diversas disciplinas; y constituyeron rápidamente una red mundial por la Vida. Es en este contexto muy estimulante que tuve el privilegio de encontrar al Profesor Lejeune. Con el correr del tiempo, nos volvimos a ver con frecuencia y sabíamos poder contar el uno con el otro en todo momento.
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Sobre las causas del orden político (1)



por D. Rubén Calderón Bouchet



Tomado de su libro Sobre las causas del orden político
Editorial Nuevo Orden
Buenos Aires, 1976







La pitié, la pitié réelle due á ces malhereux
et à ses semblables, présents et futurs,
est précisément la raison qui prescrit de
ne pas oublier autant que le fait notre siècle,
la justé protection due à la semènce des forts.

CHARLES MAURRAS

[La piedad, la piedad verdadera que es
debida a esos desdichados y a sus semejantes,
presentes y futuros, es precisamente la
razón que prescribe no olvidar, como lo
olvida nuestro siglo, la justa protección
debida a la semilla de los fuertes.]


Cuestiones preliminares


o basta decir que una ciencia tiene que fundarse en la observación de los hechos para que la cuestión metodológica quede terminada. La noción de "hecho" no es tan simple como parece y menos aún cuando se pretende determinar la especie a que tales hechos pertenecen. No puedo saber si un hecho es económico, político, físico o social si previamente no tengo una idea general de la realidad, lo bastante inteligente y reflexiva, que me permita dividirla en una serie de sectores capaces de ordenar la complejidad de su composición.

No basta estudiar hechos. Estos no tienen sentido si no se los observa a la luz de principios universales para ubicarlos con precisión en el orden real. Esta necesidad explica la costumbre escolástica de comenzar con una definición de aquello que se va a estudiar. El propósito es limitar el área de la investigación mediante un trazo firme de sus fronteras ónticas. De otra manera se parte a la deriva sin saber nada de los objetos buscados.

Los inductivistas a rajatablas consideran poco científicas las generalizaciones previas y con el sano propósito de terminar con el fantasma de "las lucubraciones silogísticas", olvidan un buen almacén de ideas universales, sin las cuales les sería muy difícil orientarse en el tupido bosque de los hechos. Un buen investigador en un preciso sector del universo necesita universalidad. Es decir: unidad intelectual en la apreciación de la multiplicidad real. El descubrimiento de la unidad de orden en la pluralidad de los entes, constituye el fundamento del saber filosófico.
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2 de Julio, Festividad de la Visitación de la Santísima Vírgen a su prima Santa Isabel




o propio del Espíritu Santo cuando entra en un corazón es echar de él toda tibieza. Él ama la prontitud, es enemigo de las dilaciones, de los retardos en la ejecución de la voluntad de Dios... “María...fue de prisa a la montaña”...(Lc 1,39)

¡Cuántas gracias llovieron sobre la casa de Zacarías cuando entró en ella María! Si Abrahán recibió tantas gracias por haber hospedado en su casa a los tres ángeles, ¡qué bendiciones caerían sobre la casa de Zacarías donde entró el “ángel del gran consejo”, la verdadera arca de la alianza, el profeta divino, Nuestro Señor recluido en el seno de María!

Toda la casa se llenó de alegría: el niño saltó en el vientre de su madre, el padre recobró el habla, la madre fue llena del Espíritu Santo y recibió el don de profecía. Viendo a Nuestra Señora entrar en su casa, exclamó: “¿cómo es posible que la madre de mi Señor venga a visitarme?”(Lc 1, 43) ... Y María, escuchando lo que su prima le decía en alabanza suya, se humilló y daba gloria a Dios de todo. Confesando que toda su felicidad le venía de Dios “que ha mirado la humildad de su sierva,” entonando este bello y admirable cántico del Magnificat.

¡Cómo no estar colmados de alegría, también nosotros, cuando nos visita este divino Salvador en el Santísimo Sacramento, y también por las gracias interiores, las palabras que diariamente nos dirige en nuestro corazón.

San Francisco de Sales



Magnificat
anima mea Dominum,
et exsultavit spiritus meus
in Deo salutari meo.
Quia respexit humilitatem ancillae suae,
ecce enim ex hoc beatam me dicent omnes generationes.
Quia fecit mihi magna qui potens est:
et sanctum nomen ejus,
et misericordia ejus a progenie in progenies
timentibus eum.
Fecit potentiam in brachio suo,
dispersit superbos mente cordis sui,
deposuit potentes de sede,
et exaltavit humiles,
esurientes implevit bonis,
et divites dimisit inanes.
Suscepit Israel puerum suum,
recordatus misericordiae suae,
sicut locutus est ad patres nostros,
Abraham et semini ejus in saecula.






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Para leer además las hagiografías de Santos Proceso y Martiniano, mártires y de San Otón, Obispo, haga click sobre este enlace.

1 de julio de 2009

Conciertos barrocos para trompeta y orquesta de cuerdas


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Para escuchar los conciertos de Tartini, Telemann y Fasch, haga click sobre la imagen de cualquiera de los autores.


Los medios de comunicación lo taparon: Escándalo pedófilo de Cohn-Bendit, el líder del Mayo francés







por JEAN-YVES LE GALLOU



Traducción tomada del Manifiesto






l ogro pertenece al imaginario europeo. A través de las leyendas y los cuentos, el ogro simboliza el monstruo frente al cual hay que proteger a los niños: el ogro es el adulto pedófilo que abusa sexualmente de menores de edad o les hace perder su inocencia.

Las confesiones del ogro

Daniel Cohn-Bendit se jactó de ser uno de ellos cuando trabajaba como monitor en una guardería alternativa de la Universidad de Frankfurt. En un texto autobiográfico, El Gran Bazar, habla de sus prácticas: “Ocurrió varias veces que algunos niños me abrieran la bragueta. Reaccioné de diferentes maneras, según las circunstancias, pero el deseo de aquellos niños me planteaba un problema. Yo les preguntaba: ¿por qué no jugáis juntos?, ¿por qué me elegís a mí y no a los otros niños? Pero, si insistían, de todos modos los acariciaba”.
El periódico El Observer encontró incluso un texto escrito por él mismo en un periódico alternativo de Frankfurt en 1976: “Mi permanente coqueteo con estos niños adquirió de pronto una tonalidad o giro erótica. Podía sentir perfectamente cómo las niñas de cinco años habían aprendido a excitarme. ¡Es casi increíble! La mayoría de las veces yo estaba un poco desarmado. (...) Me ha ocurrido varias veces que algunos niños me hayan abierto la bragueta y hayan empezado a acariciarme. Dependiendo de las circunstancias he reaccionado de diferentes maneras. Cuando lo querían, les he acariciado. Por ello se me ha acusado de perversión.”
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Para leer el artículo completo haga click (con asco) sobre el "jóven idealista" del ´68, devenido en viejo pervertido.

Letanías de la Preciosísima Sangre

LITANIAE PRETIOSISSIMI SANGUINIS D.N.I.C.

Kyrie, eleison Kyrie, eleison.
Christe, eleison
Christe, eleison.
Kyrie, eleison
Kyrie, eleison.
Christe, audi nos
Christe, audi nos.
Christe, exaudi nos.
Christe, exaudi nos.
Pater de caelis, Deus,
miserere nobis.
Fili, Redemptor mundi, Deus,
miserere nobis.
Spiritus Sancte, Deus,
miserere nobis.
Sancta Trinitas, unus Deus,
miserere nobis.

Sanguis Christi, Unigeniti Patris aeterni,
salva nos.
Sanguis Christi, Verbi Dei incarnati,
salva nos.
Sanguis Christi, Novi et Aeterni Testamenti,
salva nos.
Sanguis Christi, in agonia decurrens in terram,
salva nos.
Sanguis Christi, in flagellatione profluens,
salva nos.
Sanguis Christi, in coronatione spinarum emanans,
salva nos.
Sanguis Christi, in Cruce effusus,
salva nos.
Sanguis Christi, pretium nostrae salutis,
salva nos.
Sanguis Christi, sine quo non fit remissio,
salva nos.
Sanguis Christi, in Eucharistia potus et lavacrum animarum,
salva nos.
Sanguis Christi, flumen misericordiae,
salva nos.
Sanguis Christi, victor daemonum,
salva nos.
Sanguis Christi, fortitudo martyrum,
salva nos.
Sanguis Christi, virtus confessorum,
salva nos.
Sanguis Christi, germinans virgines,
salva nos.
Sanguis Christi, robur periclitantium,
salva nos.
Sanguis Christi, levamen laborantium,
salva nos.
Sanguis Christi, in fletu solatium,
salva nos.
Sanguis Christi, spes poenitentium,
salva nos.
Sanguis Christi, solamen morientium,
salva nos.
Sanguis Christi, pax et dulcedo cordium,
salva nos.
Sanguis Christi, pignus vitae aeternae,
salva nos.
Sanguis Christi, animas liberans de lacu Purgatorii,
salva nos.
Sanguis Christi, omni gloria et honore dignissimus,
salva nos.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi,
parce nobis, Domine.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi,
exaudi nos, Domine.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi,
miserere nobis, Domine.

V. Redimisti nos, Domine, in sanguine tuo.
R. Et fecisti nos Deo nostro regnum.

Oremus;

Omnipotens sempiterne Deus, qui unigenitum Filium tuum mundi Redemptorem constituisti, ac eius sanguine placari voluisti: concede, quaesumus, salutis nostrae pretium ita venerari, atque a praesentis vitae malis eius virtute defendi in terris, ut fructu perpetuo laetemur in caelis. Per eundem Christum Dominum nostrum.
R. Amen.

1 de Julio, Festividad de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo






anta, lengua, el misterio del Cuerpo glorioso y de la Sangre preciosa de Cristo; de esa Sangre, fruto de un seno generoso, que el Rey de las gentes derramó para rescate del mundo: "in mundi praetium"!

Pero, antes de que la lengua cante gozosa y el corazón se explaye en afectos de gratitud y amor, es necesario que medite la inteligencia las sublimidades del Misterio de Sangre que palpita en el centro mismo de la vida cristiana.

Hay tres hechos que se dan, de modo constante y universal, a través de la historia del hombre: la religión, el sacrificio y la efusión de sangre.

Los más eminentes antropólogos han considerado la religiosidad como uno de los atributos del género humano. La función céntrica de toda forma religioso-social ha sido siempre el sacrificio. Este se presenta como la ofrenda a Dios de alguna cosa útil al hombre, que la destruye en reconocimiento del supremo dominio del Señor sobre todas las cosas y con carácter expiatorio. Por lo que se refiere a la efusión de sangre, observamos que el sacrificio —al menos en su forma más eficaz y solemne— importa la idea de inmolación o mactación de una víctima, y, por lo mismo, el derramamiento de sangre, de modo que no hay religión que, en su sacrificio expiatorio, no lleve consigo efusión de sangre de las víctimas inmoladas a la divinidad.
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30 de junio de 2009

Dixit Dominus RV 807

ANTONIO VIVALDI (1678-1741)

Psalm 109 for SATB choir, soloists, two oboes, trumpet, bassoon, strings and basso continuo RV807*

Performed by the Kornerscher Sing-Verein Dresden and the Dresdner Instrumental-Concert
Featuring
Roberta Invernizzi, soprano I
Lucia Cirillo, soprano II
Sara Mingardo, contralto
Paul Agnew, tenor I
Thomas Cooley, tenor II
Sergio Foresti, bass I
Georg Zeppenfeld, bass II
Directed by Peter Kopp

*RV 807 was only recognized as a Vivaldi work in 2005 by Australian scholar Janice Stockigt and has never been recorded before the present recording. This is the longest and most impressive composition of the four improperly attributed to Baldassarre Galuppi (1706-1785).

Movimientos 1-4/11



1. Coro: Dixit Dominus

2. Coro: Donec ponam (coro, contralto)

3. Aria: Virgam virtutis tuae (soprano I)

4. Duetto: Tecum principium (tenore I & II)
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Estudio preliminar a la Antología de Vázquez de Mella (3)






por D. Rafael Gambra Ciudad








El concepto de soberanía social


l fundamento primero de éste que Mella llama sociedalismo es una concepción del hombre en la que se adelanta un cuarto de siglo a las actuales teorías personalistas -hostiles al individualismo- que, desde Max Scheler y Berdiaeff, se extienden hasta Brunner y Mounier. El concepto de individuo -dice Mella-, que tanto se repite y que sirve de centro a todo un sistema, si bien se mira, no es otra cosa más que un concepto puramente abstracto (5). Cada hombre es, en cierto modo, una condensación de la historia de su vida, y si, por un proceso de abstracción, se prescindiera de la evolución de su pasado vivido y de la tradición humana en que se halla inserto -esto es, de su tiempo real, personal y transpersonal-, no quedaría más que un inimaginable haz de potencias inactuadas, algo meramente potencial, exento de toda determinación. El hombre no es captable ni en su individualidad teórica, ni tampoco en su ser social, como pretende la sociología de corte universalista. Porque ambos son aspectos abstractos de una y única realidad.
(5) Obras Completas, tomo XI, pág. 49

Pero sea de la cuestión metafísica lo que fuere, lo cierto es que la experiencia no nos ofrece, desde luego, más que sólo hombre: el hombre concreto de carne y hueso, con sus peculiaridades individuales y sus tendencias sociales, que es el dato empírico de que habremos de partir. Máxime teniendo en cuenta que la política, como algo práctico -el arte de dirigir la nave del Estado-, ha de seguir al supuesto -según el adagio escolástico actiones sunt suppositorum-, en este caso, a la persona concreta. De aquí el absurdo de fundamentar una teoría política en una concepción abstracta del individuo que exige desembarazarle de todas las instituciones naturales que encuadran y completan su ser y su obrar, y que sea representado en la gobernación del Estado de un modo individual, según el principio de sufragio inorgánico. Porque, como dice Mella en un golpe de evidencia, "el verdadero individuo, en lo que tiene de más singular, que sería el carácter nativo, no es representable por nadie más que por él mismo" (6).
(6) Obras Completas, tomo VIII, pág. 150
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Epílogo del libro Estado Nuevo





por Víctor Pradera


Ha llegado a mis manos un tomo de las Obras Completas de Víctor Pradera, gracias al envío realizado por la Sra. María Luz López Pérez, a quien públicamente reitero mi agradecimiento.
Iré publicando, a medida que lo escanée, artículos de este vigoroso pensador católico político español, desconocido , o casi, de este lado de la mar océano, y me parece que olvidado allende.
Para quienes quieran conocer a este autor recomiendo estos artículos, publicados en esta bitácora hace un tiempo. ( éste, éste y éste en que además del artículo hay un enlace a su biografía.)
Aunque paradójico, comenzaré publicando el Epílogo de su libro El Estado Nuevo, porque brinda en ajustada síntesis una visión panorámica de lo expuesto en más de 300 páginas. (Nota del Editor).



Epílogo

o parece que se haya omitido punto alguno fundamental en la investigación del Estado que debe sustituir al concebido por la Revolución; y al llegar a su término, nos ocurre algo parecido a lo que acontenció a Chesterton, el gran paradojista inglés. Cuéntanos en su profunda y regocijada Ortodoxia, que, aun saturado en su primera época de todos los embustes anticristianos de la literatura escéptica, habíanse levantado en su espíritu dudas tan hondas, que se decidió a analizar cuidadosamente los argumentos de orden racional que el sectarismo oponía al dogma cristiano, y que, habiéndolo hecho, llegó a crear una filosofía de la vida para su uso particular.

Entróle entonces la comezón de cotejar los principios que habían llevado la paz a su alma con aquellos otros que son la base racional del Cristianismo, y que lo sobrenatural perfecciona e ilumina. Conmovido, observó que todo cuanto él había descubierto como cosa nueva hacía diecinueve siglos que lo predicaba a la Humanidad la Religión cristiana. Por ello, Chesterton, donosamente, se compara a un piloto que, habiendo calculado mal su derrotero, se imaginase descubrir durante la noche una nueva tierra, en los mares del Sur, que el amanecer iluminara—deshaciendo el error—como la vieja Inglaterra, descubierta muchos siglos antes en los del Norte.

En este estudio del Estado nuevo nos ha ocurrido cosa exactamente igual a la que aconteció al paradojista inglés: hemos descubierto que el nuevo Estado no es otro que el Estado español de los Reyes Católicos.