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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

25 de octubre de 2008

San Ezequiel Moreno, un obispo molesto


por el R.P José María Iraburu

Hechos de los Apóstoles en América



Riojano y agustino recoleto

A orillas del Ebro, en Alfaro, pequeña ciudad agrícola de la Rioja, el modesto sastre Félix Moreno y su mujer Josefa Díaz tuvieron seis hijos, cuatro hembras y dos varones, Eustaquio, el primogénito, y Ezequiel, nacido en 1848, cuarto de los hermanos. Creció Ezequiel en el marco de una familia muy cristiana, y acompañaba a su padre, aun en invierno, al rosario de la aurora. Siempre tuvo afición y buena voz para el canto, y se acompañaba bien con la guitarra. Eustaquio en cambio fue un buen violinista. Fue de chico Ezequiel monaguillo del convento de las dominicas, con las que guardó siempre una gran amistad.

Teniendo Ezequiel doce años, Eustaquio ingresó en el noviciado de los agustinos recoletos de Monteagudo, en Navarra, y teniendo dieciséis, murió su padre, con lo que la familia se vió en muy difícil situación económica. La señora Josefa tuvo que sacar adelante la familia con muchos y diversos trabajos. Entre otros, ayudada por Ezequiel, vendía hilo y baratijas en la plaza de Alfaro. Por eso, cuando Ezequiel dijo a su madre que él también quería ser agustino recoleto, ella trató de disuadirle, haciéndole ver que si fuera sacerdote diocesano podría ayudar a la familia. Sin embargo, como buena madre cristiana, supo ceder a sus insistentes razones.

La vocación, según parece, la tenía desde niño. Contaba la madre Catalina Les, sacristana de las dominicas, que siendo Ezequiel muy pequeño, le preguntaron en el convento qué iba a ser de mayor. «Fraile», contestó sin dudarlo. «¡Tú, fraile!, le dijeron, tan calandrajo [pequeño, poca cosa], ¿para qué te quieren?». Pero él, sin inmutarse, solucionó el problema: «Ya me pondré un sombrero de copa, para ser más alto».

En este resumen biográfico de San Ezequiel Moreno nos atendremos a las Cartas pastorales, circulares y otros escritos, a los dos tomos de sus Cartas privadas, que fueron publicadas por su primer biógrafo, el agustino recoleto Toribio Minguella, obispo de Sigüenza. Y seguiremos también la obra Beato Ezequiel Moreno, el camino del deber, escrita por fray Angel Martínez Cuesta, también agustino recoleto.

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para leer la biografía de este excepcional Obispo, haga click sobre su imagen.

El Papa San Pío X: Memorias (4)


por S.E.R. Cardenal Rafael Merry del Val



PÍO X Y SU PRIMERA RECEPCIÓN DEL CUERPO DIPLOMÁTICO




Casi inmediatamente después de su elección, el Santo Pa­dre debía recibir al Cuerpo Diplomático. El Decano, señor D'Antas, Embajador portugués, fue el encargado de solicitar la audiencia. Dado el excesivo calor, y con objeto de evitar a Su Santidad un cansancio innecesario, satisfaciendo al miemo tiempo la conveniencia de los representantes diplomáti­cos, deseosos de abandonar Roma y comenzar su acostum­brado descanso, se decidió organizar una recepción colectiva. El señor D'Antas se comprometió a representar a sus colegas dirigiendo unas palabras de homenaje al Santo Padre en nombre de sus respectivos Soberanos y Gobiernos. Fue, pues, fijada la audiencia para el 6 de agosto.

Aquella mañana, a las once, empezaron a llegar al Vatica­no embajadores y ministros en uniforme de gala, acompaña­dos de su personal de secretarios y agregados. Uno de estos últimos me confesaba más tarde que, a medida que subían la escalera por grupos, expresaban muchos de ellos la curiosi­dad que sentían por ver la manera con que serían recibidos por el nuevo Pontífice. La empresa constituiría, sin duda, una dura prueba para éste —decía—; se mostraría turbado no es­tando acostumbrado a desenvolverse en ceremonias de corte. Contrariamente a su ilustre predecesor, León XIII, el nuevo Pontífice era de origen humilde, y los informes que de el se conocían le retrataban preeminentemente como un cura ru­ral. El pronóstico trajo a mi memoria las palabras de Natanael: "Pero ¿es que de Nazareth puede salir algo bueno?" Felipe le dijo: "Ven y ve."

No estuve presente a la recepción, pues yo no tenía puesto en la misma. Me encontraba trabajando en la Sala Borgia, cuando entró mi capellán a decirme era intención del Cuerpo Diplomático hacerme una visita como Pro-Secretario de Esta­do, inmediatamente después de la audiencia con Su Santi­dad. Las amplias habitaciones Borgia eran suficientes y capa­ces para albergar, incluso, a mayor número de personas, y rápidamente pude prepararlas para recibir a mis visitantes. Todos llegaron, poco después, con sus brillantes atuendos. Los Enviados se sentaron en semicírculo, con sus secretarios, en pie, detrás de ellos. Después de un intercambio de frases de mutuo saludo, se hizo un gran silencio y pude observar que todos tenían la expresión un tanto seria. La conversación se abría camino laboriosamente. Les pregunté si estaban satisfechos de la au­diencia, si les había dirigido la palabra Su Santidad y otras minucias semejantes. Las respuestas me llegaban casi en monosílabos. Sí, se hallaban muy satisfechos. El Santo Padre les había honrado con unas breves palabras, les había recibi­do con la mayor cordialidad, etc., etc.

Volvió a reinar el silencio, y comencé a sentirme un poco incómodo. Me preguntaba a mí mismo lo que habría sucedi­do arriba; si habría habido algún roce desagradable o alguna equivocación lamentable; ¿cuál podría ser, si no, la causa de aquel malestar evidente y de aquella grave actitud. Bruscamente, el representante de Prusia se decidió a hablar claro: "Monseñor —exclamó—, díganos, ¿qué tiene este hombre que tanto nos atrae?" "Sí, sí, díganoslo", repitieron los demás como un eco.

Un poco sorprendido, les pregunté si había sucedido algo fuera de lo común durante la audiencia y en qué razón se fundaban para dirigirme tal pregunta. No, nada excepcional había pasado. Su Santidad —me dijeron— no les había entre­tenido mucho tiempo, y, al terminar su breve alocución, con­testando al discurso del Decano, el Santo Padre se había diri­gido personalmente a saludar a cada uno de ellos, retirándo­se después, pero dejándoles sous le charme de sa personalité (bajo el encanto de su personalidad). Todo lo que pude obser­varles fue que yo mismo había visto por primera vez a Su Santidad muy pocos días antes, y había quedado igualmente impresionado por su carácter y el encanto de su personali­dad. No les ofrecí ninguna otra explicación. Pero cuando los visitantes se habían marchado, sus pala­bras continuaban presentes en mi mente; y a la pregunta de: "¿Por qué nos atrae de ese modo?", me parecía escuchar la respuesta: "Porque es un hombre de Dios."

Lejos de disminuir, este sentimiento de honda veneración y estima hacia Pío X fue acrecentándose, a medida que transcurría el tiempo, entre los miembros del Cuerpo Diplomático. Y esta sensación no se limitaba a los representantes católicos. Era igualmente compartida, y con gran intensidad, por lodos los demás. Hasta en aquellos momentos en que surgieran serias divergencias y conflictos entre la Santa Sede y sus Gobiernos, estu­vo siempre patente la consideración especial y la reverencia de los diplomáticos experimentaban personalmente por el Santo Padre. Les inspiraba, invariablemente, en toda ocasión gran confianza, y ellos, a a su vez, dieron constantes muestras de la que depositaban en su no fingida sinceridad y en la elevación y pureza de sus miras. Comprendían perfectamen­te que cuando actuaba con energía en nombre de la Iglesia, y aun cuando mostraba severidad en las medidas que adoptaba en defensa de sus derechos, lo hacía sin amargura y guiado tan sólo por la íntima convicción de su enorme responsabilidad.

Esto se demostró de modo muy especial al tiempo de su muerte, y creo que, muy raras veces, el fallecimiento de un Pontífice produjo dolor tan verdadero e impresión tan pro­funda de pérdida personal entre los miembros del Cuerpo Diplomático como en aquella ocasión Pude observar a más de uno conmovido hasta las lágrimas, y recuerdo exactamen­te cómo un representante no católico, hablando del Santo Padre en la mañana siguiente a su muerte, al expresar su condolencia, salía diciendo que pensaba solicitar de su Go­bierno el traslado a otro puesto, ya que cualquiera que fuere el nuevo Pontífice elegido, Roma no volvería a ser para él la misma que había sido con Pío X.

Aquel mismo día, otro de los plenipotenciarios, refirién­dose a la situación agitada de Europa y al estallido de la gran guerra, exclamó en m presencia: "El último destello y espe­ranza de paz se ha extinguido con la desaparición de Pío X, ya no nos rodean si no tinieblas por todas partes." "Hemos tenido nuestros desacuerdos y momentos difíciles bajo el Pon­tífice fallecido —decía uno de los representantes no católi­cos—; pero siempre podía uno darse perfecta cuenta de los elevados propósitos de Su Santidad, de su apreciación de las dificultades de la otra parte y de la rectitud de sus intenciones."

25 de Octubre, Conmemoración de San Crisanto y Santa Daria, Mártires



San Crisanto y Santa Daría no pudieron ser inducidos, ni por las amenazas ni por las promesas, a adorar a los ídolos. Viéndolos firmes y dispuestos a morir antes que ofender a Dios, el tirano hizo envolver a Crisanto en la piel de un buey y lo expuso así a los ardores de un sol ardiente; hizo conducir a Daría a un lugar de libertinaje, pero un león la defendió contra las infames tentativas de sus enemigos. Entonces el tirano los hizo arrojar a los dos en un gran brasero, pero salieron de entre las llamas sin haber experimentado mal alguno. Por fin, fueron conducidos a un arenal y allí enterrados vivos bajo un montón de piedras.

24 de octubre de 2008

Poesía



ORACIÓN A LA LUZ

Señor: yo sé que en la mañana pura
de este mundo, tu diestra generosa
hizo la luz antes que toda cosa
porque todo tuviera su figura.

Yo sé que te refleja la segura
línea inmortal del lirio y de la rosa
mejor que la embriagada y temerosa
música de los vientos en la altura.

Por eso te celebro yo en el frío
pensar exacto a la verdad sujeto
y en la ribera sin temblor del río:

por eso yo te adoro, mudo y quieto:
y por eso, Señor, el dolor mío
por llegar a Ti se hizo soneto.





José María Pemán

23 de Octubre, Festividad de San Antonio María Claret, Obispo y Confesor

Por involuntario error omití, en el día de ayer, actualizar el Santoral. En desgravio de San Antonio María Claret, y de los lectores, haciendo click sobre la imagen del Santo Arzobispo y Fundador, se abre un enlace a su Autobiografía, que si bien es larga es sumamente edificante.



Oración Apostólica de San Antonio María Claret



Señor y Padre mio,
que te conozca
y te haga conocer,
que te ame
y te haga amar;
que te sirva
y te haga servir;
que te alabe
y te haga alabar
por todas las criaturas
.

La Cristiandad, una realidad histórica (1)


por el R.P. Alfredo Sáenz, S.J.

«Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados. Entonces aquella energía propia de la sabiduría cristiana, aquella su divina virtud había compenetrado las leyes, las instituciones, las costumbres de los pueblos, impregnando todas las clases y relaciones de la sociedad; la religión fundada por Jesucristo, colocada firmemente sobre el grado de honor y de altura que le corresponde, florecía en todas partes secundada por el agrado y adhesión de los príncipes y por la tutelar y legítima deferencia de los magistrados; y el sacerdocio y el imperio, concordes entre sí, departían con toda felicidad en amigable consorcio de voluntades e intereses. Organizada de este modo la sociedad civil, produjo bienes superiores a toda esperanza. Todavía subsiste la memoria de ellos y quedará consignada en un sinnúmero de monumentos históricos, ilustres e indelebles, que ninguna corruptora habilidad de los adversarios podrá nunca desvirtuar ni oscurecer».
León XIII, Immortale Dei, 1885, 28.
Presentación del Autor

En el año 1991 dicté un curso sobre la Cristiandad a solicitud de la Corporación de Abogados Católicos. Me pareció un ofrecimiento interesante ya que si bien pululan las monografías sobre la Edad Media, apenas sí se ha intentado la exposición de una visión panorámica que incluya la diversidad de los aspectos que caracterizan a dicho período. Me puse, pues, a bucear en la abundantísima literatura medievalista. Y de dicha lectura brotó el curso, dictado en ocho conferencias, cada una de ellas desdoblada en dos.

Más allá de mis expectativas, el curso fue seguido por un público numeroso, selecto, evidentemente interesado en los distintos temas que lo jalonaban. Durante el transcurso, y especialmente al término del mismo, varios de los asistentes me preguntaron si no pensaba publicar las ponencias. Mi respuesta, reiterada una y otra vez, fue negativa, ya que pensaba no haber dicho nada original, ni tratarse de un trabajo de investigación científica. En las conferencias eslabonaba una cita con otra, no declarando siempre su origen, como es normal en el estilo hablado. El único mérito, si lo hubo, lo constituía la síntesis de todo lo leído, y el abanico de temas que posibilitaba la comprensión de lo que fue la Weltanschauung medieval.

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El pensamiento de la Revolución Nacional


por el Dr. Antonio de Oliveira Salazar
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Para que sirva de prefacio

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Este libro se titula Discursos más por la facilidad del nombre que por la exactitud de la expresión. Con mayor propiedad debería deno­minarse: Trozos de prosa que fueron pronuncia­dos. Lo fueron por su autor ante auditorios más o menos numerosos, y al escribirlos originaria­mente con tal destino, no podía darles cualida­des impropias de esa finalidad.
La oratoria tiene sus exigencias y sus reglas, descubiertas por la razón y por la experiencia, y propias para la consecución de sus objetivos; pero la verdadera elocuencia no se logra con satisfacer íntegramente esas exigencias y obe­decer fielmente esas reglas. La elocuencia no es el brillo de la forma, ni la locuacidad del orador, ni la claridad del asunto, ni la corrección,ni del decir, ni la majestad y movimiento de la exposición, ni la propiedad de los gestos, ni la riqueza de las modulaciones vocales: nada de ésto por si solo, aunque ciertamente sea algo de todo ello; es por encima de todo, don misterioso de comunicabilidad por la palabra hablada, que muy pocos hombres poseen, y con el cual, según los términos clásicos, se convence, se deleita y se persuade a los oyentes. Como obra de arte, el discurso tiene sobre todas las otras la excelencia, y al mismo tiempo la fragilidad, de ser obra viva, imposible de conservarse en el tiempo: solo existe en toda su plenitud y perfección en el momento mismo en que es creada. Después, quedan los trazos de las ideas y las cenizas de las pasiones, apagadas, muertas, sin alma.
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El Papa San Pío X: Memorias (3)


por S.E.R. Cardenal Rafael Merry del Val
MI PRIMERA AUDIENCIA CON PIO X
Había terminado el Conclave. Después de rendir home­naje, de acuerdo con el ceremonial, al Pontífice recien­temente elegido, los Cardenales abandonaron el Vaticano para reintegrarse a sus respectivas residencias en varias partes de la ciudad.Las últimas horas de aquel día memorable las in­vertí, sentado ante mi mesa, en la Sala Borgia, revisando pa­peles y despachando los asuntos más urgentes que habría de ultimar antes de emprender mi regreso.
Al ser elegido el Papa, aquella mañana del día 4 de agosto, le acompañé desde su puesto en la Capilla Sixtina, a una ha­bitación pequeña, contigua al lado del Evangelio, donde el Santo Padre se puso la sotana blanca y donde tuve el privile­gio de colocar el también blanco solideo sobre su cabeza. Se dirigió entonces a ocupar su puesto en la silla colocada frente al altar mayor.
Ante él desfilaron, por turno, en la forma acos­tumbrada e inclinándose en señal de obediencia al nuevo Papa, todos los Cardenales. En este intervalo, el Cardenal diácono más antiguo, Monseñor Macchi, abandonó la Capilla Sixtina para ir a proclamar la elección de Su Santidad desde el bal­cón principal que mira a la gran plaza de San Pedro.
Inmediatamente después, es costumbre que el Papa dé su primera bendición solemne Urbi et Orbi.
El maestro de ceremonias, Monseñor Riggi, preguntó al nuevo Pontífice si pen­saba hacerlo así desde la loggia interior de la Basílica o desde la exterior que domina la ciudad. El Santo Padre volvióse ha­cia mí, preguntándome cuál era la opinión del Sacro Colegio a este respecto. Por indicación del Cardenal Decano, a quien transmití la pregunta, informé a Su Santidad que el Colegio de Cardenales había examinado la cuestión antes del Conclave, en reunión a la que él no había asistido, y aun cuando se inclinaban por la conveniencia de que la bendi­ción papal fuera dada dentro del recinto de la Basílica, si­guiendo el ejemplo de León XIII, no querían coartar la liber­tad de Su Santidad y dejaban el asunto a su decisión .
"Me someteré a la opinión del Sacro Colegio", fue la respuesta del Papa. Al preguntarle yo si deseaba dirigirse en seguida a San Pedro a este propósito o prefería aplazarlo para horas más tarde, contestó que le era indiferente y que obraría según se estimase más oportuno. Me atreví a sugerirle mi opinión de que tal vez fuera mejor no demorar la ceremonia, y así se hizo.
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24 de Octubre, Festividad de San Rafael Arcángel


El Arcángel San Rafael, uno de los espíritus celestiales que, gozando de la beatífica y eternal presencia de Dios, se nos han manifestado nominalmente, fue enviado por divina dignación para destacar dos hechos importantes de tal protección: la curación de Sara de la opresión del demonio y la curación de la ceguera de Tobías, juntamente con la protección viandante al joven Tobías. Es por ello que la Iglesia, particularmente en España, celebra su fiesta con especial veneración; siendo muchas las instituciones puestas bajo su especial patronazgo, entre ellas, las fuerzas municipales de la Guardia Urbana y la Orden de San Juan de Dios en sus hospitales.

— Fiesta: 24 de octubre. Misa propia.
Es San Rafael uno de les tres santos mílites de la corte celestial que nominalmente venera la Madre Iglesia y destaca como dignos de veneración particular. Su historia está referida en el Libro de Tobías del Antiguo Testamento. Se cuenta en dicho Libro que el santo Patriarca Tobías de la Ley mosaica destacaba por su virtud y temor de Dios, practicando todas las obras de misericordia y caridad. Permitió el Señor, no obstante, que sufriera tribulaciones y trabajos: fue cautivo en Nínive de Salmanasar, perdió sus bienes y hacienda y hasta fue condenado a muerte por el rey Senaquerib, librándose de ella mediante la fuga. Al regreso a su casa, dedicóse nuevamente a obras de misericordia.
Fatigado un día del trabajo de enterrar a los muertos, israelitas como él y víctimas de las iras del rey, quiso descansar junto a una pared, cayéndole entonces en los ojos, mientras dormía, inmundicias de un nido de golondrinas y quedando por ello ciego. Sobrellevó con admirable paciencia y resignación esta prueba del Señor, soportando hasta agravios y ofensas de su mujer y amigos, que se burlaban y hacían mofa del poco provecho que sus penitencias y virtudes le habían traído. “Todo ello le causaba profunda pena, por lo que rogaba fervientemente al Señor auxilio y consuelo. Al mismo tiempo que Tobías insistía en tales fervientes súplicas, una doncella llamada Sara, hija de Raguel, vecina de Rages, ciudad de los medos, rogaba también a Dios la librara de la desgracia que la afligía, con la muerte de sus varios esposos, apenas contraía matrimonio. Oyó el Señor las oraciones de Tobías y de Sara y envió a su Arcángel Rafael para aliviarlos.
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23 de octubre de 2008

Otra perlita

"A propósito de desvaríos papales en épocas turbulentas, recuerdo que un jesuita, Juan Manuel Ganuza, navarro de nación, que fue a terminar su larga y fructífera vida en un barrio marginal de Caracas, me decía años ha, con afinada ironía, que si no existieran, además de la fe, otros medios para demostrar el origen divino de la Iglesia católica, bastaría con el hecho de que veinte siglos en manos de la curia romana, aún dure."

José Antonio Navarro Gisbert, El Manifiesto

Menéndez Pelayo: el abuelo de la derecha católica española


Por José Javier Esparza

Tomado de COPE

Pocos se acuerdan ya de aquella sectaria directora de la Biblioteca Nacional que, borracha de furia progresista, ordenó retirar una estatua de Menéndez Pelayo. El caso es que, gracias a aquel disparate, muchos españoles, contraeducados en la tiranía del pensamiento único progre, descubrieron entonces la existencia de Menéndez Pelayo. Y aprendieron, tal vez, que ese era el nombre de uno de los mayores sabios de la Historia de España; una torre cuya sombra sigue dando cobijo a nuestra cultura, a pesar de esa cuadrilla de ratones que roe inútilmente sus cimientos. Un tipo, don Marcelino, de inteligencia superdotada, que hablaba ocho lenguas antiguas y modernas, con una capacidad de trabajo descomunal y una memoria tan portentosa que podía recitar al pie de la letra un libro que acababa de leer. Un auténtico genio.


¿Por qué aquella saña contra don Marcelino? Por una razón muy simple: Menéndez Pelayo es el principal referente intelectual de la derecha tradicional y católica española.

Como tal, su pensamiento fue recogido por Acción Española y, después, por influyentes sectores del régimen de Franco. Terribles delitos que convirtieron a don Marcelino en un autor “maldito”, condenado al olvido: por políticamente incorrecto. ¿Y tan incorrecto es? Hoy sí, sin duda. Pero precisamente por eso nos interesa.

¿Quién era Marcelino Menéndez Pelayo? Vamos a empezar por el principio. Estamos en Santander, en 1868. Un periódico local, La abeja montañesa, ha publicado un acertijo para que los lectores se rompan la cabeza. Reza así: ¿Qué ocurrió en España en la segunda hora de la segunda mitad del segundo día del segundo mes del segundo año de la segunda mitad del segundo siglo del establecimiento de la dinastía de Doña Isabel II de Borbón? Es un laberinto. Nadie lo sabe. ¿Nadie? No: al día siguiente, 23 de junio de 1868, un niño de once años responde al problema:

“Al Sr. Director de La Abeja Montañesa. Muy Sr. mío: Ha llamado mi atención el problema histórico que insertan ustedes en el n.º 143 de su apreciable periódico, y después de haber pensado un poco sobre ello, me parece que el hecho más notable ocurrido en España en la 2.ª hora de la 2.ª mitad del 2.º día del 2.º mes del 2.º año de la 2.ª mitad del 2.º siglo del establecimiento de la dinastía de Doña Isabel II de Borbón, o sea el 2 de Febrero de 1852, a las dos de la tarde, es la tentativa de regicidio del cura Merino contra la persona de nuestra actual soberana. Suplico a Vd. dispense la libertad que se toma su afectísimo…”.

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Orientaciones hacia un nuevo Estado



por José Antonio Primo de Rivera




El Estado liberal no cree en nada, ni siquiera en sí mismo. El Estado liberal permite que todo se ponga en duda, incluso la conveniencia de que él mismo exista.Para el gobernante liberal, tan lícita es la doctrina de que el Estado debe ser sustituido. Es decir, que puesto a la cabeza de un Estado hecho, no cree ni siquiera en la bondad, en la justicia, en la conveniencia del Estado ese.
Tal un capitán de navío que no estuviera seguro de si es mejor la arribada ó el naufragio.
La actitud liberal es una manera de tomar a broma el propio destino; con ello es lícito encaramarse a los puestos de mando sin creer siquiera en que debe haber puesto de mando ni sentir que obliguen a nada, ni aun a defenderlos.Sólo hay una limitación: la Ley. Eso sí; puede intentarse la destrucción de todo lo existente, pero sin salirse de las formas legales.
Ahora que, ¿qué es la Ley? Tampoco ningún concepto referido a principios constantes. La Ley es la expresión de la voluntad soberana del pueblo; prácticamente, de la mayoría electoral.
De ahí dos notas:Primera. La Ley –el Derecho– no se justifica para el liberalismo por su fin, sino por su origen. Las escuelas que persiguen como meta permanente el bien público consideran buena ley la que se pone al servicio de tal fin, y mala ley, la promulgue quien la promulgue, la que se aparta de tal fin. La escuela democrática –ya la democracia es la forma en que se siente mejor expresado el pensamiento liberal– estima que una Ley es buena y legítima si ha logrado la aquiescencia de la mayoría de los sufragios, así contenga en sus preceptos las atrocidades mayores.
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Juan Donoso Cortés: Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo (12)



Capítulo V
Secretas analogías entre las perturbaciones físicas
y las morales, derivadas todas de la la libertad humana


Hasta dónde hayan ido a parar los estragos de la culpa y hasta qué punto se haya cambiado el semblante todo de la creación con tan notable desvarío, es cosa sustraída a las humanas investigaciones; pero lo que está puesto fuera de toda duda es que padecieron degradación juntamente en Adán su espíritu y su carne, por orgulloso aquél y ésta por concupiscente.

Siendo una misma la causa de la degradación física y de la moral, entrambas ofrecen portentosas analogías y equivalencias en sus varias manifestaciones.

Ya dijimos que el pecado, causa primitiva de toda degradación, no fue otra cosa sino un desorden; y como consistiese el orden en el perfecto equilibrio de todas las cosas criadas, y ese equilibrio en la subordinación jerárquica que mantienen unas con otras y en la absoluta que todas mantenían con su Criador, síguese de aquí que el pecado o el desorden, que es una cosa misma, no consistió en otra cosa sino en la relajación de esas subordinaciones jerárquicas que tenían las cosas entre sí y de la absoluta en que estaban respecto al Ser supremo, o lo que es lo mismo, en el quebrantamiento de aquel perfecto equilibrio y de aquella maravillosa trabazón en que fueron puestas todas las cosas. Y como quiera que los efectos son siempre análogos a sus causas, todos los efectos de la culpa vinieron a ser, hasta cierto punto, lo que ellas: un desorden, una desunión, un desequilibrio. El pecado fue la desunión del hombre y de Dios. El pecado produjo un desorden moral y un desorden físico. El desorden moral consistió en la ignorancia del entendimiento y en la flaqueza de la voluntad; la ignorancia del entendimiento no fue otra cosa sino su desunión del entendimiento divino; la flaqueza de la voluntad estuvo en su desunión de la voluntad suprema. El desorden físico producido por el pecado consistió en la enfermedad y en la muerte. Ahora bien: la enfermedad no es otra cosa sino el desorden, la desunión, el desequilibrio de las partes constitutivas de nuestro cuerpo; la muerte no es otra cosa sino esa misma desunión, ese mismo desorden, ese mismo desequilibrio, llevado hasta el último punto. Luego el desorden físico y moral, la ignorancia y la flaqueza de la voluntad, por una parte, y la enfermedad y la muerte, por otra, son una cosa misma.
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Catecismo para adultos (2)


por el R.P. Leonardo Castellani

PROLOGO

En el año 1975, un grupo de amigos propuso al Padre Castellani que dictara un curso de teología. El Padre se negó, con buenas razones para ello. La teología no puede enseñarse adujo en unas pocas clases y además requiere una base filosófica seria y el conocimiento previo del latín. Por fin accedió a dar un "Curso de Catecismo para Universitarios". Con lo que se quería decir para cristianos con una cierta preparación, ya que muchos de los asistentes no eran Universitarios.


¿Cuál fué la razón de que se insistiera tanto en que el curso se realizara? La angustiosa necesidad de que se explicara con seriedad, profundidad y claridad, las verdades eternas. "Una especie de niebla ofuscó entonces sus mentes, y ya no podían distinguir en medio de tanta confusión de ideas, cuál era el camino seguro que debían seguir. Solamente el verdadero y fiel discípulo de Cristo, que prefirió la "antigua fe a la nueva perfidia no fué contaminado por aquella peste contagiosa" escribía San Vicente de Lerins. Y este pensamiento, después de tantos siglos, parece dado teniendo a la vista la peste contagiosa, la nueva perfidia del progresismo.

Durante dieciséis sábados de aquel año, el Padre desarrolló su curso en el viejo local de Patria Grande.

La necesidad de doctrina clara no es hoy menos imperiosa que entonces. El modernismo ha seguido haciendo camino y existe el peligro que hayamos aprendido a convivir con el y que ya nos sea difícil distinguir entre la fe límpida de nuestros padres y el cieno de la novedad, como mandaba el Papa San Sixto. Por ello algunos amigos de Patria Grande decidieron publicar en forma de libro la grabación de aquellas clases. El lector deberá tener esto en cuenta, para comprender algunas repeticiones, algunas salidas de tema, algún aparente desorden. El lanzamiento de esta edición se hace como solitario homenaje al Padre, al cumplir sus ochenta años de vida dedicada al servicio de Dios y de la Patria. Solitario homenaje pues han callado sus colegas y hasta los mismos "castellanistas" y, ni que decir, la prensa "seria" y "libre".
Homenaje solitario con un libro solitario. En la barahúnda ponzoñosa de los "catecismos" holandeses, franceses, canadienses que inunda los escaparates de nuestras librerías "católicas", gozándose en las novedades profanas y sintiendo hastío de los dogmas de la verdadera Iglesia, un catecismo que trasmita en forma impoluta las enseñanzas de nuestra fe eterna será una estrella solitaria. Pero una estrella de esperanza.


Grupo Patria Grande


¿Qué cosa es Dios?

— Decid, ¿qué cosa es Dios, oh luces bellas?..

— ¡Orden! — me respondieron las estrellas.

— Decid, ¿qué cosa es Dios, flores hermosas?

— ¡Belleza! — respondiéronme las rosas.

— Decid, ¿qué cosa es Dios, oh Madre mía.

— y Ella, mirando al Crucifijo:

— Amor es Dios — me dijo...

— Amor más puro que la luz del día.

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22 de octubre de 2008

El Papa San Pío X: Memorias (2)


Por S. E. R. Cardenal Rafael Merry del Val





MI PRIMER ENCUENTRO CON SU EMINENCIA EL CARDENAL SARTO


Aunque parezca extraño, es no obstante un hecho real que nunca me había encontrado con Su Eminencia el Cardenal Sarto hasta finales de julio de 1903, en ocasión de reunirser en Cónclave el Sacro Colegio,después de la muerte de Su Santidad el Papa León XIII. Conocía entonces, por lo menos de vista, a todos los Car­denales que, con tal motivo, habían acudido a Roma, y podía identificar a cada uno de ellos. Durante los ocho años que permanecí en el Vaticano asistiendo a León Xlll, pude tratar de cerca a acasi todos los miembros del Sacro Colegio; pero por una u otra causa nunca había coincidido con el Cardenal Sarto. El lunes 3 de agosto de 1903, tuve el privilegio de hablar con él por vez primera.

La víspera de dicho día había sido testigo del odioso veto promovido por los políticos austríacos al Cardenal Rampolla. Tengo la íntima conviccción de que éste no hubiera resultado elegido en ningún caso, ya que la mayoría de los votantes estaban firmemente decididos a elegir otro candidato. Pero estuvo a punto de obtener los votos necesarios, preci­samente cuando la actitud que adoptó el Cardenal Puszyma, en nombre del Emperador de Austria, produjo una fuerte reacción y un impulso de protesta a toda costa, en defensa de la libertad del Conclave y de los derechos de la Santa Iglesia. El Cardenal decano, Oreglia di Santo Stefano, inmediata­mente después de la primera sesión celebrada en la Capilla Sixtina, en la mañana del lunes 3 de agosto, habló conmigo seriamente y a la larga de su creciente ansiedad respecto a la elección.

"No parecía haber —me dijo— ninguna probabili­dad de acabar pronto, si el Cardenal Sarto, cuyos votos ha­bían ido aumentando progresivamente, persistía en su actitud de resistencia, oponiéndose a aceptar el Papado." Su Eminen­cia se creía obligado, en conciencia, a no permitir que la si­tuación se demorara indefinidamente, y por ello me rogaba me pusiera al habla con el Cardenal Sarto para transmitirle el siguiente mensaje: Habría de preguntarle, en nombre del Cardenal Decano, si estaba dispuesto a persistir en su negativa a ser elegido y, en caso afirmativo, si autorizaba a Su Eminencia a declararlo así definitiva y públicamente ante el Conclave reunido en la se­sión de la tarde, a fin de que el citado Cardenal Decano hi­ciera ver a sus colegas la conveniencia de elegir otro candi­dato.

Siguiendo esta indicación, fui en busca del Cardenal Sarto. Me informaron que se hallaba en su habitación y que, proba­blemente, lo encontraría en la Capilla Paolina, a la que me dirigí apresuradamente para cumplir mi encargo. Sería cerca del mediodía cuando entré en la silenciosa y oscura capilla. La lámpara del Sagrario brillaba ardiente con otras velas encendidas en el altar y colocadas a ambos lados del cuadro de Nuestra Señora del Buen Consejo. Vi a un Cardenal arrodillado sobre el suelo de mármol, a alguna distancia del comulgatorio, en oración ante el tabernáculo, con la cabeza entre las manos y los codos apo­yados sobre uno de los bancos de madera. No recuerdo la presencia de ninguna otra persona en la capilla en aquel momento. Era el Cardenal Sarto. Me arrodillé a su lado, y en voz baja le confié el mensaje recibido. Su Eminencia levantó la cabeza, volviéndola hacia mí len­tamente, mientras que escuchaba.

Las lágrimas se despren­dían de sus ojos y yo casi contuve la respiración en espera de la respuesta. "Sí, sí Monsignore—contestó amablemente—; dica al Cardinale che mi faccia questa carita'' (Sí, sí, Monse­ñor: diga al Cardenal que me haga esta caridad). Parecía repetir, como un eco, las palabras de su Divino Maestro en Getsemaní: "Transeat a me calix iste."

El fíat tardaría aún en venir. Las únicas palabras que tuve fuerzas para proferir, contestándole, y que salieron de mis labios como inspiradas por otro fueron: "Eminenza, si faccia coraggio, il Signore l'aiuterá" , ( Eminencia , Armáos de valor,El Señor os ayudará).

El Cardenal me miró fijamente, con aquella expresión suya tan profunda, que aprendí a conocer tan bien: "Grazie,grazie", repitió y fue todo cuanto dijo. De nuevo sumió la cabeza entre sus manos para terminar su oración y yo me alejé. Nunca olvidaré la impresión que me produjo este primer encuentro, a la vista de una angustia tan intensa. Era la primera vez que me ponía en contacto con Su Eminencia y presentía haberme hallado en presencia de un Santo.

Pocas horas después, y antes que el Cardenal Decano pu­diera llevar a efecto su propósito, el Cardenal Sarto, ante los apremiantes e insistentes requerimientos que le hicieran va­rios miembros del Sacro Colegio, decidió desistir de su nega­tiva, y celebrada la sesión de la tarde, era ya evidente para todos que él habría de ser elegido a la mañana siguiente por una gran mayoría.


Avisos importantes


El Blog de Cruz y Fierro ha salido de la "Blogósfera" (permítaseme el neologismo).
Es ésta bitácora señera de los que a su influjo, decidimos acompañarlo y complementarlo.
Lamentamos profundamente su ausencia, cotidiana consulta para los que creemos en el "Reinado Social de Nuestro Señor Señor Jesucristo", e intentamos su difusión por esta vía.
En lo que pueda ayudarlo, cuente con El Cruzamante.



Al amigo irlandés, descendiente de Ioreth , que ha publicado excelentes artículos sobre la crisis financiera hodierna, que es un tema que no domino en absoluto, le he robado en alguna oportunidad unos artículos, que me parecían esclarecedores y dignos de difusión.

Hoy ha publicado dos escritos de dos de mis autores políticos favoritos, católicos ellos y ambos ibéricos.

No se pueden dejar de leer. Ambos son posteriores a la Crisis del ´29 (primer gran cimbronazo de un sistema económico basado en la mentira y en la "timba financiera"), de un sistema capitalista-liberal que nos vende a los mortales comunes "espejitos de colores".

Por favor, léanlos desde este enlace, no se arrepentirán. Athelas.

Tambien, como habrán podido percatarse los lectores del blog, pertenezco al "fan-club de D. Rubén Calderón Bouchet" , cuyos artículos, robados de donde pudiera, reproduzco toda vez que me topo con uno.

El blog de Cabildo, a quien he copiado ya un artículo en el día de la fecha, y me da vergüenza expoliarlo nuevamente, ha publicado un excelente artículo del Maestro sobre Teilhard de Chardin. Es imperativo leerlo completo.

Mientras tanto sigo con mis experimentos de digitalización.

El Cruzamante

Herejes (8)



por Gilbert K. Chesterton

VIII. La tibieza de la prensa amarilla


En la actualidad, desde diversos ámbitos surgen considerables protestas contra la influencia de ese nuevo periodismo que se asocia con los nombres de sir Alfred Harmsworth y el señor Pearson. Pero casi todos los que lo atacan lo hacen por considerarlo sensacionalista, violento, vulgar y chocante. Y yo no me expreso con afectada contrariedad, sino mostrando la simplicidad de una sincera impresión personal, cuando digo que este periodismo ofende precisamente por no ser ni lo bastante sensacionalista ni lo bastante violento. Su verdadero defecto no es ser chocante, sino insoportablemente tibio.La idea general es mantenerse y no salirse de cierto nivel de lo esperado, de lo trillado. Tal vez resulte bajo, pero también debe preocuparse por mantenerse chato.

Nunca, ni por casualidad, existe en él nada de lo incisivo que es verdaderamente plebeyo, y que podemos oírle decir a un taxista en cualquier calle. Todos hemos oído hablar de ciertos mínimos de decoro que exigen que las cosas sean divertidas sin resultar vulgares, pero es que los mínimos de este decoro exigen que si las cosas son vulgares, deben serlo sin ser divertidas. Este periodismo no sólo fracasa en su intento de exagerar la vida; la subestima. Y no puede ser de otro modo, pues está pensado para débil y lánguido recreo de hombres a quienes fatiga la fiereza de la vida moderna. Esta prensa no es en absoluto prensa amarilla. Es prensa monótona.

Sir Alfred Harmsworth no ha de dirigir al oficinista cansado ninguna observación más ingeniosa de la que el oficinista cansado sería capaz de dirigir a sir Alfred Harmsworth. No debe poner en evidencia a nadie (es decir, a nadie poderoso), no debe ofender a nadie, no debe siquiera complacer demasiado a nadie. Una vaga idea general de que, a pesar de todo ello, nuestra prensa amarilla es sensacionalista nace de características externas, como puedan ser los grandes tipos de letras o los titulares escabrosos. Es cierto que esos editores tienden a publicarlo todo en grandes letras mayúsculas. Pero no lo hacen porque las noticias sean chocantes, sino porque resultan de lo más anodinas. Para esas personas agotadas o medio ebrias que van montadas en trenes mal iluminados, resulta una simplificación y un alivio que las cosas se les presenten de ese modo burdo y evidente.
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La compasión evangélica frente a la eugenesia democrática



por Tugdual Derville (delegado general de la Asociación por los Derechos de la Vida)

Tomado del Blog de Cabildo



Para cada vez más médicos, el nacimiento de un hijo minusválido es mirado como un error médico. Para muchos padres, la espera de un hijo sin discapacidades se ha transformado en una exigencia.Entonces, el encuentro entre estos médicos y estos padres induce a una sobrepuja en favor del examen médico preventivo y de la supresión de los fetos que vienen con anomalías. Esta sobrepuja no solamente es un riesgo para el futuro, sino que conduce bien, gracias a los progresos científicos, a la eliminación precoz y legal de cada vez más numerosas vidas humanas: es la eugenesia democrática.

En Francia, por ejemplo, la ley de 1975 autoriza el aborto hasta las vísperas del nacimiento, con la aquiescencia de dos médicos, si “existe una fuerte probabilidad de que el niño por nacer esté afectado por una enfermedad de particular gravedad considerada como incurable en el momento del diagnóstico”.

Este aborto sin límite de tiempo se intitula “Interrupción Terapéutica de Embarazo” (ITE). Los equipos médicos hablan de una ITE, de manera que algunos pueden olvidarse de que se trata en realidad de un aborto. Por supuesto, hay que refutar el empleo de la palabra “Terapéutica”, pues es un acto que aniquila tanto al paciente como a su enfermedad.
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21 de octubre de 2008

El Papa San Pío X: Memorias (1)


Costó lo suyo, pero lo he logrado. Vayan a título de entremés, las advertencias de los editores y el prólogo del Arzobispo de Valladolid, a las Memorias del Papa San Pío X. Recomiendo su atenta y completa lectura. Habla un Santo de otro Santo.

Por el Cardenal Rafael Merry del Val


Advertencia de los Editores

Después de la muerte de Su Santidad Pío X, bajo el Pontificado del Papa Benedicto XV, escribió el Cardenal Merry del Val estas MEMORIAS, redactadas en inglés, idioma que manejaba con igual soltura que el español. Al morir en 1929 el Cardenal, dejó por albacea testamentario a su antiguo subordinado en la Secretaría de Estado y amigo, el Car­denal Nicolás Canali.

Este guardó con veneración los manuscritos del difunto, y, entre ellos, sus MEMORIAS. En 1939, cediendo a las reiteradas instancias de los amigos y admiradores del Cardenal Merry del Val, dio su permiso para la edición inglesa.

En estas MEMORIAS, que rebosan frescura y vida de quien re­fiere los sucesos a que asistió personalmente, surge en toda su hu­milde majestad la santa figura del Papa Pío X. Grande y cordial es la devoción que España y América profesan al Papa de la Eucaristía. Por ello, asociándonos al júbilo despertado por el anuncio de que acaso en muy breve plazo veamos termina­do el proceso de su beatificación, presentamos hoy, traducidas al español, estas MEMORIAS, con el permiso de los propietarios, los señores Burns, Oates and Washbourne, de Londres.

La edición inglesa la prologan los Cardenales, ya difuntos, Hinsley, Arzobispo de Westminster, y Hayes, Arzobispo de Nueva York. Reconociendo el mérito de estos purpurados, nosotros hemos preferido un prólogo propio. Acudimos para ello al Arzobispo de Valladolid, antiguo alumno del Colegio Español, de Roma, excelentísimo señor doctor don Antonio García y García, que co­noció personalmente así al Papa Pío X como a su Cardenal Secreta­rio de Estado.

Los lectores apreciarán el férvido entusiasmo y amor con que el distinguido Prelado vallisoletano rememora las dos grandes figuras de la Historia eclesiástica en los tres primeros lustros de este siglo. Cúmplenos manifestar nuestro más hondo reconocimiento al doc­tor García por la interpretación, tan filial y justiciera a la vez, con que nos presenta las figuras del Papa Pío X y de su digno Secretario de Estado.

Madrid, Diciembre 1946

LOS EDITORES

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Para leer el artículo completo haga click sobre la imagen del Cardenal, en proceso de beatificación.

L a Historia y Maria Antonieta



El 16 de Octubre se cumplió un aniversario de la muerte de María Antonieta, símbolo de la realeza humillada por la revolución. Rubén Calderón Bouchet la evoca a raiz de profundas y simples reflexiones sobre la historia.


Tomado de Argentinidad
(gracias Esteban).

Partimos de un hecho que es imposible discutir: el pasado no puede ser vivido en la memoria por mucha fidelidad que ésta ponga en el sostenimiento de sus recuerdos y, el acto mismo de recordar, es hacer una cierta selección de las circunstancias vividas que sólo retiene algunos aspectos de una realidad que se complace en escapar por todas las pendientes como un estanque desbordado.

Si pretendemos, más allá de la memoria personal, traer a la mente pasajes de una época que no hemos vivido y a la que podemos asomarnos a través de las memorias o documentos dejados por otros, la posibilidad se hace todavía más difícil y resulta absolutamente imposible escapar a las exigencias de evocar una suerte de sueño creado casi totalmente por la fantasía. Trato de atenuar la extensión del adverbio totalmente por respeto a los documentos que dirigen la faena de la imaginación y permiten distinguir lo que consideramos una obra histórica de una ficción novelesca en la que los pormenores del suceso son el producto de nuestra capacidad creadora.

Sarmiento vio desfilar por la ciudad de San Juan a los soldados de Facundo. Hasta que punto sus prejuicios, sus temores, las ideas que con el transcurso del tiempo y el carácter de sus estudios se forjó sobre la personalidad de Facundo, influyeron sobre esa visión que tiene todo el aspecto de ilustrar el tema de la barbarie en su famosa lucha por la civilización y el progreso. Una visión objetiva del pasado en la que no aparezca para nada el calor de las pasiones que alimentan nuestros recuerdos o la evocación de sucesos que no hemos vivido personalmente pero ante los cuales no permanecemos indiferentes, es absolutamente imposible y, si por casualidad se diera, la frialdad de los hechos evocados harían caer el libro de nuestras manos como si estuviéramos leyendo una guía telefónica.
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Para leer el artículo completo haga click sobre la imagen del autor.

Semblanza del Cardenal Rafael Merry del Val


El Cruzamante está haciendo sus primeros intentos de digitalizar un libro para publicar en esta bitácora.
Los resultados han sido mediocres, juzgándolos caritativamente.
El libro elegido es El Papa San Pío X: Memorias, escrito por el Cardenal Rafael Merry del Val, santo varón muy poco o nada mencionado por la actual jerarquía eclesiástica.
¿Tal vez porque este Príncipe de la Igesia no era modernista?.
Sin prisa, pero sin pausa sigue el intento de digitalización, que espera poder ofrecer en breve, porque nos presenta a un santo, descripto por otro santo, y entonces la lectura, además de ser solaz intelectual, es sumamente edificante.
Y, vuelta a lo mismo, nos propone Arquetipos, algo que falta en grado sumo a la Educación de nuestros hijos, para desgracia de nuestra actual "Civilización".
Vaya pues una semblanza del insigne Cardenal, a título de primicia.
Y, para que conste, esta es una de las mayores glorias de España y de la Iglesia.
El Cruzamante



tomado de Javier Cebreros - CAMINAYVEN.COM

Hace más de 80 años de la muerte de un deportista que además de músico, políglota, fotógrafo y Cardenal, fue Secretario de Estado del Vaticano. Ahora está en proceso de beatificación; su nombre: Rafael Merry del Val. Su biógrafo, José Alberto González Chaves, define al Cardenal Merry de Val como "una persona que, a pesar de su grandes dotes intelectuales, se hacía pequeño con los pequeños, con los humildes". Escribió la famosa oración "Letanías de la Humildad" la cual era impresionante oírsela recitar después de cada misa.

Este personaje es excepcional por varios motivos: Dios lo escogió para una determinada misión, lo capacitó convenientemente tanto a nivel intelectual como humano y espiritual y le dio los dones suficientes y necesarios para desarrollarla. Era una persona sumamente distinguida, en la que Dios se volcó clarísimamente, de educación esmerada, culto, diplomático, cosmopolita y sobre todo profundamente espiritual.

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Para leer el artículo completo, que recomiendo enfáticamente, haga click sobre la imagen del Papa Santo San Pío X.

El mismo día, Conmemoración de Santa Ursula y compañeras, Vírgenes y Mártires


En el siglo IX se descubrió en Colonia, Alemania, en una iglesia del siglo VI, un epígrafe enrollado que comienza así:" Martirio de Ursula y 11.000 vírgenes".

Es un documento que engloba el martirio de estas vírgenes en el lugar sobre el que se construyó una preciosa iglesia.

En la “Pasión” teatral inventada para narrar su historia, se puede ver que ellas provenían de Inglaterra con Ursula, hija del rey, escapando de los sajones paganos que estaban invadiendo el país.

Cuando su barco llegó a Colonia, Atila el terrible estaba por entonces allí con los Hunos.

Atila, duro, fuerte, de mal carácter y muy pasional quiso casarse con la bella joven Ursula. Las otras se las entregaría a sus soldados para que las violaran o hicieran lo que quisieran con ellas.

Pero el fanfarrón no esperaba la respuesta de estas chicas. Cuando se les acercó y les hizo sus proposiciones, éstas respondieron todas al unísono con la negativa más rotunda que se puede imaginar.

Enfurecido Atila, las mandó matar de la manera más dura posible.

Durante toda la Edad Media corría de pueblo en pueblo un romance en el que se contaba la historia de estas mártires. Tuvo un éxito increíble.

El Instituto de Angela de Mérici, ursulinas, la tomó como patrona de sus obras de apostolado.
Gracias a un cementerio descubierto en Colonia, se pudieron ver los restos de estas valientes chicas que prefirieron la muerte antes que ofender al Señor. Sus reliquias abundan en muchos templos.

El culto a santa Ursula y a sus compañeras se extendió muy pronto, y se levantaron muchas iglesia en su honor.

21 de Octubre, Conmemoración de San Hilarión, Abad


San Hilarión, santo de la abstinencia y del ayuno perpetuo, nació en Palestina. Fue a estudiar a Alejandría, en una escuela cristiana que fue instancia de su conversión.

Al escuchar noticias del famoso monje San Antonio Abad decidió visitarlo en el desierto. Estuvo en su compañía durante dos meses y se quedó admirado de la gran santidad de este monje y de su bondad exquisita, como también de los ayunos y mortificaciones que hacía, por lo que se propuso imitarlo en cuanto más le fuera posible. Pero viendo que en Egipto eran muchas las personas que iban a visitar a San Antonio para pedirle consejos, y tras vender las posesiones que le había dejado su padre y repartirlo ente los pobres, regresó a su patria, Palestina, a vivir en perfecta soledad en un desierto, meditando y orando.

Cuando ya llevaba 20 años haciendo penitencia en el desierto, unos esposos acudieron a él a pedirle que rezara para que en su hogar hubiera hijos, pues eran estériles. San Hilarión oró por ellos y Dios les concedió la gracia de tener varios hijos. Este milagro del santo, conllevó a que éste se volviera sumamente popular en los alrededores, y de todos lados, empezaron a llegar una multitud de personas para visitarlo y pedirle consejos y oraciones.

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Para leer el artículo completo haga click sobre la imagen del santo anacoreta.

20 de octubre de 2008

Catecismo para adultos


Comenzamos hoy a publicar un libro eximio, de un autor no menos eximio.



Catecismo para adultos

16 lecciones sobre el Verbo Encarnado

LEONARDO CASTELLANI




EDICIONES DEL GRUPO PATRIA GRANDE

"La Doctrina de la Fe, que Dios reveló, no está propuesta como un invento de la filosofía, que se pueda perfeccionar por el ingenio humano, sino como un depósito divino entregado a la esposa de Cristo, y ha de ser fielmente custodiada e infaliblemente declaraba. Por esto, los dogmas sagrados han de ser mantenidos para siempre en el sentido declarado una vez por la Santa Madre Iglesia, y nunca hay que apartarse de ese sentido con el pretexto de hacerlos más inteligibles".

Primer Concilio Vaticano

"Afirmamos que la mayor parte de quienes se condenan, sufren para toda la eternidad esa desgracia a causa de su ignorancia de los misterios de la fe, que deberían necesariamente saber y creer para poder ser contados entre los elegidos".

Benedicto XIV

Semblanza del Autor:

LEONARDO LUIS CASTELLANI nació el 16 de noviembre de 1899. Sus padres fueron Luís Héctor Castellani, florentino naturalizado argentino, llegado al país a los cinco años de edad, y Catalina Contepomi, argentina nativa, mujer muy inteligente según su hijo y de familia friulana y condal. Es el mayor de cuatro hermanos. María Magdalena, Luís Oscar y Arnaldo Néstor le siguieron en este orden.

Su abuelo paterno, don Leonardo, fue un arquitecto italiano que arribó a la Argentina en 1872 en una de las inmigraciones sarmientinas. Se afincó en el norte santafesino. Fundó con otras trece familias la reducción de San Antonio de Obligado. Construyó en la zona once iglesias o capillas.

Su padre, maestro normal y periodista, fundó y dirigió "El Independiente", primer periódico del Chaco santafesino. Militó en el radicalismo de Além. Murió asesinado de un pistoletazo —en 1906— por la policía del régimen.

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Para leer la semblanza completa haga click sobre la imagen del Padre Castellani

Juan Donoso Cortés: Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo (11)


Capítulo IV

De cómo se salva por el Catolicismo el dogma de la providencia y el de la libertad sin caer en la teoría de la rivalidad entre Dios y el hombre



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En ninguna otra cosa resplandece tanto la incomparable belleza de las soluciones católicas como en su universalidad, ese atributo incomunicable de las soluciones divinas. No bien es aceptada una solución católica, cuando luego al punto todos los objetos antes oscuros y tenebrosos se esclarecen, la noche se torna día y el orden sale del caos. No hay ninguna de ellas en que no esté ese soberano atributo y aquella secreta virtud de donde procede la grande maravilla del universal esclarecimiento. En esos piélagos de luz no hay más que un punto opaco, aquel en donde está la solución misma que penetra con su luz esos piélagos profundos. Consiste esto en que, no siendo el hombre Dios, no puede estar en posesión de aquel atributo divino por el cual el Señor de todo lo criado ve todo lo que crió con una luz inefable. El hombre está condenado a recibir de las sombras la explicación de la luz, y de la luz la explicación de las sombras. Para él no hay cosa evidente que no proceda de un impenetrable misterio. Entre las las cosas misteriosas y las evidentes hay, sin embargo, la notable diferencia de que el hombre puede esclarecer las evidentes, pero no puede esclarecer las misteriosas. Cuando, para entrar en posesión de esa luz inefable que está en Dios y que no está en él, desecha por oscuras las soluciones divinas, da consigo en el laberinto intrincado y tenebroso de las soluciones humanas. Entonces sucede lo que acabamos de demostrar: que su solución es particular; como particular, incompleta, y como incompleta, falsa.


Considerada a primera vista, parece que resuelve algo; considerada mejor, se ve que no alcanza a resolver nada de lo que parece que resuelve; y la razón, que comienza por aceptarla como plausible, concluye por desecharla por ineficaz, contradictoria y absurda. Esto último quedó completamente demostrado en el capítulo anterior; por lo que hace a la cuestión que venimos discutiendo, después de haber demostrado la ineficacia evidente de la solución humana, sólo nos falta demostrar la eficacia suprema y altísima conveniencia de la solución católica.


Dios, que es el bien absoluto, es el supremo hacedor de todo bien, y todo lo que es bueno, siendo imposible a un tiempo que Dios ponga en la criatura lo que no tiene y que ponga todo lo que tiene en la criatura. Dos cosas son de todo punto imposibles, a saber: que ponga el mal, que no tiene, en alguna cosa, y que ponga en alguna cosa el bien absoluto; ambas imposibilidades son evidentes, como quiera que es imposible concebir que alguno dé lo que no tiene y que el Criador quede absorbido en la criatura. No pudiendo comunicar su bondad absoluta, que sería comunicarse a sí propio, ni el mal, que sería comunicar lo que no tiene, comunica el bien relativo, con lo cual comunica todo lo que puede comunicar, algo de lo que está en él y que no es él, poniendo entre sí y la criatura aquella semejanza que atestigua la procedencia y aquella diferencia que atestigua la distancia. De esta manera toda criatura va diciendo, sólo con mostrarse, quién es su criador y que ella no es mas que su criatura.

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Herejes (7)



por Gilbert K. Chesterton


VII. Omar y el vino sagrado



Sobre nosotros ha estallado con cierta virulencia una nueva moral relacionada con el problema de la bebida; y los entusiastas en el asunto van desde el hombre que a las 12.30 ya es violentamente expulsado del pub por culpa de su estado de embriaguez hasta la mujer que destroza las barras de los bares con un hacha. En estas discusiones, casi siempre se piensa que una posición sensata y moderada pasa por decir que el vino y demás licores deberían tomarse sólo como medicina. Y yo me atrevo a disentir de ello con especial ferocidad. La única manera verdaderamente peligrosa e inmoral de beber vino es considerarlo una medicina. Y la razón es esta: si alguien bebe vino para obtener placer, trata de obtener algo excepcional, algo que no espera tener a todas horas, algo que, a menos que esté algo perturbado, no tratará de obtener a todas horas. Pero si alguien bebe vino para obtener salud, está tratando de obtener algo natural, es decir, algo de lo cual no debe carecer, algo cuya ausencia tal vez le cueste aceptar. Tal vez el éxtasis de estar en éxtasis no convenza al hombre; resulta más deslumbrante ver un destello del éxtasis de ser alguien común y corriente. Si existiera un ungüento mágico, y si se lo lleváramos a un hombre fuerte y le dijéramos: «Con esto podrás tirarte del Monumento al Incendio de Londres y no te pasará nada», sin duda lo haría, aunque no se pasaría el día haciéndolo, para deleite de los ciudadanos.

Pero si se lo lleváramos a un ciego y le dijéramos: «Esto te permitirá ver», se sentiría bajo una fuerte tentación. Sería difícil para él no frotarse los ojos cada vez que oyera el sonido de los cascos de un caballo, o los pájaros cantando al despuntar el día. Nos es fácil negarnos nuestra propia diversión; nos es difícil negarnos nuestra propia normalidad. De ahí deriva un hecho que todo médico conoce: que suele ser peligroso dar alcohol a los enfermos, incluso cuando lo necesitan. No hace falta que diga que no comparto la idea de que sea necesariamente injustificable dar alcohol a los enfermos para proporcionarles un estímulo. Pero sí creo que dárselo a los sanos, para proporcionarles diversión, es su verdadero uso, mucho más coherente con la salud.

Lo sensato en este asunto parece ser, como sucede con tantas cosas sensatas, una paradoja. Bebe porque eres feliz, pero nunca si eres desgraciado. No bebas nunca si te sientes mal por no beber, o serás como esos bebedores de ginebra de los tugurios, que tienen la cara gris. En cambio, bebe si serías feliz sin beber, y serás como el risueño campesino italiano. No bebas nunca porque lo necesitas, pues eso es beber racionalmente, y una vía segura a la muerte y el infierno. Bebe porque no lo necesitas, pues eso es beber irracionalmente, y en ese acto se encierra la antigua salud del mundo.
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20 de Octubre, Festividad de San Juan Cancio, Confesor


Se llama así porque nació en la ciudad de Dant, en Polonia.
Cuando era estudiante los compañeros le decían que el ayunar y dejar de comer carne era dañoso para la salud, y les respondía que los antiguos monjes nunca comían carne y ayunaban muchas veces y llegaban hasta los ochenta años llenos de salud física y mental.

Un día estando almorzando vio pasar por frente a la puerta a un mendigo muy hambriento. Salió y le regaló su almuerzo. Sintió entonces una alegría tan grande al recordar que quien atiende al pobre, atiende a Cristo, que después cuando sea profesor de la universidad, todos los días le dará un almuerzo a un pobre. Cuando alguien le decía: "Ya viene el pobre", él añadía: "Ya viene Jesucristo", porque recordaba lo que dijo Jesús: "Yo les diré: tuve hambre y me dieron de comer. Porque todo favor que han hecho a cualquiera de estos mis humildes hermanos, yo lo recibo como si me lo hubieran hecho a Mí en persona" (Mt. 25, 40).

Siendo joven sacerdote lo nombraron profesor de la universidad. Pero otros sintieron envidia contra él por este cargo, e hicieron que lo nombraran como párroco de un pueblo lejano. Allá se hizo querer tanto, que el día que lo trasladaron otra vez hacia la capital, centenares de feligreses lo acompañaron por varios kilómetros, dando grandes demostraciones de tristeza. Él se despidió de ellos con estas palabras: "La tristeza no es provechosa. Si algún bien les he hecho en estos años canten un himno de acción de gracias a Dios, pero vivan siempre alegres y contentos, que así lo quiere Dios".
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19 de octubre de 2008

19 de Octubre, Festividad de San Pedro de Alcántara, Confesor



por Pedro de Alcántara Martínez, o.f.m.




Era el año del Señor de 1494 [o más bien: 1499] cuando en la Extremadura Alta, en la villa de Alcántara, nacía del gobernador don Pedro Garabito y de la noble señora doña María Villela de Sanabria un varón cuya vida había de ser un continuo milagro y un mensaje espiritual de Dios a los hombres, porque no iba a ser otra cosa sino una potente encarnación del espíritu en cuanto ello lo sufre la humana naturaleza. Ocurrió cuando España entera vibraba hasta la entraña por la fuerza del movimiento contrarreformista. Era el tiempo de los grandes reyes, de los grandes teólogos, de los grandes santos. En el cielo de la Iglesia española y universal fulgían con luz propia Ignacio, Teresa, Francisco de Borja, Juan de la Cruz, Francisco Solano, Javier... Entre ellos el Santo de Alcántara había de brillar con potentísima e indiscutible luz.

Había de ser santo franciscano. La liturgia de los franciscanos, en su fiesta, nos dice que, si bien «el Seráfico Padre estaba ya muerto, parecía como si en realidad estuviese vivo, por cuanto nos dejó copia de sí en Pedro, al cual constituyó defensor de su casa y caminó por todas las vías de su padre, sin declinar a la derecha ni hacia la izquierda». Todo el que haya sentido alguna vez curiosidad por la historia de la Orden de San Francisco, se encontrará con un fenómeno digno de ponderación, que apenas halla par en la historia de la Iglesia: iluminado por Dios, se apoderó el Santo de Asís del espíritu del Evangelio y lo plasmó en una altísima regla de vida que, en consecuencia, se convierte en heroísmo. Este evangelio puro, a la letra, es la cumbre de la espiritualidad cristiana y hace de los hombres otros tantos Cristos, otros tantos estigmatizados interiores; pero choca también con la realidad de la concupiscencia y pone al hombre en un constante estado de tensión, donde las tendencias hacia el amor que se crucifica y hacia la carne que reclama su imperio luchan en toda su desnuda crudeza. Por eso ya en la vida de San Francisco se observa que su ideal, de extraordinaria potencia de atracción de almas sedientas de santidad, choca con las debilidades humanas de quienes lo abrazan. Y las almas, a veces, ceden en puntos de perfección, masivamente, en grandes grupos, y parece, sin embargo, como si el espíritu del fundador hubiese dejado en ellas una simiente de perpetuo descontento, una tremenda ansia de superación, y constantemente, apenas la llama del espíritu ha comenzado a flaquear, se levanta el espíritu hecho llama en otro hombre y comienza un movimiento de reforma. Nuestro Santo fue, de todos esos hombres, el más audaz, el más potente y el más avanzado. Su significación es, por tanto, doble: es reformador de la Orden y, a través de ella, de la Iglesia universal.

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La luz y las tinieblas



Texto: GAMBRA, Rafael: El lenguaje y los mitos.
Bs. As., Nueva Hispanidad, 2001, Cap. 11.


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Es tan antigua como el mundo –lo hemos visto- la idea de que el conocimiento, tanto el de los sentidos como el intelectual, se realiza en el seno de una luz o de un medio que lo hace posible.
En el Génesis, el Espíritu de Dios, que se movía sobre las aguas informes, creó la luz en el primer día, antes de crear el Sol y los cuerpos celestes que no alumbraron hasta el cuarto día. Se ha interpretado que esa primigenia luz era el medio en el cual sería posible la claridad del conocer: la luz física para ver, la luz inteligible para entender. Sería también el momento en que el Caos –la superficie informe y vacía, las tinieblas que cubrían la profundidad del abismo- se convierten en Cosmos, mundo de límites, de luz y de inteligibilidad.

Platón, en el mito de la Caverna (Rep. VII), hace brotar de la suprema Idea de Bien “la luz y la inteligencia”. Y Aristóteles supone que la intelección (el acto de comprender intelectualmente) se opera a través del entendimiento agente (nous poietikós), al que imagina como una luz que penetra las cosas sensibles iluminando su esencia o el universal que está en ellas, al modo como la visión sensible requiere de la luz física como medio en que se produce, y la audición del aire o atmósfera.

La gran corriente de filosofía cristiana que parte de San Agustín y recorre las edades cristianas hasta Malebranche, supone que cuando entendemos, vemos las cosas en Dios, en quien residen en su esencia como ideas arquetípicas o ejemplares. Él es quien ilumina al espíritu que pretende conocer, que aspira a la verdad. El entendimiento aparece así como un quid divinum, y la contemplación intelectual como la obra del “verbo divino iluminando con su venida a todos los hombres” de que nos habla San Juan. Recordemos el prólogo a su Evangelio: “En el Verbo estaba la Vida / y la Vida era la luz de los hombres / y esta luz resplandece en las tinieblas… El Verbo era la luz verdadera que alumbra todo hombre / que viene a este mundo”.
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Tomado del blog El Buen Combate

Pío XII y la democracia



por D. Rubén Calderón Bouchet

Tomado de Cabildo




Si existe un término en la lengua política de nuestra civilización que ha pasado a convertirse en un santo y seña ideológico, es el de democracia.

Era imposible que un Pontífice pudiera usarlo en una acepción más o menos tradicional sin provocar numerosos malentendidos o una universal agresión publicitaria.

Pío XII lo pronunció en algunas ocasiones y trató de colocarlo, de la mejor manera que pudo, en el elenco de las nociones políticas que tienen un sentido preciso. Es mi modesta opinión que perdió lamentablemente el tiempo, porque el término democracia está inevitablemente impregnado de ideologismo y su significación es tan variable y antojadiza como la propaganda de la cual depende de un modo fundamental y necesario.

Convengo en que la política es una realidad fluida y accidental, y aunque se pueden encontrar en ella principios prácticos universales, la adecuación a las muy diferentes situaciones provistas por la historia hace que las formas de la politicidad concreta no respondan nunca a las exigencias de un modelo determinado con anticipación. Uno de esos principios fundamentales hace que no se puede actuar en política sin conseguir, en alguna medida y de alguna manera, el apoyo del pueblo a la gestión de sus gobernantes.

Es indudable que para tener una clara comprensión de este hecho hay que distinguir con claridad entre lo que sucede con un pueblo y aquello que puede acontecer en una sociedad de masas. Un pueblo histórico, en la medida que despliega su dinamismo social conforme a un ritmo de crecimiento natural y espontáneo, se reconoce siempre en las clases dirigentes conque lo provee la historia. La sociedad de masas es hija de la publicidad e incumbe a ésta convencerla de que efectivamente participa en el gobierno porque se la convoca, de vez en cuando, a elegir los representantes seleccionados por la propia propaganda.

El mismo Papa quizá cedió un poco a la solicitud del reclamo publicitario cuando afirmaba que los pueblos “aleccionados por una amarga experiencia, se oponen con mayor energía al monopolio de un poder dictatorial incontrolable y exigen un sistema de gobierno que sea más compatible con la dignidad y la libertad de los ciudadanos”.

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Animales de compañía




por Juan Manuel de Prada



Vivimos una época extraña. El hombre de nuestro tiempo lee, por ejemplo, el pasaje evangélico de la multiplicación de los panes y los peces y sonríe con suficiencia; pero a continuación coge sus ahorrillos y los pone en manos de un agente de bolsa que le ha prometido devolvérselos en unos pocos meses convertidos en una suma fastuosa. Para refutar el milagro del Evangelio, el hombre de nuestro tiempo argumentará empleando las leyes de la ciencia empírica; para aceptar que sus ahorrillos le depararán una fortuna, recurrirá a abstrusas leyes bursátiles de dudoso cumplimiento.

Lo cual nos confirma que los incrédulos suelen ser, precisamente, las personas que más denodadamente creen en aquellas cosas que el sentido común juzga increíbles. La experiencia nos demuestra que a una generación de escépticos suele suceder una generación de místicos. La nuestra, sin duda, se trata de una generación de escépticos que miran al místico con una suerte de compasiva arrogancia, como si de un pobre diablo se tratase. Y uno estaría dispuesto a dejarse tratar de pobre diablo si los escépticos fueran coherentes con su escepticismo; pero, a poco que uno rasca, descubre que la incredulidad del escéptico sólo atañe a determinados asuntos.

El mismo incrédulo que se carcajea de los enfermos que se confían a la intercesión de un santo está convencido de que vivirá más de cien años, gracias a no sé qué avances de la ingeniería genética que hasta la fecha sólo se han verificado en el ámbito especulativo. El mismo incrédulo que se burla de la existencia de un cielo donde los justos se están quietecitos, contemplando el rostro de Dios, cree a pies juntillas en la existencia de espectros viajeros que acuden a la llamada de un espiritista.

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