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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

14 de marzo de 2009

La Caballería: la Fuerza Armada al servicio de la Verdad desarmada (3)


por el R.P. Alfredo Sáenz, S.J.

Ediciones Excalibur, Buenos Aires, 1982





II.
LAS ORDENES MILITARES




un cuando este ensayo se limita al análisis de la Caballería en general, no parece posible eludir el tema de las Ordenes Militares.
La aparición de tales Ordenes constituye una demostración palmaria de la espiritualidad ascética y monástica que fue penetrando progresivamente todos los estamentos de la sociedad europea, sobre todo a partir del siglo XI, y con más fuerza desda San Bernardo, monje y santo, quien escribió su célebre epístola Ad milites Templi, carta constitucional de los Caballeros del Temple.
Los caballeros de las Ordenes Militares eran una rara mezcla de soldados y monjes. Tales caballeros abrazaban una determinada Regla monástica no para retirarse a la soledad, sino para mejor cumplir su ideal caballeresco. Eran, ante todo, verdaderos monjes. Bajo una regla, aprobada por la Santa Sede, hacían los tres votos religiosos a los cuales solían añadir un cuarto voto de consagrarse enteramente a la guerra contra los infieles. Y simultáneamente eran soldados, formaban un ejército permanente, dispuesto a entrar en batalla dondequiera surgiese una amenaza de parte de los enemigos de la religión cristiana. Estas Ordenes constituyen como una sacramentalización de la Caballería, su sacralización. Acaso ninguna edad histórica haya producido un símbolo tan expresivo y adecuado de su propio espíritu.
Las Ordenes Militares incluían generalmente tres clases de miembros: los sacerdotes, que vivían en los conventos de la propia Orden; los caballeros nobles, que se dedicaban a la guerra y con frecuencia llevaban vida de campaña; y los sirvientes, hermanos legos que ayudaban a los caballeros en el servicio de las armas o bien a los sacerdotes en los oficios domésticos. Todos llevaban una gran cruz bordada sobre la túnica y los caballeros también en el manto.
El origen de las Ordenes Militares está en las Cruzadas, sin las cuales difícilmente hubieran surgido. Con todo, hay que notar que la mayor parte de ellas nació con fines no estrictamente militares o guerreros, sino más bien caritativos y benéficos, para custodiar los caminos, dar morada a los peregrinos, etc. Pero muy pronto se advirtió la necesidad ineludible del recurso a las armas.
Hoy sin duda resulta chocante a más de uno la idea de "un monje que combate". Santo Tomás se adelanta a esta dificultad, preguntándose en la Suma Teológica "si puede alguna orden religiosa tener por objeto la vida militar". Y responde: "Hemos dicho que se puede fundar una orden dedicada no sólo a las obras de la vida contemplativa, sino a las de la vida activa, en lo que tienen de servicio del prójimo y amor de Dios y no en lo que se refiere a negocios humanos. Ahora bien, el oficio militar puede estar ordenado al servicio del prójimo, y no sólo en orden a las personas privadas, sino también para defensa de todo el estado. Por eso se dijo de Judas Macabeo que 'combatía con alegría en las batallas de Israel y aumentó la gloria de su pueblo'. Puede, además, estar ordenado a conservar el culto divino, por lo que se lee que dijo el mismo Judas Macabeo: 'Luchamos por nuestras vidas y nuestras leyes'. Y Simón dijo a su vez: 'Sabéis cuánto hemos luchado yo y mis hermanos y la casa de mi padre por nuestra ley y nuestras cosas santas'. Luego muy bien puede fundarse una orden religiosa para la vida militar, no con un fin temporal, sino para la defensa del culto divino, del bien público o de los pobres y de los oprimidos, según el mandato del Salmo: 'Salvad al pobre, librad al indigente de las manos del pecador'" (16).

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Autónomos protestones



por Juan Manuel de Prada


Tomado de ABC







ARIAS asociaciones de trabajadores autónomos y pequeños empresarios han convocado una concentración de protesta ante el Congreso, perturbando la paz de los señores diputados. Esto de protestar ante el Congreso con naderías es como pedirle peras al olmo; pues ya se sabe que los señores diputados tienen otros asuntos mucho más importantes entre manos, como legalizar el aborto a mansalva, medida de choque contra el paro cuyos efectos incontestables empezaremos a disfrutar de aquí a veinte años. Pero los trabajadores autónomos y los pequeños empresarios son unos impacientes; y exigen a los señores diputados que adopten medidas que detengan el descalabro de su sector, que en el año pasado contempló el cierre de ciento cincuenta mil negocios. ¡Qué poco sentido institucional tienen estos autónomos protestones!
Deberían aprender de los sindicatos, calladitos como profesionales del amor mercenario. Claro que, por cada negocio que los autónomos y pequeños empresarios tuvieron que cerrar durante el pasado año, los sindicatos cuentan casi con dos liberados: más de doscientos mil suman los dos sindicatos mayoritarios, cifra que favorece una barbaridad el sentido institucional. También, sin duda, lo favorece la cuantía de las subvenciones que perciben de las administraciones. Ocho milloncejos y medio de euros recibía Comisiones Obreras del Ministerio de Trabajo el pasado año; y más de siete milloncejos la Unión General de Trabajadores, según cifras publicadas por el Boletín Oficial del Estado, a las que habría que sumar las subvenciones procedentes de otros ministerios, comunidades autónomas y municipios. Más de dos milloncejos a cada uno les soltó, por ejemplo, la Junta de Andalucía. Si a ello sumamos las numerosísimas sedes patrimonio del Estado que los sindicatos ocupan sin pagar alquiler alguno tal vez podamos hacernos una pálida idea de lo que nos cuesta el sentido institucional de los sindicatos. ¡Aprendan esos autónomos protestones!
Y, en fin, no generalicen tanto. Dicen las asociaciones de autónomos y pequeños empresarios que durante el año pasado cerraron ciento cincuenta mil negocios. Pero, sin duda, fueron negocios con poco sentido institucional; ahí tenemos, por ejemplo, un negocio como el del cine patrio, dedicado a propagar las bondades del Mátrix progre, que durante el pasado año recaudó más dinero con las subvenciones oficiales que con la exhibición de sus muy progresistas películas. ¿Acaso los actores, directores y productores que se benefician de esas subvenciones no son autónomos y pequeños empresarios? ¡Por supuesto que sí! Lo que ocurre es que tienen sentido institucional, a diferencia de los protestones que se van a concentrar en el Congreso, perturbando la paz de los señores diputados, que también maman lo suyo del presupuesto. Se quejan estos autónomos protestones de que los bancos les hayan cerrado el grifo de la liquidez; y no entienden que lo hacen por sentido institucional, pues antes de concederles a ellos un préstamo que les evitaría cerrar el negocio tienen que cobrar la deuda de los emporios mediáticos que, con gran sentido institucional, se dedican a propagar las bondades del Mátrix progre (deuda que, por supuesto, cobrarán cuando las ranas críen pelo). Y es que estos autónomos protestones, en el fondo, ignoran el simplicísimo reparto de papeles establecido en el Mátrix progre, a saber: quienes están bendecidos por un sentido institucional (sindicatos, peliculeros, bancos y emporios mediáticos adictos) y quienes no lo están. Estos segundos son los paganos de los primeros; y los autónomos y pequeños empresarios pertenecen a este segundo grupo. Conque menos protestar y más apoquinar, que para eso los quiere el Mátrix progre.

La nueva Teología: Entre Angeles y Demonios




por el R.P. Jesús Mestre, FSSPX


Visto y Tomado de La Puerta Angosta






ablar de la nueva liturgia es hablar de un mundo completamente distinto al de la liturgia tradicional.
En efecto, por obra del Concilio Vaticano y de su decreto "Sacrosanctum Concilium" se llevó a cabo una reforma total del patrimonio multisecular de la Iglesia en el culto divino. Según Annibale Bugnini —director de orquesta" de toda esta reforma— se trata de la "reforma litúrgica más vasta que jamás se recuerde en la historia multisecular de la Iglesia. Según él, había que aplicar a toda la liturgia un nuevo concepto, hasta ese momento desconocido —el "Misterio Pascual"— y de reformar a través suyo todas estas cosas. Este "experto en liturgia" pretendía que este concepto novedoso era en realidad un concepto muy antiguo: "Toda la liturgia —decía— no es otra cosa que la celebración (...) del misterio Pascual"." Pero, menudo problema, durante siglos se había ignorado en la liturgia católica sin saber muy bien por qué [la liturgia] "es una pedagogía divina, alterada en el curso de los siglos y llegada hasta nosotros mutilada, deformada y osificada". Ahora bien, esta neo teología del "Misterio Pascual" no es sino una deformación protestantizada del misterio de la Redención de Cristo. Según esta novedad del "Misterio Pascual", ya no se trata ni en la Misa ni en los sacramentos de aplicar a las almas las gracias obtenidas por Nuestro Señor Jesucristo con su sacrificio de la Cruz, sino de hacer memoria de esos actos salvíficos de Cristo. Lo que importa ahora en todo acto litúrgico es el aspecto conmemorativo y celebrativo; la comunidad, la experiencia y la vivencia, el contacto con lo divino... Eso iba "a cambiar radicalmente la faz de las asambleas litúrgicas tradicionales". Aparece, pues, una nueva concepción de la liturgia, que no se vive como una aplicación de la Redención, sino más bien como una liturgia de los que ya están salvados — la del "pueblo redimido" (Memento de la Plegaria Eucarística). En lugar de aplicar las satisfacciones y los méritos que Cristo adquirió en su sacrificio redentor, es todo un pueblo —"la nación santa, el pueblo adquirido de Dios, el sacerdocio real"— que, en la acción de gracias celebra una Redención ya plenamente cumplida. Todas estas extrañas concepciones repercuten en el culto de los Santos Ángeles. Se produce una neta atenuación de todo aspecto combativo: contra el pecado, el demonio y contra el mundo. En 1969, antes aún de la nueva misa, la reforma del año litúrgico que reduce a una sola las tres fiestas de los Arcángeles Gabriel (24 de marzo), Rafael (24 de octubre) y Miguel (29 de septiembre) y que deja en simple memoria la de los Ángeles de la Guarda (2 de octubre), se titula (¿casualmente?): Mysterii paschalis celebrationem. Aunque se han guardado en general los textos de la antigua liturgia del 29 de septiembre, se evitan todos los textos demasiado combativos, como los que se rezan en el himno de vísperas: "Él [San Miguel] es quien precipita a lo profundo del infierno al cruel Dragón y, armado del rayo, echa de la ciudad al impío jefe con sus ángeles rebeldes. Contra el orgulloso Satán, obedezcamos a las órdenes de este príncipe del cielo, para recibir desde el trono del Cordero la corona de gloria". En el Sanctus de la Misa, desaparece igualmente de todas las traducciones oficiales el "Dios de los Ejércitos celestiales" tal como lo había anunciado el Profeta Isaías (cap. 6, vers. 1-3: Deus Sabaoth) para convertirse en el "Dios del Universo". Pero donde más aparece este pacifismo en la nueva liturgia de la nación santa, el pueblo adquirido de Dios "noción más propia de la Iglesia triunfante que de la militante" es la tregua contra los ángeles caídos, los demonios. La Iglesia tuvo siempre extremado cuidado en expulsar al demonio con los exorcismos, principalmente en la ceremonia del bautismo. De tres exorcismos se ha pasado a uno solo, y éste mismo transformado en simple peroración: "Dios todopoderoso y eterno, que has enviado tu Hijo al mundo para librarnos del dominio de Satanás, espíritu del mal y llevarnos así, arrancados de las tinieblas, al reino de tu luz admirable, te pedimos que estos niños, lavados del pecado original, sean templo tuyo y que el Espíritu Santo habite en ellos".
Qué distinto de los exorcismos tradicionales, auténticas oraciones imperativas —con el poder de que goza la Iglesia, Esposa de Cristo— contra el demonio!: "Retírate de él —dice el primero— espíritu inmundo, y cede el lugar al Espíritu Santo Paráclito"; "Yo te exorcizo espíritu inmundo — dice el segundo— en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, para que salgas y te apartes de este siervo de Dios. Te lo manda, maldito condenado, aquél mismo que caminó sobre el mar y alargó la diestra a Pedro, que se hundía. Reconoce, pues, maldito demonio, tu sentencia, da honor al Dios vivo y verdadero, da honor a Jesucristo, su Hijo y al Espíritu Santo, y aléjate de este siervo de Dios, porque Jesucristo, Dios y Señor nuestro, se ha dignado llamarle a su santa gracia y bendición y a la fuente del Bautismo"; "Yo te conjuro —dice el tercero— espíritu inmundo en nombre de Dios Padre omnipotente y en nombre de Jesucristo, su Hijo, Señor y juez nuestro, y por la virtud del Espíritu Santo, que te vayas de esta criatura de Dios, a la que Nuestro Señor se ha dignado llamar a su santa casa, para que se convierta en templo de Dios vivo, y habite en él el Espíritu Santo".
El rito tradicional tiene realmente en cuenta la advertencia de San Pedro que cada día se reza en las Completas del Breviario (también suprimida en la "Liturgia de las Horas"): "Sed sobrios y velad, porque vuestro enemigo el diablo anda alrededor como león rugiente busceuido a quién devorar" (I Pedro, 5, 8); la vida cristiana se presenta así como una lucha continua, no sólo contra el mundo y la carne, sino también contra el demonio y su criminal influencia. En este mismo sentido también se ha suprimido el exorcismo con que la liturgia tradicional empieza el rito de la Extremaunción: "En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, se apague en ti toda influencia del demonio, por la imposición de nuestras manos y por la invocación de la gloriosa y Santísima Virgen María, Madre de Dios, de su ilustre esposo San José, de todos los ángeles, arcángeles, patriarcas, profetas, apóstoles, mártires, confesores, vírgenes y de la gran comunidad de los Santos".
Los inventores de la nueva liturgia, siguiendo las pautas dejadas por sus "expertos", fueron sacando a la luz paulatinamente los distintos libros litúrgicos, hasta la edición hace dos años del nuevo ritual de exorcismos. En 1990 el gran exorcista de Roma, el Padre Gabrielle Amorth, se extrañaba de que todavía no se había adaptado el ritual de exorcismos a las nuevas normas conciliares: pero una vez hecho el trabajo "light" de revisión, el mismo Padre Amorth sintió tal aversión por las nuevas fórmulas que pidió la autorización para que se pueda seguir usando el ritual tradicional.
Podemos pensar que este espíritu ecumenis-toide con el demonio se tradujo igualmente en la supresión de la oración a San Miguel Arcángel que en la liturgia tradicional se dice después de la Misa rezada, oración que sabemos introdujo León XII presintiendo el odio del demonio en estos últimos tiempos. Más tarde, esta oración fue ratificada por Pío XI (en 1930) y Pío XII (en 1952) con la intención especial de impetrar la conversión de Rusia y la protección contra el movimiento de la impiedad. Esta oración manifiesta con toda claridad el espíritu que se ha eliminado de la nueva liturgia: la lucha encarnizada de los ángeles caídos y la defensa admirable de los Santos Ángeles sobre la Iglesia de Cristo. "San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla y sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes; y tú, Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el Divino Poder a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas". Nada de pacifismos, "porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso y contra los Espíritus del mal que están en las alturas" (Efesios, 6, 12).
"El humo ha entrado a todas partes. ¡A todas partes! Quizá fuimos excluidos de la audiencia del Papa, porque tenían miedo de que tantos exorcistas consiguieran expulsar a las legiones de demonios que se han instalado en el Vaticano" (Gabrielle Amorth, sacerdote, teólogo y exorcista, junio 2001)

13 de marzo de 2009

La "aceptación del Concilio", ¿pólvora mojada en una batalla que se está dando ante nuestros ojos?



por Francisco José Fernández de la Cigoña

Visto en Tradición Católica (en portugués)

Tomado de La cigüeña de la Torre


e envían de Roma, para evitar susceptibilidades digamos que el cardenal Ottaviani, un escrito que en estos momentos circula por la Curia, redactado por el abbé Claude Barthe, sacerdote francés de reconocido renombre y en plena comunión con la Iglesia. La batalla está siendo encarnizada entre distintos organismos de la Curia y entre relevantes personajes de la misma. Creo que las tesis del sacerdote francés son muy dignas de consideración y pienso también que Su Eminencia, al trasladármelas, desea que las haga públicas.

La “no aceptación del Concilio” por la Fraternidad San Pío X : una cortina de humo

Nota del Padre Claude Barthe

Después de la instrumentalización del deplorable affaire Williamson, los que se oponen a una reconciliación de la comunidad de Monseñor Lefebvre instrumentalizan ciertas torpezas para re-excomulgarla in aeternum. Ahora bien, su tema es un montaje de falacias.

1°/ La cuestión fundamental : rechazar o aceptar ¿Cuál Vaticano II?

Quiérase o no, “la aceptación del Concilio” se ha vuelto un tema ideológico bajo el cual se han hecho pasar gravísimos abusos durante 40 años. El discurso del Papa a la Curia del 22 de diciembre 2005 recordó oportunamente que desde el comienzo existen dos hermenéuticas excluyentes acerca de Vaticano II, una de “ruptura”, otra de “continuidad”. Para ser breves, la primera es aquella de Rahner y Congar, la segunda aquella de la Nota praevia agregada por Paulo VI a Lumen Gentium. Los actos del pontificado actual (Summorum Pontificum, decreto del 21 de enero 2009) dan cuenta de una tercera hermenéutica, la de la minoría conciliar, continuada por la oposición lefebrista, transformada y revitalizada hoy alrededor del Papa por una “nueva escuela romana”. De suerte que -y tomando un solo ejemplo, el número 3 de Unitatis redintegratio que parece decir que las comunidades cristianas separadas pueden ser medios de salvación en cuanto tales-, sería injusto (y paradójico) transformar en crimen contra la unidad de la Iglesia :
a)Sea el hecho de estimar en consciencia que, prout sonant, las expresiones de UR 3 no pueden ser aceptadas como magisterio de la Iglesia;
b)Sea el hecho de releerlas diciendo que son elementos católicos contenidos en comunidades separadas que pueden ser instrumentos de integración in voto a la Iglesia de Pedro.
Más generalmente, ¿se puede pretender congelar para siempre la tradición viviente de la Iglesia en expresiones manifiestamente corregibles, enunciadas hace 40 años? ¿Se puede tener miedo a priori de hacer una teología (y mañana un magisterio) actualizada, teniendo en cuenta no sólo los aportes de Vaticano II, sino también las respuestas a las “cuestiones abiertas” por este Concilio?

2°/ Ya hubo “coloquios” teológicos con la Fraternidad San Pío X sobre estas cuestiones

Además, cuando el decreto del 21 de enero abre el camino para los “coloquios” sobre de las “cuestiones todavía abiertas”, no innova de ninguna manera. Las discusiones acerca de las dificultades señaladas, entre otros por la Fraternidad San Pío X, tuvieron lugar varias veces, bajo la égida del “Groupe de Rencontre entre Catholiques”, GREC. Al fin, una sesión pública, el 21 de febrero 2008, sobre el tema : “¿Revisar y/o interpretar ciertos pasajes de Vaticano II?” mostró una convergencia que no es otra que la del sentido común : el representante de la FSSPX postulaba la pertinencia de una crítica sana y positiva de los puntos doctrinales nuevos de Vaticano II para ofrecer elementos a una futura elaboración de textos más claros, el teólogo romano estimaba que una recepción de Vaticano II fundada vigorosamente sobre el estado del magisterio anterior tenía su lugar en la Iglesia.
Sería irrealista hacer del resultado de este tipo de coloquios (cuyo resultado es evidente que reside, para comenzar, en la manera de abordar los problemas, y esto no sólo para la FSSPX), una condición previa a una reintegración canónica. El sentido común –que se acerca del sentire cum Ecclesia- quiere al contrario que sea la reintegración canónica previa de la FSSPX la que permita hacer éstos y otros coloquios, los cuales podrán aportar su piedra a la reflexión teológica, en la medida que permitirán útilmente ad intra la expresión de un pensamiento decididamente tradicional.

3°/ ¿Por qué pedir a la FSSPX más de lo que ya aceptó?

Entre otras cosas, porque todo esto ya fue virtualmente adquirido. En efecto, el 5 de mayo 1988, al comienzo de un “protocolo de acuerdo”, Monseñor Lefebvre había firmado una “declaración doctrinal” que nunca contestó. En ella declaraba aceptar la doctrina del n° 25 de Lumen Gentium sobre la adhesión proporcional al magisterio según sus diversos grados (en ningún momento se le pedía decir, cosa que nunca fue precisada por la Santa Sede, que tal o cual pasaje determinado de Vaticano II relevaba de la infalibilidad solemne u ordinaria). Reconocía también la validez de la liturgia en su nueva forma, cuando era celebrada según los libros aprobados por la Santa Sede. Finalmente, se comprometía (en el 3° de los 5 puntos de la declaración) “a propósito de ciertos puntos enseñados por el Concilio Vaticano II o concerniendo las reformas posteriores de la liturgia y del derecho, y que [le] parecían difícilmente conciliables con la Tradición, a tener una actitud positiva de estudio y de comunicación con la Sede Apostólica, evitando toda polémica”. El compromiso se basaba en “la ausencia de polémica” y de ninguna manera sobre un absurdo “nivel cero de crítica”, que después de todo no se pediría más que a los tradicionalistas.
Si se lee bien el reciente reportaje concedido por Monseñor Fellay, el 25 de febrero 2009 a Rachad Armanios, lecourrier.ch, no es un reconocimiento del Concilio lo que Monseñor Fellay rechaza; lo que niega es que este inasible “reconocimiento” le sea pedido por la Santa Sede. Todo el mundo puede verificar que, desde hace 20 años, el acto de adhesión pedido a los miembros de la FSSPX que quieren recibir una regularización canónica, individual o colectivamente (como el grupo de Campos) reproduce la declaración de Monseñor Lefebvre de 1998. Dicho de otro modo, la Santa Sede no pidió nunca al conjunto de las comunidades más tradicionales de la Iglesia, en lo concerniente a Vaticano II, más que esta declaración de sentido común.

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El problema que perduraba con la FSSPX, hasta la decisión generosa del Papa, era el resultado de la decisión de su fundador, tomada en razón de motivos que había calificado “de estado de necesidad”, de anticipar la consagración de obispos para su instituto y de realizarla sin mandato pontifical. Pero es de una manera falaz, de parte de opositores externos, haciéndose “aliados objetivos” tanto de ciertos elementos como de ciertas malas o desmañadas costumbres en el interior de esta comunidad, que fue fabricado el nuevo obstáculo de una “prerrequisito” doctrinal.
¿Porqué pretender que la tradición viviente de la Iglesia se haya detenido, no tan sólo en el Vaticano II, lo que sería ya absurdo, sino en un cierto Vaticano II?

El revolucionario 'meaculpa' promovido por el Papa con ocasión del Jubileo del 2000.


por el Dr. Andres Böhmler







La Iglesia en los medios de comunicación. Las tentaciones del liberalismo y modernismo


os mass-media en su más amplia acepción, en tanto que "nuevos amos de la verdad", o lo que queda de ella, acostumbran marginar y castigar con su silencio a la Santa Iglesia, principalmente en lo que se refiere a su constitución y misión sobrenaturales. Sin embargo, ¡a toda regla su excepción! Y aun así, ésta viene a confirmar a aquella. ¿En qué consiste pues esa dichosa excepción? Cabe resumirlo con un solo concepto de fácil asimilación: la crítica. Desde los albores de la Revolución francesa, o antes incluso, la Iglesia se ha convertido en presa fácil de manipulación y objeto público de animadversión y crítica emanzipadoras por parte de una agil y versatil nomenclatura masónica, que es una especie de inquisición al revés, ya no santa sino diabólica.

Si no fuera para ser acosada y criticada, de extraños o hijos, hecho este último que es más grave, la Iglesia prácticamente no llegaría a ser noticia en los medios dominantes de nuestro mundo neopagano. Pero por donde sea que brote el acoso y la crítica, la Iglesia vuelve a ser objeto predilecto de la actividad mediática.

Todo lo que significa abandono de la tradición católica e ipso facto adaptación, tentativa o abierta, a la actual corrección de pensamiento y acción, que sin duda hunde sus raíces en la autoidolatría del hombre caído, conforme a la promesa antigua del 'seréis como dioses', eso sí que es noticia.

Cuando el Papa actual, por aducir sólo unos pocos ejemplos, besa reverentemente el Corán (1), acaso movido por un desaforado celo ecuménico, torrente fuera de cauce, capaz de trasportar la doctrina de fe hasta a las mismas 'puertas del Infierno' (2);

Cuando la Jerarquía, haciendo suya el fantasma de lo 'políticamente correcto', censura a su pasado, entre otras cosas, por la actuación -jurídicamente, por cierto, vanguardista- de los tribunales de la inquisición, en estricta conformidad con la legislación imperial vigente (Jan Hus o hereje notorio; Giordano Bruno o hereje confeso, etc.,);

Cuando se rehabilita a Galileo Galilei, aunque no por sus tesis teológicas sino sólo las estrictamente científicas, desautorizando así las eternas exigencias de prudencia de padre y de madre en el gobierno de la Iglesia universal;

Cuando la Conferencia Episcopal, en uno de sus recientes documentos, se dispone a pedir perdón por sus supuestas faltas antes y durante la Cruzada del 36 al 39, es decir, por haber defendido su derecho, e incluso su vida y supervivencia, ante los desmanes anticatólicos de la Segunda República;

Cuando se repudia categóricamente a la pena de muerte, aunque el Catecismo todavía diga lo contrario, asimilándose así la Iglesia a la dominante sensibilidad pacifista -a pesar de que esa 'sensibilidad' se hace gustosamente portadora de una cada vez más agresiva 'cultura de muerte' (aborto, tráfico y reciclaje de los fetos abortados con fines comerciales; eutanasia; etc.);

Cuando defiende -en esa misma línea- los tan manipulados derechos humanos, por encima de cualquier derecho a la legítma defensa, que no debería corresponder sólo a los individuos sino también a las comunidades, como la familiar o también la eclesial;

Cuando, para no insistir más, se hace portavoz del humanitarismo filantrópico -solidaridad (amor horizontal) vs. caridad (amor vertical), tal como lo entiende también el nuevo voluntariado social encarnado en los ONGs (3);

En definitiva, cuando la Iglesia - en su jerarquía o sus demás fieles más notorios- piensa, dice y hace eso, o otras muchas cosas que no son ya 'signo de contradicción' sino de todo lo contrario, abalanzándose por los derroteros propios del criticismo ilustrado, hasta hacer traición a su propia historia y tradición, sólo entonces es cuando a la Iglesia se le concede un indulto, sólo entonces es cuando logra lucrarse indulgencias ante la pagana opinión pública mundial, y sólo entonces es cuando se le permite rebasar el umbral del silencio, y recuperar así por efímeros y calculados momentos la esfera de lo público, dominada e inquisitorialmente defendida por la nueva comunidad mundial de ególatras, humanistas, filántropos y demás enemigos del Dios-Hombre Jesucristo.


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Don Pelayo, el vencedor de Covadonga.



El símbolo de una sociedad, que tras su caída lucha por reconquistar la libertad nos sirve como modelo para reconquistar una sociedad invadida por otros bárbaros.

por Luciano López y García Jové
tomado de Arbil
Su origen

ra don Pelayo (718 - 737) un noble de sangre real, hijo del duque Favila y nieto del rey Recesvinto, como se lee en algunas crónicas. Por intrigas que tuvieron lugar en la corte del rey Vitiza, éste redujo a prisión o dio muerte a Favila, padre de don Pelayo, el cual, temiendo ser víctima de la ira del rey, como su padre, huyó a Cantabria, donde tenía deudos y amigos muy significados.

Peregrinación a Jerusalén

El vengativo Vitiza trató de buscar y prender a Pelayo; pero éste, no creyéndose seguro en España, determinó marchar peregrino a Jerusalén, a donde fue acompañado de un caballero llamado Zeballos. Según afirma el P. Mariana en su Historia de España, aún existían en el siglo XV, en el pueblo de Arratia (Vizcaya) los bordones de don Pelayo y sus compañeros, que habían usado en su peregrinac1ón a Tierra Santa.

En la corte de D. Rodrigo

Vuelto a España, y muerto Vitiza, en los disturbios que se siguieron para nombrar sucesor a la corona, Pelayo abrazó la causa de don Rodrigo, y aparece en la corte de éste con el cargo de conde de espatarios o de la guardia del rey.
Cuando la invasión árabe estuvo en la batalla del Guadalete y allí se distinguió por su valor y proezas.
Después de esta desgraciada batalla, los magnates godos huyendo de la servidumbre de los árabes, buscaron asilo, unos en la Septimania gótica (Francia), pero los más en el norte de España y principalmente en Asturias.
Don Pelayo parece que se refugió en Toledo.

Traslado de las Santas Reliquias a Asturias

El arzobispo de Toledo, Urbano, al ver que los moros se iban aproximando a la ciudad, quiso evitar que las sagradas Reliquias, que allí se guardaban, cayesen en poder de los mahometanos. Dichas Reliquias, de gran estima y valor, habían sido recogidas y traídas por los cristianos desde Jerusalén, cuando Cosroes, rey de Persia, se apoderó de aquella ciudad, y después de recorrer con ellas el Norte de Africa, fueron traídas a España, y se hallaban en aquella fecha en Toledo. A dichas Reliquias unió el arzobispo la vestidura entregada por la Santísima Virgen a San Ildefonso, y las obras de San Isidoro, San Ildefonso v Juliano. Entre los nobles y ricos ciudadanos de Toledo, que acompañaron al arzobispo en su huida hacia el norte de la península, se hallaba don Pelayo.
Llegó la comitiva en su recorrido a Asturias, y buscando la mayor seguridad, depositaron las Reliquias en una cueva excavada en una montaña, llamada hoy día Monsacro, en Morcín, a unos diez kilómetros de Oviedo. Allí permanecieron escondidas hasta el reinado de Alfonso II el Casto, en que este monarca mandó trasladarlas a Oviedo e hizo construir para su custodia una iglesia dedicada a San Miguel Arcángel, llamada hoy Cámara Santa.

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Comunicado del Superior General de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X

l Papa Benedicto XVI ha enviado una carta a los obispos de la Iglesia Católica, con fecha de 10 de marzo de 2009, en la cual les dio a conocer las intenciones que lo guiaron en el importante paso que constituyó el Decreto del 21 de enero de 2009.

Después del reciente “desencadenamiento de una avalancha de protestas”, agradecemos profundamente al Santo Padre por haber puesto el debate en el nivel en el cual debe desarrollarse, el de la fe. Compartimos plenamente su preocupación prioritaria de la predicación “en nuestro tiempo, en el que en amplias zonas de la tierra la fe está en peligro de apagarse como una llama que no encuentra ya su alimento”.

La Iglesia atraviesa, en efecto, una gran crisis que sólo podrá ser resuelta con un retorno integral a la pureza de la fe. Con San Atanasio, profesamos que “todo el que quiera salvarse debe mantener, ante todo, la fe católica y el que no la observe íntegra y sin tacha, sin duda alguna perecerá eternamente” (Símbolo Quicumque).

Lejos de querer detener la Tradición en 1962, deseamos considerar el Concilio Vaticano II y el Magisterio post-conciliar a la luz de esta Tradición que san Vicente de Lérins ha definido como “lo que ha sido creído en todas partes, siempre y por todos” (Commonitorium), sin ruptura y en un desarrollo perfectamente homogéneo. Así es como podremos contribuir eficazmente a la evangelización pedida por el Salvador (cfr. Mateo 28, 19-20).

La Fraternidad Sacerdotal San Pío X asegura a Benedicto XVI su voluntad de abordar los debates doctrinales reconocidos como “necesarios” en el Decreto del 21 de enero, con el deseo de servir a la Verdad revelada que es la primera caridad que debe ser manifestada a todos los hombres, cristianos o no. La Fraternidad le asegura su oración a fin de que su fe no desfallezca y que pueda confirmar a sus hermanos (cf. Lucas 22,32).

Ponemos estas conversaciones doctrinales bajo la protección de Nuestra Señora de la Confianza, con la seguridad de que ella nos obtendrá la gracia de transmitir fielmente lo que hemos recibido, “tradidi quod et accepi” (1Cor 15, 3).

Menzingen, 12 de marzo de 2009

+ Bernard Fellay

12 de marzo de 2009

Perlitas


Tomadas de Nuevo Encuentro

Justicia a medida


por Emilio Guillermo Nani Teniente Coronel (R)




l enfrentamiento entre los jueces de la Corte y el gobierno nacional, del que participan también constitucionalistas y especialistas del derecho de primer nivel, gira alrededor de la falta o no de recursos del Poder Judicial y se limita, exclusivamente, a las demoras en los juicios que se sustancian a aquellos que tuvieron la responsabilidad de liberar a la Argentina del flagelo del terrorismo.
"Ante este panorama, es necesario recordar que la Justicia también es remolona (cuando no inexistente) a la hora de instruir las causas en las que están involucrados funcionarios, legisladores o jueces, como, por ejemplo, la contumaz comisión del delito de prevaricato por parte de estos últimos que, por convicción, omisión o corrupción, en su afán de saciar el hambre de revancha de una minoría violenta y rencorosa, vulneran nada menos que 21 garantías del derecho, para privar de la libertad a miembros de las Fuerzas Armadas, de seguridad, policiales y penitenciarias y civiles que, en cumplimiento de leyes emanadas de autoridades legalmente constituidas y con una doctrina aprobada por ellas, combatieron el terrorismo subversivo.
"Entre ellas sólo citaremos las más groseras omisiones, como la violación del artículo 18 de la Constitución nacional, que establece que ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo, fundado en ley anterior al hecho del proceso, ni juzgado por comisiones especiales, ni sacado de los jueces que designaba la ley antes de los hechos de la causa; la condena por aplicación de prisiones preventivas permanentes y no ajustadas a sus fines cautelares; la violación de los principios de presunción de inocencia, irretroactividad de la ley penal, cosa juzgada y negación de los derechos adquiridos y aplicación de la ley más benigna y la inobservancia de la garantía constitucional del derecho de defensa.
"Sepa la sociedad que, si continúa tolerando silenciosamente la existencia de una justicia «hecha a medida» para algunos de sus integrantes, el día de mañana esta clase de jueces actuarán de la misma manera a la hora de impulsar juicios, a los efectos de satisfacer los deseos del poder de turno.
"Lo que hoy se consienta, se deberá padecer."

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Para conocer un poco más al autor de la nota haga click sobre su imagen, en ese enlace podrá conocer un discurso pronunciado el 17 de enero de 2009, en los tribunales de Comodoro Py.
Es de notar que el Sr. Tte. Cnl. Nani, devolvió al ex- presidente de la Rúa la condecoración recibida con motivo de la recuperación del cuartel del Regimiento de Infantería 3, en 1989. Lea su carta al entonces Presidente, que por supuesto no lo recibió.
ENLACE





Confusión ministerial

Por Roberto Castellano



l ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Lino Barañao, acaba de afirmar que “los embriones humanos no son seres humanos…sino un proyecto…un conjunto de células”. Pero como todos los seres humanos provenimos de embriones humanos, le faltó aclarar al ministro el preciso momento en que se dejaría, según su entender, de ser un embrión humano para resultar un ser humano. Cualquiera sea el momento que el ministro elija, estaría ligado al desarrollo, por lo que podría inferirse que para el ministro la condición de persona humana estaría referida a la evolución alcanzada. Extremando el razonamiento ministerial, un bebé de 2 días sería menos persona humana que un niño de 2 años al tener menos desarrollo y menores capacidades. Si la condición de “persona humana” está ligada a la aptitud, vamos peor, alguien que ha perdido la vista, el habla o la motricidad, podría ser considerado, de acuerdo a esta concepción, menos humano que el resto. La confusión del ministro radica en mezclar el concepto biológico de embrión con el concepto filosófico o jurídico de persona. Los embriones humanos, solamente y nada menos, son vida humana, razón más que suficiente para que sean respetados y protegidos. En el fondo, se trata simplemente de respetar o no la vida.

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Para conocer a este "animal político" (definición de Aristóteles que hago mía), haga click sobre su no tan agraciada imagen, reflejo casi seguro de su no tan agraciada alma. (Mérito por el cual es hoy el ignoto Ministro de Ciencia(?) y Tecnología(?) de la Nación Argentina)...

Argentina y Occidente: un proceso sin rumbo


por el Pbro. Dr. Gustavo Podestá

S. TH. D.
Prof. Ordinario de la Facultad de Teología de la UCA. Buenos Aires.



Tomado de Catecismo




1. Presupuestos teológicos

1.1. En la mitología griega Prometeo ha pasado a ser el símbolo más cabal de la rebelión de las creaturas contra los dioses. Sin aceptar su condición subordinada, pretende elevarse al ámbito de lo divino robando para los hombres el fuego de los dioses. Y, cuando castigado por Zeus, encadenado con cables de acero en un peñón del Cáucaso, su hígado perpetuamente regenerado es devorado cotidianamente por un águila, hija de Equidna y de Tifón, ante la oferta de perdón que le envía el Padre de los dioses por intermedio de Hermes, responde -con palabras inmortalizadas por Esquilo- esa frase demoníaca que ha quedado como ejemplo cimero de a lo que puede llegar la soberbia y el orgullo frente a Dios: "Jamás, Hermes, puedes estar bien cierto, cambiaré yo mi suerte miserable por tu servidumbre: prefiero estar clavado a esta roca en el suplicio que ser criado y siervo del padre Zeus".

1.2. Y el mito prometeico no es sino el eco del relato pleno de simbolismos del tercer capítulo del Génesis, en donde la tentación de la serpiente consiste precisamente en inducir al hombre a la soberbia, a la autodivinización: "seréis como dioses" -les dice- "vosotros mismos determinaréis cuál es el bien y cuál es el mal", "seréis autónomos", "no habréis de obedecer a nadie".

Y algo semejante nos muestra el legendario relato de la torre de Babel, con el prometeico intento del hombre de alcanzar el cielo con sus propios medios, con sus propias fuerzas.

El hombre que se niega a aceptar su condición de creatura y pretende erguirse y erigirse como Dios. Ese es el fondo de todo pecado en cuanto verdadero pecado: insubordinación, autonomía, autarquía, apoyo en las propias fuerzas, en la pura luz de la razón, en la propia capacidad de discernimiento; negación de nuestra humilde condición de seres dependientes, creados, sostenidos en una existencia que no sale de nuestra propia esencia, necesitados, "mendigos del ser y de la existencia", como decía San Buenaventura.

1.3. Porque el hombre es creatura. Su naturaleza le viene dada, no la conquista ni la crea, sino que la recibe. No se sustenta en el ser por sí solo, sino que pende sobre la nada mantenido en la existencia por el constante influjo creador de Dios. Su ser es intrínseca y esencialmente dependencia, porque es constantemente ser recibido, que le viene de otro. Solamente el ser de Dios es propio, independiente, autónomo. Nosotros, que somos pudiendo no haber sido, nos afirmamos en la existencia recibiendo, abriéndonos a la omnipotencia creadora de Dios. Cerrarnos en nosotros mismos, negarnos orgullosamente a depender, a recibir, es intentar poner pie en la nada que es lo único propio que tenemos. Por eso, cuando el hombre se autoproclama divino en el pecado cerrando su ser al influjo creante de Dios, sin necesidad de un castigo que le venga de fuera, planta por sí mismo en lo más hondo de su existir creado semillas de ruina, gérmenes de fracaso y de nada. De allí las consecuencias del pecado -de todo pecado- que pinta con pluma magistral el relato del Génesis y que también refleja el mito griego cuando narra que, en castigo por el pecado de Prometeo, Zeus envía a la humanidad a la mujer, Pandora, con su famosa caja llena de calamidades.

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12 de Marzo, Festividad de San Gregorio Magno, Papa, Confesor y Doctor


(540-604)


Vida


ació en Roma, de una familia patricia y cristiana. Su bisabuelo, ya viudo, había recibido las órdenes y luego fue Papa bajo el nombre de Félix lll, que fue canonizado. Su madre, Silvia, y dos de sus tías paternas, las monjas Tarsilia y Emiliana, son igualmente honradas como santas.
Habiendo entrado primero en la carrera administrativa, a la edad de 30 años Gregorio era Prefecto de Roma. Apasionado de las grandezas terrenas, tras de prolongadas y penosas luchas se decidió a renunciar a ellas.

Enamorado entonces del ideal monástico realizado desde hacía medio siglo por San Benito, fundó de una sola vez seis monasterios en sus dominios de Sicilia, luego un séptimo dedicado a San Andrés en su propio palacio en Roma,donde él mismo, después de haber vendido sus bienes y distribuido su precio entre los pobres, conforme al precepto evangélico, abrazó la regla benedictina (año 573).

Al estudio intensivo de la Biblia y de los escritos de los Padres, unió la penitencia, con tal rigor que su salud, que ya era delicada, se puso en grave peligro. Sin embargo, el Papa Benedicto I no tardó en arrancarlo de su soledad para crearlo cardenal-diácono regional, encargado de una de las siete circunscripciones de la ciudad (año 577). Y dos años más tarde el Papa Pelagio ll lo enviaba con el título de apocrisiario, o nuncio, a Constantinopla, donde estuvo seis años.

De nuevo en Roma, fue electo abad de su monasterio (año 585). En esa época es cuando el encuentro con jóvenes esclavos anglo-sajones en el marcado le inspiró el designio de ir a evangelizar a Inglaterra. Hacia allá se marchó; pero una sublevación popular obligó al Papa a llamarlo. A la muerte de Pelagioll, Gregorio fue aclamado Papa unánimemente por el senado, el clero y el pueblo; y luego, tras de una vana tentativa de fuga, confirmado por el emperador Mauricio. El mismo compró a la Iglesia de su tiempo “con una barca vieja y carcomida, suspendida sobre el abismo y crujiendo como a la hora del naufragio” (Ep. l, 4).

Calamidades públicas, de peste, el hambre, la guerra, desolaban a Italia a continuación de inundaciones catastróficas y de la invasión de los lombardos. La provincia de Aquilea se obstinaba en el cisma desde la condenación de los “tres capítulos”. Y el emperador de Constantinopla, al igual que sus predecesores, trataba de usurpar la autoridad del Romano Pontífice. Aparte de su inagotable caridad para socorrer a las desdichadas víctimas de los desastres, el Papa, ante la inercia de los poderes civilies, medió para negociar con los jefes bárbaros, y al menos en dos ocasiones, en 598 y en 603, logró obtener una tregua. Llegó un día en que la gente se preguntaba “si el Papa era un jefe espiritual o un rey temporal”. Y un epitafio lo llama “el Cónsul de Dios”. Por otra parte, supo poner en sus lugares, al mismo tiempo que al monarca mismo, a los patriarcas de Antioquía y de Alejandría, que se apropiaban el título de “Patriarca Ecuménico”.

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11 de marzo de 2009

Retorno hacia el abismo



por Ismael Medina

Tomado de Vistazo a la prensa





ERECE la pena entrar en el análisis de los resultados electorales de Galicia y Vascongadas o en la hipótesis de sus consecuencias que llenan las páginas de los periódicos impresos y las tertulias de radio y televisión? Se cruzan tantos intereses partitocráticos y ambiciones personales que serán no pocos los enredos y las variables a corto y medio plazo. Lo que a la vuelta de unos días se dé por seguro puede mudar a no tardar mucho. Si acaso unas mínimas anotaciones para enmarcar los verdaderos problemas de fondo que atañen a la generalidad de los españoles.

El examen numérico de los resultados electorales nos sitúa ante la evidencia de unos comportamientos colectivos que se repiten desde muy antiguo, no sólo en España: las elecciones las decide un porcentaje de los votantes que suele oscilar entre el 5 y el 12%. Lo que algunos dieron en denominar el voto del descontento. Existe una cosificación del voto que se ha demostrado impermeable a la degradación de sus respectivos partidos y de sus dirigentes. Vale para ellos el grito de adhesión inquebrantable de los seguidores del Betis, club de fútbol: “¡Viva er Beti m´anque pierda!”. O dicho a la manera de un socialista profesionalmente bien situado al que en plenos escándalos de corrupción del gobierno González le pregunté si seguiría votando al PSOE. Su esperpéntica respuesta me dejó boquiabierto: “Ya era hora de que también robaran los nuestros”. Una mentalidad de obcecado seguidismo que se perpetúa y agranda.

LA ESTRATEGIA ILUMINISTA NOS CONVERTE EN POCILGA

LA estrategia del desfondamiento moral de la sociedad que imprime el iluminismo a todos sus secuaces, unido a la rigidez del totalitarismo partitocrático, favorece la endemia de la corrupción y las diversas varas de medir de una Justicia igualmente penetrada por el partidismo y la masonería, amén de una policía al frente de la que Rubalcaba ha situado a fieles peones de confianza en toda la red.

Un informe sobre la masonería francesa ilustraba sobre la falsedad de las diferencias o colisiones entre las diversas ramas masónicas. No son infrecuentes las ocultas reuniones por sectores institucionales de miembros de unas y otras para acordar acciones comunes y repartirse los papeles. España no escapa a este tipo de subrepticios manejos, los cuales afloran a superficie cuando se analizan atentamente los comportamientos de concretos jueces, mandos policiales, políticos o dirigentes mediáticos.

España es hoy más que una pocilga cuya existencia ha sido aviesamente perseguida desde el poder. Es un volcán cuyos temblores hacen temer una erupción de consecuencias impredecibles. La nueva y averiada irrupción judicial en la contienda política del juez Garzón es pasto prioritario en los medios. También las elucubraciones sobre lo que hará o dejará de hacer en Vascongadas el compañero Francisco López, más conocido como Paxti, para saciar su insaciable apetito de poder y el de su jefe, el Gran Timonel que le llama Herman Tertscht. O el quinquícrata mayor del Reino para mí.


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Id a Tomás. Principios fundamentales del pensamiento de Santo Tomás (10)




por Eudaldo Forment


Tomado de Gratis Date

10

Importancia de las Tesis



l mismo Canals ha puesto de relieve recientemente que esta situación o «estatuto» ha cambiado para dos proposiciones contenidas en una de ellas. Ha escrito que «la promulgación, el 11 de octubre de 1992, por el Papa Juan Pablo II, del nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nos pone ante un hecho que no puede ser ignorado en la reflexión sobre las conexiones entre el misterio revelado y sus formulaciones dogmáticas, y las verdades racionales filosóficas, en especial en el campo metafísico» (Canals, 1996, 33).

En el número 318 del Catecismo, que es de «resumen», se lee:

«Ninguna criatura tiene el poder infinito que es necesario para crear en el sentido propio de la palabra, es decir, para producir y dar el ser al que no lo tenía (llamar del no ser a la existencia)» (Catecismo, 318). Tiene además una nota que se refiere a «DS 3624» (Denzinger-Schönmetzer), que es la tesis 24 de las tesis tomistas.

Por consiguiente, nota Canals, «a una afirmación equivalente a lo que profesamos creer a cerca de Dios "Creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas visibles e invisibles", se le conexiona, en la anotación, con puntos de la "tesis" veinticuatro, que son obviamente enunciados metafísicos» (Canals, 1996, 33).

Es patente que, con ello «tenemos, pues, que la anotación puesta en el número 318 del nuevo Catecismo sugiere como explicación complementaria de su enseñanza sobre la potencia creadora una doctrina metafísica (...) que no deja de ser discutida por diversos autores escolásticos» (Canals, 1996, 34).

Reconoce Canals que «los textos citados en las notas de un documento doctrinal mantienen sólo la autoridad y el valor que tienen en sí mismos, y no participan, por el hecho de ser así citados, del mismo carácter del propio documento al que se añaden como notas. Pero que hayan sido citadas -probablemente por primera vez en un documento doctrinal- en el nuevo Catecismo, resulta muy significativo, precisamente porque su redacción y aprobación se dirigieron a delimitar y distinguir la síntesis metafísica tomista respecto de doctrinas opuestas enseñadas por otros autores eclesiásticos» (Canals, 1996, 33).

Debe aceptarse que «las tesis filósoficas afirmadas en el Catecism




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El nihilismo de lo banal: amenaza de la cultura occidental.


por el Dr. Andreas Böhmler


Tomado de
Arbil



El debate ético depende de la capacidad de verdad del hombre como indica el libro del Cardenal Ratzinger sobre la sociedad pluralista al cual hace referencia este artículo




a publicación "Wahrheit, Werte, Macht. Die pluralistische Gesellschaft im Kreuzverhör" (Verlag Josef Knecht, Frankfurt, 1999; Herder, Freiburg, 1993), recoge tres conferencias significativas del Prefecto de la Congregación de la Fe. La primera, sobre 'La libertad, el derecho y el bien como principios morales en las sociedades democráticas' fue pronunciada en París con ocasión de su ingreso en la Académie Française, como sucesor del físico ruso Andrej Sacharov. En dicha conferencia Ratzinger desarrolla la convicción de que en Occidente se está propagando un 'nihilismo banal', no menos pernicioso que la utopía del marxismo. El filósofo norteamericano Richard Rorty, quien formuló la nueva utopía de lo banal (ver también G. Peces Barba, ABC, 23 de Febrero de 1998) conceptualiza una sociedad liberal en que ya no existen valores y criterios absolutos. Según esta teoría social, el sentimiento de bienestar individual sería el objetivo primordial del hombre. Una concepción de la libertad, sin embargo, cuyo horizonte no rebasa la individual satisfacción de necesidades, a juicio de Ratzinger conduce al ocaso de lo humano. 'No es posible pretender poseer la libertad sólo para uno mismo, porque como tal ella es indivisible y hay que verla como tarea cara a la humanidad entera'. En este sentido, es imposible la libertad sin sacrificio y renuncia; porque ella tiene como cometido salvaguardar igualmente los derechos de los más débiles.

Ahora bien, el dilema de la democracia moderna reside en que a penas sabe poner a salvo la validez de aquellos valores morales que no se encuentran respaldados por una opinión mayoritaria. La experiencia hecha con los totalitarismos de este siglo ha mostrado que la razón es perfectamente susceptible de perder de vista la consideración de los valores fundamentales de lo humano. De hecho existe una vez más el peligro de que una libertad sin norte y exenta de contenidos valiosos llegue a estar harta de sí misma. El positivismo cerril, que se traduce en 'tomar como absoluto el principio de mayorías, en algún momento se tuerce inevitablemente en nihilismo'.

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10 de marzo de 2009

La última trinchera




por Dardo Juan Calderón


Tomado de Argentinidad







asado lo más grueso de la tormenta por los hechos que se sucedieron a partir del levantamiento de las excomuniones, me viene una reflexión a partir de la necesidad de decir algo de aquellas posturas que por una causa o por otra, tienen algún recelo contra la actitud que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X ha tomado con respecto al Papa y con respecto al caso Williamson. No puedo decir que tengo en contra de estas consideraciones una postura de contradicción insalvable; muy por el contrario, con muchas de ellas existe una coincidencia casi total y aún en el caso de no coincidir en todo, sé que pasado lo anecdótico coincidiremos tarde o temprano (cuanti más en una nube cimarrona y argentina). Sin embargo se me hace necesario hoy hacerles un pequeño reproche; que lo hago en forma privada y entre amigos, entendiendo que este medio casi hogareño no trasciende el ámbito de los creyentes.

Lo de “reproche” no por medio maricón resulta en este caso inapropiado (Verbiski acusa a los Calderón de patrocinar homosexuales, lo cual nos acerca por primera a vez a una cierta corrección política si es que pudiéramos patrocinar a alguien y si es que el mentado por el gran calumniador lo hubiera sido), ya que no encuentro en dichas expresiones algo que censurar o corregir, pero puedo desde la amistad y la diferencia de talante decir ciertas cosas que aunque ameritarían una mesa con vinos, la distancia nos obliga a la electrónica.

El reproche es el de no apreciar en su debida perspectiva el combate que durante estos últimos treinta años ha llevado adelante la Fraternidad San Pío X,; ese fundamental combate Sacerdotal por mantener abiertas las fuentes de las Gracias Sacramentales, defendiendo palmo a palmo y Hostia por Hostia la validez de las Fórmulas Sacramentales, la validez de las Misas, de las Confesiones, de las Confirmaciones, de las Extremaunciones y del Orden Sagrado y por este celo apostólico, la de toda la Doctrina Católica que en su correcta expresión y definición es quien garantiza dicha validez. Téngase en cuenta que es en este orden que se presenta a su fundador el problema: hombre de trabajo en misión, no es su vocación la de un intelectual sino la de un pastor que tiene seriamente adquirido el conocimiento necesario e imprescindible para el desarrollo de su tarea. (Es llamativo señalar que el Concilio Vaticano II se disfraza de pastoral para producir una revolución que ha nacido ideológica y que por ideológica descree de la Gracia y se convierte en publicitaria (recordemos al Padre Julio), siendo que la reacción contrarreformista es la que sincera y claramente nace con espíritu pastoral y confiada fundamentalmente en la Gracia, se ve precisada de recurrir al saber tradicional y a respaldarse en el Dogma que garantiza la eficacia de dicha actividad pastoral).

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La monstrua








por Juan Manuel de Prada


Tomado de ABC









NO de los signos más palmarios de la corrupción de la democracia es la subversión de las humanas jerarquías. ¿Quiénes están capacitados para gobernar? El Buey Mudo lo expresaba con la lucidez sintética que lo caracteriza: «Qui in virtute intelectiva excedunt». O sea, quienes descuellan por la virtud de la inteligencia; pero hoy este orden jerárquico se ha subvertido, y nos gobiernan los malvados y los tontos. Cuando los malvados y los tontos alcanzan el poder democráticamente, puede decirse sin atisbo de duda que la sociedad ha alcanzado el grado máximo de corrupción; pues si encumbrar lo que es de naturaleza inferior es siempre una monstruosidad, cuando dicho encumbramiento se hace en nombre de la «voluntad popular» debemos entender que la monstruosidad se ha enquistado en la propia organización humana. No hace falta, sin embargo, leer al Buey Mudo para llegar a esta conclusión; basta escuchar las barbaridades de esa miembra del Gobierno llamado Bibiana Aído.
Bibiana Aído ha justificado que las mujeres de dieciséis años puedan abortar sin consentimiento paterno, puesto que también pueden casarse y tener hijos. La pobrecita confunde, como señalaba el otro día el maestro Martín Ferrand, un silogismo con un sofisma; pero un pueblo que refrenda con su voto la subversión de las humanas jerarquías merece que le tomen el pelo, colándole sofismas como si fueran silogismos. El derecho ha establecido desde tiempos inmemoriales una edad mínima para que las personas puedan obligarse jurídicamente; edad que en la mayoría de los ordenamientos jurídicos vigentes oscila entre los dieciocho y los veintiún años. Pero el derecho sabe que la naturaleza es una fuerza motriz contra la que ni siquiera las leyes pueden alzarse; por eso, ante una expresión tan vigorosa -tan constitutiva- de la naturaleza humana como es el deseo de fundar una familia, las leyes declinan su imperio y aceptan que los menores puedan contraer matrimonio y procrear. El genio jurídico admite así que la naturaleza puede crear derecho; o que existen unos mandatos prejurídicos, fundados en la propia naturaleza humana, que las leyes deben respetar, exceptuándolos de sus mandatos jurídicos. Entonces llega Bibiana Aído y se saca de la manga el sofisma: puesto que la ley no impide a mujeres menores de edad casarse y tener hijos tampoco puede impedirlas que aborten. Y así una excepción legal fundada en la naturaleza se convierte en una excepción fundada en la abolición de la naturaleza; pues nada hay tan contrario a la naturaleza como que una madre «decida» aniquilar la vida que se gesta en su vientre.
Tal conversión del sofisma en silogismo sucede cuando se subvierten las humanas jerarquías. Así se puede establecer que una menor tiene capacidad decisoria para abortar; y también se puede emplear un criterio arbitrario de plazos para despenalizar el aborto. Hace cincuenta años, un feto era viable cuando había completado siete meses de gestación; hoy lo es cuando ha completado tan sólo veintidós semanas; dentro de cincuenta años, tal vez lo sea cuando apenas haya sido concebido. Cualquier criterio despenalizador del aborto que se funde en la viabilidad del feto es un sofisma; pues equivale a subordinar el derecho a la vida a los avances o retrocesos científicos. Pero tales aberraciones jurídicas sólo son concebibles cuando se ha instaurado el imperio del sofisma, que es lo que ocurre cuando el gobierno no se entrega a «qui in virtute intelectiva excedunt». Que una persona tan huérfana de «virtud intelectiva» como Aído haya alcanzado la dignidad de ministra nos confirma que cada pueblo tiene los gobernantes que se merece; y puesto que encumbrar lo que es de naturaleza inferior es siempre una monstruosidad, es natural que nos gobiernan monstruas.

10 de Marzo, Festividad de los 40 mártires de Sebaste







a época de las sangrientas persecuciones tocaba a su fin y alboreaba para el cristianismo un período de relativa paz dentro del vasto Imperio romano. En efecto, a principios del año 312 los emperadores Constantino y Licinio publicaron conjuntamente un edicto favorable a los cristianos. Su enemigo Majencio fue derrotado por Constantino, el 28 de octubre del mismo año, cerca del puente Milvio. Con ello quedó Constantino único emperador de Occidente, pactando con Licinio, su asociado en el Imperio y soberano de Oriente, al cual dio a su hermana Constancia en matrimonio. Todo inducía a creer que las persecuciones contra la Iglesia se habían conjurado definitivamente. Constantino mostrábase cada día más propicio a los cristianos, a medida que se familiarizaba con ellos e intimaba con los obispos. Licinio, aunque pagano, quiso que la lucha que sostuvo en Oriente contra Maximino Daia tuviera el carácter de conflicto armado entre el cristianismo y el paganismo. Pero al ser vencido Daia y quedar Licinio dueño del campo, el ambicioso emperador se quitó la máscara, según frase de Eusebio (Vita Constantini 1.4 c.22), e inició una satánica persecución contra los cristianos sujetos a su mandato.

Un edicto imperial mandaba que los oficiales del ejercito que rehusaran sacrificar a los dioses fueran degradados y juzgados como traidores al Imperio. A los soldados se les amenazó con un lento martirio en caso de mostrarse contumaces. Debían ser muchos los cristianos enrolados en el ejército de Licinio, ya que la Iglesia tenía mucho interés en que hubiera gran número de ellos ejerciendo esta profesión, como lo prueba el canon tercero del concilio de Arles (314), al dictar sentencia de excomunión contra los que abandonaran la carrera militar en tiempos de paz. Pero mientras Constantino se apoyaba preferentemente sobre tropas cristianas, Licinio quiso eliminarlas de su ejército.

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9 de marzo de 2009

La Caballería: la Fuerza Armada al servicio de la Verdad desarmada (2)


por el R.P. Alfredo Sáenz, S.J.

Ediciones Excalibur, Buenos Aires, 1982




I. EL ORIGEN DE LA CABALLERÍA





1. DEL USO BRUTAL DE LA FUERZA AL CABALLERO CATÓLICO

No es la Caballería una de esas tantas instituciones que han ido apareciendo a lo largo de la historia, erigidas por un Papa o decretadas por un Rey. Si bien con el tiempo la Caballería se convirtió en un estamento signado por un espíritu profundamente cristiano, nada tiene en sus orígenes que recuerde los comienzos de una orden religiosa.
¿Hasta qué siglo debemos remontarnos para encontrar el inicio de la Caballería? Algunos han creído deber recurrir a la época de los griegos, especialmente de los que vivían en Atenas, entre los cuales existían los llamados "eupátrides", a quienes Solón denominara precisamente "caballeros". Otros han preferido ubicar su origen remoto en el mundo de Roma, particularmente en los llamados "equites romani". Con todo, sin negar que éstos puedan constituir "antecedentes" de la institución caballeresca, nos parece ir demasiado lejos en la inquisición de los orígenes. Al menos en lo que hace a la concreta aparición de la Caballería en Occidente, resulta mejor remitirse a los siglos que enmarcaron las invasiones de los bárbaros. Occidente —y de manera peculiar la Iglesia— experimentó la necesidad de atemperar los ardores de la sangre germana y de ofrecer un cauce o un ideal a ese ímpetu, no pocas veces tan mal empleado. Tal nos parece el origen remoto de la Caballería: una costumbre germana idealizada por la Iglesia. De ahí que la Caballería no será primariamente una institución sino un ideal, un estilo de vida militante, hasta llegar a constituir con el tiempo la forma cristiana de la condición militar. El "caballero" será simplemente "el soldado cristiano".

Fue el ataque generalizado de los árabes contra el mundo cristiano, el detonante que exigió de Occidente la formación de un ejército constituido casi exclusivamente por hombres de a caballo. Luego esta institución se hizo más permanente, y no mera respuesta a una emergencia coyuntural. En la edad feudal la figura del caballero ya había cobrado un especial y firme relieve. El caballero era un soldado o guerrero de distinción; el solo hecho de que pudiera sufragar los gastos de mantenimiento de un buen caballo, con uno o varios sirvientes, los correspondientes bagajes, y algún otro caballo de recambio, era señal de que no se trataba de un rústico cualquiera, sino de alguien que poseía algún patrimonio. Y como el mismo combatir a caballo suponía cierto entrenamiento en el manejo de las armas con la consiguiente instrucción militar, todo esto vino a otorgar a los caballeros cierta preeminencia y distinción en la sociedad medieval. Si se trataba de un caballero que era al tiempo señor feudal, el derecho a la caballería era heredado por el primogénito, con lo suficiente para equiparse debidamente y poder seguir ejerciendo su digna profesión militar.

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A propósito del libro del Cardenal Carlo Martini


por Alberto Caturelli


"Como antiguo docente católico la lectura del libro me ha producido un gran dolor y diré lo que creo que hay que decir; puedo decirlo con la libertad de que gozan quienes participan del sacerdocio común de los fieles; será, por eso, sólo una opinión particular sin autoridad alguna, pero que exige el cumplimiento de su derecho a ser rectamente enseñado y guiado."


Esquilmados y abatidos como ovejas sin pastor

Esta mañana, 6 de diciembre de 2008, sábado de la primera semana de Adviento y primer sábado del mes, tenía decidido escribir este breve artículo cuyo título me lo ha inspirado el Evangelio de hoy que todos escuchamos en la Santa Misa: Jesús recorría ciudades y aldeas anunciando el Evangelio y al ver a las gentes “se le enternecieron las entrañas para con ellas, porque andaban deshechas y extraviadas como ovejas sin pastor” (Mt 9, 36). Otros traducen “extenuadas y abandonadas”; otros “esquilmadas y abatidas” o “echadas” por los suelos.

El día anterior terminé de leer el libro del Cardenal Carlo M. Martini, Coloquios nocturnos en Jerusalen (“coloquio con el Padre Jesuita Georg Sporschill”), 193 pp., Ed. San Pablo, Bs. As., 2008 y esta mañana pensé: este libro que exhorta a la Iglesia a “tener el coraje” de “reformarse” es un arma eficaz para dejar a las ovejas (a nosotros) deshechas, abandonadas, abatidas y esquilmadas. Al comentar San Agustín la parábola del buen pastor, observa que “no habría dicho buen si no hubiera pastores malos” a los que llama “ladrones”, “salteadores”, “mercenarios”; el Buen Pastor es la puerta y es el portero y en cierto modo también oveja, “como oveja fue llevado al sacrificio” (1). Los otros Cristos que son los Obispos, “son miembros del pastor” que cumplen su misión de guardar, cuidar, enseñar y guiar a las ovejas transmitiendo el fondo revelado (uno, único, invariable) a través del tiempo del peregrinaje; habrá en el tiempo histórico innumerables circunstancias, siempre presentes, pero el buen pastor transmitirá lo mismo (el magisterio vivo) bajo la potestad de Pedro, la Roca de la Iglesia.

Sólo el anti-pastor (y bien sabemos Quien es) puede inducir a no ser fiel a su misión contribuyendo eficazmente al abatimiento, a la extenuación, al abandono y confusión de las ovejas. Como antiguo docente católico (aunque pobre oveja frecuentemente “trasquilada”) la lectura del libro (expuesto en las vidrieras de librerías católicas) me ha producido un gran dolor y diré lo que creo que hay que decir; puedo decirlo con la libertad de que gozan quienes participan del sacerdocio común de los fieles; será, por eso, sólo una opinión particular sin autoridad alguna, pero que exige el cumplimiento de su derecho a ser rectamente enseñado y guiado.

Los temas esenciales

El libro del Cardenal Martini (quizá por su estilo dialogal) me ha causado una primera sorpresa: no es una obra rigurosa y muchas afirmaciones no están cuidadosamente fundadas. Quizá se deba a su modalidad, que al ser de fácil lectura sobre temas hoy muy difundidos, gana en número de lectores. Se vende más. Por eso no haré una exposición sistemática sino que seguiré sólo sus grandes temas.

Desde el prefacio se habla de “una Iglesia abierta” (pp. 7,168), de “la apertura de la Iglesia al mundo” (p.73). Como lector me pregunto qué deberíamos entender por Iglesia “cerrada” y si es propio hablar de “Iglesia cerrada” o “abierta”. Queda pendiente qué entenderá el autor por “abierta al mundo” ya que “mundo”, si no nos referimos al de las creaturas creadas (el universo) es una cosa muy otra si nos referimos al mundo como ámbito del pecado (el espíritu del mundo).

Esta Iglesia “abierta” conduciría (según el P. Sporschill) a “una Iglesia audaz y creíble” (p. 11). Me quedo insatisfecho porque no sé qué se quiere decir con los términos “audaz” y “creíble”. Es equivoco: algo o alguien es “creíble” si es digno de fe; pero según el contexto, me da la impresión de que se espera ser “creíble” por el mundo.

Paso por alto (aunque con trabajo) algunas páginas y me detengo en una especie de enumeración: no está claro decir que “el infierno es una advertencia, una amenaza, una realidad. Pero yo sigo sosteniendo la fe en que, al final, el amor de Dios es más fuerte”. Me hace recordar a un querido profesor mío que no deseaba que existiera el infierno… y sostenía que “está vacío” (p. 10-11).

La base de la educación debe ser la Biblia (de acuerdo) pero el equívoco vuelve a presentarse pues al sostener que nada debe absolutizarse (también de acuerdo) lo hace extensivo a la Iglesia (p. 33). Aquí dudo: si se trata de la totalidad del Cuerpo Místico, la Iglesia es “absoluta” en el sentido de eterna y santa… El Cardenal cree que si Jesús viviera hoy, como hizo con sus “colegas los fariseos”, “lucharía con los actuales responsables de la Iglesia” (p. 42).

Aunque ofrece algunas lindas páginas sobre la oración, sorprende la increíble afirmación del P. Sporchill: “No tener relaciones sexuales no es natural”; y pregunta: “Cómo es que los sacerdotes no se casan”(p. 52). En lugar de responder que el acto sexual es libre aunque una fuerte pasión lo impulse (no es como la visión, la digestión o la respiración) el Cardenal se limita, por ahora, a recordar que la obligación del celibato data del siglo XI. Parece que para el P. Sporchill ningún sacerdote es abstinente-casto. Él sabrá por qué lo dice.

Más adelante, el Cardenal opina: una de las cuestiones que tendría que resolver el nuevo Papa (se refiere a los pasos previos a la elección de Benedicto XVI) tendrá que ser “la relación con la sexualidad y la comunión para los divorciados” que han vuelto a contraer matrimonio (p. 68). Su apelación al “coraje” que hace falta no sirve para nada (Benedicto XVI ha sido muy claro); además este “volver a contraer matrimonio” no es tal: debió decir “contraer” (?) concubinato y que es pecado mortal; recibir la Comunión en pecado es un pecado aún mayor. Parece que el Cardenal llama “coraje” al simple permisivismo…. y su propio concepto de pecado es erróneo: “la Biblia designa ante todo con ese término no nuestros pecados personales sino las grandes injusticias y penurias del mundo” (p. 71).

Es necesario ese aire fresco de la “búsqueda de lo nuevo” (p. 72) que condujo al Vaticano II (p. 73). Martini, como Schillebeeckx, Rahner, Comblin, Küng, Metz, Boff y tantos otros inventa un Concilio Vaticano II que jamás existió. Este inmenso fraude se cura fácilmente: querido lector, estudie las Actas. Con eso basta.

Cuando el P. Sporschill le pregunta: “¿qué sueños tiene usted sobre la Iglesia?” (p. 97), aparece el auténtico Martini: “Siempre he sido un entusiasta de Teilhard de Chardin, que ve encaminarse el mundo hacia una gran meta donde Dios es todo en todo” (p. 98). No parece tratarse de la bellísima enseñanza de San Pablo, sino del pancristismo del evolucionismo teilhardiano.

Entre las páginas 72 y 138 pueden leerse muchos textos sobre los jóvenes y sobre la Compañía de Jesús y San Ignacio. Después de leerlas me he quedado pensando en ese libro terrible del ex jesuita Malachi Martin (2) , y en el de mi colega fallecido, también ex jesuita Vincent Miceli, sobre “los dioses del ateísmo” (3) . Hace veinticinco años compartimos el dictado de un curso con Thomas Molnar en San Pablo: me dijo que para conservar la integralidad de su ortodoxia doctrinal y el ideal de San Ignacio, se había secularizado.

Volvamos ahora a lo peor del libro de Martini; y digo lo peor porque es lo peor: Una tal Andrea le declara “ya hace dos años que convivo con mi novio”; “¿En qué podré notar que sí es el hombre de mi vida?” (p. 139). Inmediatamente le sigue no una pregunta sino una afirmación de Sporschill: dice que la Iglesia sigue teniendo fama de ser hostil al cuerpo, lo que se expresa en la encíclica Humanae vitae y la prohibición de la píldora y la anticoncepción; “la Iglesia ha erigido con ella una barrera hacia la juventud”; el Cardenal comienza diciendo que “lo más triste es que la encíclica es en parte culpable de que muchos ya no tomen más en serio a la Iglesia como interlocutora o como maestra” (p. 141): “muchas personas se han alejado de la Iglesia, y la Iglesia se ha alejado de los hombres”; esta encíclica, que “es obra de la pluma del papa Pablo VI” (p. 142) no siguió los consejos de la Comisión de especialistas; para colmo Juan Pablo II “siguió el camino de la estricta aplicación” y hasta pensó (¡oh escándalo!) en una declaración con carácter de infalibilidad pontificia (p. 144). Para Martini la Iglesia debe mostrar “un camino mejor” (p. 145); quizá pedir perdón por la encíclica (sic) y decir “algo positivo” (p. 146) o escribir una nueva (sic).

Lo mismo se debe decir del uso del preservativo (mal menor contra el sida); para colmo el Cardenal parece entender una gran verdad: que el amor es entrega. El lector, por eso, queda perplejo ante la afirmación (a propósito de las relaciones prematrimoniales) de que “tenemos que cambiar la mentalidad si es que queremos proteger la familia y promover la fidelidad conyugal” (¡sic!, p. 149-150).

No podemos dictar a los jóvenes “desde escritorios y púlpitos”, “todo lo que sería ideal” (p. 151); sin detenerme en las explicaciones bíblicas del “gran biblista”, lo mismo debe decirse de la homosexualidad: “en mi circulo de conocidos hay parejas homosexuales, personas muy respetadas y muy sociales. Nunca se me preguntó ni tampoco se me habría ocurrido condenarlas” (p. 152). El biblista reduce los textos bíblicos contrarios a su opinión a un hecho histórico y cultural frente al cual “la Biblia quiere proteger a la familia…” (p. 152). De todos modos, algo más adelante no duda en esperar como cuestión abierta, la ordenación de mujeres y la aceptación de la homosexualidad (p. 177).

Dejemos la “Iglesia misógina”, volvamos al concilio, miremos para adelante…como el Concilio que “entró en diálogo con el mundo moderno tal como es, sin cerrarse por temor” (p. 160); si la Iglesia quiere ser misionera es lo que tiene que hacer: abrirse, dejar el dominio masculino, abandonar “la relación entre mujer y pecado” (p. 164); tengamos paciencia: ya nos iremos encontrando con las “otras iglesias”, veremos qué pasa con la “ordenación de mujeres” (p. 167-168).

La Iglesia necesita “reformas internas”, que vengan “desde dentro”. Para Martini, “Martín Lutero fue un gran reformador. Lo más importante es por cierto su amor por la Sagrada Escritura de la que extrajo buenas ideas”; cree que “la Iglesia Católica se dejó inspirar por las reformas de Lutero en el Concilio Vaticano II y ha suscitado un movimiento de renovación desde dentro (p, 170-171). Consecuencia de todo esto es el movimiento ecuménico que en Martini es un mero sincretismo (p. 174-180); para colmo, afirma que “la Buena Nueva es el camino alternativo al discurso moralizante” (p. 174).

Como es lógico, no podía faltar el elogio a los teólogos de la liberación que “se encuentran forzosamente con resistencia, puesto que viven a partir de la convicción de que el encuentro con los poderes y la lucha contra la pobreza es el lugar privilegiado para el encuentro con Dios en nuestro mundo” (p. 186).

Síntesis conclusiva y crítica

Me limitaré a hacer una enumeración de los contenidos principales de este libro verdaderamente escandaloso, que me ha hecho recordar lo que aprendí de niño: un Cardenal, me enseñaban, es uno de los prelados que componen el Sacro Colegio, consejero del Papa en asuntos graves de la Iglesia e integrante del Cónclave para la elección del Sumo Pontífice.

Aquella enseñanza elemental suponía la fidelidad total al fondo revelado, la ortodoxia suma en la doctrina trans-mitida, la adhesión filial a Pedro, siempre.

De estos coloquios verdaderamente “nocturnos” en Jerusalen, se pueden enumerar las siguientes proposiciones:

1. Queremos una Iglesia “abierta” para que sea “creíble” para el mundo como mundo (repetición de las tesis de Bonheffer y muchos modernistas.

2. El infierno como “amenaza”, afirmación que suscita dudas sobre la eternidad de las penas.

3 La actividad sexual es una “exigencia natural”; el lector deduzca por sí mismo el valor que tiene la abstinencia (imposible) en el célibe y la fidelidad en el matrimonio p.e. cuando uno de los cónyuges tiene que estar ausente.

4. Deja abierta –bien abierta- la posibilidad de dar la Comunión (Cristo Eucaristía por si lo ha olvidado) a los “vueltos a casar” o como debe decirse, a quienes pecan mortalmente viviendo en concubinato.

5. Un vago concepto de pecado señalado como esas “grandes injusticias y penurias del mundo”.

6 El Concilio Vaticano II ha sido el Concilio de la “apertura” al mundo.

7. La Encíclica Humane Vitae debe ser cambiada por otra. Por lo tanto, no existe el Magisterio ordinario ni la primacía de Pedro.

8. Dadas ciertas circunstancias son lícitas la píldora anticonceptiva y el preservativo.

9. “Abrir” bien las puertas a los homosexuales y volver a considerar la posibilidad del Orden Sagrado para las mujeres.

10. Lutero es el “gran reformador” por quien el autor parece tener grande aprecio en el tema de la reforma “desde dentro”.

11. Pensar si conviene o no incorporar el nombre de Dios en la Constitución de la Unión Europea (p. 193).

Al Señor no se “le enternecieron las entrañas” por todo esto, sino porque vio a los suyos “esquilmados y abatidos” o “deshechos y echados por los suelos” como “ovejas que no tienen Pastor”. Cuando terminé de leer el libro me sentí abatido, esquilmado, atropellado. Pero me recuperé porque sí tengo Pastor… que no es el autor de este libro sino Otro, el Pastor Único que es la Puerta y el Portero. Y en su Nombre, su Vicario, la Roca.

Alberto Caturelli
Córdoba, 8. XII. 08
En el día de la Inmaculada Concepción de María.

(1) In Ioannis Ev., tract. 46, 1-5
(2) Los jesuitas. La Compañía de Jesús y la traición a la Iglesia Católica Apostólica romana, 507 pp., trad. de M. Alvarez Franco, Lasser Press Mexicana, México, 1988.
(3) The Gods of atheism, 485 pp., Arington House, N. York, 1971; también tengo al alcance de la mano su The Antichrist, 297 pp., the Christoipher Publishing House West Hannover, Massachussets, 1981