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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

6 de junio de 2009

Valores invertidos




por Eulogio López


Visto y tomado de Hispanidad






na moda, absolutamente liberticida, que se extiende por el mundo, similar a la nueva normativa del inefable Lula da Silva -otro peligro para la libertad en el mundo-: en Brasil se podrá denunciar a quien se atreva a expresar en un lugar público una opinión contra la homosexualidad. En definitiva, estamos a un paso de que la homosexualidad sea obligatoria, según el inefable axioma progresista: aborto despenalizado, aborto libre, aborto financiado, aborto obligatorio. Cambien aborto por homosexualidad y la sucesión es la misma.

Por otra parte, Obama camina hacia el gaymonio. Si no puede hacerlo es por el pequeño detalle de que al menos en ocho referendos (tres durante las últimas Presidenciales) donde la población norteamericana fue consultada al efecto -incluida la liberalísima California- concluyeron que el matrimonio es esa institución formada por un hombre y una mujer.

Lo de Brasil y Estados Unidos es lo que podríamos llamar ‘valores invertidos’, que en el Evangelio se denomina Blasfemia contra el Espíritu Santo: no se trata sólo de negar, en teoría en la práctica, lo bueno, sino de convertir lo malo en bueno y lo bueno en malo... y en perseguible.
Naturalmente, la inquisición gay se basa en un sofisma tan simple como eficaz. No se distingue entre la persona y la idea, situación o condición. En otras palabras, se entiende que atacar la homosexualidad es atacar al homosexual. Igual que decir que atacar a la pobreza es atacar al pobre o que atacar al sida es atacar al sidoso. Quien, como yo, considera que la homosexualidad es aberrante, no maltrata al homosexual sino que trata de convencerle para que abandone tan limitativa condición y se realice como persona. Pero a Lula y a Obama les encanta cualquier tipo de inversión y, de modo muy especial, los valores invertidos.

La violencia que ejercen "las víctimas"




por el Dr. Luis María Bandieri











éstor Kirchner, empeñado en salvar la Patria y el modelo, es víctima de una conspiración reaccionaria que procura sembrar el caos. Los tétricos conjurados se complacen en protestar con violencia al paso de la "Presidenta Coraje", la "compañera de toda la vida" que el bueno de Néstor puso en el difícil trance de hacer como que gobierna este barullo.

Daniel Scioli, empeñado en salvar la provincia para salvar la Patria y el modelo, es víctima de siniestras bandas chacarero-fascistas que engordan gallinas a maíz a fin de que depongan huevos suficientemente grandes como para sus aviesos propósitos. El diputado Rossi es una notoria víctima santafesina, casi un mártir del modelo por la cantidad de fachohuevos que lleva cabeceados. Como ya he dicho otras veces, la cuestión es declararse víctima o engrosar el lobby de la víctima. Victimizarse tiene indudables ventajas: la culpa se le transmite íntegramente al victimario y la víctima se rehace de modo automático una virginidad, que le permite tomar desquite a su turno con la conciencia tranquila. La víctima no está sujeta a deberes y, como tal, penetra en una zona de impunidad en donde todas sus réplicas quedan justificadas. Hágase víctima, y todo le estará permitido.

La víctima se presenta como sujeto sufriente de una violencia injusta que no ha provocado. ¿Qué hice yo para merecer este escrache? Cuando se escuchan los discursos lamentosos de las víctimas gubernativas escrachadas hay un texto invisible que nos está diciendo: el escrache sólo corresponde contra los malos oficialmente declarados --los "represores"--. ¿Cómo lo van a utilizar contra nosotros? Quizás ellos mismos lleguen a creer que resultan víctimas de una violencia injusta.

Desconocen que han producido una violencia de situación que lleva a respuestas violentas. Huevazos o pedradas son expresiones violentas y, por ello, indeseables. Pero un político, si pretende serlo, sabe que maneja una materia peligrosa: en todo conflicto político está latente la posibilidad de una derivación hacia la violencia y la escalada consiguiente.

En otras palabras, aunque no tome cuerpo y quede en estado de amenaza, la violencia es inseparable de los conflictos políticos. Entonces, una clase gobernante que reduce los contrapoderes a simulacros, que convierte en comparsas a los legisladores y vigila por medio de comisarios políticos del Consejo de la Magistratura a los jueces que no doblegan suficientemente el espinazo, que se dedica a fabricar bicicletas y licuadoras con los fondos de los jubilados que maneja como administradora de bienes ajenos, que se sirve de la "caja" de los dineros públicos para financiar sus campañas, que cambia a placer las fechas de las elecciones, que fabrica candidaturas testimoniales y eventuales; un elenco cuyos ministros dicen obedecer mandatos de Néstor, el que se sube al helicóptero presidencial para no llegar tarde a los actos, mientras el gobernado Scioli, en plena campaña para diputado virtual, inaugura obras como gobernador, etc., etc, ¿puede asombrarse que vuele algún huevo o que silbe alguna piedra junto a una oreja oficialista? Voy a ponerlo en términos claritos para los ex muchachos y muchachas de los 60 y 70, mis coetáneos: la violencia de arriba provoca la violencia de abajo. Sí, cumpas, aquel mantra del Kama Sutra de la política en el siglo pasado vuelve hoy en clave burguesa agropastoril. Las vueltas que tiene la Historia. Uno, junto con otros recién llegados, quiere dedicarse a los negocios, como continuación de la revolución por otros medios, y le salen con este domingo siete de los huevos y las piedras.

La violencia recíproca abre la puertas del infierno de las rivalidades circulares e incesantes. Son espirales terribles que ya hemos vivido en otras oportunidades. Como decía un poeta, "no fueron forasteras las manos que esto han hecho". Son ustedes, ex muchachos y muchachas de los 70, más los agregados, los que dispararon el resorte del odio con su violencia institucional. Son los huevos y las piedras que supieron conseguir.

Luis María Bandieri
Especial para "La Nueva Provincia"

Retorno fraudulento al pasado



por Ismael Medina

Tomado de Vistazo a la Prensa





la vuelta de unos días conoceremos el desenlace de la farsa electoral para enviar al parlamento europeo los sobreros del cotarro partitocrático. El sueño democrático de una Europa unida queda tan lejos de actores y espectadores como esas galaxias que explora el Hubble en los confines del Universo. Lo que se dirime a cara de perro y dentelladas es la determinación de Rodríguez de atornillarse en la Moncloa, de Rajoy por sustituirle o de los minoritarios por mantener sus opciones de chantaje. No hay más bajo la carpa del circo partitocrático que cobija una burda y truculenta exhibición de trucos, trampas, timos y trampantojos. Por supuesto que en estas artes del engaño el P(SOE) se lleva la palma. Pero un público hastiado se ausenta de las gradas y los encuestadores dan por cierto que en torno a un sesenta por ciento del electorado hará rabona y dejará las urnas más flacas que una anoréxica con vocación de cadáver. Ocurre, sin embargo, que como ya se vio con la patochada del referéndum para la aprobación del Estatuto catalán, vale el trágala de la mitad más uno, aunque esa mitad más uno sea ridícula respecto del censo electoral.

Los sondeos de opinión, siempre al servicio de quienes los pagan (los del CIS se elaboran en la pocilga moncloaca y los pagamos a escote los contribuyentes), aventuran un estrecho margen de diferencia entre el la candidatura del (P(SOE) y la del PP. Estamos en lo de siempre: los partidos disponen de una masa fiel de votantes capaces de tragarse litros y litros de ricino publicitario sin inmutarse. Ya lo expliqué en más de una ocasión: el análisis de los resultados electorales en España desde 1931 y en la Europa actual confirman la constante de que los decide, salvo situaciones excepcionales, una franja reducida de los votantes que oscila entre el 5 y el 12% de los que acuden a las urnas; y que influye de manera decisiva en los ánimos la imagen virtual ofrecida por el poder mediático en demérito de una aprehensión consciente de la realidad.
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6 de Junio, Festividad de San Norberto, Obispo, Confesor y Fundador







e aquí unos pies anchos, seguros, infatigables, que caminan bajo la ternura de la primavera, por las orillas del Rhin, esponjados gozosamente sobre la caricia de los praderíos, que los unge de un perfume de hierbabuena. Yo he visto estos pies, en el verano, polvorientos y morenos de sol, sudorosos. por la enorme fatiga, recogerse al descanso, a la sombra de la catedral de Colonia, y, al quedar reverentes, de rodillas, todos los santos, los ángeles y los grifos, que cantan un misterio de fe sobre la gloria del pórtico, han sonreído beatamente, en la frialdad de la piedra sagrada y maravillosa. Y los vi sobre los montes de Spira, en lucha amarga con las tormentas de invierno, ir dejando en la nieve un camino de sangre. Pero su vida y su gloria —la de estos pies extraordinarios— resplandece en caminar sin vacilaciones, sin pausas. ¿Qué buscan con tan ardorosa impaciencia estos pies? ¡Las almas!

Los pies pueden definir la existencia de un hombre. En los libros Sapienciales hay toda una impresionante teología de los pies, como mandatarios de nuestro libre albedrío, cuando siguen los huellas del Señor y cuando caminan por las tinieblas del pecado, a la condenación eterna. Y, en el Evangelio, una ordenanza, sin apelaciones, de Jesucristo: "Si tu pie te escandaliza, córtalo y arrójalo lejos de ti; porque más te vale entrar cojo en el cielo que con los dos pies perderte en la gehena".

Pero estos pies —para siempre, ahora, descalzos, mendicantes apostólicos— calzaron en su juventud finos escarpines de pieles, labradas en oro y pedrería. Eran esbeltos y ágiles para la danza en las fiestas de corte del emperador Enrique; cauteloso para tantear los laberintos sutiles de la política; raudos en la ambición de prebendas y honores.
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5 de junio de 2009

Andahazi anda así. (Respuesta a Página 12)



por el Dr. Antonio Caponetto


arde me entero –por un amigo penitente a quien duro castigó el confesor obligándolo a leer el Boletín Oficial- que en su edición del pasado 31 de mayo,Página 12 dedicó un par de notejas a inciensar a Federico Andahazi, condenando a la par a quienes, como en mi caso, osamos desenmascarar el estropicio histórico cometido por el priápico personaje.

La primera de las toscas gacetillas la firma una dama, Silvina Friera, quien inesperadamente me elogia llamándome “célebre por impulsar protestas contra la muestra de León Ferrari en Recoleta” y “director de la revista nazi Cabildo”. Mientras se sobresalta porque el blog Santa Iglesia Militante –uno de los tantísimos sitios que recogió mi refutación al agravio de Andahazi- utiliza un “subtitulado de manera tremebunda con el leimotiv ‘peregrinos en combate’”.

En efecto, Silvina. Como todo católico coherente impulsé e impulsaré protestas contra quienes se autoproclaman blasfemos y agresores de la Fe que profeso; y Cabildo es tan “nazi” como Página 12 podría ser staliniana, moscovita o maoísta. Existiendo el derecho a la opción ideológica, no rectificaré aquí la que imbécilmente se me endilga, porque sería perder el tiempo y la dignidad, según no periclitada afirmación de Anzoátegui. En cuanto a la tremebundez de proclamarse peregrinos y en combate, no debería resultarle tal a quien coopera en un medio consagrado a la apología constante de quienes también han elegido la batalla, no ciertamente con el místico sayo de peregrinos sino con el sangriento uniforme de los partisanos marxistas.

Como se advierte, aquí empieza y termina toda la respuesta de la Friera a mis refutaciones históricas: en la nada.

La segunda gacetilla es aún de menor monta, si cabe, y lo tiene al mismo Andahazi por desopilante vocero. “Agitando un puñado de páginas impresas tituladas El porno-cipayismo de Federico Andahazi, escritas por Antonio Caponnetto”, dice el interesado: “Este panfleto es una suerte de desagravio a Rosas con argumentos en los que ni siquiera discuten con el progresismo o con la revolución francesa. Estos tipos son medievales, proclaman Tierra Santa ni judía ni musulmana; ésa es la discusión que sostienen. Antonio Caponnetto, que firma este panfleto, es el mismo que organizó los destrozos a la muestra de León Ferrari”.

Así anda Andahazi; pifiándole a la sintaxis, a la lógica y al derecho positivo vigente.

Si a lo primero, porque enredando los sujetos, ora en singular, ora en plural,entremezcla también los verbos, sin atinarse a saber si se refiere a mi persona o a las de quienes perteneceríamos a la misma especie. Maravillas idiomáticas de esta pluma meteca, como he dado en llamarla.

De la lógica todo ha sido violado, cayéndose en el terreno de los más pueriles sofismas. En la ignorantia elenchi o cambio de asunto, por lo pronto. Pues nunca se entenderá qué tiene que ver la prolija refutación que he hecho de la canallesca comparanza Rosas-Fritzl con la proclamación de Tierra Santa o la discusión con la Revolución Francesa. Huérfano de cualquier posibilidad de rebatir las razones, los criterios, las citas bibliográficas, los documentos y concretos datos que le he ofrecido en mi réplica; impotente ante el peso de los hechos incontrastables, nuestro módico Drácula nativo opta por fugarse de la cuestión central. Truco viejo y vil, acompañado de otra argucia de manual: lafalacia ad hominem sumada a la llamada ad metum. En virtud de ambas, ya no es el punto en debate el que se analiza –en este caso, insisto, la comparación afrentosa entre Rosas y Fritzl- sino el adversario el que se descalifica, y el temor a su persona e ideas el que se agita como una sombra.

¡Cuidado con los medievalistas que no quieren discutir con el progresismo!, parece decirnos Andahazi. Mientras rehuye discutir con quien le ha probado sus yerros, y mientras brutalmente ignora que el medioevo y ladisputatio son sinónimos.

Sin propiedad lingüística ni lógica arguyente, el proctólogo de la historiografía patria trasgrede asimismo el Código Penal, incurriendo en la vulgar calumnia, toda vez que irresponsablemente me declara el “organizador de los destrozos a la muestra de León Ferrari”. Exabruptalmente, con la misma mistificación temporo-espacial, conceptual y moral con que elabora sus libros.

Andahazi anda así por la vida, por la historia y por las letras. Sin ciencia, sin valentía, sin logicidad y sin ética.

El héroe al que intenta ensuciar con su mirada torva y gibosa –en una mostrenca reedición del fantasma de Tersites- andaba señorialmente ecuestre, varonilmente soberano, enarbolando estrellas federales y clavando cadenas en los ríos argentinos para impedir el atropello de la extranjería invasora.

El que así andaba mereció como tributo el sable corvo del General San Martín. El andahazi, el teclado gorrino de una ignorante escriba bolchevique.

Porque no es ni puede ser lo mismo protagonizar y percibir la historia como nostalgia de Dios, al buen decir de Van der Meer; que sólo encararla y olerla, según lo estampara Augier, como nostalgia de la porquería.



Concepción Católica de la Política (1)




por el R.P. Julio Meinvielle




(1) Copia escaneada de la tercera edición reproducida en la Colección “Biblioteca del Pensamiento Nacionalista Argentino”, volumen 3º, editado en Bs. Aires en el año 1974. Al final se agregan como Apéndices (incluidos también en el volumen citado) varios trabajos del autor relacionados con el tema y un ensayo sobre Maurras).




Introducción.



a política debe servir al hombre. He aquí una fórmula que condensa el presente libro, fórmula que dice muy poco y muy confusamente si no se tiene un verdadero concepto del hombre; fórmula que, en cambio, lo dice todo, y muy luminosamente, si se posee este auténtico concepto.

El filosofismo y la Revolución antes de corromper la política, y lo mismo dígase de la economía, corrompieron al hombre. La Iglesia, en cambio, antes de dar una política cristiana, ordenó al hombre y nos dió al cristiano.

De aquí que sea esencial, en la portada de este libro, indicar qué es el hombre. Porque esmanifiestamente claro que no puede ser igual la concepción de la política si hacemos del hombre un simpleejemplar de la escala zoológica que si hacemos de él un ser iluminado por la luz de la razón, con un destino eterno.

Y el hombre es esto: un ser con necesidades materiales, porque tiene un cuerpo, pero sobre todo con necesidades intelectuales, morales y espirituales, porque tiene un alma inmortal. Y esto no surge de una consideración apriorística, sino que es la comprobación de lo que observamos en nosotros mismos por el sentido íntimo, en los demás por la observación, y por la historia en todo el correr de la existencia humana.

Y con esto ya tendríamos lo suficiente para formular las leyes de una política humana, y por lomismo verdadera, y puesta al servicio del hombre. Y ésta no sería individualista, ni liberal, ni democratista, coma imaginó Rousseau; ni organicista, ni estatista, como han fingido los filósofos y juristas salidos de Hegel. Sería una política humana. No hay palabra más exacta y precisa para calificarla.

¿Sería también una política cristiana? Si, en el sentido de que todo ese ordenamiento político,derivado de una recta consideración de la naturaleza humana, es querido por Dios, y como tal inmutable y valedero aun en el caso de una política cristiana. Pero es evidente que una política cristiana, sin alterar ni disminuir las exigencias de una política puramente humana, está condicionada por una ley más alta, que deriva de principios más altos y nuevos que el cristianismo ha añadido a la naturaleza humana. La política cristiana es entonces más que humana, porque llena más cumplidamente las exigencias de ésta. De la misma manera que la vida cristiana, sin dejar de ser humana, es algo más que humana.

Y sabido es qué significa este "algo más". La vida cristiana es una vida sobrenatural que trasciende todas las exigencias de cualquier naturaleza creada o creable, es una nueva creatura en Cristo (San Pablo, II Con. 5, 17) que se injerta en la naturaleza del hombre y la transforma en divina, sin destruirla, del mismo modo que, sin destruirla, el injerto transforma la eficacia de la planta salvaje.

El hombre sobrenatural, u hombre católico, es un hombre de vida nueva (San Pablo, ROMANOS 6, 4), con operaciones nuevas porque todas sus operaciones están divinizadas, como lo está su naturaleza de hombre.

Sin la inteligencia de este misterio, todo es absolutamente absurdo en el catolicismo, porque cuanto en él hay recibe sentido de este misterio de vida que significa y opera. La Iglesia Visible, por ejemplo, es un misterio invisible. Peregrinando en la tierra, mezclada en cierto modo a las cosas de la tierra, opera la unión invisible de las almas con Cristo y por Cristo con Dios.

El hombre católico no es hombre y, además, católico, como si lo católico fuese algo separado de su cualidad de hombre o de padre de familia, artista, economista, político. El hombre católico es una unidad. Cuanto de hombre y de actividad hay en él, debe ser católico; esto es, adaptado a las exigencias de su fe y caridad cristianas.

El Verbo asumió toda la humanidad, excepto el pecado; la vida católica debe asumir y sobreelevar toda la vida humana, excepto las corrupciones de su debilidad.

La política es una actividad moral que nace naturalmente de las exigencias humanas en su vidaterrestre. De ahí que, tanto la ciencia política que legisla las condiciones esenciales de la ciudad terrestre, como la prudencia política que determina las acciones que convienen u ciertas circunstancias concretas, para el logro de determinados fines políticos, deban ajustarse a la vida sobrenatural. De suyo se desenvuelven en un dominio puramente humano con una autonomía de acción regulada por la razón; pero todo ese orden está sobreelevado, en la economía presente, al fin sobrenatural que Dios ha asignado al hombre.
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5 de Junio, Festividad de San Bonifacio, Obispo y Confesor









onifacio o Winfrido es justamente designado como apóstol de Alemania, si bien es verdad que ya antes de él otros misioneros habían predicado el Evangelio en diversas regiones de este territorio, y a pesar de que algunas de estas regiones, como Baviera y Turingia, constituían ya importantes núcleos de cristiandad. A él se debe, en efecto, en primer lugar, el haber generalizado y sistematizado, mucho más que los anteriores misioneros, la evangelización de la mayor parte de Alemania, y, por otra parte, el haber organizado de una manera definitiva la jerarquía de estos vastos territorios, procediendo en toda esta labor en inteligencia con los Romanos Pontífices.

Mas con todo este trabajo de evangelización de Alemania y organización de sus iglesias no se agotó la actividad de este grande apóstol. Esta comprende una segunda parte, a la que suelen atender menos los historiadores, pero que tuvo extraordinaria importancia en la vida de San Bonifacio. Es la regeneración y reorganización de la Iglesia de los Francos, que se hallaba en gran decadencia. Así, pues, San Bonifacio es apóstol de Alemania y reorganizador de la Iglesia franca.Llamábase Winfrido y nació hacia el año 680, según todas las probabilidades, en el territorio de Wessex, de una familia profundamente cristiana. Contando sólo cinco años, atraído por el ejemplo y las palabras de unos monjes, manifestó a sus padres el deseo de seguirlos, y, después de vencer su persistente oposición, pudo dirigirse a la escuela del monasterio de Exeter.

Contaba entonces sólo siete años y durante otros siete pudo poner los más sólidos fundamentos a su formación humanística y sacerdotal. A los catorce se trasladó al monasterio de Nursling, de la diócesis de Winchester, donde, ingresado en la Orden, recorrió los estudios superiores del llamado Trivio y Cuatrivio, en los que salió tan aventajado que bien pronto pudo ser allí mismo renombrado maestro. De ello nos dejó una excelente prueba en una gramática latina que compuso en este tiempo.

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El mismo día

Beato Fernando de Portugal


ijo de Juan I de Portugal, empleaba desde muy joven sus rentas personales en el rescate de cautivos cristianos de las manos sarracenas. Parte en 1434, con su hermano Enrique el Navegante a una expedición contra Marruecos, entonces en manos de una dinastía de piratas. ¿Acaso sería una premonición sobre la situación actual? Nada nuevo hay bajo el sol. Lo cierto es que la expedición fue un fracaso y la armada lusitana hubo de rendirse y dejar a Fernando como garantía del pago de enormes cantidades de dinero.
Las Cortes de Portugal, después de nueve años de negociaciones, dejaron morir de disentería y en manos del enemigo a su príncipe. Fernando vivió como esclavo, encadenado y obligado a los más sucios trabajos. Soportó su desdicha con dignidad y puso su esperanza en Dios con enorme entereza, sin renunciar a la fe ni a unos compatriotas tan olvidadizos de su terrible suerte.

Las fuentes históricas musulmanas hablan de su vida edificante u de la veneración que suscitaba en los más piadosos habitantes de Fez. Fernando optó por la pobreza, castidad y obediencia, en radical fidelidad a su propia conciencia. Su cadáver descuartizado se pudrió colgado en las torres de las murallas.

Debiera ser patrono de los millones de esclavos que todavía quedan en el mundo; o de los héroes olvidados por los suyos, o bien de los que son víctimas de los vaivenes políticos. Cuando el sacerdote don Pedro Calderón de la Barca llegó al cielo, le recibió Fernando agradecido por esa maravilla de drama llamada El Príncipe constante.

4 de junio de 2009

Au temps de Charles V et Phillipe II (1516 - 1598) (4 y último)


Ombres et Lumieres du Siecle d'Or.


La Capella Reial de Catalunya.Hesperion XX.


Montserrat Figueras: soprano.Maite Arruabarrena: soprano.Elisabetta Tiso: soprano.Carlos Mena: countertenor.Paolo Costa: countertenor.Lluis Vilamajo: tenor.Francese Garrigosa: tenor.Domenico Carudona: bass.Dir: Jordi Savall.35º Festival Tibor Varga in Sion, 1998.





























Desagravio a Rosas. El porno-cipayismo de Federico Andahazi II


por el Dr. Antonio Caponetto



Tomado de Cabildo



Amigos:


acia fines de abril —tal vez lo recuerden— escribí e hice circular, desde el blog de Cabildo, una nota titulada: “Desagravio a Rosas. El porno-cipayismo de Federico Andahazi”.

La misma tuvo una difusión inhabitual, y varios sitios digitales amigos la recogieron con generosidad que deseo agradecer.
En “Clarín” del 2 de junio, pág. 32, versión gráfica, y en el suplemento “Ñ” del mismo diario, versión digital, de la misma fecha, el periodista Juan Manuel Bordón publicó un articulo titulado “Critican a Andahazi por comparar a Rosas con el austríaco Fritzl”. En dicho artículo se menciona expresamente al mío, y en su conjunto —aunque no podamos suscribir todo lo que allí se dice— es un rotundo mentís al dislate de Andahazi.

En tales circunstancias me pareció atinente escribirle una carta al señor Bordón —a quien obviamente no conozco— con el propósito de agradecerle y de hacerle llegar algunas breves aclaraciones.

Reproduzco mi carta, y debajo la nota de Juan Manuel Bordón.
Un abrazo



En Cristo y en la Patria

Antonio Caponnetto




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Sr. Juan Manuel Bordón:
Leo su nota en “Clarín” de hoy, martes 2 de junio, titulada “Critican a Andahazi por comparar a Rosas con el austríaco Fritzl”.

En la misma, alude usted a la respuesta mía al susodicho Andahazi, y remite a “Santa Iglesia Militante” (santaiglesiamilitante. blogspot.com), uno de los tantos blogs que tuvieron la gentileza de reproducirla.Ambas cosas le agradezco. El inhabitual anoticiamiento público de la réplica a un falsario, y la posibilidad de que el lector interesado pueda acudir al sitio donde la hallará completa.
Gratitud expresada, y sin retaceos, me permitirá algunas aclaraciones.
La primera,que me hago cargo de todos los argumentos históricos refutatorios del dislate de Andahazi, así como de cada una de las severas y duras palabras con que enjuicio su conducta, pero no lo he llamado “meteco, es decir extranjero”, como usted lo enuncia. He hablado en cambio, literalmente, de su “pluma meteca”, en alusión, no a su extranjería, sino a su condición advenediza y buscadora del lucro. A ambas acepciones me autoriza la legal polisemia del término meteco. Digo esto, como advertirá, no para atemperar mi destrato hacia el autor del agravio a Rosas, sino en defensa de tantos extranjeros que bien supieron honrar la memoria del héroe, por lo que no sería legítimo que en la ocasión usara yo la palabra con las negativas connotaciones que usted supone.
La segunda aclaración es sobre el juicio de Dora Barrancos que reproduce en su artículo, y según el cual la comparanza Rosas-Fritzl no sería aceptable “porque los significados de las épocas no son equivalentes”, debiéndose ser cuidadoso “con los valores relativos en relación al pasado”.
No es el supuesto relativismo semántico o axiológico el que impide la arbitraria similitud establecida por Andahazi, sino el más sencillo y concreto hecho de que ambas situaciones y personajes son diametralmente opuestos por su naturaleza, independientemente de “las épocas” en las que ocurrieron. Rosas es un viudo, convertido —con la anuencia de su amante— en inexcusable pecador contra el sexto mandamiento. Fritzl es un padre incestuoso, esclavista, monstruosamente torturador y depravado, cuya perversión excede los desafueros de las bragas para ingresar en los fueros de lo demoníaco. Cualesquieras fueran las épocas en que ambos casos sucedieran, las equivalencias no son posibles mientras disímil sea la sustancia que separa al uno del otro.
Aclaración y párrafo aparte merecen el comentario de Marcos Ribak, más conocido como Andrés Rivera. Le transcribe usted en su nota una opinión en la que declara: “Rosas, a mi juicio, mantenía la tradición española. No incursionaba en las carnes de sus hijas, pero sí en la de los sirvientes […] Es distinto a lo de ese nazi potencial que se acostaba con su hija”.
En la misma línea de Andahazi, con quien cree disentir, Ribak reduce la historiografía a la medición de las incursiones glandulares de los personajes del pasado, agregando en este caso un evidente apriorismo racista, de acuerdo con el cual, los españoles, fatalmente, se acostaban con sus sirvientas. Otros, investigando sesudamente durante años, han sabido cantar las glorias de la tradición hispana, en sus hombres y mujeres ejemplares. Ribak, con irresponsable desaprensión, prefiere conjeturar sobre la existencia de una fatal tradición incursionista en carnes vasallas. No es “humor cáustico”, como usted lo llama, Bordón. Es ánimo injurioso y procaz, sencillamente.
En cuanto a lo de “nazi potencial” aplicado al patógeno señor Fritzl, debe considerarse otro gratuito “incursionismo” de Ribak, ya no por las corporeidades de los sirvientes sino en el trillado mundo de los tópicos con que garantiza su cómoda inserción entre los dominios del pensamiento único. Verá por qué.
Descubierta que fuera la inmunda madriguera en que Fritzl tuvo encerrada a su hija y a su prole, algunas de las fotos morbosamente tomadas al lugar revelaron la presencia de ciertas simbologías religiosas hebreas. ¡Qué súbitos cadalsos no se levantarían si a la vista de estas imágenes alguien explicara al monstruo con categorías judías, o lo tildara de marxista potencial! Pero Ribak se asegura el festejo cursi y barato de la intelligentzia acusando al degenerado de nazi potencial. Es que para el autor de El farmer, como para todo novelista regiminoso, las palabras y los significados pueden violarse mientras presten el servicio de la captatio benevolentia a la ideología dominante de los políticamente correctos.
Gracias nuevamente, señor Bordón. Después de su nota, ya no es solamente el escriba Andahazi quien desnuda la endeblez de sus criterios históricos.
Cordialmente
Antonio Caponnetto

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Critican a Andahazi por comparar a Rosas con el austríaco Fritzl

Por Juan Manuel Bordón

En su último libro, Argentina con pecado concebida, el escritor Federico Andahazi habla de la vida sexual los próceres argentinos. El pasaje que le dedica a la relación entre Juan Manuel de Rosas y María Eugenia Castro (a la que define como su cautiva) y los paralelismos que estableció en varias entrevistas entre esa historia y la del austríaco Josef Fritzl (condenado a cadena perpetua por haber encerrado y violado durante 24 años a su hija) despertó la indignación de partidarios rosistas. En un artículo titulado “El porno cipayismo”, el director de la revista de derecha católica Cabildo, Antonio Caponetto, acusa a Andahazi de “propinar un agravio cobarde”.
Andahazi es un abonado a la polémica con los sectores católicos. Cuando ganó el premio de la fundación Fortabat con El anatomista, Amalia Lacroze de Fortabat se negó a que se publicara la obra por su alto contenido erótico. Ahora, las críticas (y ataques, ya que Caponetto combina los argumentos históricos con agravios como “meteco”, es decir, “extranjero”) llegan después de que rescatara en su último libro la historia de Eugenia Castro, hija de uno de los lugartenientes de Rosas que al morir la dejó al cuidado del Restaurador. Castro se convirtió en su criada, amante y madre de seis hijos que se le atribuían a él.
En su “Desagravio a Juan Manuel de Rosas” (se puede ver en: Santa Iglesia Militante), Caponetto asegura que aunque “pecaminosa”, la relación entre ambos fue “consciente, voluntaria y consentida”; además, niega que fuera una relación secreta, ya que aparecía hasta en la propaganda opositora, y asegura que “de prisionera tenía muy poco”, ya que compartían mesa, paseos y festejos en su casa.
Aunque muy lejos de la postura ideológica de Caponetto, Dora Barrancos (una de las historiadoras de las luchas sociales de las mujeres en la Argentina) asegura que si bien no leyó el libro de Andahazi ni sabía de la polémica, la historia de Castro y la hija de Fritzl no son equivalentes porque los significados de las épocas no son equivalentes. “De ninguna manera era una cautiva, Rosas era tan imperativo de carácter en sus deseos y tenía tal poder de manipulación que no necesitaba tener secuestrada a una persona en su casa. Hoy llamaríamos a eso una situación de sometimiento, pero amancebar a una criada era bastante común en la época. Eso no le quita severidad, pero hay que tener cuidado con los valores relativos en relación al pasado. Había sometimiento psicológico, pero no creo en la hipótesis el encarcelamiento”.
El escritor Andrés Rivera, que en su novela El farmer tomó a Rosas como protagonista, hace el mismo descargo: como no leyó el libro de Andahazi, no quiere polemizar con él. Al evocar la figura de Castro, hecha mano de su humor cáustico. “Ella fue lo que los antepasados de la mesa de enlace y los dueños de la Sociedad Rural llamaban una chinita: estaba allí para satisfacer sus apetitos”. Sin embargo, también distingue entre esa historia y la del austríaco. “Acá se habla de dos culturas, es distinto a lo de ese nazi potencial que se acostaba con su hija. Rosas, a mi juicio, mantenía la tradición española. No incursionaba en las carnes de sus hijas, pero sí en la de los sirvientes”.

4 de Junio, Festividad de San Francisco Caracciolo, Confesor y Fundador




an Francisco Caracciolo nace el 13 de octubre de 1563, el mismo año en que se clausura el concilio de Trento. Sus biógrafos toman tal coincidencia por un presagio, pues este Santo está plenamente dentro del espíritu de la reforma tridentina.
Al clausurarse el concilio fue como si la Iglesia hubiera lanzado un suspiro de alivio. Quedaba salvaguardada la integridad del dogma frente a los desvíos protestantes, se había formulado una legislación pastoral capaz de renovar el espíritu del clero y la piedad de los fieles, se habían sentado las bases justas para toda la renovación de la vida cristiana.
A mayor abundamiento Dios había concedido a la cristiandad un Papa santo que la librase de la amenaza turca, y se mostrase decidido a aplicar con toda energía la verdadera reforma. Puso en orden la curia pontificia, exhortó a mayor austeridad a los cardenales, obligó a guardar la residencia a los obispos, envió misioneros a los países recientemente descubiertos, y según escribían los embajadores venecianos Pío V llevaba trazas de hacer de Roma un convento.
Al inflexible dominico sucedieron los papas Gregorio XIII, Sixto V y Clemente VIII, los mismos que llenan el último tercio del siglo XVI y las primeras fechas del XVII, contemporáneos todos de San Francisco Caracciolo.Estamos en toda la gloria del Barroco, esa manifestación compleja que desborda el arte para afectar la literatura, el teatro y las mismas formas devocionales.¡Qué diferencia entre los comienzos del siglo XVI y su coronación! La orgía del Renacimiento había sacudido con un viento de locura a la Ciudad Eterna. Fue una fiebre que embotó los sentidos para no ver siquiera el alcance de la rebelión de Lutero. Dios tuvo que enviar contra la urbe distraída el castigo del sacco. Pero, misericordioso también, le envió una racha de santos reformadores. Pudiéramos decir que abren la marcha San Cayetano y San Ignacio; pero después son pelotón, como cuando avanzan juntos los ciclistas de la "vuelta".
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3 de junio de 2009

Sacramentum Caritatis: Estrategia y táctica del progresismo y la iniquidad enmascarada


por el Dr. Alberto Caturelli



esde hace mucho tiempo existe una estrategia no declarada y una táctica móvil aplicable a cada circunstancia. La estrategia, término de origen castrense, es el arte de dirigir las operaciones y se identifica con un plan inmutable que tiene también un fin inmutable. Como lo denunciaba hace un siglo San Pío X ”traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro”; según el gran Papa Santo, el plan se aplica “a la raíz misma” de la Iglesia.


1. Estrategia y táctica del “espíritu del mundo”

La exhortación apostólica Sacramentum Caritatis fue promulgada por el Santo Padre Benedicto XVI el 22 de febrero de 2007.

Los diarios de las primeras semanas de marzo, en sus títulos y crónicas permiten identificar el “espíritu del mundo” interesado solamente en lo “sensacional” que pudiera dañar, horadar o desprestigiar a la Iglesia Católica. Al mismo tiempo es interesante analizar las reacciones de personajes de entrecasa en las que puede percibirse la interpretación sin compromiso, la sordina aplicada a toda la composición, la sordera respecto de lo “dicho”, el velamiento progresivo de lo develado. Ante el gran documento, terriblemente vinculante, algunos se desvinculan manifestando que no hay sorpresa, que era lo esperado (sobre todo de Ratzinger!), que es un intento de recuperar la tradición, que –después de todo- el documento aunque refleja el pensamiento del Papa “es el producto del trabajo en el sínodo de Obispos, que se hizo hace dos años”; que el documento, dice el titular de un diario, tiene “el sello de Ratzinger”… Pero lo mejor es un silencio que se puede “oír”.

Desde hace mucho tiempo, detrás de esta malla de innumerables hilos, existe una estrategia no declarada y una táctica móvil aplicable a cada circunstancia. La estrategia, término de origen castrense, es el arte de dirigir las operaciones y se identifica con un plan inmutable que tiene también un fin inmutable. Como lo denunciaba hace un siglo San Pío X ”traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro”; según el gran Papa Santo, el plan se aplica “a la raíz misma” de la Iglesia (Pascendi,3). La estrategia, ciertamente diabólica, es inmutable en su propósito esencial. La táctica, compuesta de “reglas” o procedimientos que orientan las operaciones (a veces hábilmente disimuladas para lograr el fin) es cambiante, dinámica. San Pío X habla de “una táctica… insidiosa” que caracteriza a los modernistas y que consiste “en no exponer jamás sus doctrinas de un modo metódico”. El “teólogo” progresista habla por sí mismo, es “creador” y las “originalidades” doctrinarias son casi tantas como el número de “teólogos” y de “opinadores” esparcidos por todas partes.

La estrategia es siempre la misma –desde el seno de los Doce con el primer traidor- hasta el fin de los tiempos. La táctica es cambiante, “insidiosa” y así será hasta el fin de la historia.

En medio de esta “tensión” cargada de misterio, se promulga la exhortación apostólica.

2. El contenido esencial de la Sacramentum Caritatis

La primera línea del documento recuerda que la Eucaristía “es el don que Jesucristo hace de si mismo”, su “infinita humildad” y su amor también infinito porque tanto nos amó que nos hizo “el don de su cuerpo y de su sangre”; de ahí la colaboración litúrgica que nos obliga a “leer los cambios indicados por el Concilio dentro de la unidad que caracteriza el desarrollo histórico del rito mismo, sin introducir rupturas artificiosas”.

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El Pequeño mundo de Don Camilo (22)


por Giovanni Guareschi


Materia bruta







ACÍA una semana que don Camilo andaba en permanente agitación, corriendo atareado a diestra y siniestra y olvidándose hasta de comer. Una tarde, regresando del pueblo vecino, apenas llegado al suyo, debió descender de la bicicleta porque algunos hombres estaban cavando una zanja nuevecita que cruzaba la carretera.

–Ponemos una cañería para un nuevo desagüe – explicó un obrero. – Orden del alcalde.Don Camilo se encaminó derecho a la Municipalidad, donde, enojado, le espetó a Peppone esta andanada:

–¡Aquí todos nos volvemos locos! ¿Precisamente ahora se ponen a cavar esa porquería de zanja? ¿No saben que hoy es viernes?

–¿Y con eso? – contestó Peppone, haciéndose el sorprendido. – ¿Está prohibido cavar una zanja en viernes?

Don Camilo rugió:

–¿Pero no comprendes que apenas faltan dos días para el domingo?

Peppone se mostró preocupado. Tocó un timbre y apareció el Brusco.

–Oye – lo interpeló Peppone. – El reverendo dice que como hoy es viernes no faltan más que dos días para el domingo. ¿Qué te parece?

El Brusco tomó seriamente en consideración el asunto, sacó el lápiz y se puso a echar cuentas en un papel.

–Efectivamente, – dijo luego – teniendo presente que son las cuatro de la tarde y que de aquí a medianoche hay ocho horas, para llegar al domingo faltan solamente treinta y dos.

Don Camilo había seguido esta farsa echando espuma y finalmente perdió la paciencia.

–He comprendido – gritó. – ¡Es una maniobra estudiada para boicotear la visita del obispo!

–Reverendo – preguntó Peppone, – ¿qué tiene que ver el canal de la cloaca con la visita del obispo? Además, y discúlpeme, ¿quién es este obispo? ¿Y a qué viene?

–¡A llevarse al infierno tu alma condenada! – gritó don Camilo. – Es preciso cerrar enseguida la zanja, que de otro modo el obispo el domingo no podrá pasar.

Peppone puso cara de zonzo.

–¿No podrá pasar? ¿Y cómo pasó usted? Si no me equivoco, sobre la zanja hay una buena pasarela.

–¡Pero el obispo viene en automóvil! – exclamó don Camilo. – ¡No se puede hacer descender del coche al obispo!

–Disculpe, no sabía que los obispos no pudiesen caminar a pie – replicó Peppone. – Si eso es así, la cuestión cambia de aspecto. Brusco, telefonea a la ciudad y pide que manden sin demora una grúa. La tendremos junto a la zanja y cuando llegue el automóvil del obispo, lo levantamos con la grúa y lo transportamos del otro lado. ¿Entendido?

–Entendido, jefe. ¿De qué color desea la grúa?

–Que sea niquelada o cromada; lucirá mejor.

En circunstancias como ésta, aun quien no hubiese tenido los puños blindados de don Camilo hubiera empezado a repartir bofetadas. Pero precisamente en casos como éste don Camilo en cambio tenía la virtud de recobrar inmediatamente la calma. Porque entonces su razonamiento era de una sencillez formidable "Si éste me provoca tan desfachatadamente, tan sin disimulo, significa que espera mi reacción. Luego, si yo le doy un puñetazo en la cara le presto un servicio. En efecto, aquí pegaría, no a un Peppone sino a un alcalde en funciones y esto produciría un escándalo mayúsculo, creándome una atmósfera hostil a mí y por consiguiente al obispo".
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El sentido de la Historia (6)








por Nicolás Berdiaev





Capílo sexto

EL CRISTIANISMO Y LA HISTORIA







En uno de los capítulos precedentes hemos hablado largamente del nexo privilegiado existente entre el cristianismo y la historia, de la historicidad del cristianismo, y nos hemos referido a Schelling, el cual, en sus Vorlesungen über die Methode des akademischen Studiums, expuso con singular fuerza la idea de que el cristianismo es, ante todo, histórico, revelación a través de la historia. Al mismo tiempo, hemos dicho que el cristianismo es, por su misma naturaleza, excepcionalmente dinámico y no estático, que es una fuerza que irrumpe en la historia y, por consiguiente, se diferencia profundamente del mundo antiguo, que, dada su tendencia contemplativa, era fundamentalmente estático.

Este dinamismo fue tan grande que incluso estuvo presente en los casos en que se apostataba del cristianismo. En tales casos, el dinamismo se expresaba bajo otras formas, por ejemplo, bajo la forma de rebelión, de sublevación contra el destino; una rebelión tan violenta sólo aparece en el interior del período cristiano de la historia, pues el dinamismo cristiano engendra también a veces un dinamismo contrario y erróneo. Esta historicidad y dinamicidad excepcionales del cristianismo están ligadas ante todo a la circunstancia de que el hecho central de la historia cristiana (la aparición de Cristo) es un hecho único e irrepetible que funda el carácter específico de todo lo «histórico». Toda la historia universal camina hacia este hecho central e irrepetible y parte de él. Este carácter único e irrepetible de lo «histórico», este nexo de la historia celeste con la terrena, tiene en el mundo cristiano una configuración histórica muy compleja, en la que se refractan todas las fuerzas fundamentales de la historia espiritual precedente.
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3 de junio, Santa Clotilde, Reina




eina de los francos, nacida probablemente en Lyon, ca. 474; muerta en Tours el 3 de Junio de 545. Su fiesta se celebra el 3 de Junio. Clotilde fue la mujer de Clodoveo I, e hija de Chilperico, rey de los borgoñones de Lyon y Caretena. Tras la muerte del rey Gundioco (Gundioch), el reino de Borgoña se había dividido entre sus cuatro hijos, reinando Chilperico en Lyon, Gundebaldo en Vienne, y Godegisilo en Ginebra; la capital de Gundemaro no se menciona. Chilperico y probablemente Godegisilo eran católicos, mientras que Gundebaldo profesaba el arrianismo.

Clotilde fue educada religiosamente por su madre Caretena, que, según Sidonio Apolinar y Fortunato de Poitiers, era una mujer notable. Tras la muerte de Chilperico, Caretena parece haberse ido a vivir con Godegisilio en Ginebra, donde su otra hija, Sedeleuba, o Chrona, fundó la iglesia de San Víctor, y tomó el hábito religioso. Fue poco después de la muerte de Chilperico cuando Clodoveo pidió y obtuvo la mano de Clotilde.

A partir del Siglo VI, el matrimonio de Clodoveo y Clotilde fue el asunto de narraciones épicas, en las que los hechos originales se alteraron materialmente y diversas versiones se abrieron camino en las obras de diferentes cronistas francos, vg., Gregorio de Tours, Fredegario, y el “Liber Historiae". Estas narraciones tienen el carácter común a todos los poemas nupciales de la ruda poesía épica que se encuentra en muchos de los pueblos germánicos. Aquí bastará con resumir la leyenda y añadir una breve exposición de los hechos históricos. Se encontrará información adicional en obras específicas sobre la materia. Los poemas populares sustituían al rey Godegisilo, tío y protector de Clotilde, por su hermano Gundebaldo, que era presentado como el perseguidor de la joven princesa. Se suponía que Gundebaldo había asesinado a Chilperico, arrojado a su mujer a un pozo, con una piedra atada al cuello, y desterrado a sus dos hijas. Clodoveo al oír hablar de la belleza de Clotilde, envió a su amigo Aureliano disfrazado de mendigo, para visitarla en secreto, y darle un anillo de oro de su amo; entonces pidió a Gundebaldo la mano de la joven princesa. Gundebaldo, que temía al poderoso rey de los francos, no se atrevió a rehusar, y Clotilde acompañó a Aureliano y su escolta en su viaje de vuelta. Se apresuraron a alcanzar el territorio franco, pues Clotilde temía que Aredius, el fiel consejero de Gundebaldo, a su vuelta de Constantinopla adónde había sido enviado en una misión, influyera en su amo para que se retractara de su promesa. Sus temores estaban justificados. Poco después de la partida de la princesa, Aredius volvió y provocó que Gundebaldo se arrepintiera del matrimonio. Se despacharon tropas para traer de vuelta a Clotilde, pero era demasiado tarde, pues estaba a salvo en suelo franco. Los detalles de este relato son puramente legendarios. Está establecido históricamente que la muerte de Chilperico fue lamentada por Gundebaldo, y que Caretena vivió hasta 506: murió "llena de años", dice su epitafio, habiendo tenido la alegría de ver a sus hijos criados en la religión católica. Aureliano y Aredius son personajes históricos, aunque se sabe poco de ellos, lo que dice la leyenda es muy improbable.

Clotilde, como esposa de Clodoveo, pronto adquirió un gran ascendiente sobre él, del que se valió para exhortarle a abrazar la Fe católica. Durante mucho tiempo sus esfuerzos fueron infructuosos, aunque el rey permitió el bautismo de Ingomiro, su primer hijo. El niño murió en su infancia, lo que pareció dar a Clodoveo un argumento contra el Dios de Clotilde, pero no obstante esto, la joven reina obtuvo de nuevo el consentimiento de su marido para el bautismo de su segundo hijo, Clodomiro. Así el futuro del Catolicismo estaba ya asegurado en el reino franco. El propio Clodoveo fue poco después convertido en dramáticas circunstancias, y fue bautizado en Reims por San Remigio, en 496 (ver CLODOVEO). Así Clotilde llevó a cabo la misión asignada a ella por la Providencia; fue el instrumento de la conversión de un gran pueblo, que durante siglos sería el dirigente de la civilización católica. Clotilde dio a Clodoveo cinco hijos, cuatro varones, Ingomiro, que murió en la infancia, y los reyes Clodomiro, Childeberto, y Clotario, y una hija, llamada Clotilde como su madre. Poco más se sabe de Clotilde durante la vida de su marido, pero puede conjeturarse que intercedió ante él, en la época de la disputa entre los reyes de Borgoña, para ganarlo a la causa de Godegisilo contra Gundebaldo. La moderación desplegada por Clodoveo en esta lucha, en la que, aunque victorioso, no buscó sacar partido de su victoria, además de la alianza que después concluyó con Gundebaldo, fueron indudablemente debidas a la influencia de Clotilde, que debe haber visto con horror la lucha fratricida.

Clodoveo murió en París en 511, y Clotilde le enterró en lo que era entonces el Mons Lucotetius, en la iglesia de los Apóstoles (después, de Santa Genoveva), que habían construido juntos para servirles como mausoleo, y que Clotilde se encargó de completar. La viudedad de esta noble mujer fue entristecida por crueles pruebas. Su hijo Clodomiro, yerno de Gundebaldo, guerreó contra su primo Segismundo, que había sucedido a Gundebaldo en el trono de Borgoña, le capturó, y le hizo dar muerte con su mujer e hijos en Coulmiers, cerca de Orléans. Según la épica popular de los francos fue incitado a esta guerra por Clotilde, que pensaba vengar en Segismundo el asesinato de sus padres; pero, como ya se ha visto, Clotilde no tenía nada que vengar, y, por el contrario, fue probablemente ella la que arregló la alianza entre Clodoveo y Gundebaldo. Aquí la leyenda está en desacuerdo con la verdad, difamando cruelmente la memoria de Clotilde, que tuvo el dolor de ver perecer a Clodomiro en su atroz guerra con los borgoñones; fue vencido y muerto en la batalla de Veseruntia (Vezeronce), en 524, por Godomaro, hermano de Segismundo. Clotilde tomó a su cuidado sus tres hijos de corta edad, Teodoaldo, Gunterio, y Clodoaldo. Childeberto y Clotario, sin embargo, que habían dividido entre ellos la herencia de su hermano mayor, no deseaban que vivieran los niños, a los que habrían de rendir cuentas más tarde. Mediante una astucia retiraron a los niños del cuidado vigilante de su madre y mataron a los dos mayores; el tercero escapó y entró en un monasterio, al que dio su nombre (Saint-Cloud, cerca de París).
El dolor de Clotilde fue tan grande que París se le hizo insoportable, y se retiró a Tours, junto a la tumba de San Martín, al que tenía gran devoción, donde pasó el resto de su vida en oración y dedicada a las buenas obras. Pero aún le esperaban pruebas allí. Su hija Clotilde, esposa de Amalarico, el rey visigodo, que era cruelmente maltratada por su marido, pidió ayuda a su hermano Childeberto. Éste fue a su rescate y derrotó a Amalarico en una batalla, en la que este último murió; Clotilde, sin embargo, murió en el viaje a su casa, exhausta por las privaciones que había soportado. Finalmente, como para coronar el largo martirio de Clotilde, sus dos únicos hijos supervivientes, Childeberto y Clotario, comenzaron una disputa, y emprendieron una seria guerra. Clotario, perseguido de cerca por Childeberto, al que se había unido Teodeberto, hijo de Teodorico I, se refugió en el bosque de Brottonne, en Normandía, donde temía ser exterminado él y su ejército por las fuerzas superiores de sus adversarios. Entonces, dice Gregorio de Tours, Clotilde se postró de rodillas ante la tumba de San Martín, y le suplicó con lágrimas durante toda la noche que no permitiera que otro fratricidio afligiera a la familia de Clodoveo. Repentinamente se suscitó una terrible tempestad y dispersó a los dos ejércitos que estaban a punto de empezar una lucha cuerpo a cuerpo; así, dice el cronista, respondió el santo a las oraciones de la afligida madre. Esta fue la última de las pruebas de Clotilde. Rica en virtudes y buenas obras, tras una viudedad de treinta y cuatro años, durante los cuales vivió más como una religiosa que como una reina, murió y fue enterrada en París, en la iglesia de los Apóstoles, junto a su marido e hijos.
La vida de Santa Clotilde, cuyos principales episodios, tanto legendarios como históricos, se encuentran dispersos a lo largo de la crónica de San Gregorio de Tours, fue escrita en el Siglo X, por un autor anónimo, que recogió sus hechos principalmente de esta fuente. En una época temprana fue venerada por la Iglesia como santa, y aunque la poesía popular contemporánea desfigura su noble personalidad haciéndola un modelo de furia salvaje, Clotilde ha entrado ahora en posesión de una fama pura y sin tacha, que ninguna leyenda podrá oscurecer.



GODEFROID KURTH
Trascrito por Joseph P. Thomas
Traducido por Francisco Vázquez