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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

16 de mayo de 2009

Una mentira repetida mil veces







por Juan Manuel de Prada





Tomado de ABC






a consigna goebbelsiana («Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad») ha sido adoptada por el gobierno socialista como justificación del aborto libre, convenientemente arropada con la coartada emotiva. Y así, mediante la repetición de una consigna falaz y el recurso al aspaviento emotivo, la pobre gente arrasada por el napalm de la propaganda es capaz de comulgar con ruedas de molino. Nos repiten como papagayos los promotores del aborto libre que su propósito no es otro que garantizar la seguridad jurídica de la mujer, evitando su «criminalización». Poco importa que la tozuda realidad nos demuestre que ninguna mujer ha sido «criminalizada» en los últimos veinticinco años por abortar; poco importa que nuestro ordenamiento jurídico establezca todas las garantías jurídicas y procesales exigibles por seguridad jurídica: presunción de inocencia, tutela judicial efectiva, asistencia de letrado, etcétera. El gobierno ha decidido que una mentira repetida mil veces terminará convirtiéndose en verdad; y sabe que el napalm de la propaganda acabará con esa nefasta manía de pensar a la que todavía se aferran algunos recalcitrantes.

Y el napalm de la propaganda pretende que a la impunidad, a la connivencia de la ley con el delito, se le llame «seguridad jurídica». A esto se le llama nominalismo radical: se niega la posibilidad de conocer la naturaleza de las cosas; y el nombre que les damos a las cosas sustituye su verdadera naturaleza, de tal modo que cuando cambiamos su nombre, tal cosa simplemente deja de existir. Así, a la impunidad se le denomina caprichosamente «seguridad jurídica»; y a un delito como el aborto se le llama «derecho». Desde el momento en que se niega la capacidad humana para establecer la naturaleza de las cosas, ya no hay una racionalidad ética que pueda definir objetivamente los derechos humanos. Y así, un delito puede convertirse caprichosamente en «derecho», mediante un mero proceso político. El poder, en fin, se convierte en «creador» de derechos, con la coartada de atender la satisfacción de necesidades, apetencias y anhelos de una sedicente mayoría.

De este proceso, característicamente totalitario, queda excluida la posibilidad del debate, puesto que se niega la esencia misma del concepto de derecho como algo inherente a la propia naturaleza humana, para instaurar un nuevo concepto de «derecho» como producto de una coyuntural voluntad política. De este modo, lo que era algo inscrito en la propia naturaleza humana, pude ser modificado, redefinido, incluso subvertido en su misma esencia (esto es, desnaturalizado) por pura conveniencia. Y lo que era -según se recoge en el preámbulo de la Declaración de Derechos Humanos-«modelo común para todos los seres humanos», válido en cualquier circunstancia y cultura, se convierte en un barrizal nominalista, modelable según la pura conveniencia. Todo ello, por supuesto, bien rebozadito de emotividad.

Por desistimiento acomodaticio o mera pereza para razonar éticamente, no faltan los tontos útiles que aseguran que esta conversión del aborto, mediante la utilización de la consigna goebbelsiana, en «derecho» que otorga «seguridad jurídica» a la mujer no es sino una «cortina de humo» que pretende ocultar los descalabros de la crisis económica. Cuando de lo que en realidad se trata es de la culminación de un proceso de ingeniería social que busca lo que C. S. Lewis llamaba «abolición del hombre». «El sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto -escribe Aristóteles en su Política-, es el rasgo exclusivo del hombre». Y lo que esta nueva ley del aborto anhela, pura y simplemente, es que nos despojemos de nuestra racionalidad ética; en definitiva, que dejemos de ser humanos, para aceptar como verdad una mentira repetida mil veces.

Raíces filosóficas del Enciclopedismo (2)









por Isabel Pincemin





Tomado de La Enciclopedia y el Enciclopedismo
Ediciones OIKOS, Buenos Aires, 1983




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Ciencia y vulgarización


n uno de los artículos de la Enciclopedia, Diderot informa al lector que esta obra se debe a una sociedad de sabios que por amistad y por humanidad quieren ilustrar a su siglo. Este siglo filosófico vencerá la esterilidad cultural que causa con frecuencia el aislamiento de los creadores. La Enciclopedia, por lo tanto, quiere ser a la vez ciencia y vulgarización. ¿Es esto posible?
La cuestión del siglo es la de las relaciones entre naturaleza y cultura. A veces la cultura es celebrada como lo que contribuye de manera suprema a la planificación del hombre; otras es considerada como construcción artificial, corruptora de la sinceridad y de la bondad naturales. La cultura será entendida en el primer caso como presencia inteligente y dominadora del hombre en un mundo que la ciencia ha vuelto transparente y manipulable. Las verdaderas humanidades serán por lo tanto científicas; las humanidades literarias no serán consideradas más que como un vano ejercicio de retórica, arbitrario y subjetivo.
La Europa que se nos muestra en el Discurso es una Europa lenta en la aceptación de los progresos científicos, en especial de la física newtoniana. Un país es la excepción, Inglaterra, "nación menos injusta que las otras", que respeta a sus sabios aun cuando sus investigaciones no son apoyadas por el Estado. Los filósofos ingleses son reconocidos por la nación en vida. De Inglaterra llegan a Europa continental los primeros destellos de esa luz filosófica que se extenderá muy pronto.
Un país que le va en zaga, aunque con algunas reservas, es Holanda, "país enteramente libre". Allí es acogido Descartes, al que no se aprecia en Francia, pero su tranquilidad no dura mucho tiempo. Es recibido en Suecia en espera del reconocimiento de sus investigaciones filosóficas.
¿Qué sucede en Francia? Cuando en Inglaterra ya han sido aceptados los incuestionables progresos de Newton, Francia discute todavía la física cartesiana. Pero, poco a poco, la abandona. A la antigua física escolástica, nadie se atreve a nombrarla ya. Gracias a la influencia de Maupertuis la filosofía toma forma newtoniana.
Se expande la lengua francesa por toda Europa, remplazando la universalidad del latín. Cuando termina el siglo XVIII el filósofo tendrá la dificultad de tener que aprender una gran cantidad de idiomas. Pero es imposible volver atrás porque cada filósofo quiere ser admirado en su propia nación. La defensa de lo nacional es denominada "prejuicio", y frente a todo lo que signifique defensa de lo regional las luces pierden su habitual tolerancia. El universalismo se impondrá cuesta lo que cueste. La difusión de la lengua francesa será el vehículo de la extensión de las luces. Este siglo, que, en opinión de D'Alembert, eliminará toda barbarie, tiene como una de sus características fundamentales una fuerte inclinación por los libros de ciencia, tanto como los siglos anteriores la tenían por las letras. Siglo dado al análisis, en ocasiones ignorante y vanidoso, siglo "que quiere verlo todo y no suponer nada".
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16 de Mayo, Festividad de San Ubaldo, Obispo y Confesor







onfesor, Obispo de Gubbio, nacido de una familia noble en Gubbio, Umbría, Italia, hacia el comienzo del siglo XII; murió allí, Whitsuntide, en 1168. Mientras aún era muy joven, habiendo perdido a su padre, fue educado por el prior de la iglesia catedral de su ciudad nativa, donde fue canónigo regular. Deseando servir a Dios con más regularidad pasó al Monasterio de San Secondo, en la misma ciudad, donde permaneció por algunos años. Llamado por su obispo, regresó al monasterio de la catedral, donde fue nombrado prior. Habiendo escuchado que el Beato vienés, Pedro de Honestis algunos años antes había establecido una ferviente comunidad de canónigos regulares, a quienes les había dado especiales estatutos aprobados por Pascual II, Ubaldo fue allí, permaneciendo con sus hermanos canónigos por tres meses, para aprender los detalles y la práctica de sus reglas, anhelando introducirlas a sus propios canónigos de Gubbio. Esto hizo a su regreso. Sirviendo a Dios con gran método, pobreza (ya que todo su patrimonio de riquezas los había repartido entre los pobres y en la restauración de monasterios), humildad, mortificación, docilidad, y fervor, la fama de su santidad se esparció en todo el país y muchos obispados le fueron ofrecidos, pero no aceptó ninguno de ellos. Sin embargo, estando vacante la sede episcopal de Gubbio, fue enviado por el pueblo, con algunos clérigos, para pedir un nuevo obispo de Honorio II quien, habiéndolo consagrado, lo mandó de regreso a Gubbio. Para su pueblo se convirtió en modelo de todas las virtudes cristianas y un poderoso protector de todas sus necesidades tanto temporales como espirituales. Murió lleno de méritos, luego de una larga y dolorosa enfermedad de dos años. Numerosos milagros fueron obrados por él tanto en vida como después de su muerte. El Papa Celestino II lo canonizó en 1192 por petición del Obispo Bentivoglio. Su poder, como leemos en el Oficio de su fiesta, se manifiesta principalmente sobre los espíritus del mal, y los creyentes son instruidos para que recurran a él "contra omnes diabólicas nequitias".

La vida del santo fue escrita por el Beato Teobaldo, su sucesor inmediato en la sede episcopal, y de esta fuente se deriva toda la información proporcionada por sus numerosos biógrafos. El cuerpo del santo hombre, que primero había sido enterrado en la iglesia catedral por lo Obispos de Perugia y Cagli, y para la época de su canonización fue encontrado flexible e incorrupto, y fue entonces ubicado en un pequeño oratorio en la parte superior de la montaña que se encuentra a un lado de la ciudad, donde en 1508, por deseo del Duque de Urbino, los canónigos regulares levantaron una hermosa iglesia, frecuentada hasta hoy por numerosos peregrinos, quienes vienen a visitar las reliquias de su protector celestial de cerca y de lejos. La devoción hacia el santo es muy popular a lo largo de Umbría, pero especialmente en Gubbio, donde en cada familia al menos un miembro es llamado Ubaldo. La fiesta de su santo patrón es celebrada por los habitantes de la región con gran solemnidad, habiendo allí procesiones civiles y religiosas que traen a la mente famosas festividades de la Edad Media en Italia.

A. ALLARIA
Transcrito por Carol Kerstner
Traducido por Armando Llaza Corrales

15 de mayo de 2009

El comunismo en la Revolución Anticristiana (2)





Por el R.P. Julio Meinvielle




CAPÍTULO I

DE LA REALEZA DE CRISTO, EN LA HISTORIA, A LA CIVILIZACIÓN CRISTIANA






l presente libro quiere determinar con precisión qué sitio ocupa el comunismo en la Revolución anticristiana. Pero ello no es posible si no se determina, a su vez, el significado y alcance de la misma Revolución anticristiana. La Revolución anticristiana no puede ser caracterizada en toda su significación si no se fija el carácter necesariamente cristiano que ha de revestir el movimiento de la historia después que Cristo se ha hecho presente entre nosotros.

El tema del presente ensayo es precisamente éste, a saber, cuál sea el significado último delcomunismo en la historia. Y la historia, en definitiva, pertenece a Cristo como le pertenece todohombre. El comunismo, que aparece en la historia y llena toda una época de la vida del hombre en su paso por la tierra, ha de entrañar necesariamente una significación en la relación tambiénnecesaria del hombre en Cristo.

De aquí que en un primer capítulo hayamos de explicar la significación de Cristo y de su enemigo el anti-Cristo en la historia de los pueblos.

La historia de los pueblos en su dinamismo más profundo proclama a Cristo en su divina Realeza. No se ha de considerar como una ocurrencia piadosa que nos refiramos a la Realeza de Cristo para medir el lugar y el alcance del comunismo, sino que está ello exigido por la necesidad de encontrar una razón explicativa suficiente de este hecho que invade a los pueblos cristianos en un momento determinado de su historia.

La historia de los hombres

La historia en su realidad última está constituida por las acciones de los hombres. Pero, ¿quétienen de especial las acciones de los hombres frente a las de otros seres para que precisamente ellas y sólo ellas constituyan la historia? A esta cuestión, por mucho que se profundice, no se le puede dar respuesta más satisfactoria que la que le dio la sabiduría griega cuando definió al hombre como animal racional. La historia procede de esta doble condición del hombre. Porque el hombre con su razón pone libremente un determinado orden en el curso de sus acciones sobre sí mismo, sobre los otros hombres y sobre las cosas a su servicio, resulta un determinado desarrollo histórico que necesariamente se halla transido por una contingencia radical.

Aunque este desarrollo ha resultado éste y no otro, pudo haber resultado otro y no éste. No sólo la serie de la sucesión histórica, sino cada eslabón de esa serie, dependiente de una voluntad humana, pudo haber sido otro. El hombre hace su historia y hace la historia. Por ser racional es libre, y por ser libre es un agente responsable de su propio destino.

La historia del hombre está constituida por acciones y hechos, libremente puestos, que deben determinar un contorno de realizaciones en su paso por la tierra. Un contorno en el espacio y en el tiempo. En el espacio, porque el obrar del hombre, se entrecruza no sólo con el paisaje sinoentre las decisiones de los unos con las decisiones de los otros, de las de unos hombres individuales con las de otros hombres individuales, entre las de unos grupos sociales con las de otros grupos sociales, entre las de unas naciones con las de otras naciones y, finalmente, entre las de unas civilizaciones con las de otras civilizaciones.

E igualmente en el tiempo, porque las acciones de los hombres determinan otras múltiples acciones que repercuten y cristalizan en realizaciones e instituciones que, a su vez, también actúan y ejercen influencia más o menos profunda y lejana.

La historia es un inmenso entrecruzarse de pensamientos, palabras, acciones y realizaciones de los hombres. Un entrecruzarse a veces pacífico, a veces bélico. Un entrecruzarse de destrucción y de construcción.

La historia, por ser, precisamente, creación libre del hombre, se opone a la naturaleza. Ésta, en efecto, se mueve por un modo invariable de obrar. Aunque el hombre tiene también naturalezaque lo faculta para un obrar también determinado, sin embargo, esa determinación de ésa sunaturaleza y de las facultades que de ella emanan está dotada de una amplia plasticidad y libertad que provienen de su condición racional. En consecuencia, la historia no se opone a la naturaleza negándola, sino continuándola. Es decir que no niega la naturaleza, sino que expresa una de las realizaciones posibles en que esa naturaleza puede desplegarse.

Al contrario de lo que pasa en las otras naturalezas, privadas de razón, en que sólo es posible una realización determinada y fija de esa naturaleza. La especie humana admite en realidad infinitas realizaciones. Piénsese sino, no sólo en las innumerables civilizaciones de que nos da cuenta la historia sino también en otras que pudieron ser posibles.

Aunque la historia está constituida por todas las acciones de los hombres, en realidad, no seconsidera historia sino tan sólo ciertas acciones relevantes cumplidas por determinadascomunidades humanas o por personas destacadas de esas comunidades.

Res gesta, las hazañas, las acciones ilustres eran tan sólo registradas en la memoria de los pueblos. La historia cobraba así la función de paradigma de los pueblos. Constituía por lo mismo un alto magisterio de dignidad en la conducta de los hombres.

La diversidad de historias

Hablamos de historia de los pueblos, del hombre y de la humanidad. Pero, en realidad, desde el punto de vista del hombre, esta historia no existe.
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Victor Pradera, un católico en la vida pública de principios de siglo.



por José Ignazio Etxaniz .

Tomado de Revista Arbil (Nº 42)

Ficha: José Luis Orella Martínez: VICTOR PRADERA, UN CATÓLICO EN LA VIDA PÚBLICA DE PRINCIPIOS DE SIGLO. BAC, MADRID, 2000


Nuevo libro que nos muestra la biografía y las ideas que impulsaron a una personalidad que supo comprometerese en la vida pública hasta llegar al sacrificio personal por la defensa de los valores que mantenía, y que podría ser ejemplo de coherencia para los políticos actuales




a presente obra recupera la vida y el pensamiento de una persona que ha quedado olvidada y que por esta razón resulta inédita en la actual historiografía española. El libro de José Luis Orella, profesor de Historia de la Universidad San Pablo-CEU, nos recupera a uno de los pioneros del catolicismo social en España. A través de los hechos de la vida de Víctor Pradera el lector entra en la vertebración de un catolicismo activo en los más diversos campos de la sociedad.

Nacido en Pamplona en 1872 y recriado en San Sebastián, la juventud de Víctor Pradera nos lleva a las aulas recién estrenadas de la Universidad de Deusto, institución dirigida por los jesuitas con la misión de formar una élite católica. Víctor Pradera pertenecerá a su segunda promoción y será compañero de José María Urquijo, fundador del periódico La Gaceta del Norte; y el P. Angel Ayala, fundador de la ACN de P (Propagandistas). El sello recibido en Deusto le servirá para ser un católico vinculado a la vida pública española de principios de siglo XX.

En sus primeros capítulos vemos transcurrir a un Víctor Pradera comprometido con el carlismo y que va forjando su personalidad intelectual en un catolicismo vertebrado en el tomismo nacido en la escuela de Malinas de manos del cardenal Mercier, y en una visión descentralizada de España, por su mentor ideológico Juan Vázquez de Mella. Su actividad como joven diputado por Tolosa se verá marcada por la defensa de las peculiaridades regionales de España dentro de un concepto uninacional y de la salvaguardia de los derechos de la Iglesia en el estado liberal.

Sin embargo, la primera guerra mundial producirá profundos cambios en el mundo y en las personas. El despertar de las nacionalidades y la instauración del comunismo en Rusia marcarán una época que devolverá a Víctor Pradera a una vida pública, abandonada a favor de sus actividades profesionales de ingeniero y abogado. Como nos relata su autor, Pradera se verá convertido en el paladín de la unidad nacional española en el País Vasco y Navarra, pero desde una visión descentralizada y en defensa de sus peculiaridades forales, frente a las pretensiones nacionalistas de crear un estado independiente y racialmente vasco.

Al mismo tiempo el miedo al socialismo revolucionario le empujará a huir de las capillas políticas y a fomentar la unión de las fuerzas políticas de la derecha bajo un programa común y a favorecer un extenso desarrollo del catolicismo social como única vía de formación integral de la persona. En este camino, el libro nos muestra su participación en la formación del Partido Social Popular y la posterior colaboración desde una posición crítica con el régimen del general Miguel Primo de Rivera. Resulta interesante señalar la labor que el autor realiza por describir el origen del catolicismo social en Europa, después en España y evidentemente que concepción tenía de ello el propio biografiado.

No obstante, una de las partes más atractivas del libro resulta la dedicada a la II República donde Víctor Pradera se convierte en el principal ideólogo de los carlistas, pero con una gran influencia en el resto de las formaciones de derechas. Su participación en la revista Acción Española y especialmente la fama que alcanzó su libro El Estado Nuevo, en el que sistematizo el corporativismo como una alternativa política viable en España, y le convirtió en una celebridad nacional. El autor realiza una buena labor explicando y diferenciando las características de la derecha accidentalista de José María Gil Robles, la encabezada por José Calvo Sotelo y Manuel Fal Conde, y finalmente el nacionalsindicalismo liderado por José Antonio Primo de Rivera.

Otra de las notas a destacar del libro es la diferenciación cuidada del corporativismo derivado del catolicismo social, del defendido por el fascismo y las divergencias entre extremas derechas y movimientos fascistas. En la actualidad que es fácil la equivocación, el autor presta un sumo cuidado en diferenciar las diferentes opciones políticas. De este modo, la principal y más famosa obra de Pradera, El Estado Nuevo, tiene un capítulo dedicado integro a la concepción organicista del ingeniero navarro. En la parte final es clarificador e interesante en los momentos actuales dedicar un capítulo diferencias y semejanzas entre fascismo y movimientos tradicionalistas, y otro a los movimientos afines al corporativismo católico que surgieron fuera de España. El integrar al catolicismo organicista español con el resto del mundo ayuda a centrar mejor el tema del libro.

Se agradece también al autor que en la fase de inicio de la guerra civil nos detalle lo más posible los últimos días de Víctor Pradera, probando con apoyo documental la implicación del consejero nacionalista de orden público en su asesinato y el de sus compañeros. En definitiva es un libro breve, pero denso en información y que viene a rellenar un espacio vacío de nuestra historia contemporánea de principios de siglo XX, a través de la vida de uno de nuestros principales intelectuales católicos, que resulta todavía un gran desconocido para el lector de la calle. La apuesta de la BAC, como de su autor de recuperar el papel ejercido por Víctor Pradera en la historia de nuestro país es una labor importante en la recuperación de las raíces históricas de nuestra patria.

Del lado de la vida



por Eulogio López


Tomado de Hispanidad


Ha sido dejado a los últimos modernistas proclamar una religión erótica que a la vez exalta la lujuria y prohíbe la fertilidad... los sacerdotes de Priapo y Coyto los precederán en el Reino de los Cielos... Por lo menos estaban del lado de la fecundidad, del lado de la vida”.


on palabras de Chesterton que resumen, con un siglo de adelanto, la actual situación de sexo sin concepción y concepción sin sexo.

El proyecto de ley del aborto que ha aprobado este jueves 15 el Consejo de Ministros español no aumentará mucho el número de abortos en España (por contra, la Píldora del Día Después, que es abortiva, sí). Simplemente se trata de ofrecer una coartada a la legión de mujeres -y varones- que han cometido el horror de asesinar a su propio hijo: el homicidio convertido en derecho. Lo mismo que la sonrisa, la sonrisa de la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, convertida en mueca.

Digo que no aumentará el número de abortos en España porque ya existía el aborto libre. No olvidemos que la ley del 85 no pone límite de tiempo cuando existe peligro para la salud física o psíquica de la madre, que es nunca, pero siempre puede argüirse para librarse del paquete. No cabe duda, el Zapaterismo pasará a la historia, a la historia de la barbarie. El aznarismo, a la historia de la connivencia homicida y cobarde.

A ver si nos entendemos: el actual anteproyecto de ley, ¿amplía el aborto respecto a la norma de Felipe González de 1985? En mi opinión, no. Incluso puede plantearse lo contrario. La ley del 85 es salvaje: una mujer puede matar a su hijo el mismo día del parto si existe peligro para su salud psíquica, el gran coladero. Ahora se no dice que se eleva de 12 a 14 las semanas para le aborto libre. ¿Es así? No. Tenemos que meternos en la cabeza que la ley del 85 no permitía el aborto en las 13 primeras semanas de gestación. Ese lapso se refería al aborto por violación. Luego eran 22 semanas para la malformación del género e indefinido, sí, indefinido, en cualquier momento, cuando existiera peligro para la salud física o psíquica de la madre, supuesto bajo el que se perpetran el 97% de los 112.000 abortos actuales en España.

El cambio actual de ZP consiste en la desfachatez homicida de convertir una despenalización en un derecho, el derecho a asesinar al inocente: Durante las primeras catorce semanas de embarazo la mujer no tiene que decir por qué quiere abortar: simplemente aborta. De hecho ahora se hace así, sólo que con la estafa legal de rellenar un cuestionario donde un psicólogo ya ha firmado, al final, su decisión de que si no aborta, la mujer puede sufrir grandes depresiones.

La semejanza con el divorcio express es grande. La reforma divorcista de ZP es, al igual que el anteproyecto de ley aprobado el jueves 14 por el Gobierno, una cuestión de conciencia, de mala conciencia. Como decía la ilustrísima señora vicepresidenta, “a nadie hay que preguntarle por qué se divorcia”. Con ello se cargaba todo el derecho, porque el matrimonio religioso, civil o de hecho, al igual que la constitución de una sociedad, la firma de una hipoteca o cualquier otro acto reglamentado, es un contrato que conlleva derechos y obligaciones que no se pueden romper porque sí. Pero la ‘vice’ tiene esta mentalidad enloquecida, y el ‘presi’ aún peor. Igual con el aborto: aborto porque me da la gana. No más que antes, pero ahora no tengo que justificarme. Es mi derecho a matar a mi hijo y lo hago porque me da la real gana.

Y entonces, ¿por qué lo hacen? Pues porque, engolfados como están en el mercado de la muerte, en el odio a la humanidad y, en concreto, en la aversión a la debilidad y la inocencia, han caído de lleno en lo que el Evangelio conoce como el pecado contra el Espíritu Santo: atribuir a Dios las obras el demonio. En laico: el mundo al revés. Se trata de presentar el aborto, no como un mal necesario, sino como un bien deseable, como un derecho. Por cierto, la blasfemia contra el Espíritu Santo es el pecado que, según el Evangelio, no podrá perdonarse ni en este mundo ni en el otro. No porque Dios no quiera perdonarlo sino porque supone, no un atentado contra la moral, sino una inversión de la norma moral, donde lo bueno es malo y lo malo es bueno. Ergo, no sep puede perdonar porque los reos de esta blasfemia no piden perdón sino que exigen aplauso. Y si no piden perdón, no es posible perdonarles.

15 de mayo, Festividad de San Juan Bautista de La Salle, Confesor








s el 17 de enero de 1667. En la insigne catedral de Reims hay el revuelo propio de una gran fiesta. Un jovencito, de apenas dieciséis años, pero perteneciente a una de las más ilustres familias de la ciudad, la de La Salle, toma posesión de su silla en el coro: la número 21. Podernos imaginarnos la impresionante ceremonia sabiendo que entonces el Cabildo contaba, a más de cincuenta y seis canónigos, sesenta y un capellanes, cuatro sacerdotes y cuatro sacristanes. Tenía a su frente ocho dignidades. Y hasta 1789, época de la que poseemos un cálculo hecho, treinta y uno de sus miembros habían sido obispos, veintiuno cardenales y cuatro habían llegado a la Sede de San Pedro: Silvestre II, Urbano II, Adriano IV y Adriano V.


Extraños los caminos de la Providencia. El año anterior, el día de Pascua, Pierre Docez, arcediano de Champagne, la segunda de las dignidades del Cabildo, había asistido a una velada en el colegio Des Bons Enfants y había quedado prendado de la modestia, la discreción y el ingenio de aquel jovencito, Juan Bautista, lejano pariente suyo. En vista de esto decidió resignar en su favor la canonjía. Y así lo hizo. De esta manera Juan Bautista de la Salle se incorporó al Cabildo.

Poseemos un retrato hecho en esta época. El joven tiene un aire de seriedad y nobleza; la mirada profunda; una boca bien formada y enérgica; una amplia melena negra, partida por gala en dos; está revestido de la sobrepelliz, el bonete, el armiño... Causa una impresión agradable, pero nadie diría, ni él mismo se atrevería a sospechar, los designios que Dios tenía sobre él. Mientras llega la hora el joven canónigo ha de continuar sus estudios. Y lo hace en el seno de su familia, auténtica y sólidamente cristiana. La mitad de sus hermanos abrazarán el estado sacerdotal o religioso. El mismo, pese a su juventud, se constituye en un modelo "de regularidad, de modestia y de candor para sus compañeros de Cabildo.
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14 de mayo de 2009

Evolucionismo y progresismo




por el Dr. Aníbal D´Angelo Rodríguez


Tomado de Evolución y Evolucionismo
Ediciones Oikos, 1982





I. Creencias y cosmovisión



no de los servicios más insignes que Ortega y Gasset prestara al pensamiento es la distinción entre ideas y creencias. A partir de ella, toda indagación histórica tiene la obligación de tomarla en cuenta si de verdad quiere penetrar en la incógnita del pasado para develarla y reconstruirlo.
El más prolijo expositor de las ideas de Ortega ha escrito: "Las creencias se refieren primariamente al comportamiento de la realidad; las interpretaciones básicas de lo real, justamente en la medida en que «funcionan», en que no son pensadas como interpretaciones, eso son las creencias fundamentales. Por eso las creencias no se originan en el individuo propiamente por persuasión, no son rigurosamente «convicciones» sino que son más bien inyectadas por la marcha de la vida misma. El funcionamiento de la realidad que nos rodea desde el nacimiento, la presentación de cada una de las cosas como tal cosa, como tal manera de ser y comportarse, decanta en nosotros la creencia correspondiente" (1). Añade más adelante, al hablar del sistema de las creencias: "Su articulación está sostenida por un proyecto o pretensión constitutiva de la forma de vida correspondiente; sólo en función del drama vital a que sirve es sistemático el repertorio de las creencias; pero visto desde esta perspectiva no puedo sino ser sistemático, porque de otro modo la vida no sería posible" (2).
He aquí las dos conclusiones de las que queremos partir para nuestro estudio del evolucionismo: primero, qué los hombres cuentan en su vivir—y no pueden dejar de hacerlo— con un conjunto de "interpretaciones básicas de lo real"; segundo, que esas interpretaciones constituyen un sistema, cuya estructura no es precisamente lógica sino ligada a un proyecto o pretensión.
Pues bien: llamaremos cosmovisión a esa estructura que, ligada a un proyecto, proporciona un repertorio de interpretaciones básicas de la realidad. Estructura, proyecto e interpretaciones absolutamente inevitables, pues no puede concebirse vida colectiva—lo que equivale aquí a decir vida humana— sin tales componentes.
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Raíces filosóficas del Enciclopedismo (1)







por Isabel Pincemin





Tomado de La Enciclopedia y el Enciclopedismo
Ediciones OIKOS, Buenos Aires, 1983









n esta pieza introductoria se define el doble propósito de L'Encyclopédie ou Dictionaire raisonné des Sciences, des Arts et des Metiers como la exposición "del orden y la concatenación de las partes del conocimiento humano", así como el "diccionario analítico... para cada ciencia, arte y oficio". Basándose en el árbol de los conocimientos de Francis Bacon, D'Alembert pretende fundar nada menos que un "orden" epistemológico que lejos de concretarse sólo consiste en una acumulación de conocimientos más o menos inconexos.


Si se concibe el proyecto enciclopédico como Naigeon, discípulo de Diderot, es decir, como "el más grande y hermoso monumento que ningún siglo haya elevado jamás para gloria e instrucción del género humano", se hace patente que la Enciclopedia se concibe a sí misma como una inmensa empresa educativa.
¿En qué consiste esta empresa? ¿En quiénes se inspira? D'Alembert intenta darnos una respuesta en el Discurso preliminar de la Enciclopedia, cuyos primeros diez tomos aparecen en 1751. El Discurso preliminar es un texto breve que tiene como objetivos primeros exponer, por una parte, las razones por las cuales se elige una determinada clasificación de las ciencias como fundamento de la Enciclopedia y, por otra, rendir homenaje a los sabios que inspiraron esta monumental obra. Tiene el mérito de expresar sintéticamente lo que llamamos el "espíritu enciclopédico" y de remontarnos a lo que D'Alembert cree que son las raíces de su doctrina filosófica, doctrina que expresa en gran parte las convicciones o intuiciones de su propia generación.
Señala D'Alembert algunos de sus antecedentes filosóficos. Iremos indicando otros que subyacen en su exposición.
La determinación de la genealogía filosófica del Enciclopedismo nos lleva enseguida, aunque sea brevemente, a precisar el papel que en él juega la historia y luego a señalar algunos rasgos de la historiografía iluminista.
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14 de Mayo, Conmemoración de San Bonifacio, Mártir



tomado del Santoral del R.P. Juan Croisset, S.J.





acia el fin del tercer siglo, en el imperio de Galerio Máximo, se admiró en la Iglesia una de aquellas extraordinarias conversiones que obra algunas veces la mano poderosa del Señor para animar la confianza de los pecadores, y para descubrir al mismo tiempo á los hombres los tesoros de su misericordia.
Había en Roma una dama joven, noble, rica y poderosa, llamada Aglae, hija de Acacio, que había sido procónsul y de familia senatorial, tan entregada al fausto y á la vanidad, que solía dar al pueblo juegos públicos, cuyos gastos costeaba ella misma. Era, a la verdad, cristiana, pero desacreditaba el nombre y la profesión con su desarreglada vida. Ocupada toda del espíritu del mundo, se entregaba totalmente á las diversiones hasta tocar la raya de la disolución, con grande escándalo de todos los fieles.
Tenía comercio ilícito con su mismo mayordomo, joven de bella disposición, pero dado al vino y á todos los demás desórdenes.
Llamábase Bonifació, y, aunque era también cristiano, lo era sólo de nombre, deshonrando la profesión, igualmente que su ama, por la disolución de sus costumbres. En medio de estos defectos se notaban en él buenas prendas: compasión de los miserables, caridad con los pobres y hospitalidad con los extranjeros.
Hacía mucho tiempo que traía una vida muy desordenada, cuando el Dios de las misericordias mudó su corazón con la conversión de la misma que le había pervertido. Movida Aglae de una poderosa gracia interior, abrió los ojos para conocer sus desórdenes, y, espantada con la vista del número y de la gravedad de sus pecados, despedazado el corazón de dolor, resolvió aplacar la ira de Dios con sus limosnas y con una pronta penitencia.
A la conversión de Aglae se siguió inmediatamente la de Bonifacio, y ambos repararon con ventajas el escándalo que habían dado á los fieles con la mudanza de su vida y con sus grandes ejemplos. Comenzó Aglae haciendo á Dios un generoso sacrificio de todas sus galas y sus joyas, prohibióse todo género de diversiones y se retiró para siempre de todas las concurrencias mundanas. A las antiguas diversiones ilícitas sucedió el ayuno, la oración, el cilicio y otras muchas penitencias; y, procurando rescatar sus pecados con sus limosnas, se sepultó en un profundo retiro, determinada á pasar lo restante de su vida entre gemidos y llantos. Por su parte, Bonifacio no omitía medio alguno para ser fiel á la gracia, dando cada día nuevas pruebas de la sinceridad de su conversión.
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13 de mayo de 2009

El comunismo en la Revolución Anticristiana (1)




Libro del R.P. Julio Meinvielle


Prólogo a la Tercera Edición, 1974, por el Dr. Carlos A. Sacheri





Para leer los prólogos de las dos primeras ediciones, del mismo P. Meinvielle, haga click sobre su imagen. ( muy recomendado)







a realidad operante de la subversión comunista constituye, sin lugar a dudas, el aspecto más negativo y disolvente de la crisis intelectual y moral del siglo veinte. Muchos han sido los esfuerzos desplegados por multitud de filósofos, teólogos, economistas, políticos, sociólogos, etc., para desentrañar el meollo de la teoría y la praxis marxista-leninista y señalar sus consecuencias negativas tanto para la persona humana como para el orden social. Dentro de la vastísima bibliografía existente, se destaca, sin embargo, esta obra de R. P. Julio Meinvielle, que conoceahora su tercera edición, publicándose sin incluir el apéndice titulado “La Mater et Magistra y lapropiedad colectiva privada”, por haber sido éste agregado en la reedición de “Conceptosfundamentales de la Economía” (segunda edición, Editorial Universitaria de Buenos Aires, Buenos Aires, 1973).
La reflexión sobre el fenómeno comunista ha sido una de las constantes preocupaciones del P. Meinvielle a lo largo de su amplia trayectoria intelectual. En tal sentido, resultaría largo historiar la larga serie de libros, artículos, conferencias y editoriales por él consagrados a los más diversos aspectos teóricos y prácticos del marxismo, a partir de su primera obra “Concepción católica de la política” (editada por los Cursos de Cultura Católica, 1932, y ahora reeditada por la Biblioteca del Pensamiento Nacionalista Argentino, vol. III, Ediciones Dictio, 1974), hasta su última conferencia pronunciada en México, D.F., en el VI Congreso de la Liga Mundial Anticomunista (WACL), durante el 25 de agosto de 1972, bajo el título de “Civilización cristiana versus Comunismo” (publicada en “Verbo”, nº 126/127, diciembre, 1972, que se incluye como Apéndice en la presente edición).
Este libro del Padre Julio es complementario de “El poder destructivo de la dialéctica comunista” (29 edición, Cruz y Fierro Editores, Buenos Aires, 1973) y tiene la virtud de situar la Revolución Comunista en una doble perspectiva complementaria. En primer lugar, dicho movimiento es analizado a la luz de la antropología filosófico-teológica, la cual nos brinda la auténtica imagen del hombre y del orden social, sobre la base del realismo filosófico de Aristóteles y Santo Tomás. En segundo lugar, el fenómeno marxista es enfocado a la luz de la teología católica de la historia y de la cultura. Esta doble perspectiva, no sólo confiere a la obra una singularidad excepcional, sino que le permite alcanzar la máxima hondura al juzgar los efectos devastadores de la empresa comunista a la luz de la crisis histórica de las naciones cristianas.
El punto de partida antropológico está dado substancialmente por la formulación de la doctrina de las cuatro formalidades, la cual configura uno de los mayores aportes intelectuales del autor. Al distinguir los cuatro aspectos esenciales del ser humano (ser-sensible-racional-divino),Meinvielle detecta su íntimo paralelismo con las funciones sociales básicas en toda cultura (economía de ejecución – economía de dirección – política sapiencial). Dicho ordenamiento es universalmente válido, pues se inspira en la propia naturaleza del hombre, razón por la cual trasciende las contingencias y variaciones propias de cada época y de cada sociedad. Pero, a partir del nominalismo del siglo catorce, Occidente fue involucionando a través de tres momentos sucesivos: el Renacimiento y la Reforma, la Revolución Francesa y, por último, la RevoluciónComunista, cuya exaltación del homo faber instaura la dominación del proletariado o economía de ejecución por encima de todos los otros valores.
Ubicada en tal perspectiva, surge con nitidez la perversidad intrínseca de la empresa comunista, como lo señalara magistralmente Pío XI en la Divini Redemptoris (nº 58). Al invertir la jerarquía natural de valores, la sociedad colectivista nos ofrece un hombre amputado, reducido a la condición de engranaje anónimo del sistema. Privado de derechos esenciales, carente de iniciativa y de responsabilidades concretas, el homo faber del marxismo termina siendo una tristísima caricatura de la imagen del hombre según el orden natural y cristiano. Meinvielle pone a la vez de manifiesto cómo el marxismo penetra en todos los ambientes a través de su instrumentoclave, la lucha de clases o praxis revolucionaria, mediante la cual disuelve todas las estructuras,instituciones y grupos dirigentes, reemplazándolos por sus propias “correas de transmisión”.
El libro reafirma la gran perspectiva teológica, característica de todo el pensamiento del autor, de la civilización cristiana o ciudad católica, esto es, de la Cristiandad. Al respecto cabe señalar que Julio Meinvielle es el máximo teólogo de la Cristiandad en lo que va del siglo veinte.
Esta constante que jalona toda su labor intelectual alcanza su perfil definitivo en la presente obra,al insertarse en una teología de la Historia centrada en la obra redentora de Cristo Rey, Señor delos tiempos y de las naciones. Con su lucidez habitual, su rigor conceptual y su apertura constantea los problemas que signan estos tiempos cruciales para el destino del mundo, el Padre Meinvielle ha realizado una labor señera que ilumina a los espíritus sedientos de verdades trascendentes y los alienta para la recuperación de nuestra Iglesia y de nuestra Patria, frente a la ofensiva arrolladora del aparato comunista internacional.

CARLOS ALBERTO SACHERI
Buenos Aires, marzo 7 de 1974,
en la festividad de Santo Tomás de Aquino,
Doctor Universal de la Iglesia.

13 de Mayo, Festividad de Nuestra Señora de Fátima








n 1917, tres pastorcitos, después de haber sido preparados por el ángel de Portugal, reciben la visita de la Madre del Cielo, María Santísima, quien se da a conocer como La Virgen del Rosario y les muestra su Inmaculado Corazón.






Cronología de Fátima.

13 de mayo, de 1917: Primera aparición de la Virgen a los tres pastorcitos en Fátima.

13 de octubre, de 1917: Última aparición de la Virgen a los tres pastorcitos y milagro del sol.

28 de abril de 1919: Se inicia la construcción de la Capillita de las Apariciones.

13 de octubre de 1921: Se permite por primera vez celebrar la Santa Misa.

13 de octubre de 1930: El obispo de Leira declara dignas de fe las apariciones y autoriza el culto de Nuestra Señora de Fátima

13 de mayo de 1931: Primera consagración de Portugal al Inmaculado Corazón de María, hecha por el Episcopado Portugués, siguiendo el mensaje de Fátima.

31 de octubre de 1942: Pío XII, hablando en portugués por la radio, consagra el mundo al Inmaculado Corazón de María, haciendo mención velada de Rusia, según pedido por Nuestra Señora.

13 de mayo de 1946: La estatua de Nuestra Señora de Fátima ubicada en la capillita es coronada por el Cardenal Marsella, Legado Pontificio. La corona fue ofrecida por las mujeres portuguesas en agradecimiento por haber librado a Portugal de la Segunda Guerra Mundial.

13 de mayo de 1967: El Santo Padre Pablo VI viaja a Fátima en el cincuentenario de la primera aparición para pedir la paz del mundo y la unidad de la Iglesia.

12-13 de mayo de 1982: El Santo Padre Juan Pablo II viaja a Fátima como peregrino para agradecer el haber salido bien del brutal atentado sufrido exactamente un año antes en la plaza de San Pedro y de rodillas consagra la Iglesia, los hombres y los pueblos, al Inmaculado Corazón de María, haciendo veladamente mención de Rusia.

25 de marzo 1984: En la Plaza de San Pedro, delante de la Imagen de la Virgen, Juan Pablo II consagra una vez más, el mundo al Inmaculado Corazón de María, en unión con todos los obispos del mundo que previamente habían sido notificados para que se uniesen con Su Santidad en esta consagración. Mas tarde Lucía confirma que esta consagración satisface la petición hecha por la Virgen.

12 al 13 de mayo de 1991: El Santo Padre Juan Pablo II vuelve a Fátima por segunda vez como peregrino, en el 10mo aniversario de su atentado.

13 de mayo de 2000: El Santo Padre Juan Pablo II, en su tercera visita a Fátima y ante mas de 1 millón de peregrinos (entre ellos nosotros), beatifica a Francisco y Jacinta y revela la tercera parte del "secreto de Fátima". Un momento histórico de gran trascendencia. El Papa confirma una vez mas la importancia de los mensajes y de la santidad heroica de los niños videntes. Los presenta como importantísimo ejemplo oración, amor y penitencia. Reconoce la trascendencia los mensajes que la Virgen les comunicó.

13 de febrero de 2005, muere Sor Lucía, en la Cova de Iría (Portugal), a los 97 años, en el convento de Coimbra en Portugal.
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13 de Mayo, Festividad de San Roberto Belarmino, Obispo, Confesor y Doctor






e clausuró el magno concilio de Trento muy poco después que Belarmino se consagrara a Dios con sus primeros votos. Se seguían sus incidencias con pasión. Las conversaciones de los primeros años de vida religiosa de nuestro Santo tuvieron muchas veces que girar en torno al magno Concilio que había logrado estructurar los problemas básicos de teología en forma orgánica y dictaminar sabias medidas de auténtica reforma.

Lo que ahora urgía era llevar a la práctica los decretos. Esta fue la misión de Belarmino. Toda su vida girará en torno a la órbita de Trento.

Ya su vocación a la Compañía de Jesús había nacido bajo el signo de la renovación espiritual. Sobrino del papa Marcelo II, cuando más en auge estaba el nepotismo pontificio, amante de la literatura, música, arte, se sintió atraído hacia las bellezas del mundo clásico. Virgilio constituía sus delicias desde los primeros años.

Por su familia, talento y aficiones estaba destinado al fausto y brillo de la corte pontificia. Parecía llamado para brillar en el firmamento del Renacimiento italiano. Pero su santa madre, Cintia Cervina, velaba por él. Le hizo ver lo peligroso de aquella dorada escala. El mismo joven, con su característica ingenuidad, nos descubre sus reacciones íntimas. "Estando durante mucho tiempo pensando en la dignidad a que podía aspirar, me sobrevino de modo insistente el pensamiento de la brevedad de las cosas temporales. Impresionado con estos sentimientos, llegué a concebir horror de tal vida y determiné buscar una religión en que no hubiera peligro de tales dignidades".
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12 de mayo de 2009

The Great Service


William Byrd (c. 1540 -- 4 July 1623)




Performed : The Tallis Scholars

Dir : Peter Phillips






Venite




Te Deum




Benedictus




Credo




Magnificat



Nunc dimitis

El sentido de la Historia (3)



por Nicolás Berdiaev



LA HISTORIA CELESTE

Dios y el hombre




a historia y el destino celestes del hombre condicionan de antemano su destino y su historia terrestres. En el cielo tiene lugar un prólogo que establece la finalidad de la historia universal y la pone en marcha. ¿Qué es esta historia celeste? Es el verdadero fundamento metafísico de la historia. El cielo y la vida celeste en donde da comienzo el proceso histórico no son otra cosa que la vida espiritual más profunda, porque, en realidad, el cielo no es solamente algo que está por encima y lejos de nosotros como una esfera trascendente y casi inalcanzable, sino también la profundidad máxima de nuestra vida espiritual.
Cuando abandonamos la superficie y descendemos a esta profundidad, nos ponemos verdaderamente en contacto con la vida celeste. En esta profundidad yace una experiencia espiritual diferente de la realidad terrena y que es el estrato más amplio y profundo del ser. Este estrato profundo es justamente la fuente de la historia. La historia tiene su origen en la realidad espiritual interior, en la experiencia del espíritu humano, en la cual éste último no aparece ya como algo lejano y opuesto al espíritu divino, sino que, por el contrario, está en inmediato contacto con él, una experiencia, en suma, en la que se revela el drama de las relaciones recíprocas entre Dios y el hombre. En este sentido, la realidad celeste es la realidad profundísima en la que se plantea el tema de las relaciones entre Dios y el hombre, entre el hombre y la fuente primordial de la vida. Es justamente esta relación la que constituye la esfera profunda en la que es concebida la historia, en donde se halla escondido su germen, en la que queda fundamentalmente delineado el proceso histórico universal.
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El Pequeño mundo de Don Camilo (21)





por Giovanni Guareschi


A ORILLAS DEL RÍO





NTRE la una y las tres de la tarde en agosto, el calor, en los pueblos ahogados entre los maizales y el cáñamo, es algo que se ve y toca. Se diría que uno tiene ante los ojos, a un palmo de la nariz, un extenso velo ondulante de vidrio hirviente.Atraviesas un puente, miras abajo, hacia el canal, y ves el fondo seco y resquebrajado, y aquí y allá algún pescado muerto. Y cuando del camino que corre sobre el terraplén miras dentro de un cementerio, te parece sentir crepitar bajo el sol ardiente los huesos de los muertos.
Por la carretera provincial marcha lentamente algún carrito de ruedas altas, lleno de arena. El carretero duerme boca arriba sobre la carga, con la panza al aire y el dorso abrasado; o bien, sentado en el cabezal pesca con una pequeña podadera dentro de media sandía sostenida entre las piernas como una palangana.Al llegar al dique grande se ve el río, vasto, desierto, inmóvil y silencioso: antes que un río parece un cementerio de aguas muertas.
Don Camilo se encaminaba al dique grande con un pañolón blanco metido entre el sombrero y el cráneo, a la una y media de una tarde de agosto, y viéndolo así bajo el sol, en medio de la blanca carretera, no hubiera podido imaginarse nada más negro ni más clerical,"Si en este momento existe en el radio de veinte kilómetros uno solo que no duerma, me dejo cortar la cabeza" – dijo para sí don Camilo.
Saltó el dique y fue a sentarse a la sombra de un montecillo de aromos. A través del follaje se veía centellar el agua. Se desvistió, dobló cuidadosamente las ropas y haciendo de ellas un atado lo ocultó entre las hojas de un arbusto. Luego se metió en el río en calzoncillos.
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12 de Mayo, Festividad de Santos Nereo, Aquileo, Domitila y Pancracio, Mártires





Santos Nereo y Aquileo ó Aquiles




an llegado hasta nosotros unas actas tardías del martirio de los santos Nereo y Aquiles. Debieron escribirse hacia finales del siglo V, y de las mismas se conservan dos recensiones, una griega y otra latina.El valor histórico de estas actas es muy dudoso; se trata más bien de una novela que agrupa alrededor de Flavia Domitila a una serie de personajes conocidos por la arqueología, y de cuya existencia no puede en modo alguno dudarse. Suele ser el éxito de todas las leyendas partir de lo cierto para montar un relato fabuloso.
Mombritius, un renacentista del siglo XV, fue quien dio primero a luz estas actas en 1479. De él las tomó Surio para sus Vitae Sanctorum; de Surio pasaron a los Bolandos en 1680 y de allí corrieron por los "años cristianos" populares. Estudios críticos emprendidos el pasado siglo han conseguido cribar lo que hay de leyenda y de historia en la vida de estos santos mártires.Veamos primero qué nos dicen las referidas actas.
Flavia Domitila, sobrina del emperador Domiciano, tuvo por servidores a Nereo y Aquiles, que habían sido convertidos por San Pedro, los cuales la persuadieron a rechazar las promesas de matrimonio que la hiciera Aureliano, hijo del cónsul, animándola a abrazar la virginidad.
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Santa Flavia Domitila




a hagiografía de los primeros siglos cristianos presenta la enorme dificultad de una numerosa serie de escritos apócrifos en los que es necesario descubrir los escasos pormenores históricos sin dejarse engañar por la exuberancia de literatura fantástica que la piedad de los fieles añadió a manera de novela edificante. La personalidad de los santos queda a veces diluida en esos relatos bizantinos; se llega a arrancar al protagonista de su tiempo y de su espacio para situarlo en un ambiente distinto del suyo; se llegaba a desdoblar una figura, para fabricar con ella dos personajes distintos. De una manera semejante, en novelas y películas de nuestro tiempo se describe aquel primer período del cristianismo entremezclando lo sucedido con lo imaginado, sin pretensión de engañar, sino de lograr un relato agradable con un fondo innegablemente histórico.Las narraciones apócrifas de mártires y vírgenes pretenden, además, edificarnos, como la novela Fabiola inspirada en ellas, insistiendo más en el espíritu que en la historia, como las Florecillas de San Francisco de Asís.Aún no había empezado la “era de los mártires", iniciada por Diocleciano, que sirvió de referencia cronológica antes de usarse la llamada "Era cristiana", equivocada esta última en la fijación de su año de origen. Pero Nerón había desencadenado ya la primera persecución local contra los cristianos. Muerto aquel monstruo sádico, la Iglesia vivió una época de deseada tranquilidad. Galba, Otón, Vitelio; dejaron a los cristianos en paz. Y los primeros emperadores Flavios; Vespasiano y Tito, tampoco mostraron enemistad contra aquella nueva religión. El cristianismo, que había seguido haciendo sus conquistas con la conversión de gentes humildes, escaló entonces las alturas de la sociedad imperial. El movimiento de conversión del paganismo al cristianismo invadió inconteniblemente las clases altas y la aristocracia romana.
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San Pancracio




l doce de mayo se celebra también la fiesta de San Pancracio, un jovencito romano de sólo 14 años, que fue martirizado por declarase creyente y partidario de Nuestro Señor Jesucristo.Dicen que su padre murió martirizado y que la mamá recogió en unos algodones un poco de la sangre del mártir y la guardó en un relicario de oro, y le dijo al niño: "Este relicario lo llevarás colgado al cuello, cuando demuestres que eres tan valiente como lo fue tu padre".Un día Pancracio volvió de la escuela muy golpeado pero muy contento. La mamá le preguntó la causa de aquellas heridas y de la alegría que mostraba, y el jovencito le respondió: "Es que en la escuela me declaré seguidor de Jesucristo y todos esos paganos me golpearon para que abandonara mi religión. Pero yo deseo que de mí se pueda decir lo que el Libro Santo afirma de los apóstoles: "En su corazón había una gran alegría, por haber podido sufrir humillaciones por amor a Jesucristo". (Hechos 6,41).Al oír esto la buena mamá tomó en sus manos el relicario con la sangre del padre martirizado, y colgándolo al cuello de su hijo exclamó emocionada: "Muy bien: ya eres digno seguidor de tu valiente padre".
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11 de mayo de 2009

Desacralización de la Liturgia




por el R.P. Alfredo SÁENZ, S.J.



Tomado de La Quimera del Progresismo,
Colección Clásicos Contrarrevolucionarios,
Buenos Aires, 1981







El artículo 7 de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia dice que "toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo Sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sacra por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia". Si la liturgia es "acción sagrada por excelencia", la desacralización de la liturgia sería en estricta consecuencia, la destrucción simple y llana de la misma, así como el atentado supremo contra lo sagrado.
Vamos a dividir nuestra exposición en tres partes. En primer lugar, expondremos de manera sucinta lo qué es la liturgia. Luego analizaremos lo que quiere decir sagrado: el concepto de lo sacro. Y, finalmente, describiremos las principales desacralizaciones que en nuestro tiempo están afectando el ámbito sagrado de la liturgia.

I. QUÉ ES LA LITURGIA

En toda acción litúrgica encontramos tres elementos esenciales:

— signos sensibles, instituidos por Cristo o por la Iglesia;
— tales signos son eficaces de lo que significan
— y ordenados a la santificación de los hombres y a la glorificación de Dios.

A estos tres puntos sustanciales de toda auténtica liturgia aluden expresamente las palabras del Concilio en el mismo art. 7, donde se dice que "en la liturgia los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre, y así el Cuerpo Místico de Cristo, es decir la Cabeza y los miembros, ejerce el culto público íntegro". Y el art. 10 concluye de manera semejante: "Por tanto, de la liturgia, sobre todo de la Eucaristía, mana hacia nosotros la gracia, como de su fuente, y se obtiene con la máxima eficacia la santificación de los hombres en Cristo y la glorificación de Dios, a la cual las demás obras de la Iglesia tienen como a su fin".
Es decir que en la liturgia Dios santifica a la Iglesia y la Iglesia glorifica a Dios. Todo ello por medio de Cristo. El culto de la Iglesia no es otra cosa que la participación de la Iglesia en el culto que Cristo, como Cabeza del Cuerpo, rinde a Dios, en el ejercicio de su sacerdocio continuado en, por y con la Iglesia.
Reuniendo todos esos elementos, el P. Vagaggini define la liturgia como "el conjunto de signos sensibles de cosas sagradas, instituídos por Cristo o por la Iglesia, eficaces, cada uno a su modo, de aquello que significan, y por los cuales el Padre por medio de Cristo, Cabeza de la Iglesia, en la presencia del Espíritu Santo, uniéndose a Cristo, su Cabeza y Sacerdote, por su medio rinde como cuerpo culto a Dios". Definición kilométrica, sin duda, pero no por ello menos jugosa. Por eliminación de lo prescindible, podríamos quedarnos con esta breve definición: "la liturgia es el conjunto de signos sensibles y eficaces de la santificación y del culto de la Iglesia".

Cristo mismo fue una "liturgia viva". Porque en Él se conjugan maravillosamente la santificación de su naturaleza humana y el culto que como hombre tributaba a Dios Padre. Según enseña Santo Tomás, en la santificación es Dios quien mira al hombre, y en la glorificación es el hombre el que mira a Dios. Pues bien, en Cristo hay una íntima compenetración de lo divino y de lo humano, de la acción divina que santifica y de la respuesta humana que glorifica. Este doble acto: santificación y glorificación, acaece en toda celebración litúrgica. En algunos sacramentos, es cierto, predomina más el aspecto santificante; en otros, el glorificante. Pero en todos coexisten ambos elementos. La Eucaristía, que constituye como la plenitud de todos los sacramentos, es el ápice de la santificación del hombre y de la glorificación de Dios. Por eso la Misa es el centro de toda la liturgia.
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Ni España nació el 2 de mayo, ni fue un levantamiento liberal.





por José Javier Esparza


Tomado del archivo de Manifiesto







l hilo del bicentenario del 2 de Mayo estamos escuchando afirmaciones muy discutibles: que la nación española nació en 1808, que el 2 de Mayo fue un levantamiento liberal, que Cataluña o el País Vasco no combatieron por España, sino por su propia independencia… ¿Qué hay de verdad en todo ello? Vamos a verlo con los propios textos de la época. Y avancemos ya la conclusión: ni España nació en 1808, ni el 2 de mayo fue un levantamiento liberal, ni Cataluña y Vascongadas combatieron al margen de España.

¿Qué paso exactamente el 2 de mayo? Pasó esencialmente lo siguiente: en una situación de colapso del Estado, con un ejército extranjero dueño de España y con la familia real retenida fuera del país, se produjo una insurrección popular contra los invasores; insurrección alimentada al mismo tiempo por personalidades relevantes de la monarquía absoluta, distinguidos miembros del clero, militares patriotas y elementos de las clases más humildes donde lo mismo encontraremos artesanos y campesinos que curas de barrio. A la insurrección popular le siguió un movimiento político, institucional, pero fragmentario, distinto según ciudades y provincias, al principio dubitativo, que trató de llenar el vacío dejado por el colapso del Estado borbónico: nacen las Juntas. Ese movimiento no trató de crear un estado de nuevo cuño, sino que actuó a partir de las instituciones vigentes. Así las juntas locales, inmediatamente después de haberse proclamado en franca oposición a los franceses, estimulan la creación de una Junta Suprema Central que permita convocar a las cortes y reconstruir la unidad de la nación.

La nación no nació en 1808

Hay que decir “de la nación” porque así lo dijeron expresamente aquellos caballeros. No es verdad que antes de 1808 no existiera una idea de nación en España. La historiografía liberal suele decir que el concepto moderno de nación surge en España en 1808, y que antes de esa fecha sólo había un vago sentimiento de comunidad cimentado sobre la sumisión a la corona, que actuaba como si España fuera una posesión personal suya. Podríamos enredarnos en debates sin fin sobre qué quiere decir exactamente “nación” y cuándo puede hablarse de “nación moderna”. Lo que a nosotros nos interesa subrayar aquí y ahora es que los españoles de antes de 1808 tenían una clara conciencia de pertenecer a una comunidad política, que esa comunidad se identificaba, en efecto, con la corona y también con la religión, pero que, además, la llamaban “nación” sin mayores complicaciones conceptuales, según se puso de moda hacerlo a lo largo del siglo XVII. Esa idea de comunidad nacional es precisamente la que recoge la Junta de Valencia en julio de 1808 cuando solicita, antes que ninguna otra, la formación de una junta central que unificara a todas las juntas locales. Lo dijo en estos términos:

Toda la Nación está sobre las armas para defender los derechos de su Soberano. Cualquiera que sea nuestra suerte, no podrá dejar de admirar la Europa el carácter de una Nación tan leal en el abatimiento que ha soportado por tanto tiempo, por puro respeto a la voluntad de sus Soberanos, como en la energía que ahora muestra, falta de tropas, y ocupado su territorio y las fortalezas de sus fronteras por un ejército francés sumamente poderoso. No es menos digno de admiración, que tantas provincias diversas en genio, en carácter y aún en intereses, en un solo momento y sin consultarse unas a otras se hayan declarado por su rey (…) Es indispensable dar mayor extensión a nuestras ideas, para formar una sola nación, una autoridad suprema que en nombre del Soberano reúna la dirección de todos los ramos de la administración pública. En una palabra, es preciso juntar las Cortes o formar un cuerpo supremo, compuesto de los diputados de las provincias, en quien resida la regencia del Reino, la autoridad suprema gubernativa y la representación nacional”.

Este texto es muy importante: aquí está condensada toda la doctrina política vigente en la España de 1808. Los españoles –de todas las provincias, sin excepción- se consideran una nación e identifican su derecho con el de su soberano, el Rey. No hay contradicción entre el sentimiento nacional y la lealtad al monarca, por absoluto que éste sea. Las Cortes, que se consideran representantes de la nación, son además las regentes del reino mientras el Rey está ausente. Esta no es la nación según la entendieron las revoluciones liberales, pero no por eso deja de ser la nación. Que no se diga, pues, que en la España de 1808 no había una idea de nación.

Catalanes y vascos, patriotas españoles

Esa idea de la nación, entendida como pertenencia a una comunidad política y que existía mucho antes de 1808, es la que va a despertar una ola de sentimiento patriótico en toda España. También en Cataluña y el País Vasco. La imagen de una Cataluña o un País Vasco que lucharon contra Francia por su propia independencia, al margen del esfuerzo colectivo de la nación española, ha sido muy propalada por los separatistas, pero es completamente falsa. Al contrario, lo que se comprueba en los textos de la época y en los estudios posteriores más dignos de crédito es que vascos y catalanes combatieron por España y por sí mismos como españoles, con una idea muy clara de que su libertad era la de todos sus compatriotas.

Es muy evidente el caso catalán. Allí los franceses, apoyados en una minoría de elementos separatistas, ofrecieron incluso declarar el catalán lengua oficial para una Cataluña concebida como extensión del imperio napoleónico al sur de los Pirineos. Frente a la oferta francesa, la inmensa mayoría de la población catalana prefirió seguir defendiendo a España y, de hecho, después de la guerra aquellos separatistas tuvieron que abandonar el país como “afrancesados”. Recordemos que Agustina de Aragón era una catalana. Los catalanes se batieron igualmente en el Bruc, en Gerona y en otros muchos puntos, con partidas guerrilleras que se convirtieron en una pesadilla para los franceses. En Cataluña, como en el resto de España, la gente peleó por la religión, la patria, la corona y la libertad, y todo era para ellos una y la misma cosa, y todo respondía al nombre de España.

Igualmente claro es el asunto en el País Vasco, donde, por cierto, la represión francesa fue muy cruenta desde el primer instante. También desde el primer instante fue clara la determinación de las juntas vascas de defender a España y a la Corona contra la invasión napoleónica. Y hacerlo, además, precisamente en nombre de su españolidad. Hay un documento irrefutable que es la proclama de la Junta de Vizcaya en el mismo año de 1808, apenas desencadenado el movimiento insurreccional contra los franceses, y que es un auténtico llamamiento a la unidad nacional española. Decía así:

“Los vascongados a los demás españoles. Españoles: somos hermanos, un mismo espíritu nos anima a todos. Aragoneses, valencianos, catalanes, andaluces, gallegos, leoneses, castellanos, olvidad por un momento estos mismos nombres de eterna armonía y no os llaméis sino españoles. Recibid como prueba incontrastable del espíritu que nos anima, los holocaustos que ofrecen a la libertad española los Eguías, los Mendizábales, los Echevarrías y otros infinitos vascongados”.

Son palabras, estas de la Junta de Vizcaya, que hoy chocarán a una sociedad sometida al adoctrinamiento del nacionalismo vasco, que ha falseado la Historia, pero la realidad es la que es: los vascos, como los catalanes, fueron patriotas españoles como el que más. Y ahí estaban, en efecto, “los holocaustos que ofrecen a la libertad española infinitos vascongados”, como decía la proclama.

El 2 de mayo no fue un levantamiento liberal

¿Quiénes eran los que así hablaban? Eran, esencialmente, gentes que provenían del antiguo régimen. No hubo una revolución liberal en España en 1808. La presión de los elementos liberales vendrá después, en la formación de las cortes y en sus trabajos constituyentes, pero no en el momento de la insurrección. Tampoco hubo una revolución popular: los casos de trastornos sociales en los que las clases populares atacan a los estamentos privilegiados son contadísimos. Cuando se producen, no obedecen a una causa de revolución social, sino al afrancesamiento de tales o cuales objetivos de la ira popular; ira, por otra parte, a cuyo desencadenamiento no serán ajenos algunos clérigos, como ocurre en Valencia. Es interesante repasar la lista de las personas designadas por las provincias para componer la Junta Suprema Central: la gran mayoría son militares del círculo del rey como Palafox, magnates de la iglesia como Bonifaz, Castanedo o Ribero; grandes de España y ex ministros de la Corona como Floridablanca y Jovellanos… Quien recoge la soberanía es la flor del Antiguo Régimen.

Cuando la Junta Central organice la reunión de Cortes, bajo la presidencia del obispo de Orense, no veremos a una institución que se propone comenzar una revolución liberal, sino a un cuerpo clásico del antiguo régimen que jura sus cargos en nombre de la religión y del rey. Este fue el juramento de los miembros de las cortes de Cádiz en septiembre de 1810:

“¿Juráis la santa Religión Católica, Apostólica, Romana, sin admitir otra alguna en estos Reinos? ¿Juráis conservar en su integridad la Nación española, y no omitir medio para libertarla de sus injustos opresores? ¿Juráis conservar a nuestro muy amado Soberano el Señor Don Fernando VII todos sus dominios, y en su defecto a sus legítimos sucesores, y hacer cuantos esfuerzos sean posibles para sacarlo del cautiverio y colocarlo en el Trono? ¿Juráis desempeñar fiel y legalmente el encargo que la Nación ha puesto a vuestro cuidado, guardando las leyes de España, sin perjuicio de alterar, moderar y variar aquellas que exigiese el bien de la Nación?”.

Luego pasarán otras cosas. Veremos cómo el sector liberal maniobra para adquirir una relevancia que inicialmente no poseía. Veremos cómo a Cádiz acuden, por las circunstancias de la guerra, numerosos suplentes cuyo voto no será el que se les había encomendado. Veremos cómo unas cortes convocadas para prolongar la legitimidad de las cortes del antiguo régimen se transforman en unas constituyentes que auspician un cambio hacia un régimen nuevo. Todo esto, en cualquier caso, será después. Lo veremos otro día.

Lo fundamental: a partir de 1808 España vive un proceso que, como escribió el Conde de Toreno se sustancia en tres movimientos consecutivos: levantamiento, guerra y revolución. Pero ni el 2 de mayo fue un levantamiento liberal, ni Cataluña y el País Vasco combatieron al margen de España, ni España, en fin, nació en 1808.