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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

18 de julio de 2009

Algunos problemas actuales a la luz del Magisterio de Pío XII








por S.E.R Alfredo Cardenal Ottaviani




Tomado de Stat Veritas








DEBERES DEL ESTADO CATÓLICO CON LA RELIGIÓN

ue los enemigos de la Iglesia hayan obstaculizado su misión en todos los tiempos, negándole alguna –o incluso todas- sus divinas prerrogativas y poderes no es para maravillarse. El ímpetu del asalto, con sus falaces pretextos, prorrumpió ya contra el Divino Fundador de esta bimilenaria y, sin embargo, siempre joven institución: contra Él se gritó, en efecto –como se grita ahora- "Nolumus hunc regnare super nos", "no queremos que Éste reine sobre nosotros" (Luc. 19, 14).

Mientras, con paciencia y serenidad provenientes de la seguridad de los destinos que le han sido profetizados y de la certeza de su divina misión, la Iglesia canta a lo largo de los siglos: "Non eripit mortalla qui regna dal caelesti", "No quita los reinos mortales quien da los celestiales". Pero surge, en cambio, en nosotros el asombro, que crece hasta el estupor y se transforma en tristeza cuando la tentativa de arrancar las armas espirituales de la justicia y de la verdad de manos de esta Madre bondadosa que es la Iglesia la efectúan sus propios hijos; aun aquellos que, encontrándose en Estados confesionales donde viven en continuo contacto con hermanos disidentes, debieran sentir más que ningún otro el deber de gratitud hacia ésta Madre que usó siempre de sus derechos para defender, custodiar, salvaguardar a sus fieles.
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La última Cruzada




por D. Blas Piñar



Tomado del Blog de Cabildo




l 18 de Julio de 1936 sigue siendo una fecha clave y, a la vez, desencadenante. La hoja del calendario que señalaba el día, el mes y el año, fue desprendida, pero el acontecimiento que enmarcaba continúa vivo, porque fue trascendente, saltando la frontera temporal de unas horas fugitivas.

Se iniciaba un Alzamiento militar en España. Tenía un respaldo civil importante. Respondía a una exigencia biológica nacional. Contaba con una doctrina y un programa político entrañado en la Historia y con proyección de futuro.No fue un pronunciamiento castrense al estilo decimonónico, ni una lucha entre facciones que aspiraban a la conquista del poder. No fue una guerra civil químicamente pura. Fue el planteamiento beligerante y castrense de un combate ideológico en el que se debatía lo sustancial, en el que se había hecho necesario y urgente, como había dicho José Antonio, dar la existencia para salvar la esencia.

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Bestias babeantes de flujos




por Juan Manuel de Prada




Tomado de ABC





na niña de trece años es concienzuda y sucesivamente violada en Baena por cinco menores (alguno de su misma edad), acaudillados por un joven de veintidós que al parecer había sido su novio; o, dicho con mayor propiedad, que había mantenido anteriormente relaciones sexuales con ella, y que, para evitar que la víctima ofreciese resistencia, la amenazó con mostrar a su madre grabaciones de sus coyundas. En el Mátrix progre, tales bestialidades sirven para que la pobre gente abducida se enzarce en debates estúpidos sobre la conveniencia de extender el castigo penal a los menores; porque es signo distintivo del Mátrix progre combatir las calamidades en sus consecuencias, después de haberlas alimentado en sus orígenes, en lugar de combatirlas en sus orígenes para evitar sus consecuencias. Todo freno legal, por severo y disuasorio que sea, se revela inútil si no lo precede un freno moral consistente: las sociedades sanas se dedican con esmero a fortalecer los frenos morales que inhiben tales conductas criminales; las sociedades enfermas rompen todos los frenos morales y, una vez que los demonios del crimen han sido liberados, se dedican infructuosamente a perseguirlos, como el gallo descabezado persigue su imposible salvación.

Veamos cuál es el clima moral en el que se perpetran crímenes tan aberrantes como este de Baena, propios de una sociedad que ha destruido los frenos morales que garantizan su supervivencia; empezando, por supuesto, por los frenos que velan por los menores. Esa niña violada mancomunadamente ha crecido -como los niños que la han violado- en un clima moral que banaliza los afectos e incita -también desde la propia escuela- a «vivir en plenitud la libertad sexual». Un clima moral que, desde instancias de poder, promueve la ruptura de los vínculos humanos y combate denodadamente la noción de autoridad familiar. Un clima moral azuzado desde la propaganda mediática, donde todo mensaje destinado al público infantil o adolescente escamotea las realidades más nobles de la condición humana y las sustituye por un batiburrillo de risueñas escabrosidades que incluyen, por supuesto, todo tipo de reclamos sexuales. Todo con un propósito evidente de envilecer y pisotear la inocencia de niños y adolescentes, de arrebatarles todo vestigio de pudor, de convertirlos en adultos precoces, en aquellas «tormentas de hormonas» a las que se refería cierto ministro cesante para describir a sus propias hijas; o, dicho más expeditivamente, en bestias babeantes de flujos. Huelga añadir que toda educación que trate de preservar la dignidad de niños y adolescentes, que trate de dignificar su sexualidad balbuciente, evitando su conversión en perros de Paulov que reaccionan al estímulo sexual, es inmediatamente tachada de retrógrada y escarnecida como reliquia de tiempos oscuros y represores; para que, si aún queda algún niño o adolescente que no ha sido desnaturalizado, sienta vergüenza de sí mismo y necesidad de corromperse.

Para formar los caracteres hay que crear primero un clima moral; y también para deformarlos. En un clima moral donde la sexualidad es tratada como cosa inocente, concediéndosele una igualdad con experiencias elementales como el comer o el dormir; donde se exhorta a una festiva promiscuidad; donde niños y adolescentes son educados en la satisfacción primaria del deseo, liberado de tabúes e inhibiciones; donde se preconiza que todo afecto y emoción admite una traducción en «conducta sexual»... es natural que surjan caracteres deformados como el de esos muchachos monstruosos de Baena. Bestias babeantes de flujos contra las que todo freno legal se revelará inútil; pero es signo distintivo del Mátrix progre combatir farisaicamente las calamidades en sus consecuencias, después de haberlas alimentado en sus orígenes.

18 de Julio, Festividad de San Camilo de Lelis, Confesor y Fundador





o cabe un mentís más rotundo a la vieja costumbre de presentar a los santos como si ya poseyeran la santidad desde la misma cuna. Porque nadie hubiera osado decir no ya en la infancia, sino en su misma juventud, que Camilo de Lelis estaba llamado a ser un día fundador de una Orden religiosa, y venerado en los altares. Contra toda conjetura humana, la Providencia divina actuó fuerte y suavemente, y Camilo, dócil a las inspiraciones de la gracia, sorprendió a sus mismos contemporáneos, con el espectáculo maravilloso de una santidad lograda.

Notemos que tenía un carácter duro, resuelto, impetuoso. Toda su vida se hará admirar por la tenacidad con que sabe sostener sus propias ideas frente a todo y frente a todos. No otra cosa había aprendido en su propio hogar. Nada de blanduras. Su padre, don Juan de Lelis, era un militar que había corrido media Europa al servicio de las banderas y de las empresas de España. Comenzó su carrera militar a las órdenes del condestable de Borbón, en el sacco de Roma. Y pasó después a la defensa de Nápoles, al asedio de Florencia, a las batallas de Lombardía y del Piamonte. Después de combatir contra Francia, se retiró a Bucchianico, con el mando de las tropas que aseguraban la vigilancia y defensa de la costa adriática, tan amenazada entonces por los turcos. Por esos días tuvo la dicha de que su esposa le diera un hijo: Camilo. También la madre reunía cualidades de firmeza y carácter sobresalientes. Las largas ausencias del marido le habían hecho afrontar las responsabilidades del gobierno de la casa.
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Para leer la hagiografía completa, más la de Santa Sinforosa y sus siete hijos, Mártires, Santa Martina, Mártir, San Arnulfo de Metz, Obispo, San Fedreico de Utrecht, Obispo y Mártir, San Filastro, Obispo, y San Pambo, Monje, todos ellos conmemorados en este día, haga click sobre la imagen de San Camilo.

17 de julio de 2009

La experiencia de leer, un ejercicio de crítica experimental (2)





por C.S. Lewis




Tomado del Blog C.S. Lewis






2. Descripciones inadecuadas


l hecho de que los lectores de una clase sean muchos y los de la otra pocos constituye un «accidente», en el sentido lógico: las diferencias entre ambas clases no son numéricas. Lo que nos interesa es distinguir entre dos maneras de leer. La simple observación ya nos ha permitido describirlas de forma rápida y aproximativa, pero debemos profundizar su descripción. Lo primero es eliminar ciertas identificaciones precipitadas de esa «minoría» y de esa «mayoría».

Algunos críticos se refieren a los miembros de esta última como si se tratase de la mayoría en todos los aspectos, como si se tratase, en realidad, de la chusma. Los acusan de incultos, de bárbaros, y les atribuyen una tendencia a reaccionar de forma tan «basta», «vulgar» y «estereotipada» que demostraría su torpeza e insensibilidad en todos los órdenes de la vida, convirtiéndolos así en un peligro constante para la civilización. A veces parece, según este tipo de crítica, que el hecho de leer narrativa «popular» supone una depravación moral. No creo que la experiencia lo confirme. Pienso que en la «mayoría» hay personas iguales o superiores a algunos miembros de la minoría desde el punto de vista de la salud psíquica, la virtud moral, la prudencia práctica, la buena educación y la capacidad general de adaptación. Y todos sabemos muy bien que entre las personas dotadas de sensibilidad literaria no faltan los ignorantes, los pillos, los tramposos, los perversos y los insolentes. Nuestra distinción no tiene nada que ver con el apresurado y masivo apartheid que practican quienes se niegan a reconocer este hecho.

Aunque este tipo de distinción no tuviese ningún otro defecto, todavía resultaría demasiado esquemática. Entre ambas clases de lectores no existen barreras inamovibles. Hay personas que han pertenecido a la mayoría y que después se han convertido y han pasado a formar parte de la minoría. Otras abandonan la minoría para unirse a la mayoría, como solemos descubrir con tristeza cuando nos encontramos con antiguos compañeros de escuela. Hay personas que pertenecen al nivel «popular» en lo que a determinada forma de arte se refiere, pero que demuestran tener una sensibilidad exquisita para otro tipo de obras de arte. A veces los músicos tienen un gusto poético lamentable. Y muchas personas que carecen de todo sentido estético pueden muy bien estar dotadas de una gran inteligencia, cultura y sutileza.

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17 de Julio, Conmemoración de San Alejo, Confesor





ella y larga es la historia de este hombre de Dios que, desde la Edad Media, alimenta la fantasía, piedad, sentimientos religiosos y deseos de entrega a Dios por parte de los cristianos. Su figura, que debió ser formidablemente llamativa y ejemplar, viene narrada en el género novelesco, llena de encanto, pródiga en situaciones que mantienen el suspense, con abundancia de escenas que alucinan y toda ella plena de actitud ejemplarizante y moralizadora. En fin, la historia de san Alejo es tan pletórica de imaginación, viveza y adornos que su autor suscita la envidia de los que escriben.


En este estupendo relato, Alejo viene descrito como el hijo único del importante, opulento y caritativo senador de Roma llamado Eufemiano. Huyó de su casa el mismo día de su boda -como otro Abrahán, solitario y eremita - llamado súbitamente a realizar la más alta de las aspiraciones y la renuncia más excelsa por el amor al Reino de Dios. Presentado Alejo por el autor de su biografía novelada como un joven que es el compendio de todas las virtudes y gracias que puede tener un ser humano, deja inconcebiblemente la casa paterna y a su dulce esposa. Quizá sucediera que recordó la exigencia evangélica de posponer todo al Reino de los Cielos y se dispuso a ponerla por obra.
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Para leer la hagiografía completa, más la de las Beatas Carmelitas de Compiegne, más la de los Santos Mártires Escilitanos, más la de San León IV, Papa, haga click sobre la imagen de San Alejo.

16 de julio de 2009

Freudismo y Antropología según el Padre Leonardo Castellani




por el Dr. Hugo Alberto Verdera





Tomado de Altar Mayor
Revista de la Hermandad del Valle de los Caídos
Nº 129 - Junio - julio de 2009








1. Introducción: Freud en el proceso de descristianización de occidente


ada fácil resulta para quien les habla, analizar el pensamiento de quien uno considera, de todo corazón, su maestro. Y debido a que uno se considera, con plena verdad, totalmente insuficiente para haberlo apreciado en toda su dimensión, le parece asumir una actitud de irresponsabilidad. A esto hay que unir que, quien les habla no es médico, ni psicoanalista profesional, sino un estudioso del pensamiento del Padre Castellani que, guiado por el mismo, se aproximó a esos campos científicos específicos.

Porque el Padre Castellani, en su vastísima y polifacética labor intelectual, abarcó, con los rasgos característicos de su genialidad, la esencia propia del pensamiento de Sigmund Freud y del movimiento por él y en él originado, así como sus derivaciones, imposibles de ignorar para comprender el contexto y la esencialidad propia de la modernidad, uno de cuyos signos más significativos de su degradación es la deformación de lo sexual, mediante un reducionismo que tiene, sin lugar a dudas, por padre putativo a Freud. Sin su aporte, no existiría, el denominado «pansexualismo» hoy auténticamente imperante.

Castellani vio, con objetividad, en el freudismo uno de los más importantes movimientos de la Psicología del siglo XIX, fundamentalmente, en su fase empirista. Y supo, genialmente, desentrañar que el sistema de Freud, nacido como un «análisis terapéutico para la cura de neurosis», se conformó pronto como una «pseudo-doctrina psicológica» y, fundamentalmente, como una filosofía, es decir, como una antropología totalitaria radical e intencionadamente falsa, que terminó en una utopía mitológica, cuyo éxito se explica en el proceso de descristianización de Occidente, constituyéndose en uno de los pilares fundamentes del mismo.
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San Francisco Solano, el Santo que danza y canta



por el R.P. José María Iraburu


Tomado de su libro Hechos de los Apóstoles en América. Fundación Gratis Date


Alguno se preguntará ¿porqué en Actualidad?. Porque lo perenne, como el ejemplo de vida de los Arquetipos, es de actualidad permanente. (N. del E.)



Montilla, andaluza y cordobesa

ateo Sánchez Solano, hombre modesto de la señorial Montilla cordobesa, trabajador y espabilado, conforme a sus deseos, llegó a ser rico, se casó con Ana Jiménez Gómez en 1549, y en marzo de ese año tuvo un hijo, Francisco Solano, el cual, ya crecido, supo que tenía dos hermanos mayores, Diego Jiménez e Inés Gómez. Para él quedó el nombre de Solanito, el pequeño de los Solano. Biografías suyas importantes son las del franciscano Bernardino Izaguirre (1908) y la de fray Luis Julián Plandolit (1963). Seguiremos aquí su historia conducidos por el franciscano José García Oro.

La hermosa Montilla, perteneciente a la poderosa familia de los Fernández de Córdoba, marqueses de Priego, tuvo como señora desde 1517 a Doña Catalina Fernández de Córdoba, casada en 1519 con el conde de Feria. Con su favor llegaron a la villa los agustinos, 1520, las clarisas, 1525, los franciscanos, 1530, los jesuítas, 1553, y también San Juan de Avila, que después de muchos viajes y trabajos, allí se recogió en 1555. En ese marco de vida religiosa creció Solanito en sus primeros años infantiles y escolares.

A Córdoba se fue a sus quince o dieciséis años, y allí, en un ambiente disciplinado y piadoso, «entró a aprender a escribir en las escuelas de la Compañía, en la sección de gramática y escritura». Fue un alumno bueno, «compañero amoroso» y buen cantor. En 1569, el año en que murió San Juan de Avila, volvió a casa Solanito, con 20 años, a su Montilla abierta a las sierras que bajan del norte, de la Sierra Morena.

¿Hacia dónde iría su vida en adelante?

Los franciscanos del Santo Evangelio

En aquellas sierras cordobesas había una serie de pequeños eremitorios franciscanos, llenos de entusiasmo espiritual, focos de vida ascética y de impulso misionero. A sí mismos se llamaban los frailes del Santo Evangelio, y merece la pena que evoquemos brevemente su gloriosa historia, pues habían de tener suma importancia en la evangelización de América. Ya en 1394, el eremitorio de San Francisco del Monte había encendido en los parajes de Sierra Morena el fuego de la ascesis solitaria y de la irradiación apostólica hacia el cercano reino moro de Granada.

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Para leer la hagiografía completa, haga click sobre la imagen de San Francisco Solano y el toro, obra de Esteban Murillo.


"¿Lenguas cortadas?"





por Vittorio Messori



Tomado de Conoze







omo ejemplo clamoroso y actual del olvido (o manipulación) de la historia, como señal de una verdad cada vez más en peligro, pensemos en lo que ha ocurrido a la vista de 1992, el año del Quinto Centenario del desembarco de Cristóbal Colón en las Américas. Ya hemos hablado ampliamente de ello. Aquí nos limitamos a examinar un aspecto concreto de ese acontecimiento.

Anticipemos ya que el descubrimiento, la conquista y la colonización de América latina -central y meridional- vieron el trono y el altar, el Estado y la Iglesia estrechamente unidos. En efecto, ya desde el principio (con Alejandro VI), la Santa Sede reconoció a los reyes de España y de Portugal los derechos sobre las nuevas tierras, descubiertas y por descubrir, a cambio del «Patronato»: es decir, la monarquía reconocía como una de sus tareas principales la evangelización de los indígenas, y se encargaba de la organización y los gastos de la misión. Un sistema que también presentaba sus inconvenientes, limitando por ejemplo, en muchas ocasiones, la libertad de Roma; pero que sin embargo resultó muy eficaz - por lo menos hasta el siglo XVIII, cuando en las cortes de Madrid y Lisboa empezaron a ejercer influencia los «filósofos» ilustrados, los ministros masones- porque la monarquía se tomó muy en serio la tarea de difusión del Evangelio.

Por lo tanto, las polémicas que ya han nacido sobre este pasado implican también a la Iglesia, por su estrecho vínculo con el Estado, en la acusación de «genocidio cultural». Que, ya se sabe, siempre empieza por el «corte de la lengua»: o sea la imposición a los más débiles del idioma del conquistador.

Pero tal acusación sorprenderá a quien tenga conocimiento de lo que realmente pasó. A propósito de esto escribió cosas importantes el gran historiador (y filósofo de la historia) Arnold Toynbee, no católico y por lo tanto fuera de toda sospecha. Este célebre estudioso observaba que, atendiendo su fin sincero y desinteresado de convertir a los indígenas al Evangelio (objetivo por el cual miles de ellos dieron la vida, muchas veces en el martirio), los misioneros en todo el imperio español (no sólo en Centro y Sudamérica, sino también en Filipinas), en lugar de pretender y esperar que los nativos aprendieran el castellano, empezaron a estudiar las lenguas indígenas.
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16 de Julio, Festividad de Nuestra Señora del Carmen






l Carmelo es el Monte de María. Parece que Dios sentía predilección por pregonar sus bandos desde la cúspide de las montañas: Sinaí, Tabor, Bienaventuranzas, Gólgota...

El monte Carmelo, a cuya extraordinaria belleza compara a su Esposa el Cantar de los Cantares, es de sabor netamente bíblico. Hay que subir hasta el Libro de los Reyes o más arriba para dar con su origen. Dos son los montes que en Palestina llevan este nombre. El de Judea —que no nos interesa— es árido y seco, parece que pesa sobre él la maldición de Cristo contra el pueblo deicida. El de Galilea, por el contrario, es fértil y fecundo en toda clase de frutos. Está junto al mar Mediterráneo y fue el teatro donde se deslizó la vida del profeta de Dios Elías Tesbita. La fiesta litúrgica de este día, extendida a toda la Iglesia en 1726 por Su Santidad Benedicto XIII, recoge la narración bíblica que se entreteje entre Elías, el Carmelo y María.

El pueblo de Israel había vuelto a pecar. Dios envió a Elías para castigarle. Este profeta, en cuyo corazón y labios ardía el fuego del culto al verdadero Dios, cerró el cielo con el poder de su oración. Tres años y medio sin caer una gota de agua sobre la tierra. Arrepentidos, vuelve Elías a interceder por ellos y el Señor escucha su oración, Elías sube a la cumbre del Carmelo. Se postra en tierra y ora con fervor. Manda a su criado que mire hacia el mar. Sube y mira. No hay nada. Vuelve a subir hasta siete veces. A la séptima dice: "Divisase una nubecilla, pequeña como la palma de la mano de un hombre, la cual sube del mar... Y en brevísimo tiempo el cielo cubrióse de nubes con viento, y cayó una gran lluvia".
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15 de julio de 2009

La experiencia de leer, un ejercicio de crítica experimental




por C.S. Lewis


Tomado del Blog C.S. Lewis








1.- La minoría y la mayoría





n este ensayo propongo un experimento. La función tradicional de la crítica literaria consiste en juzgar libros. Todos los juicios sobre la forma en que las personas leen los libros son un corolario de sus juicios sobre estos últimos. El mal gusto es, digamos, por definición, el gusto por los malos libros. Lo que me interesa es ver qué sucede si invertimos el procedimiento. Partamos de una distinción entre lectores, o entre tipos de lectura, y sobre esa base distingamos, luego, entre libros. Tratemos de ver hasta qué punto sería razonable definir un buen libro como un libro leído de determinada manera, y un mal libro como un libro leído de otra manera.
Creo que vale la pena intentarlo porque, en mi opinión, el procedimiento normal entraña casi siempre una consecuencia incorrecta. Si decimos que a A le gustan las revistas femeninas y a B le gusta Dante, parece que gustar signifique lo mismo en ambos casos: que se trate de una misma actividad aplicada a objetivos diferentes. Ahora bien: por lo que he podido observar, al menos en general, esta conclusión es falsa.
Ya en nuestra época de escolares, algunos de nosotros empezamos a reaccionar de determinada manera ante la buena literatura. Otros, la mayoría, leían, en la escuela, The Captain, y, en sus casas, efímeras novelas que encontraban en la biblioteca circulante. Sin embargo, ya entonces era evidente que la mayoría no «gustaba» de su dieta igual que nosotros de la nuestra. Y sigue siendo así. Las diferencias saltan a la vista.
En primer lugar, la mayoría nunca lee algo dos veces. El signo inequívoco de que alguien carece de sensibilidad literaría consiste en que, para él, la frase «Ya lo he leído» es un argumento inapelable contra la lectura de un determinado libro. Todos hemos conocido casos de mujeres cuyo recuerdo de determinada novela era tan vago que debían hojearla durante media hora en la biblioteca para poder estar seguras de haberla leído. Pero una vez alcanzada esa certeza, la novela quedaba descartada de inmediato. Para ellas, estaba muerta, como una cerilla quemada, un billete de tren utilizado o el periódico del día anterior: ya la habían usado. En cambio, quienes gustan de las grandes obras leen un mismo libro diez, veinte o treinta veces a lo largo de su vida.

En segundo lugar, aunque dentro de esa mayoría existan lectores habituales, éstos no aprecian particularmente la lectura. Sólo recurren a ella en última instancia. La abandonan con presteza tan pronto como descubren otra manera de pasar el tiempo. La reservan para los viajes en tren, para las enfermedades, para los raros momentos de obligada soledad, o para la actividad que consiste en «leer algo para conciliar el sueño». A veces la combinan con una conversación sobre cualquier otro tema, o con la audición de la radio. En cambio, las personas con sensibilidad literaria siempre están buscando tiempo y silencio para entregarse a la lectura, y concentran en ella toda su atención. Si, aunque sólo sea por unos días, esa lectura atenta y sin perturbaciones les es vedada, se sienten empobrecidos.

En tercer lugar, para esta clase de personas, la primera lectura de una obra literaria suele ser una experiencia tan trascendental que sólo admite comparación con las experiencias del amor, la religión o el duelo. Su conciencia sufre un cambio muy profundo. Ya no son los mismos. En cambio, los otros lectores no parecen experimentar nada semejante. Cuando han concluido la lectura de un cuento o una novela, a lo sumo no parece que les haya sucedido algo más que eso.

Por último, y como resultado natural de sus diferentes maneras de leer, la minoría conserva un recuerdo constante y destacado de lo que ha leído, mientras que la mayoría no vuelve a pensar en ello. En el primer caso, a los lectores les gusta repetir, cuando están solos, sus versos y estrofas preferidos. Los episodios y personajes de los libros les proporcionan una especie de iconografía de la que se valen para interpretar o resumir sus propias experiencias. Suelen dedicar bastante tiempo a comentar con otros sus lecturas. En cambio, los otros lectores rara vez piensan en los libros que han leído o hablan sobre ellos.

Parece evidente que, si se expresaran con claridad y serenidad, no nos reprocharían que tengamos un gusto equivocado sino, sencillamente, que armemos tanta alharaca por los libros. Lo que para nosotros constituye un ingrediente fundamental de nuestro bienestar sólo tiene para ellos un valor secundario. Por tanto, limitarse a decir que a ellos les gusta una cosa y a nosotros otra, equivale casi a dejar de lado lo más importante. Si la palabra correcta para designar lo que ellos hacen con los libros es gustar, entonces hay que encontrar otra palabra para designar lo que hacemos nosotros. O, a la inversa, si nosotros gustamos de nuestro tipo de libros, entonces no debe decirse que ellos gusten de libro alguno. Si la minoría tiene «buen gusto», entonces deberíamos decir que no hay «mal gusto»: porque la inclinación de la mayoría hacia el tipo de libros que prefiere es algo diferente; algo que, si la palabra se utilizara en forma unívoca, no debería llamarse gusto en modo alguno.

Aunque me ocuparé casi exclusivamente de literatura, conviene señalar que la misma diferencia de actitud existe respecto de las otras artes y de la belleza natural. Muchas personas disfrutan con la música popular de una manera que es compatible con tararear la tonada, marcar el ritmo con el pie, hablar y comer. Y cuando la canción popular ha pasado de moda, ya no la disfrutan. La reacción de quienes disfrutan con Bach es totalmente diferente. Algunas personas compran cuadros porque, sin ellos, las paredes «parecen tan desnudas»; y, a la semana de estar en casa, esos cuadros se vuelven prácticamente invisibles para ellas. En cambio, hay una minoría que se nutre de un gran cuadro durante años. En cuanto a la naturaleza, la mayoría «gusta de una bonita vista, como cualquier persona». Les parece muy bien. Pero tomar en cuenta el paisaje para elegir, por ejemplo, un sitio de vacaciones —darle la misma importancia que a otras cosas tan serias como el lujo del hotel, la excelencia del campo de golf y lo soleado del clima—, eso ya les parece rebuscado. No parar de hablar de él, como Wordsworth, ya sería un disparate.

15 de Julio, Festividad de San Enrique Emperador, Confesor





n la primavera del año 973 el ducado de Baviera celebraba con grandes festejos el nacimiento del príncipe heredero. Este niño, que llegaría a ser emperador y santo, era hijo de Enrique el Batallador, duque de Baviera, y de la princesa Gisela de Borgoña.Podemos fácilmente imaginarnos los primeros años del niño príncipe: las fiestas, la caza, los trovadores, la guerra, en el marco poético del Medievo.

La vida de San Enrique parece que comienza como un bonito cuento de hadas, pero aquellos tiempos no eran de pura poesía; guerras y pestes se dejaban sentir y la lglesia atravesaba lo que se ha llamado su "edad de hierro". La sociedad sufría violentos vaivenes y, en uno de ellos, nuestro pequeño Santo tuvo que sufrir durante algunos años la persecución, mientras su padre, vencido en guerras familiares, era condenado al destierro.

Recobrada la calma y restablecido su padre en el trono de Baviera, el joven Enrique se dedicó al cultivo de las artes y las letras, bajo la custodia del santo obispo de Ratisbona, San Wolfgang, que había sido su padrino de bautismo y se cuidó de darle una esmerada educación cristiana.
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Para leer la hagiografía completa, más la de San Pompilio María Pirroti, haga click sobre la imagen del Santo Emperador.

14 de julio de 2009

Libro recomendado




Libro encomiásticamente recomendado








Prólogo de S.E.R. Giácomo Cardenal Biffi






uando un muchacho, educado cristianamente por la familia y la comunidad parroquial, a tenor de los asertos apodícticos de algún profesor o algún texto empieza a sentir vergüenza por la historia de su Iglesia, se encuentra objetivamente en el grave peligro de perder la fe. Es una observación lamentable, pero indiscutible; es más, mantiene su validez general incluso fuera del contexto escolástico.

Aquí tenemos un problema pastoral de los más punzantes; y sorprende constatar la poca atención que recibe en los ambientes eclesiales.

Para salvar nuestra alegría y orgullo de pertenecer al «pequeño rebaño» destinado al Reino de Dios, no sirve la renuncia a profundizar en las cuestiones que se plantean. Es indispensable, por el contrario, la aptitud para examinar todo con tranquila ecuanimidad: en oposición a lo que comúnmente se piensa, la escéptica cultura contemporánea no carece de cuentos, sino de espíritu crítico; por eso el Evangelio se encuentra tan a menudo en posición desfavorable.
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Aclaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe Sobre el aborto procurado





Visto en Mikael

Tomado de ZENIT Org


ecientemente han llegado a la Santa Sede varias cartas, incluso de parte de altas personalidades de la vida política y eclesial, que han informado sobre la confusión que se ha creado en varios países, sobre todo en América Latina, tras la manipulación e instrumentalización de un artículo de su excelencia monseñor Rino Fisichella, presidente de la Academia Pontificia para la Vida, sobre el triste caso de la "niña brasileña". En ese artículo, aparecido en "L'Osservatore Romano" del 15 de marzo de 2009, se presentaba la doctrina de la Iglesia, teniendo en cuenta la situación dramática de esta niña, que --como se pudo constatar posteriormente-- había sido acompañada con toda delicadeza pastoral, en particular por el entonces arzobispo de Olinda y Recife, su excelencia monseñor José Cardoso Sobrinho. Al respecto, la Congregación para la Doctrina de la Fe confirma que la doctrina de la Iglesia sobre el aborto provocado no ha cambiado ni puede cambiar. Esta doctrina ha sido expuesta en los números 2270-2273 del Catecismo de la Iglesia Católica en estos términos:

"La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida (cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, instrucción "Donum vitae" 1, 1). 'Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses te tenía consagrado' (Jeremías 1, 5). 'Y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo hecho en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra' (Salmo 139, 15)".
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14 de Julio, Festividad de San Buenaventura, Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia





an Buenaventura — Juan de Fidanza — nació en Bañorea (Bagnoreggio), pequeña ciudad italiana en las cercanías de Viterbo. Un hecho milagroso ilumina su niñez como prenuncio de lo que sería su vida. Estando gravemente enfermo, su atribulada madre lo encomendó y consagró a San Francisco de Asís, por cuya intercesión y méritos recuperó la salud. Llegado a los umbrales de la juventud se afilió a la Orden fundada por su bienhechor, atraído, según el mismo Santo confiesa, por el hermoso maridaje que entre la sencillez evangélica y la ciencia veía resplandecer en la Orden franciscana. En las aulas de la universidad de París, a la sazón lumbrera del saber, escuchó las lecciones de los mejores maestros de la época a la vez que atendía con ardoroso empeño a su formación espiritual en la escuela del Pobrecillo de Asís, Sus bellas cualidades de mente y corazón, perfeccionadas por la gracia, le atrajeron la simpatía y admiración de sus maestros y condiscípulos. Alejandro de Hales decía que parecía no haber pecado Adán en Buenaventura. Durante un decenio enseñó en París con aplauso unánime. Y, cuando apenas contaba treinta y seis años, la Orden, reunida en Roma en Capítulo, le eligió por su ministro general el 2 de febrero de 1257.

A lo largo de dieciocho años viajará incansable a través de Francia e Italia, llegando a Alemania por el norte, y por el sur a España; celebrará Capítulos generales y provinciales y proveerá con clarividencia a las necesidades de la Orden, para entonces extendida por todo el mundo antiguo conocido, en cuanto a la legislación y a los estudios, y sobre todo en cuanto a la observancia de la regla, para la que señaló el justo término medio, equidistante del rigorismo intransigente y de la relajación condenable. Sus normas de gobierno son en lo substancial válidas aún hoy. después de siete siglos. Con toda razón puede llamársele en cierto sentido el segundo fundador de la Orden de Francisco de Asís, del que escribió, a petición de los frailes, una biografía, modelo en el género por la serenidad crítica, amor filial y arte literario que la hermosean.
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Para leer la hagiografía completa, más la de San Francisco Solano, Apóstol de América, haga click sobre la imagen de San Buenaventura en el Concilio de Lyon, pintada por Zurbarán.


13 de julio de 2009

Benedictinas (II)



por Juan Manuel de Prada



Tomado de ABC




TRO de los pasajes memorables de Caritas in Veritate nos lo tropezamos hacia el final de la encíclica, en el capítulo que Benedicto XVI dedica a lo que podríamos denominar la idolatría de la técnica. Frente a la pretensión prometeica propia de nuestra época, que postula una libertad omnímoda en el dominio de la materia, deslumbrada por sus falsos prodigios, Benedicto XVI propone un desarrollo técnico en el que se confirme el dominio del espíritu sobre la materia, donde la libertad humana para mejorar las condiciones de vida, ahorrar esfuerzos o evitar riesgos esté precedida por la responsabilidad moral, por el reconocimiento del bien que la precede. Como decía el gran Leonardo Castellani, «la libertad no es propiamente un movimiento, sino un poder moverse solamente; y en el moverse lo que importa es Hacia Dónde; lo que determina el movimiento -dicen los filósofos- y lo hace chico o grande, bueno o malo, es el término dónde». Una libertad que no sabe hacia dónde va es peor que la ausencia de libertad, del mismo modo que la sofística es peor que la ausencia de filosofía o la superstición es peor que la ausencia de religión; y la idolatría de la técnica que hoy padecemos es una superstición en la que el hombre -nos dice Benedicto XVI- «se pregunta sólo por el cómo, en vez de considerar los porqués que lo impulsan a actuar».
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Sacralidad y "Desacralización"





por Josef Pieper (1904- 1997)


Tomado de Mikael Nº 2
Revista del Seminario de Paraná
Segundo cuatrimestre de 1973


JOSEF PIEPER, Profesor de Filosofía en la Universidad de Münster, (Alemania Federal), es uno de los nombres máximos del pensamiento católico contemporáneo. Su inteligencia, profundamente teórica y contemplativa, se ha volcado más allá de los ámbitos universitarios en una sucesión de libros que conjugan la fidelidad al ser y al realismo de la inteligencia, con una excepcional ciencia filosófica y teológica —sólidamente vinculada al mejor pensamiento griego y a la mejor tradición medieval, en particular tomista—, y con una vigorosa y seria originalidad. El ocio y la vida intelectual (que es el título castellano bajo el que se tradujeron cuatro trabajos suyos) es quizás su libro más importante, y también uno de los pocos libros fundamentales de este siglo. Y lo es, por ser un verdadero y esencial signo de contradicción en medio de este nuestro "mundo totalitario del trabajo", pensado y escrito de cara a las realidades permanentes: el ser de las cosas, Dios, el orden teológico y teologal.

De su extensa obra queremos recordar también algunos de los trabajos traducidos a nuestro idioma: "Prudencia y Templanza", "Justicia y Fortaleza", "Sobre la Esperanza", "Muerte e Inmortalidad", "La Fe", "Sobre el fin de los tiempos", "Entusiasmo y delirio divino", "El Amor", "Defensa de la Filosofía", "Esperanza e Historia". (N. de los E.)



xisten cosas que las creemos conocer desde hace mucho tiempo; y sin embargo es probable que tengamos que ocuparnos de ellas, una y otra vez, para comprenderlas verdaderamente.

Primer vistazo sobre el tema

Frankfurt, finales de mayo de 1948. Con motivo de la conmemoración del centenario de la Asamblea Nacional, fue reconstruida la iglesia de San Pablo, en medio de una ciudad todavía en escombros. La recién creada Asociación de Escritores Alemanes celebró también un "acto conmemorativo" en su luminosa rotonda de piedras arenosas y multicolores. Hasta allí llegamos paseando, en aquella radiante tarde, discutiendo y, hasta cierto punto, con curiosidad; no pocos fumaban tranquilamente cigarrillos, hasta consumirlos por completo, o bien los encendían. Pero luego se dijo: por favor, no fumen; nos, encontramos en una iglesia. Mi vecino exclamó sorprendido: Cómo, ¿es esto una iglesia? Yo le di la razón: la forma arquitectónica por sí misma no era, en todo caso, razón suficiente. Después de unos instantes, mi vecino siguió: "y si realmente fuese una iglesia, en realidad, ¿por qué no fumar?".

Un año más tarde, en Berlín, Treptow. De nuevo, reiteración de la prohibición de fumar: a la entrada del gigantesco parque conmemorativo de los soldados caídos del ejército rojo.

Y, hace poco, en Israel, volvió a suceder lo mismo —de forma díscreta, pero tajante—: en el restaurante de nuestro hotel, cuando en la mesa de al lado unos visitantes americanos después de la comida sacaron sus cigarrillos. But why not? En esta ocasión, naturalmente, no por razón del lugar, sino del tiempo; era el viernes por la tarde y la celebración sabática había comenzado.

En todos estos casos, resulta completamente claro que cualquier razón de índole práctica o que representa algún inconveniente —como en el caso de una sala de conferencias— no juega ningún papel; todavía tiene menos importancia pensar en el peligro de incendio, como sucede en los aviones al despegue o al aterrizaje. La prohibición no supone tampoco ningún rechazo general, como si el fumar fuese algo inconveniente por sí mismo. Evidentemente, lo que se pretende es hacer sentir una frontera y apelar a la conciencia de que existe una línea de separación: algo que delimita y ensalza un lugar "especial", o un período de tiempo, no corriente entre los lugares o tiempos ordinarios.
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13 de Julio, San Anacleto, Papa y Mártir




Contemplad a Jesús, autor y consumador de la fe,
el cual en vista del gozo que le estaba preparado,
sufrió la cruz sin hacer caso de la ignominia
(Hebreos, 12, 2).





an Anacleto gobernó la Iglesia durante la persecución de Trajano. Ordenó a los cristianos de aquel tiempo que comulgasen todas las veces que participaban de la santa Misa, a fin de que este Pan de vida los fortificara contra los ataques de persecución. Embelleció la tumba de San Pedro y destinó un lugar de sepultura para los soberanos pontífices. Fue martirizado durante la tercera persecución, hacia el año 109.

MEDITACIÓN SOBRE
TRES VIRTUDES DE JESUCRISTO

1. Mira a Jesús crucificado, y aprende de Él a ser humilde. Él es despreciado, es objeto de burla, pasa por malhechor, por intrigante que ha querido hacerse rey y que sólo ha obtenido una corona de espinas. ¡Cuán penoso es para un hombre ser despreciado allí mismo donde, poco antes, fue colmado de los mayores honores! Jesucristo ha elegido el desprecio para enseñarnos a amar las humillaciones, que nos son tan ventajosas. (Tertuliano).

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12 de julio de 2009

La divinidad de Cristo




por Peter Kreeft


Tomado de su libro Fundamentos de la Fe
Ignatius Press, Octubre de 1988


Traducción vista y tomada de Diario Pregón de la Plata




a doctrina de la divinidad de Cristo es una doctrina central del cristianismo, pues es como una llave maestra que abre todo lo demás. Los cristianos no han razonado de modo independiente ni puesto a prueba cada una de las enseñanzas de Cristo que recibieron vía la Biblia y la Iglesia, sino que creen en todas ellas en base a Su autoridad. Pues si el Cristo es divino, bien puede confiarse en Él como maestro infalible en todo lo que dijo, incluso cosas duras como su exaltación de la pobreza y del sufrimiento, su prohibición del divorcio, su don a la Iglesia de la autoridad para enseñar y perdonar los pecados en Su nombre, sus advertencias sobre el infierno (muy a menudo y muy seriamente), la institución del escandaloso sacramento de comer su carne—frecuentemente nos olvidamos cuántas “cosas duras” enseñó.

Cuando los primeros apologistas cristianos comenzaron a dar razón de su fe a los incrédulos, naturalmente esta doctrina de la divinidad de Cristo resultó atacada, pues era casi tan increíble para los gentiles como escandalosa para los judíos. Que un hombre nacido de un vientre materno y que murió en la cruz, un hombre que se cansaba y que padeció hambre y que se enojó y que se conmovió y lloró ante la tumba de su amigo, que este hombre que tenía las uñas sucias fuera Dios era, sencillamente, la más asombroso, increíble, idea loca que jamás entró en cabeza de hombre en toda la historia de la humanidad.

El argumento al que recurrían los apologistas para defender esta doctrina aparentemente indefendible se ha transformado en un argumento clásico. C. S. Lewis lo ha usado en varias oportunidades. En cierta oportunidad le dediqué medio libro (Between Heaven and Hell). Es el argumento más importante de la apologética cristiana, pues una vez que el infiel acepta la conclusión de este argumento (que Cristo es Dios), todo lo perteneciente a la Fe sigue solo, no sólo intelectualmente (por tanto las enseñanzas de Cristo han de ser verdaderas) sino también personalmente (si Cristo es Dios, Él es también tu Señor y Salvador).
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Domingo sexto después de Pentecostés





Por el R. P. Leonardo Castellani







Tomado de Domingueras prédicas.

Ediciones Jauja, Mendoza, 1997






DOMINGO SEXTO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS SEGUNDA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES. (1966) (47)

Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigoy no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino.» Le dicen los discípulos: «¿Cómo hacernos en un desierto con pan suficiente para saciar a una multitud tan grande?» Díceles Jesús: «¿Cuántos panes tenéis?» Ellos dijeron: «Siete, y unos pocos pececillos.» El mandóa la gente acomodarse en el suelo. Tomó luego los siete panes y los peces y, dando gracias, los partió e iba dándolos a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y de los trozos sobrantes recogieron siete espuertas llenas. Y los que habían comido eran 4.000 hombres, sin contar mujeres y niños.(Mt. 15,32-38)



l Evangelio de la Segunda Multiplicación de los Panes, confieso que no lo entiendo bien, ni San Agustín tampoco. Sería el caso de hacer como San Agustín que se interrumpía en mitad de un sermón y decía a sus oyentes pidiesen luz a Dios para él. Pero además deso, yo creo que tenía ganas de tomar un vaso de agua. (48)


No voy a volver sobre mi sermoncito anterior de hace 15 días. Salí cabizbajo (patibajo y cabizdifuso) dél, porque me olvidé del penúltimo párrafo, que era el principal; además estaba dudoso de haber acertado. Por la tarde tuve un consuelo, y fue que por Radio Colonia leyeron un artículo sobre Argentina del diario "The Times" de Londres; donde se decía lo mismo que había dicho yo por la mañana, lo que me produjo un grito de asombro: "¿Será posible que los ingleses conozcan mejor al estado de la Argentina que los argentinos?" —por lo menos que algunos argentinos, como el que dijo al salir de aquí: "El P. Castellani ha muerto hoy como político". Acertó, pero no en la fecha; yo he muerto como político cuando nací.

El artículo del diario londinense termina con una raspa a los argentinos, diciendo que no serán una gran nación, ni una nación siquiera, si no eliminan sus disensiones internas, su desidia, su ineficacia y su pereza intelectual —que deben sacudir de sí todo eso —dice el inglés; —yo pensé que además de sacudir todo eso, a lo mejor nos sacudimos también a los ingleses.

Pero hoy mi sermón será homilía, es decir, será religioso. La Segunda Multipanificación no tiene dificultad: es repetición del milagro patrado (49) poco antes en la cercanía de Cafarnaum. Cristo mismo declaró la significación deste primer milagro, es decir, la Eucaristía; por ende la significación del segundo es la misma.La dificultad viene después, en las palabras de Cristo a los Apóstoles en la barca. Les había dicho: "Cuidado con el fermento de los fariseos", que acababan de hacer una de las suyas. Ellos pensaron era un reproche velado, porque se habían olvidado de embarcar pan. Y Cristo les dice: "¿Por qué no tenéis un poco de inteligencia? ¿No recordáis..." Y les recuerda las dos Multipanificaciones. Y termina repitiéndoles: "¿ Cuándo tendréis inteligencia?"¿Inteligencia de qué? Yo no lo sé, San Agustín no lo sabe —o no lo dice. Pueden consultar todos los exégetas que quieran, antiguos y modernos, —de los cuales tengo los principales— y no encontrarán una respuesta satisfactoria.

La respuesta de muchos es que Cristo quiso decirles que él podía procurarles pan milagrosamente. No satisface porque no es verdad. Cristo no va a procurarnos pan milagrosamente, si podemos procurarlo naturalmente. Incitado a ello por el Demonio en la primera tentación, no quiso procurarse pan milagrosamente porque podía procurarlo naturalmente. Así que NO quiso decir eso.

Ahora sí es necesario que Cristo multiplique los panes para la Argentina milagrosamente; porque Cristo es el único que puede sacar a la Argentina del atolladero; es decir, es el único Salvador: ése es su propio nombre, Yeshoua. Tiene que hacer un milagro para deshacer el otro milagro al revés que es un milagro del Diablo; o sea que un país rico en riquezas naturales se halle abocado a la miseria —a lo cual el diario "The Times" llama milagro: es un milagro al revés. O sea, que así como Cristo con 7 panes alimentó a 4.000 hombres, así ahora en el país del pan con 4.000 panes alimentamos solamente a 7 hombres; el resto de los panes se va al extranjero; o al bolsillo de los ladrones, los contrabandistas, los especuladores, los politiqueros, los capitalistas, los estafadores y a Isabel Sarli —que son los siete hombres.

(Aquí hago una pausa para pedir a Dios me ilumine... ¡Cruz diablo! Nombré a Isabel Sarli).

Hay otra explicación sutil desas palabras de Cristo, que pueden aceptar si quieren: el filósofo Jácome Maritain dijo que con eso Cristo quiso recomendar los "medios pobres" frente a los "medios ricos" en su Iglesia; y que eso significan las "cifras" que recordó Cristo: 7 - 4.000 - 7; 5 - 5.000 - 12. O sea, que con menos panes Cristo alimentó a más gente y sobraron más panes; con más panes, Cristo alimentó a menos gente y sobraron menos panes: en proporción inversa.

Eso concuerda con lo que dice San Pablo dos o tres veces: que Dios para hacer sus hechos prefiere lo menos a lo más. "Dios eligió a lo flaco deste mundo para confundir a lo fuerte". "La sabiduría deste mundo es necedad delante de Dios; y la necedad vuestra es para Él sabiduría" —es decir, lo que los paganos, sabios deste mundo, llamaban "necedad"— y finalmente, "no hay entre vosotros muchos ricos, muchos potentes, muchos influyentes; y a vosotros os eligió Dios para ser la sal del mundo".

Los "medios ricos" son las riquezas, el renombre, el poder, la propaganda, la política. Los medios pobres son la fe, la oración, la penitencia. Ahora bien, a la Iglesia le ha ido mejor cuando se hizo fuerte en los medios pobres; y cuando se ha prevalido de los medios ricos, le ha ido como a David con la armadura de Saúl; que no podía ni moverse hasta que bruscamente se desnudó, agarró su honda y 5 piedras del arroyo, y le plantó una en la mismísima jeta del gigante.

No quiere decir que cuando tengamos legítimamente medios ricos (20 millones de pesos para fundar una editorial, que una señora me ha prometido en su testamento; pero ya verán que muere después que yo) que no los debamos usar: quiere decir que han de usarse con recelo, con temblor, con humildad, para no atribuirnos vanamente a nosotros el resultado, que en el orden religioso es sólo de Dios. "Yo planté, Apolo regó, pero Dios fue el que dio la cosecha" —dice San Pablo. ¡La Armada Invencible de Felipe II! Defendía la causa de Dios (así lo creía el Rey y el P. Rivadeneyra), y a Dios se le antojó hacerla naufragar en las costas de Inglaterra.

Así que si Dios me dijera: ¿Quieres te procure 20 millones?, yo diría: "Bueno, pero preferiría me dieses inspiración para hacer un buen libro". —¿Quieres que te haga Cardenal? —¡Nooo! Prefiero me hagas maestro de catecismo en la Casa Cuna al lao mi casa. —¿Quieres que te haga una espléndida Catedral? —No, prefiero que hagas 20 iglesias pequeñas donde se predique todos los días una hora, y no se cobre nada a los fieles. —¿Quieres que te haga Director de "La Prensa"?—No, Señor Dios, por favor; dejemos allí a Gainza Paz y a los masones: son divertidos; y al fin acabarán por servirnos a nosotros. —¿Quieres que te haga funcionario deste gobierno? —Señor, todos esos son medios ricos. Yo lo único que quiero es que me des Sabiduría". Esto fue exactamente lo que respondió Salomón a Dios, que le había ofrecido todo lo otro.
En cuanto a funcionario deste gobierno, no desestimo a este gobierno; aunque tampoco comparto el desaforado entusiasmo de algunos amigos: la capacidad de ilusión de la gente argentina (o porteña, mejor) es infinita.

Lo que hay que decir (me parece) es que lo sucedido es bueno: uno, porque ha liquidado una situación intolerable; dos, porque ha activado al país, lo ha puesto en actividad política, la cual es necesaria. Ahora, a dónde se dirige y si triunfará en sus ideales es lo que no sabemos, y lo que hemos de interpretar de Dios: ¡que triunfes!; porque un orden malo es preferible a una revolución incompleta, dijo Alberdi —y es verdad. Si ésta queda incompleta, quedamos abocados a la revolución completa del Comunismo —o a la guerra civil: Dios nos libre y guarde (50).

Un cambio de gobierno no resolverá de golpe —ni no de golpe, ni con golpe ni sin golpe— los graves problemas argentinos. Cristo los resolverá, si conseguimos que vuelva hacia nosotros esos sus ojos misericordiosos; por supuesto que no los resolverá sin la cooperación (a la gracia) del Gobierno y de los hombres mejores del país, y de todo el país —menos los 7 que antes nombré. Pero para conseguir que Cristo nos devuelva sus ojos, estimo mejores los medios pobres; me parece más poderosa (créase o no) la oración de la Superiora de las Catalinas, Madre María Jesús Franco que ¿qué diré yo?... que la adhesión de Arturo Frondizi.


47. N. del E.: Homilía del 10 de julio, pocos días después del golpe de Onganía.
48. "San Agustín estaba en comunicación con su auditorio: pequeño auditorio homogéneo sentado cerca de él, que le hacía señas, como se ve claramente en sus sermones: señas de "no entiendo", señas de aprobación y desprobación, incluso de indignación; no era indignación por causas políticas, sino religiosas; porque había oyentes tocados de las herejías montañistas y patripasianas, a las cuales el Santo trataba desahogadamente, no tenía pelo en la lengua.Mi último sermón algunos desaprobaron: bien, están en su derecho, siempre que no me hagan señas. (Tachado en el original).
49. Del latín "patrare": realizar, ejecutar.
50. N. del E.: acertó Castellani: en los últimos meses del gobierno de Onganía comenzó a arder la guerra civil.


Retrógados






por Juan Manuel de Prada


Tomado de XLSemanal




(Sin estar de acuerdo en todo, se publica en virtud de la valentía del autor, al oponerse al "pensamiento políticamente correcto". (N.del E.)




a vicepresidenta Fernández de la Vega ha tildado de ‘retrógrados’ a quienes se oponen al aborto; y, acaso sin pretenderlo, ha dado en el clavo. ‘Retrógrado’, liberado de su carga despectiva, significa ‘que retrocede’. Se puede retroceder por cobardía; pero también por cordura, que es la expresión máxima de valentía. Retrógrados fueron, por ejemplo, los patricios que, en la época de máximo esplendor del Imperio Romano, empezaron a manumitir esclavos. La prosperidad de Roma se asentaba sobre la institución de la esclavitud, protegida por leyes que establecían que los esclavos eran individuos que, aun perteneciendo a la especie humana, no eran ‘personas’ en el sentido jurídico de la palabra; esto es, no se les reconocía capacidad para obligarse, y tampoco los derechos inherentes a tal condición. Los esclavos eran ‘bienes’ en propiedad de sus amos, como pudieran serlo un predio o una vaca; y tal consideración se extendía a sus hijos, pues según el principio admitido por casi todos los pueblos de la Antigüedad, el hijo concebido fuera de justas nupcias seguía la condición que tuviera su madre el día de su nacimiento. Entonces surgieron unos insensatos, inspirados por las predicaciones de unos zarrapastrosos que se proclamaban discípulos de un oscuro rabí galileo, que empezaron a manumitir esclavos, aduciendo que, más allá de los principios jurídicos establecidos por el derecho de gentes, existía un estado de naturaleza que permitía reconocer en cualquier ser humano una dignidad inalienable, nacida de su filiación divina. Y que tal condición natural era previa a su consideración de ciudadano romano, o a las circunstancias en que hubiese sido concebido. Aquellos insensatos causaron un daño gravísimo a la administración del Imperio; pues, al ‘retroceder’ a ese estado anterior a la vigencia del derecho de gentes, erosionaban los cimientos sobre los que se sustentaban el progreso material y la prosperidad de Roma. Cualquier patricio celoso del cumplimiento de las leyes –cualquier patricio ‘progresista’– podría haberlos tildado de ‘retrógrados’, como ahora hace la vicepresidenta con quienes se oponen al aborto.
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12 de Julio, Festividad de San Juan Gualberto, Abad





uan nació en un castillo cerca de la ciudad de Florencia. Su familia era noble, rica, poderosa. Su padre, Gualberto, señor del castillo, era muy conocido en toda la comarca.
Juan creció, se hizo un apuesto joven; el porvenir se le presentaba lleno de las más halagadoras promesas, como una senda sembrada de flores. Pero un acontecimiento inesperado vino a torcer el rumbo de la vida del joven florentino. El lance es conocido. Un buen día cabalgaba Juan Gualberto rodeado de varios escuderos. Todos eran gente valerosa; todos iban armados de punta en blanco. De pronto, en una revuelta del camino, se presenta ante sus ojos un hombre. Juan le reconoce al instante: es el asesino de uno de sus parientes; tal vez —es éste un punto que la historia no ha logrado poner en claro— dio este hombre muerte al propio hermano de Juan. El desgraciado reconoce también al caballero que viene a su encuentro. Inútil intentar la fuga; no le es posible, solo como se halla, hacer frente a la pequeña y aguerrida tropa; no le queda más remedio que someterse al destino, a la ley inexorable de la venganza, que exige su sangre. Todo esto se le ocurre en un momento. Y en un súbito arranque, inspirado por el sentimiento religioso, se deja caer del caballo y, con los brazos en cruz, espera el golpe mortal. Espera en vano. El golpe mortal no llega a descargarse.
En el espíritu de Juan Gualberto la actitud de su enemigo evoca la imagen de Cristo crucificado. Sí, es el Señor quien está ante él; el Señor, que murió por los que le injuriaban y calumniaban, por los que le herían y crucificaban; el Señor, que nos manda perdonar y amar a nuestros enemigos. La lucha entre la sed de venganza y la conciencia de su deber de cristiano, aunque duró breves instantes, debió de ser muy recia en el alma del joven caballero. Venció la gracia divina; la ley del amor triunfó. Juan perdonó, heroicamente, a su enemigo. Poco después, agotado, con el alma vibrante de emoción, penetraba en una iglesia, caía de hinojos ante el altar y sus ojos admirados veían que el crucifijo se animaba y Cristo le hacía una inclinación de cabeza, como agradeciéndole lo que acababa de hacer por su amor.
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