Este blog está optimizado para una resolución de pantalla de 1152 x 864 px.

Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

16 de marzo de 2011

Actuales herejías




por Jorge Andregnette Capurro




Tomado del blog de Cabildo








n este tiempo de Cuaresma conviene, ciertamente, investigar si algunas herejías, combatidas tan exitosamente por San Agustín, no viven y actúan aún. Pongamos un ejemplo: el pelagianismo. Sabemos que tal heresiarca —Pelagio— inició dentro del Cristianismo un proceso de secularización de la cultura. Pero hete aquí que ese proceso de “secularización de la cultura” tiene adeptos en el mundo actual y estos le han puesto manos a obra. Basta asomarse al mundo, en Europa, o en ambas márgenes del Plata, a su prensa radial o televisiva, o a los grandes medios de comunicación de masas en general, para comprobarlo. Vemos en todos estos medios una constante, que en “Contra Julianum opus imperfectum”, el de Hipona señaló así : “la libertad consiste en una emancipación del hombre respecto a Dios”. Por doquier vemos tremolar las ominosas banderas del humanismo laico de nuestro tiempo: a) emancipémonos de Dios, b) emancipémonos del dogma, c) de la moral católica, y sustituyámosla por una lavada “educación en valores” que nadie sabe qué son, dicho sea entre paréntesis, y finalmente, emancipémonos de toda jerarquía o autoridad.

Un pensador insigne,que con su pensamiento se adelantó y fue profeta, por decirlo así, de muchos males que hoy presenciamos: nos referimos a Don Juan Donoso Cortés, escribía en cierta oportunidad al Cardenal Fornari, por supuesto, en el siglo XIX:
“Los errores contemporáneos son infinitos; pero todos ellos, si bien se mira, tienen su origen y van a morir en dos negaciones supremas; una relativa a Dios, y la otra, relativa al hombre. La sociedad niega de Dios que tenga cuidado de sus criaturas, y del hombre, que sea concebido en pecado. Su orgullo ha dicho al hombre de estos tiempos dos cosas y ambas se las ha creído:que no tiene lunar y que no necesita de Dios; que es fuerte y que es hermoso; por eso lo vemos engreído en su poder y enamorado de su hermosura”.

Nos preguntamos: ¿No es el secreto envenenamiento del antiguo pelagianismo el que campea por sus fueros en el pensamiento de hoy? Creemos que sí, pues lo vemos en las prédicas de los hombres públicos en ambas márgenes del Plata y, todavía más grave, en algún Pastor encargado de la grey católica, que a veces son los primeros, por desgracia, en levantar tales estandartes del error.

El que que arrastra a muchos sedicentes católicos, algunos en cargos de responsabilidad política y los lleva a apoyar y aun a votar leyes inicuas. Desde los escaños parlamentarios, leyes que contrarían el orden natural, guiados por esa supuesta “emancipación del hombre respecto a Dios”. Se nos ha hecho creer que las fuerzas creadoras del hombre, cuya “libertad” es de una esencia pura, no deben ser estorbadas por la soberanía de Dios. No tiene entonces sentido la acción del Espíritu Santo ni la gracia ni los sacramentos. Todo esto también es pelagianismo.

En “La nausée”, la obra cumbre de Sartre, el hombre pelagiano henchido de vana ciencia, comienza con la euforia pero comprobando su vacío interior, termina con asco de sí mismo. No obstante, se persevera en el error, y se lo difunde por doquier.

Con el pelagianismo,el mundo que nos toca vivir asiste también a otra herejía: tan vieja como aquélla: el marxismo, nueva versión del maniqueismo,en el que la materia eterna está sometida a un proceso interior de lucha en que las tesis y las antítesis tenderán a resolverse en una síntesis. El hombre, enrolado en la contienda de los contrarios, burguesía y proletariado, pierde su dignidad y queda incorporado al todo,engranaje anónimo de toda aquella dialéctica.

El autor que ya citamos, Donoso Cortés, se refiere al maniqueísmo de Proudhon, pues según este último “el poder divino y humano son dos poderes rivales y el único deber del hombre es vencer a Dios, enemigo del hombre”. Tenemos entonces que tener presente que el marxismo, nuevo maniqueísmo, coincide con este último en tres cosas fundamentales: el materialismo, el fatalismo y la lucha o dialéctica de los contrarios, la materia eterna que experimenta un proceso de lucha interior. De manera entonces que tenemos allí una herejía subsistente a través de los siglos.

Con razón se ha señalado que detrás de todo antagonismo político subyace una enemistad teológica. En el caso,herejías combatidas por aquel Obispo de Hipona subsisten, bajo otras formas, en nuestros días,p ero con la misma virulencia. De manera entonces, en una como en otra herejía, tanto el bien como el mal carecen de sentido. El bien absoluto de ese hombre que se ha “emancipado” de Dios, será la prosperidad y la libertad económica propia del liberalismo: el mal absoluto,la carencia de bienes materiales, por la que se preocupan tanto aquel como el marxismo,pues son vertientes de una misma negación de lo divino. El “non serviam” del Ángel Rebelde.

Fray Victorino Capánaga,en su obra “San Agustín” (Ed. Studium, Madrid-Buenos Aires, 1954) nos dice que con la situación señalada, la vigencia de ambas herejías “…toda la economía del Cristianismo se tambalea. Porque si el hombre no es un ser caído,tampoco ha sido levantado o reparado. No tiene sentido la Encarnación ni el misterio de la Cruz ni la acción santificadora del Espíritu Santo,y sobran la gracia y los sacramentos,la Iglesia y la mediación de María y la Comunión de los Santos. Con estas negaciones se han formado las bases de la soberanía del hombre libre, que era el ideal de Juliano, mermando la soberanía divina y repudiándola como insostenible…”

He aquí entonces el resultado de nuestra reflexión:los mismos errores y perversiones bajo distinto nombre, pero igualmente dañinos para el árbol de la Cristiandad, y tal parece que, con estas “emancipaciones”, que lucen en los estandartes señalados, el Enemigo está dispuesto a colocar el golpe de la segur, no ya a las ramas,sino a la propia raíz. Hora entonces de prepararse para entablar el “buen combate”.

0 comentarios: