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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

11 de mayo de 2011

De herejes y conspiradores

por Luis Antonio Leyro

Tomado de Cabildo


PREMONICIÓN

Decía Marcelino Salaya en 1960: “República, democracia, parlamentarismo, laicismo en la enseñanza, persecución contra curas y frailes, supresión de símbolos religiosos, destitución de funcionarios desafectados, embrutecimiento de las masas en nombre de la cultura, atentados contra la libertad en nombre de la libertad, ansias de dominación y enriquecimiento de los predicadores de la igualdad, y la fraternidad prostituida y reducida a un plebeyismo soez”. ¿Le suena?

Y continuaba: “…la misma resistencia a tender los brazos en cruz en actitud penitente para expiar las risas alegres con que hemos venido tomando a chirigota cómodamente las falsedades, las utopías, las bajezas y la saña de los que, sin nada nuevo que ofrecernos para arreglar al mundo, reproducen constantemente los engaños arcaicos que como principios renovadores han utilizado para embaucar a los papanatas de todos los tiempos y todas las latitudes”.


EL SINDICALISTA HANS

Bien, pudimos leer en “La Nación” del 19 de abril del año pasado, los dichos del Sr. Hans Küng, profesor emérito de teología ecuménica de la Universidad de Tubingen, reclamando las oportunidades perdidas por S.S. Benedicto XVI en cuestiones como, por ejemplo, la de la “reconciliación con los pueblos indígenas de América Latina” (tal vez por no apoyar el movimiento impulsado desde Bristol por el Mapuche International Link - MIL). También la de ayudar a los pueblos de África en su lucha contra el SIDA (seguramente por poner su confianza en la prevención del mismo con la prédica de una conducta moral).

El Sr. Küng presenta a los obispos seis propuestas explícitamente reformistas, después de aclarar que “no es mi intención desarrollar un programa de reforma”. Una de ellas insinúa de modo casi directo el reemplazo de la autoridad vertical de Pedro por la autoridad horizontal colegiada, olvidando lo que se lee en Juan 21, 27: “Díjole Jesús a Pedro: Apacienta a mis ovejas”. A Pedro, no a un sindicato de trabajadores del clero, pues no podía ser voluntad del Señor trasformar Su Iglesia, Su Cuerpo Místico, en un comité de barrio.

Hilaire Belloc definía a la herejía como “la dislocación de alguna construcción completa, que se sostiene por sí misma, mediante la introducción de una negación posterior de alguna de sus partes esenciales”. ¿Cómo se definiría a un teólogo sino con el mote de hereje, si propone la desobediencia de una orden directa de Nuestro Señor Jesucristo?
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