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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

15 de mayo de 2011

III Domingo de Pascua







por el R.P. Leonardo Castellani


Tomado de Domingueras Prédicas
Ediciones Jauja
Mendoza, Rep. Argentina, 1997







TRISTEZA Y GOZO DE LOS DISCÍPULOS. (1967)



entro de poco ya no me veréis, y dentro de otro poco me volveréis a ver». Entonces algunos de sus discípulos comentaron entre sí: «¿Qué es eso que nos dice: "Dentro de poco ya no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver" y "Me voy al Padre "?» Y decían: «¿Qué es ese "poco"? No sabemos lo que quiere decir». Se dio cuenta Jesús de que querían preguntarle y les dijo: «¿Andáis preguntándoos acerca de lo que he dicho: "Dentro de poco no me veréis y dentro de otro poco me volveréis a ver?" «En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar.

(Jn. 16,16-22)

Este Evangelio y los dos de los Domingos siguientes están tomados sin orden del largo Sermón-Despedida de Cristo en la Última Cena.
Su exégesis he explicado varias veces. En el Comentario al Evangelio (29) me equivoqué al copiar el texto: puse primero el "me veréis" y después el "no me veréis" y es al revés: "primero no me veréis y después (de un corto plazo) me veréis": cambié de lugar el "no". Ya está corregido.
Los Santos Padres interpretan esto de dos maneras: unos dicen que el "no me veréis" es el tiempo de la Pasión y Muerte (o sea unas horas) y el "me veréis" el tiempo de las apariciones del Resucitado —o sea cuarenta días; y en este sentido se detiene Santo Tomás. Otros, como San Agustín y Beda, dicen que el "poco tiempo no me veréis" es desde la Ascensión del Señor, y el "me veréis" es la Segunda Venida. —¿Y cómo sería "poco tiempo" si en realidad es un tiempo largo el que ya ha pasado, casi 2000 años? Nos parece largo, dice San Agustín.
En realidad, el pasaje significa las dos cosas: es bivalente, como casi toda la Sagrada Escritura; y la segunda interpretación, más difícil, se debe admitir sin duda; primero por la aposición "porque voy al Padre", lo cual sucedió en la Ascensión; y segundo por la parábola de la Parturienta, que asumió San Juan refiriéndola a los últimos tiempos en su " Apokalypsis" (30); y otros argumentos que trae muy bien Juan de Maldonado en su Comentario a San Juan.
La Parábola de la Parturienta se refiere a la Iglesia (que al hablar Cristo consistía en los Apóstoles) la cual "está siempre de parto", dice San Agustín; y en el "Apokalypsis" con mayor claridad. San Juan habla allí largamente de "la Mujer con las alas de águila" perseguida por el Dragón y protegida por Dios; y primero dice da a luz un hijo varón, y después sale diciendo que tiene (además) muchos hijos, divididos en dos grupos. El Hijo Varón tiene tales características que no cabe duda es Cristo; los otros hijos en dos grupos tienen que ser los cristianos viejos y los judíos convertidos, también perseguidos por el Dragón según San Juan; pero San Juan indica primero los judíos convertidos representados en la Mujer; y después, no pudiendo alcanzar el Dragón a la Mujer, "se vuelve a perseguir a sus otros hijos, los que custodian los mandatos de Dios y mantienen el testimonio de Jesucristo"(31). De modo que se puede decir (como escribí en el Comentario del Apokalypsis) que la Mujer es Israel; no el Israel apóstata, sino el nuevo Israel convertido.
Recuerdo que un compañero de estudios me dijo una vez en Roma: "La Iglesia actual está enferma". Yo le dije: "La Iglesia siempre ha estado enferma". Dije más de lo que sabía. En efecto, el alumbramiento es una enfermedad, aunque sea una enfermedad benéfica, por lo general: aunque por excepción algunas pocas veces la mujer sucumbe; y el niño "hace su presencia en el mundo a través del cadáver de la madre" —como dijo macabramente un médico— pero en esos pocos casos es una mujer que de cualquier manera tenía que morir pronto. Este es el título de nobleza más grande de la mujer, y en realidad el más grande del mundo, creado por Dios mismo: la Maternidad. A Dios mismo se le antojó tener madre.
Así la Santa Madre Iglesia está enferma todo el curso de su historia; perdiendo hijos y engendrando nuevos hijos; acosada por persecuciones de fuera y herejías de dentro; no ha pasado un solo año en que la Iglesia no haya estado acosada por alguna dolencia; y las internas son las peores. En todas las herejías han tomado parte sacerdotes, y algunas incluso las han fundado sacerdotes: el Arrianismo creado por un Monseñor, Arrio, el Protestantismo, suscitado por un monje alemán y en Inglaterra por dos Obispos, Cranmer y Gardiner, aunque Gardiner se arrepintió y dijo: "negavi cum Petro, peccavi cum Petro sed non flevi cum Petro, negué con Pedro, pequé con Pedro pero no lloré con Pedro"; el Modernismo, cuyos fautores Tyrrell, Loisy, Bonaiutti fueron sacerdotes. De modo que lo que vemos hoy día no nos ha de espantar —sino un poquito.
Un amigo me dio el otro Domingo un artículo de la revista "Time" que narra la descompostura del Catolicismo en Holanda. Es para espantar, pues hay sacerdotes y teólogos que no dejan títere con cabeza, pues lo niegan todo: la virginidad de María, la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía, el Pecado Original y por tanto la Redención, la inspiración divina de la Escritura y por tanto, implícitamente, la Divinidad de Cristo; después de lo cual dicen muy panchos, que son católicos y no quieren separarse de Roma; solamente ellos son "católicos que piensan"; lo cual ni como chiste puede pasar. Son herejes manifiestos y cumplidos; y están contra Roma.
Pero leyendo otra vez, uno conjetura que son cuatro teólogos locos a quienes el pueblo no hace caso, y a lo mejor, ignora; que hacen mucho ruido justamente porque son locos. Mas si el pueblo les hace caso, tanto peor para los holandeses.
La enfermedad de ahora ¿es la más grave de todas y es la última; o bien es una de tantas? Pueden elegir lo que quieran, porque de cierto no lo sabemos; podría ser que pase como tantas otras esta crisis y dé lugar a un nuevo nacimiento. Podría ser que no pase y en ese caso, el nacimiento sería la Parusía, el nuevo nacimiento de Cristo indicado en el Apokalypsis; y el renacimiento de la Creación de Dios salvada definitivamente.
Ciertamente, la crisis actual de la Iglesia tiene un carácter que no han tenido las otras: es absolutamente total: total en extensión, cubre todo el mundo; total en intensidad, pues la herejía naturalística (o el "aloguismo", como la llamó Belloc) es la herejía más radical que ha existido y puede existir: falsifica todos los dogmas del Cristianismo, vaciándolos de su contenido sobrenatural, y poniendo en su lugar la adoración sacrilega del Hombre; que sabemos será la doctrina del Anticristo. Todos estos Congresos, Reuniones, Asambleas que estamos viendo son enteramente arreligiosos; naturalísticos: quieren salvar al hombre o a las naciones sin Dios; a lo más le silban a Dios como a un perrito para que venga a apoyarlos. Y no. Sin Dios pueden perder a los hombres pero no pueden salvarlos. Lo acaba de decir el Papa en su Encíclica: "Los que organizan sin Dios, organizan contra el hombre" —dice.
Bien, si esta crisis actual dará un parto saludable, Uds. lo verán. Si realmente es la última, Dios nos pille confesados —o haciendo confesión de la Fe; porque "aquél que perseverare en la Fe hasta el fin, ése será salvo".


29. "El Evangelio de Jesucristo".
30. Capítulo 12, versículos 1-6 y 13-17.
31. "Apokalypsis" 12,17.