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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

15 de mayo de 2011

Santoral Católico del 14 de Mayo


  • San Bonifacio, Mártir
  • San Miguel Garicoitz, Confesor
  • Santa María Mazzarello, Virgen y Fundadora
  • San Bonifacio de Tarso, Mártir
  • Beata Magdalena de Canossa, Virgen
  • San Sabino, Mártir
  • San Eremberto de Toulouse
  • Beato Gil de Portugal
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.




SAN BONIFACIO
Mártir

H

acia el fin del tercer siglo, en el imperio de Galerio Máximo, se admiró en la Iglesia una de aquellas extraordinarias conversiones que obra algunas veces la mano poderosa del Señor para animar la confianza de los pecadores, y para descubrir al mismo tiempo á los hombres los tesoros de su misericordia.

Había en Roma una dama joven, noble, rica y poderosa, llamada Aglae, hija de Acacio, que había sido procónsul y de familia senatoria, tan entregada al fausto y á la vanidad, que solía dar al pue­blo juegos públicos, cuyos gastos costeaba ella misma. Era, á la ver­dad, cristiana, pero desacreditaba el nombre y la profesión con su desarreglada vida. Ocupada toda del espíritu del mundo, se entre­gaba totalmente á las diversiones hasta tocar la raya de la disolu­ción, con grande escándalo de todos los fieles.

Tenía comercio ilícito con su mismo mayordomo, joven de bella disposi­ción, pero dado al vino y á todos los demás desórdenes.

Llamábase Bonifació, y, aunque era también cristiano, lo era sólo de nom­bre, deshonrando la profesión, igual­mente que su ama, por la disolución de sus costumbres. En medio de estos de­fectos se notaban en él buenas pren­das: compasión de los miserables, caridad con los po­bres y hospitalidad con los extranjeros.

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