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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

5 de febrero de 2011

El "ecumenismo". espejo y motor de la crisis post-conciliar de la Iglesia. 2ª parte





Por el Dr. Andreas Böhmler


Publicado en Revista Arbil Nº 35







Una breve lección de historia: la Iglesia ante la herejía luterana

ecordemos lo que hizo la Iglesia en los momentos decisivos de disputa con la doctrina luterana. El punto de partida es la afirmación de la 'Amplitud ideal del Cristianismo'. Si se pierde de vista esta esencial amplitud, la distancia entre una ortodoxia y otra resultará tan grande que podrá parecer la distancia entre ortodoxia y heterodoxia. Sin embargo, es necesario precisar los límites de dicha amplitud. Frente a los racionalismos y irracionalismos de toda índole, la Tradición católica mantiene el principio de racionalidad sobre cualquier otra forma del espíritu, y su amplitud abraza una pluralidad de valores, todos los cuales tienen cabida dentro de su verdad, pero no una pluralidad compuesta de valores y no-valores. Un concepto espurio de la amplitud del Catolicismo conduce a la indiferencia teórica y la indiferencia práctica (moral): a la imposibilidad de conferirle un orden a la vida. Fue esto lo que vió con claridad la Jerarquía ante la herejía luterana, que cambió la doctrina de arriba abajo al repudiar su principio: la autoridad, consecuencia de la constitución divina de la Iglesia. Puesto que consiste en un rechazo del principio, la propia apologética católica entiende que la herejía luterana es teológicamente irrefutable: 'puede vencer las objeciones del adversario pero no al adversario, ya que éste rechaza el principio con el cual argumenta para refutarle (cf. Sth. I q.I a8). No rechaza Lutero este o aquél artículo del conjunto dogmático del catolicismo (aunque naturalmente también lo hace) sino justamente el principio de todos los artículos, que es la autoridad divina de la Iglesia (cf. Romano Amerio, Iota Unum, vers. esp. en: Critero Libros, 1994, p.30).


Para ver esto en sus fuentes, entrémonos en los acontecimientos de la Dieta de Ratisbona (1541). El Card. Contarini fue enviado como legado pontificio a la Dieta para facilitar la tentativa del Emperador Carlos V de un arreglo amistoso que recondujese a los luteranos a la Iglesia Católica. El Card. Contarini llegó a Ratisbona "lleno del máximo celo y animado de la más sincera voluntad de hacer todo cuanto estuviese en su poder para eliminar las turbulencias religiosas de Alemania". Contarini respondió a Eck (quien consideraba inútil dicho intento) que el cristiano debe siempre esperar contra toda esperanza, y mostraba tanta "mansedumbre, prudencia y ciencia" como era necesaria para imponerse tanto a sus colaboradores como a los mismos luteranos, que "a la larga no pudieron sustraerse al poder de su personalidad y de su ejemplar conducta", y comenzaron "no sólo a amarle, sino a reverenciarle".

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