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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

25 de febrero de 2011

El islam al alcance de todos







por Horacio Vázquez Rial








n realidad, no habría que hacer esta reseña: bastaría, para que el libro que comento, la Guía políticamente incorrecta del Islam (y de las Cruzadas) de Robert Spencer, se recomendara a sí mismo, con reproducir aquí el índice. Pocos se resistirían a la tentación de leerlo. Y supongo que no saldrían defraudados.

Yo esperé una obra así durante mucho tiempo. Tanto, que hasta pensé en escribirla a partir de los muchos y muy buenos textos que sobre el islam circulan entre nosotros: los de Serafín Fanjul, los de Gustavo de Arístegui, los de Ayaan Hirsi Ali, los de Bernard Lewis, el de Ibn Warraq, el de Bruce Bawer, desde luego… Pero ninguno de ellos se avino, por la excelente razón de que saben demasiado como para ponerse a hacer divulgación, a redactar un manual como el de Spencer, un epítome de crítica militante del islam.¿Que es de trazo excesivamente grueso? Tal vez. Tal vez no se deba decir, como él dice, que Mahoma es el profeta de la guerra, que el Corán es el libro de la guerra y que el islam es la religión de la guerra. Por si se ofenden nuestros amigos de la alianza de civilizaciones, Erdogán o Ahmadineyad. Tal vez no haya que decir que el islam oprime a las mujeres, el islam entero, no el expresamente yihadista. Tal vez no haya que decir que el islam se difunde por medio de la espada ni que es la religión de la intolerancia. Tal vez haya que plegarse a la idea de que hay personas de fe musulmana que son tolerantes, y que la tolerancia es inherente al islam, pero habría que hacerlo renunciando a la evidencia textual del Corán, a la biografía de Mahoma, a la prédica incansable de mil quinientos años, a la realidad de que, aun en Gran Bretaña, mueren asesinadas por motivos de “honor” doce mujeres cada año, de una de las cuales hablan en la tele en el momento mismo en que redacto estas líneas: una kurda, cansada de los malos tratos, que se separó de su marido y se enamoró de un “infiel”, y cuya familia contrató a un sicario, que la estranguló y la enterró en un jardín para lavar la honra de la familia. Tal vez no se deba decir, pero aunque no lo digas aparecerás en las listas de islamofóbicos: defenderse es una enfermedad en el universo Atman.

Spencer no se arredra; es extraordinariamente claro: el proyecto expansivo del islam es consustancial a la doctrina, al texto sagrado y a la actividad del profeta Mahoma en este mundo. Y proporciona todas las referencias necesarias para avalar su afirmación.

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