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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

15 de abril de 2011

15 de Abril, Santa Luisa de Marillac, Viuda


Santoral Católico del 15 de Abril


  • Santa Luisa de Marillac, Viuda
  • Santas Basilia y Anastasia, Mártires
  • San Paterno de Ceredigion
  • Santa Una
  • Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.




Santa Luisa de Marillac, Viuda

fines del siglo XVI la situación religiosa en Francia era bien lamentable.

Mientras en Alemania cedía el protestantismo por obra de la Contrarreforma, en España la mística alcanzaba sus más altas cimas y en Italia se apagaba la bacanal del Renacimiento con una floración de nuevos santos, la iglesia de Francia tuvo bastante con sobrevivir a las guerras de religión, sin tiempo para aplicar las reformas y remedios propuestos por el concilio de Trento.

Al subir al trono francés Enrique IV, consigue la paz, aunque fuese a costa de igualar los derechos de hugonotes y católicos por el edicto de Nantes.

Bajo el vigoroso impulso de este monarca y de su ministro Sully, el país va a conocer una era de prosperidad insospechada. En el reloj de la historia ha sonado la hora de Francia, no sólo en lo político, artístico y literario, sino también en lo religioso.

Llegan a París de España e Italia las Ordenes nuevas: jesuitas, carmelitas, capuchinos y oratorianos. Francia asimila rápidamente las nuevas formas de espiritualidad, dándoles un tinte propio; además de la santidad de los claustros intentará proporcionar a los cristianos que viven en el mundo los medios de perfección.

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