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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

8 de febrero de 2009

8 de Febrero, Festividad de San Juan de Mata, Confesor y Fundador








ay muchas oscuridades en la vida de San Juan de Mata, debido, parte a la humildad del interesado, poco propenso a llamar la atención, parte a la existencia de varias tradiciones, entre ellas una española y otra francesa, no siempre conformes entre sí. Y como ocurre a menudo en casos semejantes, se ha querido remediar a nuestras ignorancias con leyendas edificantes desprovistas de base histórica y acogidas con facilidad excesiva por escritores llenos de las mejores intenciones, pero faltos de verdadero sentido crítico. Trataremos, sin embargo, de entresacar lo cierto que ofrecen las varias tradiciones, aunque muchas veces resulta dificilísimo fijar la cronología.
Por ejemplo, para la fecha del nacimiento del Santo se ha hablado de 1154, mientras el año generalmente aceptado es el de 1160. Ciertos documentos españoles le llaman Joannes de Matha o de Mataplana, apellido de una familia muy conocida en Cataluña. El hecho es que Juan de Mata nació en una aldea de la Alta Provenza, Fauçon, cerca de Barceloneta, cuando esta región dependía de la corona de Aragón. Es, por lo tanto, un santo franco-español, aunque algo más francés que español por los acontecimientos de su vida, como se verá luego. Sus padres eran Eufemio o Eugenio, barón de Mata, y Marta o María Fenouillet, de distinguida familia marsellesa.
Por esta última circunstancia se ha supuesto que, de joven, el hijo del matrimonio pudo conocer en el puerto de Marsella los daños que los piratas musulmanes infligían a los cristianos, ver a los cautivos berberiscos que vivían esclavos en la ciudad a consecuencia de las inevitables represalias, y concebir así el deseo de trabajar al rescate o al canje de los cautivos de ambas orillas del Mediterráneo. Mas, para esta obra de caridad, se necesitaba entonces pertenecer al clero, y, por consiguiente, hacia los años 1180, Juan se fue a estudiar a París, en donde tomó el grado de doctor en teología y recibíó el sacerdocio. Quiere una piadosa leyenda que, durante la celebración de su primera misa (¿1193?), haya tenido la revelación de la Orden que iba a instituir: cuando la elevación de la hostia consagrada le apareció un ángel o, según otros, el mismo Jesucristo, con un vestido blanco y una cruz azul y encarnada sobre el pecho; tenía a sus lados dos cautivos, un moro y un cristiano, parecía que se disponía a canjearlos, y le ordenó fundar una Orden religiosa para la redención de los cautivos. Dos amigos de Juan, el obispo de París, y el abad de San Víctor, le aconsejaron entonces hiciera el viaje a Roma para ofrecerse al Soberano Pontífice, someterle su proyecto y acatar su decisión.

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