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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

2 de julio de 2009

Entrevista sobre el Dr. Jèrôme Lejeune




Por Mons. Michel Schooyans


Mons. Michel Schooyans es catedrático emérito de Filosofía política y de ideologías contemporáneas de la Universidad Católica de Lovaina. Es miembro de la Academia Pontificia para la Vida, de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales y de la Academia Mejicana de Bioética. Es consultor del Consejo Pontificio para la Familia.



¿Quién era para usted Jérôme Lejeune?

Era ante todo una referencia científica y moral indiscutible. Jérôme Lejeune era un gran señor del espíritu y del corazón. En un mundo en que impera un lenguaje lleno de trampas, su libertad de pensamiento impresionaba. La pasión por la verdad a buscar y a comunicar era su razón de vivir. Sus adversarios y enemigos debían de envidiarle esta soberana libertad que una cierta disciplina del arcano les prohibía. No obstante, a medida que se progresaba en el conocimiento de Jérôme, se descubría en él un poeta, capaz de maravillarse y de hacer compartir su admiración. En su caso, en un sentido, el poeta precedía al sabio. Era un enamorado de la vida, que tan bien sirvió y celebró.

¿Cómo fue que ustedes se encontraron?

A partir de los años 70, las discusiones sobre el aborto y su legalización se intensificaron. En este contexto, los defensores de la vida, aunque poco numerosos y disponiendo de pocos medios, comenzaron a conocerse mejor y a trabajar juntos. Había intercambio de artículos y, sobre todo, congresos internacionales muy animados. Hubo, por ejemplo, dos grandes congresos, uno a Ostende, el otro en Dublín; también otro muy importante a Paris, en el cual Jérôme estuvo, como siempre, brillante. Otras reuniones hubo en diversos países y en Roma. En estos encuentros participaban especialistas en diversas disciplinas; y constituyeron rápidamente una red mundial por la Vida. Es en este contexto muy estimulante que tuve el privilegio de encontrar al Profesor Lejeune. Con el correr del tiempo, nos volvimos a ver con frecuencia y sabíamos poder contar el uno con el otro en todo momento.
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