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Fragmento de Notre charge apostolique. S.S San Pío X (1910)
"No, Venerables Hermanos -preciso es reconocerlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual en que todos sientan plaza de doctores y legisladores-, no se edificará la ciudad de modo distinto de como Dios la edificó; no se edificará la ciudad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos; no, la civilización no está por inventar ni la "ciudad" nueva por edificarse en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la "ciudad" católica. No se trata más que de establecerla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques, siempre renovados, de la utopía malsana, de la rebeldía y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo."

27 de noviembre de 2008

Libro de la Orden de Caballería



Por el Beato Raimundo Lulio (1235-1313)


Dios honrado y glorioso, que sois cumplimiento de todo bien, por vuestra gracia y con vuestra bendición comienza este libro, que es de la orden de caballería.


Prólogo


A semejanza de los siete planetas, que son cuerpos celestes y gobiernan y ordenan los cuerpos terrenales, dividimos este Libro de caballería en siete partes, para demostrar que los caballeros tienen honor y señorío sobre el pueblo para ordenarlo y defenderlo. La primera parte trata del principio de la caballería. La segunda, del oficio del caballero. La tercera, del examen que debe hacerse al escudero cuando quiere entrar en la orden de caballería La cuarta, del modo como debe ser armado el caballero La quinta, de lo que significan las armas del caballero. La sexta, de las costumbres que son propias del caballero. La séptima, del honor que se debe al caballero.
1. Aconteció en un país que un sabio caballero, que había largamente mantenido la orden de caballería con la nobleza y fuerza de su gran coraje, y a quien sabiduría y ventura lo habían mantenido en el honor de caballería en guerras y en torneos, en asaltos y en batallas, escogió vida ermitaña cuando vio que sus días eran contados y la naturaleza le impedía, por la vejez, el ejercicio de las armas, abandonó entonces sus heredades y las legó a sus hijos; y en un bosque grande, abundante de aguas y de árboles frutales, hizo su habitación, y huyó del mundo a fin de que la flaqueza de su cuerpo, producida por la vejez, no lo deshonrase en aquellas cosas en las que sabiduría y ventura por tanto tiempo lo habían honrado. Y pensó el caballero en la muerte, recordando el paso de este siglo al otro, y entendió que se acercaba la sentencia perdurable que lo había de juzgar.
2. En la floresta donde vivía el caballero había, en un hermoso prado, un árbol muy grande, cargado de frutos, Bajo aquel árbol corría una fuente muy hermosa y clara que alimentaba el prado y los árboles del entorno , Y el caballero tenía por costumbre llegarse a aquel lugar todos los días con el fin de adorar y contemplar y rogar a Dios, a quien daba gracias y mercedes por el gran honor que le había concedido en este mundo durante todo el tiempo de su vida.
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1 comentarios:

constantino dijo...

Interesantísimo material sobre la Caballería cristiana, ascética y combativa. Santa hidalguía, tantas veces distorsonada por mentalidades mediocres y cómodas que, en ese estado, nunca podrán comprender la sabiduría que hay en estas letras. Gracias Cruzamante por publicar este precioso texto que desconocía del Beato Raimundo Lulio.
Muy bueno el nuevo formato de la página. Saludos! En Cristo Rey y María Reina.